2/40) Siguiente mensaje (Salyards continúa sobre leyes del mundo espiritual – Vol. 2) | El verdadero evangelio – Revelado de nuevo por Jesús | Vol. 2:40

[Últ. act.: 26 agosto 2026]

Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español
─ Notas
─ Versión en inglés

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Introducción

─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
La lectura de estos mensajes dura en el audio hasta el minuto 14:46, y luego hay comentarios.

Esta vez vemos el siguiente mensaje, de Salyards, donde sigue tratando sobre las leyes del mundo espiritual.

Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:

unplandivino.net/padgett/

Forma parte de un libro que es el segundo volumen de una recopilación concreta de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, de Jesús de Nazaret.

Estos volúmenes fueron preparados y/o compartidos así por Divine Truth, entre otras personas.

Este segundo volumen no estructura los mensajes según temas. Y tal como se ve en su índice, contiene:
─ Una introducción;
─ Una nota breve sobre la edición digital;
La lista de mensajes,
─ y un breve apartado final, donde sólo se presenta de nuevo la oración que podemos llamar «del amor divino», y que vimos en el primer volumen.

Versión en español

Profesor Salyards – Leyes del mundo espiritual (continuación) (3 mayo 1915)

Estoy aquí. Profesor Salyards.

Sí, y me complace mucho que lo hayas hecho y que estés en tan buenas condiciones para escribir esta noche. Bien, deseo continuar mi discurso sobre las leyes del mundo espiritual, tal como las conocen muchos espíritus.

La siguiente ley es que, por mucho conocimiento sobre las cosas materiales y sobre las leyes puramente físicas que un hombre haya adquirido en la tierra, este no es suficiente para capacitarlo para las cosas superiores de la vida espiritual.

Muchos hombres creen que, por poseer este gran conocimiento del universo material, no necesitan intentar aprender las leyes que rigen el funcionamiento de la vida espiritual, ni las leyes que determinan la posición y el desarrollo de esa parte del hombre comúnmente conocida como el alma.

Este es un gran error, y tarde o temprano todos los seres humanos comprenderán la necesidad de aprender estas leyes más importantes sobre el desarrollo del alma y de la parte espiritual del hombre. Mientras estuve en la tierra, nunca intenté investigar estas leyes y, en consecuencia, al llegar al mundo espiritual, mi comprensión de ellas era como la de un recién nacido; y lo mismo sucederá con todos los seres humanos que, como yo, hayan descuidado su investigación y estudio.

Por lo tanto, aconsejo a todo hombre que se esfuerce al máximo por estudiar estas leyes y, especialmente, aquella parte que trata más específicamente del desarrollo del alma y de su progreso hacia la mayor felicidad. Estas leyes se exponen y declaran extensamente en el Nuevo Testamento; y en algunas partes del Antiguo hay muchas sugerencias sobre lo que debe hacer el hombre para salvar su alma de la muerte, entendiendo por esta la muerte que sobreviene al descuidar el ejercicio de todas las cualidades del alma que un hombre es capaz de ejercitar durante la vida mortal. Un hombre puede dejar morir las facultades de su mente al descuidar el alimento mental adecuado, y lo mismo ocurre con el alma. Por supuesto, el alma nunca muere, hasta donde sabemos, en el sentido de una destrucción y desintegración absolutas; pero puede caer en tal estado de inercia o letargo que, en la medida en que forma parte de las actividades del hombre, es como si estuviera muerta.

No quiero decir que el mero descuido en el ejercicio de estas facultades del alma vaya a hacer que el alma de un hombre permanezca muerta para siempre, porque no es así. Tarde o temprano, ya sea en la vida mortal o en la espiritual, esta alma despertará; pero ese despertar puede retrasarse durante muchos años, e incluso siglos, y, en su sentido más elevado, puede que nunca llegue a producirse. Por tanto, que los hombres reconozcan la importancia de estudiar y aplicar estas leyes espirituales en sí mismos mientras son mortales; y cuando se conviertan en espíritus, descubrirán la gran ventaja que dicho estudio y dicha aplicación han resultado ser para su progreso y felicidad.

Existe otra ley del mundo espiritual de vital importancia para quienes están en la vida mortal, y que pueden aprender: nadie puede, por sí mismo, librarse de las penas de la ley de compensación. Ya he escrito sobre esto antes, pero es de tan vasta importancia y afecta a todos los seres humanos hasta tal punto, que me siento justificado a decir algo más sobre la materia.

Esta ley de compensación es tan inamovible como cualquiera de las leyes de Dios y no puede evitarse bajo ninguna condición ni circunstancia, salvo una: la redención del alma humana mediante la entrada del Amor del Padre en ella, haciéndola una con la Suya y semejante a la Suya en todas las cualidades que participan de la esencia Divina.

Sé que muchos hombres no creen que pueda haber perdón alguno de los pecados, pues afirman que es imposible purificar en un instante el alma de un hombre que ha estado inmerso en todo lo vil y pecaminoso mientras vivía la vida de un mortal. Pues bien, creo que esto es cierto, y no pienso que ninguno de nuestros más grandes maestros de estas verdades supremas intente proclamar la doctrina de la purificación instantánea de un alma vil y pecadora; al menos, esa no es la doctrina que enseña el más grande de todos los maestros, el hombre de Nazaret, a quien a veces veo y con quien converso; y él, estoy convencido, conoce más de las leyes que rigen la salvación de los hombres que cualquier otro maestro o todos los demás maestros juntos.

Su enseñanza a este respecto consiste en que, si bien un alma no queda limpia de manera instantánea al recibir una porción del Amor Divino ─como ya te hemos explicado anteriormente─, la afluencia de dicho Amor en el alma de un hombre lo encamina hacia el pensamiento recto y le hace comprender que su alma está abierta a la influencia de este Amor Divino. Así, tanto los mortales como los espíritus pueden experimentar este despertar de la Gracia Divina en gran medida, tan pronto como comprendan que este Amor es lo único que suprimirá las penas de esta ley de compensación.

No creo que, inmediatamente después de que el pecador sienta este Amor entrar en su alma, se convierta en santo y se libere de una vez de su naturaleza malvada, pues eso difícilmente puede ser así. Tal purificación instantánea a duras penas cumpliría el propósito para el que está pensada la obra de este Amor redentor.

Algunas personas parecen capaces de recibir más de este Amor en poco tiempo que otras y, en consecuencia, su redención completa se logra con mayor rapidez. Pero para mí ─y he experimentado la afluencia de este Amor y su efecto sobre mi naturaleza pecaminosa, así como sobre el recuerdo de las acciones de mi vida terrenal que ponen en marcha esta ley de compensación─ no parece haber ninguna probabilidad de una purificación instantánea del alma, de modo que un hombre se vea repentinamente capacitado para vivir en los Ámbitos Celestiales, donde existe el Amor del Padre en toda su pureza y plenitud. Sé que muchos predicadores enseñan, y que también es dogma de algunas iglesias, que la sangre de Jesús limpia de todo pecado, y esto en un abrir y cerrar de ojos; pero no debes creerlo, porque no es cierto. La sangre de Jesús se derramó hace muchos siglos, y ahora ha pasado a formar parte de otros elementos del mundo natural, por lo que no puede salvar a nadie. Y voy más allá y afirmo, tal como Jesús me ha enseñado, que su sangre nunca tuvo eficacia alguna para salvar a nadie. Él nunca enseñó que su sangre pudiera hacer tal cosa, ni que el derramamiento de la misma fuera, en ningún sentido, el medio para salvar un alma. Él no enseña ahora semejante doctrina, y le decepciona que quienes dirigen a las masas de la humanidad la enseñen, porque desvía su atención del único principio vital necesario para su salvación: el Nuevo Nacimiento, que significa simplemente la entrada del Amor Divino del Padre en el alma de una persona hasta llegar a formar parte de ella. Y este no llega al hombre porque la sangre de Jesús constituyera un sacrificio para apaciguar la ira y las exigencias del Padre, ni por ningún sufrimiento vicario de Jesús.

Pero volviendo a esta ley de compensación: nadie, por sus propios esfuerzos, puede librarse del funcionamiento de esta ley; y mientras mantenga la idea de depender de sus propios poderes, tendrá que pagar las penas. Por supuesto que, a medida que las paga, se acerca cada vez más a un momento y a una condición en que la ley dejará de actuar sobre él y llegará a ser relativamente feliz; pero tal pago puede requerir largos años de sufrimiento e infelicidad.

Por lo tanto, afirmo: que el hombre sepa que por cada acto y obra, así como por no haber hecho lo que debía haber hecho, tendrá que responder ante la ley. Con esta repetición no pretendo que los hombres piensen que me deleito en mostrarles que tendrán que sufrir y vivir en la oscuridad durante un tiempo incierto, pues no obtengo placer alguno llamando su atención sobre esta gran ley y la certeza de su funcionamiento. Más bien hago esto para ayudar a los hombres a evitar estos sufrimientos e infelicidad, buscando el Amor del Padre mientras estén en la tierra; pues, según mis observaciones, creo que se puede encontrar más fácilmente en la carne que después de que el hombre se convierta en espíritu.

Otra ley del mundo espiritual es que todo ser humano de un sexo tiene, en la tierra o en el mundo espiritual, a una persona del sexo opuesto que es su alma gemela [(por la importancia del tema para nuestro tiempo, recordemos aquí que hay un porcentaje no mayoritario de personas cuya alma gemela encarnó en un cuerpo físico del mismo sexo)]. La importancia de esta provisión del Padre para la felicidad de los humanos y los espíritus nunca ha sido plenamente comprendida por quienes no han conocido y reconocido con certeza a sus almas gemelas.

Sé que en la tierra los hombres han afirmado que ciertas personas del sexo opuesto eran sus afines; y con tales afirmaciones como excusa, han cometido muchas faltas y pecados.

Pero el alma gemela no es una afinidad sugerida por las pasiones o los deseos, sino una provista por la gracia y el Amor del Padre para vivir con la otra alma gemela por toda la eternidad. Antes de tomar la forma de la carne, ambas estaban unidas; y cuando, conforme al plan de Dios, se separaron y se convirtieron en mortales, no por ello dejaron de ser almas gemelas, aunque durante la vida mortal puede que no recuerden su anterior unidad o relación. Pero tan cierto como que Dios vive es que estas dos almas gemelas, en algún momento, tras convertirse en espíritus, descubrirán su verdadera relación mutua; y, si nada insuperable lo impide, volverán a unirse en verdadera armonía y felicidad.

El mero hecho de que un hombre y una mujer sean marido y mujer en la tierra no significa que vayan a vivir juntos como marido y mujer por toda la eternidad. Si son almas gemelas, puede que sí; pero si no lo son, sin duda se separarán tras entrar en el mundo espiritual. Esa verdadera relación no se puede ocultar aquí, y ninguna mera forma de relación matrimonial será suficiente para mantener a las personas unidas.

La gran verdad de las almas gemelas requiere una mayor aclaración, y más adelante intentaré exponerla con más detalle. Pero por ahora basta con decir que todo hombre nacido de mujer tiene su alma gemela, ya sea en la tierra o en el mundo espiritual, y viceversa.

Bueno, he escrito mucho esta noche y estás cansado, y yo también; así que continuaré el resto de mi discurso en otro momento.

Con todo mi amor y mis mejores deseos para tu felicidad y éxito,
soy tu viejo amigo y profesor,
Salyards

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NOTAS

Mi petición para dar pie a la nota de abajo

Para la posible nota:

Como se vio, en este mensaje se habló de almas gemelas, entre muchas otras verdades/leyes del mundo espiritual y en general de la vida (pues las almas gemelas no atañen, como vimos, solamente a la vida en el mundo espiritual, sino que es una verdad del alma (la sustancia del ser que habita o es revestida por cuerpos), y seríamos alma, estemos donde estemos).

La nota iría de homosexualidad y almas gemelas.

─ Lo que habría que verificar es esto:

Supongo que no hay muchas referencias claras en las corrientes espiritualistas / espiritistas sobre que, igual que cada persona tiene alma gemela y solo una, existen los casos minoritarios en que estas almas gemelas encarnaron ambas en el mismo sexo.

En tales tradiciones o revelaciones y «mediumnidades» no habría claridad, tal como verificamos otras veces en otras consultas, sobre la unicidad de las almas gemelas; es decir, en general en dichas «espiritualidades» no se expresaría claramente que existe una sola «pareja natural» para cada cual.

─ Algunos datos (explicitando de nuevo las cosas):

El alma completa, una totalidad completa antes de encarnar, se dividiría en dos para poder encarnar. Y en tal encarnación asume la «vitalización» de un cuerpo físico y un cuerpo espíritu que, al parecer, surgen a la vez en la concepción, y son «vitalizados» por dicha alma. (Esto no sucedería en el caso animal: ahí no habría alma, pero sí cuerpo espiritual en el caso de los animales superiores, al parecer; aunque quizá dicho cuerpo espiritual no tiene mucho o ningún futuro luego en el mundo espiritual, como entidad.)

─ Más observaciones que conllevan posibles verificaciones:

Esa observación entre corchetes ─la que hice en el cuerpo del mensaje con un aviso sobre la homosexualidad─ no proviene de la revelación de Padgett (al menos, revisando rápidamente los volúmenes 3 y 4 recopilados por Stone ─los que me faltan por leer detenidamente─: en esos volúmenes de cartas o mensajes de Padgett no parecen existir cadenas sintácticas o palabras como «same sex», o «homos-«), sino que proviene de otras personas y sus enseñanzas.

─ Más explicitación de datos:

Pero sí que intuyo que sería cierta la «naturalidad» de la homosexualidad, y no solo por lo patente que es la existencia de tal fenómeno, aunque sea minoritario.

La natural atracción que sienten esas personas, solo encajaría dentro de este paradigma si admitimos que hay una especie de distribución estadística normal que hace que las almas completas tengan una carga a veces más polarizada hacia lo masculino o hacia lo femenino, y, así, ambas mitades se verían atraídas «inconscientemente» (por la ley que rige la encarnación), en un porcentaje no mayoritario, por cuerpos del mismo sexo.

Nota elaborada por IA Gemini en respuesta a lo anterior

1. Verificación textual en la revelación de Padgett
─ Ausencia en los volúmenes de Padgett: Es totalmente correcto que en los escritos recopilados por James E. Padgett (volúmenes de Leslie R. Stone) no aparecen menciones ni términos explícitos como homosexuality, same sex o referentes afines.

─ El marco de Padgett: En las comunicaciones del Profesor Salyards y de otros espíritus en la obra de Padgett, el principio general se enunció bajo la polaridad binaria clásica hombre-mujer («every human being of one sex has […] one of the opposite sex»). Por lo tanto, cualquier apunte sobre la encarnación de almas gemelas en cuerpos del mismo sexo procede de desarrollos interpretativos posteriores, de otras fuentes espirituales o del análisis de la ley natural.

2. Comparativa: La unicidad del alma gemela y la atracción homófila
La unicidad del alma gemela (One and Only)

─ En Padgett / Revelaciones afines: La doctrina es categórica: existe una sola alma gemela para cada individuo (one true soulmate), una mitad con la que se formó la unidad original antes de la encarnación. No existe la pluralidad de «afines» intercambiables.

─ En el Espiritismo Kardeciano y espiritualismos afines: Allan Kardec (en El libro de los espíritus, Q. 291-303) rechazó explícitamente la idea de las almas gemelas en sentido estricto o «mitades predestinadas», argumentando que ello supondría una división de la individualidad. Kardec hablaba de «simpatía de espíritus» o «afinidad espiritual», admitiendo que un espíritu puede sentirse afín a múltiples espíritus. Por tanto, en el espiritismo tradicional no existe la noción de la única pareja natural absoluta.

La homosexualidad en las corrientes espiritualistas

─ En las comunicaciones espiritistas tradicionales (como las de Chico Xavier / Emmanuel en el espiritismo brasileño), la homosexualidad se ha intentado explicar a menudo desde la perspectiva de la reencarnación: un espíritu que ha encarnado muchas veces consecutivas en un sexo determinado (por ejemplo, femenino) y que al encarnar en un cuerpo masculino conserva la impronta psicológica o la memoria afectiva de su experiencia previa.

─ Esta explicación tradicional se centra en la trayectoria individual del espíritu, a diferencia del paradigma de la división del alma, que sitúa el origen de la atracción en la polaridad de las dos mitades encarnadas.

3. Coherencia dentro del paradigma de la bifurcación del alma
Si se aplica la premisa ontológica del alma completa que se divide en dos mitades para encarnar, el razonamiento sobre la «naturalidad» de la atracción homófila resulta consistente:

─ Alma y envolturas (Cuerpo físico y espíritu): Si la sustancia del ser es el alma (el ego real) y el cuerpo físico con su periespíritu son envolturas o vehículos temporales surgidos en la concepción, la atracción primaria no es entre dos cuerpos, sino entre la resonancia magnética y espiritual de las dos mitades de una misma alma.

─ Distribución y polaridad: Aceptar una distribución en la asignación o atracción hacia las envolturas físicas permite explicar que la polaridad del alma (lo masculino/femenino en sentido divino o esencial) no siempre corresponda mecánicamente con la anatomía biológica de la encarnación.

─ Ley de atracción frente al envase: En un porcentaje minoritario, la dinámica de encarnación lleva a que ambas mitades asuman anatomías físicas coincidentes (mismo sexo biológico). Dado que la fuerza motriz de la atracción es la sintonía del alma y no la mera forma de la carne, el impulso afectivo y la unión de sintonía se manifiestan de forma completamente natural en el plano terrenal.

Propuesta de redacción para la Nota Temática
Nota sobre el principio de las almas gemelas y la diversidad afectiva:

El texto original del Profesor Salyards formula la ley de las almas gemelas en los términos conceptuales y en el lenguaje propio de su época (referido a la polaridad de sexos opuestos). Sin embargo, dentro del principio ontológico general —según el cual el alma es la única sustancia real del ser y los cuerpos físicos son vehículos temporales—, la atracción entre almas gemelas obedece a la sintonía esencial de las dos mitades de una misma entidad original, y no a la mera forma anatómica.

A diferencia de otras corrientes como el espiritismo tradicional (que no contempla la existencia de una única alma gemela predestinada), la enseñanza de Padgett afirma la unicidad absoluta de esta relación. Aplicando este paradigma, la existencia de la homosexualidad encuentra una explicación natural: responde a aquellos casos (en un porcentaje minoritario) en que las dos mitades de una misma alma han encarnado en cuerpos del mismo sexo biológico, prevaleciendo la atracción magnética y espiritual del alma sobre la envoltura física.

Mi petición para la nota al pie de abajo

Se podría elaborar además una nota al pie con algo un poco perturbador; y es ver ─asumiendo que esto es cierto, que la homosexualidad es natural─ cómo es posible que no haya habido revelaciones más insistentes y directas sobre ello, y si es que no las hubo.

¿Las ha habido en otras tradiciones o religiones?

Por un lado, nuestro contexto en realidad sería este:

¿Qué mayor revelación, evidencia ─y continua─ que la realidad del hecho de que existen personas tan claramente homosexuales?

Esta carencia en las tradiciones y espiritualidades es algo que puede indignar, y con aparente razón, a muchos homosexuales: cómo es posible, por ejemplo, que mismamente en las revelaciones de Padgett, aun sabiendo claramente ─los espíritus que las dan─ que las almas gemelas pueden encarnar a veces en el mismo sexo, no haya advertencias, enseñanzas, ejemplos de esto, etc., cuando, además, al parecer, algunos de los propios espíritus celestiales (y muy asociados con Jesús, como Juan el famoso apóstol) se dice que serían de ese tipo.

Por un lado, dar una gran relevancia a lo físico no va con el espíritu, el trasfondo, el leitmotiv, etc., de estas revelaciones; ni en general va, por lo que parece, tampoco con las mejores o más puras revelaciones o espiritualidades de la tierra.

Así, es curioso cómo esto es como si se dejara, diríamos (y si quisiéramos pensar como un homosexual dispuesto a «perdonar» a estas revelaciones y en general a las religiones), como si se dejara, íbamos diciendo, a la intuición «obvia» de cada persona (es decir, al hecho de que, por ejemplo, es evidente que hay personas que no sienten absolutamente ninguna atracción por el otro sexo).

Hay casos en que esta carencia de atracción sexual a veces puede denotar una condición enfermiza.

En el caso de que sean personas heterosexuales, podría suceder que estuvieran tan influidas por espíritus, desde que son pequeñas ─ya que muchos desencarnados siguen pegándose a niños y niñas, creyendo por ejemplo que están reencarnando, etc.─, que esas personas están como «apagadas» (y/o confundidas ─la confusión lleva al apagamiento, etc.─) ante el hecho de su verdadero ser, de su yo real (su alma y sus naturales apetitos, tendencias, deseos, etc.), y, por ejemplo, se sienten homosexuales, etc.

Es lógico también tener el siguiente razonamiento: si ya de por sí en las sociedades globalmente hay todavía una enorme discriminación hacia la mujer, y, por tanto, es casi «tabú» el hecho de la igualdad de hombres y mujeres ─en el sentido de «ser un alma» con los mismos «derechos» y «obligaciones», mismas facultades esenciales, etc.,─…, qué no sucederá con la homosexualidad, respecto a la cual, de hecho, ni siquiera se admite esa condición natural, una condición que sería absolutamente esencial para el ser de la persona.

El ser mismo de su alma es lo que hizo que ella y su alma gemela encarnaran en un cuerpo así, del mismo sexo; y, por lo tanto, ya no se trata de mera «desigualdad social», sino de una supresión literal de la posibilidad. En analogía con el machismo: es como si el machista no solo quisiera discriminar sino eliminar a las mujeres; así, con respecto a los homófobos de diversas tradiciones: literalmente muchos quieren eliminar la posibilidad y de hecho eliminan a veces la vida física de tales personas que «perturban» sus creencias, etc.

Nota al pie 1: en torno a la homosexualidad y las revelaciones (elaborada por IA Gemini)

Esta reflexión toca un punto neurálgico y profundamente delicado: la tensión entre el sufrimiento histórico del colectivo homosexual, la escasez o silencio de referencias explícitas en las revelaciones espirituales y los motivos de esa aparente omisión.

A continuación se analizan los distintos ángulos de esta cuestión y se propone una estructura para la nota al pie o anexo reflexivo.

1. Las paradojas y condicionantes de la revelación
Para comprender por qué una realidad tan patente no fue objeto de dictados explícitos o protagónicos en textos como los de Padgett (o en la mayoría de las tradiciones religiosas), existen varios factores de análisis:

A. El condicionamiento socio-cultural del médium y la época
Las revelaciones espirituales, por muy elevadas que sean las entidades que las transmitan, están sujetas al filtro mental, conceptual y lingüístico del instrumento humano (el canal o médium).

─ A principios del siglo XX (1914-1923), la homosexualidad no solo estaba fuertemente estigmatizada, sino perseguida legalmente y calificada como patología o delito.

─ Si los espíritus hubieran volcado conceptos que sobrepasaran drásticamente la capacidad de digerir o tolerar de la mente de Padgett o del público de su tiempo, el mensaje global (cuyo foco central era la doctrina del Amor Divino y la transformación del alma) corría el riesgo de ser rechazado en su totalidad. Las comunicaciones a menudo se adaptan al «techo pedagógico» de su época.

B. La perspectiva del alma frente a la forma física
Desde la perspectiva del mundo espiritual elevado, la categoría biológica o de género es una envoltura secundaria y pasajera:

─ El leitmotiv de las enseñanzas celestiales se centra en la sustancia del ser (el alma) y en su estado de desarrollo moral y espiritual.

─ Para la visión del espíritu, la polaridad esencial es la del alma (atracción de sintonía), mientras que la anatomía física es solo un vehículo de prueba o experiencia. Desde este prisma, enfatizar la etiqueta del sexo biológico sería dar una relevancia desmedida a la dimensión terrenal.

C. La evidencia de la realidad como «Revelación Continua»
Como bien señalas, existe una «revelación natural» que prescinde de textos sagrados: la propia existencia objetiva del fenómeno. La evidencia de que hay seres humanos con una orientación profunda e inamovible hacia su mismo sexo es, en sí misma, una verdad de la naturaleza. Pretender negar la realidad empírica en nombre de un dogma es la raíz del fanatismo.

2. Factores de confusión y complejidad en el plano terrenal
La nota también debe recoger la complejidad que rodea al fenómeno de la identidad y la atracción en el mundo terrenal, distinguiendo la naturaleza real de las influencias ajenas:

1. La interferencia o influencia de espíritus desencarnados: Es una enseñanza recurrente en el espiritismo y en las revelaciones de Padgett que espíritus no desarrollados o confundidos pueden apegarse a los mortales desde la infancia, influyendo en sus pensamientos, apetitos o percepciones, lo que en ocasiones genera confusión sobre la propia identidad o propensión.

2. El bloqueo de las facultades naturales: Apatías, traumas o distorsiones afectivas pueden hacer que una persona desvíe o apague su desarrollo natural.

3. La condición ontológica genuina: Frente a las interferencias o patologías, existe la condición auténtica y primordial: el impulso legítimo del alma que busca a su otra mitad (su alma gemela) sin importar que el vehículo biológico asignado en la encarnación sea del mismo sexo.

3. El paralelo con la discriminación y el tabú estructural
El razonamiento analógico que planteas sobre el machismo y la homofobia es de una gran fuerza lógica y ética:

─ Si en las sociedades humanas ha costado milenios reconocer la absoluta igualdad del alma femenina (relegándola socialmente), la homosexualidad supone un tabú aún más disruptivo para las estructuras dogmáticas.

─ Mientras el machismo busca la subordinación de la mujer, el fanatismo homófobo pretende a menudo la negación radical o la erradicación de la posibilidad misma de existencia de estas personas, fundamentando esa intolerancia en lecturas literales o sesgadas de los textos sagrados.

Propuesta de redacción para la Nota al Pie / Anexo Reflexivo
Esta propuesta está redactada con un tono analítico, empático y doctrinalmente coherente, pensado para incorporarse al documento:

Nota temática: El silencio de las revelaciones sobre la diversidad del alma gemela y la realidad de la homosexualidad

Una lectura atenta de los mensajes espirituales suscita una inevitable interrogante: si la encarnación de almas gemelas en cuerpos del mismo sexo es una realidad natural, ¿por qué los textos transmisores de estas verdades —incluidas las comunicaciones de Padgett— no abordaron de forma explícita y directa esta condición?

Para comprender este silencio, es preciso considerar diversos factores:

1. El filtro cultural del instrumento humano: Toda revelación espiritual se transmite a través del lenguaje, la capacidad mental y el contexto sociocultural del médium. A principios del siglo XX, la mención explícita de la homosexualidad habría supuesto un obstáculo insuperable para la recepción de la enseñanza central del mensaje: la doctrina del Amor Divino y el Nuevo Nacimiento.

2. La primacía del alma sobre la envoltura física: El foco de las enseñanzas celestiales reside en la sustancia del ser (el alma) y su sintonía divina. Desde la perspectiva espiritual, el género físico es un atributo secundario y temporal de la encarnación; por ello, las leyes de la atracción se explican en función de la afinidad de las almas y no de las formas anatómicas.

3. La realidad empírica como revelación continua: Más allá de los textos escritos, la existencia innegable de personas con una orientación homófila profunda representa en sí misma una evidencia natural. La incapacidad de las instituciones o tradiciones de integrar esta realidad refleja los prejuicios humanos del pasado, de forma análoga a como el machismo histórico negó durante siglos la plena igualdad espiritual de la mujer.

Cabe distinguir, no obstante, entre las perturbaciones o confusiones de la identidad derivadas de influencias espirituales ajenas en la infancia o traumas psicológicos, y la genuina atracción del alma. Cuando esta última es auténtica, responde a la ley primordial de sintonía entre las dos mitades de una misma alma, prevaleciendo la verdad del ser por encima de las barreras y dogmas culturales del mundo mortal.

Mi petición para la nota al pie 2 (neutralización e instrumentalización de la homosexualidad en las religiones, etc.)

Entiendo que casi no habrían existido, entonces, espiritualidades y religiones donde dejen absolutamente claro la naturalidad de la homosexualidad, y no la rebajen quizá a un fenómeno accesorio, o relativo a papeles que tienen que cumplir las personas (quizá que son manipuladas y «digeridas» haciéndolas eunucos en su realidad social, etc.).

Nota al pie 2: instrumentalización del fenómeno natural (elaborada por IA Gemini)

Has dado en el clavo con una observación histórica y antropológica crucial: la inmensa mayoría de las instituciones religiosas y tradiciones espirituales formalizadas no han reconocido la homosexualidad como una condición natural y plena en sí misma, sino que, cuando la han tolerado, casi siempre ha sido mediante la sumisión a un rol instrumental, la subordinación social o la neutralización de la persona.

Esta asimilación forzada —que bien defines como «hacerlas eunucos» en su realidad social— ha tomado diversas formas a lo largo de la historia:

1. Las formas históricas de neutralización e instrumentalización
Cuando las sociedades antiguas o tradicionales no persiguieron abiertamente la homosexualidad, rara vez la reconocieron como un ejercicio legítimo y equiparable de amor o unión de almas. En su lugar, recurrieron a mecanismos de encuadre que limitaban el verdadero ser de la persona:

─ El rol ritual o chamánico (Los «Dos Espíritus»): En diversas culturas indígenas (como algunas tribus norteamericanas o en el chamanismo siberiano), a las personas que no encajaban en el binarismo de género o heterosexual se las respetaba, pero bajo la premisa de que poseían un «estatus sagrado especial» o una mediación entre mundos. Aunque esto evitaba la persecución, subordinaba su identidad a una función social y mística específica, en lugar de reconocer simplemente su derecho natural al afecto y a la pareja.

─ La institucionalización del «tercer sexo» (Los Hijras en la India o los castrados/eunucos en Oriente): En el subcontinente indio o en diversas cortes de Oriente Medio y Asia, la diversidad afectiva o de género se canalizó segregando a los individuos en una casta o grupo social aparte. Se les asignaban papeles rituales (bendiciones, bodas, funerales) o de custodia, pero se les despojaba de la plena ciudadanía y de la capacidad de constituir una vida familiar o afectiva ordinaria en igualdad de condiciones.

─ El ascetismo y la sublimación forzada: En las grandes religiones monoteístas (y también en el budismo monástico), la única salida «noble» que tradicionalmente se le ha ofrecido a la persona con atracción hacia su mismo sexo ha sido la castidad obligatoria, el celibato o la reclusión monástica. Es la idea de que la atracción homófila es un «defecto» o una prueba terrenal que debe ser amortiguada y neutralizada mediante la renuncia total a la vida afectiva.

2. La escasez de una visión del Amor en igualdad ontológica
Salvo en desarrollos teológicos muy recientes (como la teología queer contemporánea o ciertas ramas del cristianismo inclusivo y del unitarismo universalista surgidas en las últimas décadas del siglo XX y siglo XXI), prácticamente no existen registros en las religiones históricas antiguas donde se enseñe explícitamente que la atracción homosexual nace de un amor natural, puro y en absoluta igualdad ontológica.

La razón principal estriba en que la mayoría de los sistemas religiosos se estructuraron sobre tres ejes terrenales:

1. El modelo patriarcal de dominación: Donde la jerarquía y los roles de género rígidos eran la base del orden social.

2. El utilitarismo reproductivo: La idea de que la unión entre seres humanos tiene como fin supremo la perpetuación de la especie o de la tribu, reduciendo la sexualidad y el afecto a una función biológica o social.

3. La confusión entre la envoltura y la sustancia: El error de juzgar al ser humano por la anatomía de su cuerpo (la forma) en lugar de hacerlo por la calidad y pureza de su alma (la sustancia).

3. Síntesis para la reflexión
Tu análisis pone de relieve la gran paradoja del desarrollo espiritual humano: mientras que las verdades más elevadas afirman que el alma no tiene sexo biológico y que Dios es Amor puro y sin acepción de personas, los cauces religiosos humanos han tardado milenios en liberarse de sus propios prejuicios culturales.

La renuencia a reconocer la homosexualidad como una expresión natural de la ley del alma (y la tendencia a degradarla a patología, pecado o rol de «eunuco social») demuestra hasta qué punto el dogmatismo humano ha intentado corregir o reprimir la propia diversidad de la Creación.

Versión en inglés

Professor Salyards – Laws of the spirit world continued. (3 May 1915)

I AM HERE, Professor Salyards.

Yes, and I am very much pleased that you have, and that you are in such good condition to write tonight. Well, I desire to continue my discourse on the laws of the spirit world, as known to many spirits.

The next law is: That no matter how much knowledge of material things and of purely physical laws a man may have acquired on earth, his knowledge is not sufficient to fit him for the higher things of the spirit life.

Many men think that because they have this great knowledge of the material universe, they need not attempt to learn the laws which control the operations of spirit life, or the laws which determine the position and development of that part of man commonly known as the soul.

This is a very great mistake, and all human beings, sooner or later, will realize the necessity of learning these more important laws of the soul development, and of the spiritual part of man. I never, while on earth, attempted to investigate these laws, and consequently, when I came into the spirit world, I was as a newborn babe in my understanding of these laws; and so will all humans be who have neglected the investigation and study of these laws, as I did.

I would, therefore, advise every man to give his best endeavor to the study of these laws, and especially that part of them which deals more particularly with the soul’s development and progress towards the greatest happiness. These laws are set forth and declared to a very large extent in the New Testament, and in some parts of the Old are many suggestions as to what a man should do to save his soul from death; and by this I mean the death that comes with neglecting to exercise all the qualities of the soul that a man is capable of exercising, when in the mortal life. A man may let his faculties of mind die by neglecting to feed them the proper mental food, and so with the soul. Of course, the soul never dies, as far as known, in the sense of absolute destruction and disintegration, but it can get into such a state of inertia or lethargy that, so far as it is a part of the activities of man, it may as well be dead.

I don’t mean to say that the mere neglect to exercise these soul faculties will cause a man’s soul to remain dead forever, for that is not so. Sooner or later, either in the mortal life or in the spirit life, this soul will have an awakening, but that awakening may be delayed for many years, and even centuries, and, in its highest sense, it may never have an awakening. So let men know the importance of studying and applying these spiritual laws to their own selves while mortals, and when they come to be spirits, they will find what a great advantage to their progression and happiness such study and application have proved to be.

There is another law of the spirit world that is of vital importance to those in the mortal life, and one which they can learn, and that is, that no man can, of himself, save himself from the penalties of the law of compensation. I have written about this before, but it is of such vast importance, and affects all human beings to such an extent, that I feel justified in saying something more on the subject.

This law of compensation is as fixed as any of God’s laws, and cannot be avoided under any condition or circumstances, except one, and that is the redemption of a man’s soul by the Love of the Father entering into it, and making it at-one with His own, and like His in all the qualities that partake of the Divine essence.

I know that many men do not believe that there can be any forgiveness of sin, because they say it is impossible to make clean, in a moment, the soul of a man that has been steeped in everything vile and sinful while living the life of a mortal. Well, this I believe to be true, and I do not think any of our greatest teachers of these highest truths attempt to declare the doctrine of instantaneous cleansing of a vile and sinful soul; at least, that is not the doctrine taught by the greatest of all teachers, the man of Nazareth, whom I sometimes see and converse with; and he, I believe, knows more of the laws governing the salvation of men, than any other or all other teachers combined.

His teaching here is, that while a soul is not instantaneously cleansed by receiving a portion of the Divine Love, as we have heretofore explained it to you, yet the inflowing of such Love into the soul of a man starts him into the way of right thinking, and causes him to realize that his soul is open to the influence of this Divine Love. So mortals, as well as spirits, may receive this awakening of Divine Grace, to a very large extent, as soon as they realize that this Love is the only thing that will remove the penalties of this law of compensation.

I do not believe that immediately after the sinner feels this Love coming into his soul, he becomes a saint and at once gets rid of his evil nature, for that can hardly be. Such an instantaneous cleansing would scarcely serve the purpose for which the work of this redemptive Love is intended.

Some persons seem to be able to receive more of this Love in a short time than do others, and, consequently, their complete redemption is more quickly accomplished. But to me – and I have experienced the inflowing of this Love, and its effect upon my sinful nature, and upon my recollections of the deeds of my earth life which call into operation this law of compensation – there does not seem to be any probability of an instantaneous cleansing of the soul, so that a man suddenly becomes fitted to live in the Celestial Heavens, where the Father’s Love, in all its purity and completeness, exists. I know it is taught by many preachers, and it is also the dogma of some churches, that the blood of Jesus cleanses from all sin – and that, in the twinkling of an eye – but you must not believe this, for it is not true. The blood of Jesus was spilled many centuries ago, and is now become a part of other elements of the natural world, and cannot save anyone. And I go further and say, as Jesus has taught me, that his blood never had any efficacy in saving anyone. He never taught that his blood could do any such thing, or that the shedding of his blood was in any sense, the means of saving a soul. He is not now teaching any such doctrine, and is disappointed that those who lead the masses of mankind should teach any such doctrine, because it takes their attention away from the one and vital principle which is necessary to their salvation. And that is, the New Birth: which means merely the flowing into a man’s soul and becoming a part of it, of the Divine Love of the Father. It does not come to a man because the blood of Jesus was a sacrifice, to appease the wrath and requirements of the Father, or because of any vicarious suffering of Jesus.

But to return to this law of compensation. No man, by his own exertions, can save himself from the operations of this law, and he, so long as he has this idea of depending on his own powers, will have to pay the penalties. Of course, as he pays these penalties, he progresses nearer and nearer to a time and condition when the law will cease to operate upon him, and he will become comparatively happy; but such payment may require long years of suffering and unhappiness.

So, I say, let man know that for every act and deed, and for not doing what he should have done, he will have to answer the law. I do not mean by this repetition to cause men to think that I delight in showing them that they will have to suffer and live in darkness for a time uncertain, for I do not take any pleasure in calling their attention to this great law, and the certainty of its operations. Rather I do this to help men to avoid these sufferings and unhappiness, by seeking the Love of the Father while on earth, because, from my observations, I believe that it can be found more easily while in the flesh, than after a man becomes a spirit.

Another law of the spirit world is that every human being of one sex has, on earth or in the spirit world, one of the opposite sex, who is his soulmate. The importance of this provision of the Father for the happiness of humans and spirits, has never been fully understood by those who have not with certainty met and recognized their soulmates.

I know that on earth men have claimed that certain of the opposite sex were their affinities, and with such claims as an excuse, have done much wrong and sin.

But the soulmate is not an affinity which may be suggested by the passions or desires, but is one provided by the grace and Love of the Father to live with the other soulmate through all eternity. Before they took on the form of flesh, they were united, and when, in accordance with God’s plan, they separated and became mortals, they became no less soulmates, although they may not recollect their former unity or relationship while living the mortal life. But as certain as God lives, these two soulmates, at some time, after they become spirits, will learn their true relationship to each other, and will, if nothing insurmountable intervenes, come together again in true union and happiness.

The mere fact that a certain man and a certain woman are husband and wife on earth, does not mean that they will live together as husband and wife through all eternity. If they are soulmates, they may, but if they are not, they will certainly separate after they enter the spirit world. That true relationship cannot be hidden here, and no mere form of relationship of husband and wife will suffice to keep the persons together.

The great truth of soulmates is one which needs further elucidation, and one which I will try hereafter to explain more fully. But for now it is sufficient to say that every man born of woman has his soulmate, either on earth or in the spirit world, and vice versa.

Well, I have written a great deal tonight and you are tired, and so am I, and so I will continue at another time the rest of my discourse.

With all my love and best wishes for your happiness and success,
I am, your old professor and friend,
SALYARDS