[Últ. act.: 30 agosto 2026]
Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español
─ Notas
─ Versión en inglés
___
Introducción
─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
La lectura de estos mensajes dura en el audio hasta el minuto 20:18, y luego hay comentarios.
Esta vez vemos los siguientes dos mensajes, que son de Ann Rollins y uno breve de Jesús. Ann explica algunos aspectoas de la cuestión de las diferentes esferas o «dimensiones» del mundo espiritual (hemos visto en alguna medida estas cosas, pero de ellas siempre iremos teniendo más «intuiciones», en los textos de los mensajes que se van añadiendo, y en nuestras lecturas y relecturas).
Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:
Forma parte de un libro que es el segundo volumen de una recopilación concreta de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, de Jesús de Nazaret.
Estos volúmenes fueron preparados y/o compartidos así por Divine Truth, entre otras personas.
Este segundo volumen no estructura los mensajes según temas. Y tal como se ve en su índice, contiene:
─ Una introducción;
─ Una nota breve sobre la edición digital;
─ La lista de mensajes,
─ y un breve apartado final, donde sólo se presenta de nuevo la oración que podemos llamar «del amor divino», y que vimos en el primer volumen.
Versión en español
Jesús dice que Ann Rollins es un espíritu muy capacitado para tratar aquellas cuestiones que revelan las verdades del Padre (5 junio 1915)
Estoy aquí. Jesús.
Esta noche solo quiero decirte que estás en mucho mejores condiciones para escribir mis mensajes y para recibir el Amor del Padre en tu alma.
Recibiste mi mensaje la otra noche de manera muy satisfactoria, y me complace la forma en que captaste mi significado. Así que muy pronto tendremos otro mensaje, uno muy importante.
Estoy contigo en tus horas de soledad tratando de ayudarte, consolarte y guiarte hacia el Amor del Padre.
Esta noche no escribiré más, pues deseo que escriba otra persona, quien te dará un mensaje que te interesará mucho.
Me refiero a tu abuela. Ella es un espíritu muy capacitado para tratar las cuestiones pertenecientes al espíritu; me refiero a aquellas que revelan a los hombres las verdades del Padre, tal como ella las ha aprendido y las comprende, no solo en un sentido mental, sino mediante las percepciones de su alma.
Así pues, te beneficiarás mucho de lo que ella pueda escribir, y te darás cuenta de que es un espíritu maravilloso en el conocimiento de todas estas cosas que hablan del Amor de Dios, y de Su cuidado y misericordia hacia la humanidad.
Ahora, con mi amor y bendiciones, y las del Padre, te doy las buenas noches.
Tu amigo y hermano,
Jesús.
Descripción de las diversas esferas y los diferentes tipos de espíritus que las habitan, por Ann Rollins (5 junio 1915)
Bueno, mi querido nieto, estoy aquí y esta noche deseo escribir un rato sobre algunas cosas que son verdaderas, y mostrarte el modo en que obra el Amor de Dios entre los hombres y los espíritus.
He tenido mucha experiencia, aunque no he estado en el mundo espiritual durante mucho tiempo ─tal como contamos el tiempo, cosa que en realidad no hacemos; pero uso simplemente esta expresión para que entiendas lo que quiero decir─.
Estoy, como te dije, en la segunda Esfera Celestial, donde también se encuentran tu esposa y tu madre. En esta esfera, todos los habitantes son espíritus que han sido redimidos por el Amor Divino y la gran misericordia del Padre, y por el gran don de la inmortalidad del que Jesús te escribió la otra noche.
Ahora las cualidades de mi alma están tan desarrolladas que me doy cuenta de que soy parte de la naturaleza Divina del Padre, y de que poseo en mí esas cualidades de Su naturaleza que me hacen inmortal ─inmortalidad que jamás me podrá ser arrebatada─; y esto que digo se aplica a todos los habitantes de esta esfera.
Por supuesto, entenderás que aún podemos obtener más Amor, pues nuestro progreso en el Amor Divino nunca cesa hasta que llegamos a la presencia misma del Padre y somos capaces de verlo mediante las percepciones de nuestra alma.
Esta fase no la podrías comprender de ninguna manera tal como eres ahora, pero lo harás cuando llegues al lugar donde yo estoy; e incluso es posible que, en cierto modo, la comprendas durante la vida mortal, pero no hasta el punto en que lo harás cuando te conviertas en espíritu y vivas en esta esfera.
Tu madre y tu esposa tienen ahora esta cualidad de percepción del alma, pero incluso entre nosotras existe una diferencia en la comprensión de la misma, y me han dicho que a medida que progrese más alto y reciba más de este Amor, dicha percepción álmica se volverá más clara y gratificante para mí. Así pues, cuando nos oigas decir que estamos redimidos y que poseemos una parte de la Esencia Divina del Padre, debes entender que se trata de algo relativo y que no somos perfectos; ni siquiera el Maestro es perfecto tal como Dios es perfecto, según él mismo nos dice, sino que está progresando en la adquisición de este Amor y en el acrecentamiento del poder de esta percepción del alma.
Hasta que alcanzamos la primera Esfera Celestial, no poseemos una cantidad suficiente de este Amor como para hacernos partícipes de esta naturaleza Divina del Padre hasta el grado en que todos los amores naturales sean absorbidos por el Amor Divino; pues todos los que se encuentran por debajo de esa esfera poseen en mayor o menor medida el mero amor natural, el cual les hace conservar sus afectos mundanos ─me refiero a aquellas cosas que tienden a retrasar su progreso─.
Por supuesto, nuestro amor natural por nuestros familiares o amigos no nos abandona ni siquiera después de alcanzar las Esferas Celestiales; sin embargo, al convertirnos en habitantes de estas esferas, no tenemos ningún interés en los asuntos de la tierra ni en su gobierno.
La séptima esfera es la que separa a los espíritus que tienen cualidades meramente intelectuales o morales ─las cuales están desarrolladas, por así decirlo, al máximo grado─ de aquellos espíritus que, además del desarrollo mental y moral, tienen sus almas desarrolladas por el Amor Divino del Padre.
Ningún espíritu que no posea este Amor puede convertirse en habitantede la séptima esfera; de modo que cuando oigas que alguno de tus amigos o conocidos espirituales, o cualquier otro espíritu, se encuentra en la séptima esfera, sabrás que esos espíritus han recibido el Amor Divino en una medida un poco inferior a la que les permite entrar en la primera Esfera Celestial y los hace uno con el Padre y, por lo tanto, inmortales.
La sexta esfera es aquella donde las cualidades mentales y morales se desarrollan al máximo; y no es necesario que el espíritu posea un gran desarrollo del alma para convertirse en habitante de esta esfera. En otras palabras, es una esfera destinada especialmente a aquellos espíritus que han prestado más atención a la mejora de sus mentes y de sus cualidades morales que al desarrollo de sus almas mediante la obtención del Amor Divino del Padre. Esta esfera es de gran felicidad para estos espíritus de excelencia mental y moral, y es la más alta que pueden alcanzar en su progreso en el mundo espiritual.
Por supuesto, estos espíritus también pueden recibir este mayor desarrollo del alma, pues el Amor Divino es gratuito y aguarda a todos los hijos de Dios; pero mi observación ha sido que, cuando los espíritus que hallan su felicidad en ocupaciones puramente mentales o en el desarrollo de sus naturalezas morales entran en esta esfera, rara vez se sienten lo suficientemente insatisfechos con su estado de felicidad como para desear o buscar uno mayor; de hecho, la mayoría de ellos no creerá que exista una felicidad mayor que puedan alcanzar y, de ahí, la satisfacción adormecedora que los domina.
Sé que te puede resultar un poco difícil comprender este asunto tal como he intentado explicarlo, pero lo que he dicho es cierto; y en el día de la separación, estos espíritus se darán cuenta de ese hecho, pero entonces será demasiado tarde para remediar su descuido o su falta de deseo álmico por el desarrollo del alma, el cual solo se logra mediante la afluencia del Amor Divino en el alma en suficiente abundancia, y que es necesario para permitirles convertirse en habitantes del Reino Celestial.
(Pregunta)
Pues bien, cuando un espíritu entra en el mundo espiritual, su estado de desarrollo mental, moral o espiritual determina dónde vivirá al principio. En la gran mayoría de los casos, el primer hogar del espíritu es el plano terrenal, y en él hay diversos planos, respectivamente superiores o inferiores a otros. Así pues, cuando el espíritu se encuentra en el plano terrenal, descubre también que su condición no es muy diferente de la que tenía en la tierra. Prevalecen las mismas ideas sobre el bien y el mal, sobre las creencias, los afectos y los deseos.
A veces estas condiciones duran muchos años, y en otras ocasiones el cambio puede ocurrir de manera relativamente rápida. Este cambio de condición depende con frecuencia de los amigos o familiares que intentan ayudarlos e instruirlos cuando llegan.
Si tales espíritus ayudantes están ellos mismos desarrollados en la línea de las ocupaciones intelectuales, se esforzarán de forma más natural por dirigir al espíritu recién llegado a lo largo de esa misma línea de pensamiento y aspiraciones; y lo mismo ocurre con los ayudantes desarrollados moralmente: harán que las cuestiones de moralidad sean las más importantes a las que los nuevos espíritus deban prestar atención. Y lo mismo sucede con los ayudantes espirituales, o aquellos que han recibido el Amor del Padre en sus almas y para quienes dicho Amor es lo más importante en todo el mundo espiritual: de manera natural se esforzarán por instruir al espíritu en las materias pertenecientes a este Amor y a su constante desarrollo. Así pues, como ves, mucho depende de los ayudantes que el nuevo espíritu encuentra aguardando su llegada al mundo espiritual y de las instrucciones que dichos ayudantes le impartan.
Pero dependerá en mayor medida de la condición del espíritu mismo. Como he dicho, cuando llega al mundo espiritual trae consigo todas sus creencias, deseos y afectos, y estas respectivas cualidades influirán, en mayor o menor medida, en la dirección de su progreso. Es mucho más fácil influir en un espíritu en quien, mientras estuvo en la tierra, se despertó el amor a Dios ─incluso en pequeña medida─ para impulsarlo a seguir los pensamientos que lo guiarán hacia los caminos espirituales, que persuadir a uno que nunca ha tenido ese despertar. Y lo mismo ocurre con el espíritu que, mientras estuvo en la tierra, dedicó sus estudios y pensamientos a ocupaciones mentales, excluyendo los pensamientos relativos a Dios o a asuntos religiosos. Tales espíritus se sentirán naturalmente atraídos hacia aquello que consideran una continuación de sus pensamientos terrenales, o que les permita proseguir con el desarrollo de esos pensamientos; y, en consecuencia, esos son sus «tesoros», los cuales concentran necesariamente la mayor parte de sus afectos, y de estos afectos nacerán sus deseos, los cuales ─a menos que intervenga algo mayor─ los llevarán a seguir el curso de tales deseos. Y estos mismos principios pueden aplicarse a cualquier condición del espíritu: mental, moral o espiritual.
Ahora bien, yendo al punto de tu pregunta.
Tal espíritu, siguiendo la inclinación natural de su condición como he explicado, se esforzará en su progreso por entrar en la esfera donde se brinden las mayores oportunidades para el desarrollo del aspecto particular de su condición que constituye su principal fuerza motriz; y esto es conforme a una ley espiritual.
El espíritu que desea por encima de todo el desarrollo de sus cualidades mentales buscará de manera natural aquella esfera donde dichas cualidades tengan la mayor oportunidad para tal desarrollo. Y lo mismo ocurre con el moralista y con el espíritu de pensamiento religioso.
Ahora bien, Dios, en Su gran sabiduría y bondad, ha dispuesto estas diversas esferas y las ha hecho adecuadas para los propósitos de su creación; y todos los espíritus tienen la libertad de elegir en cuál de ellas entrar y buscar vivir. Pero, por supuesto, no solo se ha dispuesto una esfera de cada tipo, sino que hay varias así dispuestas, de modo que pueda haber un progreso por parte de los espíritus que tienen estos diversos aspectos de deseos y atracciones.
La segunda, la cuarta y la sexta esfera están destinadas a aquellos espíritus que poseen más de las condiciones y deseos para el avance en sus ocupaciones mentales y morales, o más bien, para el desarrollo de aquellas cualidades que poseen y que pertenecen más a la naturaleza mental y moral.
Por supuesto, en su progreso desde la esfera más baja hacia las respectivas esferas superiores que he mencionado, el espíritu debe pasar a través de las esferas intermedias; pero no se demora en ellas, ni busca hacer de ellas su hogar, ni permanece en ellas para su desarrollo, porque en estas esferas intermedias no se presta mucha atención a las cualidades que estos espíritus intentan desarrollar, y tales espíritus no se beneficiarían mucho permaneciendo en ellas. Pero el hecho de atravesar estas esferas intermedias no indica (pues lo contrario es cierto) que estos espíritus, al hacerlo, reciban en grado alguno amor adicional o desarrollo de las cualidades de sus almas. De modo que un espíritu en la tercera esfera que posee el Amor Divino puede tener mayor desarrollo del alma que uno que vive en la sexta esfera y no tiene el Amor Divino.
Así pues, en contraste con las esferas segunda, cuarta y sexta que he mencionado, la tercera, la quinta y la séptima son las destinadas a y especialmente preparadas para los espíritus que buscan el desarrollo del Amor Divino en sus almas; y en estas esferas, el Amor Divino es lo más importante que se busca y se adquiere. Los espíritus de estas esferas pueden estar tan altamente desarrollados en sus cualidades mentales y morales como los descritos anteriormente; y, con frecuencia, lo están aún más, pues con el desarrollo del alma en el Amor Divino, por extraño que te pueda parecer, viene el desarrollo mental y moral. Pero este desarrollo de la mente no es lo principal que estos espíritus buscan.
En ellos, cada deseo y aspiración está subordinado a sus grandes esfuerzos por obtener este Amor Divino en el más alto grado; y estos espíritus lo buscan una y otra vez sin llegar jamás a la insatisfacción o al estancamiento, a diferencia de quienes solo buscan el desarrollo mental y del amor natural.
Como he dicho, más allá de la sexta esfera, estos buscadores meramente mentales o morales no pueden progresar a menos que busquen el Amor Divino; y es en esta sexta esfera donde se alcanza el límite de la felicidad de la mente.
Asimismo, la sexta esfera es una esfera de prueba más fecunda, en el sentido de que muchos de estos espíritus despiertan a la necesidad de buscar este desarrollo del alma, pues, tras haber permanecido allí durante mucho tiempo, algunos de ellos comienzan a darse cuenta de esta limitación de su felicidad mental. Y, por extraño que te parezca, con frecuencia dan su primer paso evocando los recuerdos de sus días de infancia, cuando se les enseñó y creyeron que Dios los amaba, y que Su Amor era lo más grande de todo el mundo. De modo que aquí ves ilustrado, de una manera en la que probablemente nunca habías pensado, el dicho de Jesús: ‘A menos que os hagáis como niños pequeños, de ninguna manera podréis entrar en el Reino de los Cielos’.
Sin embargo, muchos de estos espíritus no tienen recuerdos de la infancia de este tipo, y es entonces cuando interviene el trabajo de los espíritus superiores que han sido redimidos por este Gran Amor del Padre.
En todo esto verás cómo Dios reconoce y respeta la voluntad independiente de Su criatura. Él no la obliga a buscar Su Amor, sino que aguarda hasta que ella, por su propia experiencia, comprende que lo que en un tiempo creyó plenamente suficiente para su felicidad no lo es; y al darse cuenta de esta insuficiencia, cae en la insatisfacción, y con dicha insatisfacción surge el deseo de conocer ese gran desconocido, lo cual, finalmente, la lleva a sentir su dependencia de una fuente de felicidad que no emana de sí misma.
Y así, mi querido hijo, a mi manera imperfecta, he intentado darte una descripción de las diversas esferas, de su carácter y del propósito de su creación.
Debes creer lo que te he dicho, pues es cierto; y al creer, comprobarás la gran ventaja de esforzarte por entrar en las esferas del alma o Cielos Divinos; pues al hacerlo, no solo obtendrás el desarrollo de tu alma, sino también el de tus cualidades mentales y el de tu naturaleza moral.
Y de este modo comprenderás la gran máxima de la Biblia: ‘Buscad primeramente el Reino de Dios y Su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas’.
Bien, te he escrito una larga carta y debo parar. Así que, con todo el amor de una abuela devota, te deseo buenas noches.
Ann Rollins
___
NOTAS
Mi petición para dar pie a la nota de abajo
La nota trataría sobre un asunto no nuclear: sobre «planos terrenales», para desarrollar y aglutinar todos los aspectos a continuación, a ser posible.
Supongo que en la literatura y tradición espiritista y en otras (¿qué hay del budismo por ejemplo?) estaría asentado que, a menudo (no siempre), antes de entrar en el mundo espiritual en sí, y dependiendo de la condición y deseos de cada cual, se puede estar en una especie de «terreno de nadie».
Ahí tendría sentido que las personas, al estar como en el ínterin de algo, sin saber qué es, puedan dar rienda suelta a sus creencias por ejemplo en la reencarnación, que serían falsas en nuestro paradigma, pues todos los fenómenos que podríamos entender como sustentadores del hecho de la reencarnación se explican bien si entendemos que la influencia de espíritus es posible y masiva, y que, por ejemplo, un espíritu puede pasearse por la tierra bastante a placer ─aunque según su estado álmico─, y puede elegir creerse que es un niño o niña «x», y pegarse cómodamente ahí, creando confusión, etc. (Este sería por cierto un factor importante para explicar el estado algo malo, de la humanidad, en grandes regiones, como la India, etc.)
Ese «terreno de nadie» serviría como de puente:
─ entre, por un lado, el mundo espiritual «en sí», el cual, además, está asociado ─aunque no lo veamos─ a diversas localizaciones físicas en el universo físico, más allá de la Tierra (y que pueden estar muy lejanas);
─ y el mundo o plano físico en sí.
En esas localizaciones del «plano terrenal», y como hay varios subplanos de dicho plano (y por eso lo dirían en plural: «planos terrenales» (equivalente a «astral»)), la gente nos podemos autoengañar, ahí, al igual que lo hacemos en la tierra con nuestra falta de humildad: presuponiendo «porque nos da la gana» cosas sobre la naturaleza de la realidad, de los demás, de los hechos, etc.
En ese modo de habitar en el «plano terrenal», parece que en general estamos evitando en cierto modo ─o huyendo de─, y en la medida de lo posible, la necesidad de asentarnos de verdad en la condición de nuestra alma, asentarnos en la verdadera condición de nuestra alma (sin autoengaños, etc.).
Esa es la condición anímica propia a nuestra alma, que depende de lo que hemos cosechado y sembrado en nuestros actos o faltas de actos tanto en el estado de vigilia como en el estado de sueño, mientras estamos encarnados.
Esta condición parece que la sentimos más propiamente cuando de verdad nos hacemos cargo de estar en el mundo espiritual, entrando normalmente solo en un lugar bajo en condición de amor y verdad: la primera esfera, un lugar inmenso y que puede concretarse en algo, alguna morada y entorno, desagradables de habitar, pero que serían «lo que toca».
Tiene cierto sentido que haya planos terrenales; es decir, lugares de cierta transición entre:
1. El modo de ser del alma donde ella todavía tiene el cuerpo físico, y,
2. El modo de ser del alma cuando ya no lo tiene.
En el primer caso, el cuerpo lo tenemos todavía de una manera tal que todas las noches hay que volver a él, tras estar quizá en los planos terrenales con nuestro cuerpo espíritu. Pues de noche, al dormir, «a algún lado tendremos que ir»; pero ese lado no necesariamente es ─o es mejor que no sea, o está diseñado que no sea, por algún motivo─ exactamente como aquellos lugares donde habitará el alma cuando ya abandone conscientemente la carcasa física, y ya solo habite en su cuerpo espiritual o «espíritu», en la parte del mundo espiritual que sea la adecuada para su condición.
En cuanto a la materia o a los asuntos técnicos de esos planos terrenales, habría al parecer cierta «ciencia», en el sentido de que las irradiaciones de los cuerpos físicos de todo tipo ─incluyendo la Tierra, y en general el mundo de las energías y su interacción con la mente─, poseen o dan ciertas libertades y posibilidades que no serían las habituales para nosotros como seres encarnados físicamente y habituados a las leyes de lo físico, en el tipo de «fisicidad» de aquí.
De ahí que los autoengaños ─y casi todos pasamos al más allá con cierto nivel de autoengaño─ puedan además verse alimentados e incluso fortalecidos por todo tipo de espíritus, quizá; serían estos unos espíritus a menudo mucho más enterados que el mortal promedio sobre lo que sucede tras la muerte, sobre las posibilidades de «proyección mental», etc.
Es decir, las leyes naturales en general (aplicadas a nuestra alma, al comportamiento y sustancia de los deseos, poderosos a veces, en nuestra alma) tienden a darnos lo que realmente queremos, un poco al modo de los sueños quizá, de los que a veces se dice que cumplen deseos, etc.
Así, en ese nivel de los planos terrenales, podría darse o podríamos experimentar una confusión bastante grande, a veces, si no deseamos algo muy básico, como luz, verdad y amor (luz por ejemplo sobre el mero hecho de que ahora tenemos el cuerpo espíritu y solo el cuerpo espíritu para realmente vivir la realidad, no para meramente «soñar»), y nos quedamos quizá en ese «estado onírico» donde vivimos creencias profundamente ancladas en nuestra alma (como por ejemplo las siguientes, que conllevan ciertas emociones de estancamiento: «estoy muerto, vale, así que me tengo que esperar al ‘día del juicio final’… y ya todo lo harán por mí Dios y los suyos (o será hecho «por el universo», si soy ateo, y creo que desapareceré en algún momento… etc.); bien, así que estoy sometido a eso (o a lo que sea), esto es lo que hay, etc.»).
De alguno de estos ejemplos, o casos, se podría quizá encontrar para ponerlo en la nota algún caso real, transmitido por algún espíritu.
Aquellos espíritus que, estando un poco más enterados, pero siendo que, quizá, básicamente solo han estado en los planos terrenales (si es eso posible), y que presencian la vida de otro espíritu recién llegado, el que quizá tiene ciertas creencias y está creando su estado «pos-terrenal» pero en el plano terrenal, y al cual espíritu recién llegado, en función de tales creencias, puede que esos espíritus lo vean, decíamos, vean el estado del recién llegado y entonces, de alguna manera, simplemente «apoyen» tal cosa o tal vivencia, y no deseen realmente ayudar a mejorar en un sentido absoluto (pues sus propias creencias pueden ser muy relativistas en este sentido, etc.), y así, quizá pueden incluso intentar manipular y jugar con el recién llegado, consiguiéndolo según diversos factores.
¿Hay casos encontrables relatados sobre esto?
Nota, elaborada por IA Gemini
Nota temática: Los planos terrenales como ámbito de transición, fascinación y autoengaño
Los «planos terrenales» (frecuentemente denominados earth planes en las revelaciones de Padgett o plano astral / umbral en la literatura espiritista y teosófica) representan el primer entramado del mundo espiritual inmediatamente contiguo a la densidad física. Funcionan como una vasta zona de penumbra y transición entre dos modos de existencia: la vida encarnada —donde el alma regresa cada noche a la carcasa física mediante el sueño— y la vida espiritual plena, donde el alma debe encarar sin velos su verdadera condición interna.
[El siguiente párrafo es una matización mía en base al esquema propuesto por la IA:]
Por lo tanto, tenemos por un lado el mundo físico, donde habitamos con el cuerpo físico; por otro lado, los planos terrenales, que parece que son lo a veces denominado «astral»: esta sería una realidad de tránsito, donde es posible que se dé cierto nivel de «creación mental»; finalmente tenemos el mundo espiritual, cuya primera parte es la primera esfera, donde experimentamos la «condición de alma desnuda», digamos (aunque algunas personas, al desencarnar, y si tienen buen estado de alma, pueden pasar a vivir directamente ─como a veces sucede─ a la segunda esfera, e incluso a la tercera, en casos más minoritarios por ahora).
1. Naturaleza «plástica» de los planos terrenales y la ley del deseo
A nivel técnico o de física espiritual, los planos terrenales están constituidos por fluidos y energías emanadas tanto de la materia física como de la mente humana. En esta franja, la materia espiritual es extraordinariamente maleable a la acción del pensamiento y del deseo.
─ Semejanza con el estado onírico: Tal como ocurre durante el sueño, donde el alma desencarna temporalmente y experimenta la proyección mental, en los planos terrenales los deseos profundos, los miedos, las obsesiones y las estructuras doctrinales que la persona cultivó en vida se objetivan y cobran forma.
─ El mecanismo del autoengaño: Si un espíritu fallece convencido de que debe esperar dormido en su tumba hasta el «Día del Juicio Final», la maleabilidad de estos planos le permite sumirse en un estado letárgico o crear una escenografía mental que corrobore su expectativa. Si es ateo o nihilista, puede proyectar una nada aparente o vagar sin comprender que su consciencia sigue intacta.
2. La ilusión de la reencarnación y la obsesión espiritual
En la cosmovisión de los mensajes de Padgett y diversas fuentes espirituales, la reencarnación como retorno del alma a un nuevo cuerpo físico es una doctrina equivocada. Los fenómenos que comúnmente se aducen para sustentarla (recuerdos de vidas pasadas, personalidades múltiples o sintonía con épocas antiguas) encuentran su explicación en la interacción e influencia masiva de espíritus que habitan los planos terrenales.
Un espíritu que rehúsa aceptar su propio estado y busca revivir las sensaciones de la carne puede apegarse estrechamente a la atmósfera de un mortal o de un niño en la Tierra. Al proyectar sus propios recuerdos y sensaciones sobre la mente del encarnado, genera una simbiosis donde el mortal cree recordar una «vida anterior», cuando en realidad está percibiendo la memoria del espíritu adosado a él. Este parasitismo u obsesión inconsciente explica en gran medida la estancación y el sufrimiento colectivo observados en regiones donde proliferan cultos de atadura ancestral o fascinación por los desencarnados.
3. Paralelismos en las tradiciones espirituales comparadas
La idea de este «terreno de nadie» o purgatorio psíquico no es exclusiva del espiritismo; está fuertemente arraigada en las tradiciones de Oriente y Occidente:
─ Budismo Tibetano: Bardo Thödol (Estado del Bardo)
Tras la muerte, el difunto atraviesa el chönyid bardo, donde experimenta visiones proyectadas por su propia mente (deidades apacibles o terribles). Si no reconoce que son ilusiones de su karma, el espíritu vaga confuso buscando matriz para renacer.
─ Teosofía / Antroposofía: Kamaloka (Plano Astral)
Zona donde los deseos y pasiones terrenales (kama) deben purgarse o desgastarse antes de que el yo superior pueda ascender a planos mentales más elevados (Devachan).
─ Tradición Católica: Purgatorio (dimensión psíquica)
Aunque deformado dogmáticamente, responde a la intuición de un estado intermedio de purificación y confrontación de las faltas.
4. Evidencia de manipulación y testimonios relatados
Existen diversos relatos en la literatura mediúmnica sobre cómo los espíritus que moran en estos planos terrenales —poseedores de un conocimiento parcial de las leyes de proyección mental, pero carentes de verdad espiritual— manipulan a los recién llegados:
─ Casos en Entre el Cielo y la Tierra y Nosso Lar (Chico Xavier / André Luiz): Se narran con detalle comunidades completas en el Umbral donde espíritus intelectualmente astutos crean ilusiones ópticas, construyen ficticiamente «ciudades» o escenarios religiosos y convencen a los recién llegados de que están en sus respectivos «cielos» o «purgatorios» dogmáticos, manteniéndolos como vasallos o seguidores para alimentar sus propios egos.
─ El caso del «Juicio Suspendido» (Padgett / testimonios afines): Existen testimonios de espíritus que relatan haber pasado décadas en el plano terrenal habitando casas ilusorias proyectadas por sus propios prejuicios. Al ser abordados por espíritus de superior condición, los recién llegados solían rechazar la ayuda, creyendo que los misioneros espirituales eran «demonios» o «tentadores» destinados a poner a prueba su fe dogmática.
─ Teatros de Ilusión: Espíritus bromistas o relativistas, al constatar que un recién llegado cree fervientemente estar en determinado plano de purgación o reencarnación, «apoyan» la comedia: se disfrazan de ángeles, guías karmáticos o ancestros para dar instrucciones falsas, simplemente porque se divierten ejerciendo control sobre la falta de discriminación del alma recién desencarnada.
5. El paso hacia la Primera Esfera: El fin de la evasión
El plano terrenal es, en última instancia, una morada provisional donde el alma intenta retrasar la aceptación de su realidad. La verdadera transición ocurre cuando el autoengaño se colapsa. Al disiparse las proyecciones mentales y los apegos a la Tierra, el alma siente el «peso» real de su sustancia moral y amorosa.
Es entonces cuando entraría en la Primera Esfera del mundo espiritual. Para quien no ha cultivado la verdad ni el Amor Divino, esta morada inicial puede manifestarse como un entorno árido, de tinieblas o de proporciones desagradables, pero representa el primer escalón real de la honestidad del alma: el lugar donde cesan las fantasías terrenales y comienza el verdadero progreso.
Versión en inglés
Jesus says Ann Rollins is a very capable spirit in discussing those things which reveal the truths of the Father. (5 Jun 1915)
I AM HERE, Jesus.
I merely want to tell you tonight that you are so much better in your condition for writing my messages, and for receiving the Love of the Father in your soul.
You took my message the other night in a very satisfactory way, and I am pleased with the manner in which you caught my meaning. So very soon we will have another message and a very important one.
I am with you in your hours of lonesomeness trying to help you and comfort you, and lead you to the Love of the Father.
Tonight, I will not write more, as I desire that another shall write, who will give you a message that will interest you very much.
I mean your grandmother. She is a very capable spirit, in discussing the things pertaining to the spirit. I mean those things which reveal to men the truths of the Father, as she has learned them and understands them; not merely in a mental sense, but in the way of her soul perceptions.
So you will receive much benefit from what she may write, and you will realize that she is a wonderful spirit in the knowledge of all these things that tell of God’s Love, and of His care and mercy towards mankind.
I will now with my love and blessings, and those of the Father say good night.
Your friend and brother,
Jesus.
Description of the several spheres and the different kinds of spirits inhabiting them, from Ann Rollins. (5 Jun 1915)
Well my dear grandson, I am here and desire to write awhile tonight about some things that are true, and show you the workings of God’s Love among men and spirits.
I have had a great deal of experience, although I have not been in the spirit world a very long time – as we count time, which we do not; but I merely use the expression that you may understand what I mean.
I am, as I told you, in the second Celestial Sphere, where your wife and mother also are. In this sphere, all the inhabitants are spirits who have been redeemed by the Divine Love and great mercy of the Father, and by the great gift of immortality which Jesus wrote you about the other night.
I am now so developed in my soul qualities that I realize that I am a part of the Father’s Divine nature, and that I have in me those qualities of His nature that make me immortal, and which immortality can never more be taken from me; and what I say applies to all the inhabitants of this sphere.
Of course, you will understand there is yet more Love which we may obtain, because our progress in the Divine Love never ceases, until we get into the very presence of the Father, and are able to see Him with our soul perceptions.
This phase you cannot possibly understand, as you are now, but when you come to the place where I am, you will; and it is even possible for you, in a way, to comprehend it while in the mortal life, but not to the extent that you will when you become a spirit and live in this sphere.
Your mother and wife now have this quality of soul perception, but even among us there is a difference of comprehension of this, and I am told that as I progress higher and receive more of this Love, this soul perception will become clearer and more satisfactory to me. So when you hear us say we are redeemed and have as our possession a part of the Divine Essence of the Father, you must understand that it is a comparative thing, and that we are not perfect – even the Master is not perfect, as God is perfect, so he tells us. But he is progressing in the acquisition of this Love and in the increased power of this soul perception.
Until we reach the first Celestial Spheres, we have not a sufficient quantity of this Love to make us partakers of this Divine nature of the Father to the degree that all the natural loves are absorbed by the Divine Love; for all below that sphere have more or less of the mere natural love, which causes them to retain their worldly affections. I mean those things which tend to retard their progress.
Of course our natural love for our relatives or friends does not leave us even after we reach the Celestial Spheres, but when we become inhabitants of these spheres, we have no interest in the affairs of earth or its government.
The seventh sphere is the one that divides those spirits who have merely intellectual or moral qualities which are developed, as it were, to the highest degree, from those spirits who, in addition to mental and moral development, have their souls developed by the Divine Love of the Father.
No spirit who has not this Love can become an inhabitant of the seventh sphere, so that when you hear of any of your spirit friends or acquaintances, or of any other spirits, being in the seventh sphere, you will know that these spirits have received the Divine Love to an extent a little short of that which enables them to enter the first Celestial Sphere and which makes them at-one with the Father, and hence immortal.
The sixth sphere is one where the mental and moral qualities are developed to their greatest extent, and it is not necessary for the spirit to have this soul development to any great extent in order to become an inhabitant of this sphere. In other words, it is a sphere which is given more especially to those spirits who have given more thought to the improvement of their minds and their moral qualities than to the development of their souls by obtaining the Divine Love of the Father. This sphere is one of great happiness for these spirits of mental and moral excellence, and it is the highest that they can attain to in their progression in the spirit world.
Of course, these spirits may also receive this greater soul development, for the Divine Love is free and waiting for all of God’s children; but my observation has been that when the spirits who find their happiness in purely mental pursuits or in the development of their moral natures, get into this sphere, they seldom become dissatisfied enough with their condition of happiness to desire or seek for a greater one; in fact, the majority of them will not believe that there is any greater happiness that they can attain to, and, hence, the deadening satisfaction which possesses them.
I know it may be a little difficult for you to understand this matter as I have attempted to explain it, but what I have said is true; and in the day of separation these spirits will realize that fact, but then it will be too late to remedy their neglect or want of the soul desire for the soul development, that comes only by the inflowing of the Divine Love into the soul in sufficient abundance, and which is necessary to permit them to become inhabitants of the Celestial kingdom.
(Question)
Well, when a spirit enters the spirit world its condition of mental, moral or spiritual development determines where it shall first live. In the large majority of cases, the first home of the spirit is the earth plane, and in that there are a number of planes, respectively higher or lower than others. So when the spirit finds itself in the earth plane, it also finds that its condition is not much different from what it was on earth. The same ideas of right and wrong, of beliefs, of affections and of desires obtain.
Sometimes these conditions will last for many years, and again the change can come comparatively soon. This change of condition depends frequently upon the friends or relatives, who try to help and instruct them when they come over.
If such spirit helpers are themselves developed in the line of intellectual pursuits, they will more naturally endeavor to direct the newly arrived spirit along the same line of thought and aspirations; and so with the morally developed helpers – they will make the questions of morality the important ones for the new spirits to give attention to. And so with the spiritual helpers, or those who have received the Love of the Father in their souls, and to whom such Love is the most important thing in all the spirit world. Naturally they will endeavor to instruct the spirit in matters pertaining to this Love and the increased development of it. So you see, much depends upon the helpers which the new spirit finds waiting its advent into the spirit world, and the instructions which such spirit helpers give it.
But more will depend upon the condition of the spirit itself. As I have said, when it comes into the spirit world it brings with it all its beliefs, desires and affections, and these respective qualities will, to a more or less extent, influence the directions of its progress. It is much easier to influence a spirit who has had, while on earth, awakened in him a love of God even to a small degree, to pursue the thoughts that will lead him into spiritual ways, than to persuade one who has never had that awakening. And so with the spirit who, while on earth, gave his studies and thoughts to mental pursuits, to the exclusion of thoughts relating to God or to religious matters. Such spirits will naturally be attracted to those things which it considers a continuation of its earthly thoughts, or which will enable it to pursue the development of those thoughts; and consequently, they are its «treasures» which necessarily have the most of its affections, and from these affections will arise its desires which will, unless something greater intervenes, cause it to follow the course of these desires. And the same principles can be applied to every condition of the spirit – mental, moral or spiritual.
Now, to the point of your question.
Such spirit, following the natural inclination of its condition as I have explained, will endeavor in its progress, to get into that sphere where there are afforded the greatest opportunities for the development of the particular phase of its condition which constitutes its chief motive force. And this is in accordance with a spiritual law.
The spirit desiring above all else the development of its mental qualities will naturally seek that sphere where these qualities have the greatest opportunity for such development. And so with the moralist and the spirit of religious thought.
Now, God, in His great wisdom and goodness, has provided these several spheres and made them suited for the purposes of their creation; and all the spirits have the choice as to which they will enter and seek to live in. But, of course, not only one sphere of its kind is provided, but there are several so provided, so that there may be progression on the part of spirits who have these several phases of desires and attractions.
The second, the fourth and the sixth spheres are appropriated for those spirits who have more of the qualifications and desires for advancement in their mental and moral pursuits, or rather for the development of those qualities possessed by them which pertain more to the mental and moral natures.
Of course in their progress from the lowest to the respective higher spheres that I have mentioned, the spirit must pass through the intervening spheres; but they do not linger in them or seek to make them their homes, or stay in them for their development, because in these intervening spheres the qualities which these spirits are attempting to develop, are not given much attention, and these spirits would not be much benefitted by remaining in these spheres. But the fact of passing through these intervening spheres does not indicate (for the contrary is true) that these spirits in so passing, in any degree, receive any additional love or development of their soul qualities. So that a spirit in the third sphere, possessing the Divine Love, may have more soul development than one who lives in the sixth sphere who has not the Divine Love.
And so in contrast to the second, fourth and sixth spheres, that I have named, the third, fifth and seventh spheres are the ones appropriated to and specially prepared for the spirits who are seeking the development of the Divine Love into their souls; and in these spheres, Divine Love is the great thing that is sought for and acquired. The spirits of these spheres may be just as highly developed in their mental and moral qualities as are those before described; and, frequently, they are more so, for with the soul development in the Divine Love, strange as it may seem to you, comes mental and moral development. But this development of the mind is not the chief thing for which these spirits seek.
Every desire and aspiration with them is subordinated to their great efforts to obtain this Divine Love to the highest degree, and ever and ever are these spirits seeking for it, and they have never become satisfied, in contrast to those who merely seek the mental and natural love development.
As I have said, beyond the sixth sphere, these merely mental or moral seekers cannot progress, unless they seek for the Divine Love, and in this sixth sphere the mind’s happiness is reached.
And the sixth sphere is a more prolific one of probation, in the sense that many of these spirits are awakened to the necessity of seeking this soul development, because after some of these spirits have been there for a long time, they commence to realize this limitation to their mental happiness. And, strange as it may seem to you, they frequently make their first start by calling up the recollections of their childhood days, when they were taught and believed that God loved them, and that His Love was the greatest thing in all the world. So you see here illustrated, in a way you probably never have thought of, the saying of Jesus that, «except ye become as little children ye can in no wise enter
the Kingdom of Heaven.»
But many of these spirits have no childhood recollections of this kind, and then comes the work of the higher spirits who have been redeemed by this Great Love of the Father.
In all this you will see how God recognizes and respects the independent will of His creature. He does not force them to seek His Love, but waits until they, by their own experience, learn that what they once thought was all sufficient for their happiness, is not sufficient; and realizing this insufficiency, they become dissatisfied, and with such dissatisfaction comes the wish to learn the great unknown of desire, which, at last, causes them to feel their dependence upon a source of happiness not emanating from themselves.
And thus, my dear son, in my imperfect way, I have attempted to give you a description of the several spheres and their character and the object of their creation.
You must believe what I have told you, for it is true; and in believing you will see the great advantage in striving to enter the spheres of the soul or the Divine Heavens; for in doing so, you will not only gain your soul’s development but also the development of your mental qualities and your moral nature also.
And thus you will understand the great saying of the Bible: «Seek first the Kingdom of God and His righteousness, and all these things shall be added unto you.»
Well, I have written you a long letter and must stop. So with all the love of a devoted grandmother, I will say, good night.
Ann Rollins.