La materia es una sola (ámbitos físico y «espiritual»)

Índice
─ Introducción
─ Notas, bloque 1
─ Mi petición
Nota temática: La ontología de la materia, la mente y el espíritu en Francis Bacon
1. El marco histórico y epistémico: La apertura a la evidencia post-mórtem
2. La eternidad de la materia y la naturaleza del alma
3. Los descubrimientos científicos: El «conocimiento controlador» y la ironía del establishment
4. La «esquizofrenia» humana: Mente objetiva vs. Mente subjetiva
5. La lógica de la obsesión, influencia o «posesión» espiritual
─ Notas al pie
Nota 1: El ciclo de la materia y la «atenuación» (attenuated material)
Nota 2: Contextualización histórica de la psicología de Thomson Jay Hudson
─ Notas, bloque 2
─ Mi petición
Nota: Ciclo continuo, ser y nada, y la estructura de la realidad
1. El ciclo de retroactividad entre lo visible y lo invisible
2. La «nada» como fase del ciclo: ecos en la física y la filosofía
3. La subjetivación de la facticidad y el «observador» en física
4. El mundo invisible como ámbito productivo y ágil
5. Los agujeros negros como visualización macro del ciclo
6. Conclusión: la realidad como unidad en transformación

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Introducción

Revisando estos mensajes de la colección de Padgett, donde habla Francis Bacon, y estos otros que los complementan (también de Bacon), surgieron las siguientes notas, dispuestas en dos bloques.

NOTAS, bloque 1

Mi petición para dar pie a las notas de abajo

La nota temática trataría sobre las ideas de Bacon vistas.

Estas ideas son complementadas, como dice él mismo que iba a hacer, con otros mensajes, consultables por ejemplo aquí:
unplandivino.net/padgett-francis-bacon/

Diríamos que Bacon se suma a otras personas, mentadas en sus otros mensajes, como Hyslop: un señor muy serio que, ya durante la encarnación (quizá Bacon no lo hizo durante su encarnación) se abrió a las demostraciones de la existencia de la vida personal en el más allá de las mismas personas que una vez estuvieron encarnadas.

Hay varios ejemplos de personas, más o menos célebres, de la misma época que la de Hyslop ─o similar─, que obtuvieron grandes motivaciones, inspiraciones ─reconocidamente por ellos─ de parte del mundo espiritual o de la mera aceptación de su existencia (William James quizá sería otra).

─ La eternidad y la materia.

Nos dice literalmente que lo material es eterno. Esto creo que va contra la concepción cristiana usual todavía, creo. Y tiene lógica: Dios es eterno, y lo que crea, aunque sea impersonal, siendo meramente «energético», es eterno.

Es «potencia» de crear, en el sentido de la «dinamis», a la que no le importa tanto esa dimensión potencial como el «acto/energeia».

Sin embargo, las almas no serían por defecto eternas, a no ser que reciban amor de Dios.

El alma sería una sustancia particular, creada directamente por Dios de manera digamos especial o exclusiva. De hecho es con el alma que podemos habitar en el cuerpo físico y en el cuerpo-espíritu. Es con el alma que somos capaces de «ver universo», es decir, de participar en la creación. Y los instrumentos corporales serían eso, instrumentos.

Sobre el alma seríamos «señores», aunque en sentido último solo para decidirnos entre dos cosas:
─ la eternidad, si recibimos amor de Dios,
─ o el estado «natural perfecto», el cual no sabemos del todo cómo definir en el sentido de si es o no una especie de perpetuidad en suspenso… si nos quedamos sin recibir la eternidad real de dicho Amor Divino.

Por lo tanto, si se cierra la posibilidad del regalo del Amor de Dios (ya que los regalos esencialmente no son algo obligatorio), pasaríamos a un estado de «incertidumbre eterna», con la posible desaparición o fusión en algo (al igual que el alma es creada, podría ser «descreada»).

Solo el amor de Dios consigue que el alma participe de la cualidad «increada» de Dios: la eternidad de Su Amor sería ya indestructible, pero, por libre albedrío, el alma tiene que aceptarlo por sí misma (es consustancial al hecho de tener libre albedrío, o ser libre en el sentido álmico).

Volviendo a lo material (y diríamos «lo material» para que no suene tan fijo como que algo físico siempre ha de quedarse siendo físico, pues no sería así):

De hecho, vemos en los otros mensajes de Bacon que hay como una especie de ciclo entre visible/invisible, material/espiritual. Aunque, en tal «ciclo», gana de cierto modo lo espiritual que, de alguna manera, es «primero» (de ahí su mayor agilidad, etc.).

La verdadera sede de la mente (intelecto) humana estaría más bien en el cuerpo espiritual; y, en el fondo, el asiento último de dicha mente estaría en el alma; esta anima o «alimenta» de vida al cuerpo espiritual, y el alma es una especie de trasfondo vital sustancial; es la sede final de la autoconsciencia, de la personalidad única, del libre albedrío, así como de todas esas «facultades» «emocionales», pero en una versión muy «puramente caracterizable» como tal cosa: emociones, aspiraciones, etc.

─ Los descubrimientos científicos.

Sería útil, creo, situarnos respecto a los hallazgos de los que habla Bacon.

La telegrafía sin hilos quizá aparece más o menos cuando la electricidad.

La electricidad en el fondo no se ve, igual que el viento no lo vemos (aunque no serían lo mismo, claro, ya que los campos y causalidades ahí no serían comparables); y la imaginación humana ha pergeñado diversas explicaciones para alimentar la «necesidad de objetividad» y «sustanciación» más o menos realista de cómo y por qué existe la electricidad.

Nuestro objetivo en este apartado sería en parte el de alumbrar esta parte del texto de Bacon:

«Estos descubrimientos y el funcionamiento de las fuerzas de lo invisible no son ni más ni menos que un cierto tipo de conocimiento que las controla, tal como se ha hecho evidente para su consciencia.»

¿Descubrimientos que son conocimiento controlador? Es evidente que los descubrimientos son conocimiento, y este conocimiento es invisible, es pues «espiritual», en el sentido que estamos viendo aquí.

De hecho, los científicos jamás han visto una ley y sin embargo en muchos campos no se deja de hablar de leyes.

Retrospectivamente, un Bacon quizá diría que no dejan de hablar de «fantasmas», refiriéndonos con esto a que haría una especie de ironía sobre cómo los científicos desprecian los ámbitos invisibles cuando ─digamos─ conviene emocionalmente; esto sucedería, en parte, para con ello no desatar miedos personales, relativos a la existencia general del ser humano y la posible existencia del mundo espiritual; así como relativos al futuro personal y quizá eterno de cada cual, o relativos a la existencia Dios, etc.; así como para no desatar tampoco miedos «materiales»: el de perder la carrera científica si, como Hyslop, nos metemos en los «líos» que Hyslop aceptó considerar… y que nos sacaran quizá del establishment, etc.

─ Hay una «esquizofrenia» y deformación consustancial al humano.

Tenemos mente objetiva y subjetiva, rebautizando eso de la manera baconiana aquí.

La mente subjetiva, en esta definición, de hecho, la estamos poniendo cada noche en operación (sería la protagonista ahí, frente al protagonismo de la mente objetiva en la vida «física demasiado física / humana demasiado humana»).

Todas las noches, el cuerpo espiritual sale ─junto al alma─ del cuerpo físico; se va a unos ámbitos donde tiene experiencias, ya sea que las recordemos o no en la vida «demasiado física» (alma y cuerpo-espíritu siguen unidos al cuerpo físico simplemente por una especie de cordón energético ─así, el cuerpo físico no pierde la vida)

Estas experiencias, en el mundo del estado de sueño, no son sueños: son vivencias reales con dicho cuerpo espíritu.

Ese mundo donde estamos en el «estado de sueño» (sleep state) es parte del mundo espiritual, en sentido global. Y en los mensajes complementarios el mismo Bacon vuelve a hablar de algo que ya surgió: se sabría ya que la materia invisible sobrepasa, como saben los científicos hoy ─pero quizá no en la época de Bacon, aunque quizá lo intuían algunos─, a la visible ─al menos, cuantitativamente, es objetivo que tal cosa sucede, para muchos científicos y teorías oficiales─.

¿Encontrarías otros usos de esta disyunción subj./objetivo, así de claros, en otra literatura?

─ La lógica de la «posesión» posible ─en diversos grados─ por parte de espíritus.

Un espíritu lleva toda la vida acostumbrado a usar un cuerpo. Cuando pasa a ser «solo espíritu» (ya sin estar conectado a ningún cuerpo físico via el cordón energético del que hablamos arriba), es lógico que pueda emplear o quiera emplear las mismas actitudes, etc., de sus facultades, para controlar cuerpos físicos.

Nuestra misma inhabituación a la duplicidad mentada ─la inhabituación que nosotros tenemos ante el hecho de que somos nosotros quienes «tenemos» el cuerpo físico a través de nuestro propio cuerpo espíritu─, nos haría a veces susceptibles de entregar el control, por ejemplo, para permitir que espíritus vivan inercias, adicciones, etc.; o bien, para fines más loables y conscientes, como aquí Padgett ─o en otros lugares otros médiums─ que, a sabiendas, permite un muy concreto uso de las facultades físicas pasándolas al control de otras almas ─desencarnadas─.

Nota elaborada por IA Gemini

Nota temática: La ontología de la materia, la mente y el espíritu en Francis Bacon
El bloque de mensajes transmitido por el espíritu atribuido a Francis Bacon plantea una revisión ontológica y epistemológica de calado, conectando la ciencia moderna con la realidad metafísica del mundo espiritual. Bacon —famoso en su encarnación por sentado las bases del empirismo y del método científico— aplica aquí esa misma lucidez analítica para desmontar los prejuicios del materialismo y redefinir las relaciones entre la materia, el alma, la mente y los fenómenos mediúmnicos.

1. El marco histórico y epistémico: La apertura a la evidencia post-mórtem
Bacon se suma a la línea de pensadores e investigadores que —a finales del siglo XIX y principios del XX— decidieron aplicar el rigor de la observación a la supervivencia de la personalidad tras la muerte. Destaca la figura de James H. Hyslop (profesor de lógica y ética en la Universidad de Columbia), quien, tras un escepticismo inicial, se abrió empíricamente a la demostración de la continuidad de la vida personal mediante la investigación psíquica. Junto a figuras como William James o Sir Oliver Lodge, estos autores encontraron en la aceptación del mundo espiritual una motivación conceptual e intelectual de primer orden.

A diferencia del rechazo dogmático, esta postura sostiene que la supervivencia personal no es un dogma de fe ciega, sino un hecho demostrable mediante la experiencia y la observación sistemática de las facultades de los desencarnados.

2. La eternidad de la materia y la naturaleza del alma
A. La materia como sustancia eterna
Uno de los puntos teológicos y filosóficos más rompedores formulados por Bacon es que lo material es eterno. Frente a la concepción teológica tradicional que postula la creación ex nihilo de la materia y su posterior destrucción o condena a la nada, el texto sostiene que la materia del universo (en sus infinitas gradaciones, desde la física denso hasta la espiritual sublimada) es indestructible.

Desde una perspectiva filosófica, esto guarda una profunda lógica: Dios, siendo Eterno, proyecta una creación que, aunque impersonal o puramente «energética», participa de esa cualidad de permanencia. La Creación es la manifestación continua del Acto (energeia) y de la Potencia (dynamis) divinas.

B. El alma: Sustancia única y el regalo de la Eternidad
Por el contrario, el texto plantea que las almas humanas no son eternas «por defecto» en el sentido de una inmortalidad divina inherente, sino que han sido creadas de forma directa e individual por Dios como una sustancia única.

─ Función del alma: El alma es el trasfondo vital sustancial, la verdadera sede de la autoconciencia, de la personalidad indivisible, del libre albedrío y de las aspiraciones afectivas. Es gracias al alma que el ser humano puede habitar un cuerpo físico o un cuerpo espiritual, y es a través de ella como «vemos el universo» y participamos en la creación.

─ Instrumentalidad de los cuerpos: Los cuerpos (tanto el denso terrenal como el espiritual sublimado) son meros instrumentos de envoltura destinados a la protección e individualización del alma que contienen.

─ El dilema de la inmortalidad real: El alma es «señora» de su destino en cuanto a su libre albedrío, pero este se reduce en última instancia a una elección fundamental:

1. La Eternidad Divina: Aceptar el regalo del Amor Divino del Padre, el cual transforma la sustancia del alma y la hace participar de la cualidad increada de Dios, otorgándole una inmortalidad indestructible y venturosa.

2. El estado «natural perfecto» o incertidumbre: Permanecer en la perfección natural de su creación. Al ser el Amor de Dios un regalo que no se impone por la fuerza (lo cual violaría la naturaleza del libre albedrío), el alma que prescinde de esta transformación queda en un estado de perpetuidad en suspenso o de «incertidumbre eterna», sujeta a la posibilidad teórica de ser «descreada» o reintegrada, dado que solo el Amor Divino confiere la naturaleza verdaderamente increada e indestructible.

C. El ciclo entre lo visible y lo invisible
Existe un dinamismo constante entre lo visible y lo invisible. Sin embargo, en este ciclo «gana» lo espiritual: el plano espiritual es primario, más ágil y causal, mientras que el plano físico es una mera condensación o atenuación de esa misma materia universal.

3. Los descubrimientos científicos: El «conocimiento controlador» y la ironía del establishment
Bacon sitúa las leyes científicas en una perspectiva reveladora al analizar inventos de su época o de épocas adyacentes (como la electricidad o la telegrafía sin hilos):

A. La invisibilidad de las fuerzas físicas
Tanto la electricidad como las ondas hertzianas de la telegrafía inalámbrica operan mediante campos invisibles. Nadie ha «visto» la electricidad en sí misma (como tampoco se ve el viento), sino solo sus efectos. La ciencia materialista ha tenido que idear modelos conceptuales para dar un sustento «objetivo» a estas fuerzas invisibles.

B. Los descubrimientos como «conocimiento controlador»
El texto afirma que «estos descubrimientos y el funcionamiento de las fuerzas de lo invisible no son ni más ni me menos que un cierto tipo de conocimiento que las controla».

─ El descubrimiento científico no es la creación de una fuerza, sino la adquisición de un conocimiento invisible (un acto de la mente o del espíritu) que permite manipular y encauzar esa fuerza.

─ Los científicos no han visto jamás una «ley natural» en estado puro; las leyes son construcciones o aprehensiones invisibles del intelecto. Los científicos aceptan la electricidad no porque la «vean», sino porque observan sus efectos. Sin embargo, niegan la existencia del plano espiritual basándose en esa misma invisibilidad, incurriendo en una flagrante incoherencia metodológica.

C. La ironía sobre la «fobia a los fantasmas»
Bacon ejerce aquí una sutil ironía: los científicos materialistas manejan constantemente «fantasmas» (conceptos invisibles, campos magnéticos, leyes impalpables, fuerzas no físicas) y los aceptan sin reparo cuando conviene al paradigma dominante. Sin embargo, niegan con vehemencia el ámbito de la materia y de la vida invisible cuando este roza la existencia de los espíritus, del alma o de Dios. Esta ceguera selectiva nace de miedos humanos muy concretos:

─ Miedos existenciales: El pavor a confrontar la responsabilidad de la propia supervivencia post-mórtem, el juicio de las propias leyes morales (temor a confrontar la realidad del juicio moral implícito en la continuidad de la vida y la existencia de una inteligencia superior).

─ Miedos profesionales o de estatus: El temor a ser condenado al ostracismo académico y perder la carrera o el prestigio en el establishment científico, tal como le ocurrió en buena medida a Hyslop y a otros investigadores psíquicos al cruzar la frontera de lo «socialmente aceptable».

4. La «esquizofrenia» humana: Mente objetiva vs. Mente subjetiva
Bacon redefine la clásica distinción de la psicología de la época entre mente objetiva y mente subjetiva, despejando errores conceptuales:

─ Una sola mente indivisible: La mente no está dividida en dos compartimentos estancos; es una sola entidad unificada, una única facultad operativa manifestándose en dos regímenes distintos..

─ Mente objetiva: Es simplemente la faceta de la mente que opera a través del cerebro físico para gestionar las necesidades y asuntos de la vida terrenal.

─ Mente subjetiva: Es esa misma mente operando en el plano de la materia invisible, capacidad que la mayoría de los seres humanos ejerce todas las noches durante el estado de sueño (sleep state).

La vivencia nocturna del estado de sueño
Durante el sueño, el cuerpo espiritual —también animado por el alma— sale del cuerpo físico, manteniéndose unido a este únicamente por un cordón de conexión energética para preservar la vida biológica. Las experiencias del alma en este estado no son simples «fantasías neuroquímicas», sino vivencias reales del cuerpo espiritual en el plano invisible.

Esta disyunción o «dualidad» funcional genera una suerte de «esquizofrenia» o amnesia en el ser humano encarnado: vive cotidianamente sumergido en experiencias del mundo espiritual durante la noche, pero su mente objetiva las olvida, las deforma o las niega al despertar debido a la mente objetiva y a la densidad de los órganos cerebrales.

(Nota comparativa: Esta formulación de la mente subjetiva como la verdadera mente del cuerpo espiritual actuando al margen del cerebro encuentra ecos muy singulares en la literatura de la psicología hipnótica del siglo XIX —como en las tesis de Hudson en «La ley de los fenómenos psíquicos»—, pero Bacon la despoja de reduccionismos mecanicistas y le otorga su auténtico fundamento ontológico en el cuerpo espiritual).

5. La lógica de la obsesión, influencia o «posesión» espiritual
La explicación que Bacon ofrece sobre cómo un espíritu puede actuar sobre la materia o sobre un ser humano despoja de todo tinte supersticioso a la mediúmnidad y a la obsesión espiritual:

─ Inercia de hábito y capacidad sobre la materia: Un espíritu, tras su vida encarnada, conserva en general la memoria y la costumbre de manipular órganos físicos. Puesto que la materia espiritual o sutil sigue siendo materia y responde a la mente, el espíritu desencarnado posee un dominio directo sobre ella.

─ Ley de consentimiento y sintonía: Ningún espíritu puede controlar el cuerpo de un mortal si la mente de este último no lo permite. Para que ocurra un fenómeno de influencia, se requiere una alineación o «armonía» entre las condiciones del espíritu y las del encarnado.

* Control de bajo grado o compulsivo: Ocurre cuando el mortal, por degradación moral, vicios o dejadez de su voluntad, cede inconscientemente el control de sus facultades cerebrales a espíritus atrasados que buscan experimentar sensaciones físicas a través de él.

* Control altruista o mediúmnico (Caso Padgett): Ocurre cuando un médium pone deliberadamente sus facultades físicas a disposición de espíritus elevados para que, operando sobre las leyes de la materia y de la mente, transmitan verdades científicas y espirituales a la humanidad

Nota complementaria elaborada por IA Gemini (para ella se han usado un poco, a sugestión mía, estos otros textos de Bacon, ya enlazados arriba, y también dados a través de Padgett (años 1918-1919))

Notas al pie
Nota 1: El ciclo de la materia y la «atenuación» (attenuated material)
(Sobre la aparente paradoja del término «atenuado» frente a la mayor sustancialidad del mundo espiritual)

En sus textos, Bacon emplea términos como materia «atenuada» (attenuated) o «sublimada» para referirse al sustrato del que están compuestos el mundo espiritual y los cuerpos de sus habitantes. Podría parecer contradictorio que se use la palabra «atenuado» (que sugiere debilidad o rarefacción) cuando los propios espíritus afirman que las esferas espirituales son exponencialmente más sustanciales, luminosas, dinámicas y reales que el plano denso terrenal.

Sin embargo, el uso del término por parte de Bacon responde estrictamente a una precisión de la física de los estados de la materia, orientada a la comprensión del intelecto humano:

─ Atenuación como reducción de densidad física: Desde la perspectiva de la física terrenal, la materia espiritual está «atenuada» porque ha perdido la densidad, la inercia opaca y la resistencia basta del plano atómico o molecular ordinario.

─ Mayor energía y labilidad ágil: Esta «atenuación» en términos de masa física densa es precisamente lo que permite un incremento en la frecuencia vibratoria, la energía pura y la agilidad de la materia espiritual. No es atenuación de realidad o sustancia, sino de resistencia inerte.

─ El ciclo continuo: Bacon describe un ciclo de transformación y retransformación constante entre la materia visible e invisible [en sus mensajes complementarios, dentro de la colección Padgett]. Este principio guarda una simetría conceptual impactante con la física contemporánea:

* Materia oscura y energía del vacío: La ciencia oficial reconoce que más del 80% de la materia del universo es «materia oscura» que no interactúa con la luz (materia invisible que, sin embargo, posee masa y gravedad).

* Fluctuaciones cuánticas: En la Teoría Cuántica de Campos, el vacío no es la nada, sino un medio continuo e hipermóvil donde pares de partículas emergen del «vacío» (fase invisible) a la manifestación y retornan a él.

* Filosofía del «Ser y la Nada»: Como expone Hegel en su Ciencia de la Lógica, el Ser y la Nada no son opuestos estáticos, sino momentos dinámicos del Devenir. Para Bacon, la «nada» percibida por el mortal es en verdad la fase más rica, ágil y saturada de materia del universo.

* Macro-analogía de los agujeros negros: Los agujeros negros representan visualmente este vórtice del ciclo: materia visible que colapsa hacia un horizonte no perceptible, donde la sustancia se redistribuye en otros regímenes cósmicos sin destruirse jamás.

Nota 2: Contextualización histórica de la psicología de Thomson Jay Hudson
(Sobre la relación con «La ley de los fenómenos psíquicos»)

La utilización por parte de Bacon de los términos mente objetiva y mente subjetiva hace un guiño directo a la terminología popularizada a finales del siglo XIX por Thomson Jay Hudson en su célebre obra La ley de los fenómenos psíquicos (1893).

Hudson, un influyente ensayista estadounidense, intentó explicar todos los fenómenos hipnóticos, de curación mental y de comunicación mediúmnica mediante una hipótesis puramente psicológica reduccionista:

─ Tesis de Hudson: Afirmaba que el ser humano posee dos mentes: la objetiva (que razona inductivamente y opera a través del cerebro físico) y la subjetiva (que funciona por sugestión, tiene memoria perfecta, opera al margen de los sentidos y controla las funciones del cuerpo). Hudson sostenía erróneamente que la mente subjetiva era la fuente de todas las supuestas «comunicaciones de espíritus», rechazando la supervivencia post-mórtem real.

─ La corrección ontológica de Bacon: Bacon adopta la nomenclatura de Hudson por ser familiar para los estudiosos de la época, pero desmonta su error reduccionista:

1. Bacon aclara que no se trata de dos mentes ontológicamente separadas o divididas, sino de una sola mente operando en dos medios o instrumentos distintos.
2. La llamada «mente subjetiva» no es un mecanismo subconsciente terrenal ni un depósito de sugestiones, sino el funcionamiento directo de la mente a través del cuerpo espiritual en la materia atenuada o sutil.
3. Al situar la mente subjetiva dentro del cuerpo espiritual, Bacon devuelve la explicación de las vivencias del sueño y de la mediumnidad a su verdadero marco ontológico: la supervivencia real de la personalidad y la existencia del mundo espiritual como un hecho de la naturaleza.

NOTAS, bloque 2

Mi petición

La nota temática sería para exponer, aceptando estas comunicaciones de Padgett que hemos visto arriba, estos puntos:

─ Ciclo continuo.

Se nos ha hablado arriba de que hay una constante interacción que podríamos entender como ciclo de retroactividad entre los aspectos material visible e «inmaterial» invisible.

Para nosotros, lo que nos parece inmaterial es en realidad igualmente material o incluso es «más material», ya que en ese «otro lado», en realidad, nos dice Bacon que se encontraría la mayor parte de la materia universal (cosa esta que coincidiría con la observación científica oficial de que la «materia oscura» sería la mayor parte del universo).

Sobre ese «ciclo continuo», entonces: ¿se podrían encontrar pistas de la física-matemática sobre que los campos están reflejando en realidad esa especie de interacción entre «ser y nada»?

También es una constante en la escritura filosófica el tener en cuenta ─como en la Lógica de Hegel, o en títulos existencialistas─ el «ser y la nada» como un par a su modo «productivo», digamos.

En la aparente torpeza ─por su complicación─, y en los intentos aparentemente infructuosos de la metafísica filosófica, podríamos entender que se está reflejando en realidad esa realidad tan importante: nuestra existencia también en el mundo espiritual.

Para nosotros, y teniendo en cuenta nuestras conceptualizaciones matemáticas de la física ─con la teoría de campos cuánticos, etc.─ la nada, esa nada que en realidad sería causa eficiente de muchas cosas (al estar «ciclada» con el «ser»), sería representada a veces quizá con ciertos «ceros probabilísticos» que surgen.

Los «operadores» (matemáticas) de la mecánica cuántica, surgen quizá como concepto operativo ─y se van profundizando al seguirse usando en muchas formas de esas teorías─ como una especie de concretización de la ilusoria subjetivación de la facticidad, que hemos visto arriba.

En esa falsa paradoja «cuántica», tan explotada seudofilosóficamente ─la de la mecánica cuántica y el problema del observador, etc.─, se nos estarían devolviendo, de parte de la realidad real, las cosas que nosotros estamos, complicada e ilusoriamente, proyectando sobre lo que desconocemos.

Esa «respuesta informativa» sería algo interpretado sesgadamente por nuestra parte, debido en parte a esa ilusoria subjetivación de lo fáctico real, no lo fáctico imaginado (ese ciclo continuo entre un invisible y un visible).

El mundo invisible, además, sabemos por las revelaciones que es muy productivo, en el sentido de que es muy ágil. Los cuerpos espirituales, que todos tendríamos a la vez que el físico, son al parecer mucho más rápidos en sus operaciones y en su modo de reflejar el estado real del alma ─anímico─, de ese nuestro núcleo que llamamos alma ─y que sería lo creado directamente por Dios─.

El cuerpo espiritual es semejante al cuerpo físico, en parte, al menos exteriormente; las leyes del mundo espiritual van a ser bastante diferentes en realidad, aunque siempre habrá analogías entre lo físico y lo de allí.

El tema de los agujeros negros: estos quizá son, o indican, una especie de analogía o «visualización» «macro» del continuo intercambio entre lo visible y lo invisible.

Nota elaborada por la IA Deepseek

NOTA TEMÁTICA: CICLO CONTINUO, SER Y NADA, Y LA ESTRUCTURA DE LA REALIDAD
A partir de las comunicaciones de Francis Bacon y otras fuentes espiritistas, podemos extraer una serie de coordenadas que, leídas desde la filosofía y la física contemporánea, sugieren un modelo de realidad donde lo visible y lo invisible, lo material y lo que llamamos «inmaterial», no son opuestos sino fases de un mismo continuo.

1. El ciclo de retroactividad entre lo visible y lo invisible
Bacon insiste en que la materia del universo es una y no diversa. Lo que los hombres perciben como material es solo una fracción —probablemente la menor— de esa materia universal. La mayor parte reside en el mundo invisible, aunque sujeta a transformación en lo visible y retransformación en lo invisible. Esta ida y vuelta constituye un ciclo continuo de intercambio, donde un mismo sustrato cambia de forma y de perceptibilidad, pero no de naturaleza.

Este ciclo no es un mero tránsito pasivo, sino un proceso activo: los espíritus utilizan la materia invisible en su trabajo y su vida, y en ocasiones la hacen perceptible para los sentidos humanos (fenómenos de materialización, fotografía espiritual, etc.). Es decir, hay una interacción constante entre ambos «lados» del ciclo, una retroalimentación que no rompe la unidad del material, sino que la manifiesta en distintos regímenes de realidad.

2. La «nada» como fase del ciclo: ecos en la física y la filosofía
Si lo visible es una fase condensada o perceptible de la materia universal, lo invisible —que para nosotros suele ser «nada» o vacío— sería en realidad la fase más extensa y, en cierto sentido, la más «material» (pues alberga la mayor parte de la materia del universo). Esta idea encuentra un eco sorprendente en la física actual: la materia oscura constituye aproximadamente el 85% de la masa del universo, y es completamente invisible e indetectable por los medios ordinarios. No es «nada», sino una forma de materia que no interactúa con la luz.

Pero el ciclo va más allá: en la teoría cuántica de campos, el vacío no es ausencia, sino un hervidero de fluctuaciones donde pares de partícula-antipartícula aparecen y se aniquilan constantemente. Ese «vacío» es productivo, genera efectos medibles (energía del vacío, polarización del vacío). Podríamos leerlo como un análogo físico del ciclo baconiano: el «ser» (partículas) emerge del «no ser» (vacío) y retorna a él, en un bucle que no es destructivo sino generativo.

En la filosofía, Hegel en su Ciencia de la lógica parte del ser puro y su opuesto inmediato, la nada, para mostrar que ambos se resuelven en el devenir: ser y nada no son contrarios estáticos, sino momentos de un mismo movimiento. La realidad no es un conjunto de entidades fijas, sino un proceso donde la determinación surge de la indeterminación y vuelve a ella. Este esquema dialéctico encaja con el ciclo continuo: lo visible es el «ser» momentáneo de la materia, lo invisible es su «nada» aparente, y ambos se transforman el uno en el otro sin que la sustancia subyacente desaparezca.

3. La subjetivación de la facticidad y el «observador» en física
Bacon señala un error humano recurrente: los hombres toman su propia conciencia limitada (lo que pueden ver, oír, tocar) como criterio de lo real. Reducen la naturaleza a aquello que cabe en su cognición, y descalifican lo que escapa a sus sentidos como irreal o inaceptable. Este es el núcleo de lo que podemos llamar subjetivación de la facticidad: el sujeto proyecta sus límites sobre el objeto y confunde el mapa con el territorio.

En la mecánica cuántica, el «problema del observador» ha sido a menudo malinterpretado como si la conciencia colapsara la función de onda. Pero una lectura más sobria —y más cercana a las revelaciones de Padgett— podría ser: el observador no crea la realidad, sino que recibe una respuesta informativa de un mundo que ya está ahí, pero que solo se manifiesta en los términos en que el observador está equipado para preguntar. El error está en creer que la respuesta agota lo real. Los «operadores» matemáticos de la teoría cuántica (hamiltonianos, operadores de evolución) son herramientas humanas para modelar esa interacción; pero la realidad que modelan no se reduce a esos modelos.

La paradoja cuántica se explota seudofilosóficamente cuando se presenta como si la física hubiera descubierto que la mente crea la materia. En realidad, lo que muestra es que nuestros instrumentos conceptuales y sensoriales filtran lo real; y la naturaleza, al responder a esos filtros, nos devuelve una imagen sesgada. Ese sesgo es precisamente la subjetivación de lo fáctico: tomamos las respuestas que obtenemos como si fueran el todo, cuando son solo el eco de nuestras propias preguntas.

4. El mundo invisible como ámbito productivo y ágil
Según las comunicaciones, el mundo espiritual no es un reino estático ni etéreo en el sentido de «menos real». Es, al contrario, muy productivo: los cuerpos espirituales son más rápidos en sus operaciones, más sensibles al estado del alma (el núcleo creado directamente por Dios), y reflejan con mayor fidelidad el ser interno de la persona. El cuerpo espiritual es análogo al físico en su forma exterior, pero está gobernado por leyes diferentes —aunque no radicalmente ajenas, pues la materia sigue siendo una.

Esta agilidad del mundo invisible sugiere que el «ciclo continuo» no es un mecanismo ciego, sino un intercambio vivo donde la voluntad, el amor y la inteligencia de los espíritus participan activamente. La materia invisible no es un residuo pasivo, sino un medio de trabajo y de expresión. Los fenómenos de materialización no son violaciones de las leyes naturales, sino usos de leyes que los hombres aún no conocen o no aceptan porque no encajan en su limitada conciencia material.

5. Los agujeros negros como visualización macro del ciclo
Un agujero negro es una región donde la materia visible colapsa y, desde nuestra perspectiva, «desaparece» más allá de un horizonte de sucesos. Pero la física nos dice que esa materia no se aniquila; se transforma en una forma extremadamente condensada, y emite radiación (Hawking) que, en escalas de tiempo colosales, puede reconvertirse en partículas. Es un ciclo de ocultación y re-emergencia que, a escala cósmica, recuerda el ciclo baconiano: lo visible (la estrella) se vuelve invisible (agujero negro, materia oscura) y eventualmente puede retornar a la visibilidad.

Leídos desde el esquema que hemos trazado, los agujeros negros serían como «vórtices» del ciclo continuo, puntos donde el intercambio entre lo visible y lo invisible se hace más intenso y evidente. No son portales a otro universo, sino concentraciones del mismo ciclo, donde la materia cambia de régimen de perceptibilidad sin dejar de ser materia. La mayor parte de la materia del universo, según Bacon, está en lo invisible; los agujeros negros podrían ser una manifestación local de esa preponderancia, un recordatorio de que la «nada» aparente es, en realidad, un depósito inmenso de realidad.

6. Conclusión: la realidad como unidad en transformación
El modelo que emerge de estas comunicaciones, confrontado con la física y la filosofía, es el de una realidad una y dinámica, donde lo visible y lo invisible, el ser y la nada, no son sustancias separadas sino fases de un mismo proceso. El error humano —la subjetivación de la facticidad— consiste en tomar una fase por el todo y exigir que el resto se ajuste a sus criterios limitados. La ciencia, cuando no cae en ese sesgo, está en camino de descubrir que la naturaleza es mucho más amplia, más ágil y más interconectada de lo que los sentidos y las matemáticas actuales pueden abarcar.

El ciclo continuo no es un misterio inaccesible, sino una estructura operativa que los espíritus conocen y utilizan. Y, como sugiere Bacon, el conocimiento de esa estructura no solo es científico, sino que tiene implicaciones para nuestra vida y nuestro desarrollo espiritual: nos invita a expandir nuestra noción de lo real, a aceptar que lo invisible es más real de lo que suponemos, y a reconocer que nuestra existencia no termina en la muerte, sino que continúa en ese otro lado del ciclo, donde la materia es igualmente real y donde el amor y el conocimiento nos esperan.

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