Las bienaventuranzas

Índice
─ Introducción
─ Notas
─ Mi petición para ver las bienaventuranzas (los dos puntos: Expectativas y exigencias. Dolor emocional como indicador del error)
Nota
1. «Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos»
─ Mi petición (2)
2. «Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados»
─ Mi petición (3)
3. «Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad»
4. «Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados»
─ Mi petición (4)
5. «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia»
6. «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios»
─ Mi petición (5)
7. «Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios»
8. «Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos»
Cierre del recorrido

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Introducción

Revisando estos mensajes de Padgett, donde aparece el tema de las bienaventuranzas, surgieron estas notas muy claras sobre ello.

NOTAS

Mi petición para ver las bienaventuranzas (primera petición)

La nota a pedir sería didáctica y casi más bien dialogada, si es posible;

Relacionaríamos esto tomando como ciertos y paradigmáticos estos dos puntos que pongo a continuación (la tarea en parte sería la de usar estos dos puntos en una especie de presentación dialogada y ordenada para presentar las varias «bienaventuranzas» del famoso discurso de Jesús, que ha sido tan comentado):

─ Las expectativas que tenemos (las pretensiones sobre los demás, las «confianzas» que nos tomamos, etc., ya sean personas conocidas o no), suelen reflejar heridas emocionales (del alma).

Es decir, como actitudes, no estarían fundadas en el amor, sino en «bloqueos» (para mantener alguna fachada ─que puede ser más o menos «funcional», normal, incluso «alegre», etc.─ que tenemos construida para con ella bloquear la liberación del yo herido y por tanto bloquear nuestra identidad real, tras ese yo herido), creencias y deseos corruptos (es decir, desarmónicos con el amor y la verdad), etc.

Por tanto, ilustraríamos la diferencia de cuando Jesús habla aquí de «lo que espera» de Padgett, con respecto a los deseos impuros de cuando las personas, en general bastante «heridas», esperamos cosas (a veces más o menos taimadamente: esperamos sin expresarlo transparentemente, o con doble juego; o hablando a espaldas; o hablando en monólogo con nosotros mismos sobre lo que el otro o la otra persona debería hacer o ser, etc.).

─ Lo siguiente, y muy importante, a tratar, sería: todo dolor emocional (por ejemplo una leve frustración) indica un error en nosotros o bien un error que existe en las almas de los demás, que ha detonado un error en nosotros, en nuestra alma.

Es decir: cuando algo me molesta, mi reacción emocional habla más bien de mí y de mi necesidad de sanación. Y ello hasta el punto paradigmático de que, una persona plenamente sanada (cuyo ejemplo circunstancial lo tenemos en la célebre crucifixión de Jesús), no siente inquina ante lo que le están haciendo, sino simplemente el dolor físico, ya no el dolor emocional.

Esto no es estoicismo, sino que expresa una objetiva sanación del alma: el alma ya no tiene motivos internos, por así decirlo (heridas), para reaccionar ante las cosas de modo «evitativo».

Es decir, en nuestro paradigma, siempre que surge una rabia, ira, enfado o frustración, por ejemplo (alguna emoción de esa constelación de emociones) resulta que eso está indicando un miedo en nosotros y por tanto una oportunidad de sanación real, sin por ello decir que la gente ha de ir así como así alterando o molestando a los demás para «activar» heridas, por supuesto.

Este miedo que estaría detrás de las frustraciones, etc., puede ser miedo a sentir miedo, mismamente; o, dicho rápidamente, miedo a llorar cosas que nos hicieron y que no tienen que ver con lo que nos ha molestado o perturbado enormemente ahora.
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Entonces, se podrían presentar ahora paso a paso las bienaventuranzas, relacionándolas ─de forma concisa─ si es posible con lo visto arriba (y con las interpretaciones de las bienaventuranzas más adecuadas al espíritu de «los primeros cristianos»), y dando pie a que tras cada presentación de cada una pueda hacer yo alguna pregunta, etc.

Nota, elaborada por IA Gemini, con intervenciones progresivas mías en diálogo sobre las Bienaventuranzas

Es una perspectiva profunda y clarificadora para abordar el Sermón de la Montaña. Tradicionalmente, las Bienaventuranzas se han leído como un código de conducta moral o como promesas de recompensa futura para quienes sufren resignadamente. Sin embargo, bajo la clave espiritual que planteas —donde el amor puro carece de exigencias proyectadas y donde el dolor emocional revela la presencia de un error o herida en el alma—, las Bienaventuranzas se transforman en un diagnóstico didáctico del estado interno de sanación y receptividad al Amor Divino.

Cuando Jesús le dice a Padgett lo que «espera» (expect), no está proyectando una expectativa neurótica ni condicionando su amor a la respuesta del médium. No hay manipulación, ni monólogo interno de reproche, ni doble juego: es una observación cristalina de una potencialidad espiritual fundada en la ley del amor. En contraste, las expectativas de un alma herida son peticiones defensivas para sostener la fachada y evitar sentir el miedo originario.

Para abrir este espacio de diálogo, vayamos analizando cada bienaventuranza paso a paso.

1. «Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos»
El espíritu original (primeros cristianos): «Pobre en espíritu» (ptōchoí tō pneúmati) no se refiere a la ignorancia o a la carencia de carácter, sino a la vaciedad de orgullo religioso e intelectual. Es el estado de quien ha desmantelado su fachada de suficiencia. Continuar leyendo «Las bienaventuranzas»

Es increíblemente sorprendente cuánta gente cree en la reencarnación

Es increíblemente sorprendente cuánta gente cree en la reencarnación. Y muchos de nosotros, hace no muchos años, creíamos en ello.

La reencarnación parece ser, o parecía ser, la explicación más inmediata ante las vivencias («recuerdos») que mucha gente tiene… unas vivencias o unas experiencias que no parecen ser suyas, pero que, a la vez, son como «recordadas» de manera muy intensa… o se sienten muy cercanas…

Pero nos olvidamos de que hay una explicación más sensata y simple, pues con ella reunimos varios fenómenos usando una base más simple, y es la explicación de que la supuesta reencarnación tiene que ver con la influencia de desencarnados.

Esa influencia consigue eso: que tengamos experiencias diferentes, intensas…

Aunque, recordemos algo que es hasta divertido, al respecto:
Resulta que hay casos en que los desencarnados que influyen ni siquiera creen en la reencarnación, y simplemente sucede que no quieren o no querían que pensáramos que nosotros somos ellos, cuando se pegan a nosotros un poco, o mucho… y cuando, por lo que sea ─por nuestras aperturas y heridas resonantes─ sentimos más su alma, sus vivencias pasadas. Continuar leyendo «Es increíblemente sorprendente cuánta gente cree en la reencarnación»

La persona y lo sagrado | Lo que quiere decir «impersonal», en lo que escribió Simone Weil, etc.

Índice
– Introducción al audio 1 y enlaces
– Introducción al audio 2 y…
– Introducción al audio 3 y… (audio final)

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Introducción al audio 1

En este audio:
audio en ivoox
enlace para descarga
… vemos un texto que curiosamente está escrito hace 80 años, pero es a la vez muy «actual».

Vemos y comentamos en ese audio la parte inicial del texto de Simone Weil «La persona y lo sagrado» (del año 1943 más o menos).

Se trata de invitar a ir viendo poco a poco cómo las referencias que se hacen a «lo impersonal», en muchos lados, tienen el sentido que aquí comentamos. Continuar leyendo «La persona y lo sagrado | Lo que quiere decir «impersonal», en lo que escribió Simone Weil, etc.»

El yo real y la oración del amor divino

En este vídeo comentamos algunas cosas esenciales sobre el yo real o verdadero.

Lo hacemos para terminar comentando y rezando la oración del amor divino teniendo en cuenta este tema del yo real, del alma, del yo verdadero emocional que Dios creó para que lo desarrollemos.

De los grupos del 2014 tenemos una presentación* de Jesús (Miller) sobre «comprender el yo».

Este enlace es el esbozo o esquema en inglés, del que extramos esta parte sobre el yo real y algunas pocas cosas más:

¿Cuál es mi verdadero yo?

Mi verdadero yo:
La personalidad de mi yo real es creada por Dios
La expresión de mi verdadero yo es controlada por mí mismo
El desarrollo de mi verdadero yo es controlado por mí mismo
Mi verdadero yo tiene la capacidad de crecer y cambiar
En el momento de mi concepción mi yo real no está herido, y no representa fachadas, máscaras
Podemos llamar a mi yo real «Hijo de Dios»

Mi yo verdadero emocional

Es sensible, consciente, “intuitivo” (“perceptive”: tener o mostrar agudeza de visión, entendimiento o intuición) y perspicaz
Es expresivo, animado, comunicativo, abierto y “no restringido” (unrestrained: no restringido; espontáneo)
Es honesto, veraz, sincero, franco, cándido, directo y transparente
Es aventurero, osado, atrevido, creativo, valiente y audaz
Es curioso, inquisitivo, cuestionador, indagador, buscador
Es emocional, siente y percibe
Puede desarrollarse para convertirse en sabio, inteligente, astuto, dotado y lógico
Puede desarrollarse para volverse sensato, práctico, responsable, serio, fiable y racional
Puede desarrollarse para volverse cariñoso, atento, amable, considerado y compasivo

Mi verdadero yo carece de desarrollo por las siguientes razones principales:

Otros crearon daños o heridas a mi verdadero yo a una edad muy temprana (concepción en adelante) Continuar leyendo «El yo real y la oración del amor divino»