[Últ. act.: 31 julio 2026]
Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español
─ Versión en inglés
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Introducción
─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
La lectura de estos mensajes dura en el audio hasta el minuto 15:08, y luego hay comentarios. Esta vez los mensajes también hacen una alusión directa al tema de este apartado 11 ─que agrupa mensajes muy variados─.
Vemos dos mensajes, de Jesús y de Helen. Jesús comenta cosas muy importantes, de nuevo sobre el tema principal y hechos como el «cierre de los cielos».
Así, al final, tras la lectura, vemos algunas cosas que parecen tener que ver con ese tema:
─ la singularidad tecnológica,
─ la moda en torno al «anticristo«, etc.
A continuación, pues, vamos a ver parte del apartado:
11) La expiación vicaria
Se trata de los siguientes dos mensajes contenidos en este apartado.
El tema principal en el apartado es «la expiación vicaria», ya que es una creencia o dogma muy dañino.
Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:
unplandivino.net/padgett/
Forma parte de un libro que es el primer volumen de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, Jesús de Nazaret.
Estos volúmenes fueron preparados o compartidos así por Divine Truth entre otras personas.
El primer volumen incluye los siguientes temas y apartados (los 11 temas numerados sirven para organizar temáticamente los mensajes):
a) ─ Retrato de James E. Padgett
b) ─ Mi testimonio (por Leslie R. Stone)
c) ─ Foto espiritual de Mary Kennedy con su alma gemela, el Dr. Stone.
d) ─ La verdadera misión de Jesús
I. Jesús y su relación con Dios.
II. Dios y el alma humana.
III. El problema del pecado.
IV. Redención del pecado.
─ 1. Los mensajes
─ 2. Ámbitos celestiales
La oración
─ 3. Inmortalidad
─ 4. ¿Quién y qué es Dios?
─ 5. Espíritu Santo
─ 6. Resurrección
─ 7. El alma
─ 8. Perdón
─ 9. Expiación
─ 10. Infierno
─ 11. Expiación vicaria [estamos aquí: Vemos los dos siguientes mensajes en este apartado 11]
e) ─ Mensajes adicionales
Versión en español
11. La expiación vicaria (cont.)
Dios es un Dios de amor, y nadie puede acercarse a Él a menos que reciba el amor del Padre en su alma. Llegará el momento en que el privilegio de obtener el Amor Divino le será retirado a la humanidad, y cuando ese gran acontecimiento ocurra, nunca más será restaurado (Jesús) (3 marzo 1915)
Estoy aquí, Jesús.
Esta noche estás en mejor condición y continuaré con mis mensajes.
«Dios es un Dios de amor, y nadie puede acercarse a Él a menos que reciba el Amor del Padre en su alma». Como los hombres son por naturaleza pecaminosos e inclinados al error y a la violación de las leyes de Dios, solo pueden redimirse de ese pecado obteniendo este Amor; y este solo se puede obtener mediante la oración y la fe en la disposición de Dios a otorgar Su Amor a quienquiera que se lo pida. No quiero decir que deba haber oraciones formales ni cumplimiento de ningún credo o dogma de la iglesia; la oración eficaz es aquella que emana del alma y de las sinceras aspiraciones del hombre. Que sepan, pues, los hombres que, a menos que tengan verdaderos anhelos en el alma por este Amor, no les será concedido; ningún mero deseo intelectual bastará. El intelecto no es la facultad en el hombre que lo une a Dios. Solo el alma está hecha a semejanza del Padre, y a menos que esta semejanza se perfeccione colmándola con el Amor Divino del Padre, la semejanza nunca estará completa.
El amor es lo más grande en la economía de la existencia real de Dios. Sin él, todo sería caos e infelicidad; pero donde existe, también hay armonía y felicidad. Digo esto porque sé por experiencia personal que es cierto. Que no piensen los hombres que Dios es un Dios que busca la adoración mediante las meras facultades intelectuales; eso no es cierto. Su Amor es lo único que verdaderamente puede unirlos a Él. Este Amor no es el amor que forma parte de la existencia natural del hombre; el amor que tienen los hombres que no han recibido una parte del Amor Divino no es suficiente para hacerlos uno con el Padre; ni es ese amor del tipo que les permitirá entrar en los Ámbitos Celestiales y convertirse en ángeles, llenos de este Amor Divino y que siempre hacen la voluntad del Padre. Este Amor solo se encuentra en las almas de quienes lo han recibido mediante la ministración del Espíritu Santo, el único instrumento de la obra de Dios empleado para lograr la salvación de los hombres.
He visto la acción del Espíritu en las almas de los hombres y sé que lo que os digo es verdad. Nadie debe confiar en la idea de que cualquier otro instrumento o medio que no sea el Espíritu Santo le permita obtener este Amor. Tampoco debe confiar en el pensamiento de que sin él puede formar parte del Reino de Dios, pues ningún amor, salvo este Amor Divino, puede darle derecho y capacitarlo para entrar en ese Reino.
Cuando estuve en la tierra, enseñé la doctrina de la salvación únicamente mediante la obra del Espíritu Santo en el cumplimiento de los mandamientos del Padre. La mera creencia en mí o en mi nombre sin este Amor jamás permitirá a nadie convertirse en poseedor de este Amor. De ahí el dicho: «Todos los pecados contra mí, o incluso contra los mandamientos de Dios, les serán perdonados a los hombres; pero el pecado contra el Espíritu Santo no les será perdonado, ni en la tierra ni en el mundo espiritual». Esto significa que mientras el hombre rechace las influencias del Espíritu, peca contra él, y tal pecado le impide recibir este Amor Divino; por lo tanto, en ese estado es imposible que sea perdonado y se le permita entrar en el Reino Celestial del Padre.
El Amor de Dios no es aquel que necesita del amor del hombre para adquirir una Esencia Divina; por el contrario, es el amor del hombre el que, para llegar a ser Divino en su naturaleza, debe verse completamente envuelto o absorbido por el Amor Divino del Padre. Así pues, que el hombre sepa que su amor es tan solo una sombra de lo que es el Amor del Padre, y que mientras se niegue a recibir este Amor del Padre, se verá obligado a permanecer separado del Padre y a disfrutar únicamente de la felicidad que su amor natural le brinda.
Estoy tan seguro de que todos los hombres pueden recibir este Amor, si tan solo lo buscan de la manera verdadera y con un deseo y una fe sinceros, que sé que es posible que todos los hombres se salven. Mas los hombres poseen el gran don del libre albedrío, y el ejercicio de ese don enfocado en la búsqueda y el hallazgo de este Amor parece entrañar una dificultad que impedirá que la gran mayoría de la raza humana reciba esta gran bendición redentora.
Mi Padre no desea que ningún hombre viva por toda la eternidad sin este Amor; pero llegará el día, y muy pronto, en que el privilegio de obtenerlo le será retirado a la humanidad; y cuando ese gran acontecimiento ocurra, nunca más se restaurará dicho privilegio, y los hombres que entonces carezcan de Él se verán obligados a vivir por toda la eternidad con el único consuelo de su amor natural y a obtener la felicidad que puedan extraer de ese amor. Los hombres tal vez piensen que este tiempo de separación nunca llegará, pero se equivocan; y cuando sea demasiado tarde, se darán cuenta.
La armonía del universo de mi Padre no depende de que todos los hombres reciban este Amor Divino, pues mediante la acción de las leyes de la armonía de Dios sobre las almas humanas, todo pecado y error serán erradicados, y solo permanecerá la verdad; sin embargo, la mera ausencia de pecado no significa que toda la creación de Dios vaya a estar poblada por espíritus y hombres igualmente felices, o llenos del mismo tipo de amor. El hombre libre de pecado y poseyendo solo su amor natural estará en perfecta armonía con otros hombres que posean el mismo tipo de amor; pero no estará en armonía con aquellos espíritus que poseen este Amor Divino y la suprema felicidad que este otorga. Y, sin embargo, tales diferencias en amor y felicidad no crearán discordia ni falta de armonía en el universo.
Adán y Eva, o a quienes ellos personifican, no tenían este Amor Celestial, sino solo el amor natural que correspondía a su creación como seres humanos; aun así, eran relativamente felices, pero su felicidad no era como la de los ángeles que viven en los Ámbitos Celestiales, donde solo existe este Amor Divino de Dios. Ellos dos eran mortales, y cuando la tentación los asaltó, el amor que poseían no pudo resistirla y sucumbieron. Así pues, aunque el hombre pueda en adelante vivir eternamente y estar libre de pecado y error, siempre estará sujeto a tentaciones que este amor natural tal vez no pueda resistir. Es decir, su naturaleza será simplemente la naturaleza que tenían Adán y Eva: ni mayor ni menor.
Incluso en esa condición, podrá resistir todas las tentaciones que lo asalten; y sin embargo, siempre estará expuesto a caer de su estado de felicidad y, por lo tanto, a volverse más o menos infeliz. Este es el futuro de los hombres que no han recibido el Amor Divino.
Sin embargo, el espíritu que posee este Amor Divino se convierte, por así decirlo, en parte de la Divinidad misma, y jamás estará sujeto a la tentación ni a la infelicidad. Estará libre de todo poder que pudiera conducirlo a la infelicidad, como si fuera un auténtico Dios. Es decir, su Divinidad no le podrá ser arrebatada por ningún poder, influencia o instrumento en todo el universo de Dios.
Este Amor convierte al hombre mortal y pecador en un espíritu inmortal e inmaculado, destinado a vivir por toda la eternidad en la presencia y en unidad con el Padre.
Así pues, si los hombres tan solo pensaran y comprendieran la importancia de obtener este Amor Divino, no serían tan descuidados en sus pensamientos y aspiraciones respecto a las cosas que determinarán su estado futuro por toda la eternidad.
Nunca se podría enfatizar demasiado la importancia de estas verdades al presentarlas a los hombres para su consideración; y, cuando llegue el momento de su partida, cuanto más las hayan meditado y mayor conocimiento hayan adquirido de ellas, mejor será su condición en el mundo espiritual. El mundo espiritual no les ayudará mucho a obtener una comprensión más profunda de estos asuntos espirituales, pues en dicho mundo los hombres difieren y tienen sus opiniones, igual que en la tierra.
Por supuesto, allí no tienen todas las tentaciones para complacer sus pasiones y apetitos como las que tenían en la carne; sin embargo, en cuanto a su opinión sobre las cosas espirituales, las oportunidades no son mucho mayores, salvo en esto: que al estar libres de las pasiones e influencias de la carne, pueden dirigir antes sus pensamientos hacia cosas más elevadas y, de esta manera, comprender más pronto que solo este Nuevo Nacimiento en el Amor de lo Divino puede salvarlos por completo de las consecuencias naturales que se derivan de la posesión exclusiva del amor natural.
Un espíritu es solo un hombre sin un cuerpo terrenal y sin las preocupaciones que corresponden necesariamente a las obligaciones de los lazos terrenales. Pero incluso como espíritus, algunos conservan estas preocupaciones durante mucho tiempo tras su llegada, y solo se liberan de ellas pagando las penas de la ley que haya sido violada.
Bueno, he escrito mucho y debo detenerme. Así, con mis bendiciones y amor, te deseo buenas noches.
Tu espíritu compañero,
Jesús
Habla de su gran felicidad en su progreso (Helen – Sra. Pagdett, espíritu celestial) (3 marzo 1915)
Estoy aquí, Helen.
Bueno, ¿no ha sido ese un mensaje maravilloso del Maestro? Está tan lleno de cosas que deberían hacer reflexionar a los hombres y llevarlos a esforzarse por obtener este Amor Divino del que hablaba.
Me alegra decir que ahora lo poseo en gran medida, y cuanto más obtengo, más feliz soy. Pensaba que era feliz al entrar en la tercera esfera, y aún más en la quinta, y luego supremamente feliz en la séptima (Nota: En la segunda, cuarta y sexta esferas se encuentran aquellos espíritus que desarrollan sus amores naturales hasta alcanzar un estado puro, pero que no poseen el Amor Divino. Los espíritus que desarrollan sus almas al obtener el Amor Divino no permanecen mucho tiempo en la segunda, cuarta y sexta esferas, sino que progresan a través de la tercera, quinta y séptima esferas, hasta llegar a la Celestial. Al superar la tercera esfera Celestial, las esferas superiores están graduadas de tal modo que no se utiliza ningún número. Esta información se encuentra en un mensaje de la abuela del Sr. Padgett (Espíritu Celestial)); sin embargo, en realidad no supe lo que era la felicidad hasta que llegué a mi hogar actual en los Ámbitos Celestiales; y supongo que, a medida que ascienda, la felicidad de cada esfera progresiva posterior será mucho mayor que la de aquella desde la cual progresé.
Pero, por supuesto, el Maestro ha sido el Gran Instructor, cuyo amor y poder me han ayudado más que todos los demás. Es tan maravilloso en amor y sabiduría que casi lo adoro, aunque él me dice que solo debo adorar a Dios, y yo sigo sus instrucciones.
Mis experiencias aquí son tan maravillosas que apenas alcanzo a comprender todo lo que significan. Mi tiempo en el mundo espiritual ha sido muy breve y, sin embargo, el maravilloso conocimiento de las verdades espirituales y la gran felicidad que he recibido me hacen preguntarme con asombro cómo es posible que tales cosas existan.
Has escrito mucho esta noche, y creo que será mejor que pare.
Buenas noches. Tu esposa, con amor,
Helen
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NOTA (Elaborada por IA Gemini)
Nota de contexto actual: La «Singularidad», el intento de trucaje del alma y el límite de la Gracia
Nota de lectura: La siguiente reflexión actúa como un marco de análisis comparativo entre la cosmovisión revelada en las escrituras padgettianas y los debates sociotecnológicos contemporáneos sobre la Singularidad y la denominada «Cuarta Revolución Industrial».
1. La Singularidad como mito de autosuficiencia y el salto de «revolución»
En la cultura tecnológica global actual se habla de la Singularidad como un punto de inflexión imminente: el momento en que la inteligencia artificial y la biotecnología convergerán exponencialmente, superando la capacidad del cerebro humano y transformando la naturaleza misma de la sociedad, la longevidad e incluso la consciencia.
Si la Revolución Industrial original significó la instrumentalización del entorno natural (dominio exterior, maquinización del campo y las materias primas), la Cuarta Revolución Industrial sitúa su campo de batalla en la naturaleza biológica misma: el cuerpo humano, la genética y los estados emocionales o cerebrales. En el fondo de este paradigma subyace el anhelo implícito de un «salto cualitativo»: la pretensión del ser humano de rediseñar las leyes que lo rigen.
Desde una óptica de la dinámica del alma tal como se expone en estos escritos, este fenómeno puede interpretarse como el intento definitivo de «trucaje» de las leyes naturales:
─ Se intenta intervenir la biología o la neurología para mitigar el sufrimiento, el envejecimiento o el error, buscando una especie de «salvación o inmortalidad secular».
─ Sin embargo, ninguna tecnología puede alterar las leyes mecánicas que rigen la economía del alma (como la ley de causa y efecto o la ley de compensación). El alma sigue estando sujeta a sus propios deseos, pasiones, asperezas y elecciones profundas, los cuales no se corrigen con algoritmos ni intervenciones sintéticas.
2. El «modo regalo» frente al orgullo independentista
El verdadero conflicto humano expuesto en los mensajes trasciende la mera corrección moral; es un conflicto de actitud vital.
─ La existencia como «Regalo»: El amor natural humano forma parte del diseño básico del ser creado. Sin embargo, el Amor Divino no es intrínseco: es una sustancia de fuera, un don suplementario que solo puede ser recibido a través del anhelo sincero del alma y la mediación del canal del Espíritu Santo. Aceptarlo exige que el ser humano reconozca que no puede ser el autor de su propia divinización ni el creador de su máxima felicidad. Requiere actuar en «modo regalo»: con humildad, receptividad y reconocimiento de la dependencia de una Fuente Infinita.
─ La trampa del control: El trasfondo tecnológico moderno es, en gran medida, la materialización del miedo interior —el terror del alma a la vulnerabilidad y a la falta de control—. Al no saber procesar ni purificar las emociones profundas desde la humildad, la mente colectiva busca la seguridad fabricando sus propios marcos de salvación. Esto se traduce en un pecado contra el Espíritu Santo a escala social: la actitud colectiva que rechaza y cierra sistemáticamente el canal de influencia de lo Divino por considerar que el ser humano se basta a sí mismo para normar su destino.
3. La Singularidad y la retirada del privilegio del Amor Divino
Los mensajes del Maestro sostienen un principio doctrinal muy claro: Jesús no es Dios ni un intermediario ontológico único, sino el primer ser humano en quien se restauró el privilegio de recibir la Transformación del alma a través del Amor Divino del Padre, marcando un hito histórico. Asimismo, afirman que este canal o período de gracia no durará indefinidamente.
Si la filosofía del universo establece que el Amor del Padre es una dádiva y no una obligación, la posibilidad de que dicho privilegio se retire en un momento concreto de la historia humana plantea una resonancia directa con las especulaciones sobre un «evento de separación» o final de etapa.
Veamos una especie de resumen:
(ST = Concepto de la Singularidad Tecnológica)
(FA = Encuadre en la Filosofía del Alma)
Naturaleza del evento:
─ Para ST: El punto de no retorno histórico es el generado por el salto o avance tecnológico exponencial.
─ Para FA: Ese punto sería el cierre del período de gracia para la recepción voluntaria del Amor Divino.
En cuanto a su promesa y alcance real:
─ Para ST: Hay una promesa de perfeccionamiento y trascendencia humana mediante el control biológico e intelectual.
─ Para FA: La realidad tecnológica solo puede conducir, en el mejor de los casos, a un perfeccionamiento meramente natural (la purificación o armonía del alma natural), el cual no cambia la condición de fondo del ser humano: sigue siendo vulnerable a la tentación y permanece limitado en su capacidad de felicidad.
En cuanto al mecanismo subyacente:
─ Para ST: La mente y la inteligencia del hombre actúan como el centro y motor de la evolución.
─ Para FA: El anhelo sincero del alma (la fe, la aspiración profunda) es la única vía de conexión con el Padre a través del Espíritu Santo.
Conclusión
El ser humano es un alma dotada de libre albedrío, cuyas leyes internas fueron creadas por el Padre y operan de forma inexorable tanto en la carne como en el mundo de los espíritus. Los intentos de «trucar» la condición humana mediante capas cibernéticas, biológicas o ideológicas no hacen más que posponer el enfrentamiento con las propias pasiones y desviar la atención de la única vía que, según esta revelación, transforma verdaderamente la sustancia del ser.
En última instancia, si la historia humana se dirige hacia un «punto de separación» o evento decisivo, la verdadera frontera no la marcará la brecha entre quienes adopten o no la tecnología del futuro, sino la brecha interior entre las almas que aceptaron abrirse a la recepción del Amor Divino y aquellas que prefirieron permanecer confinadas en los límites de su propio amor y capacidad naturales.
Mi petición
Querría una «nota de presentación» sobre los puntos clave del tema de la «singularidad», como evento global; esto es algo que se dice esperar, y ante lo cual creo que se elucubra mucho, etc.
La presentación relacionaría eso, en lo posible, con los siguientes temas, claro:
Lógicamente, es difícil no pensar que quizá ese evento pueda tener que ver con lo que aquí se nos está contando, en este mensaje (y otros) de la colección: un punto de separación clave en la historia humana, que, si es cierto lo que se presenta aquí, tendría básicamente que ver con la relación con Dios.
El esquema es simple: el privilegio de un contacto personal con Dios (no solo sentir sus leyes siendo «almas naturales», no solo sintiendo por tanto su verdad absoluta, etc., sino recibir su amor personal) fue restituido con lo que pasó con Jesús (sin ser por esto Jesús superior: sin ser Dios, ni un Dios… ni nada parecido, ya que solo se trata de recibir o no recibir amor del Padre, y de las consecuencias de esto).
Luego, tras ese momento, el privilegio está en marcha hasta hoy; está siendo mantenido, pero aquí se nos dice que tiene fecha de caducidad.
La «filosofía» tras ello es que los regalos no son obligatorios.
El amor natural ya es de por sí un regalo, es decir, sabemos por experiencia que la pureza del amor requiere que no haya o no se sienta obligación en su intercambio.
Esto sería más todavía así en el caso del Amor de Dios, ya que Dios sería fuente de toda creación; esta incluye al amor creado, al natural, el intrínseco a las almas humanas ─y que estas no tienen que recibir de fuera, como sí es el caso del amor de Dios─.
Y bien, lógicamente, hoy son más los medios a disposición del ser humano para ejercer cierta expresión grande, tecnológico-social, del «pecado contra el Espíritu Santo» del cual se nos habla (en el sentido de establecer marcos, trasfondos, etc.).
Sería esta, digamos, como siempre, la expresión de un cierto «orgullo» «independentista», que tendría que ver con cierta sensación de «descontrol» que podríamos sentir cuando pensamos que en la vida se podría funcionar ─en la vida y en todo─, en ese «modo regalo», en esa actitud «regalo».
Esta actitud sería algo que remueve bien nuestras bases (algo bueno en sí, si supiéramos procesar emociones a la manera humilde); y, por lo tanto, con ese «removerse las bases», el terror que ya todos tenemos en el alma y que tenemos que sanar, el miedo en general, y otras emociones ─no solo a gestionar sino a eliminar─, salen a la palestra.
Podríamos entender que tal expresión social-cultural-tecnológica es la de ciertas capacidades de «intentar hacer leyes por nuestra cuenta»; y quizá podríamos considerar en parte esto que sucede hoy como un «salto cualitativo» (o el anuncio del mismo o los mismos posibles saltos), en esa especie de «intentar trucar» las leyes naturales (como, por ejemplo, la ley de compensación, que afecta a las almas humanas en general, es decir, tanto a los espíritus como a la gente encarnada).
En torno a un evento clave podría ser lógico pensar que, si tal cosa se fuera a dar, veríamos tematizado, en la tierra, el pensamiento de cierto «trucaje redoblado».
Este trucaje de cierta manera tendría que ver con la «revolucionarización» de los medios:
─ hemos tenido la revolución industrial, que afecta, por así decirlo, a la relación con la naturaleza y a ciertos sentimientos de separación y dominio de ella ─cierta instrumentalización 2.0─.
─ Ahora, al parecer, tendríamos «en liza» otra «naturaleza» (los cuerpos humanos) que, en cierto modo, podría ser el objeto básico de lo que llaman «La cuarta revolución industrial».
Igual que los arados y los químicos entraron a lo bestia en la tierra con la agricultura que tomó para bien y para mal los «vicios» de la guerra y sus tecnologías… eso mismo, con otras formas de arados, etc., estaríamos viendo que puede suceder respecto al cuerpo humano, y, quién sabe si es posible, respecto a los cuerpos espirituales de la gente encarnada (menos avisada de esto, etc.).
Como vemos, hablamos del hecho de ser internamente dependientes de los mecanismos evaluativos y «causales» que rigen el hecho de «ser almas»; es decir, ser una creación que es «deseos», «pasiones», «aspiraciones», libre albedrío, la base para la autoconsciencia, etc.
El alma, el ánimo, tiene sus leyes, unas leyes no creadas por ella; y cada alma es «soberana» en cuanto a que con esas leyes se le permite gobernar personalmente su realidad «experiencial».
Este «trucaje virtual», según deduciríamos de nuestro «esquema padgettiano», solo tendría las consecuencias de siempre:
el ser humano se aleja, con ese intento (y puesto que dichas leyes naturales en general son creadas por Dios, son «de Dios»; así como las leyes que rigen el alma humana en su amor natural, que también son creadas por Dios), el ser humano, se «aleja», así, decíamos, del contacto posible más personal con Dios; por lo tanto, se aparta de la influencia de ese mero canal o conducto que es lo que se ha venido llamando «Espíritu Santo» ─un mero medio (pues así se define) o conducto que puede conectar las almas finitas humanas con el Alma Infinita de Dios─.
Versión en inglés
God is a God of Love, and No Man Can Come to Him, Unless He Receives the Love of the Father in His Soul. The Time Will Come When the Privilege of Obtaining the Divine Love Will be Withdrawn From Mankind, and When That Great Event Takes Place, Never Afterwards Will the Privilege be Restored (Jesus) (3 Mar 1915)
I AM HERE. Jesus.
You are in a better condition to-night and I will continue my messages.
«God is a God of love, and no man can come to Him, unless he receives the Love of the Father in his soul.» As men are by nature sinful and inclined to error and the violation of God’s laws, they can be redeemed from that sin only by obtaining this Love; and that can be obtained only through prayer and faith in the willingness of God to bestow this Love upon whomsoever may ask for it. I do not mean that there must be formal prayers or compliance with any church creeds or dogmas; but the prayer that is efficacious is that which emanates from the soul and earnest aspirations of a man. So let men know, that unless they have the real soul longings for this Love, it will not be given to them – no mere intellectual desires will suffice. The intellect is not that faculty in man that unites him to God. Only the soul is made in the likeness of the Father, and unless this likeness is perfected by a filling of the soul with the Divine Love of the Father, the likeness is never complete.
Love is the one great thing in God’s economy of real existence. Without it, all would be chaos and unhappiness; but where It exists, harmony and happiness also exists. This I say, because I know from personal experience that it is true. Let not men think that God is a God who wants the worship of men with the mere intellectual faculties, that is not true. His Love is the one thing that can possibly unite Him and them. This Love is not the Love that is a part of man’s natural existence; the love that men have, who have not received a part of the Divine Love, is not sufficient to make them one with the Father; nor is that love the kind that will enable them to enter the Celestial Spheres and become as the Angels who are filled with this Divine Love, and who do always the Will of the Father. This Love is found only in the souls of those who have received it through the ministrations of the Holy Spirit – the only instrument of God’s workings, that is used in bringing about the salvation of men.
I have seen the operations of the Spirit upon the souls of men, and know what I tell you to be true. No man must rest in the assurance that any other instrumentality or medium than the Holy Spirit, will enable him to obtain this Love. He must not rest in the thought that without this he can become a part of God’s Kingdom, for no love but this Divine Love can entitle and qualify him to enter that Kingdom.
When on earth I taught the doctrine of salvation only through the workings of the Holy Spirit in fulfilling the commandments of the Father. Mere belief in me or in my name without this Love, will never enable any man to become the possessor of this Love. Hence the saying, » that all sins against me or even against God’s commandments may be forgiven men, but the sin against the Holy Spirit will not be forgiven them, neither while on earth nor when in the spirit world.» This means that so long as a man rejects the influences of the Spirit he sins against it, and such sin prevents him from receiving this Divine Love; and hence, in that state he cannot possibly be forgiven, and be permitted to enter into the Celestial Kingdom of the Father.
God’s Love is not that which needs the love of man to give it a Divine Essence, but on the contrary, the love of man in order to become Divine in its nature, must be completely enveloped in or absorbed by the Divine Love of the Father. So, let man know that his love is but the mere shadow of what the Father’s Love is, and that so long as he refuses to receive this Love of the Father, he will be compelled to remain apart from the Father, and enjoy only the happiness which his natural love affords him.
I am so certain that all men may receive this Love, if they will only seek for it in the true way and with earnest desire and faith, that I know it is possible for all men to be saved. But men have the great gift of free will, and the exercise of that gift towards the seeking and finding of this Love seems to be a difficulty that will prevent a large majority of the human race from receiving this great redemptive boon.
My Father is not desirous that any man should live through all eternity without this Love; but the time will come, and very soon, when the privilege of obtaining this Love will be withdrawn from mankind; and when that great event takes place, never afterwards will the privilege be restored; and men who are then without It will be compelled to live through all eternity with only their natural love to comfort them and get whatever happiness they may be able to obtain from such love. Men may think that this time of separation will never come, but in that they are mistaken, and when too late, they will realize it.
The harmony of my Father’s universe is not depending on all men receiving this Divine Love because in the workings of God’s laws of harmony on men’s souls all sin and error will be eradicated, and only truth will remain; but the mere absence of sin does not mean that all parts of God’s creation will be peopled by spirits and men who are equally happy, or who are filled with the same kind of love. The man who is free from sin and has only his natural love, will be in perfect harmony with other men possessing the same kind of love; but he will not be in harmony with those spirits who have this Divine Love and the supreme happiness which It gives. And yet, such differences in love and happiness will not create discord or want of harmony in the universe.
Adam and Eve, or whom they personify, had not this Celestial Love – only the natural love that belonged to their creation as human beings, and yet, they were comparatively happy; but their happiness was not like that of the angels who live in the Celestial Heavens where only this Divine Love of God exists. They were mortals, and when temptation came to them, the love that they possessed was not able to resist it, and they succumbed. So, even though man may hereafter live forever and be free from sin and error, yet, he will always be subject to temptations which this natural love may not be able to resist. I mean that his nature will be merely the nature that Adam and Eve had -nothing greater or less.
Even in that condition he may be able to resist all temptations that may assail him, yet, he will always be subject to fall from his state of happiness, and so become more or less unhappy. This is the future of men who have not received the Divine Love.
But the spirit who has this Divine Love becomes, as it were, a part of Divinity Itself, and will never be subject to temptation or unhappiness. He will be free from all powers that may possibly exist for leading him to unhappiness – as if he were a very God. I mean that His Divinity cannot possibly be taken from him by any power or influence or instrumentality in all the universe of God.
This love makes a mortal and sinful man an Immortal and sinless spirit, destined to live through all eternity in the presence of and at one with the Father.
So, if men would only think and realize the importance of obtaining this Divine Love, they would not be so careless in their thoughts and aspirations concerning those things which will determine their future state through all eternity.
The importance of these truths cannot be too forcibly placed before men for their consideration; and, when the time comes for them to pass over, the more they have pondered on and obtained a knowledge of these truths, the better will be their condition in the spirit world. The spirit world will not help them so very much to obtain a more enlightened insight into these spiritual matters, because in this world men differ and have their opinions just as on earth.
Of course, they have not all the temptations to indulge their passions and appetites, which they had when in the flesh; but as regards their opinion of spiritual things, the opportunities are not very much greater, except in this, that because of the freedom from the passions and influences of the flesh, they may sooner turn their thoughts to higher things, and in this way sooner realize that only this New Birth in Love of the Divine can save them entirely from the natural results that follow the possession of only the natural love.
A spirit is only a man without an earthly body, and the cares that necessarily belong to the obligations of earth ties. Even as a spirit, some retain these cares for a long time after coming over, and then are relieved of them by paying the penalties of a violated law.
Well, I have written long and must stop. So I say with my blessings and love, good-night.
Your fellow spirit,
JESUS.
Tells of Her Great Happiness in Her Progress (Helen – Mrs. Pagdett, Celestial Spirit) (3 Mar 1915)
I AM HERE. Helen.
Well, was not that a wonderful message of the Master? It was so full of things that should make men think and work to get this Divine Love that he spoke of.
I am happy to say that I have it now to a considerable degree, and the more I get of it the happier I am. I thought that I was happy when I entered the third sphere, and more so in the fifth, and then supremely so in the seventh, but, really, I did not know what happiness was, until I got into my present home in the Celestial Heavens; and I suppose as I go higher, the happiness of each succeeding progressive sphere will be so much greater than that from which I progressed.
But, of course, the Master has been the Great Teacher, whose love and power have helped me more than all the others. He is so wonderful in love and wisdom that I almost adore him, although, he says that I must worship only God, and I follow his directions.
My experiences here are so wonderful that I hardly realize what it all means. My time in the spirit world has been so short, and yet, the wonderful knowledge of spiritual truths and the great happiness that I have received, cause me to wonder in amazement that such things could be.
You have had a long writing to-night, and I think I had better stop.
So good-night. Your loving wife,
HELEN