[Últ. act.: 3 agosto 2026]

Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español (con notas añadidas)
Nota 1 (en torno a «justificación», etc.): Rousseau, la Justificación y el Avispero de la Verdad: De la Herida Personal al Impulso Político
Nota 2: Nota sobre el contexto histórico y teológico: La «Comunión de los Santos» y el trasfondo de 1915
─ Versión en inglés
___
Introducción
─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
La lectura de estos mensajes dura en el audio hasta el minuto 19:12, y luego hay comentarios. Esta vez los mensajes tienen relación muy directa con el tema de este apartado 11 ─que agrupa mensajes muy variados─.
Vemos dos mensajes de Lutero. En ellos vemos por ejemplo el arrepentimiento de Lutero. ¿Por qué? Porque, pese a él haber mejorado en algunas cosas la «doctrina», sin embargo el cristianismo siguió básicamente con los mismos dogmas que luego, en el mundo espiritual, se comprueba que son dañinos.
A continuación, pues, tratamos parte del apartado:
11) La expiación vicaria
Son los siguientes dos mensajes contenidos en el apartado.
El tema principal en el apartado es «la expiación vicaria», ya que es una creencia o dogma muy dañino.
Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:
Forma parte de un libro que es el primer volumen de una recopilación concreta de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, Jesús de Nazaret.
Estos volúmenes fueron preparados o compartidos así por Divine Truth entre otras personas.
El primer volumen incluye los siguientes temas y apartados (los 11 temas numerados sirven para organizar temáticamente los mensajes):
a) ─ Retrato de James E. Padgett
b) ─ Mi testimonio (por Leslie R. Stone)
c) ─ Foto espiritual de Mary Kennedy con su alma gemela, el Dr. Stone.
d) ─ La verdadera misión de Jesús
I. Jesús y su relación con Dios.
II. Dios y el alma humana.
III. El problema del pecado.
IV. Redención del pecado.
─ 1. Los mensajes
─ 2. Ámbitos celestiales
La oración
─ 3. Inmortalidad
─ 4. ¿Quién y qué es Dios?
─ 5. Espíritu Santo
─ 6. Resurrección
─ 7. El alma
─ 8. Perdón
─ 9. Expiación
─ 10. Infierno
─ 11. Expiación vicaria [estamos aquí: Vemos los dos siguientes mensajes en este apartado 11]
e) ─ Mensajes adicionales
Versión en español
11. La expiación vicaria (cont.)
Fe y obras – La expiación vicaria – La importancia de obtener el Nuevo Nacimiento. Sus creencias han cambiado desde que se convirtió en espíritu. Confirma que Jesús escribe a través del Sr. Padgett (Martín Lutero, antiguo monje y reformador) (6 julio 1915)
Estoy aquí, soy un desconocido, pero también un espíritu interesado en la obra que estás realizando para el Maestro y para muchos espíritus, tanto buenos como malos.
Escribo con el permiso de tu grupo, por lo que no siento estar entrometiéndome. Así pues, si tienes la bondad de tenerme un poco de paciencia, diré unas cuantas palabras.
Soy un espíritu que admira profundamente los esfuerzos que tú y tu grupo realizáis para ayudar a los desafortunados que acuden a vosotros con historias tan lamentables de sufrimiento y oscuridad, pidiendo ayuda.
En la tierra, fui en un tiempo un hombre que sufrió mucho a causa de mi oscuridad espiritual, y no fue sino hasta muy avanzada mi vida que encontré el camino hacia el Amor de mi Padre mediante la oración y la fe; e incluso entonces, albergaba muchas creencias erróneas causadas por las interpretaciones de la Biblia imperantes en la iglesia de la que era miembro. Sin embargo, desde que llegué al mundo espiritual, he aprendido la verdad y me he desprendido de todas mis viejas creencias erróneas; y, gracias a Dios, me encuentro en el camino que conduce a la vida eterna.
Cuando estaba en la tierra, fui maestro de lo que consideraba verdades bíblicas, y sé que mis enseñanzas dieron algún buen fruto, aunque estuviesen mezcladas con errores. He conocido a muchos espíritus de hombres que escucharon mis enseñanzas y creyeron en muchas de las cosas que enseñé. De modo que, como ves, aunque las iglesias enseñen muchas doctrinas falsas en sus credos, entrelazadas con ellas hay muchas verdades, y estas a menudo calan en el corazón de los oyentes, dando como resultado que encuentren la Luz y el Amor del Padre.
Sigo enseñando a los mortales siempre que me es posible. Sin embargo, mi tarea resulta difícil, pues hay muy pocos médiums capaces de recibir las verdades de las cosas más elevadas de la vida; y las impresiones que transmito a los mortales mediante sugestión no son muy alentadoras, ni para ellos ni para mí. A veces las impresiones se reciben y comprenden, pero con mucha frecuencia no surten efecto.
Si tuviéramos más médiums escritores como tú, que se interesaran en estas verdades superiores y creyeran que podemos comunicárselas, la salvación de la humanidad sería mucho más rápida. Pero, como dijo Jesús, la mies es abundante y los obreros son pocos.
Tienes una misión muy digna de envidia, en el mejor sentido de la palabra, pues al llevar a cabo tus deberes te conviertes en el canal entre el Maestro y el hombre. Y quiero decirte que esa misión es gloriosa y te traerá bendiciones incalculables, porque ahora posees ─y poseerás con creciente poder─ la influencia del mundo superior de espíritus y ángeles.
Aquel excelso espíritu, es decir, el Maestro, está contigo muy a menudo y parece amarte profundamente; su amor y su poder están más allá de toda comprensión. Él es tu amigo y hermano, y la cercanía con él te brindará una gran excelencia y un poder espirituales que los hombres rara vez han poseído.
Al mismo tiempo que esta misión ofrece tanta gloria y poder, también conlleva una gran responsabilidad, la cual exigirá de ti el despliegue de todo tu amor, fe y energía. Como ves, a un gran favor le corresponde una gran responsabilidad.
He escrito bastante más de lo que pretendía al comenzar, y lo dejaré ya.
Vivo en la segunda Esfera Celestial, donde residen tu abuela, tu madre y tu esposa.
Bueno, yo no tenía el amor ni la fe que ellas tenían y mi progreso fue muy lento; por lo tanto, me han superado en cuanto a avance espiritual. Son espíritus maravillosos y poseen gran parte del Amor del Padre en sus almas.
Fui predicador, y viví como tal tras separarme de la iglesia donde se me habían inculcado sus doctrinas. Mi nombre fue Martín Lutero. Sí, Martín Lutero, el monje.
Ahora veo que mi enseñanza de la justificación por la fe no es, por sí sola, suficiente para la salvación del hombre. La verdadera doctrina es la del Nuevo Nacimiento. Quiero decir que, junto con la fe, debe producirse el influjo del Amor Divino del Padre en las almas de los hombres. El mero hecho de tener fe no basta. Sin este Amor, la fe es inútil, salvo en la medida en que ayude a traerlo.
Así que, como ves, si bien en mis enseñanzas supuse una mejora con respecto a lo que se me había enseñado, no prediqué el componente esencial del Nuevo Nacimiento en el sentido en que Jesús lo enseñó y en que la humanidad debería entenderlo.
La fe sin obras no es suficiente. Las obras sin fe no producirán los grandes resultados deseados; y tanto la fe como las obras, sin el Nuevo Nacimiento o la adquisición del Amor Divino del Padre, no bastan para traer la salvación a la humanidad.
El amor es el cumplimiento de la ley; y el Amor Divino es la Esencia del Padre que, al ser poseído por los hombres, los hace uno con Él. Que todos los hombres sepan que, de todas las cosas divinas, el Amor Divino es la más divina y convierte al hombre en parte de la Divinidad misma.
Y bien, he lamentado muchísimo que mis seguidores, al creer en mis enseñanzas, adoren a Jesús como a Dios. ¡Oh, qué gran error es esta creencia, y cuánto perjuicio ha causado y sigue causando a hombres y espíritus!
Sin embargo, gracias a Dios, veo que la verdad está penetrando en las consciencias y mentes de muchos de mis seguidores, y espero que no esté lejano el día en que esta gran herejía deje de creerse.
La otra falsa doctrina, común a todas las iglesias ortodoxas, ha causado mucha infelicidad, deslealtad y decepción, tanto en el mundo mortal como en el espiritual: la de que la sangre de Jesús salva del pecado, o que él ofreció un sacrificio vicario para apaciguar la ira de un Dios airado, librando así a los hombres de las penas y cargas de sus pecados. Esta falsa doctrina ha provocado que más hombres pierdan el desarrollo de su alma y descansen confiados en la falsa creencia de estar salvados del pecado e inmunes al castigo que cualquier otro dogma enseñado por las iglesias.
Ninguna sangre, ninguna muerte en la cruz y ninguna expiación vicaria salvan al hombre de sus pecados ni de las expiaciones resultantes. Solo el Amor ─el Amor Divino del Padre, el cual Jesús trajo al mundo y cuyo camino de obtención declaró, estando a libre disposición de todos los hijos del Padre─ salva del pecado, tanto en la tierra como en el mundo espiritual.
Debo detenerme ya; volveré a escribirte si te parece bien.
No, no lo soy. Para mí, todos los hombres son hijos de Dios, y hace tiempo que olvidé cualquier distinción entre los alemanes y las demás razas de la humanidad.
Pero la guerra es cruel, impía y carece de excusa válida, y jamás debería surgir.
Con el amor de un hermano que desea que todos los hombres busquen la luz.
Soy el antiguo monje y reformador,
Martín Lutero
Ansía profundamente que las verdades que ahora conoce se den a conocer a sus seguidores (Martín Lutero – Reformador) (29 mayo 1916)
Estoy aquí, Martín Lutero, antiguo monje y reformador.
Deseo continuar con mi mensaje, si te parece bien. Bien, lo intentaremos.
Cuando estaba en la tierra, creía firmemente en lo que contenían nuestras doctrinas y enseñanzas, y fui sincero al intentar inducir a otros a creer tal como yo creía y enseñaba. Sin embargo, tras mi larga experiencia en el mundo espiritual y mis comunicaciones con Jesús, con sus apóstoles y con otros a quienes les han llegado las verdades del Padre, me doy cuenta y sé que muchas de mis enseñanzas eran erróneas, y que ya no deberían ser creídas por quienes rinden culto en las iglesias que llevan mi nombre.
Mi doctrina de la fe ─es decir, la justificación por la fe─ es del todo errónea cuando se considera su fundamento, así como la imposibilidad de comprender, a partir de mis enseñanzas y de los dogmas de la iglesia, qué se entiende exactamente por fe.
Nuestra fe se fundaba en la suposición de que Jesús era parte de la Deidad y el hijo unigénito del Padre, Quien amó tanto al hombre pecador que hizo que Su amado e inmaculado Hijo muriera en la cruz para apaciguar la justicia divina, retirando así de los hombres la carga de sus pecados para colocarla sobre Jesús. ¡Qué terrible error, y cómo ha extraviado a tantos creyentes, llevándolos a una condición de oscuridad y de privación del Amor Divino del Padre! No, tales objetos de fe carecen de fundamento real; tal fe no justifica al hombre pecador ni lo pone en unidad con el Padre para convertirlo en un hijo redimido de Dios.
Jesús no era parte de la Deidad, ni tampoco fue engendrado de la manera en que yo enseñé y mis seguidores creen. Era hijo del hombre, y únicamente era hijo de Dios por el hecho de haber recibido en su alma el Amor Divino del Padre, lo cual lo asemejaba al Padre en muchos de Sus atributos de Divinidad.
Dios no envió a Jesús a la tierra con el propósito de morir en la cruz, ni de pagar deuda alguna, ni de apaciguar la ira de un Padre colérico y celoso, pues tales cualidades no son atributos del Padre. Únicamente el amor, la compasión y el deseo de que los hombres se aparten de sus pecados y se reconcilien con Él son Sus atributos en lo que concierne a la salvación humana. Ninguna muerte de Jesús podía hacer a nadie menos pecador ni acercarlo al Padre; la fe en esta proposición errónea es fe en un error, y jamás el hombre se ha visto justificado por ella.
Jesús vino a la tierra con la misión de salvar a la humanidad de sus pecados, y esa misión debía cumplirse solo de dos maneras: una, declarando al hombre que el Padre le había restituido el privilegio de recibir el Amor Divino; y la otra, mostrándole el camino para ejercitar tal privilegio, de modo que este Amor Divino se convirtiera en suyo, haciéndolo así parte de la Divinidad del Padre y asegurándole la Inmortalidad.
De ninguna otra manera podían ni pueden los hombres salvarse ni hacerse uno con el Padre; y la fe en estas Verdades ─que las convierte en posesión y patrimonio de los hombres─ es la única fe que justifica.
Escribo esto para beneficio, de manera más particular, de mis seguidores, a fin de que aprendan las verdades vitales de su salvación y transformen su fe en la muerte y en el sacrificio de sangre de Jesús en una fe en la restitución del Amor Divino, así como en la verdad adicional de que Jesús fue enviado para mostrar el camino hacia ese Amor; y que fue de esta manera, y de ninguna otra, como él se convirtió en el Camino, la Verdad y la Vida.
Sé que aceptar estas verdades les arrebatará el fundamento mismo de sus creencias, y muchos se negarán a aceptar mis nuevas declaraciones de la verdad; sin embargo, han de aceptarlas, porque la verdad es la verdad y nunca cambia; quienes se nieguen a aceptarla en la tierra tendrán que aceptarla cuando lleguen al mundo espiritual, o bien existir en una condición en la cual verán y sabrán que sus antiguas creencias eran falsas y no descansaban sobre ningún fundamento sólido. Y el peligro para muchos será que, al darse cuenta de la absoluta falsedad e insustancialidad de lo que creían verdadero, se volverán escépticos e incrédulos, o vagabundos en la vida espiritual, sin esperanza de salvación ni de convertirse en hijos redimidos de Dios.
Comprendo plenamente los errores de mis enseñanzas en la tierra y la responsabilidad que recae sobre mí por tales enseñanzas, las cuales aún continúan difundiéndose sin que yo pueda hacer casi nada para remediarlo. Por eso escribo este mensaje, con la esperanza de que sea publicado en tu libro de verdades.
Yo, Lutero, antiguo monje y reformador, declaro estas verdades con todo el énfasis de mi alma, basándome en un conocimiento en el que no hay sombra de error, adquirido mediante una experiencia no fundamentada en supuestas revelaciones dadas al hombre por la voz de Dios. Mi conocimiento es verdadero; nada que se le oponga puede serlo, y ni la fe ni las creencias de un hombre, ni las de todos los habitantes de la tierra, pueden cambiar la verdad ni un ápice.
La Iglesia romana enseñó la comunión de los santos, pero yo declaro la comunión entre espíritus y mortales, sean santos o pecadores. Esa Iglesia enseñó la doctrina del purgatorio y del infierno, y yo declaro que existen tanto un infierno como un purgatorio, que existe un periodo probatorio en ambos lugares, y que, en algún momento de las largas eras venideras, ambos lugares quedarán vacíos de sus habitantes; algunos de ellos se convertirán en hijos redimidos de Dios y moradores de los Ámbitos Celestiales, mientras que otros se purificarán en sus amores naturales para habitar las esferas meramente espirituales.
Ruego y deseo que mis seguidores se conviertan en habitantes de los Ámbitos Celestiales y participen de la Naturaleza Divina del Padre y de la Inmortalidad.
A ellos les digo: escuchad las Verdades que Jesús os ha revelado y os revelará en sus mensajes, pues en las Verdades que él así declare encontraréis la Vida Eterna y la unidad con Dios que durante tantos años habéis buscado en la oscuridad y la decepción.
No escribiré más esta noche, pero volveré pronto a revelar otras verdades vitales, si me brindas la oportunidad.
Así que, con mi amor y bendiciones, soy
tu hermano en Cristo,
Martín Lutero
____
NOTAS (Son dos notas elaboradas por IA Gemini; mi petición al principio)
Mi petición para dar pie a la nota 1 fue:
Querría una nota sobre «justificación», y cómo esto tiene que ver con la política, y con heridas personales que digamos que se suman colectivamente, expresando inquietudes, elecciones íntimas, etc.
Elegiríamos la figura de Rousseau para centrar el tema, si es posible.
Si no me equivoco, fueron los jansenistas quienes mandaron quemar sus libros, literalmente, o que acicatearon tales acciones por parte de las autoridades en Francia, empezando por Francia.
En concreto, el libro Emilio o De la educación, veríamos todo un ejemplo, excéntrico, del poder de la verdad para «remover el avispero».
Ahí diríamos que se invita a dar ciertos «pasos más allá», pasos que seguramente habrían venido muy bien para atemperar esa tensión que, en parte, y debido a estos gestos de «fanatismo» censor ─por parte de unos y otros (no de Rousseau, pues él portaría el «nuevo paso» y no sería tan fanático o no lo podemos llamar así)─, habría sucedido la infame Revolución Francesa (el hecho de que el cambio tuviera que suceder de forma tan violenta: un cambio brutal, que ya los reyes estaban acicateando de cierto modo, al mantener ciertas medidas centralizadoras, ciertas «faltas de respeto» brusco a las instituciones, etc., como aclararía Tocqueville).
La nota querría que subraye el rol y la unicidad de Rousseau, en cuanto a que no era uno más de entre los Ilustrados; era a su modo muy religioso, aunque promulgara una especie de religión más natural, digamos, pero de todos modos centrada en Dios (de hecho, cita con gran admiración a Clarke, un teólogo al parecer hoy olvidado).
La «profesión de fe» que Rousseau pone en boca de un vicario saboyano, en su libro Emilio, y que promulga así, es de una claridad y no sé si decir «liberalidad» casi abrumadoras (por cierto, quizá podríamos entender que ahí lleva, digamos, el gesto de Descartes en sus «Meditaciones», hacia cierto paso lógico, así como «protestantizado» ciertas actitudes (sensibilizando la duda, digamos, por ejemplo, quizá).
Habría, claro es, un buen y sano sentido de dicho concepto bizarro de «protestantizar»: es digamos cierta antiescolástica; por ello, careciendo de cierto «protopositivismo» cientificista ─no sé si llamar eso así: protopositivismo cientifista─; el «positivismo» de Descartes lo habría alejado de tener una concepción más sanamente compasiva de la vida, por ejemplo, y por así decirlo; en esa concepción, por ejemplo, los cuerpos animales no serían más máquinas de lo que lo pueda ser el cuerpo animal que todo ser humano, como alma, «vitaliza», anima─.
No sé si podrás encontrar pistas para relacionar bien esos temas:
─ justificación:
el concepto de Rousseau, tomado de la teología básica, supongo, es que la justicia (modo Dios) es lo que mantiene el orden divino. Por lo tanto, e impepinablemente, siempre somos objetos de «justificación» en el sentido de que «vamos a entrar en razón/orden» (ya sea via natural; o bien, y al recibir la sustancia nueva para el alma ─el Amor Divino─: via divina).
─ política:
¿cómo eran los jansenistas a este respecto, tuvo que ver con el ataque a Rousseau?
─ En el Emilio hay expresada una «fe activa» continua, podríamos decir:
unas continuas referencias a ser fieles a la naturaleza, digamos: fieles para entrar de manera natural en su espontáneo mantenimiento o espontánea justicia.
Esto lo vemos en esa enseñanza, guiada, que promueve Rousseau: una enseñanza desde la edad infantil, y casi desde el útero; en la cual, los niños y en general las personas, han de ser respetadas como lo que son, en cada fase;
─ vemos pues, ese respeto al orden divino, a la creación;
y es eso, de manera que esté siempre (a ser posible) en marcha y en obra continua… es eso, lo que nos puede justificar, digamos, hacer justos: estar acordes al «mantenimiento» operativo que ya de por sí se realiza siempre, como vimos arriba, por parte de los mecanismos de Dios, la actuación continua de Dios, con sus principios que «alientan» en todas sus leyes (por ejemplo, la ley de atracción, que actúa sobre el alma; o la ley de compensación, que lo mismo,,,), rigiendo así «la creación».
Nota 1
Esta nota aborda la compleja trama entre la justificación personal y política, la reacción censora (focalizada en la paradoja del jansenismo) y el pensamiento de Jean-Jacques Rousseau, cuya figura resulta tan singular dentro de la Ilustración.
Rousseau, la Justificación y el Avispero de la Verdad: De la Herida Personal al Impulso Político
1. El concepto de Justificación: Del dogma teológico al orden natural
En la teología clásica —tanto en el protestantismo como en corrientes católicas severas—, la justificación es el acto mediante el cual el ser humano es restablecido en la recta relación con Dios, pasando del estado de caída o desorden a un estado de justicia u orden divino.
En Rousseau, este concepto teológico sufre una traslación brillante hacia la antropología y la pedagogía. Para Rousseau, el ser humano nace bueno (en orden con la Creación), pero es corrompido por las instituciones, las máscaras sociales y la vanidad (amour-propre). La justificación, en el sentido rousseauniano, no es la imputación externa de un mérito ajeno ni una abstracción dogmática, sino el retorno activo y consciente al orden espontáneo impulsado por Dios.
Dios no solo creó el cosmos; mantiene activamente sus leyes (físicas y morales). El ser humano se «hace justo» o se justifica en la medida en que entra en sintonía con la actuación continua de Dios en la naturaleza. Respetar al niño en cada una de sus fases —como propone en el Emilio— es un acto de fe activa: un respeto absoluto hacia el diseño del Creador que exige no forzar ni deformar el alma humana antes de tiempo.
2. La singularidad de Rousseau: Un ilustrado religioso frente al frío mecanismo
Rousseau ocupa un lugar absolutamente único y aislado dentro del siglo de las Luces:
─ Frente a la ortodoxia eclesiástica, rechazaba los dogmas punitivos (como el pecado original hereditario o la condena eterna) y la necesidad de una Iglesia mediadora.
─ Frente al materialismo de los Ilustrados (Holbach, Diderot, Helvetius) y el deísmo racionalista y cínico de Voltaire, Rousseau defendía la presencia de un Dios personal, providencial y amoroso, accesible a través de la voz interior de la conciencia y del sentimiento del corazón.
En el Libro IV del Emilio, a través de la célebre «Profesión de fe del vicario saboyano», Rousseau despliega esta visión. Allí cita con profunda admiración al teólogo y filósofo inglés Samuel Clarke (demostrador racionalista pero profundamente creyente de la existencia de Dios y de los deberes morales).
Rousseau lleva el método cartesiano de la duda a una dimensión distinta: sensibiliza la duda de Descartes. Descartes duda para llegar a una certeza intelectual matemática (cogito); Rousseau duda para despojarse de los prejuicios teológicos y quedar a solas con el sentimiento interior. Es una suerte de «protestantización» de la actitud filosófica: no hay necesidad de escolástica ni de autoridades; la conciencia es el santuario donde la verdad divina se revela de forma transparente.
Además, Rousseau rechaza de pleno lo que podríamos llamar el protopositivismo cientifista o el mecanismo cartesiano estricto. Para Descartes, los animales eran meras máquinas sin alma (bêtes-machines). Rousseau, en cambio, imbuido de un sentido de compasión universal y de unidad con la creación, entiende que el cuerpo es animado por el soplo de Dios: hay una continuidad sensible entre todos los seres vivos, y la empatía (la piedad natural) es la primera virtud que Dios ha impreso en la sustancia del alma humana.
3. La reacción censora: El papel de los jansenistas y el parlamento
El Emilio (1762) no solo indignó a la jerarquía católica tradicional y a la Iglesia calvinista de Ginebra; desató la furia del Parlamento de París, una institución donde la influencia jansenista era fuertemente predominante en ese momento.
Los jansenistas —seguidores de Cornelio Jansenio— profesaban una teología caracterizada por un rigorismo extremo, una visión oscurísima de la naturaleza humana (totalmente corrompida tras la Caída) y una predestinación severa. Para la mentalidad jansenista, la idea de Rousseau de que el hombre nace bueno y que puede justificarse mediante la fidelidad a la naturaleza y al amor divino interior era una herejía insoportable (un renacimiento del pelagianismo).
Fueron precisamente los magistrados del Parlamento de París, empujados por este rigorismo jansenista en alianza con las autoridades civiles, quienes ordenaron la quema pública del Emilio y dictaron una orden de detención contra Rousseau, obligándolo a huir de Francia.
4. Heridas personales, política y el trasfondo de la Revolución Francesa
Rousseau no proponía una revolución violenta; al contrario, su enseñanza pedía paciencia, reforma pedagógica, respeto a los tiempos del desarrollo humano y una atemperación de las pasiones a través del Amor Divino y natural. Proponía dar un paso más allá: un cambio interior y ético previo a cualquier estructura política.
Sin embargo, la respuesta del poder instaurado (tanto eclesiástico como civil) fue el fanatismo censor y la persecución. Al quemar los libros y negarse a asimilar el aviso pedagógico y moral que representaban obras como el Emilio o el Contrato Social, las élites francesas cerraron las válvulas de escape naturales que habrían podido atemperar la tensión social.
Como analizaría más tarde Alexis de Tocqueville en El Antiguo Régimen y la Revolución:
─ La monarquía centralizó obsesivamente el poder, erosionando las instituciones intermedias y el respeto mutuo entre las clases.
─ Las facciones religiosas (jansenistas, jesuitas, la jerarquía oficial) se enfrascaron en una guerra ciego-punitiva de censura.
Al bloquear el cauce pacífico de la reforma ética y la libertad de conciencia propuestos por figuras como Rousseau, la acumulación de heridas personales, agravios sociales e injusticias sistémicas no encontró un canal de sanación moral. El resultado fue la explosión violenta de la Revolución Francesa: un cambio brutal y descontrolado impulsado por el colapso del viejo orden que se había negado a escuchar «el avispero de la verdad».
En resumen
El gesto de Rousseau en el Emilio fue invitar al ser humano a un proceso de justificación viva: alinearse con las leyes continuas de la Creación de Dios, donde el amor, la compasión y el respeto a la naturaleza humana son la verdadera sustancia de la fe. La incomprensión de los dogmáticos de su tiempo (con los jansenistas a la cabeza de la censura) demuestra hasta qué punto el dogmatismo prefiere quemar el libro de la verdad antes que revisar las estructuras que alimentan su propio poder.
Nota 2
Nota sobre el contexto histórico y teológico: La «Comunión de los Santos» y el trasfondo de 1915
Resulta de gran valor estilístico y formal notar cómo el texto utiliza el trasfondo histórico del Lutero terrenal para desacreditar la teología dogmática tradicional.
En la doctrina católica romana original, la «Comunión de los Santos» (communio sanctorum) hace referencia a la unión espiritual de los fieles que forman el cuerpo de Cristo: la Iglesia militante (en la tierra), la Iglesia purgante (las almas en el purgatorio) y la Iglesia triunfante (los santos en el cielo).
Cuando en este pasaje el comunicante afirma: «La Iglesia romana enseñó la comunión de los santos, pero yo declaro la comunión entre espíritus y mortales…», está utilizando de manera concisa el lenguaje eclesiástico para dar paso a una perspectiva espiritualista moderna de principios del siglo XX. Contrapone la idea restrictiva eclesiástica —donde solo los «santos» o almas salvadas interceden o se comunican— con un principio universalistaista donde la interacción espiritual (médium-espíritu) ocurre con todos los seres del plano espiritual, independientemente de su nivel de evolución («sean santos o pecadores»).
Asimismo, la mención de la Primera Guerra Mundial (reflejada en la pregunta previa de Padgett sobre la postura del espíritu hacia los alemanes) impregna estas comunicaciones de 1915 de un apremiante afán pacifista y ecuménico, convirtiendo la «unidad» (at-onement) en el pilar central del mensaje frente a las divisiones bélicas o dogmáticas de la época.
Versión en inglés
Faith and Works – The Vicarious Atonement – the Importance of Obtaining the New Birth. His Beliefs Have Changed Since He Became a Spirit. Affirms Jesus Writing Through Mr. Padgett (Martin Luther – One Time Monk and Reformer) (6 Jul 1915)
I am here, a stranger, but a spirit interested in the work that you are doing for the Master, and also for many spirits, good and bad.
I am writing by permission of your band, and hence, do not feel that I am intruding. So if you will kindly bear with me, I will say a few words.
I am a spirit in love with the efforts that you and your band are making to help the unfortunates who come to you with such pitying tales of suffering and darkness, and ask for help.
I was once, when on earth, a man who suffered much because of my spiritual darkness, and not until late in life did I find the way to my Father’s Love through prayer and faith – and even then I had many erroneous beliefs caused by the interpretations of the Bible, then obtaining in the church of which I was a member – but since coming to the spirit land I have learned the truth, and have gotten rid of any old erroneous beliefs; and thank God, I am in the way that leads to life everlasting.
I was a teacher when on earth of what I thought were Bible truths, and I know that some good resulted from my teachings, although they were mixed with errors – But I have met many spirits of men who listened to my teachings, and believed many things that I taught. So you see, that even if the churches do teach many false doctrines in their creeds, yet mixed with these false doctrines are many truths, and these truths often find lodgment in the hearts of the hearers, and result in their finding the Light and Love of the Father.
I am still teaching mortals whenever it is possible to do. But I find that my task is a difficult one, because there are so few mediums who are capable of receiving the truths of the higher things of life, and the impressions that I make on mortals by the exercise of suggestions are not very encouraging to them or to me. Sometimes the impressions are received and understood but very often they have no effect.
If we could have more writing mediums, such as yourself, who are interested in these higher truths, and would believe that we could communicate such truths to them, the salvation of mankind kind would become much more rapid. But as Jesus said, the harvest is ripe and the laborers are few.
You have a mission, which is greatly to be envied, I mean in the best sense, because you by the exercise of your duties become the medium betwen the Master and man. And I want to tell you that such a mission is a glorious one, and will bring to you untold blessings because you have now, and will have with increasing power the influences of the higher world of spirits and angels.
The one great spirit, I mean the Master, is with you very often, and seems to love you so much, and his love and power are beyond comprehension. He is your friend and brother and the association with such a one will give you much spiritual excellence and power, which men have not often possessed.
At the same time that this mission holds forth so much glory and power, it also brings with it a great responsibility, and one which will demand of you the exercise of all your love and faith and energy. So you see with the great favor comes responsibility.
I have written rather longer than I intended to when I commenced, and I will now stop.
I live in the second Celestial Sphere where live your grandmother and mother and wife.
Well, I did not have the love and faith that they had, and my progress was very slow, and hence, they have overtaken me in my spiritual progress. They are wonderful spirits and have so much of the Father’s Love in their souls.
I was a preacher, and lived the life of one after I separated from the church in which I had been taught the doctrines. My name was Martin Luther. Yes, Martin Luther, the Monk.
I now see that my teaching of justification by faith, is not of itself, sufficient for man’s salvation. The true doctrine is that of the New Birth. I mean that with faith must come the inflowing of the Divine Love of the Father into the souls of men. Merely having faith will not suffice. Without this Love faith is futile, except as it may help to bring the Love.
So you see that while I was in my teachings an improvement on what I had been taught, yet I did not preach the great essential of the New Birth in the sense in which Jesus taught it and which should be understood by mankind.
Faith without works is not sufficient. Works without faith will not bring about the great results desired; and both faith and works without the New Birth or the acquiring of the Divine Love of the Father, are not sufficient to bring salvation to mankind.
Love is the fulfilling of the law and Divine Love is the Essence of the Father, which, when possessed by men makes them one with Him. Let all men know that of all Divine Things, Divine Love is the Divinest and makes man part of Divinity Itself.
Well, I have regretted so very much that my followers, believing in my teachings, worship Jesus as God. Oh, the great error of this belief and how much injury it has done and is now doing to men and spirits!
But, thank God I see the truth breaking into the consciences and minds of many of my followers, and I hope the time is not far distant when this great heresy will no longer be believed.
And the other false doctrine which is common to all the orthodox churches, has caused much unhappiness and infidelity and disappointment both in the mortal world and in the spirit world. That is that Jesus’ blood saves from sin or that he made a vicarious sacrifice to appease the wrath of an angry God, and thereby removed from men the penalties and burdens of their sins. This false doctrine has caused more men to lose their soul development, and rest secure in a false belief that they were saved from sin and immune from punishment, than has any dogma taught by the churches.
No blood, no death on the cross and no vicarious atonement saves a man from his sins and the resultant expiations, but Love, the Divine Love of the Father, which Jesus brought to the world and declared the way in which it might be obtained, and that it is free for all the Father’s children, saves from sin both on earth and the spirit world.
I must stop now and will come to you again if agreeable.
No I am not. To me all men are the children of God, and I have long since forgotten any distinction between the Germans and the other races of mankind.
But war is cruel and unholy and without valid excuse, and should never arise. With the love of a brother who wants all men to seek the light.
I am the former monk and reformer.
MARTIN LUTHER.
Is Very Anxious That the Truths That He Now Knows Be Made Known to His Followers (Martin Luther – Reformer) (29 May 1916)
I AM HERE. Martin Luther, One Time Monk and Reformer.
I desire to continue my message, if it is agreeable to you. Well, we will try.
When on earth I firmly believed what was contained in our doctrines and teachings, and was sincere in trying to induce others to believe as I believed and taught, but after my long experience in the spirit world and my communications with Jesus and his apostles and others to whom the truths of the Father have come, I realize and know that many of my teachings were erroneous and should not longer be believed by those who worship in the churches that bear my name.
My doctrine of faith – that is justification by faith – is all wrong when its foundation is considered, and the impossibility of understanding from my teachings and the church’s tenets, just what can be intended by faith.
Our faith was founded on the assumption that Jesus was a part of the Godhead and the only begotten son of the Father, who so loved sinful man that He caused His sinless and beloved son to die on the cross that divine justice might be appeased, and the burden of men’s sins taken from them and placed on Jesus. Oh, the terrible error of it all, and how it has mislead so many of the believers to a condition of darkness and deprivation of the Divine Love of the Father. No, such objects of faith have no foundation in fact, and such a faith does not justify sinful man or bring him in atonement with the Father, so that he becomes a redeemed child of God.
Jesus was not a part of the Godhead, and neither was he begotten in the way that I taught and my followers believe. He was the son of man, and only the son of God by reason of the fact that he had received in his soul the Divine Love of the Father, which made him like the Father in many of His attributes of Divinity.
God did not send Jesus to earth for the purpose of dying on the cross or for the purpose of paying any debt or appeasing the wrath of his angry and jealous Father, for these qualities are not attributes of the Father – only love and sympathy and the desire that men turn from their sins and become reconciled to Him, are His attributes as affects the salvation of men. No death of Jesus could make any man the less a sinner or draw him any nearer to the Father, and faith in this erroneous proposition, is faith in an error and never has man been justified by it.
Jesus came to earth with a mission to save mankind from their sins and that mission was to be performed in two ways only: the one by declaring to man that the Father had rebestowed upon him the privilege of receiving the Divine Love, and the other by showing man the way in which the privilege might be exercised, so that this Divine Love would become his, and thereby make him a part of the Father’s Divinity and insure him Immortality.
In no other way could or can men be saved, and made at one with the Father; and faith in these Truths, which makes them things of possession and ownership by men, is the only faith which justifies.
I write this for the benefit, more particularly, of my followers so that they may learn the vital truths of their salvation and change their faith in the death and blood sacrifice of Jesus, to faith in the rebestowa1 of the Divine Love, and in the further truth that Jesus was sent to show the way to that Love, and that he thereby and in no other manner, became the Way, the Truth and the Life.
I know that the acceptance of these truths will take from them the very foundation of their beliefs, and many will refuse to accept my new declarations of truth, but nevertheless, they must accept, for truth is truth and never changes, and those who refuse to accept it on earth will, when they come to the spirit world, have to accept it, or exist in a condition where they will see and knew that their old beliefs were false and rested on no solid foundation; and the danger to many will be that when they realize the utter falsity and non existence of what they believed to be true, they will become infidels, or wanderers in spirit life without the hope of salvation or of becoming redeemed children of God.
I fully realize the errors of my teachings on earth, and the responsibility that rests upon me for these teachings which are still spreading, and I am almost helpless to remedy them. And so, I write this message, hoping that it may be published in your book of truths.
I, Luther the one time monk and reformer, declare these truths with all the emphasis of my soul, based on knowledge in which there is no shadow of error, and which I have acquired from experience not founded on the claimed revelations to man by the voice of God. My knowledge is true, and nothing in opposition can be true, and the beliefs and faith of a man, or of all the inhabitants of earth, cannot change the truth in one iota.
The Roman church taught the communion of saints, and I declare the communion of spirits and mortals, be they saints or sinners. That church taught the doctrine of purgatory and hell, and I declare that there is a hell and a purgatory and that probation exists in both places, and that some time in the long ages to come, both places will be emptied of their inhabitants, some of whom will become redeemed children of God and dwellers in the Celestial Heavens, and others will become purified in their natural loves and inhabitants of the merely spiritual spheres.
I pray and desire that my followers may become inhabitants of the Celestial Heavens and partake of the Divine Nature of the Father and Immortality.
To them I say, hearken to the Truths as Jesus has and will reveal them in his messages to you, for in the Truths which he shall thus declare, they will find Life Eternal and the at-onement with God, for which they have for so many years been seeking in darkness and disappointment.
I will not write more to-night, but will come again soon, and reveal other vital truths, if you will find for me the opportunity.
So with my love and blessings, I am
Your brother in Christ,
MARTIN LUTHER.