1/11:49-52) 11. La expiación vicaria (Lucas, Carlyle y José de Arimatea escriben: ¿qué pasó en la tumba de Jesús?) | El verdadero evangelio – Revelado de nuevo por Jesús | Vol. 1. / 11:49-52

[Últ. act.: 2 agosto 2026]

Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español
Notas
1. Sobre «affirmative wrong» y la responsabilidad por omisión
2. Thomas Carlyle: Resonancias, significado y relevancia de su aparición
3. El «largo sueño en la tumba»: ¿Era una creencia judaica?
4. Relevancia de los personajes bíblicos y contraste dogmático en Padgett
4. Relevancia de los personajes bíblicos y contraste dogmático en Padgett
5. Aclaración sobre la expresión «Writer of the Third Gospel That Was»
Nota temática: El verdadero significado de «resucitar» y la naturaleza de las manifestaciones espirituales
─ Versión en inglés 

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Introducción

─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
La lectura de estos mensajes dura en el audio hasta el minuto 22:03 , y luego hay comentarios. Esta vez los mensajes tienen cierta relación con el tema de este apartado 11 ─que agrupa mensajes muy variados─.

Son cuatro mensajes muy interesantes; tratan:
─ sobre la necesidad de que dirijamos nuestros pensamientos «a lo espiritual»,
─ sobre la desmaterialización que tuvo lugar en la célebre tumba de Jesús, es decir, donde se depositó el cuerpo torturado de Jesús (tras esa tortura que habría sido la última de las que experimentó en su vida), etc.

De aquí vemos que todo lo que rodea a la «resurrección» es muy confuso, en parte por no conocer lo que pasó realmente.

Así, estas creencias religiosas (por ejemplo en general muchas de las cristianas), que nos podrían parecer irrelevantes, peregrinas… que apenas tendrían importancia ya para las «cosas reales», sin embargo condicionan nuestras vidas, cada día, pues las emociones están ahí, siguen ahí: las emociones que justifican o acompañan ese «pecado de omisión» (el de no desear de verdad el progreso real del alma que realmente es lo que somos).

Entonces, esas emociones, las que nos traspasaron las generaciones de nuestros abuelos, etc., resulta que las siguen conservando muchos de esos antepasados. Y ellos influyen sobre nosotros por esa resonancia emocional, ya que además la justifican a veces más intensamente, ahora en el mundo espiritual, manteniendo la creencia de que, por ejemplo, deben esperar un día del juicio final.

Y así, por ejemplo, si murieron de ancianos ─en estado algo vegetativo, digamos─ puede que sigan teniendo ese mismo estado o uno parecido, y efectivamente muchos se quedan pegados, rondando por la tierra, tras cierto periodo de un cierto acostumbrarse a la nueva condición de no tener cuerpo físico y tener el cuerpo espíritu como «único instrumento del alma».

Se pegan, pues, a la tierra, al pegarse o asociarse a nuestras adicciones (que son en parte similares o complementarias a las suyas): adicciones a las cosas terrenales (poder, dinero, comida, sexo, personas concretas, bebida, política, religión, anti-religiosidad, creencias diversas, simplemente adicción a tener el cuerpo físico que ya no tienen, adicción a lo físico en general…, etc.).

Así pues, entre ellos y nosotros, si no ponemos el énfasis en el amor tal como Dios lo «entiende» ─y en la humildad, etc.─ y, por contra, tenemos todas esas adicciones emocionales, reforzándolas por el estado terrestre y el estado del mundo espiritual ─donde tantos espíritus merodean perdidos por la tierra─, iremos degradando a menudo el estado de nuestras almas, o bien, apenas lo cuidaremos. Y es de este modo como «atraemos» catástrofes a nivel personal y colectivo.

Los mensajes son de Lucas, Carlyle y José de Arimatea.

A continuación, pues, vamos a ver parte del apartado:

11) La expiación vicaria

Se trata de los siguientes cuatro mensajes contenidos en este apartado.

El tema principal en el apartado es «la expiación vicaria», ya que es una creencia o dogma muy dañino.

Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:

unplandivino.net/padgett/

Forma parte de un libro que es el primer volumen de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, Jesús de Nazaret.

Estos volúmenes fueron preparados o compartidos así por Divine Truth entre otras personas.

El primer volumen incluye los siguientes temas y apartados (los 11 temas numerados sirven para organizar temáticamente los mensajes):

a) ─ Retrato de James E. Padgett
b) ─ Mi testimonio (por Leslie R. Stone)
c) ─ Foto espiritual de Mary Kennedy con su alma gemela, el Dr. Stone.

           d) ─ La verdadera misión de Jesús

I. Jesús y su relación con Dios.
II. Dios y el alma humana.
III. El problema del pecado.
IV. Redención del pecado.

─ 1. Los mensajes
─ 2. Ámbitos celestiales
La oración
─ 3. Inmortalidad
─ 4. ¿Quién y qué es Dios?
─ 5. Espíritu Santo
─ 6. Resurrección
─ 7. El alma
─ 8. Perdón
─ 9. Expiación
─ 10. Infierno
─ 11. Expiación vicaria [estamos aquí: Vemos los cuatro siguientes mensajes en este apartado 11]
e) ─ Mensajes adicionales

Versión en español
11. La expiación vicaria (cont.)

La necesidad de que los hombres dirijan sus pensamientos a lo espiritual (San Lucas – del Nuevo Testamento) (16 octubre 1916)

Estoy aquí, Lucas.

Deseo escribir el mensaje prometido, y si crees que puedes recibirlo, intentaré escribir.

Bueno, deseo declarar ciertas verdades respecto a la necesidad de que los hombres dirijan sus pensamientos a las cosas espirituales y dejen que las cosas materiales de la vida consuman menos de su tiempo y de sus pensamientos.

En primer lugar, lo eterno es de mayor importancia que lo temporal, cuya existencia es efímera, aun cuando estas cosas del tiempo sean necesarias para sostener y preservar al hombre mientras vive su vida en la tierra.

No quisiera que se me entienda como que implico que estas cosas materiales no son necesarias e importantes de adquirir y aprovechar por el hombre de la mejor manera posible, pues son una necesidad para su existencia terrenal; y no es solo un privilegio, sino un deber del hombre hacer el mejor uso posible de estos dones materiales, y situarse en aquella condición que le permita disfrutar al máximo de estas cosas que han sido provistas para su comodidad y felicidad materiales. Y además, es su deber encauzar sus esfuerzos a desarrollar el uso y la aplicación de estas cosas, de modo que se obtenga el mayor beneficio y utilidad posibles de su uso adecuado.

Y para lograr esto, entiendo que el hombre tiene que dedicar una parte de sus pensamientos y emplear parte de su tiempo en su consideración, así como en los medios y métodos mediante los cuales se puedan conseguir los mejores resultados; y al hacer esto, el hombre no es desobediente a las leyes del Padre ni a las exigencias que demandan las leyes de su propio ser.

Los descubrimientos de los inventores son deseables y la labor de los hombres al realizar estos descubrimientos es encomiable, al igual que lo son los esfuerzos del comerciante, del mecánico y del financiero para tener éxito en sus diversas empresas y, como resultado, acumular dinero y usarlo para su comodidad y sustento.

Pero estas cosas, o los pensamientos y esfuerzos empleados para lograr estos resultados, no contribuyen al desarrollo del alma, ni siquiera al desarrollo del aspecto espiritual de la naturaleza del hombre. Y si el hombre dedica la mayor parte de las horas de su vida a estas actividades, cuando llegue el momento de dejar estas cargas y pasar al mundo de los espíritus, descubrirá que es realmente muy pobre, que la parte eterna de su ser se ha desarrollado poco y que su alma está preparada para un lugar al que necesariamente deben ir quienes han acumulado sus riquezas en la tierra.

Tan atractiva es para el hombre esta acumulación de dinero y la obtención de fama o posición, que una vez que se embarca en ello, y especialmente cuando va acompañado de lo que él llama éxito, dedica de manera natural todo su tiempo de vigilia y sus pensamientos a estos esfuerzos y, como consecuencia, dedica muy poco de su breve tiempo en la tierra a pensar y esforzarse por las cosas de índole más elevada.

Si los mortales, y especialmente aquellos que se dedican de forma tan ardua y constante al esfuerzo por alcanzar el éxito que acabo de mencionar, pudieran tan solo ver y conocer la condición de quienes en la tierra se dedicaban a actividades similares con aspiraciones semejantes, y que ahora están en el mundo espiritual, comprenderían la absoluta inutilidad de tales esfuerzos y el gran daño mortal para el alma que el supuesto éxito en la tierra ha traído a estos espíritus.

Y aunque podemos suponer que muchos de estos espíritus no causaron un daño o perjuicio directo [o «deliberado»: affirmative wrong] en su trabajo, ni entraron en la condición a la que me refiero debido a un daño o perjuicio de ese tipo, sin embargo se encuentran en un estado de estancamiento y de atrofia en sus cualidades espirituales y álmicas; y todo porque, en su ferviente afán por las cosas materiales, descuidaron el desarrollo de sus almas o el cultivo de sus cualidades espirituales.

Su pecado fue de omisión ─cuyos resultados son certeros─, y es el más común entre los hombres que piensan demasiado en las cosas materiales, o que no piensan en absoluto o son indiferentes a todo, y se conforman con vivir en una atmósfera o estado de satisfacción vegetativa. La ley opera de la misma manera sobre el hombre que descuida su naturaleza espiritual por estar absorto en las cosas materiales, que sobre el hombre que es culpable de tal descuido por indiferencia o por satisfacción con los placeres que estas cosas materiales le brindan. En ambos casos los resultados son los mismos: el alma permanece estancada y las cualidades espirituales yacen latentes; y el hombre de semejante descuido va a encontrarse con que su lugar en el mundo espiritual es de oscuridad y sufrimiento.

La vida es breve y el tiempo fugaz, aun cuando un hombre pueda vivir el tiempo asignado de setenta años [proverbial]; y no hay lugar en todo el universo de Dios donde sea tan importante que el hombre inicie su camino hacia el progreso eterno como en la vida terrenal. Es ahí donde el alma debe tener su despertar y alimentarse con pensamientos y anhelos por las cosas espirituales.

Cuando el comienzo se hace así en la tierra, el progreso continuo del alma en el mundo espiritual resulta mucho más fácil; y, si no es así, el despertar puede demorarse durante años, y el progreso posterior puede ser, y generalmente es, muy lento.

Por eso digo: que los hombres no dediquen tanto de su tiempo a aquellas cosas que son solo del tiempo, mientras permanezcan en el mundo temporal hasta que el mortal se convierta en espíritu. Los pensamientos son cosas, y cuando se aplican al desarrollo espiritual del hombre, son cosas de la más vital importancia. Un pequeño pensamiento puede conducir a un alma a un estado latente, apenas vivo; o bien hacerla crecer y multiplicarse hasta convertirse en algo de belleza y en armonía con las posibilidades espirituales de su poseedor. Y como se ha dicho: donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón; y también vuestros pensamientos, los cuales convierten el alma del hombre en oscuridad o en luz.

Así que, con todo mi amor, te deseo buenas noches.
Tu hermano en Cristo,
Lucas

Explica la desmaterialización del cuerpo terrenal de Jesús (San Lucas – Autor del tercer evangelio que fue [Expresión (that was): alude a la distinción entre el Evangelio de Lucas en su estado original, escrito por él, y las posteriores ediciones o interpolaciones históricas del texto canónico]) (24 octubre 1915)

Estoy aquí, Lucas.

Estuve con vosotros esta noche en la reunión de los espiritualistas y escuché la declaración del orador sobre las probabilidades de lo que sucedió con el cuerpo de Jesús tras la crucifixión.

No estuve presente en la crucifixión y, por supuesto, no sé personalmente qué fue del cuerpo de Jesús; pero quienes estuvieron presentes me han dicho que la descripción bíblica de su sepultura en la tumba de José es cierta. El cuerpo fue sepultado en dicha tumba y allí lo dejaron quienes lo colocaron en ella, la cual fue sellada y se le puso una guardia para evitar que alguien se acercase e interfiriese con el cuerpo, pues Jesús había predicho que en tres días resucitaría.

Tras el sellado de la tumba, Jesús resucitó y, sin su cuerpo de carne, salió de la tumba y descendió a las esferas inferiores, donde los espíritus oscuros vivían en su ignorancia y sufrimiento, y les predicó la restitución del don de la inmortalidad.

El cuerpo de carne, gracias al poder que Jesús poseía, se espiritualizó o eterizó de tal modo que sus componentes quedaron diseminados por Jesús en la atmósfera circundante, conservando él únicamente el cuerpo espiritual en el que posteriormente se apareció a los discípulos y a otros.

Cuando se apareció en la reunión de los apóstoles ─donde estaba presente Tomás, el incrédulo─, atrajo de nuevo a su forma ─como comprenderás mejor mediante el uso de tal expresión─ elementos de lo material, de modo que en apariencia el cuerpo era tan semejante a lo carnal como cuando fue colocado en la tumba, y antes de que él diseminara esos elementos, como he dicho.

La carne y la sangre que envuelven la forma espiritual del hombre, como habréis oído, están cambiando continuamente en obediencia a las leyes ordinarias de la naturaleza, tal como las entiende el hombre. Y cuando Jesús ─quien comprendía y tenía el poder de poner en funcionamiento otras leyes de la naturaleza─ hizo que estas otras leyes operaran, se produjo la diseminación de los elementos de carne y sangre, y él se quedó únicamente con la forma espiritual.

Sé que esto ha sido un gran misterio para la humanidad desde el momento en que los guardias de su tumba descubrieron su ausencia; y al ser semejante misterio, y como única explicación de tal desaparición, los hombres han creído y enseñado que su verdadero cuerpo de carne y hueso resucitó de entre los muertos y que, por lo tanto, el cuerpo real de carne y hueso de los mortales también resucitará en lo que llaman el gran día de la resurrección.

Sin embargo, ningún cuerpo de carne y hueso resucitó, y la forma espiritual de Jesús no permaneció en la tumba tras la diseminación del cuerpo material, pues ninguna tumba ni ningún otro lugar podía confinar al espíritu. Recordaréis que al tercer día Jesús se apareció a María, quien estaba muy familiarizada e íntimamente relacionada con la apariencia de Jesús y, sin embargo, no lo reconoció, sino que pensó que era el jardinero; y lo mismo sucedió con los discípulos que viajaban con él hacia Emaús. Ahora bien, si hubiera conservado su cuerpo de carne y hueso, ¿no creéis que lo habrían reconocido?

Si tuvo el poder de reasumir ese cuerpo material en el que Tomás metió su mano y descubrió que era un cuerpo con apariencia de carne y hueso, ¿os parece extraño o maravilloso que haya tenido el poder de desprenderse de su cuerpo terrenal mientras estaba en la tumba y hacerlo desaparecer en el aire?

Se me ha informado de que esta es la verdadera explicación de la desaparición del cuerpo material de Jesús; y para mí, y para otros que comprenden las leyes de la naturaleza ─me refiero a esa naturaleza que está más allá del alcance de los hombres─, no es sorprendente ni digno de ser considerado un misterio.

Me alegra haber ido con vosotros a la reunión de esta noche, pues percibí la conveniencia de hacer que este gran misterio deje de ser un misterio.

Con todo mi amor,
soy tu hermano en Cristo,
San Lucas

Comentarios sobre lo que Lucas escribió sobre la desmaterialización de Jesús tras la crucifixión (Thomas Carlyle – Espíritu celestial) (24 octubre 1915)

Estoy aquí, Thomas Carlyle, espíritu celestial.

Tan solo quiero decir que estuve presente cuando Lucas escribió, escuché lo que dijo y me interesó mucho. Esta misma cuestión solía ser una gran piedra de tropiezo para mi creencia en la resurrección de Jesús, pues me parecía que la resurrección del cuerpo material era tan improbable en las circunstancias narradas en la Biblia, que me resultaba difícil creer la historia.

Pero ahora puedo comprenderlo con toda facilidad, pues estoy familiarizado con las leyes que rigen la formación y la desintegración de los objetos materiales de la tierra, y sé que existe una ley que permitiría a una persona ─con el conocimiento y el poder que Jesús tenía al momento de su muerte─ provocar la desintegración de lo material, como dirían los científicos, de modo que desapareciera en la atmósfera circundante.

Ojalá hubiera comprendido este hecho cuando era mortal, pues entonces muchas otras cosas me habrían parecido probablemente ciertas, habría estado en un estado de creencia diferente respecto a las cosas espirituales, y mi progreso aquí, hacia esferas más elevadas, no se habría retrasado.

Es de lamentar que este supuesto misterio no se explicara en la Biblia, pues de haber sido así, los hombres no estarían ahora en la oscuridad respecto al significado de la resurrección, y los muchos miles que creen que el alma y el espíritu van a la tumba a esperar el gran Día del Juicio Final no estarían en tal estado de engaño ni tendrían que sufrir las consecuencias de esa falsa creencia en el estancamiento del progreso de su alma, lo cual sin duda les sobrevendrá.

Espero que deis esta explicación al mundo y que la gente conozca la verdad: que no habrá resurrección del cuerpo de carne que contiene el alma o el espíritu, tal como enseñan las iglesias.

No escribiré más esta noche, pero volveré pronto.
Tu hermano en Cristo,
Thomas Carlyle

Describe lo que sucedió después de que los restos de Jesús fueran depositados en la tumba (José de Arimatea) (16 marzo 1916)

Estoy aquí, José de Arimatea.

Deseo simplemente escribir unas pocas líneas para informaros de que realmente existí como mortal, y que soy el mismo hombre que depositó el cuerpo de Jesús en la tumba donde nunca antes se había depositado cuerpo alguno.

Estuve con él en su muerte, y estuve con su cuerpo cuando fue depositado en la tumba y esta fue sellada, y sé y testifico que ningún hombre, ni hombres, ni sociedad de hombres ─como se ha dicho─ robó su cuerpo de la tumba. Su cuerpo fue sepultado como era costumbre en mi época, envuelto en un sudario y dispuesto para el largo sueño en la tumba, tal como suponíamos.

Si bien yo no era un cristiano pleno, sus doctrinas me atraían por contener la verdad y poseer una inspiración viva que no hallaba en las enseñanzas de la teología judía, pues yo era fariseo. Jamás pensé que su muerte fuera justificable ni la aprobé, pero no pude evitarla; y, sintiendo que el pueblo del que yo formaba parte había cometido un gran crimen, intenté hacer una pequeña expiación por ese gran crimen dándole sepultura en mi tumba nueva.

Por supuesto, yo no creía que fuera a resucitar de la manera que él les había manifestado a algunos de sus discípulos; y cuando lo enterramos, solo pensaba que esa tumba sería su sepulcro hasta que la naturaleza destruyera el cuerpo, como había hecho en los casos de todos los demás que habían sido sepultados.

Como podréis comprender, yo estaba interesado en los pasos que daban los líderes judíos en sus esfuerzos por demostrar que él, Jesús, no resucitaría de la tumba al tercer día; y vigilé tan bien como lo hicieron los soldados, y puedo testificar que ningún mortal retiró jamás las piedras de la entrada de la tumba.

Yo estaba allí cuando vino el ángel y los soldados fueron inducidos al sueño del que habla la Biblia; y yo, José, digo esto ─a sabiendas de que puede que no se crea y que la Biblia no hace mención de ello─: vi las piedras removidas y a aquel ser resplandeciente haciendo guardia a la entrada del sepulcro. Me asusté y abandoné el lugar, y quedé tan abrumado que no regresé allí hasta por la mañana temprano; y entonces vi a María y oí que preguntaba por el paradero de su amado Maestro. Y, lo que es más maravilloso, vi al hombre por el que ella preguntaba revelarse repentinamente ante ella; y puedo testificar también que era el mismo Jesús cuyo cuerpo yo había ayudado a depositar en mi tumba.

No era de carne y hueso, como dicen, pues apareció de repente, y su apariencia no era la misma que la del Jesús cuyo cuerpo había sido sepultado; pero cuando se reveló a María, allí estaban el mismo semblante y los mismos maravillosos ojos de amor que me eran familiares, y la misma voz de amor y afecto. Sé esto, y quiero decirle al mundo que es verdad.

Antes de que viniera Pedro, entré en la tumba, y estaba vacía; y cuando llegó Pedro, estuve con él en la tumba y vi su asombro, y escuché sus palabras de maravilla y fascinación, pues a pesar de lo que el Maestro le había dicho antes de la crucifixión, él no creía ni comprendía, y estaba asombrado y desconcertado como lo estábamos todos nosotros.

Jesús de Nazaret resurgió de aquella tumba, y su cuerpo carnal fue desmaterializado. En cuanto a su desaparición, no la pude explicar entonces, como tampoco pudo ninguno de los que lo vieron después de resucitar; pero ahora sé que, debido a sus grandes poderes psíquicos ─como vosotros los llamaríais─, él provocó la desintegración de ese cuerpo en sus elementos, tal como pueden hacerlo hoy en día muchos espíritus que poseen ese poder.

Sí; Jesús resucitó de la tumba, pero no de entre los muertos, pues nunca murió ─como vosotros nunca moriréis─; solo murió la vestidura física que envolvía su alma.

Ahora estoy en el Ámbito Celestial y paso mucho tiempo con él, y sé que es el más grande y maravilloso de todos los espíritus en las Esferas Celestiales, y el más cercano al manantial del Amor de Dios. Él es verdaderamente Su Hijo más bienamado.

También quiero deciros que él os escribe sus mensajes de la verdad, y que estuvo con vosotros esta noche por un breve tiempo. Escuchadlo y sabed que tenéis en él a un amigo más cercano que un hermano, o un padre o una madre.

Hermano mío, me detengo ahora y, al despedirme, os digo que tenéis mi amor y mis bendiciones.
Tu hermano en Cristo,
José

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NOTAS (Elaboradas por IA Gemini bajo petición)

1. Sobre «affirmative wrong» y la responsabilidad por omisión
A. Nota breve al pie (para el texto)
Nota: La expresión «affirmative wrong» (literalmente, «mal afirmativo» o «de comisión») es un término conceptual de raíz jurídica y ética que designa la acción directa y deliberada de causar un daño o violar una norma moral. En el texto se contrapone a los actos de omisión, subrayando que bajo la ley espiritual no solo se incurre en retraso o estancamiento por la comisión consciente del mal, sino también por la mera inacción, pasividad o falta de cultivo espiritual.

B. Nota extendida: La Ley de Compensación, la omisión y la estructura sistémica
En la teología moderna se habla a menudo de «pecado sistémico o estructural»: dinámicas, sistemas económicos o hábitos sociales en los que el individuo participa de forma acrítica y que perpetúan situaciones desfavorables para otros o para el entorno (como el consumo irresponsable, el uso de tecnologías no sostenibles o el mercantilismo utilitarista).

Aunque en este tipo de conductas el sujeto no actúe con una «intención maliciosa» (affirmative wrong), el mensaje de Padgett recalca el principio ineludible de la Ley de Compensación espiritual:

─ El principio de causa y efecto natural: El desarrollo espiritual no es una recompensa pasiva, sino un estado de la sustancia del alma (soul condition). Si el tiempo de vigilia y la energía mental se enfocan de manera casi exclusiva en lo material —aun cuando las actividades comerciales, profesionales o científicas sean legítimas y útiles para la sociedad—, la capacidad del alma para percibir y recibir las realidades superiores se atrofia por desuso (dormant, shriveled condition).

Sensibilidad ética y omisión: La pasividad acrítica reduce la agudeza moral del individuo. Quien no cultiva activamente su dimensión espiritual tiende a cegarse ante las alternativas más éticas, ecológicas o compasivas que podría aplicar en su entorno personal y profesional.

Mecanismo de compensación: A diferencia de quien comete un daño deliberado (affirmative wrong) —quien deberá expiar la culpa y el sufrimiento causado a otros—, el que incurre en la omisión sistemática no sufre necesariamente un castigo por crueldad, sino las consecuencias naturales de la indigencia espiritual: despertarse en el mundo espiritual sintiéndose «muy pobre», estancado y en tinieblas, al no haber desarrollado los «órganos de percepción» ni los lazos de Amor Divino indispensables para esferas más elevadas.

2. Thomas Carlyle: Resonancias, significado y relevancia de su aparición
Nota explicativa
Thomas Carlyle (1795–1881) fue uno de los ensayistas, historiadores y filósofos británicos más influyentes de la era victoriana. Su presencia en las revelaciones de Padgett posee un peso conceptual de gran relevancia:

El escéptico victoriano y la crisis de fe: Carlyle encarnó el drama intelectual de su siglo. Habiendo abandonado la ortodoxia calvinista de su juventud por no poder conciliar los dogmas literales con la razón y la ciencia emergente, pasó su vida buscando un sentido trascendente («el vestorio de lo Divino en la historia»). La cuestión de los milagros y la resurrección física de Jesús fue, en efecto, uno de los mayores obstáculos para la fe del pensamiento ilustrado de su época.

Coherencia con las Leyes Naturales: En su mensaje, Carlyle afirma que en el mundo espiritual comprendió que los eventos considerados «milagros» no quebrantan las leyes del universo, sino que responden a leyes naturales superiores (la capacidad de un espíritu avanzado como Jesús para manejar la materia y provocar la desintegración atómica del cuerpo). Esto conecta directamente con la visión filosófica de Carlyle sobre la naturaleza como un «orden divino regulado por leyes».

El valor del testimonio: Que un intelectual del calibre de Carlyle reconozca que su progreso en el más allá se vio retrasado por no haber comprendido la naturaleza espiritual de estas leyes durante su vida mortal sirve como advertencia pedagógica para los pensadores y científicos del presente.

3. El «largo sueño en la tumba»: ¿Era una creencia judaica?
Nota histórico-teológica
Sí, la idea de un «sueño en la tumba» a la espera de la resurrección final formaba parte central de la escatología judía del periodo del Segundo Templo (siglo I a. C. – siglo I d. C.), especialmente dentro de la corriente de los fariseos (a la que pertenecía José de Arimatea, tal como él mismo declara en el texto):

El concepto de Sheol y la resurrección: En la teología judía posterior al exilio en Babilonia, se consolidó la fe en la resurrección corporal de los justos en el «Último Día» o «Día del Juicio» (reflejado en textos como Daniel 12:2: «Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados…»).

El cuerpo y la persona: Para el pensamiento hebreo tradicional, el ser humano era una unidad psicosomática indivisible. La muerte se concebía como un estado de letargo o descanso en el Sheol (la sepultura/el inframundo), y la verdadera vida solo podía restablecerse cuando Dios volviera a infundir aliento en un cuerpo físico resucitado.

─ El contraste con el mensaje de Padgett: José de Arimatea señala cómo él, formado en la ortodoxia farisaica, esperaba que el cuerpo de Jesús permaneciera en la tumba sufriendo la descomposición natural. El mensaje desmonta la doctrina de que las almas «duermen» en las tumbas a la espera de un Juicio Final futuro, aclarando que el paso al mundo espiritual es inmediato tras la muerte biológica.

4. Relevancia de los personajes bíblicos y contraste dogmático en Padgett
Nota temática y biográfica
La aparición coordinada de figuras del entorno del Nuevo Testamento (San Lucas, José de Arimatea, las alusiones a María Magdalena, Tomás, Pedro y los discípulos de Emaús) cumple una función clave dentro de las escrituras de Padgett:

San Lucas: En la tradición canónica y la visión teológica clásica, es reconocido como el autor del Tercer Evangelio y del libro de los Hechos de los Apóstoles, siendo un texto frecuentemente citado por las iglesias para fundamentar la doctrina de la resurrección física de carne y hueso (por ejemplo, en pasajes como Lucas 24:39). Sin embargo, en el rebatimiento y la clarificación que ofrece el material de Padgett, el propio Lucas aclara la naturaleza etérea del cuerpo resucitado de Jesús, explicando cómo este no resucitó en su cuerpo biológico, sino que atraía o retomaba temporalmente elementos atómicos del entorno para hacerse visible y denso ante los discípulos en momentos puntuales.

José de Arimatea: La teología clásica y las leyendas eclesiales posteriores lo presentan como el miembro del Sanedrín que solicitó el cuerpo de Jesús, convirtiéndolo a menudo en una figura envuelta en mitos (como el del Santo Grial). Por el contrario, en las escrituras de Padgett se presenta con una gran sobriedad histórica: testifica de primera mano que nadie robó el cuerpo de la tumba y narra como testigo ocular el evento espiritual y atómico del desplazamiento de las piedras de la entrada y el posterior desvanecimiento de la carne en la atmósfera.

María Magdalena y los discípulos de Emaús: En la hermenéutica dogmática tradicional, sus encuentros con el resucitado se utilizan como prueba de que Jesús volvió a la vida en el mismo cuerpo terrenal que fue crucificado. En contraste, el material de Padgett utiliza precisamente el hecho de que ni María ni los discípulos que caminaban hacia Emaús lo reconocieran a simple vista para demostrar que su apariencia exterior no era la de su cuerpo físico habitual de carne y hueso, sino la de una forma espiritual adaptada que solo revelaba su identidad cuando manifestaba su mirada, su voz y sus rasgos esenciales de amor.

Conclusión del bloque: Mientras que las escuelas teológicas tradicionales han utilizado estos relatos para justificar dogmas como la resurrección de la carne en el Último Día o la imposibilidad del contacto con el mundo espiritual, los testimonios directos de estos personajes en el material de Padgett reinterpretan la narrativa bíblica en clave de leyes psíquicas y espirituales naturales, despojándolos del componente místico incomprensible o del dogmatismo restrictivo.

5. Aclaración sobre la expresión «Writer of the Third Gospel That Was»
Análisis y nota de resolución
Podría ser legítimo dudar sobre si «That Was» sería una simple indicación neutral de atribución histórica o canónica. Sin embargo, al examinar la sintaxis del inglés y la sistemática interna de las revelaciones de Padgett, se confirma lo siguiente:

─ Análisis sintáctico:
Si el texto quisiera decir simplemente «quien terminó siendo el autor aceptado», la forma habitual en inglés habría sido «as it was accepted», «that used to be», o «so called».
La frase «Writer of the Third Gospel That Was» aplica el «That Was» directamente al sustantivo Gospel (o al escrito original): «Escritor del Tercer Evangelio que fue [que existió originalmente]».

─ Contexto sistemático en Padgett:
A lo largo de los mensajes dados por Jesús y los apóstoles en este mismo cuerpo de escritos, se repite de manera categórica que los evangelios bíblicos actuales son versiones fuertemente modificadas e interpoladas respecto a los manuscritos y apuntes originales escritos en el siglo I.

─ Sentido de la distinción:
El matiz «That Was» («que fue» / «tal como existió en su origen») sirve para desvincular al espíritu de Lucas de las adiciones, errores de traducción o alteraciones teológicas de los concilios posteriores presentes en la versión bíblica que ha llegado a nuestros días.

Nota breve al pie sugerida:
La coletilla del título («autor del tercer evangelio que fue») hace referencia en la terminología de este material al texto original redactado en el siglo I por Lucas, en contraposición con el Evangelio según San Lucas canónico actual, el cual ─según afirman los propios espíritus en estos mensajes─ sufrió diversas alteraciones e interpolaciones teológicas a lo largo de los siglos.

Nota temática: El verdadero significado de «resucitar» y la naturaleza de las manifestaciones espirituales

1. Redefinición del término «resurrección» (Resucitar)

En la tradición dogmática occidental, el término «resurrección» se ha asociado casi de forma exclusiva a la reanimación de la carne o al retorno a la vida física. Sin embargo, en la enseñanza de las escrituras de Padgett, el verdadero y único proceso de resurrección del alma ocurre a un nivel exclusivamente espiritual e interno:

El «nuevo nacimiento»: Resucitar significa pasar del estado de muerte o letargo espiritual al despertar de la vida divina en el alma. Ocurre cuando el alma se transforma mediante el afluir del Amor Divino tras pedirlo con anhelo ferviente.

El caso de Jesús: En este sentido auténtico, Jesús ya había resucitado en vida mortal, antes de su crucifixión. Su alma ya había alcanzado la plenitud de la transformación divina y la inmortalidad. Lo que ocurrió en la tumba no fue una «resurrección de la persona» —que nunca murió ni necesitó ser reanimada—, sino la mera desintegración atómica de la vestidura biológica que ya no le era necesaria.

Matiz de traducción (arose): Por esta razón conceptual, al traducir pasajes como el discurso de José de Arimatea, el verbo arose puede entenderse o adaptarse como «se levantó» o «resurgió» de la tumba, reservando el alcance profundo del vocablo «resucitar» para la transformación sustancial del alma.

2. Las proyecciones materiales y la verificación de la identidad
Uno de los grandes dilemas históricos respecto a las visiones del siglo I queda esclarecido mediante la ley natural de las materializaciones y proyecciones espirituales:

Confirmación de la personalidad: Jesús no se presentó como un fantasma ambiguo ni mediante la reanimación de su cadáver, sino proyectando temporalmente una forma densa (extrayendo elementos atómicos de la atmósfera) que le permitía ser visto, escuchado y tocado. Esto permitió a sus allegados verificar de forma directa e inequívoca que se trataba de la misma persona, con su mismo semblante, voz y mirada de amor.

Fenómenos análogos en la historia y la literatura espiritual: Esta capacidad de proyectar un cuerpo físico o etéreo para interactuar con los mortales ayuda a comprender enigmas históricos y teológicos:

Melquisedec: Figura bíblica sin genealogía ni principio de días (Hebreos 7), cuya aparición repentina encaja con la manifestación de un espíritu de alta jerarquía materializando una forma humana para cumplir una misión específica.

Casos contemporáneos: Intentos o fenómenos similares descritos en la literatura psíquica moderna (como las materializaciones en sesiones del siglo XIX y XX, las referencias a intentos de materializarse (Seth) en la canalización de Seth a través de Jane Roberts; o los relatos populares sobre apariciones físicas de seres avanzados en diversas tradiciones).

3. La desmaterialización como ley natural y su uso ético
El mensaje enfatiza que el poder de desintegrar la materia o proyectar cuerpos no es una prerrogativa «mágica» ni exclusiva de Jesús a título personal, sino la aplicación de leyes naturales superiores:

Un poder compartido pero regulado: Varios espíritus de elevado desarrollo poseen el conocimiento para hacer desmaterializaciones o intervenir en la materia.

Economía y practicidad espiritual: Si estos espíritus no andan desintegrando objetos o apareciéndose físicamente de forma cotidiana en la Tierra, se debe a una razón de practicidad y respeto a las leyes de evolución. Para las almas desencarnadas en esferas elevadas, la materia densa carece de valor intrínseco.

El foco en la influencia espiritual: Lo único trascendente para el mundo espiritual es la influencia sobre las almas humanas. Su objetivo no es epatar a los mortales con prodigios físicos que violen o fuercen el libre albedrío, sino inspirar e impulsar el desarrollo del amor y la verdad en el interior de cada ser humano.

Versión en inglés

The Necessity for Men Turning Their Thoughts to Things Spiritual (St. Luke – of the New Testament) (16 Oct 1916)

I AM HERE. Luke.

I desire to write my promised message, and if you feel that you can receive it, I will try to write.

Well, I desire to declare certain truths with reference to the necessity for men turning their thoughts to things spiritual, and letting the material things of life consume less of their time and thoughts.

In the first place, that which is eternal is of more importance than that which is temporal and has an existence for a short time only, even though these things of time are necessary to sustain and preserve man while living his life on earth.

I would not be understood as implying that these material things are not necessary and important for man to acquire and use to the best possible advantage, for they are a necessity to his earth existence, and it is not only a privilege but a duty for man to make the best use of these material gifts that is possible, and to place himself in that condition which will enable him to enjoy to the utmost these things that have been provided for his material comfort and happiness. And further, it is his duty to bend his efforts to develop the use and application of these things, so that the greatest possible benefit and utility may be derived from the proper use of them.

And to do this, I understand that man has to give a portion of his thoughts, and devote a part of his time to their consideration, and to the means and methods by which the best results may be brought about, and in doing this man is not disobedient to the Father’s laws, or to the requirements which the laws of his own being calls for.

The discoveries of the inventors are desirable and men’s work in making these discoveries is commendable, and so are efforts of the merchant and mechanic and financiers to succeed in their different undertakings and as a result accumulate money and use it for their comfort and sustenance.

But these things, or the thoughts and efforts used to accomplish these results, do not help the soul development, or even the development of the spiritual side of man’s nature, and if man devotes himself for the greater number of his hours of living to these pursuits, when he comes to lay these burdens down and pass into the land of spirits, he will find that he is very poor indeed, and that the eternal part of his being has little developed, and his soul fitted for a place where those who have laid up their riches on earth must necessarily go.

So attractive is this accumulation of money, and the gaining of fame or position to man, that when once engaged in, and especially when accompanied with what he calls success, he naturally devotes his whole waking time and thoughts to these efforts, and as a consequence, very little of this short time on earth is given to thoughts of and striving for things of the higher kind.

If mortals, and especially those who are so arduously and constantly engaged in the effort to win the success that I have just mentioned, could only see and know the condition of those who when on earth were engaged in similar pursuits with like aspirations, and who are now in the spirit world, they would realize the utter futility of such efforts, and the great soul-killing harm that the so-called success on earth, has brought to these spirits.

And while we may assume that many of these spirits did not do affirmative wrong or injury in their work, and did not enter into the condition to which I refer because of any such among or injury, yet they are in a stagnated and shriveled condition of soul and spiritual qualities, and all because when in their earnest pursuits of these material things they neglected the development of their souls or the cultivation of their spiritual qualities.

Their sin was that of omission and it is a sure one in its results, and the more common one among men who think too much of material things, or think not at all or are indifferent to everything, and are satisfied to live in an atmosphere or state of vegetating contentment. The law operates the same upon the man who neglects his spiritual nature because of his absorption in the things material as upon the man who is guilty of such neglect because of indifference, or contentment with the pleasures that these material things give him. In both cases the results are the same – the soul remains stagnant and the spiritual qualities lie dormant; and the man of such neglect will find his place in the spirit world to be one of darkness and suffering.

Life is short and time is fleeting, even though a man may live his alloted time of three score and ten years, and there is no place in all God’s universe where it is so important that man should start on his way to eternal progress as in the earth life. There the soul should have its awakening and be fed with thoughts and strivings for the things spiritual.

When the start is thus made on earth, it is so much easier for the continuous progress of the soul in the spirit world, if not the awakening may be delayed for years, and the progress which follows it may be and generally is very slow.

So I say, let men not devote so much of their time to those things which are of time only, and while they remain in the world of time until the mortal becomes a spirit. Thoughts are things and when applied to man’s spiritual development they are things of the most vital importance. A little thought may start a soul to a dormant, hardly living state, or cause it to grow and increase into a thing of beauty and harmony with the spiritual possibilities of its possessor. And as it has been said, where your treasures are, there will your heart be also. so also will your thoughts that turn man’s soul into darkness or light.

So with all my love, I will say, good-night.
Your brother in Christ,
LUKE

Explains Dematerialization of Jesus’ Earthly Body (St. Luke – Writer of the Third Gospel That Was) (24 Oct 1915)

I AM HERE. Luke.

I was with you to-night at the meeting of the Spiritualists, and heard the statement of the speaker as to the probabilities of what became of the body of Jesus after the crucifixion.

I was not present at the crucifixion, and, of course, do not personally know what became of the body of Jesus, but I have been told by those who were present that the Bible description of his burial in the tomb of Joseph was true. The body was buried in the tomb of Joseph and was left there by those who placed it in the tomb, which was sealed and a guard set over it to prevent anyone from approaching and interfering with the body, because Jesus had predicted that in three days he would rise again.

After the tomb was sealed Jesus arose, and without his body of flesh passed from the tomb and descended into the lower spheres where the dark spirits lived in their ignorance and sufferings, and preached to them the rebestowa1 of the gift of immortality.

The body of flesh by the power which Jesus possessed, became so spiritualized or etherialized that its component parts became disseminated by Jesus in the surrounding atmosphere and he retained only the spiritual body in which he afterwards appeared to the disciples and others.

When he appeared at the meeting of the apostles, where Thomas, the doubter, was present, he recalled to his form, as you will better understand by my using such expression, elements of the material, so that in appearance the body was as much like flesh and blood as when it was placed in the tomb, and before he disseminated these elements, as I have said.

The flesh and blood which encloses the spirit form of man, as you may have heard, is continually changing in obedience to the ordinary laws of nature as understood by man. And when Jesus who understood and had power to call into operation other laws of nature, caused such other laws to operate, that the dissemination of the elements of flesh and blood took place, and he was left only with the spirit form.

This, I know, has been a great mystery to mankind since the time of the discovery of its absence by the watchmen at his tomb, and because of being such mystery, and as an only explanation of such disappearance, men have believed and taught that his body of mesh and blood actually arose from the dead, and, therefore, the real body of flesh and blood of mortals will also arise in what they call the great resurrection day.

But no body of flesh and blood arose, and the spirit form of Jesus did not remain in the tomb after the dissemination of the material body, for no tomb or other place could confine the spirit. You will remember that on the third day Jesus appeared to Mary, who was most intimate and familiar with the appearance of Jesus, and yet she did not recognize him, but thought he was the gardner; and so with the disciples who were travelling with him to Emmaus. Now, if he had retained his body of mesh and blood, do you not suppose that they would have recognized him?

If he had the power to resume that material body into which Thomas thrust his hand and found it to be a body in appearance of flesh and blood, do you think it strange or wonderful that he would have had the power to cast off his earthly body while in the tomb and cause it to disappear into thin air?

This I am informed is the true explanation of the disappearance of the material body of Jesus; and to me and to others who understand the laws of nature – I mean that nature that is beyond the ken of men – it is not surprising or worthy to be deemed a mystery.

I am glad that I went with you to the meeting to-night, as I became impressed with the desirability of making this great mystery a mystery no longer.

With all my love, I am,
Your brother in Christ,
ST. LUKE.

Comments on What Luke Wrote About Jesus Dematerializing His Body After Crucifixion (Thomas Carlyle – Celestial Spirit) (24 Oct 1915)

I AM HERE. Thomas Carlyle, Celestial Spirit.

I merely want to say that I was present when Luke wrote and heard what he said and was much interested. This very question used to be a great stumbling block to my belief in the resurrection of Jesus, because it seemed to me that the resurrection of the material body as so improbable under the circumstances as narrated in the Bible, that it was difficult for me to believe the story.

But now I can understand very readily, because I am acquainted with the laws governing the formation and disintegration of the material things of earth, and I know that there is a law which would enable a person with the knowledge and power that Jesus had at the time of his death, to cause the disintegration of the material, as the scientists say, so that they would disappear into the surrounding atmosphere.

I wish that I had understood this fact when a mortal, for then many other things would have appeared to me as probably true, and l would have been in a different state of belief as to spiritual things, and my progress here towards higher spheres would not have been delayed.

It is to be deplored that this so called mystery was not explained in the Bible, for had it been men would not now be in darkness as to the meaning of the resurrection, and the many thousands who believe that the soul and spirit go into the grave to await the great Judgment Day, would not be in such condition of delusion and have to suffer the consequences of such false belief in the stagnation of their soul progression, which will surely come to them.

I hope you will give this explanation to the world and let men know the truth, that there will be no resurrection of the body of flesh containing the soul or spirit as taught by the churches.

I will not write more to-night, but will come again.
Your brother in Christ,
THOMAS CARLYLE.

Describes What Happened After the Remains of Jesus Were Put in the Tomb (Joseph of Arimathea) (16 Mar 1916)

I AM HERE. Joseph of Arimathea.

I desire merely to write a few lines to let you know that I really did exist as a mortal, and that I am the same man who laid the body of Jesus in the tomb where never before had any body been laid.

I was with him at his death, and I was with his body when it was laid in the tomb and sealed, and I know and testify that no man or men or society of men, as it has been said, stole his body from the tomb. His body was entombed as was the custom of my time, and he was wrapped in cerements and fitted for the long sleep in the tomb, as we supposed.

While I was not a full Christian, yet his doctrines appealed to me as containing the truth, having about them a living inspiration, which I did not find in the teachings of the Jewish theology, for l was a Pharisee. I never thought that his death was justifiable or approved it, but I was not able to prevent it; and feeling that a great crime had been committed by the people of whom I was one, I tried to make small atonement for the great crime by giving him burial in my new tomb.

Of course, I did not believe that he would rise again in the way that he had made known to some of his disciples, and when we buried him, I only thought that that tomb would be his sepulchre until nature had destroyed the body as it had done in the cases of all others who had been entombed.

As you may realize, I was interested in the proceedings taken by the Jewish leaders in their efforts to prove that he, Jesus, would not arise from the tomb on the third day, and I kept watch as well as did the soldiers, and I can testify that no mortal ever removed the stones from the mouth of the tomb.

I was there when the angel came and the soldiers were put in the sleep that the Bible speaks of, and I Joseph say this, knowing that it may not be believed and the Bible makes no mention of it, that I saw the stones rolled away and the shining one standing guard at the entrance of the tomb. I was frightened and I left the place, and was so overcome that I did not return there until the early morning, and then I saw Mary and heard her inquiring for the whereabouts of her beloved Master, and more wonderful, I saw the man of whom she inquired suddenly reveal himself to her, and I can testify also, that it was the same Jesus whom I had helped lay his body in my tomb.

He was not of flesh and blood, as they say, for he suddenly appeared, and his appearance was not the same as that of the Jesus whose body had been entombed; but when he revealed himself to Mary, there was the same countenance and the same wonderful eyes of love that I was familiar with, and the same voice of love and affection. I know this and I want to tell the world that it is true.

Before Peter came, I went into the tomb, and it was empty and when Peter came I was with him in the tomb and saw his astonishment, and heard his words of wonder and amazement, for notwithstanding what the Master had told him prior to the crucifixion, he did not believe or comprehend, and he was astonished and bewildered as were all of us.

Jesus of Nazareth arose from that tomb, and his fleshly body was de-materialized. As to his disappearance, I could not then explain, as could none who saw him after he had arisen, but now I know that because of his great psychic powers, as you would call them, he caused the disintegration of that body into its elements, as can be done now by many spirits who have that power.

Yes, Jesus arose from the tomb, but not from the dead, for he never died, as you will never die, only the physical vestment that enveloped his soul.

I am now in the Celestial Heaven and am with him a great deal, and know that he is the greatest and most wonderful of all the spirits in the Celestial Spheres, and the nearest to the fountainhead of God’s Love. He is truly His best beloved Son.

I also want to say that he writes to you his messages of truth, and was with you to-night for a short time. Listen to him and know that you have in him a friend who is closer than a brother, or father or mother.

My brother, I will stop now, and in leaving, say, that you have my love and blessings.
Your brother in Christ,
JOSEPH.