[Últ. act.: 7 agosto 2026]

Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español
─ Notas
─ Versión en inglés
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Introducción
─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
La lectura de este mensaje dura en el audio hasta el minuto 13:10, y luego hay comentarios. Esta vez el mensaje tiene cierta relación directa con el tema de este apartado 11 ─que agrupa mensajes muy variados─.
Esta vez vemos un solo mensaje, muy relevante, de Jesús.
Trata sobre el tema de la caída, las almas perdidas, etc.
A continuación, pues, tratamos parte del apartado:
11) La expiación vicaria
Se trata del siguiente mensaje contenido en el apartado.
El tema principal en el apartado es «la expiación vicaria», ya que es una creencia o dogma muy dañino.
Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:
unplandivino.net/padgett/
Forma parte de un libro que es el primer volumen de una recopilación concreta de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, Jesús de Nazaret.
Estos volúmenes fueron preparados o compartidos así por Divine Truth entre otras personas.
El primer volumen incluye los siguientes temas y apartados (los 11 temas numerados sirven para organizar temáticamente los mensajes):
a) ─ Retrato de James E. Padgett
b) ─ Mi testimonio (por Leslie R. Stone)
c) ─ Foto espiritual de Mary Kennedy con su alma gemela, el Dr. Stone.
d) ─ La verdadera misión de Jesús
I. Jesús y su relación con Dios.
II. Dios y el alma humana.
III. El problema del pecado.
IV. Redención del pecado.
─ 1. Los mensajes
─ 2. Ámbitos celestiales
La oración
─ 3. Inmortalidad
─ 4. ¿Quién y qué es Dios?
─ 5. Espíritu Santo
─ 6. Resurrección
─ 7. El alma
─ 8. Perdón
─ 9. Expiación
─ 10. Infierno
─ 11. Expiación vicaria [estamos aquí: Vemos el siguiente mensaje en este apartado 11]
e) ─ Mensajes adicionales
Versión en español
11. La expiación vicaria (cont.)
Cómo el alma de un mortal recibe el Amor Divino y cuál es su efecto, aun cuando posteriormente su mente se entregue a creencias que tienden a impedir el crecimiento del alma. ¿Qué es un alma perdida? (Título alternativo (DT): Jesús explica cómo el alma recibe el Amor Divino y cuál es su efecto, aunque posteriormente la misma persona opte por usar su voluntad para ignorar el Amor y actuar en desarmonía con las Leyes de Dios, impidiendo así el crecimiento del alma) (Jesús) (10 noviembre 1916)
Estoy aquí, Jesús.
Vengo esta noche a decirte que estás en mejor condición que anoche y que, de hecho, lo has estado durante las últimas noches. Deseo escribirte un mensaje sobre la cuestión de: «¿Cómo recibe el alma de un mortal el Amor Divino y cuál es su efecto, aun cuando posteriormente su mente se entregue a aquellas creencias que tiendan a impedir el crecimiento del alma?». «¿Qué es un alma perdida?».
Como sabes, la afluencia de este Amor se produce por su otorgamiento a través del Espíritu Santo en respuesta a la oración y los anhelos sinceros. Me refiero a la oración y los anhelos por el Amor mismo, y no a las oraciones en general por los beneficios materiales que los hombres, según creen, piden y desean con mayor frecuencia y naturalidad. Las oraciones de los mortales por estas cosas, que pueden contribuir a hacerlos prósperos y felices en su amor natural, también son respondidas si es lo mejor que así sea; sin embargo, estas no son las oraciones que atraen el Amor Divino ni las que hacen que el Espíritu Santo obre en los hombres.
A medida que las oraciones del alma sincera y ferviente ascienden al Padre, esa alma se abre a la afluencia de este Amor, y sus percepciones se amplían y entran en mayor sintonía con las condiciones e influencias que siempre acompañan la presencia de este Amor; en consecuencia, su entrada en el alma se hace más fácil y su recepción más perceptible para el sentido álmico. Cuanto más ferviente sea la oración y más sinceros los anhelos, más pronto llega la fe y, con ella, la certeza de que el Amor Divino está impregnando el alma.
Una vez que el Amor Divino se aloja en el alma, esta, en la medida en que lo recibe, se convierte, por así decirlo, en una sustancia transformada que participa de la Esencia del Amor; y, así como el agua puede teñirse con un ingrediente ajeno a ella, cambiando no solo su apariencia sino también sus cualidades, así también este Amor Divino cambia la apariencia y las cualidades del alma, y este cambio cualitativo perdura para siempre. Las cualidades naturales del alma y la Esencia del Amor se funden en una sola y se unen, de modo que la constitución del alma se vuelve completamente diferente de lo que era antes de la afluencia del Amor, si bien esto ocurre solo en la medida del Amor recibido.
A medida que este Amor aumenta en cantidad, el cambio y la transformación se hacen proporcionalmente mayores hasta que, finalmente, la transformación puede llegar a ser ─y será─ tan grande que la totalidad del alma se convierte en una entidad de esta Esencia Divina y participa de su propia Naturaleza y Sustancia: un ser de Divinidad.
Una vez que este Amor entra, posee verdaderamente el alma y obra la transformación mencionada, este Amor nunca la abandona ni se disocia de ella; su carácter de Esencia Divina jamás se degrada al del mero amor natural y, en la medida en que esté presente, el pecado y el error carecen de existencia, porque es tan imposible que esta Esencia y el pecado y el error ocupen las mismas partes del alma al mismo tiempo como lo es que dos objetos materiales ocupen el mismo espacio simultáneamente, tal como dicen vuestros filósofos.
Conforme este Amor aumenta en cantidad, el cambio y la transformación se hacen proporcionalmente mayores, hasta que finalmente la transformación puede ser y será tan grande, que toda el alma se convierte en una cosa de esta Esencia Divina y participa de su propia Naturaleza y Sustancia, un ser de Divinidad.
La Divinidad nunca cede su lugar ante aquello que no es de lo Divino. El hombre trabaja hacia la consecución de lo Divino cuando sigue el camino dispuesto para obtener la Naturaleza Divina; y, a medida que avanza y obtiene una porción de esta Divinidad, por pequeña que sea, jamás podrá desandar sus pasos hasta el punto de desprenderse de esta Esencia transformadora ni volver a quedar privado de su presencia.
Pero esto no significa que un hombre no pueda perder la conciencia de la existencia de esta Esencia en su alma, pues con frecuencia la pierde. Entregarse a sus apetitos carnales y a sus malos deseos lo situará en una condición tal que podría dejar de tener conciencia de la existencia del Amor Divino en su alma; y, para sí mismo, será como si nunca hubiera experimentado la transformación de la que hablo.
Y aunque este Amor jamás podrá ser erradicado por los males en los que el hombre incurra ni por las creencias mentales que adquiera, el progreso de este Amor en su alma puede, no obstante, verse frenado y estancarse, como si el Amor no existiera; y el pecado y el error pueden parecer los únicos elementos dominantes de su vida y de su ser. Sin embargo, una vez poseído, el Amor no puede ser desplazado del alma por el pecado y el error, por profundos e intensos que estos sean. Sé que esto puede parecer extraño e imposible al pensamiento intelectual humano, y sé que no concuerda con lo que se me ha atribuido respecto a la enseñanza de que un alma puede perderse; sin embargo, un alma que ha recibido una vez esta Esencia Divina no puede perderse, aun cuando su falta de percepción de la presencia de este Amor y la falta de despertar del mismo de su estado latente ─causadas por el pecado, el error y sus creencias erradas─ puedan diferir la manifestación de la vida y existencia de dicho Amor durante mucho tiempo, teniendo que soportar gran sufrimiento y oscuridad el alma que se encuentre en tal condición.
Y con esto no debe entenderse que un alma no pueda perderse, pues sí puede; muchas se han perdido y se perderán, y muchas se darán cuenta de ello cuando ya sea demasiado tarde.
Ahora bien, ¿qué es un alma perdida? No es un alma que un hombre pueda perder realmente en el sentido de verse privado de ella o separado de ella en los hechos, ni tampoco en lo que respecta a su conciencia de carecer de alma; pues si bien a veces puede llegar a creer que ha perdido su alma ─en el sentido de no poseer ninguna─, se equivoca: el alma, que es el hombre mismo, nunca puede ser separada de él, y mientras viva en el cuerpo físico o en el cuerpo espiritual, su alma estará con él.
Y, sin embargo, un hombre puede tener un alma, consciente o inconscientemente, y al mismo tiempo haberla perdido. Esto puede parecer una paradoja para el intelecto mortal o para el intelecto del espíritu, pero es verdad.
Entonces, ¿qué es un alma perdida? Cuando Dios dio al hombre un alma, esta fue hecha a imagen, pero no en la Sustancia de su Hacedor; y, al mismo tiempo, se le concedió el privilegio de que dicha alma llegara a ser de la Sustancia del Padre y, hasta cierto punto, Divina, con derecho y capacidad para habitar en el Reino Celestial del Padre, donde todo es de la Esencia y Naturaleza Divinas.
Cuando los primeros padres, por su acto de desobediencia, malograron ese privilegio, sus almas perdieron la posibilidad de llegar a ser de Naturaleza Divina y de estar en unidad con el Padre en Su Reino; con ello, no perdieron el alma natural, que formaba parte de su creación, sino el alma que poseía la posibilidad de obtener la Esencia de la Divinidad y la Inmortalidad, tal como el Padre posee la Inmortalidad.
Y, como ya he dicho anteriormente, con mi venida este gran privilegio fue restaurado a la humanidad, y el alma perdida volvió a ser objeto de recuperación para el hombre, quien tiene ahora ese privilegio tal como lo tuvieron los primeros padres antes de la caída; sin embargo, los hombres también pueden perderlo, tal como les ocurrió a ellos. Así como las almas de aquellos estaban perdidas mientras no recibieran en ellas la Esencia Divina del Padre, así sucede hoy con los hombres: sus almas están perdidas hasta que reciban esta Esencia Divina en su interior, y a menos que la reciban. Así como los primeros padres, por su desobediencia y su negativa, malograron el privilegio de que sus almas se convirtieran en una Sustancia Divina y viviente, así también ahora los hombres, por su desobediencia y su negativa, malograrán el privilegio de salvar sus almas de la separación de la Unidad Divina con el Padre.
El alma perdida es tan real como las certezas de las leyes inmutables del Padre, y solo mediante la acción del Amor Divino puede el alma perdida convertirse en el alma hallada.
Los hombres pueden creer y enseñar que dentro de ellos habita una parte de lo Divino que hará que sus almas progresen y se desarrollen hasta alcanzar la condición de Divinidad que las convertirá en parte de la Divinidad del Padre. Pero en esto todos se equivocan, pues, si bien el hombre fue la creación suprema de Dios ─la más perfecta y hecha a Su imagen─, en el hombre no hay parte alguna de lo Divino; y, al no tener parte de lo Divino, le resulta por completo imposible progresar por sí solo hasta llegar a poseerlo. Él, por sí mismo, independientemente de cuál sea su desarrollo, nunca podrá llegar a ser más grande, más perfecto ni de una naturaleza superior a lo que era en el momento de su creación.
Lo Divino viene de arriba y, una vez implantado en el alma del hombre, no hay límite para su expansión y desarrollo, ni siquiera en los Ámbitos Celestiales. Que todos los hombres busquen este Amor y no habrá almas perdidas; pero, lamentablemente, muchos no lo harán, y los cielos espirituales se llenarán de almas perdidas que carecen de la Esencia Divina del Padre.
He escrito suficiente por esta noche, y me complace la forma en que has recibido mi mensaje. Continúa orando al Padre por más y más de Su Amor Divino, y tus oraciones serán respondidas; además, comprenderás, con la certeza de la posesión consciente de la Esencia Divina, que tu alma no está perdida y nunca lo estará.
Así que, con mi amor y bendiciones, te deseo buenas noches y que Dios te bendiga.
Tu hermano y amigo,
Jesús
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NOTAS
Nota 1
Nota elaborada por IA Gemini para el párrafo que empieza así: «Ahora bien, ¿qué es un alma perdida?»
El autor está desglosando tres niveles de la idea de «perder el alma»:
─ Perderla realmente (being deprived of it).
─ Estar separado de ella de hecho (separated from it actually).
─ Ni siquiera en el plano de la conciencia subjetiva (or even as regards his consciousness of not having a soul); es decir, el hombre no solo no la pierde en la realidad objetiva, sino que tampoco la «pierde» en el sentido de quedarse permanentemente sin la experiencia o la existencia de ella, aunque a veces caiga en la ilusión de pensar que no la tiene.
El propósito de esa acotación es enfatizar que el alma no desaparece ni objetiva ni subjetivamente de forma definitiva: el hombre jamás se queda «sin alma», aun cuando mentalmente crea haberla perdido.
Nota 2 (elaborada por IA Gemini)
(Mi petición, para dar pie a la nota, fue:
Querría una nota sobre los puntos claves de este tema, en la tradición, viendo quizá las diferencias básicas entre diferentes doctrinas o dogmas y creencias: alguna quizá cristiana protestante relevante, la católica, la judía, la musulmana, la hinduista, etc.: los lugares donde haya más tensión y claramente mayor debate, digamos (aunque esté equivocado, en su base, con respecto a nuestro paradigma aquí), respecto a este tema de las «almas perdidas»).
2. Nota Temática: El «Alma Perdida» y la Naturaleza del Alma en las Grandes Tradiciones
El texto presenta un paradigma teológico muy particular: el alma humana es una creación perfecta en el plano natural, pero no posee intrínsecamente la Esencia Divina ni la Inmortalidad divina. La «pérdida» del alma no significa su aniquilación ni la condenación a un tormento infalible, sino la privación del don de la transformación divina (deificación o teosis), permaneciendo relegada al mero amor y naturaleza humanos.
A continuación, se analizan las coincidencias, discrepancias y puntos de tensión de este concepto con las principales doctrinas espirituales:
1. Cristianismo Católico y Ortodoxo
─ La tensión clave: La naturaleza del alma (Imago Dei) vs. la Gracia.
─ Doctrina: El catolicismo enseña que el alma es inmortal por creación directa de Dios. El pecado original no destruyó la naturaleza humana, pero la privó de la gracia santificante. En la Ortodoxia Oriental existe el concepto de Theosis (divinización del hombre por la gracia), que guarda una notable semejanza formal con el texto traducido.
─ Diferencia con el texto: Para el dogma católico y ortodoxo, el «alma perdida» es aquella que muere en pecado mortal y sufre la condenación eterna (Infierno), entendida como la separación definitiva de Dios. En el texto de 1916, en cambio, el «alma perdida» simplemente queda excluida del Reino Celestial/Divino, viviendo en planos espirituales inferiores pero no sufriendo necesariamente un castigo eterno de tortura.
2. Cristianismo Protestante (Reformado y Evangélico)
─ La tensión clave: La depravación total vs. la chispita divina interior.
─ Doctrina: El protestantismo tradicional (calvinismo, luteranismo) rechaza rotundamente la noción de que exista una «chispa divina» o bien inherente en el hombre tras la caída (Depravación Total). La salvación proviene exclusivamente de la fe y la gracia (Sola Fide, Sola Gracia).
─ Confluencia con el texto: El texto coincide con el protestantismo en rechazar la idea de que el hombre tenga «una parte de lo divino dentro de sí» que evolucione por mérito propio («en el hombre no hay parte alguna de lo Divino»).
─ Diferencia: El protestantismo considera que el alma no regenerada está espiritualmente «muerta» y destinada a la perdición eterna, no a una mera existencia en un «cielo espiritual inferior».
3. Mística Judía (Cábala) y Judaísmo
─ La tensión clave: Estructura multinivel del alma.
─ Doctrina: El judaísmo no tiene un dogma único sobre el «infierno». En la Cábala, el alma tiene cinco niveles (Nefesh, Ruach, Neshamah, Chayah, Yechidah). El nivel más alto (Yechidah) representa la unidad pura con lo Divino.
─ Similitud: Un alma que no desarrolla sus niveles superiores mediante la Torá y las mitzvot no alcanza la luz del Olam HaBa (el Mundo Venidero) en su plenitud. El concepto judío de «perderse» es una falta de alineación con el propósito divino, no un tormento mitológico.
4. Islam
─ La tensión clave: La Fitrah (naturaleza primordial) y la rendición.
─ Doctrina: El Islam enseña que todo ser humano nace con Fitrah (una inclinación natural e innata a reconocer a Allah). No existe el «pecado original» hereditario. El alma (Nafs) se pierde cuando se deja arrastrar por el ego y la desobediencia, alejándose de Dios.
─ Diferencia: En la teología islámica, el alma perdida (Al-Khasirun) enfrentará el juicio en el Jahannam (Infierno) si muere en estado de desacato o shirk (asociación de divinidades). No hay cabida para la idea de que el hombre pueda adquirir la «Esencia de Dios», pues el Islam mantiene una distancia ontológica insalvable entre el Creador (Khaliq) y la creación (Makhluq).
5. Hinduísmo (Vedanta y Bhakti)
─ La tensión clave: ¿El alma es ya Divina o necesita la Gracia externa?
─ Doctrina (Advaita Vedanta): En el Advaita, el alma individual (Atman) es de la misma sustancia que la Realidad Suprema (Brahman). La percepción de estar «perdida» es pura ilusión (Maya). El alma no necesita «recibir» nada de fuera, sino despertar a su propia divinidad inherente.
─ Doctrina (Bhakti / Dvaita): En las corrientes devocionales (como el Vaishnavismo), el alma es eternamente distante de Dios y necesita la Gracia (Kripa) para liberarse del Samsara.
─ Oposición radical con el texto: El texto ataca frontalmente la postura del Advaita Vedanta cuando afirma: «Los hombres pueden creer que dentro de ellos habita una parte de lo Divino… Pero en esto todos se equivocan». El texto afirma categóricamente que la divinidad no es inherente al hombre, sino un don exógeno («Lo Divino viene de arriba»).
Cuadro Comparativo del «Alma Perdida»
Texto de 1916 (Jesús a través de Padgett)
─ Naturaleza del Alma al nacer: Perfecta en el orden natural, pero puramente humana.
─ ¿Posee algo Divino dentro?: No; lo Divino entra únicamente como un don (Amor Divino).
─ Concepto de «Alma Perdida»: Aquella que no recibe la Esencia Divina y queda excluida del Reino Celestial.
Catolicismo
─ NdA: Creada a imagen de Dios, pero privada de gracia santificante.
─ ¿Divino?: Posee la imagen de Dios (Imago Dei), pero no la vida divina activa sin el Bautismo/Gracia.
─ Concepto: Aquella en estado de pecado mortal que sufre la separación eterna (Infierno).
Protestantismo
─ NdA: Caída y depravada tras el pecado original.
─ ¿Divino?: No; totalmente manchada por el pecado.
─ Concepto: Aquella no elegida / no regenerada por la fe en Cristo.
Advaita Vedanta
─ NdA: Idéntica a la Divinidad (Atman = Brahman).
─ ¿Divino?: Sí, el alma es Divinidad pura velada por la ignorancia.
─ Concepto: Concepto ilusorio: el alma nunca está perdida realmente, solo dormida.
Islam
─ NdA: Pura y receptiva (Fitrah).
─ ¿Divino?: No; es una creación sumisa a Dios.
─ Concepto: Aquella que rechaza la verdad y cae en el juicio divino (Jahannam).
Nota 3: La religión ortodoxa (elaborada por IA Gemini)
(Mi petición para dar pie a esta nota fue:
¿se diría que, en los ortodoxos, es donde más encontramos, dentro de las tradiciones más grandes, una concepción tal que así, quizá (no sé)?:
─ esa theosis, sería un proceso nuevo para el ser humano (si es que lo es, en la trad. ortodoxa); es decir, requiere una cierta «conversión», y no tanto de rituales al estilo de la magia primitiva, como el del bautismo (aunque me temo que los ortodoxos tendrán también mucho ritual «mágico») (y sin por ello prescindir de que, por eso, por esa novedad para el alma del humano concreto, precisamente el alma podría entrar en «nuevas noches oscuras» pero que ya están sobre otra base plantadas);
─ esa theosis sería un proceso progresivo, y además, con altibajos posibles (como los retratados aquí en Padgett), pese a que todo sea esencialmente «novedoso». Esto lo podríamos comparar con el proceso dado aquí en Padgett: hay un rasgo que nos dice que, una vez que se entra en la «nueva liga» (haciendo una analogía deportiva), se tratará también un proceso; y, aunque este es una purificación, lo es de manera diferente; o bien, no es solo purificación, o no es eso en sí, ya que lo más importante no es que el alma se esté purificando ─que también─ sino que se está transformando, al ponerse ella primero la meta de la relación personal, amorosa, con su creador, Dios.)
Nota 3
Sí, la Cristiandad Ortodoxa (especialmente la tradición hesicasta y palamita) es, con diferencia, la tradición principal dentro del cristianismo histórico que más se aproxima estructural y formalmente a la dinámica descrita en Padgett.
Para precisar esa afinidad —así como los puntos donde se cruzan y donde divergen—, podemos desglosar los dos aspectos que planteas:
1. La Théosis como una «nueva liga» ontológica, la conversión y el papel del ritual
─ Novedad cualitativa y gracia increada: En la Ortodoxia (según la distinción formulada por San Gregorio Palamás), Dios es inaccesible en su Esencia, pero se comunica mediante sus Energías Increadas. La théosis no es una mera mejora moral del hombre, sino la participación real de la criatura en la vida divina. Al igual que en Padgett, el alma entra en una «nueva liga»: no se limita a ser «limpiada», sino que pasa a revestirse de una cualidad que no poseía por su sola creación.
─ El Bautismo vs. la disposición interior (¿Magia o conversión?):
* En la Ortodoxia: Aunque los ortodoxos conservan una liturgia riquísima y consideran el Bautismo/Crismación como el misterio donde se deposita la «semilla» de la gracia, la teología ortodoxa rechaza tajantemente cualquier interpretación «mágica» o automática de los sacramentos. Si la voluntad y el corazón del hombre no cooperan (synergeia), esa gracia bautismal queda sepultada, latente o «dormida» por el pecado (exactamente igual que en el texto de Padgett).
* La conversión y la oración continua: Para que la gracia dé fruto se requiere la metanoia (conversión profunda de la mente y el corazón) y la práctica interior de la Oración del Corazón (Hesicasmo), donde se busca una relación de amor personal y libre con Dios.
2. Progresión, altibajos («noches oscuras») y la transformación por el Amor
─ Proceso dinámico e infinito: Para San Gregorio de Nisa y la teología ortodoxa posterior, la théosis es un proceso dinámico que nunca se detiene, ni siquiera en la eternidad (el concepto de éktasis o progreso infinito). Coincide de pleno con lo que dice Padgett: «una vez implantado en el alma del hombre, no hay límite para su expansión y desarrollo, ni siquiera en los Cielos Celestiales».
─ Altibajos y el letargo del alma: En la tradición hesicasta (los Padres del Desierto, San Juan Clímaco, San Silvano del Athos), el camino espiritual no es una línea recta ascendente. El alma experimenta avances, seguidos de periodos de «sequedad», «acedia» o eclipse de la luz divina causados por la distracción, el orgullo o los apegos. El alma no pierde la presencia objetiva del sello divino, pero sí pierde la «conciencia» o la percepción de ella, exactamente la paradoja que explicaba Padgett («tener un alma y al mismo tiempo haberla perdido para la propia conciencia»).
─ Purificación vs. Transformación por Amor:
* En la mística occidental posterior se enfatiza a menudo la «purificación» como un trámite para pagar una deuda o eliminar la culpa.
* En la Ortodoxia y en Padgett, la purificación es un subproducto secundario. Lo central es la relación amorosa y personal con el Creador. El alma no se purifica para luego amar; se purifica porque ama y porque la luz del Amor Divino, al entrar, va disolviendo por sí misma las opacidades de la naturaleza humana (el símil del agua que cambia de color al mezclarse con una sustancia externa).
Las dos diferencias fundamentales que persisten
Aunque la estructura del proceso es casi idéntica entre la Théosis ortodoxa y el Amor Divino de Padgett, persisten dos diferencias de fondo:
1. La Cristología: Para la Ortodoxia, la théosis es posible porque Dios mismo se hizo hombre en la Persona de Jesucristo (Encarnación: «Dios se hizo hombre para que el hombre se haga dios»). Para Padgett, Jesús es un ser humano totalmente transformado por el Amor Divino que vino a reabrir la vía, pero no la Segunda Persona de la Trinidad encarnada.
2. La Naturaleza del Alma previa: Para la Ortodoxia, la capacidad de divinización está ligada a que el alma fue hecha a imagen de Dios desde la creación. Para Padgett, el alma creada es puramente humana y carece en absoluto de nada divino hasta que pide y recibe activamente el Amor Divino a través del Espíritu Santo.
Nota 4 («ecumenismo» natural)
(Mi petición para dar pie a esta nota fue:
En los místicos de cada tradición, de todas maneras, siempre se podrán encontrar paralelismos, parece.
Esto sería algo más complicado de «anotar»… pero si nuestro paradigma es cierto, todas las personas del planeta (y por tanto los místicos de cada tradición), estarían así como tocadas por una nueva posibilidad o capacidad en sus almas, el privilegio restaurado.
Ya lo he comentado esto, aunque de manera algo indirecta, en alguna petición de Notas; pero es una cosa casi de cajón, que casi cae por su propio peso: si ha surgido, efectivamente, una nueva «dispensación» (gracias a la restauración del privilegio), eso crearía una diferente cualidad de los impulsos y aspiraciones humanas, y ello por más que estén distorsionadas y trastornadas estas por las inercias tradicionales, etc.
Sobre esto quizá puedes desglosar en nota temática algunos puntos que puedas dilucidar, a bote pronto: sobre este «ecumenismo» natural (y los logros en política, incluso, debido a esa naturalización y secularización de lo político/religioso… donde tenemos que si los derechos humanos universales, etc.), este «ecumenismo» natural, decíamos ─podríamos llamarlo─, dado gracias a que habría existido ese cierto cambio en el potencial humano; tal cambio habría sido materializado en las almas de las personas, a veces, independientemente de la tradición a la que pertenezcan, e independientemente de si ellas mismas se percatan o no de que, efectivamente, está sucediendo tal transformación ─o entró una semilla de transformación efectiva─ en sus almas (al rezar a Dios, donde puede, digamos, «sonar la flauta así como por casualidad»… y así, en algún momento de inocencia sincera y de fervor personal para con Dios, podría ser que se reciba amor de Dios).
Nota Temática: El «Ecumenismo Natural» y el Potencial Transformativo Universal
1. La Transversalidad de la Gracia: La Oración Sincera como Único Requisito
En el paradigma de Padgett, el otorgamiento de la Esencia Divina no depende de dogmas correctos, membresías institucionales ni rituales específicos. El único «mecanismo» real es el anhelo sincero y ferviente del alma hacia el Creador.
Esto implica que en cualquier rincón del mundo, un místico sufí, un devoto bhakta en la India, un monje taoísta, un campesino en una iglesia rural o una persona sin afiliación religiosa que, en un momento de vulnerabilidad e inocencia, dirija un clamor puro a Dios, puede experimentar la afluencia de esta Esencia. Es lo que podrías llamar «el sonar de la flauta por inocencia»: el Amor Divino responde a la actitud del alma, no al vocabulario teológico del individuo.
2. La Mística Comparada como Evidencia del Mismo Impulso
Esto explica por qué, al estudiar a los grandes místicos de tradiciones tan dispares (San Juan de la Cruz en el cristianismo, Rumi o Ibn Arabi en el islam, Mirabai en el hinduismo, o Baal Shem Tov en el judaísmo), se observa una sorprendente convergencia de lenguaje:
─ Todos hablan del paso de un amor puramente humano a un Amor que los desborda y transforma.
─ Coinciden en que la transformación no es fruto del intelecto ni del esfuerzo ascético, sino de una captura o posesión amorosa por parte de la Divinidad.
─ Reportan que la naturaleza propia se vuelve «fuego por el fuego», adoptando cualidades que no poseía previamente.
Bajo este prisma, las diferencias doctrinales no serían más que el «traje cultural» o la interpretación mental secundaria que cada época y tradición le pone a la experiencia directa e inefable del Amor Divino en el alma.
3. El «Ecumenismo Natural» y la Mutación de las Aspiraciones Humanas
Si la capacidad de recibir la Esencia Divina fue restaurada para la raza humana, la consecuencia lógica es que el «techo de cristal» de la conciencia colectiva se rompió. Aun cuando la inmensa mayoría de la población no busque conscientemente el Amor Divino, la mera presencia de este potencial y de almas que lo reciben (incluso de forma germinal) genera un efecto de leudado en toda la masa humana:
─ Secularización de valores trascendentes: Ideas como la dignidad intrínseca inalienable, los Derechos Humanos Universales, la abolición de la esclavitud, el pacifismo y la compasión institucionalizada no surgieron de la mera lógica evolutiva ni de la política utilitaria. Son la traducción secularizada o social de la intuición de que el ser humano está destinado a algo sagrado.
─ Aspiración al Amor y la Fraternidad: La noción de una «humanidad unida» o la superación de la exclusividad tribal es una proyección en la cultura de la Unidad Divina. La idea de que todos los hombres son hermanos deja de ser una abstracción filosófica para convertirse en una intuición del sentido común.
4. La Distorsión de las Inercias y la Tensión Histórica
Sin embargo, este flujo de nuevo potencial coexiste con la inercia del «amor natural» y del egoísmo colectivo. De ahí la gran tensión histórica:
─ El impulso espiritual presiona por la unidad, la empatía y la transformación.
─ La mente y la estructura dogmática (política o religiosa) intentan encajar esa energía en viejos moldes de exclusivismo, control o nacionalismo.
El resultado es un mundo donde conviven los avances éticos más sublimes de la historia con resistencias y distorsiones igual de profundas. Pero, como señala el texto, una vez implantada la semilla en las almas que responden, el proceso de expansión es irreversible y está destinado a transformar paulatinamente la ecología espiritual del planeta*.
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Nota al pie: La aceleración de la armonía terrenal y la distinción entre Amor Natural y Amor Divino
Conviene matizar acerca de la transformación de la que habla el texto de la anterior nota: la transformación se da estrictamente a nivel individual y no debe confundirse con una garantía de transformación teocrática o milenarista automática del planeta.
En este marco teológico, el ser humano posee la capacidad teórica de alcanzar un estado de armonía y paz en la Tierra mediante la sola purificación de su amor natural y el respeto a las leyes físicas y morales del Creador (el estado de perfección en el que fue creado el primer hombre). No obstante, la historia demuestra la extrema fragilidad y lentitud de este proceso cuando depende únicamente del esfuerzo humano, derivando en ciclos recurrentes de auge y colapso de civilizaciones.
La restauración de la dispensación del Amor Divino no anula el libre albedrío ni obliga a todas las almas a buscar la divinización; el Amor Divino sigue siendo una elección personal e íntima. Sin embargo, la presencia de esta energía superior en el ambiente espiritual del planeta actúa como una «fuerza catalizadora» o un «impulso indirecto»: eleva el tono de la conciencia colectiva y acelera los procesos de purificación del amor natural. De este modo, la humanidad puede verse empujada hacia cotas mayores de fraternidad y progreso ético ─incluso de forma secular o inconsciente─, beneficiándose del «tirón» que ejerce la presencia de este nuevo potencial en la Tierra, independientemente de que los individuos reconozcan o no su verdadero origen.
Versión en inglés
How the Soul of a Mortal Receives the Divine Love, and What Its Effect Is, Even Though Subsequently His Mind May Indulge in Those Beliefs That May Tend to Prevent the Growth of the Soul – What is a Lost Soul? (Alternative title: Jesus discusses how the soul receives the Divine Love, and what its effect is, even though subsequently the same person may choose to use his will to ignore the Love and act out of harmony with God’s Laws and thus prevent the growth of the soul.)(Jesus) (10 Nov 1916)
I AM HERE. Jesus.
I am here, Jesus
I come to-night to tell you that you are in a better condition than you were last night, and in fact, have been for some nights past. I desire to write you a message on the question of «How the soul of a mortal receives the Divine Love, and what its effect is, even though subsequently his mind may indulge in those beliefs that may tend to prevent the growth of the soul – what is a lost soul?»
As you know, the inflowing of this Love is caused by its bestowal by the Holy Spirit in response to sincere prayer and longings. I mean prayer and longings for the Love Itself, and not prayers in general, for the material benefits that men more often and more naturally, as they believe, ask for and desire. The prayers of mortals for these things that may tend to make them successful and happy in their natural love, are answered also, if it be best that they should be, but these are not the prayers that bring the Divine Love or cause the Holy Spirit to work with men.
As the prayers of the sincere, earnest soul ascend to the Father that soul becomes opened up to the inflowing of this Love, and the soul’s perceptions enlarge and come more in rapport with the conditions or influence that always accompanies the presence of this Love, and, consequently, its entrance into the soul becomes easier and its reception more perceptible to the soul sense. The more earnest the prayer and sincere the longings, the sooner faith comes and with this faith, the realization that the Divine Love is permeating the soul.
When once the Divine Love finds a lodgment in the soul, it, to the extent that it receives the Love, becomes as it were a changed substance, partaking, of the Essence of the Love; and as water may become colored by an ingredient foreign to itself, and which changes not only its appearance but its qualities, so this Divine Love changes the appearance and qualities of the soul, and this change of qualities continues ever thereafter. The natural qualities of the soul and the Essence of the Love become one and united and the soul is made altogether different in its constituency from what it was before the inflowing of the Love, but this only to the extent of the Love received.
As this Love increases in quantity, the change and transformation becomes correspondingly greater, until at last the transformation may and will become so great, that the whole soul becomes a thing of this Divine Essence, and partakes of its very Nature and Substance, a being of Divinity.
When once this Love enters and truly possesses the soul and works the change mentioned, It, the Love, never leaves nor disassociates Itself from the soul – its character of Divine Essence never changes to that of the mere natural love, and so far as It is present, sin and error have no existence, because it is just as impossible for this Essence and sin and error to occupy the same parts of the soul at the same time as it is for two material objects to occupy the same space at the same time, as your philosophers say.
Divinity never gives place to that which is not of the Divine. Man is working towards the attainment of the Divine, when he pursues the way provided for obtaining the Divine Nature, and as he advances, and obtains a portion of this Divine, no matter how small, he can never retrace his steps to the extent of ridding himself of this transforming Essence, and again become without its presence.
But this does not mean that a man may not lose the consciousness of the existence of this Essence within his soul, for he frequently does. The indulgence of his carnal appetites and evil desires will place him in the condition that he may cease to have a consciousness of the existence of the Divine Love in his soul, and to himself, he will be as if he had never had any experience of the change that I speak of.
And while this Love can never be eradicated by the evils that man may indulge in or by the mental beliefs that he may acquire, yet the progress of this Love in his soul may be checked and become stagnant, as if the Love were not, and sin and error may appear to be the only dominant elements of his life and being. But yet, when once possessed, the Love cannot be crowded out of his soul by sin and error, no matter, how deep and intense they may be. I know that this may seem strange and impossible to man’s intellectual thinking, and that it is not in accordance with what has been attributed to me as teaching that a soul may be lost, nevertheless, a soul that has once received this Divine Essence cannot be lost, though its want of realization of the presence of this Love and its awakening from its dormant condition, caused by sin and error and its misdirected beliefs, may delay its manifestation of life and existence, for a long time, and much suffering and darkness may have to be endured by the soul that is in such condition.
And I must not be understood by this, as meaning that a soul cannot be lost, for it can, and many have been and will be, and many will realize the fact when too late.
Now, what is a lost soul? Not one that a man may actually lose in the sense of being deprived of it, – separated from it actually, or even as regards his consciousness of not having a soul, for while, at times, he may believe that he has lost his soul, in the sense of not having any, yet he is mistaken, for the soul, which is the man, can never be separated from himself, and as long as he lives in the physical body or in the spiritual body his soul will be with him.
And yet he may have a soul, consciously or not, and at the same time have lost it. This may seem a paradox to the mortal intellect or to the intellect of spirit, but it is true.
Then what is a lost soul? When God gave to man a soul that soul was made in the image but not in the Substance of its Maker, and at the same time there was bestowed on him the privilege of having that soul become of the Substance of the Father, and to an extent, Divine, and entitled to and capable of living in the Celestial Kingdom of the Father, where everything is of the Divine Essence and Nature.
When the first parents by their act of disobedience forfeited that privilege their souls lost the possibility of becoming of the Divine Nature and at one with the Father in His Kingdom, and they thereby lost not the natural soul, which was a part of their creation, but the soul having the possibility of obtaining the Essence of Divinity and Immortality as the Father has Immortality.
As I have said, heretofore, with my coming this great privilege was restored to mankind, and the lost soul became again the object of man’s recovery, and now he has that privilege as did the first parents before the fall; but also men may lose it as did they. As with them their souls were lost until they received into it the Divine Essence of the Father, so with men now, their souls are lost until and unless they receive this Divine Essence therein. As the first parents by their disobedience and refusal, forfeited their privilege of having their souls become a living, Divine Substance, so now, men by their disobedience and refusal will forfeit their privilege to save their souls from separation from the Divine Unity with the Father.
The lost soul is as real as the verities of the Father’s immutable laws, and only by the operation of the Divine Love can the soul lost, become the soul found.
Men may believe and teach that within them is a part of the Divine that will cause their souls to progress and develop until it reaches the condition of Divinity that will make it a part of the Divinity of the Father. But in this they are all wrong, for, while man was the highest creation of God, and the most perfect, and made in his image, yet in man is no part of the Divine, and having no part of the Divine, it is wholly impossible for him to progress to the possession of the Divine. He, of himself, no matter what his development may be, can never become greater or more perfect or of a higher nature, than he was at his creation.
The Divine comes from above and when once planted in a man’s soul, there can be no limit to its expansion and development, even in the Celestial Heavens. Let all men seek this Love and there will be no lost souls; but, alas, many will not do so, and the spiritual heavens will be filled with lost souls, not having the Divine Essence of the Father.
I have written enough for to-night, and I am pleased at the way in which you received my message. Continue to pray to the Father for more and more of His Divine Love, and your prayers will be answered, and you will realize with the certainty of conscious possession of the Divine Essence, that your soul is not lost and never will be.
So with my love and blessings, I will say goodnight and God bless you.
Your brother and friend,
JESUS