¿Por qué el evento Jesús surgió en la tradición judaica? (Vemos el motivo de que se dirija aposta el odio a «lo judío», de que «se haga odiar tanto», hoy en día, e independientemente de los discursos sobre si está o no «justificado» ─nunca la proyección del miedo está justificada─)

Índice
─ Introducción
─ Notas
─ Mi petición
Nota
La memoria de la Caída, la tradición textual y la sintonía del alma con el propósito de Dios
I. La distorsión historiográfica en Josefo y la amalgama de los orígenes
Confusión entre la Creación Cosmológica y la Creación Antropológica
Entrelazamiento confuso de la Creación y la Caída
II. Las tradiciones de transmisión: El papel de espíritus primigenios (ej. Leytergus) y el rescate de la verdad
La cadena de revelación previa a Israel
Mitos universales frente a la Verdad Central
La singularidad de la línea judaica
III. La posesión de la verdad y la resonancia del alma («La voz de la conciencia»)
El «Órgano» del Alma
Sintonía y Afinación
IV. Del Mesianismo Político-Material al Amor Divino Reentregado
V. La restitución del Amor Divino como superación de la Caída
El papel de Jesús
El Libre Albedrío y la Restauración Potencial
La meta final

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Introducción

En esta ocasión, al revisar estos mensajes de Padgett, surgieron las notas de abajo.

Como digo en el título, seguramente hemos estado tratando, aquí, con esta revelación en general, con los motivos más profundos de por qué «el evento Jesús» surgió en la tradición judaica.

Ya hemos hablado de que tal evento sería el fundamento para motivar que hoy en día se dirija aposta el odio a «lo judío», en el sentido de que algunos que se proclaman «defensores de lo judío» hagan cosas para que la humanidad proyecte odio hacia ellos mismos, quienes se dicen «encarnar» lo judío ─»pueblo judío», etc.─.

Se trataría en gran medida de que la humanidad «caiga en la tentación» de proyectar sus miedos («odio») hacia este aspecto de lo religioso, de las religiones.

Recordemos que, para el tema de la relación con Dios (que en el fondo es lo más esencial en lo que llamamos «religión» o «espiritualidad»), sería fundamental el hecho del surgimiento de Jesús, cosa que ocurrió dentro esa tradición judía ─y es de lo que tratamos un poco en las notas abajo, que esta introducción presenta─.

Estas personas en concreto, los «judíos», o, más bien, para algunos estudiosos: los que secuestraron «el pueblo judío», organizados estatalmente, realizan cosas muy feas, claro está; pero cosas igual de feas fueron comandadas recientemente por casi todos los Estados de la Tierra.

Es decir, las peores cosas que podamos imaginar no son mucho más feas que las masacres comandadas por el gobierno de los EEUU (o partes de dicho gobierno) todo a lo largo de su lamentable historia: desde las masacres de indígenas ─aunque estos indígenas no eran santos y las guerras entre ellos mismos, por ejemplo, eran terribles─, hasta las bombas de Hiroshima y Nagasaki o las brutales invasiones y genocidios en Irak y otros países.

Es evidente que por defecto la humanidad va a tender a proyectar el odio personalmente contra la gente ─contra esos que cometen las fechorías, las que sean─.

Y hay grupos de desencarnados, los cuales en gran medida obsesionan a los dirigentes políticos y a otras personalidades «poderosas», que estarían queriendo eso mismo: en concreto, que la humanidad machaque u oscurezca el sentido de «lo judío».

Ese machaque sería un logro «anticrístico».

Recordemos, «Cristo» es de entrada el estado de aquella alma que ha recibido Amor de Dios y además se ha transformado plenamente por ello. Jesús habría sido la primera persona que lo habría obtenido ─en la humanidad y en el mundo espiritual─.

Todo esto es independiente de los discursos sobre si está o no «justificado» el odio, pues de todos modos, nunca la proyección del miedo (= odio) está justificada.

Sí está justificado «odiar» el pecado, pero nunca odiar a personas. Dios nunca odia a las personas, pero Dios sí «odia» ─si pudiéramos hablar así de sus operaciones y sentimientos─ el pecado.

Y, como vimos, el pecado es básicamente la causa de todo lo que nos pasa «malo» en la Tierra.

NOTAS

Mi petición para dar pie a la nota de abajo

La nota temática sería sobre:

─ La Caída, si la tenemos como cierta en el modo que vemos en esta revelación, sería un dato fundamental para el ser humano.

En los mismos mensajes de Padgett hay uno al menos donde aparece un personaje, creo recordar que llamado Leytergus, que se presenta como uno de los autores de los cuales bebieron tradiciones como la judaica para «tomar el relevo» de la transmisión de los datos correctos sobre cosas tan fundamentales como la caída, la creación del ser humano, etc.

En muchas otras tradiciones de «espiritualidad» (tenidas a veces por no monoteístas, pero que, a menudo, en realidad no estaría tan claro que sean no-monoteístas, ya que, por ejemplo muchos indígenas, creo, hablaban del Gran Espíritu detrás de todas las cosas) estarían mezclados relatos de diluvios y catástrofes, de la «caida» de la humanidad en una mayor degeneración, de la creación o el surgimiento del ser humano… etc., que, más o menos confusamente, a veces podrían servir para pasar el testigo de verdades importantes, pero que, más bien confusas en esa amalgama, en realidad no servirían para el plan puro de Dios respecto a la humanidad: favorecer en lo posible la relación con Dios, que sería lo único que da la eternidad ─y no solo favorecer el amor y la moralidad entre nosotros, y entre la humanidad y los espíritus (gente ya desencarnada)─.

El mismo Josefo parece decirnos que en sus escritos tenía una mezcla confusa entre por un lado la creación del hombre y la creación del mundo, y por otro la caída, quizá. Continuar leyendo «¿Por qué el evento Jesús surgió en la tradición judaica? (Vemos el motivo de que se dirija aposta el odio a «lo judío», de que «se haga odiar tanto», hoy en día, e independientemente de los discursos sobre si está o no «justificado» ─nunca la proyección del miedo está justificada─)»

El don «envenenado» que exploraron «Adán y Eva» y lo que significa realmente «el final de los tiempos»

Índice
─ Introducción
─ Notas
─ Mi petición
Nota
1. El orgullo adámico: La trampa de la autosuficiencia y el escenario contrafáctico
2. El Juicio Final y la «Segunda Muerte»: Descodificando el Apocalipsis de Juan
En qué consiste realmente la «Segunda Muerte»
Pistas y distorsiones en el Apocalipsis de Juan

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Introducción

Al revisar estos mensajes de Padgett, surgieron las notas que traslado abajo.

NOTAS

Mi petición para dar pie a la nota de abajo

La nota podría tratar de:

1.─ El pasaje tras la pregunta que hace Padgett, es donde se da respuesta a lo que parece ser una pregunta de en qué consistió realmente la búsqueda u orgullo adámicos.

Consistiría en ese enredarse, de Adán y Eva, en «buscar vida eterna», pero con «las cosas» (y en el estado o condición no verdaderamente eterno)… con las cosas que son en realidad de lo físico-mortal (no destinadas intrínsecamente a lo eterno)… y encima, no eran solo cosas meramente del mundo espiritual, sino que ni siquiera eso: eran cosas de la carne, de la tierra, o, en general, de la forma de vida de un alma encarnada.

Tal alma está además en el ámbito físico, en cuerpos físicos, cuyo destino es meramente instrumental, y ello es así más aún que en el caso del cuerpo espíritu, el cual también es meramente un instrumento del alma, en el fondo.

Hay pues un matiz de «por su cuenta», de autosuficiencia.

Es como una distorsión de la responsabilidad intrínseca al alma, como principio básico del alma; es como pasarse de rosca en la responsabilidad natural del alma: claro que somos responsables, pero hay un ordenamiento de las cosas; es decir, hay pasos; en este caso, habría un solo paso, necesario, para digamos que llevar la responsabilidad a una posición más elevada, la que se realiza en la llamada eternidad, como estado o condición álmica.

Es decir, el alma se hubiera podido responsabilizar de otra manera del hecho de ser eso, alma (al recibir amor divino), y luego, secundariamente, de tener cuerpos y una tierra física como regalos.

Eso quiere decir que el mal y el bien no era necesario conocerlos, claro; de hecho, todo en la creación es un regalo, solo que ese sería una especie de regalo «envenenado», el que Dios dispone que solo sea dado cuando lo pedimos de corazón.

Con toda el alma, Adán y Eva, Amán y Amón, habrían pedido «rebuscar» en los entresijos de los modos de vivir la creación, digamos. Y solo habría ─para un alma creada (para una creación que además sería la más grande de Dios: alma personal)─, solo habría, decíamos un otro modo, básicamente, a disposición de alguien encarnado: y es ese que es definible como un «pedir con toda el alma el regalo envenenado».

Debió de darse una fase donde el corazón de ellos, Adán y Eva, almas gemelas, se dotaba y autollenaba del deseo de ser independientes e intentar gozar al máximo la creación, como seres «eternos», es decir, con capacidades «divinas» de creación y aplicadas a lo físico.

Ponemos «divinas» entre comillas, porque las verdaderas cualidades divinas solo las habrían podido alcanzar realmente si hubieran aceptado el don del amor de Dios; así, sí se habrían vuelto divinos en sus naturalezas. Tales «cualidades creativas» seguramente sean ahora mismo inimaginables para nosotros; estarán mucho más allá de la capacidad de realizar meras materializaciones, por ejemplo… como las materializaciones que se habrían dado en los casos de las apariciones de Jesús así como de muchos otros espíritus una vez desencarnados, etc.

Esto sería pues lo que Dios habría «ocultado» (ocultaría todo lo que conllevaba profundizar en esa búsqueda como camino envenenado), en el sentido de que, además, son potenciales que no pueden ser conocidos por el alma a no ser que esta pase efectivamente al estado donde malogra y se desposee a sí misma del don que previamente sí disfrutaba: el del potencial de poder recibir todavía el amor personal de Dios, y no solo el amor digamos impersonal e indirecto (voz de la conciencia, regalo de la vida, etc.).

Si pudiera ser, emplearíamos el concepto de «contrafáctico» para este primer punto.

2.─ El verdadero sentido de un juicio final (en el contexto concreto del «Apocalipsis»), no tendría nada que ver con lo que normalmente se cree.

Esto sería algo muy grande; y quizá es simplemente lo que se habría deformado en la transmisión recibida al parecer por Juan en su Apocalipsis ─deformada, además, por las sucesivas copias, etc.─.

Es decir, la transmisión «de visión mística», digamos, donde Juan estaría recibiendo quizá la esencia o el germen compactado de esta «segunda muerte», sería eso: una transmisión compactada, pero luego difícil de desplegar en palabras, etc. (ese sería un primer motivo de distorsión), claro, sobre lo que realmente significa el juicio final.

Si hay pistas en este sentido, en el apocalipsis, que se pudieran sonsacar para la nota, podría estar bien.

Nota elaborada por IA Gemini ante mi petición

Esta nota temática sintetiza y profundiza en dos de las revelaciones doctrinales más potentes de este bloque: la naturaleza exacta del orgullo y la caída adámica frente al contrafáctico de su destino, y el verdadero significado teológico del Juicio Final en contraste con la escatología apocalíptica tradicional.

1. El orgullo adámico: La trampa de la autosuficiencia y el escenario contrafáctico
El pasaje posterior a la pregunta de Padgett desmonta la alegoría del Génesis para revelar una dinámica psicológica y espiritual profunda: la caída no fue un simple acto de gula o desobediencia arbitraria, sino una distorsión de la responsabilidad e independencia del alma. Continuar leyendo «El don «envenenado» que exploraron «Adán y Eva» y lo que significa realmente «el final de los tiempos»»

¿Nadie hace mal a sabiendas? (Jesús y Platón ‘reloaded’) | Semi-recordatorio, 6 | Principio de no-contradicción a nivel del alma | A modo de “Recordatorios, 6”

En este audio (y texto relacionado)…

– Enlaces al audio: descarga // audio en ivoox
– Enlace al texto: pdf    (versión 1.01; 2 junio 2023)

… contextualizamos esa confrontadora y muy antigua frase («nadie hace el mal a sabiendas«) gracias a lo que hemos visto con Jesús y María Magdalena.

El texto (y audio) contiene muchos recordatorios, pero en realidad, también algunas preguntas, etc., y estrictamente hablando no sería el siguiente texto de «Recordatorios», el 6.

El índice a continuación contiene la lista de apartados del texto que introduzco y leo en el audio.

Índice del texto

Introducción: Nadie hace el mal a sabiendas
Más sobre el autoengaño en el lado “perverso”: un ejemplo
¿Lo hacemos aposta? Ignorancia
El arrepentimiento
¿Civilizados?
Autoengaño “bondadoso”: más sobre el “buenismo”
Conclusiones y preguntas, 1: el Bien absoluto (Dios) y el mal en el alma; pregunta sobre descender de la dimensión 6 y perder la condición (?); Sócrates y su espíritu guía
Conclusiones y preguntas, 2: No se puede conocer el mal, y por ello se diría que vivimos una especie de ilusión o “sueño”
Conclusiones y preguntas, 3: ¿somos “irresponsables” si nadie hace mal voluntariamente? ¿No somos “realistas”?

Gracias manipulación global mediática, por ser espejo de nuestra inautenticidad

imagen florÍndice:
– ¿Manipulación?
– ¿Exportando «modelos terroristas»?
– El maltrato y la guerra
– Hipocresía
– ¿Cuál es el propósito del terrorismo para la humanidad, vista como una unidad de consciencia?


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¿Manipulación?
¿Por qué a veces nos choca tanto la manipulación tan masiva que se da hoy a causa del terrorismo, como tanto se ha dado en países como el mío, España, habiéndose utilizado como medio de hacer «política del miedo», a través de las televisiones y periódicos durante decenas de años?
«Manipulación» no es un juicio, ni es bueno ni malo que la tengamos expresada en nuestro campo humano.
Estamos observando, no juzgando. Observar también se puede hacer con el corazón, poniendo toda el «alma» que podamos…, afrontando lo que hay, no escondiéndonos (como hacemos a menudo).
Nada es bueno ni malo en sí.
Algo solo es «bueno» o «malo» porque nosotros lo decidimos así, en cada momento. Y el gran regalo es este poder de decisión, esta libertad de crearnos y volver a crearnos.
El único «problema» es que tenemos «creencias», es decir, muchas cosas que han decidido otros por nosotros, sobre lo que es bueno y lo que es malo «en general».
Y este problema consiste solamente en que no hemos hecho nuestras cada una de esas creencias: no nos hemos apropiado de ellas para realmente digerirlas, e incluso, para, en el camino hacia la maestría, trascenderlas plenamente -y ser ese amor que ya somos en unidad.
El único «mal», como tan amenamente contaba la revelación de Walsch, es no poder o no querer decidir por uno mismo, y cada vez más y mejor, qué somos ante las cosas, qué queremos ser… qué decidimos sentir y pensar… realmente desde el corazón.
La teoría la sabemos: sabemos que en la mente todos tenemos profundamente albergadas todas las condiciones y «emociones» que hacen posible la existencia de todos esos seres humanos que parecen ser tan distintos de nosotros.
Albergamos todos los pedazos distintos de la humanidad: un pedazo de asesino, tenemos otro de «manipulador de masas» o de ricachón obsesionado con el poder por el poder y que se siente enormemente superior al resto…, tenemos otro pedazo de religioso fanático adoctrinador de jóvenes, tenemos otro pedazo de niño inocente, etc.
Como sabemos, nuestra civilización aún expresa las creencias que dicen: «sobrevive el mejor adaptado»; «el mejor es quien lo puede demostrar con la fuerza»; «alguien tiene que perder para que alguien gane».
Y lo único que nos permitirá salir de esto es abandonar el único «mal», aquel de nuestra «inautenticidad»…, el «mal» que consiste en ver y querer ver diferencias de significado interiores y exteriores («lo que siento que tengo que hacer» frente a «lo que hago por obligación»)…, el «mal» del virus del «moralismo» (la «rectitud» mal entendida).
Y esta «manipulación» del terrorismo que realizan los medios de comunicación es simplemente «lo que hay», y es lo de siempre, algo muy viejo: es más y más inautenticidad en movimiento -y el movimiento de la nada es nada, tragándose a sí misma. Continuar leyendo «Gracias manipulación global mediática, por ser espejo de nuestra inautenticidad»