Nuestra valía y el pecado intencional | Texto, y enlaces al audio

[Última actualización: 24 julio 2023: subido también el texto en formato pdf, además de formato web]

Índice
– Introducción (y enlaces al audio y al pdf)
– El pecado intencional: refuerzo de las primeras heridas emocionales, en el sentido de invitar a «tomárselo personalmente»
– El pecado intencional y el «orden de prioridades»
– El pecado intencional hecho un niño/a: el perdón y el arrepentimiento; ejemplos básicos; prioridades; aborto
– Más sobre la valía y sentir personalmente los ataques
– Pecado intencional y control
– La familia y el aborto
– Más «utilización de pecadores»: la Nueva Era
– Notas
– Textos y audios relacionados

Introducción (y enlaces al audio y al pdf)

A continuación, en los apartados de abajo, va un texto leído en este audio:
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Enlace al mismo texto de abajo, en formato pdf:  pdf   (versión 1.01. 24 julio 2023)

En realidad, antes de nada, es muy importante señalar que de este tema ─el del «pecado»─ lógicamente no queremos hablar a fondo y racionalmente, en general.

(Así, por cierto, de cierto modo le entregamos el tema del alma, y el tema de Dios, al «devenir dogmático» de las diversas religiones; o bien, entregamos el tema Dios a «espiritualidades» donde no necesariamente se distingue entre el amor de Dios y el amor natural… etc.)

Y entonces, veamos lo simple o incluso lo «fácil» que nos lo habría hecho o puesto «el universo» (si no se quiere hablar de «Dios», incluso ─podemos decir «el universo», «la vida», etc.─):

1. No hay casualidades.
2. Los eventos (incluyendo cómo nos tomamos los eventos) expresan la condición del alma.
3. Los eventos expresan dicha condición tanto individual como colectivamente.
4. Esa condición del alma (de cada cual) no es la condición óptima.
5. No es lo óptimo porque está en desarmonía con el destino del alma (y con su origen o estado inicial de pureza, es decir, de no estar condicionada por diseño a ser así o asá).
6. Lo que provoca esa desarmonía (entre el alma y su destino/origen) es algo concreto.
7. Ese algo concreto se llama «pecado».
(Lo podríamos llamar «error», pero parece sensato reservar la palabra «error» por ejemplo para casos como los de un aprendizaje digamos más «banal», cuando por ejemplo un niño, al aprender a andar, se tropieza y «yerra».
Pero el fenómeno sería esencialmente el mismo, porque siempre se puede conceptuar como «desobediencia a las leyes naturales».
Aprendiendo, el niño está así como «desobedeciendo» la ley de la gravedad. Esta ley sería simplemente «amorosa» ─si trabajamos en base al supuesto de que el universo no está hecho «a mala leche»─.
Así pues, la categoría de pecado podríamos hacer que sea más general, e incluya el caso no-intencional. Pero la mayoría de nuestros errores en realidad son más intencionales de lo que nos parece, o de lo que querríamos entender que son ─con más o menos fachada por nuestra parte, con más o menos disimule, máscara, e incluso fingimiento, etc.─.)

Entonces, la palabra «pecado» ha sido «muy mal empleada», en muchos sentidos de «mal» ─en «mal empleada»─.

Técnicamente, y dicho muy brevemente, pecado es simplemente:

– aquel comportamiento («comportamiento» aquí incluye deseos, intenciones, etc.) que está en desarmonía con el amor y la verdad,

– o la ausencia de un comportamiento que esté en armonía  con el amor y la verdad.

El pecado degrada el alma, y como dijimos, esa degradación tiene consecuencias individuales y colectivas ─pues el alma es «lo importante», lo que gobierna nuestra experiencia en muchos sentidos─.

Una clave aquí, entonces, es que el pecado es mucho más intencional de lo que quisiéramos creer, pues nuestro deseo de ignorancia acerca de sus consecuencias es en seguida cultivado por nosotros, como deseo, personalmente, en cuanto crecemos ─en cuanto maduramos más o menos─.

Es mucho más intencional de lo que nos gustaría creer, y ello por mucho que sea una cuestión muy de «mente-colmena», de «masas» humanas más o menos normalizadas, según la época… es decir, una cuestión de que «están bien vistos» ciertos comportamientos desamorosos y falaces, o la ausencia de comportamientos amorosos y francos.

Tal como aprendemos con Jesús, el pecado intencional recibido por nosotros nos causa a menudo mucho “auto-desamor”, en el sentido de causar o favorecer en nosotros un valor propio bajo, un bajo sentido o sensación de nuestra propia valía personal (a menudo muy bajo).

Pecados intencionales son por ejemplo evidentemente los golpes y gritos, realizados hacia otras personas; es decir, esas cosas que físicamente recibimos casi siempre como pecado cuando somos pequeños.

(Pero, muy importante (!): Ver el tema de «Los gritos a una madre como llamada al arrepentimiento de la madre«, aquí: unplandivino.net/ira-hijos-arrepentimiento/)

También son pecados la displicencia* y la condescendencia más o menos arrogante que reciben muchos niños ─o todos los niños─ a veces de forma continua, y que en general reciben los niños en casi todos los ámbitos donde se ven rodeados de adultos o en general de cualquier persona: madres, padres, compañeros «amigos», profesores, etc., pero también desencarnados (= «espíritus»).

Por un lado, por tanto, tenemos todas esas cosas intencionalmente hechas a los niños. Pero, por cierto, también tenemos el incesto emocional, que es aparentemente algo que podría parecernos «demasiado sutil», pero que también sería muy intenso y grave en tanto que pecado intencional, pues es una “intención herida proyectada” hacia nosotros, personalmente.

La fachada de buena madre y padre nos lleva a validarnos, a justificarnos a nosotros mismos como «conocedores de lo que es cuidar bien«, como conocedores de lo que es ser unos «mamás-papás buenos» (por ejemplo «sacrificados», sacrificados de algún modo… o «dadivosos», pero por adicciones emocionales más o menos bien vistas socialmente ─Navidad─, etc.).

Pero en estado de sueño sabemos que la fachada o máscara nos la solemos quitar ─o quitar bastante─ y por tanto solemos actuar «desde la herida» (en la fachada y sus adicciones emocionales).

Es decir, el pecado intencional hace que:

– la valía de nuestros «sometidos» (niños, etc.)

– quede enlazada a un «conocimiento del miedo» (en este caso, el miedo relativo al pecado de «incesto/abuso»).

Jesús nos comentaba cómo es que en la vida, en general, tenemos asociado nuestro sentido personal de valor, de valer, de valía, con un conocimiento que en general no está en armonía con el amor, sino con el miedo.

Es decir, en la vida pensamos ─con más o menos arrogancia─ que sabemos, que ya conocemos lo que es amar, cuidar (por ejemplo: ser buenos hijos, madres, padres, etc.), pero ese conocimiento suele estar muy en desarmonía con respecto a cómo ve Dios el amor y la verdad.

En la vida vamos arrastrando miedo desde los eventos pasados. Este miedo y muchas otras emociones se quedan dentro de nosotros sin procesar, así como bloqueadas (sin «llorar», etc.). Y eso va así como minando nuestra pureza, condicionándonos, armando en nosotros un «conocimiento» sobre el cual iremos basando nuestro comportamiento.

Y como la base de ese «conocimiento» es muy miedosa, el resultado de nuestro comportamiento nos mostrará en muchas ocasiones que estamos en desarmonía con el amor («sembraremos vientos, y recogeremos…«).

El «problema» añadido, aquí, es que usamos instituciones (empezando por el hogar ─y tradiciones, etc.─, que a veces son muy complejas) para justificarnos a la hora de sustentar todo esto (esta es en parte otra cuestión, aunque es completamente insoslayable y está inextricablemente enlazada).

Entonces, lo que son prácticas «normales de sacrificio», en la vida de vigilia, «de día» (unas prácticas «puntuadas» quizá por maltrato de algún tipo más flagrante, que «sirve» así como para que los padres, madres, etc., puedan desahogarse un poco)… eso, esas prácticas, son la cara A de una cara B que tiene lugar en estado de sueño, donde nuestra vida se convierte en pecado intencional más claramente ejercido (o sin tapujos, directo, el que por ejemplo es ejercido hacia los menores).

En el caso de que, además, las madres y padres sean muy claramente no tan «buenos» como lo querrían aparentar (mismamente en el caso de por ejemplo haber abortado, incluso espontáneamente), es lógico pensar ─y fácil de constatar, por lo que vi─ que «la fachada de buenos padres» se verá en general exacerbada, o paradójicamente más exacerbada.

Entonces, veíamos que ese incesto emocional es como una utilización energético-sexual de los niños por parte de madres, padres… etc.

Dicha utilización se daría:

– tanto en el estado de vigilia, con «proyecciones» o «bombeos energéticos», por así llamarlos, y que de algún modo confunden, mezclan, el tipo de amor «alma gemela» (del que todos tenemos anhelo, por diseño), con el amor en general (el «de amistad» en general, digamos)…
(y, claro está, a veces también ocurre simplemente con abusos físicos «reales», es decir, en este estado de vigilia).
(Ver algunas reflexiones sobre la amistad por ejemplo en: «Mi abuela: «salvada por el jamón serrano»… y aprovechamos para hablar de cómo es que «Dios es vegano»«: unplandivino.net/salvada-por-el-jamon/)

– así como esa utilización, ese incesto emocional, también ─o quizá sobre todo─ se daría en el estado de sueño, es decir, cuando vamos a dormir y salimos del cuerpo físico en el cuerpo-espíritu, pues nuestros actos en el cuerpo-espíritu pueden ser muy directamente abusivos hacia personas vistas como inferiores o que, debido a sus heridas emocionales, simplemente son más moldeables.
(Y lo que sucede en el estado de sueño sería igualmente real, ya que somos el alma que da vida tanto al cuerpo físico como al cuerpo-espíritu.)

Este incesto emocional, que sería generalizadamente «sólo» emocional (aunque, como dijimos, en estado de sueño estaría muy generalizado el «pasar al acto», en alguna medida ─según parece─)… este incesto emocional es, por tanto, otro pecado intencional recibido por nosotros como almas desde que somos pequeños.

Y, por lo que parece, por lógica, debido a toda esa “obsesión con los hijos” ─que constatamos─, y debido a todo ese “tabú de la madre” o «tabú familiar» en general ─que también constatamos─, resulta que este pecado del incesto emocional sería mucho más corriente de lo que pensamos que es. Es decir, ocurriría en una medida bastante abundante en casi todas las familias u hogares, tal como parece a todas luces cada vez más evidente.

Luego, en general, todo ese pecado intencional recibido desde pequeños, al no perdonarlo (al no sentir, al resistirnos a simplemente sentir y dejar fluir el dolor emocional acumulado por ello), estaremos resentidos, y nosotros mismos en seguida cometeremos actos más o menos desarmónicos, es decir, actos que estarán más o menos en armonía con el tipo de actos (pecados) que cometieron o tenían la intención de cometer los adultos (y/o los hermanos, etc.) de los que aprendimos a hacernos la fachada para no sanar el yo herido.

Son actos a veces muy desarmónicos, como el de instigar abortos, etc. Y, de entrada, podríamos verlos o sentirlos, en cierta medida, simplemente como una especie de «venganza ciega contra la vida».

El pecado intencional: refuerzo de las primeras heridas emocionales, en el sentido de invitar a «tomárselo personalmente» más o menos temprano en la vida

Un aspecto clave en estas cuestiones es el condicionamiento, pues todos tenemos heridas emocionales absorbidas desde nuestra estancia en el útero.

Aunque, cuidado: luego «el pecado es el pecado»; es decir, es un deseo o intención que tenemos de hacer eso, lo que sea (lo hagamos o no), y no podemos responsabilizar directamente a las heridas, muchas o pocas, que tengamos en el alma ─en tanto que emociones erradas─.

Es decir, las heridas son condicionamiento, sí; pero podemos y hemos de hacernos cargo del simple hecho de que el primer y principal motivo de que pequemos es que queremos hacerlo (en ese momento).

En el momento, aquí y ahora, hacemos o hicimos eso, y a nosotros nos toca responsabilizarnos de esa intención.

Y vale que en la vida vamos «como locos», es decir, vamos más o menos arrastrados por una vivencia en el yo herido más o menos confusa, más o menos aturdida… viviendo en ese «yo» o esa parte de nuestra alma ─con los bloqueos, etc.─ que Dios no puso, no hizo, en nosotros ─o si se quiere decir así: que «la vida», en su esencia, no puso en nosotros, si por ahora no se quiere creer en un Dios personal infinito, tal como muchos hemos comprobado que existe─.

Y vale que así, en ese yo herido, viviremos por tanto más o menos enfebrecidos, huyendo de sentir esas partes heridas de nosotros, y vale que en ese estado haremos ─o dejaremos de hacer─ cosas que en realidad alimentarán más el yo herido (pecados)… vale todo eso… pero, aun con todo, es a nosotros a quien nos toca sentir la intención de pecar y seguir pecando, reconocerla y sentirla humildemente, ya sea que la hayamos cultivado mucho o poco ya, ya sea que la hayamos recibido como «mal ejemplo» por parte de adultos, etc.

Es decir, para sanar hemos de desarrollar el carácter, sintiendo y soltando nuestras resistencias:
– resistencia al amor (es decir, a cambiar nuestra definición de amor empezando por reconocer y sentir la que tenemos, y reconociendo con honestidad cómo y cuánto queremos aprender sobre el amor «real»);
– resistencia a la fe (y así esa falta de fe o escasa fe, no puede generar deseo sincero);
– resistencia a la verdad (a la honestidad, etc.);
– resistencia a la humildad; es decir, resistencia a la hora de sentir el miedo, o cualquier emoción en general (positiva o negativa). Etc.

Los adultos transmitimos, pues, las heridas emocionales a los niños. Esto lo hacen madres, padres… Y, debido al gran rol emocional que tienen las madres biológicas, las heridas son pasadas en gran medida y al principio muy intensamente por la madres biológicas ─así como «sin querer queriendo»─.

Es decir, en el principio del traspaso de tales heridas por parte de los padres, aunque todo parezca ser «tan inconsciente» (y a la vez «transgeneracional»), siempre hay un matiz de intencionalidad, en el sentido de que si yo, cuando soy adulto/a, no sano mis heridas ─por ejemplo, como futura progenitora─, entonces, lo que ahora le sucede al niño/a ─al absorber éste, ésta, mi condición emocional herida─ cae o entra en gran medida bajo mi responsabilidad álmica, por el sencillo motivo de que yo, como adulto que ya tiene bastante autoconsciencia desarrollada, y bastante ejercicio del libre albedrío a sus espaldas… yo, no he sanado ni deseado sanar nada o casi nada en mi alma.

Sobre todo al principio de la vida del niño/a en el útero, muchas de esas emociones ─pero quizá no todas de entre esas emociones que vivo ahora como adulto y que están «sin sanar» (miedos, vergüenza sexual, etc.)─, muchas, son sentidas y absorbidas por las almas de los niños en el útero ─y son así vividas por ellos─.

Y esa absorción se da de tal forma que en principio parece que podríamos decir lo siguiente en general sobre ello: «no es algo que se dirija personalmente hacia o contra el niño/a«.

Pero, como dijimos, pese a eso, sí hay muchas emociones que serían dirigidas muy personalmente hacia la existencia misma del niño/a, como por ejemplo la incomodidad por el mero hecho del embarazo, del cambio que supone en la vida, etc. ─que es una emoción que frecuentemente lleva al aborto, es decir, al asesinato─.

Por cierto, y muy importante: también las emociones verdaderamente positivas entrarán ─por supuesto─ bajo mi responsabilidad álmica, como adulto ─y evidentemente «puntúan bien», digamos─.

Entonces, esos miedos, y esos miedos a sentir, que son miedos que todos tenemos, y también tiene la madre biológica al principio (es decir, esa falta de humildad, en tanto que la dificultad que todos tenemos en algún grado a la hora de patalear, temblar, sollozar… y liberarnos como niños pequeños, etc.), esas emociones erradas… esa resistencia a la humildad… todo eso es en seguida más o menos bombeado a menudo muy personalmente o cada vez más personalmente hacia la existencia del niño/a por nacer o del ya nacido.

En cuanto a los no-nacidos, es evidente que en muchos casos más o menos «molestan», perturban las vidas, inquietan por lo que pasará o no pasará en el futuro, pues las almas recién venidas al mundo ─o que están en el útero o probeta─ cambian la vida de los adultos ─tal como se suele decir─.

El pecado intencional y el «orden de prioridades»

Nuestro «sentido herido de nosotros mismos» nos hace que «nos dé igual todo» en algunos aspectos básicos, y no valoramos el arrepentimiento, etc., pues estaremos bastante a gusto con ciertos sacrificios que ya realizamos o que tenemos como «norma de vida», en el sentido de que «sacrificamos» el orden de prioridades natural en cuanto al amor.

Por ejemplo, al nosotros vivir en el yo herido, podemos tener y construirnos con el tiempo una «fachada de buena mamá» o de «buen papá», más o menos intensa como fachada. De ese modo estaremos sacrificando el amor por nosotros mismos por el «amor» a los demás (los niños) ─un «amor» entre comillas─. Es decir, justificaremos el sacrificio, con más o menos fachada.

Bien entendido ─pues esto puede darnos pie a confusión─ el orden de prioridades «en la vida» es que nosotros vamos primero en estas cuestiones del amor.

Eso se debe a que, si en el fondo, con lo que hacemos, nos sacrificamos, nos estaremos haciendo más infelices a nosotros mismos (ya sea a la larga o en el plazo más breve). Y si somos infelices irradiaremos eso y enseñaremos eso «al universo» ─una lección en realidad «falsa»─.

Claro está que no querremos entender que lo que hacemos es efectivamente sacrificio, sino que lo llamaremos «amor», «cuidados», etc. Pero la mayoría de cosas «en sociedad» (y en el hogar) suelen ser sacrificio, al simplemente no estar hechas totalmente «de corazón».

Y así, no podremos realmente beneficiar a nadie. Al final, en la situación, nadie saldrá realmente beneficiado, en el sentido de que el resultado no va a ser armónico de verdad con el desarrollo de todos los participantes. Es decir, no será armónico con un desarrollo real de los participantes como almas. Sí que podría satisfacerse un desarrollo por ejemplo como «cuerpos» y/o «mentes» que han de recibir una determinada educación para adecuarse a cierto sistema de creencias, cierto sistema social, etc.

Y, claro, pusimos entre comillas «amor» ─al hablar de «amor» por los demás─, porque en este caso, y como en el fondo ese supuesto amor es en realidad prácticamente sólo sacrificio, será como poco un «amor distorsionado» que a veces no tiene nada que ver con cómo Dios considera el amor.

El amor no sacrifica ni se sacrifica. El amor nos habilita a todos para ser realmente más felices, por ejemplo cuando nos habilita a sentir y practicar un verdadero altruismo, uno realmente espontáneo, un altruismo que nos salga de verdad de corazón.

El pecado intencional hecho un niño/a: el perdón y el arrepentimiento; ejemplos básicos; prioridades; aborto

El adulto que comete un acto que objetivamente degrada su alma y la del niño/a (pecado), a menudo va a querer que el niño no sienta hasta el final las emociones relativas al perdón de ese acto, o ni siquiera las empiece a sentir.

Es decir, un adulto que por ejemplo maltrata físicamente, a menudo no querrá (él u otros adultos cercanos) que el niño llore tras ser pegado.

La voluntad de que el niño no «suelte» el alma ─de que el niño no libere emociones─ es otro pecado que se añade al del maltrato físico, pues alienta al niño a no perdonar; es decir, le alienta a cometer un acto en desarmonía con una «ley básica del alma», la ley que nos dice que, para nosotros estar bien, hemos de liberar todas las emociones (y las relativas al perdón en la situación serán de «lloro», «duelo», por lo que el niño ha recibido como pecado de parte de sus progenitores o adultos cercanos).

Cuando el adulto maltrata, si a su vez sigue sin hacer su propio duelo, o sea, si sigue sin liberar de su alma las causas emocionales que hacen que tenga esa intención de pecar y que además la ejerza, ese adulto, inevitablemente, seguirá acumulando culpa ─la muy narcisista culpa─ y emociones similares superficiales de vergüenza, etc.

Hará eso en vez de afrontar las causas emocionales de sus actos; es decir, en vez de arrepentirse sinceramente y perdonar a su vez aquello que pueda surgir o descubrirse en el proceso (como causas emocionales profundas de nuestras intenciones de pecado, pues las causas serán en general resistencias a sentir emociones alojadas muy profundamente en nosotros, y que son relativas a las «cuestiones a perdonar», las cuestiones «a volver a sentir sin miedo»).

El adulto está, pues, viviendo en el miedo a sentir sus propias heridas emocionales, y esto lo puede hacer con más o menos fachada de «buena madre/padre»; o bien, obviamente puede trasladar esa actitud hacia el mundo exterior, para alimentar fachadas externas de todo tipo ─externas a la situación íntima en el hogar: fachada de buen profesional, buen ciudadano, jefa, jefe, político, etc.─.

Proteger el miedo es una desarmonía en el amor con uno mismo, viéndose «uno mismo» como alma (pues el alma no está hecha para albergar lo desarmónico con el amor, para bloquearse así).

Por tanto, ese comportamiento nos hará tener inevitablemente ─tener y vivir en─ conceptos distorsionados del amor a los demás.

Es decir, sacrificaremos el amor hacia nosotros mismos por un modo de tratar, cuidar, amar a los demás… por un modo de concebir como posibles ciertos modos de tratar a los demás, que están en desarmonía con la manera en que realmente es el amor ─la manera de Dios─.

En este caso de maltrato directo, simplemente se trata de lo que podríamos quizá denominar un pecado «directo», aunque podemos justificar nuestra intención de muchas maneras: «es que hay que pegar a los hijos por su bien» (sería la más evidente)… pero aquí ─y como fácilmente se comprueba─ hacemos todo tipo de malabares, es decir, de complejas maniobras justificatorias.

El caso del aborto también es muy simple de ver en este sentido, pues por nuestra comodidad estamos dispuestos a sacrificar una vida.

Entonces, somos resistentes, simplemente, al concepto de humildad que tiene Jesús: «deseo apasionado de sentir todo«, sea como sea la emoción, el deseo, etc. Esta falta de humildad, esto tan general, es una desarmonía en el amor a nosotros mismos. Y así, simplemente sucede que el motivo de muchas de las cosas que hacemos es para no tener que sentir por ejemplo esas incomodidades a las que acabo de aludir, y para no sentir las causas emocionales de por qué estamos dispuestos a cometer pecados y degradar así más nuestra alma.

Más sobre la valía y sentir personalmente los ataques

La valía, el sentido de «amor propio», en el niño, es una clave. Los niños siempre reciben ataques personales, aunque sólo sea maltrato emocional: displicencia más o menos arrogante, etc.

Esos ataques nos invitan a concebirnos malos en sí mismos. Es decir, cuando el ataque es personal, tenderemos a sentir, cuando seamos mayores, que lo que vivimos es un ataque personal.

Como vemos en los resúmenes sobre el tema del arrepentimiento y perdón (ver página aquí), de pequeños sentimos la intención del pecador (madre, padre, etc.), y eso crea en nosotros «sentimientos terribles si nuestra valía ya ha sido dañada«.

Y la valía ─en tanto que el sentido más básico que diríamos que «funda» el amor a uno mismo─ se ve potencialmente muy dañada desde que estamos en el útero absorbiendo muchas emociones heridas que luego no nos enseñarán a soltar, sino todo lo contrario.

En la vida habrá ocasiones en que sí podamos soltar esas emociones negativas tan tempranamente absorbidas, pero terminaremos haciéndonos una fachada a imagen de los adultos, y, por tanto, ya sea muy intenso o poco intenso el ataque personal recibido, este ataque nos hará tomarnos la vida en plan: «hay algo mal en mí» ─pues de hecho ya nos sentimos muy mal con nosotros mismos─.

En cuanto al ejemplo de la intención ejercida en un aborto, podemos preguntarnos: ¿es una intención personalmente dirigida hacia la persona, es decir, hacia la esencia única que está de hecho encarnada ya en el útero? Así lo parece, en el sentido de que a esa alma se le causa ese trauma (de violencia al cuerpo físico) por lo que ella es en sí misma: una vida concreta, aquí y ahora, pero que «no interesa».

Pecado intencional y control

La gente que tiene miedo a arrepentirse (es decir, en realidad todos nosotros, en algún grado) es más manipulable o controlable, pues en general tener cualquier tipo de miedo nos lleva ser así.

Entonces, por lógica, cuanto más cosas tengamos sobre las cuales arrepentirnos, más manipulables seremos.

Podemos ponernos en una especie de caso general extremo, y pensar en personas muy manipuladoras que, recordemos, si son así es a su vez por miedo, básicamente (es decir, debido a la resistencia a traspasar el miedo que ya tienen ─claro está─).

En los hogares hay personas con actitudes a veces muy controladoras o manipuladoras ─aunque todos los adultos somos un poco así en el ámbito más íntimo, familiar, etc.─.

Y luego, en algunas instituciones, vemos que prospera esa misma actitud como «actitud normal», o incluso como la actitud que es necesario cultivar para poder siquiera permanecer en esas instituciones y sobre todo en algunas posiciones dentro de ellas. (Obviamente aquí me refiero a instituciones como las militares y policiales, o todo tipo de cuerpos de seguridad y vigilancia, y en general escuelas, etc.)

En esos casos extremos la vida en realidad se vuelve literalmente perversa, pues toda la sustancia de los actos, del comportamiento, se podría resumir en «técnicas para controlar a pecadores», y justificarlos y/o enseñar a que se justifiquen a sí mismos.

¿Cómo nos justificamos en las diversas instituciones? Por ejemplo cultivando dogmatismos de todo tipo: religiosos, nacionales, familiares, etc. Y entonces, en todos esos lugares, para sostener todo eso, le ponemos un poco de sublimidad, o bien de «espíritu épico», de una epicidad más o menos «heroica», o de cierta «politicidad», o ponemos «ideales» diversos como aderezo… pero no deja de ser lo que es, por mucha «sal y pimienta ideales» que añadamos o queramos añadir: Son «escuelas de pecado», por decirlo rápidamente.

Jesús nos puso un ejemplo de «escuela militar» sacado de su vida en el primer siglo. Y es que su padre biológico, José, quería que Jesús cumpliera el rol de Mesías político-militar; y así, en su infancia, Jesús fue metido a una escuela sobre la guerra y todo lo relativo a ésta (incluyendo «guerra psicológica», pues por ejemplo tenían que realizar prácticas de abuso sexual; tenían que aprender a realizar ese ataque personal, y se lo hacían practicar a los niños desde muy pronto, perpetrándolo con niñas semiesclavas o esclavas, etc.).

Lógicamente, esas escuelas usan técnicas que explícitamente se aprovechan de las leyes básicas y simples sobre el alma, sobre el ánimo, sobre la dinámica emocional.

Como hemos dicho, una persona que tenga «muchos pecados» en su haber será más controlable, pues la persona tendrá más miedo a sentir todo lo que le ha hecho a los demás, cuando estuvo dañando así ─con todos esos pecados─ a los demás y a su propia alma en el proceso ─al cultivar esas intenciones desarmónicas con el amor─.

Esas intenciones no están en consonancia con el diseño o propósito del alma y las leyes naturales ─que son amorosas─; así que ya sólo el hecho de tener y mantener en el alma esas intenciones acarrea sus consecuencias ─ya no digamos las que acarrea el poner esas intenciones también en práctica─.

Podemos recordar un poco la actuación de la ley de atracción aquí, pues en general, «todo» dependerá de las heridas emocionales que ya están alojadas en el alma de los niños, y de cómo se vean los niños reforzados en su resistencia a soltar esas heridas ─a ser humildes con esas emociones─.

En las escuelas militares se verán muy reforzados ─y obligados─ a hacer eso. Y normalmente les será muy difícil resistirse a esos adultos que les quieren conducir tan mal. Si los niños siquiera pueden entrar en esas escuelas es porque ya vienen heridos desde el hogar, y, con el refuerzo recibido allí, podrán aceptar algún tiempo o incluso de por vida esas prácticas ─tras esas invitaciones tan macabras─. Podrán aceptar casi incluso de por vida esa supuesta «formación», ese «comulgar con ruedas de molino», normalizado como «educación militar», «educación patriótica», «educación religiosa», etc.

La familia y el aborto

Volviendo entonces al tema más familiar: El caso del aborto sería sólo un extremo de lo que ocurre con el sacrificio normalizado en las familias, ya que en gran parte éstas son una escuela de pecado, ya que en los hogares no paramos de usarnos entre nosotros para tapar miedos, para no tener que sentir vergüenzas, penas, soledad… Es decir, no paramos de cultivar el pecado de las adicciones emocionales.

Y, por cierto, claro está que el mayor problema para el alma parece ser el hecho de que enseñamos eso a «almas nuevas» que ni siquiera han hecho nada para merecérselo.

En general, madres y padres, «sin querer queriendo», y más o menos ayudados por la configuración de las instituciones (por la obligatoriedad de muchas instituciones bastante desarmónicas con el amor, por los chantajes emocionales sistémicos concomitantes al mero hecho de «tener hijos», etc.)… padres y madres, decíamos… transmiten ─y refuerzan─, en realidad intencionalmente, heridas emocionales a los niños. Eso repercute o condiciona el sentido de valía de los niños.

Más «utilización de pecadores»: la Nueva Era

Otro modo evidente de «usar pecadores» involucra la relación entre el mundo físico y el mundo espiritual, de la cual ya hemos hablado bastante.

Este uso se da mediante las creencias y tradiciones nuevas de la «Nueva Era», por ejemplo.

Un ejemplo de esto son las suplantaciones de Jesús, es decir, las suplantaciones o simulaciones de la esencia única personal de Jesús y María Magdalena, que se realizan o facilitan a través de cursos o libros como el curso de milagros, un curso de amor, la vía de la maestría, etc.

La gente nos vemos atraídos por «verdades a medias», y como no queremos arrepentirnos de lo nuestro y sentir a fondo toda nuestra alma (todo el dolor relativo a nuestros pecados, que muchas veces son el aborto, el aborto espontáneo, etc.), entonces, así, nos metemos más o menos ciegamente en cosas como «la Nueva Era» (pues además, resulta ser realmente muy atractivo, ya que sí que las novedades vehiculadas por libros así simulan partes importantes de lo que podemos llamar «la verdad divina» ─la verdad de Dios─).

Entonces, nuevamente, nos metemos de motu proprio, y a modo de «soldados del pecado», de «soldados del control», en esas «nuevas tradiciones», y literalmente estaremos entregando de una u otra manera el alma a espíritus más o menos controladores.

Esos espíritus (= desencarnados) tienen diversos grados de miedo a perder sus «posiciones» en el mundo espiritual, partes de la dimensión en la que estén, tradiciones, formas de vida, etc.

Es decir, este fenómeno demuestra que estamos en codependencia emocional con el mundo espiritual (igual que lo estamos con gente físicamente encarnada), debido a nuestros pecados y falta de arrepentimiento y de perdón. Y esos espíritus con los que nos «relacionamos» así, están a su vez protegiendo sus respectivos miedos, claro está.

Es decir, estamos en adicciones emocionales con el mundo espiritual (ese mundo adonde todos iremos, pues todos seremos «desencarnados»).

Así pues, somos manipulados al no desear arrepentirnos de nuestros asuntos, y al desear por tanto poner una fachada ─en este caso una fachada más o menos espiritual─ sobre ese deseo que es desarmónico con el amor: El deseo de no querer sentir el dolor relativo al arrepentimiento por ejemplo de los abortos espontáneos o físicamente violentos en los que nos hemos visto involucrados/as ─tanto por la parte de las mujeres así como de los hombres involucrados en ello─.

Notas

* Displicencia es: desagrado o indiferencia que mostramos en el trato que damos (ser tratados con displicencia).

Textos y audios relacionados

– «Humildad y valía«:
nplandivino.net/humildad-valia/

La fachada de buena mamá: ¿qué consigue?

En este audio…

– Enlaces al audio: descarga // en ivoox // en spotify

… vemos el tema de la fachada de ser «buena madre», con ejemplos de «mi caso», donde hay una gran cantidad de sacrificio, como en tantos otros casos.

Es decir, la vida se llena de «actitud de sacrificio», muy profundamente asimilada.

Esa actitud queda digamos así como bloqueada en el alma, y en muchas almas a la vez, en los hogares, en una especie de «cámaras de reverberación» emocional.

Arrastramos eso, y lo llevamos también al mundo espiritual con nosotros; es decir, nos preocupamos por los hijos (con el fatídico «mi»: «mis hijos»), en vez de ocuparnos de nuestra alma, es decir, de los motivos reales por los que hacemos eso (para no sentir nuestras heridas profundas); de lo que realmente nos anima, que es a menudo una actitud de sacrificio, y que termina facilitando la creación de «más muerte» ─como vimos en otros sitios: «aborto y antepasados»─ .

Como sabemos, esa vida en sacrificio se trata de mucho miedo, de vivir en mucho miedo, un miedo que por tanto es inevitablemente bombeado al entorno al no sentirlo uno mismo, es decir, al no hacernos responsables emocionalmente de cómo estamos realmente… y al no disolverlo ─de ese modo─ en uno mismo ─disolviéndolo como la «nada» que efectivamente es, es decir, como lo insustancial que es, tal como nos recuerda Jesús mismo que es: «expectativas falsas que parecen ser reales»─.

En ese entorno más o menos «oscuro» tuvimos que aprender lo más básico de «cómo empezar a ser nosotros mismos». (Lo vimos un poco en otros audios, muy explícitamente ─en mi caso con, digamos, «dos madres», etc.─.)

Recientemente estoy teniendo muchas llamadas telefónicas con mi madre biológica sobre el tema.

 

Niños y fachada: la creación concreta de la fachada en un evento de «vergüenza sexual»: «El niño va a tener celos» | La vergüenza de ser un hombre

[Actualización: 27 mayo, 2023: versión 1.06 del texto y audio 4]

Índice:
– Presentación y enlaces
– Índice del texto
– Descripciones de algunos audios


Presentación y enlaces

En este audio(s)…
(hay un texto asociado ─ver el enlace y el índice del texto abajo del todo─; y hay una serie de audios a modo de desarrollo del «audio matriz»):

AUDIOS
Enlace al audio «matriz»: descarga // en ivoox
Enlaces a la serie de audios leyendo y presentando el texto:
audio 1: descarga / en ivoox   ||   audio 2: descarga / en ivoox || audio 3: descarga / en ivoox || audio 4: descarga / ivoox || …
TEXTO
Enlace al textopdf    (versión 1.06, 27 mayo 2023)

… vemos un ejemplo concreto de mi caso personal, para entender y empezar a sentir cómo se construye, desde pequeños, por ejemplo algo que podemos llamar «vergüenza de ser hombre» (es un caso más… digamos, pues cada persona y cada vergüenza serán: «un mundo»).

Es un caso de «vergüenza sexual», por tanto.

Relacionado con esto, hay un texto y audio reciente, más breve, aquí:

– «La violencia sexual empiezan ejerciéndola todas las madres a sus hijos separándolos, sin querer queriendo, de sus almas gemelas (en algún grado)»:
unplandivino.net/violencia-sexual-madres-padres/

A esta vergüenza hemos aludido a menudo, pero ahora lo tratamos quizá un poco más en concreto que otras veces.

Hablo de un evento de mi infancia temprana.

Fue una interacción muy normal. Estábamos, en la calle y en el coche, mi madre, un amigo de mi madre y yo. Es decir, no hay ingredientes intrínsecamente sexuales ni «raros».

Este evento debió de ser uno de los muchos que en general vamos viviendo y que usamos para contruirnos una fachada, a imagen y a invitación de los adultos.

Con este evento y similares yo iría conformando esa fachada en la que en gran medida sigo.

En el audio también hablamos de forma general sobre cómo el alma se queda así como obstaculizada en cuanto al potencial de «relación consigo misma» (y por supuesto, en cuanto al potencial de relación con el Dios real, no sólo con desencarnados que suplanten a Dios o a otras entidades)… se queda obstaculizada, decíamos, a la hora de «expresarse» como eso tan único que cada cual realmente seríamos (como almas, como tales esencias únicas).

Así que hablamos en general de esa relación que se puede establecer desde muy pronto, «creativa» (digamos que en conjunción y diálogo con las leyes naturales y/o con Dios).

Índice del texto (versión 1.05)

¿Qué hay aquí?
Introducción general: el tabú de la (“santa”) madre biológica
A) Texto elaborado a partir de la transcripción literal (que está abajo, en los apartados finales “B”) y de sus comentarios: Segunda introducción
A.1. Heridas emocionales “sexuales”, eventos críticos conformadores e influencia de espíritus/desencarnados
A.1b. Ya que hablamos de desencarnados… (excurso)
A.2. Contexto de la “carta suicida”
A.3. El evento de la infancia
A.4. Recordatorio sobre los hogares como jaulas de “amor” falso
A.5. Volviendo a la carta: muestra de cierta apertura… pero…
A.5b. La descripción del evento en la carta
A.6. Un poco más de contexto general: madres solteras y “todo es un regalo”
A.7. El “yo herido”: nos forzamos a absorber las opiniones emocionales de los adultos. ¿Qué es “pensar antes que sentir”?
A.8. La vergüenza sexual como particularización y moldeado de vergüenzas profundas más “globales”
A.9. Alma y prioridades; los tres yoes
A.10. Seguimos con la carta: adultos que se alivian con los niños. Ser usados por los adultos. Responsabilidad emocional. Incesto emocional: “siempre decía que teniéndote a ti no quería casarme”
A.11. El proceso de crearnos una identidad desde las heridas: lo que normalizamos como individuación, que es como si fuera una desindividuación
A.12. Volviendo al evento de infancia: la frustración de ser hombre; la identidad sexual y sus desventuras. La promiscuidad es también una “frustración de la identidad sexual”
A.13. Excusas, vergüenzas… modos de construir significado en una autoconsciencia que se está desarrollando
A.14. El propósito de los eventos: “regalos perfectos y buenos”: niño mimado. “Pasando curso” validamos las opiniones emocionales adultas
A.15. El “mensaje” interiorizado en el evento infantil. Notas sobre afeminamiento y pasividad constitutiva
A.16. Significados, eventos críticos, y más sobre el propósito y el diseño “del universo”
A.17. Programación del comportamiento con las heridas
A.18. Deshacer el embrollo
A.19. Alergias en general
A.20. Alergia a ti mismo (a tu “esencia”). “Niños mimados, niños violados”. Parece que todas las madres son literalmente violadoras en el estado de sueño. La momificación del yo herido
B) Transcripción literal del audio: introducción
Texto de la transcripción literal y algunos comentarios complementarios ya desarrollados arriba. ¿Cómo es que hablamos de “vergüenza sexual”?

Descripciones de algunos audios

Audio 2

En este audio 2 seguimos con la lectura del texto hecho a raíz del «audio matriz».

En el audio matriz trato de «un caso de vergüenza sexual» y cosas relacionadas (es sobre un evento de mi infancia temprana, etc.).

Hoy, en los apartados leídos (del A.4 al A.10), vemos el contexto para entender por qué estaría tan generalizado el incesto emocional, etc.

Los niños en general sirven de hecho, también, para «aliviarse» con ellos de la presión emocional que sienten los adultos, que sentimos todos… ya que tenemos el alma en general muy herida, es decir, con muchas emociones desarmónicas bloqueadas.

Ese alivio se traduce en muchas cosas, pues no sólo estamos vivos en vigilia, sino en el estado de sueño, donde seguimos siendo una muy poderosa y «creativa» alma, aunque el alma* viva ese estado con el cuerpo espiritual mientras el cuerpo físico descansa
(*esa «alma», ese ánimo-receptáculo… que «contiene» y que da vida a nuestros dos cuerpos, físico y espiritual).

Título del audio 2:
– «2. Niños y fachada: el incesto emocional ¿por qué parece estar generalizado? | Audio 2 | Texto: del apartado A5 al A10 inclusive»

Audio 3

Hoy, en los apartados leídos (A.11 y A.12), vemos que el evento crítico relatado nos sirve para ilustrar de forma muy simple cómo nos hacemos una base desarmónica para la identidad (en el proceso de individuación, que es en realidad una especie de desindividuación o una individuación desarmónica del alma).

Título del audio 3:
– «3. Niños y fachada: La orgullosa individuación desarmónica del alma |Audio 3| Texto: apartados A.11 y A.12»

Audio 4

En el audio 4, los apartados leídos son los del final: A.19 y A.20, del texto.
Salto del apartado A.12 ─leído al final del audio 3─ a estos, para ver ya unas observaciones muy generales y simples sobre la vida, contextualizadas ─claro está─ con lo que hemos visto en la serie
(con lo que hemos visto está bastante expuesto el tema, aunque nos quedan varios apartados para posibles siguientes audios).

Título de este audio:
– «4. Niños y fachada: La verdadera pandemia: alergia a ser uno mismo, pasada por mamás y papás, etc. | A.19 y A.20 (texto)«

Marcos, el niño criado por lobos; el cinismo estructural, y el alma

En este audio…
Enlaces al audio: en ivoox / descarga
… vemos el caso de Marcos Rodríguez, un señor español que de pequeñito fue criado parcialmente por lobos en la España de mediados del siglo XX, en una zona muy «rural», claro.

Lógicamente esto nos da para mucho sentir sobre la fachada o máscara de «la civilización», que esconde la brutalidad en «campos de concentración» para animales y niños, etc. (esconde eso a la manera «nazi» que todos somos… escondiendo el bruto que todos llevamos dentro, por tanto).

Comentamos también algunas cosas sobre las «diferentes caras» del concepto de «cinismo», etc.

A continuación, los enlaces de los vídeos de los que hablo en el audio:

El niño lobo de Sierra Morena, Marcos Rodríguez Pantoja – El Lado Bueno de las Cosas:
https://www.youtube.com/watch?v=9LgcX5Z-hQM
Entrelobos – RTVE.es A la Carta:
https://www.youtube.com/watch?v=q3PxePGRgZk

Cómo se usan a menudo los bebés para que el hermanito mayor se haga su fachada, complaciendo a la mamá

En este audio (enlace a transcripción abajo, con aclaraciones)…
Enlaces al audio: en ivoox / descarga
… vemos una situación real, sencilla, que sucedió entre dos hermanitos y una mamá.

– Enlace a la transcripción: pdf, 9 páginas.

Uno de los hermanos es un bebé que llora.

El hermano mayor (5 años de edad) dice: «quiere molestar» (refiriéndose al bebé, atribuyéndole esa voluntad).

Evidentemente, esta situación, si no se trata, si no se entiende con lo que hemos visto sobre el alma… deriva en la literal locura que configura en gran medida esto que llamamos «civilización», o mejor dicho, muchas tendencias importantes en lo que rimbombantemente denominamos «civilización», pues, como vimos en otros audios, en gran parte lo que vivimos es un delirio «autosuficiente» e idólatra de la desarmonía, es decir, idólatra del pecado (actuación en desarmonía con los principios naturales, o de Dios, una actuación que daña el alma, y que por tanto tendrá efectos que habrá que gestionar, ya que el alma «gobierna»)… y ese delirio es superficialmente revestido de «civismo», «técnica», «educación», etc.

El hermano mayor puede terminar usando al bebé para crearse la fachada y complacer así a la mamá, pues el hermano mayor en general simplemente estaría sintiendo una frustración que en realidad es de la madre o del adulto que esté por ahí.

Esa frustración o enfado tampoco es de él, y la está «regalando», la está poniendo en palabras: «eh, el bebé quiere molestar». Está expresando una emoción que seguramente es en general de la madre, vivida en ese mismo momento – estaba con su madre en la situación real -: «siento que el bebé me quiere molestar» (emoción de la madre).

Este audio lo podríamos haber titulado también: «Cómo las mamás enseñan a juzgar», pues si al hermanito mayor se le deja sin más, y si él se cree su interpretación, entonces se le facilitará que él se cree, para sí mismo, esa especie de tendencia a juzgar, interpretar, condenar… etc.

 

Lo que un guía podría quererle decir a un niño

Qué difícil lo teníamos de niños para no hacernos una dañina fachada,

esa fachada que va bloqueando tanto las emociones erradas…

emociones que a su vez han creado en parte todo este mundo de engaños y demás…

Lo digo porque,
imaginaos lo que «nos tendría que haber contado» (un guía, si pudiéramos oírle):

– debes saber que muchas de esas emociones que sientes son de los adultos

– cuando las sientas deberías poder expresarlas sin daño a nadie ni culpando; eso sería bueno, es la verdad sobre lo mejor para el alma, la ley del alma (que fluya)

– pero como los adultos no quieren sentir esas cosas, entonces no te van a dejar (y tú te vas a ir no permitiendo a ti mismo sentir, por imitación de su error)

– tampoco les vas a convencer de ello fácilmente (pues ni siquiera estás entendiendo esto del todo)

– así que te tienes que «jorobar»* y buscarte unos momentos aparte donde poder hacer liberación de ira, miedo, tristeza, etc.

– te tienes que «jorobar», porque si expresas mucho quizá te maten o te lleven a un internado donde ya no vas a tener tiempo para hacer la liberación emocional de las perrerías que te hagan en el internado los que ya ni siquiera te conocen…

Y cosas así…
(aparte de que el guía, si es chupi, y sin contravenir el libre albedrío, le invitaría al niño a pedir amor a Dios, y a oír a su propia alma sin miedo a los taponamientos que los adultos hacen automáticamente a esa «voz» de la conciencia en el niño… etc.).

Así que ¿nos toca quizá experimentar contando esto a la gente, en plan como si nos lo contáramos al niño que fuimos?

* Lógicamente en este punto un guía no sentiría eso, solo es una forma de hablar para dar cuenta de la encerrona que provoca la ignorancia humana sobre la importancia del alma y las emociones (la importancia máxima de CADA alma).