[Últ. act.: 27 agosto 2026]
Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español
─ Notas
─ Versión en inglés
___
Introducción
─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
La lectura de estos mensajes dura en el audio hasta el minuto 15:23, y luego hay comentarios.
Esta vez vemos los siguientes tres mensajes, que tienen que ver con el progreso de Ann Rollins en la parte «celestial» del mundo espiritual, describiéndonos incluso un poco a Jesús. También Jesús comentará algo brevemente.
Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:
Forma parte de un libro que es el segundo volumen de una recopilación concreta de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, de Jesús de Nazaret.
Estos volúmenes fueron preparados y/o compartidos así por Divine Truth, entre otras personas.
Este segundo volumen no estructura los mensajes según temas. Y tal como se ve en su índice, contiene:
─ Una introducción;
─ Una nota breve sobre la edición digital;
─ La lista de mensajes,
─ y un breve apartado final, donde sólo se presenta de nuevo la oración que podemos llamar «del amor divino», y que vimos en el primer volumen.
Versión en español
La abuela del Sr. Padgett describe su hogar en la segunda Esfera Celestial (13 abril 1915)
Bueno, mi querido hijo, me siento muy feliz de estar contigo y decirte que ahora me encuentro en la segunda Esfera Celestial, donde todo es tan hermoso y existe un grado tal de felicidad que apenas puedo describírtelo. Estoy en mi propio hogar y apenas puedo describir cómo es, pues no disponéis de palabras suficientes que permitan darte una idea de lo que quiero expresar al intentar describir las glorias de esta esfera.
Mi hogar está hecho de un material del cual no tenéis nada ni remotamente comparable en la tierra, y está equipado con todo lo necesario para hacerme feliz y sentirme más agradecida al Padre por Su Amor y bondad.
Vivo completamente sola, pero recibo muchas visitas, y el amor es el sentimiento que predomina entre todos sus habitantes. Ningún espíritu que no esté lleno de este Amor Divino del que tanto te he hablado puede habitar en esta esfera. Un espíritu que posea los más maravillosos conocimientos intelectuales, pero carezca de este Amor, no puede entrar aquí; ni tampoco el mero amor natural de los mortales o de los espíritus puede capacitarlo para habitar este lugar. Solo el Amor Divino del Padre puede lograr que un espíritu se armonice de tal manera con todo el entorno y la atmósfera de amor que aquí existen.
Al dejar la primera esfera, fui puesta al cuidado de un espíritu bellísimo y glorificado, el cual me llevó desde mi hogar en la primera esfera hasta la entrada de la segunda, donde muchos otros espíritus hermosos me esperaban para darme la bienvenida: un recibimiento como jamás imaginé que pudiera dársele a un espíritu en progresión. Sin embargo, fui recibida con todo el amor, el afecto y las muestras de alegría que los espíritus de esta esfera sienten por un espíritu que ha ascendido desde una esfera inferior. Oh, te aseguro que mi felicidad superaba, sin duda alguna, cualquier concepción que hubiera podido hacerme de ella en el hogar que acababa de dejar atrás.
Pensaba que la belleza y la grandeza de la primera esfera eran sencillamente insuperables; pero expresarte que no es posible establecer comparación alguna entre la belleza de ambos lugares es lo mejor que puedo hacer.
Mi hogar ya estaba listo para recibirme, y una multitud completa de espíritus me acompañó hasta él y me dijeron que era para mí, que Dios lo había preparado para mi felicidad y alegría. Ciertamente está más allá de toda descripción, y resultaría inútil que intentara describirlo.
Los espíritus de aquí son mucho más hermosos que los de cualquier otra esfera. Son más etéreos y sus vestiduras son todas refulgentes y blancas; ni una sola y pequeña mota evoca a la tierra ni a las esferas más densas del mundo espiritual.
Y aquí la música es completamente divina y de una inmensa variedad; toda ella habla del gran Amor de Dios y se canta para Su alabanza y adoración. Aún no he contemplado todas las bellezas de esta esfera, aunque tal vez más adelante te dé una descripción más completa de ella.
Sí, me encontré con algunos espíritus a los que conocí en la tierra, aunque no con muchos: algunos de los hombres y mujeres verdaderamente cristianos que vivieron, amaron y adoraron a Dios, y que partieron mucho antes que yo.
Mis propios y queridos padres han ascendido a esta esfera y estaban listos para recibirme; y qué dichosos se sintieron de darme la bienvenida y estrecharme en sus brazos de amor.
Bueno, no debo escribir más esta noche, ya que no estás en condiciones de seguir escribiendo por extenso.
Así que, con todo mi amor, que es mucho más grande que la última vez que te escribí,
soy tu fiel y amorosa abuela.
La experiencia de Ann Rollins en la búsqueda del Amor Divino de Dios y al comprender que Él es «el Padre». Describe la apariencia de Jesús (13 mayo 1915)
Estoy aquí. Tu abuela.
Soy más feliz de lo que puedo expresarte. Vivo en el hogar del que te hablé hace unas noches, y es una morada hermosa más allá de toda posibilidad de descripción.
Esta noche quiero contarte mi experiencia en la búsqueda del Amor de Dios, y al comprender que Él es mi Padre, quien me ama con un Amor que no conoce la menor sombra de vacilación ni cese.
No siempre estuve llena de fe, ni creí tan ciegamente en la oración; pero en los comienzos de mi vida matrimonial, adquirí la convicción de que, si quería ser feliz en la vida y estar preparada para recibir las bendiciones que la Biblia prometía a quienes buscaran al Señor y Su Amor, debía comprender la necesidad de buscarlo; y así, con toda la sinceridad y todo el fervor de mi naturaleza, comencé a buscar el Amor del Padre y, como resultado, lo hallé, y con él, una gran felicidad y paz.
Sabes cuál era mi condición espiritual en mis últimos años en la tierra, y cómo mi fe era tal que, aunque estaba casi sorda y ciega, me sentía feliz y gozosa. Pues bien, cuando llegué al mundo espiritual, traje conmigo esa fe y ese amor, y descubrí que aquí eran tan reales como lo habían sido en la tierra. Por supuesto, estaba equivocada en algunas de mis creencias, como mi fe en que Jesús era Dios y que su muerte y su sangre me salvaban o podían salvarme del pecado y la condenación; sin embargo, a pesar de mis errores en estos aspectos, mi amor por el Padre no se vio alterado, de modo que seguí viviendo en ese amor y fui feliz.
No llevaba mucho tiempo en el mundo espiritual cuando espíritus de un orden superior al mío acudieron a mí y me contaron muchas cosas maravillosas sobre el Reino del Padre, explicándome que mi progreso hacia las esferas superiores dependería de que recibiera más de este Amor Divino en mi alma y me armonizara más con el Padre.
La primera vez que vi a Jesús fue después de haber estado poco tiempo en la tercera esfera; al conocerlo, me produjo la impresión de ser el espíritu más hermoso y amoroso que jamás hubiera visto. Y cuando me dijo que era Jesús, me sorprendí un poco, por supuesto, porque creía que estaba sentado en los cielos a la diestra de Dios, tal como me habían enseñado a creer en la tierra.
Al ver mi sorpresa, me miró con un amor maravilloso y me dijo que no debía seguir creyendo que él era Dios, ni tampoco una parte de Él, ni que estaba en los altos cielos aceptando la adoración de los hombres, pues solo era un espíritu como yo, y seguía trabajando tanto entre los mortales como entre los espíritus para guiarlos hacia la luz y el camino al Amor del Padre.
Al principio, lo confieso, me resultó difícil creer esto y me asaltaron las dudas; pero su manera de hablarme y el maravilloso amor que demostraba, no solo por mí, sino por toda la humanidad, pronto me convencieron de que era el verdadero Jesús y no un impostor. Posteriormente, conocí a muchos espíritus que lo trataban y que habían sido sus seguidores durante muchos años, y me dijeron que era el Jesús de la Biblia, por lo que no pude hacer otra cosa sino creer. Y ahora, tras mis largos años de trato frecuente con él y de sentir sus amorosas ministraciones y la influencia de su grandeza, sé que él es el verdadero Jesús, quien mediante sus enseñanzas y su abrumador amor salva a los hombres de sus pecados, mostrándoles el camino al Reino del Padre. Así pues, mi querido hijo, no dudes de lo que te digo ahora con respecto a este asunto, ni de lo que ya te he dicho anteriormente.
Bueno, resulta algo difícil describir su apariencia, pero lo intentaré. Posee una figura imponente, como decís en la tierra. Sus rasgos son regulares y sus ojos son de un azul profundo, casi púrpura, con tal profundidad de amor en ellos que, bajo su influencia, uno casi se olvida de reparar en el color de sus ojos. Su cabello es de un hermoso tono castaño, largo y con raya al medio, de modo que le cae sobre los hombros. Su nariz es recta y algo alargada, con fosas nasales muy refinadas que revelan los elementos artísticos de su naturaleza. Sus demás rasgos concuerdan con los que he descrito. Lleva una barba bastante larga, muy sedosa y castaña, como su cabello. Su porte es la gracia misma y la modestia personificada; y, sin embargo, hay en él una intensidad de sentimiento que puede manifestarse con justa indignación cuando la ocasión lo requiere. Y aun con toda la gran belleza de su persona y la manifestación del supremo amor de su alma, es sumamente humilde, más que cualquier otro espíritu que yo haya visto.
Te he dado apenas un somero bosquejo de su apariencia, y nunca podrás imaginar del todo en tu mente cómo es en realidad; solo cuando vengas aquí y lo conozcas comprenderás plenamente la apariencia del espíritu más maravilloso, hermoso y amoroso de todo el universo de Dios.
Algún día sucederá esto, y no tendrás las dudas que yo tuve, sino que tu corazón saldrá a su encuentro desde el primer momento en que lo veas. Querido hijo mío, es un privilegio mayor del que puedes valorar el estar así preparado para conocer a tu amigo y maestro; pues él es tu amigo en un grado tal que va más allá de lo que creí que llegaría a ser jamás mientras estuvieras en la tierra.
Así pues, como ves, mi experiencia fue bastante excepcional, y un secreto de que haya sido así es que recibí una fe inmensa y el Amor de mi Padre mientras estuve en la tierra.
Aunque muchos predicadores enseñen que la tierra es el único lugar de prueba, y aunque tal enseñanza no sea correcta, si se creyera más en ella y la humanidad preparara su futuro en función de esa creencia, muchos hombres, al convertirse en espíritus, evitarían experiencias muy desagradables que retrasan su progreso en el mundo espiritual. Por supuesto, esa creencia (de que la tierra es el único lugar de prueba), cuando el mortal no realiza dicha preparación, le causará un gran perjuicio tras convertirse en espíritu; pues es difícil librarse de tal creencia y, mientras esta perdure, el espíritu tenderá a creer que su estado es inmutable, de modo que no progresará hasta que acepte la verdad.
Así que, después de todo, la única creencia buena es creer en la verdad, la cual nunca cambia.
El periodo de prueba no se limita a la vida terrenal, sino que existe tanto para los hombres como para los espíritus. De hecho, nunca termina, pues cada estado previo de un espíritu no es más que una condición preparatoria para el que le sigue. Sin embargo, el gran estado de prueba es, sin duda, el que existe para el mortal mientras está en la tierra; y si esa prueba se aprovecha al máximo, el espíritu del hombre obtiene una ventaja que supera mi capacidad de descripción.
A veces los hombres no intentan aprovechar al máximo esta prueba en la tierra, y llegan al mundo espiritual con todos sus pensamientos y pecados materiales, con sus almas muertas ─como dijo Jesús─, descubriendo que, en esa condición, como espíritus, les resulta más difícil despertar de tal estado y progresar; y me han informado de que algunos espíritus llevan en este mundo muchísimos años y aún no han despertado.
Así pues, debes comprender la importancia de aprovechar el periodo de prueba en la tierra.
Bueno, querido hijo, he escrito mucho y debo detenerme ya, aunque me gustaría escribirte por mucho más tiempo.
Así que, con todo mi amor, me despido firmando como
tu cariñosa abuela,
Ann Rollins
Jesús comenta sobre la descripción que la abuela del Sr. Padgett hizo de él (13 mayo 1915)
Estoy aquí. Jesús.
Bueno, estoy listo para redactar más discursos y quiero que te prepares para escribir muy pronto. Creo que mañana por la noche será un momento propicio para el trabajo. Comienza hacia las nueve y después podrás escribir hasta que terminemos.
Sí, muy pronto el Amor vendrá a ti en abundancia y percibirás su efecto purificador, al tiempo que experimentarás una paz maravillosa que colmará tu alma. Así pues, mañana por la noche escribiremos.
Ella estaba en lo cierto, salvo que quizás haya exagerado en su descripción de mi belleza y bondad; pero piensa tal como escribió, y debes creer lo que dijo.
Bueno, te amo con todo el amor de un hermano mayor que está lleno del Amor del Padre Celestial. Esto es todo lo que puedo decir, pues resulta de lo más abarcador y no deja nada que añadir.
Esta noche rezaré contigo para que el Amor del Padre llegue a ti en gran abundancia. Así pues, con el amor que he mencionado y mis bendiciones, así como con el Amor y las bendiciones del Padre,
soy tu fiel amigo y hermano,
Jesús
____
NOTAS
Mi petición para dar pie a la nota de abajo
La nota sería como respuesta y confirmación de estas cuestiones ─o redondeo de las mismas─:
¿Se encontraría, en las tradiciones, alguna descripción similar de la apariencia de Jesús, de la forma de mostrarse de Jesús (que, suponemos, sería «su preferida», digamos ─dentro de que el «su», cuando se está en condición de unidad con Dios, es un «su» que significa cosas diferentes─)?
Realmente, la apariencia física descrita arriba es lo que hoy se diría «muy jipi». Entonces… tenemos un «problema» con la gente más avanzada en el mundo espiritual: gente que, de alguna manera, sigue o seguiremos, a menudo, obsesionados con las cosas de la tierra: rituales, religiones, creencias, eventos, posesiones, historia, ateísmos varios, etc.), siendo además que la humildad e «inocencia» sería tan «palpable/visible» en Jesús (e insultante, si nos queda algo de orgullo, o cosas similares, dentro del alma, etc.), sumado a que quizá la vestimenta que use tampoco sea muy particular, sin gran pompa quizá, en general…
Entonces, curiosamente, el tema del pelo largo se habría mantenido; y supongo que está incluso en representaciones de un Jesús muy «hierático», etc.
Así, viendo que las tradiciones donde se daban esas representaciones quizá a veces prohibían literalmente el pelo largo en los hombres, entonces representar el pelo largo de Jesús cuando estuvo en la tierra nos podría dar una pista de que tal representación estaría siendo fiel a un hecho sobre el «pelo» ─un hecho que además habría tenido continuidad en el mundo espiritual, por lo que nos dicen aquí─.
Nota elaborada por IA Gemini
Esta es una reflexión profunda y muy atinada que toca aspectos históricos, iconográficos y teológicos. Para dar respuesta y redondear tus planteamientos, la nota temática aborda estos puntos conectando las tradiciones espirituales, la historia del arte y la psicología del alma ante la manifestación divina.
Nota temática: La iconografía de Jesús, la paradoja de la apariencia y la vivencia espiritual
1. La apariencia tradicional vs. las normas de la época: la pista del cabello largo
Tu observación sobre la continuidad del cabello largo es históricamente muy aguda:
─ El contraste sintomático: En el mundo grecorromano del siglo I (y en ciertos sectores del judaísmo del Segundo Templo), los hombres solían llevar el pelo relativamente corto y barba recortada. San Pablo, de hecho, llega a escribir en 1 Corintios 11:14: «¿No os enseña la naturaleza misma que al hombre le es deshonroso dejarse crecer el cabello?».
─ La paradoja iconográfica: Pese a este contexto cultural y a las prescripciones Paulinas o monásticas posteriores que favorecían el cabello corto o tonsurado en los varones, la tradición cristiana mantuvo de forma casi unánime e inquebrantable la imagen de Jesús con el cabello largo cayendo sobre los hombros, con raya en medio y barba.
─ Fuentes históricas y visiones:

* La Carta de Léntulo: Un célebre documento apócrifo (difundido ampliamente en la Edad Media y los siglos posteriores) pretendía ser una carta de un oficial romano contemporáneo a Jesús dirigido al Senado. La descripción es asombrosamente idéntica a la que da Ann Rollins: cabello de color avellana madura, largo y liso hasta las orejas, y rizado hacia los hombros, dividido al medio; cara sin arruga; barba tupida del mismo color; ojos azules/claros y mirada penetrante pero serena.
* La imagen Aquerópita (no hecha por mano humana): Tanto el Mandylion de Edesa como la Sábana Santa de Turín o el Velo de Manoppello —las fuentes visuales de las que bebió el arte bizantino desde el siglo VI para fijar el rostro de Cristo (Pantocrátor)— presentan de manera constante esta misma fisonomía de rostro alargado, nariz recta y fina, y cabello largo.
Esta perseverancia iconográfica a través de los siglos sugiere que la memoria visual colectiva (y la vivencia del mundo espiritual) conservó esa impronta específica por encima de las modas terrenales o los condicionamientos dogmáticos.
2. La paradoja de la «apariencia jipi» y la humildad desconcertante
Lo que hoy asociamos informalmente con una estética hippy o alternativa (pelo largo, túnicas sencillas, naturalidad, desapego de la pompa) responde en realidad al arquetipo del naturalismo espiritual superior:
─ Despojo de adornos e insignias: En las visiones y comunicaciones de la mística heterodoxa y del espiritualismo, Jesús no se presenta con la tiara imperial, el cetro o las vestiduras recargadas con las que la jerarquía eclesiástica terrenal intentó revestirlo para reflejar «poder». Se muestra con la elegancia intrínseca de la luz y la gracia, donde la majestuosidad no proviene de un ropaje ostentoso, sino de la pureza y la intensidad del Amor en su alma.
─ El choque para el orgullo humano: Como bien señalas, para el espíritu que aún conserva restos de intelectualismo denso, dogmatismo, dogmas rígidos o soberbia religiosa, encontrarse con un Jesús desprovisto de aparato ceremonial y de la condición de «Dios encarnado» puede resultar paradójicamente un «golpe». Su inocencia, accesibilidad y profunda humildad desarman las estructuras mentales construidas en la Tierra.
─ La sencillez como sello: Muchas tradiciones místicas (desde San Francisco de Asís hasta místicos orientales o espiritualistas del siglo XIX y XX) coinciden en que cuanto más elevado es el plano o el estado espiritual de un ser, más sencilla, luminosa y desprovista de artificio es su presencia. La verdadera grandeza espiritual en el estado de unidad con el Padre no necesita imponerse; se evidencia en la irradiación de Amor.
3. El «Su» en la condición de Unidad con Dios
Has tocado un punto teológico y ontológico clave al señalar qué significa «su» forma preferida cuando se está en unidad con el Creador:
─ En este estado de elevación (el at-one-ment o armonía completa con el Amor Divino), la individualidad no se anula ni se disuelve en una nada abstracta, pero tampoco actúa desde el ego.
─ La «apariencia» o la forma de proyectarse de un espíritu elevado como Jesús es una manifestación directa de su frecuencia de amor y servicio. Su imagen refleja la máxima expresión de la belleza armónica humana y divina, diseñada no para infundir temor ni sometimiento, sino para despertar el amor, la confianza y la filiación en las almas que lo contemplan.
Versión en inglés
Mr. Padgett’s grandmother describes her home in the Second Celestial Sphere. (13 Apr 1915)
Well, my darling son, I am so happy to be with you and tell you that I am now in the Second Celestial Sphere, where everything is so beautiful, and happiness exists to a degree that I cannot portray to you. I am in my own home and what it is, I can scarcely describe, for you have no words which are adequate to give you an idea of what I may mean in attempting to describe the glories of this sphere.
My home is of a material that you have no faint counterpart of on earth, and it is furnished with everything that is suited to make me happy and more thankful to the Father for His Love and kindness.
I am living all alone, but I have many visitors, and love is the ruling sentiment among all its inhabitants. No spirit who is not filled with this Divine Love of which I have so often told you can possibly live in this sphere. The spirit who has all the most wonderful intellectual acquirements, and is without this Love, cannot enter this sphere, nor can the mere natural love of mortals or of spirits fit the spirit for inhabitancy here. Only the Divine Love of the Father can make a spirit so at-one with all the surroundings and atmosphere of love that here exists.
When I left the first sphere I was taken in charge by a most beautiful and glorified spirit, and carried from my home in the first sphere up to the entrance of the second sphere where many other beautiful spirits were waiting to give me welcome – and such a welcome I never thought could be extended to a spirit who is progressing. But I was received with all the love and affection and evidence of joy that the spirits of this sphere have for a spirit who has progressed from the lower one. Oh, I tell you that my happiness was certainly beyond any conception of what I had in the home which I just left.
I thought that the beauty and grandeur of the first sphere could not possibly be surpassed, but when I tell you that comparison cannot be made between the beauty of the two places, it is the best that I can do.
My home was all ready for me, and I was carried by a whole host of spirits to it and told that it was for me, and that God had prepared it for my happiness and joy. It certainly is beyond description, and it would be useless for me to try to describe it.
The spirits here are so much more beautiful than those of any other sphere. They are more ethereal and their garments are all shining and white – not one little speck reminds one of the earth or the grosser spheres of the spirit world.
And here the music is entirely Divine and of such a great variety – all telling of the great Love of God, and sung in His praise and adoration. I have not yet seen all the beauties of this sphere, and I may later give you a fuller description of it.
Yes, I met some spirits whom I knew on earth, but not many; some of the truly Christian men and women who lived and loved and worshipped God, and passed over long before I did.
My own dear mother and father have progressed to this sphere and were ready to receive me; and how glad they were to welcome me and take me to their arms of love.
Well, I must not write more tonight as you are not in condition for extended writing.
So with all my love, which is so much greater than when I last wrote you.
I am your own true and loving grandmother.
Ann Rollins’ experience in seeking the Divine Love of God, and in realizing that He is «the Father». Describes Jesus’ appearance. (13 May 1915)
I AM HERE, your Grandmother.
I am happier than I can tell you. I am living in my home of which I told you a few nights ago, and it is a beautiful home beyond the possibility of description.
Tonight, I want to tell you of my experience in seeking the Love of God, and in realizing that He is my Father, who loves me with a Love that knows no shadow of wavering or cessation.
I was not always filled with faith, or believed so implicitly in prayer, but in my early married life, I received the conviction that if I would be happy in life and fitted to receive the blessings which the Bible promised to those who should seek the Lord and his Love, I must see the necessity of seeking; and I, with all the earnestness of my nature, commenced seeking for the Father’s Love, and as a result I found it, and with it a great happiness and peace.
You know what my spiritual condition was in my later years on earth, and how my faith was such that, although I was nearly deaf and blind, yet I was happy and joyful. Well, when I came to the spirit world, I brought that faith and love with me, and I found that it was just as real here as it had been on earth. Of course, in some of my beliefs I was mistaken, such as my belief that Jesus was God, and that his death and blood saved or could save me from sin and damnation; but notwithstanding my mistakes in these particulars, my love for the Father was not interfered with, and I continued to live in that love and was happy.
I had not been in the spirit world a great while, before spirits of a higher order than myself came to me and told me many wonderful things of the Father’s Kingdom, and that my progress to the higher spheres would depend upon my receiving more of this Divine Love in my soul and becoming more at-one with the Father.
The first time I saw Jesus was after I had been in the third sphere a short while, and when I met him he impressed me as being the most beautiful and loving spirit that I had ever seen; and when he told me that he was Jesus, I, of course, was somewhat surprised, because I had believed that he was sitting in the heavens on the right hand of God, as I had been taught on earth to believe.
And when he saw my surprise he looked on me with a wonderful love and said that I must not further believe that he was God, or even a part of Him, or that he was in the high heavens accepting the worship of men, for he was only a spirit as I was, and was still working among mortals as well as spirits to lead them into the light and the way to the Father’s Love.
At first, I confess, it was difficult for me to believe this, and I had my doubts; but his manner of talking to me and the wonderful love that he displayed, not only for me but for all mankind, soon convinced me that he was the true Jesus and not an imposter. And afterwards, I met many spirits who knew him and had been his followers for many years, and they told me that he was the Jesus of the Bible, and I could not do anything else but believe. And now, after my long years of association with him and feeling his ministrations of love and the influence of his greatness, I know that he is the true Jesus, who by his teachings and overwhelming love saves men from their sins, by showing them the way to the Father’s Kingdom. So my dear son, do not doubt what I tell you now in reference to this matter, or what I have already told you.
Well, it is somewhat difficult to describe his appearance, but I will try. He is of a commanding figure, as you say on earth. His features are regular, and his eyes are of a deep blue, almost a purple blue, with such depths of love in them that under its influence you almost forget to note the color of his eyes. The hair is a beautiful brown, worn long and parted in the middle so that it falls over his shoulders. His nose is straight and somewhat long, with nostrils very refined and showing the artistic elements in his nature. His other features are in keeping with those I have described. He wears a beard quite long and very silky and brown like his hair. His manner is grace itself and modesty personified, and yet in him is the intensity of feeling which can show itself in just indignation when the occasion requires. And yet with all the great beauty of his person and the greater love of his soul showing itself, he is very humble – more so than any spirit I have seen.
I have given you a bare outline of his appearance, and you will never fully realize in your mind’s eye just what his appearance is; and only when you come over and meet him will you fully understand the appearance of the most wonderful and beautiful and loving spirit in all God’s universe.
Some day this will happen; and you will not have the doubts that I had, and your heart will go out to him from the first moment of your meeting. My dear son, it is a greater privilege than you can appreciate, to be thus prepared to meet your friend and teacher; for he is your friend to a degree that is beyond what I thought he would ever be while you are on earth.
So you see, my experience was a somewhat exceptional one, and one secret of its being so is that I received very great faith and the Love of my Father – while on earth.
While the teachings of many preachers are that the earth is the only place of probation, and that teaching is not correct; yet if it were believed more, and mankind should prepare their future in view of that belief, many a man, when he becomes a spirit, would avoid experiences that are very unpleasant and retard his progress in the spirit world. Of course, such a belief (that the earth is the only place of probation) when the mortal fails to make the preparation, will work him great injury after he becomes a spirit; because such a belief is difficult to get rid of, and as long as it lasts the spirit is very apt to believe that his status is fixed forever, and hence he will not progress until he accepts the truth.
So you see after all, the only good belief is a belief in the truth, which never changes.
Probation is not confined to the earth life but is with man and spirits alike. In fact it never ends, for each preceding condition of a spirit is nothing more than a probationary condition to what follows. But the great probationary condition, undoubtedly, is that which exists for the mortal while on earth; and if that probation is accepted and made the most of, the spirit of man gains an advantage which is beyond my ability to describe.
Sometimes men do not attempt to take all the advantage of this probation on earth, and come to the spirit world in all their material thoughts and sins, with their souls dead, as Jesus said, and find that in such condition, as spirits, they have a more difficult time to awaken from such condition and progress; and I am informed that some spirits have been in this world for many, many years and have not yet had an awakening.
So you must see the importance of taking advantage of the earth probation.
Well dear son, I have written a great deal and must stop now, though I should like to write you a much longer time.
So with all my love I will close, and sign myself
Your loving grandmother,
Ann Rollins
Jesus comments about Mr. Padgett’s grandmother’s description of him. (13 May 1915)
I AM HERE, Jesus.
Well, I am ready to write more of my discourses, and I want you to prepare for our writing very soon. I think that tomorrow night will suit for the work. Commence about nine o’clock, and then you can write until we finish it.
Yes, very soon the Love will come to you in abundance, and you will realize its cleansing effect, and will also experience a wonderful peace filling your soul. So tomorrow night we will write.
She was correct, except that she may have overdrawn her description of my beauty and goodness; but she thinks as she wrote and you must believe what she said.
Well, I love you with all the love of an elder brother who is filled with the Love of the Heavenly Father. This is all that I can say, for it is most comprehensive and leaves nothing to be added.
I will pray with you tonight, that the Father’s Love may come to you in great abundance. So with the love that I mention and my blessings and the Love and blessings of the Father.
I am your true friend and brother,
JESUS.