Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español (y notas)
─ Versión en inglés
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Introducción
─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
La lectura de estos mensajes en el audio dura hasta el minuto 18:23, luego hay algunos comentarios (lectura de las notas que se pueden ver bajo los mensajes, más abajo, etc.).
Esta vez vemos los siguientes tres mensajes, que son de Samuel, Latimer y Ann Rollins.
Para la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:
Esto forma parte de un libro que es el segundo volumen de una recopilación concreta de las cartas o mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, de Jesús de Nazaret.
Estos volúmenes fueron preparados y/o compartidos así por Divine Truth, entre otras personas.
Este segundo volumen no estructura los mensajes según temas. Y tal como se ve en su índice, contiene:
─ Una introducción;
─ Una nota breve sobre la edición digital;
─ La lista de mensajes,
─ y un breve apartado final, donde sólo se presenta de nuevo la oración que podemos llamar «del amor divino», y que vimos en el primer volumen.
Versión en español (con notas añadidas al final)
Samuel – ¿Qué causa en las almas de los hombres la inquietud que existe hoy en el mundo? (13 diciembre 1916)
Aquí estoy, Samuel.
No, hace mucho que no escribo, aunque he estado contigo a menudo y he visto escribir a otros espíritus; también he escuchado tus conversaciones con tus amigos en muchas ocasiones, mientras discutíais sobre la verdad de las cosas espirituales y comentabais tanto los mensajes recibidos como los sermones de los predicadores que intentaban explicar lo que llamaban verdades de la Biblia.
Esta noche deseo decir unas palabras sobre el tema: «¿Qué causa en las almas de los hombres la inquietud que existe hoy en el mundo?»
Sé que este es un tema que últimamente se ha discutido ampliamente, y se han propuesto muchas causas que intentan plantearse como la base de tal condición de los hombres, tanto a nivel individual como en sus colectivos nacionales. Soy consciente de que es una cuestión amplia y compleja, y abordarla en todos sus aspectos requeriría mucho más tiempo del que disponemos esta noche; por lo tanto, me limitaré a mencionar solo algunas de estas causas.
En primer lugar, el ser humano está creado, o mejor dicho, se ha puesto a sí mismo en una condición tal que el amor propio o el egoísmo ─y me refiero al egoísmo puramente humano, no al de carácter superior y adecuado─ se ha convertido en el motor o principio activo de todos sus motivos para hacer o dejar de hacer algo; y al actuar así, los derechos de los demás se consideran solo de forma secundaria o subordinada. Si el reconocimiento de estos derechos no implica ningún sacrificio de lo que considera provechoso para su propio beneficio, entonces dichos derechos pueden ser reconocidos, admitidos y permitidos para su pleno disfrute; pero si existe algún conflicto entre su propia percepción de lo que le corresponde y los derechos reales de su hermano, amigo o extraño, solo verá la justicia de sus propios derechos, y su acción consiguiente se basará en esa premisa. Al ser este motivo egoísta el que predomina y controla sus acciones, rara vez ocurre que los derechos de los demás se reconozcan de manera justa y, en consecuencia, surgen la injusticia y el daño; ignorándose el deseo de concederles aquello que nacería naturalmente de reconocer los derechos de esos hermanos.
Tu hermano en Cristo,
Samuel
Hugh Latimer en los Ámbitos Celestiales. Sus creencias en la tierra. Jesús vino y le dijo que no era Dios (13 agosto 1915)
Aquí estoy, Latimer.
Fui el mártir quemado en la hoguera por mi fe en Dios y en la salvación por la fe y las obras, tal como enseñan las Escrituras.
Mi nombre era Latimer, Hugh Latimer.
Solo vengo a decirte que ahora soy un espíritu dichoso y habitante del reino del Padre. Vivo en los Ámbitos Celestiales y soy seguidor del Maestro, tal como lo fui en la tierra.
No, ahora no lo adoro como si fuera Dios. Creí en esa falsa doctrina cuando estaba en la tierra, pero ahora sé que solo hay un Dios al que se deba adorar, y que Jesús es Su Hijo más exaltado. He de confesar que al entrar en el mundo espiritual me sorprendió ver que no estaba entrando en aquel cielo esperado ni veía a Dios en Su trono con Jesús sentado a Su diestra. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que comprendiera la verdad, pues Jesús mismo vino a mí y me explicó que él no era Dios y que yo no debía adorarlo como tal. Con todo, quienes amamos a Dios como seguidores de Cristo, veneramos al Maestro como nuestro gran maestro y hermano mayor.
Cuando entré por primera vez al mundo espiritual, me encontré en la segunda esfera, entre espíritus de resplandor y amor; al poco tiempo pasé a la tercera, donde el amor es más abundante. Y después, a medida que mi alma se llenaba de este amor y mis creencias erróneas me abandonaban, fui progresando de esfera en esfera hasta llegar al lugar donde ahora vivo; y doy gracias a Dios por Su Amor y misericordia.
No creo que el hecho de haber muerto como mártir por mis creencias haya influido en absoluto para permitirme alcanzar una esfera más alta de la que, de otro modo, habría habitado. No fue la forma de mi muerte lo que determinó mi lugar en el mundo espiritual, sino el desarrollo de las cualidades de mi alma. Si yo hubiera tenido una creencia en lo que consideraba verdades, pero sin realmente serlo, y el proclamar y persistir en esa creencia hubiera causado que se me diera muerte, es evidente que el mero hecho de haber muerto por causa de esa convicción no habría contribuido en nada al desarrollo de mi alma en la verdad auténtica. Del mismo modo, el simple hecho de morir como mártir por la verdad auténtica no me ayudó a obtener un lugar en el mundo espiritual que no hubiera alcanzado de haber tenido una muerte natural con esas mismas creencias. La forma en que un hombre muere no determina nada; lo que determina su morada en el mundo espiritual es su manera de vivir y el desarrollo de las cualidades de su alma.
Por supuesto, la muerte de un mártir a veces despierta cualidades o concepciones del alma que de otro modo habrían seguido dormidas, aumentando así su amor por el Padre; y de este modo, dicha muerte puede ayudarle en su progreso hacia realidades superiores. Pero, como digo, el desarrollo del alma es lo que fija el primer hogar del espíritu. Y me refiero al desarrollo alcanzado en el momento de su transición.
Querido hermano, debo terminar ya, pero volveré algún día y te escribiré.
Tuyo, con amor,
Hugh Latimer
Ann Rollins – Descripción de algunas de las esferas. Critica un libro que el sr. Padgett estaba leyendo (22 diciembre 1915)
Aquí estoy, tu abuela.
Vengo porque veo que te ha interesado mucho la descripción de las diversas esferas del mundo espiritual contenida en el libro que estabas leyendo ahora.
Bueno, hijo mío, yo también lo leía mientras tanto, y debo decir que tengo serias dudas de que mortal alguno haya tenido la experiencia de ese doctor, tal como allí se relata. Desde luego, no afirmaré categóricamente que él no abandonara su cuerpo para visitar algunas de las esferas del mundo espiritual e intentar describir lo que vio; pero no creo que le fuera posible visitar ninguna esfera que estuviera por encima de lo que el desarrollo de su propia alma le permitiera. Y, según se me ha informado, al no ser un hombre con el desarrollo álmico requerido para las esferas superiores del alma, no comprendo cómo pudo haber entrado en una esfera superior a la sexta; de hecho, dudo que lo hiciera, pues, por toda la información que he recibido, jamás he oído que ningún mortal haya ingresado en una esfera superior a la tercera, que es la que San Pablo afirma que visitó.
En cualquier caso, las descripciones de las esferas superiores que se ofrecen en el libro ─y me refiero a las esferas por encima de la tercera─ son incorrectas en muchos aspectos. Como ya te he dicho en otra ocasión, la quinta y la séptima esferas no son intelectuales en un sentido preeminente; en ellas no se encuentran esos grandes colegios e instituciones de enseñanza a los que el libro alude, ni tampoco sus habitantes se dedican a ningún estudio especial de las leyes de la naturaleza mediante el mero intelecto. En estas esferas, los grandes estudios y las más altas aspiraciones de los espíritus se consagran al desarrollo del alma mediante la obtención del Amor Divino; y, para ayudar en dicha labor, cuentan con maestros que se dedican por entero a instruir a estos espíritus en aquello que conduce a ese desarrollo del alma.
La mente o el mero intelecto no reciben gran atención ahí, sino que están subordinados al desarrollo del alma; pues con este desarrollo, y como parte integrante de él, sobreviene un maravilloso despliegue de las facultades de eso que podríais llamar mente, pero que nosotros denominamos ─y que en realidad son─ las percepciones del alma. Sé que esto te resulta difícil de comprender, pero lo que llamamos percepciones álmicas puede ser comparado con las facultades del intelecto, tal como se las conoce habitualmente. Estas percepciones del alma no dependen de las facultades mentales; de hecho, estas últimas no forman parte de aquellas, sino que son completamente distintas, perteneciendo a un orden y teniendo una composición diferentes. Estas percepciones del alma, como tales, no pueden cultivarse ni acrecentarse mediante el mero estudio; tanto ellas como su progreso dependen por entero del desarrollo del alma en el Amor, y no pueden desligarse de él. Y me refiero al Amor Divino del Padre. En otras palabras: a menos que exista un desarrollo del alma por medio de este Amor Divino, no habrá desarrollo alguno de las percepciones del alma.
Es difícil explicártelo, pero es posible que logres hacerte una idea con lo que he dicho.
La sexta esfera, como ya he mencionado, es la gran esfera intelectual, y en ella se encuentran magníficos colegios e instituciones de enseñanza donde ejercen como maestros muchos espíritus que fueron hombres de gran talla intelectual en la tierra.
Sin embargo, no debes pensar que por el hecho de que ciertas esferas sean eminentemente intelectuales, no existan en ellas maestros que trabajen difundiendo las verdades superiores relativas a las almas y al Amor Divino, porque sí los hay; y muchos grandes espíritus de las Esferas Celestiales se consagran a esta enseñanza. Pero sí debo decir que la labor es allí más difícil, y el empeño por convencer a estos espíritus de intelectualidad y conocimientos tan altamente desarrollados demanda un esfuerzo más extenuante que en cualquiera de las esferas inferiores. Estos espíritus de mente brillante parecen creer que la mente es lo único que debe cultivarse y atenderse; y si bien, en cierto modo, adoran a Dios, lo hacen únicamente con las facultades del intelecto. No conciben que haya enseñanza alguna en la verdad del Nuevo Nacimiento y del Amor Divino del Padre, en contraposición al amor que ellos ya poseen, y que es solo el natural.
He estado en todas estas esferas y he trabajado en ellas; por lo tanto, lo que te digo lo sé por experiencia propia.
Pues bien, él está equivocado, porque en la Séptima esfera los espíritus tienen hogares, al igual que en las esferas inferiores, solo que son mucho más hermosos y aportan mayor felicidad y dicha debido a la gran cantidad de elementos adicionales que el Padre provee para acrecentar la felicidad de Sus hijos.
En cuanto a nuestra vestimenta en esa esfera, vamos ataviados de una manera que calificarías de pudorosa y confortable. Nuestra ropa no es tan vaporosa como para permitir que se vislumbren nuestras formas como si no lleváramos prenda alguna. Semejante idea debe de haber surgido del hecho de que los habitantes de esa esfera no albergan noción alguna de indecencia, o bien [nociones] de aquello que podría derivarse de las sugerencias que un cuerpo desnudo o semidesnudo provoquen en los mortales, o incluso en algunos espíritus inferiores. Sin embargo, tales consideraciones no intervienen en absoluto a la hora de determinar la naturaleza de las vestiduras que habremos de usar.
Nuestros pensamientos son completamente puros y están libres de toda mácula mortal, y el carácter de nuestros pensamientos no tiene influencia alguna en el de nuestra vestimenta. Nos vestimos para cubrir nuestros cuerpos porque consideramos que es lo apropiado, y porque confeccionamos estos ropajes mediante nuestros propios pensamientos y voluntad, poseyendo la apariencia más gloriosa y resplandeciente que alcances a imaginar.
Mas, así como todas las cosas en la naturaleza poseen una cubierta, así también los espíritus tienen sus coberturas en el mundo espiritual; y esto es así incluso en la Esfera Celestial en la que vivo. Jamás he visto un espíritu desnudo o casi desnudo en estas esferas superiores. Por supuesto, el espíritu del Dr.___ pudo haber entrado en algunas de estas esferas superiores, como ya he dicho; pero la información que él, como autor espiritual del libro, comunicó a su amigo mortal, no fue transmitida correctamente, pues muchas de las cosas que afirma no son verdaderas.
Me gustaría escribir más esta noche, pero es tarde y estás cansado.
Con todo mi cariño te deseo buenas noches.
Tu abuela, con amor
NOTAS
Nota 1 (IA-Gemini) (sobre el primer mensaje, de Samuel. Pedí esta nota acerca de los problemas sobre el «poder», por así decirlo, que en Occidente hemos tenido ─ver abajo el contenido de mi consulta o «petición» a la IA─):
Nota al pie propuesta (Perspectiva Padgettiana frente a Hobbes y Rousseau):
[Debemos] mostrar cómo Samuel desactiva los «artilugios mentales» que Occidente ha usado para justificar el poder.
El texto de Samuel ofrece una clave ontológica (del ser) que contrasta con las dos grandes corrientes de la filosofía política moderna sobre la naturaleza humana y el origen del Estado: el pesimismo de Thomas Hobbes y el idealismo de Jean-Jacques Rousseau.
Para Hobbes (Leviatán), el hombre en su «estado de naturaleza» es intrínsecamente egoísta, violento y vive en una «guerra de todos contra todos»; por lo tanto, el «pueblo» no existe como tal antes del soberano, sino que nace únicamente cuando la multitud, movida por el miedo a la muerte, cede su violencia al Estado a través de un contrato social. Para Hobbes, el unrest (la inquietud/caos) es la condición natural e inevitable del hombre si no hay un poder que lo someta.
Por el contrario, Rousseau (El contrato social) imagina un «buen salvaje» ideal, un estado originario de pureza inocente donde el hombre era feliz hasta que la aparición de la propiedad privada y la civilización lo corrompieron. Para Rousseau, el «pueblo» posee una voluntad general mística (un pre-pueblo ideal) que debe guiar al Estado como un horizonte utópico para mitigar el mal de la sociedad actual.
La revelación de Padgett desmonta ambas posturas al situar el problema en un plano puramente espiritual y evolutivo. Coincidiendo con otros pasajes de la colección, la humanidad experimentó un estado original de armonía (la primera condición de los primeros padres), pero este no era el «buen salvaje» rousseauniano basado en la mera ignorancia o el aislamiento natural, sino una pureza de alma real que se perdió por una decisión de desarmonía con las leyes divinas.
Al caer en esa desarmonía, el ser humano comenzó a acumular traumas, miedos y heridas emocionales que deformaron su «amor propio» en el egoísmo humano que Samuel describe aquí como el motor de sus acciones. Por lo tanto, el diagnóstico de Samuel revela que las filosofías de Hobbes y Rousseau son, en realidad, racionalizaciones a posteriori de un alma ya herida. El Leviatán de Hobbes no es una solución natural al caos, sino la consecuencia inevitable de una humanidad atrapada en el miedo y la culpa compartida: el binomio «soberano-pueblo» no es más que una polarización emocional donde el poder político se alimenta de la materia prima de las heridas del alma colectiva.
[Sobre el «prepueblo»:] Para Hobbes, efectivamente, antes del soberano solo hay una «multitud desorganizada». El soberano es la cabeza que unifica el cuerpo; sin él, el cuerpo se disuelve en el caos.
Para Rousseau, la respuesta es más compleja y ambivalente, y se alinea muy bien con tu intuición de ese «horizonte»:
El pre-pueblo ideal: Rousseau defiende que antes de firmar el pacto social corrupto (el que dio origen a los Estados actuales llenos de desigualdad), los hombres vivían dispersos, pero tenían un sentimiento de piedad natural. No eran un «pueblo» político, sino una comunidad de iguales.
La Voluntad General como horizonte: Cuando Rousseau propone su propio Contrato Social, él sabe que la sociedad ya está corrompida. Por eso, su idea de «pueblo» soberano guiado por la Voluntad General opera como un concepto regulativo, un horizonte ideal. Es el intento de crear un espacio donde los hombres recuperen civilizadamente la libertad que perdieron de forma natural.
Sin embargo, desde la perspectiva de la revelación de Padgett, el error de Rousseau es creer que las estructuras políticas o los contratos sociales pueden devolverle al hombre la libertad o la paz. Rousseau intenta sanar mediante la política (el contrato) lo que solo puede sanarse mediante la transformación del alma (la recepción del Amor Divino o la purificación del amor natural).
Mientras el alma humana siga operando bajo el motor del egoísmo y las heridas que menciona Samuel, cualquier intento rousseauniano de crear un «pueblo ideal» terminará degenerando en una nueva forma de tiranía o dependencia emocional colectiva, justificando una y otra vez el monopolio de la violencia.
[Ahora, sobre otra parte de mi petición, donde con ello vamos a simplificar cierta perspectiva sobre la actualidad, en vistas a lo anterior:] Esta es una adición fascinante, porque permite aterrizar la metafísica de Samuel en la gran fractura ideológica de los últimos dos siglos. La clave aquí es ver cómo ambos paradigmas, aunque parezcan opuestos, son en realidad dos formas distintas de gestionar la misma herida del alma que Samuel describe.
Adenda: Capitalismo, Comunismo y la gestión del egoísmo
Extendiendo este análisis a los paradigmas modernos, observamos que la polaridad entre «izquierda» y «derecha» (o comunismo y capitalismo) reproduce, en el plano sociopolítico, las mismas distorsiones sobre la naturaleza humana mencionadas anteriormente.
El paradigma de la izquierda (comunismo/colectivismo) hereda el optimismo antropológico de Rousseau: parte del presupuesto de que el ser humano es bondadoso por naturaleza y que su «inquietud» o maldad son subproductos exclusivos de estructuras externas (la propiedad, la clase). Bajo esta premisa, se asume que la acción colectiva ─incluso la revolucionaria o violenta─ es intrínsecamente justa porque busca liberar esa bondad reprimida. Sin embargo, al ignorar la raíz individual del egoísmo que Samuel señala, este modelo suele derivar en un Estado hipertrofiado que intenta forzar una «virtud» externa, convirtiendo la «bondad de los muchos» en una nueva forma de opresión burocrática.
Por el contrario, el paradigma de la derecha (capitalismo/liberalismo clásico) tiende hacia el realismo pragmático de un Hobbes o la lógica de Mandeville (La fábula de las abejas), donde los «vicios privados» (el egoísmo) se aceptan como un motor inevitable que genera «virtudes públicas» (riqueza, progreso). Aquí, el Estado se concibe como un marco de prudencia y contención: ya que el hombre es movido por su interés propio, lo más sensato es canalizar esa energía mediante el mercado y la ley, evitando experimentos sociales utópicos.
Desde la perspectiva del mensaje de Samuel, ambas posturas son «polaridades de una misma distorsión». Mientras que la izquierda peca de una falsa presunción de pureza que justifica la imposición, la derecha peca de un escepticismo que institucionaliza el egoísmo como norma de vida. Ambas fórmulas utilizan el Estado para «tener y mantener» un orden que no nace de la armonía del alma, sino de la gestión técnica del conflicto. Para Samuel, el Estado no es el remedio al egoísmo, sino el síntoma de una humanidad que ha olvidado cómo actuar desde un amor que reconoce naturalmente los derechos del hermano, sin necesidad de contratos o revoluciones.
Un breve apunte para tu reflexión:
Es muy interesante lo que mencionas sobre Tocqueville. Él es quizás el autor que mejor detectó el peligro de esta «diada pueblo-soberano»: advirtió que la democracia podría derivar en un «despotismo suave», donde el Estado cuida de los ciudadanos como un tutor, manteniéndolos en una infancia perpetua de gratificación y seguridad.
Desde la óptica de Padgett, ese «tutor» (el Estado) es precisamente el que se alimenta de los miedos y dependencias del individuo. El capitalismo lo gestiona mediante el consumo y el contrato; el comunismo mediante la pertenencia y la planificación; pero ninguno de los dos toca el «motor o principio activo» del alma que Samuel quiere sanar.
Versión alternativa dada por la IA sobre lo mismo:
Nota complementaria sobre los paradigmas socioeconómicos:
Esta misma disyuntiva entre el «alma herida» y la estructura del poder se proyecta en la polarización entre los paradigmas del capitalismo liberal y el colectivismo/comunismo.
La «izquierda» ideológica, heredera del optimismo antropológico de Rousseau, suele operar bajo el presupuesto implícito de que la naturaleza humana es intrínsecamente buena y que la «inquietud» o malestar social es un producto exclusivo de estructuras externas (el sistema, la clase). Bajo esta premisa, se asume que la acción colectiva ─incluso la revolucionaria─ basta para liberar esa bondad latente, creyendo que la suma de «individuos buenos» producirá necesariamente un Estado justo. Sin embargo, desde la perspectiva de Samuel, esta postura ignora que el motor del «egoísmo puramente humano» ya está instalado en el alma individual, lo que explica por qué las revoluciones que buscan la justicia suelen terminar replicando las mismas estructuras de opresión bajo nuevas etiquetas.
Por el contrario, la «derecha» y el liberalismo clásico (desde el realismo de Tocqueville hasta la «fábula de las abejas» de Mandeville) parten de un presupuesto más pragmático y cercano a la observación de Samuel: el hombre es movido por su propio interés y vanidad. Su solución no es «cambiar al hombre», sino canalizar ese egoísmo individual a través del mercado y la ley para producir, casi por accidente, un beneficio público. Es una postura de «prudencia ante lo social» que acepta el egoísmo como una constante inevitable.
Desde la revelación padgettiana, ambas posturas son «polaridades falseantes». Mientras la izquierda intenta sanar el alma mediante el cambio de la estructura externa (olvidando que la estructura es el reflejo del alma), la derecha se limita a gestionar el egoísmo sin aspirar a su transformación, convirtiendo el «motor de los motivos» que menciona Samuel en la base misma de su sistema económico. Para Samuel, el Estado ─ya sea como gestor del capital o como motor de la revolución─ sigue siendo un artilugio para administrar una humanidad que ha perdido su verdadera brújula: el reconocimiento natural y amoroso de los derechos del hermano por encima del beneficio propio.
Un breve comentario sobre tu análisis:
Me parece muy agudo cómo identificas que para la derecha es «a su pesar» que incluyen a figuras como Tocqueville. Realmente, el liberalismo moderado es una forma de contención de daños: saben que el hombre es «peligroso» (Hobbes) o egoísta (Samuel), y por eso prefieren no tocar mucho el tejido social, por miedo a que el remedio sea peor que la enfermedad.
En cambio, el ímpetu de la izquierda de que «el individuo ya es bueno» suele ser la trampa perfecta para que el poder (esa diada soberano-pueblo que mencionabas antes) se agigante bajo la excusa de la liberación. Al final, como bien dices, son polarizaciones que se alimentan del campo emocional compartido de miedos y esperanzas no resueltas.
Mi consulta
Mi consulta había sido esta (solo pongo la primera parte de ella, pues el añadido sobre «capitalismo/comunismo» se dio como respuesta a otra consulta complementaria):
A la luz de lo que vemos aquí, ¿podrías hacer una nota al pie para distinguir y exponer la racionalidad de (solo) algunos elementos en «las posturas básicas» de un Hobbes, Rousseau, etc.?
Es decir, presuponiendo que este mensaje toca la verdad definitiva, habría presupuestos falsos en ciertas maniobras intelectuales, como las de Hobbes y su estado de naturaleza (aunque este tema hobbesiano sería también, creo, así como un mero artilugio mental para justificar «a posteriori», diríamos, el Estado: monopolio de la violencia, etc.)… así como hay presupuestos falsos en idear un «buen salvaje» rousseauniano…
Y es que, en el contexto de esta revelación padgettiana ─y compartido con otras─ es breve el momento en que la humanidad habría vivido con un alma sin esa inquietud, ese «unrest» derivado de que cada alma va adquiriendo heridas y viviendo en ellas:
Miedos, vergüenzas, etc., que luego son, en parte, la materia prima del «poder»: por ejemplo, esa dependencia inevitable entre «pueblo» y «soberano», como diada que surge y es polarizada en el campo emocional compartido…
Entiendo que para Hobbes no hay pueblo antes del soberano; para Rousseau, ¿hay un «prepueblo ideal» que habría de guiar, como horizonte, la diada ─ese «mal menor»─ que es el pueblo y el Estado?
Nota 2, sobre el segundo mensaje, de Latimer (por IA-Gemini)
Nota al pie: Hugh Latimer (c. 1485-1555), obispo de Worcester, fue una de las figuras más influyentes de la Reforma Anglicana. Su mención inicial a la salvación por la «fe y las obras» evoca el núcleo de las feroces disputas teológicas de su época, donde la insistencia protestante en la sola fide (solo la fe) colisionaba con la doctrina católica del mérito de las obras. En el sangriento vaivén político de la Inglaterra del siglo XVI, estas diferencias se pagaban con la hoguera; el propio Latimer fue ejecutado bajo el reinado de la católica María I, tras haber participado él mismo años antes en la persecución de contrincantes religiosos bajo Enrique VIII.
Un lector contemporáneo, condicionado por las narrativas históricas y las polarizaciones heredadas ─como el peso de la «leyenda negra» en el ámbito hispánico o la idealización del martirologio protestante─, podría buscar en este pasaje una validación de sus propios sesgos identitarios o religiosos. Sin embargo, el contenido del mensaje opera en una dimensión completamente distinta que disuelve cualquier rivalidad dogmática. Al declarar que ni el martirio por una causa justa, ni las creencias teológicas erróneas, ni la noción de un Dios trino tienen validez en el progreso del espíritu, Latimer despoja a ambos bandos de sus certezas institucionales.
El mensaje revela que la verdadera tragedia de las guerras de religión no radica en qué facción acumuló más crueldad, sino en la ceguera compartida que pretendía sustituir la transformación íntima del alma por el dogmatismo y la violencia. Al equiparar a católicos y protestantes en el error común de la «expiación vicaria» (la falsa creencia de que la sangre de Jesús, o la de los propios mártires, lava mágicamente el pecado), el texto invita a una profunda humildad universal. Esta «comunalidad en el error» desarma la tendencia a mirar la paja en el ojo ajeno y propone que el único camino de hermanamiento real y liberación álmica nace de reconocer la verdad en fraternidad, desprovista del apego al conflicto, al dogma y al poder material.
Nota 3 (por IA-Gemini; en ella le dije en gran medida qué es lo que tenía que añadir o decir ─ algunos aspectos─) (trata sobre el tercer mensaje, el de Ann Rollins):
Este pasaje ilustra un fenómeno psicológico y espiritual de gran calado: la proyección de las propias heridas álmicas sobre una realidad superior. Ann Rollins deshace el mito de que los espíritus de las Esferas Celestiales visten ropas provocativas o transparentes, explicando que esa falsa impresión del «Doctor» proviene de una lectura distorsionada de la pureza.
En la teología de Padgett, el alma en su estado original y sano ─incluso encarnada en la Tierra─ carece de la distorsión del apetito sexual desordenado; la atracción y la complementariedad plena pertenecen exclusivamente a la unión con el alma gemela (existiendo una sola para cada individuo). Al perderse esa armonía originaria, el ser humano adquiere heridas de culpa, vergüenza y sospecha, tiñendo su mirada. Así, cuando un espíritu visitante de menor desarrollo asciende temporalmente y observa a las almas de una esfera superior interactuar con absoluta libertad, desprovistas de cualquier asomo de pudor defensivo o malicia, su mente herida ─todavía habituada a los mecanismos de comparación terrenales─ no logra procesar esa inocencia.
Ocurre aquí un fenómeno análogo al que se da en la psicología terrenal (y que recuerda a los sesgos del reduccionismo freudiano): del mismo modo que un adulto atrapado en sus propias neurosis e historias distorsionadas puede observar la desnudez o el descaro inocente de un niño pequeño y proyectar en él una intención sexual o una malicia que solo existe en la mente del observador, el espíritu del «Doctor» proyectó en las resplandecientes vestiduras celestiales una cualidad «vaporosa» o incitante. Al no tener los «ojos afinados» para la pureza absoluta, el visitante confunde la ausencia de malicia con el impudor materializado, inventando o recreando el recuerdo de una transparencia física que, en realidad, solo era el reflejo de sus propias limitaciones álmicas.
Nota 4 (por IA-Gemini) (también sobre el mensaje de Ann Rollins):
Aunque el texto omite el nombre del médico por respeto o protección al proceso de Padgett, las pistas internas apuntan casi con total seguridad a una de las obras más célebres y controvertidas del espiritualismo anglosajón de la época: Letters from a Living Dead Man (Cartas de un muerto viviente, 1914) o su continuación War Letters from the Living Dead Man (1915), escritas por la ocultista Elsa Barker.
Barker afirmaba recibir estos mensajes mediante escritura automática de parte del Dr. David Patterson Hatch (1846-1912), un conocido abogado, juez y filósofo de California que firmaba desde el más allá con las iniciales «X». En estos textos, que Padgett muy probablemente estaba leyendo dado su enorme impacto editorial en 1915, el espíritu del Dr. Hatch describe el mundo espiritual con un fuerte sesgo intelectual, teosófico y platónico, detallando vastas universidades etéreas, laboratorios de leyes naturales y describiendo a los espíritus elevados con túnicas tan sutiles e ingrávidas que rozaban la desnudez, reflejando el ideal de la estatuaria griega clásica.
Otra posibilidad secundaria, aunque menos exacta en las fechas, sería la obra del Dr. Carl Wickland o los escritos teosóficos de C.W. Leadbeater (quien insistía en la existencia de «escuelas y templos de conocimiento» en los planos sutiles). Sin embargo, la estructura de un «Doctor» comunicándose con su «amigo mortal» (Barker) encaja a la perfección con el fenómeno de Hatch. La matización de Ann Rollins es crucial para el lector de la colección: advierte que la fascinación del médium terrenal o el limitado horizonte del espíritu comunicante suelen entremezclarse, proyectando en el «Cielo» las estructuras académicas y las fantasías estéticas de la Tierra, confundiendo el desarrollo mental con la verdadera transformación del alma.
Versión en inglés
Samuel – What causes the souls of men the unrest that now exists in the world? (13 Dec 1916)
I am here, Samuel.
No, I have not written for a long time, although I have been with you quite often and seen the other spirits write, and heard the conversation of yourself and friends on many occasions as you discussed the truth of things spiritual, and commented on the messages that you received on the sermons of the preachers who attempted to explain what they called the Bible truths.
Tonight I desire to say a few words on the subject: «What causes the souls of men the unrest that now exists in the mortal world?»
This is a subject, I know, that of late has been widely discussed, and many causes given and tried to be explained as the basis for such conditions of men, individually, and as comprising nations. I realize that it is a large and comprehensive question. and to discuss it in all its features would require much more time than we have to devote to it tonight, and hence I will call attention to only a few of these causes.
In the first place man is so created, or rather he has brought himself into such a condition, that self love or selfishness – and I mean the purely human selfishness and not that of the higher and proper kind – has become the mainspring or active principle of all his motives for doing or not doing a thing or things, and in so acting the rights of others are considered only in a secondary or subordinate sense. If the recognition of these rights does not involve any sacrifice of what he considers is for his own advantage, then these rights may be recognized and admitted and permitted to be carried into actual enjoyment; but if there be any conflict between his conception of what he is entitled to and the actual rights of his brother or friend or stranger, he will see only the justice of his own rights and his consequent action will be based on that conception; and having this motive of selfishness predominant and controlling in his actions, it seldom occurs that the rights of these others are fairly recognized, and consequently, there arises injustice and harm; and the desire of conferring those things which would naturally arise from the conception of the rights of these brothers is ignored.
Your brother in Christ,
SAMUEL
Hugh Latimer in the Celestial Heavens. His beliefs when on earth. Jesus came and told him he was not God. (13 Aug 1915)
I am here, Latimer.
I was the martyr who was burned at the stake because of my belief in God, and in salvation by faith and works as taught in the Scriptures.
My name was Latimer – Hugh.
I merely come to tell you that I am now a happy spirit and an inhabitant of the Father’s kingdom. I live in the Celestial Heavens and am a follower of the Master as I was on earth.
No, I do not now worship him as God. That false doctrine I believed when on earth, but now I know that there is only one God to be worshiped, and that Jesus is His most exalted son. I was surprised, I must confess, when I entered the spirit world and did not enter heaven and see God on His throne and Jesus sitting on His right hand. But it was not long before I understood the truth, for Jesus came to me himself and explained that he was not God and that I must not worship him as such. But we who love God as followers of Christ, adore the Master as our great teacher and elder brother.
When I first entered the spirit world I found myself in the second sphere among spirits of brightness and love, and after a little while, I entered the third sphere where love is more abundant, and then as my soul became filled with this love and my errors of belief left me, I progressed from sphere to sphere until I arrived where I am now living, and I thank God for His Love and Mercy.
I do not think the fact that I died a martyr to my beliefs had any effect in enabling me to reach a higher sphere than I would otherwise have entered. Not the manner of my death determined my place in the spirit world, but the development of my soul qualities did. If I had a belief in what I thought were truths, but which were not really truths, and that belief, proclaimed and persisted in, had caused my being put to death, you can readily see that the mere fact that I died for the sake of that belief would not have in any way helped my soul development in the real truth, and so the mere fact that I died a martyr for the real truth did not help me in obtaining a place in the spirit world that I would not have obtained had I died a natural death with the same beliefs. The manner of a man’s death does not determine anything, but the manner of his living and the development of his soul qualities are what determines where he shall live in the spirit world.
Of course, the death of the martyr will sometimes awaken soul qualities or conceptions that might not otherwise have been awakened, and thereby increase the martyr’s love for the Father; and in this way such a death may help him in his progress to higher things. But as I say, the soul development fixes the first home of the spirit. I mean the development at the time of passing over.
My dear brother I must stop now, but will come again some time and write you.
Yours in Love,
HUGH LATIMER
Ann Rollins – Description of some of the spheres. Criticizes a book Mr. Padgett was reading (22 Dec 1915)
I am here, your Grandmother.
I come, because I see that you have been much interested in the description of the various spheres of the spirit world as contained in the book that you have just been reading.
Well, my son, I have read the book as you did and I must say that I have grave doubts that any mortal ever had the experience of the Dr. as is related in that book. I, of course, will not positively say that he did not leave his body and visit some of the spheres of the spirit world, and attempt to give a description of what he saw, but I do not think it was possible for him to visit any sphere which is higher than his soul development would enable him to enter, and, as I am informed, not being a man with the soul development that would fit him for the higher soul spheres, I do not understand how he could possibly have entered a sphere higher than the sixth; and I doubt that he entered that, for from all the information that I have received, I have never heard of any mortal entering a sphere higher than the third, which Saint Paul says he visited.
At any rate, the descriptions of the higher spheres as contained in the book – and I mean by this the sphere above the third – are not correct in many particulars for, as I have told you before, the fifth and seventh spheres are not Intellectual spheres in the preeminent sense, and in them are not the great colleges and institutions of learning that the book refers to, and neither are the inhabitants engaged in any special study of the laws of nature with the mere intellect; for in these spheres the great studies and aspiration of the spirits are given to the development of the soul by obtaining the Divine Love, and to help in the work are teachers who devote themselves to instructing these spirits in those things which will lead to this soul development.
The mind or mere intellect is not given much attention to, but is subordinated to the soul development, for with this development and a part of it, comes a wonderful development of the faculties of what you might call the mind, but which we call and which really are the soul perceptions. I know it is hard for you to understand, but what we call the soul perceptions may be compared to the mental faculties as you commonly speak of them. These soul perceptions do not depend upon these mental faculties, and in fact the latter forms no part of the former, but they are entirely distinct and of a different order and composition from these mental faculties. These soul perceptions, as such, cannot be cultivated or made to increase in their powers or qualities by mere study, but they and their progress are entirely dependent upon and not separated from the development of the soul in Love. I mean the Divine Love of the Father. In other words, unless there be a development of the soul by this Divine Love, there will be no development of the soul perceptions.
It is difficult to explain this to you, but you may possibly get some idea from what I have said.
The sixth sphere, as I have before said, is the great intellectual sphere, and in this are wonderful colleges and institutions of learning, and many spirits who were great men intellectually on earth are teachers in these institutions.
But you must not think that because certain spheres are preeminently intellectual, that there are not teachers of the higher truths pertaining to the souls and to the Divine Love, working in these spheres, for there are. And many great spirits of the Celestial Spheres are engaged in this teaching. But this I must say, that the work is more difficult and the effort to convince these spirits of highly developed intellectuality and knowledge is more strenuous than in any of the lower spheres. These bright minded spirits seem to think that the mind is the great thing to be cultivated and looked after, and while they in a way worship God, yet it is with the faculties of the mind merely. They do not think that there is any teachings in the truth of the New Birth and the Divine Love of the Father, in contradistinction to the love which they possess, which is only the natural love.
I have been in all these spheres and have worked in them, and what I tell you I know from actual experience.
Well, he is mistaken, for in the Seventh sphere the spirits have homes just as they do in the lower spheres, only they are much more beautiful and bring more happiness and gladness because of the great number of additional things that are provided by the Father to increase the happiness of His children.
As to our clothing in that sphere, we are clothed in what you would say a modest and comfortable way. Our clothing is not so flimsy as to permit our forms to be seen as if we had on no clothing at all. This idea must have arisen from the fact that inhabitants of that sphere have no thought of immodesty or of what might result from the suggestions that a naked or half clothed body might give to mortals or even some of the lower spirits. But such an idea does not enter into the question of the nature of the clothes that we shall wear.
Our thoughts are all pure and free from mortal taint, and the character of our thoughts has no influence upon the character of our clothing. We wear clothes to cover our bodies because we think it proper to do so, and because we make our clothes by our own thoughts and will, and they are of the most glorious and shining appearances that you can imagine.
But as all things in nature have a covering, so in the spirit world, the spirits all have coverings, and this is even so in the Celestial Sphere in which I live. I have never seen such a thing as a naked or nearly naked spirit in these higher spheres. Of course, the spirit of Dr.____ may have entered some of these higher spheres, as I have said, but his information as the author of the book that was communicated to his mortal friend, was not correctly transmitted, for many things which he says are not true.
I would like to write more tonight but it is late, and you are tired.
I will say with all my love, goodnight.
Your own loving grandmother