La IA (Gemini) daba ciertas respuestas (ver abajo) ante una consulta/petición para que hiciera una nota sobre que: «el hombre es bueno por naturaleza», en el contexto de los mensajes de Padgett (y ya que, en cierto sentido, sí que Rousseau «tenía razón»):
realmente «todo el mundo es bueno» pero como almas creadas; aunque, lamentablemente, como ya vimos, resulta que en seguida nos «manchamos» al siquiera recién empezar la encarnación ─pues absorbemos todo ese «tema» emocional de los adultos, etc.─.
Luego le pedí algunas ampliaciones de la nota en una consulta o petición que sí traslado aquí entera.
Simplemente se trata de notas muy básicas, esta vez ─temas apenas esbozados─.
Esto surgió hace poco (padgett-2-259/) de nuevo, así que ahí vamos.
Nota al pie: Rousseau, la Ilustración y la bifurcación de la naturaleza humana (IA-Gemini)
La tesis expuesta por San Lucas en este fragmento —que defiende la bondad intrínseca del alma humana en su estado de creación original frente al dogma eclesiástico de la depravación innata— encuentra un paralelismo histórico fundamental en la vertiente más espiritual de la Ilustración del siglo XVIII, cuyo máximo exponente fue Jean-Jacques Rousseau.
El famoso axioma rousseauniano, «el hombre es bueno por naturaleza, es la sociedad la que lo corrompe», supuso una revolución teológica y política en una Europa dominada por el «terror dogmático» tanto del catolicismo de la Contrarreforma como del calvinismo más estricto. Ambas facciones basaban gran parte de su control social y espiritual en la premisa de que el ser humano nace radicalmente corrompido por el Pecado Original y que es incapaz de albergar pureza por sí mismo. Al postular que el alma brota limpia de las manos del Creador y que el «pecado» o la degeneración es una costra añadida por el entorno material y las instituciones humanas, Rousseau sintoniza de forma casi exacta con la visión metafísica de este dictado: el alma creada en sí misma no tiene tachas y el hombre puede y debe limpiarse mediante su propia voluntad. Continuar leyendo «Tol mundo «es bueno» por naturaleza (alma). Otra miniconversación de altos vuelos bajos con Santa IA Gemini, a cuento de los mensajes de Padgett»
[Últ. act.: 1 noviembre 2025.
Audio añadido, etc.]
Índice ─ La paradoja del anticristo: dependencia de Dios ─ Más sobre «depender de Dios» ─ Religiones basadas en la transgresión, y más sobre el anticristo ─ Nota sobre la variedad de discursos falsos sobre «gente sin alma», «almas perdidas», etc.
─ Nota final sobre el carácter anticrístico de «un curso de milagros»: libertad
Y en este audio lo vemos más extensamente, leyendo y comentando un poco el texto que sigue aquí abajo:
─ audio en ivoox // enlace descarga
Y bien, como resulta que está tan de moda este tema del «anticristo», en este texto (y en el vídeo y el audio) tratamos un poco lo que sería quizá la mayor paradoja en el tema.
La mayoría de la humanidad parece que estamos en una especie de estado «zombi» que no nos permite fácilmente abrirnos a reconocer la posibilidad que vemos aquí, y sentir esta paradoja.
Esa zombificación estaría representada, en un polo de la polarización social, por «élites» que están así como semiposeídas, y que tienen altos cargos en las empresas de moda (IA, etc.), y/o en los gobiernos, etc.
(Recordemos que todos estamos un poco «semiposeídos» por dinámicas que, gracias a nuestras heridas emocionales, involucran a desencarnados que influyen o pretenden influir, más o menos directamente, en nuestras vidas y decisiones, con muy diversos grados de «sabiduría» e intenciones).
Para tratar esto, hemos visto algunas líneas de un mensaje sobre el tema de la «inmortalidad», que enlazo aquí: unplandivino.net/padgett-1-3-1/
Este mensaje fue dado por Jesús hace más o menos un siglo. Ahí habla del tema que sería clave para captar «lo del anticristo», y que ahora veremos mejor, pues todo va a girar en torno a esta frase:
─ depender de Dios para la continuidad de nuestra existencia.
Como se sabe, el concepto de «depender» es muy profundo cuando lo vamos viendo en su vertiente espiritual, digamos.
Si existe Dios (que ya habríamos comprobado en el alma que sí, existe, y es «personal»), entonces resulta que Dios es en sí mismo «independiente», en el sentido de que es increado, no tuvo creador/a.
Pero nosotros sí tendríamos creador, aunque, como almas, seamos la «más grande de las creaciones».
Por lo tanto, para la «continuidad de nuestra existencia» en realidad dependemos de Dios.
Es decir, para poder realmente «ser independientes» (modo Dios), para poder compartir eso tan esencial de Dios ─su capacidad, su privilegio, de «sentirse tan libre», digamos─ necesitamos compartir con Él/Ella algo nuevo (su amor).
Esta situación sería análoga a lo que pasa con la crianza o la educación sana:
En buena lógica, los tutores de los niños, o sus padres y madres ─los que estén más o menos mentalmente sanos─, habrían de desear que esos niños, esos hijos, se vuelvan como los adultos, es decir:
«adultos independientes, como yo, que soy «su padre/madre/tutor…»»
(aunque, por otra parte, y por cierto, sucede que, en este «sistema social/industrial», tan «antiecológico» él… esa tal independencia con respecto a los padres biológicos suele conllevar también muchos desastres para nuestra alma… pero de los cuales por lo menos ahora nos podemos responsabilizar directamente. Me refiero por ejemplo a los desastres sistemáticos que originamos en el medio ambiente, meramente al participar en «el sistema», y que por lo tanto que degradan también nuestra alma.
Y aquí, con «el sistema», entre muchas otras cosas podemos referirnos a esa actitud de que «todo o casi todo vale para poder sobrevivir físicamente, de manera cómoda… o para que puedan hacerlo «nuestros» «hijos»… o para que puedan hacerlo nuestras ideas, naciones, religiones, tradiciones, políticas, partidos políticos, etc.).
Más sobre «depender de Dios»
En un sentido de «depender», podríamos decir que «en todo» ya dependemos de Dios:
─ para estar vivos (habiendo sido creados, como almas, por Dios),
─ para tener experiencias en un universo creado por Dios, y por lo tanto regido por leyes que son «de Dios»…
Por otro lado, recordemos el dato de que en realidad las almas no mueren: Por ahora nadie habría visto, al parecer, que se anulara realmente un alma.
«A father and child» by Andrey Karelin (wikipedia) Source: http://digitalgallery.nypl.org/nypldigital/dgkeysearchresult.cfm?word=3168&s=1¬word=&f=13&sScope=Name&sLabel=Karelin%2C%20Andrei%20Osipovich&cols=4 Author: Andrei Osipovich Karelin (1837–1906)
…tratamos del problema con la guerra contra el libre albedrío y contra la humildad, esa guerra que realizamos como adultos literalmente contra los niños.
Hoy me tocó ver en un parque una situación así, la de ese «obligar a comer» a un niño que a todas luces no quería.
Los niños en general saben muy bien lo que sienten (mucho mejor que nosotros), y por tanto en muchos aspectos conocerán mejor lo que «necesitan».
Está en el apartado de esa página dedicado a Robert J. Lees (buscar «Robert» en esa página).
Para los audios:
En esa misma página estarán enlazados y ordenados los audios. Y, como en otros audios, hice un comentario al final de este, tras la lectura del texto. En el comentario vemos algunas ideas importantes y a veces aclaramos algunas cosas.
Reuniré todos los textos de este segundo libro de la trilogía de R. J. Lees (La vida elísea) cuando vaya terminando de hacer esta «primera» versión de la traducción (que hago con ayuda de deepl, google, wordreference…) ─»primera» versión en el sentido de «para mi web»─.
Notas al capítulo
─ Ver el audio correspondiente.
─ Tras los cuatro capítulos donde hemos visto muchas enseñanzas básicas que resitúan de cierto modo «la esencia sobre el tema de Jesús», este capítulo vuelve a ser uno de tipo «práctico ilustrativo», sobre la vida en los primeros cielos. Vuelve a contarnos algunas aventuras en la interacción entre los niños recién llegados al mundo espiritual, etc.
.─ Es algo especialmente ilustrativo sobre la ley de compensación y aspectos similares.
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Para los audios:
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Reuniré todos los textos de este segundo libro de la trilogía de R. J. Lees (La vida elísea) cuando vaya terminando de hacer esta «primera» versión de la traducción (que hago con ayuda de deepl, google, wordreference…) ─»primera» versión en el sentido de «para mi web»─.
Notas al capítulo
─ Ver el audio correspondiente.
─ En este capítulo, terminamos de ver lo que pasó con Dandy y su «despertar» a su nueva vida en el mundo espiritual. También comienza ahora una serie de enseñanzas en varios capítulos prolijos, en torno a la «espiritualidad» más fiel a la esencia de lo que Jesús representa. A partir de ahora veremos que el libro profundiza en esto, pero antes de acabar (con el capítulo 25), también veremos algún ejemplo más, muy desarrollado en algún capítulo, que contiene más muestras de esas aventuras tan ilustrativas acerca de las relaciones que tienen lugar… y de «la aplicación de las enseñanzas», digamos.
Versión en español
Capítulo 18
Los mosaicos de la vida
La mente del pobre Dandy se encontraba en el estado de confusión espiritual dudosa que experimentan con frecuencia muchos que han estado en circunstancias mucho mejores que él en la vida terrenal. Como otros, había permitido que su ignorancia fantasiosa fabricara y modelara las especulaciones supersticiosas de sus maestros y pastores dogmáticos sobre una vida después de la muerte para dar en una incertidumbre nebulosa, y cuando entró en ella [en esa vida] se sorprendió al encontrar una condición de ley y orden, allá donde él había anticipado una antinaturalidad indescriptible unida a intangibles excentricidades. Continuar leyendo «La vida elísea | Capítulo 18: Los mosaicos de la vida»
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Notas al capítulo
─ Ver el audio correspondiente.
Versión en español
Capítulo 16
Le escucharán
Era natural que yo tuviera más que un mero interés transitorio ante la entrega de un mensaje enviado en circunstancias tan extraordinarias, un mensaje destinado a poner a prueba la desinteresada súplica del Rico, Dives [ref.], de que sus hermanos escucharan a alguien que había regresado de entre los muertos. Mi padre no era un junco que se dejara sacudir por el viento, sino un hombre de convicciones firmes, y valiente hasta la exageración en su defensa de las mismas, antes que alguien dado a inclinarse por lo supersticioso. Por lo tanto, las perspectivas del éxito que yo deseaba no eran en modo alguno tan esperanzadoras como podía desear, a menos que mi mensaje pudiera reavivar en su memoria alguna vibración de nuestra reciente entrevista mientras él dormía, y contribuir así a resultados que yo no podía prever ni calcular. Continuar leyendo «La vida elísea | Capítulo 16: Le escucharán»
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Notas al capítulo
─ Ver el audio correspondiente.
Versión en español
Capítulo 12
Cushna en casa
Aquella sesión escolar terminó cuando yo con mucho gusto hubiera querido que continuara. Pero así sucede con todo lo que encontramos en el Paraíso. La saciedad es desconocida. Los banquetes intelectuales llegan a su fin mientras el apetito todavía está vigoroso, para que la digestión no se sobrecargue y se evite el hastío [ennui] consecuente con el exceso. Sin embargo, donde los platos se preparan con flexible consideración y previsión, como en aquellos que acababa de comer, no se puede esperar ningún atisbo de perturbación orgánica. Donde los profundos misterios de la química, la naturaleza e incluso la creación pueden ser presentados de manera tan tentadora y digerible para las mentes de los infantes, ¿qué necesidad hay de temer por los efectos posteriores? Tales viandas así preparadas sólo sirven para dar apetito a la mente y hacerla tener un hambre más vigorosa por lo que está por venir. Continuar leyendo «La vida elísea | Capítulo 12: Cushna en casa»
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Notas al capítulo
─ Ver el audio correspondiente.
Versión en español
Capítulo 5
El ángel de la muerte
En la otra vida hay orden, secuencia y propósito. He tratado de subrayar esto en contraposición a la idea general de que el empleo regular del alma en el Cielo se encontrará cantando «Santo, santo, santo», con el acompañamiento de arpas doradas. No os precipitéis, sin embargo, al otro extremo, e imaginéis que quiero haceros creer que la vida en el Cielo no significa más que trabajo, estudio y desarrollo intelectual. Tal idea sería igualmente errónea. Continuar leyendo «La vida elísea | Capítulo 5: El ángel de la muerte»
Captura de un momento en que Rubén entra en una residencia de ancianos inundada. Es del vídeo en directo hecho por Rubén el día 31 de octubre del 2024, un día después de la inundación por la DANA en poblaciones valencianas y españolas
Al hilo de lo que estamos viendo últimamente por ejemplo en «Desmitificando de nuevo la fe«: unplandivino.net/desmitificando-de-nuevo-la-fe/,
… podemos ver un caso concreto de persona que hace declaraciones de fe muy nítidas: Rubén Gisbert, que precisamente ha sido masivamente difamado a finales de este año 2024, pues, como sabemos, en el mundo estamos básicamente en emociones contrarias a la verdad (en miedo y en las creencias asociadas al miedo), y el error lucha contra la verdad «como gato panzarriba», dentro de nosotros.
Rubén hace declaraciones de fe muy manifiestas, independientemente de lo «pura» o impura que esta fe pueda ser.
La fe no es algo religioso. La fe es la actitud de algo así como una fidelidad a «la verdad interna», que también muestran los científicos, pues la fe se basa en hechos, aunque sean hechos de la certeza sentida internamente (lo que tradicionalmente se llama «conciencia», que es la voz de los sentimientos de la conciencia ─no «consciencia» con ese, sino «conciencia»─).
La fe es como una fidelidad a algo que sabemos que es verdad ahora, y que es algo que deseamos sinceramente para nosotros que sea verdad ahora y en el futuro.
La fe puede estar más o menos impura, en cuanto a que lo que cultiva esa fe sea más o menos fiel a la verdad… pero el fenómeno es el mismo.
La declaración que Rubén Gisbert hace a menudo, es la de «hacer lo que siente que debe hacer», una declaración de lealtad, para poder «morir tranquilo», pudiendo entonces mirar atrás sintiendo cierta paz en ese día de la muerte ─y en general poder mirarse al espejo en el presente, todos los días─.
Y Rubén claramente expresa, por cierto, que ni siquiera cree en la vida más allá de la muerte, y, por tanto, mucho menos «cree en Dios», aunque él y muchas personas asocian de manera irracional y extraña ambas cosas, es decir: la vida tras la muerte, y Dios ─como si fueran indisociables─).
Pero el tema no es ese, porque insistamos, la fe no es algo religioso.
Rubén lo expresa a menudo usando la palabra «deber», en relación a esa especie de «llamada interna» que todo el mundo de algún modo sentimos, y que tiene que ver con un cierto «ser fieles a la verdad y a uno mismo».
Rubén da uno de los mejores ejemplos que he visto nunca de declaración de fe.
Quizá ese tipo concreto de expresión le viene de familia (la expresión del «deber»), y, por cierto, quizá en su familia él tuvo una experiencia algo mejor que la promedio, en cuanto a que su padre y/o su madre puede que fueran más «éticos» que el promedio, en el sentido de que «mantuvieran su palabra» con él, aunque él «sólo fuera un niño».
Esto de ser coherentes con los niños no suele pasar a menudo, por lo que parece, ya que de pequeños todos somos traicionados casi todo el rato con displicencia condescendiente.
Es decir, por ejemplo no se cumplen las promesas hechas a los niños. Con ellos se justifica ser incoherentes. Incoherentes por ejemplo en la enseñanza de lo que se llama «valores», una enseñanza esta que suele ser «inconsciente» y que en general creo que todavía no se tiene como algo realmente importante o primordial, y que ─digamos─ es dada «por el ejemplo», un ejemplo que muchas veces es malo ─es decir, está en desarmonía con la verdad y con el amor─.
Los niños sienten los miedos y otras emociones heridas de los adultos (ver minuto del primer vídeo enlazado: 1:01:53 » … as a child they are your parent’s fears»), pero en cierta medida, de pequeños, todos aprendemos a no expresarlos ─a no llorar, no temblar─.
De pequeños nos volvemos incapaces de expresar esas emociones, pues los adultos dirían que «está mal»:
─ temblar de miedo: nos da miedo ver eso, hay que medicalizarlo en seguida, etc.,
─ o que «está mal» llorar intensamente, sollozar, sintiendo un verdadero duelo por lo que me pasa…
Entonces, como los adultos imponemos el estado emocional al entorno (todos lo hacemos), ese estado es sentido y tiende a ser expresado por los niños, que son más sensibles a las emociones y más naturales y sanos en cuanto a su expresión.
A todos se nos enseña a reprimir eso en alguna medida, para así no molestar a unos padres o madres que no se atribuirán esas emociones a sí mismos, sino que las atribuirán a los niños con juicios del tipo: «qué tontos emocionales que son los niños», etc.
Por eso se vuelve tan complicada la situación con los niños, porque los padres y madres no ven que los niños a menudo están reflejando la condición emocional de los adultos.
Entonces, cuando somos pequeños, esa represión y auto-represión nos hacen revertir en frustración y enfado.
Y todo esto, como dinámica y como contexto, no lo podemos entender mientras todavía somos tan pequeños que apenas hemos desarrollado la consciencia de nosotros mismos y el libre albedrío.
No lo podemos entender en el sentido de que nuestra situación es de entrada que: «algo tenemos que aprender».
Es decir, por nuestra propia naturaleza, como almas, tenemos que absorber emocionalmente algo, ya que todo aprendizaje comienza por el sentir, por lo emocional. No nacemos un intelecto desarrollado como para poder razonar sobre lo que está pasando «energéticamente», emocionalmente.
Y así, las respuestas de enfado o rabia de los niños son digamos «más naturales», «más comprensibles», aunque, en general, a la vez hemos de entender que no podemos justificar la ira ─el enfado, etc.─ sino entender su papel.
De pequeños, esa frustración o ese enfado simplemente los ejercemos o los tenemos ya que se nos ha enseñado a reprimir no sólo las emociones heridas (miedo, enfado…), sino también las emociones que están en armonía con el amor.
Uno de esos enfados es por ejemplo el que corresponde al miedo a sentir la represión de la propia personalidad única que somos cada uno de nosotros
(ver ejemplo en el minuto 1:12:08 en el vídeo enlazado a continuación : «Anger as «fear of the feeling of supression» (when it comes to the expression of the child’s true nature)» https://www.youtube.com/watch?v=aM0ml3RkMHI ─1er vídeo enlazado─).
En este ejemplo, por un lado se nos reprime nuestra verdadera naturaleza o personalidad; y por otro lado, de pequeños en general se nos enseña a reprimir la expresión del miedo y del duelo por la represión, pues en general ya hemos aprendido bastante a tener miedo de las emociones, a reprimir, etc. ─para agradar a los padres, no molestarles, etc.─.
Y resulta que cuando somos niños no sabemos esto; es decir, no sabemos que ese enfado corresponde al miedo a sentir la represión que los adultos ejercen sobre nuestra personalidad única.
Así es como los adultos traspasamos esta dinámica ─»sin querer queriendo»─ a las siguientes generaciones.
De pequeños aprendemos a tener terror al duelo ─a la tristeza profunda que sería liberadora de esos miedos─. Y así, entramos en el camino de las adicciones, del enfado o de la insensibilidad (1:20:06).
Aprendemos a vivir en el enfado y frustración… y en posteriores estados de insensibilidad antestesiada, adormecida, o depresión, etc., con respecto a ciertas emociones.
Confusión sexual
Captura de un momento del segundo vídeo enlazado
Los padres y madres tienen miedos en torno a ser seres incompletos en la vida, en torno a estar incompletos. Y muchas veces van a tender a «completarse» a sí mismos con los hijos ─satisfacer sus anhelos heridos de pareja, sus anhelos heridos de amor, etc.─.
Esas motivaciones confusas, que motivan el cuidado, el amor, en una familia, son absorbidas por los niños como bases para la definición de la vida, para la definición del amor, etc.
Esas motivaciones miedosas son en realidad violentas, pues todo miedo que no sea sentido humildemente será «proyectado» (por el adulto en este caso), y eso mismo es la violencia ─esas motivaciones que están en desarmonía con el amor, cuando no son sentidas humildemente─.
Ese «amor» que los padres o madres dan, en adicción, para no sentir sus miedos y su duelo por no haber sido queridos en la infancia (o por no encontrar a su verdadera pareja, etc.), en realidad no es amor, por muchos gestos de atención, abrazos, besos, etc., que muestre dicho «amor» que en realidad no es amor ─unos gestos, estos, que muchas veces a los niños se les fuerza a realizar, para que ellos repitan superficialmente en su comportamiento, sin sentirlo, ese «amor» que supuestamente existe─.
Aquí tenemos pues una causa principal de la confusión enorme que hay sobre el amor y sobre la vida ─en el planeta y en muchos desencarnados─. La causa es el hecho de que no comprendemos emocionalmente los principios que estamos viendo todo este tiempo (sobre que la adicción emocional no es amor, sino lo contrario, etc.).
─ Ejemplo a visualizar:
48:31 «… lo que acabas haciendo» (en los años de pubertad) «…es unir el placer con el enredo con el progenitor del sexo opuesto» // «… what you end up doing» (puberty years) «is joining pleasure with the enmeshment with the opposite gender parent»: https://www.youtube.com/watch?v=7vk1nFBAshM (2º vídeo enlazado)
Sobre culpar a la madre, al padre, etc.
Y no se trata, entonces, de hacernos irresponsables con nuestros errores, nuestros pecados, culpando principalmente a madres o padres, y demás personas (minuto 49:10 del segundo vídeo enlazado).
Una vez que somos adultos, las causas de esos errores, ya implantadas desde la infancia ─y que en principio vienen de fuera de nuestra alma─ ya están en nosotros.
Así pues, sólo nosotros podemos volver a sentir esas causas y liberarlas.
Y en este camino, además, con la ayuda de Dios, con quien personalmente podemos contactar para que el arrepentimiento y el perdón sean hechos a la manera de Dios, y podamos así transformar un poco más nuestra alma con el amor de Dios ─si lo hemos empezado ya a recibir en algún punto─.