2/255-258) Siguientes cuatro mensajes (Pablo, Jesús, Esteban y Helen escriben – Vol. 2) | El verdadero evangelio – Revelado de nuevo por Jesús | Vol. 2:255-258

Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español (y notas)
─ Versión en inglés

___

Introducción

─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
La lectura de estos mensajes en el audio dura hasta el minuto 17:27, luego hay algunos comentarios (lectura de las notas que se pueden ver bajo los mensajes, más abajo, etc.).

Esta vez vemos los siguientes cuatro mensajes, que son de Pablo, Jesús, Esteban y Helen.

Para la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:

unplandivino.net/padgett/

Esto forma parte de un libro que es el segundo volumen de una recopilación concreta de las cartas o mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, de Jesús de Nazaret.

Estos volúmenes fueron preparados y/o compartidos así por Divine Truth, entre otras personas.

Este segundo volumen no estructura los mensajes según temas. Y tal como se ve en su índice, contiene:
─ Una introducción;
─ Una nota breve sobre la edición digital;
La lista de mensajes,
─ y un breve apartado final, donde sólo se presenta de nuevo la oración que podemos llamar «del amor divino», y que vimos en el primer volumen.

Versión en español (con notas añadidas al final)

Pablo: Comentarios sobre las creencias del predicador. La perfección es un término relativo (31 agosto 1915)

Aquí estoy, San Pablo.

Estuve con vosotros esta noche en la reunión y escuché lo que el joven dijo sobre la perfección, y estoy completamente de acuerdo con sus ideas y la aplicación de la verdad a la vida de los seres humanos.

Él tenía la concepción correcta de lo que significa la perfección, y cuando dijo que este es un término relativo, expresó la pura verdad. Nadie puede esperar tener la perfección del Padre en cantidad, pero sí en calidad; pues el espíritu de la verdad, que entra en el alma de un hombre en respuesta a la oración y la fe, es parte de la naturaleza Divina del Padre; su esencia es la misma, y ​​su calidad debe ser la misma; pero, por supuesto, nadie puede obtenerla hasta el punto de volverse tan puro y santo como el Padre lo es. Ni siquiera nosotros, que vivimos en los altos Ámbitos Celestiales, tenemos esa perfección que tiene el Padre.

Sin embargo, que los hombres sepan que, incluso en la tierra, pueden recibir esta afluencia del Espíritu Santo en sus corazones a tal grado que el pecado y el error sean erradicados por completo. Esto, digo, es posible; pero pocos alcanzan tal estado de perfección, porque los asuntos mundanos y los apetitos naturales propios de los mortales siempre interfieren, impidiendo las obras que el espíritu realiza en las almas para que esta clase de perfección se apodere de ellas. No obstante, a pesar de esta gran dificultad y de los deseos materiales de los hombres, estos deben tener siempre presente tal ideal perfecto y esforzarse por alcanzarlo.

Me interesó mucho el discurso, no solo porque se basaba en un texto que se me atribuye, sino también por la acertada concepción y explicación del joven.

Pude percibir su alma y su funcionamiento, y me alegró saber que poseía este Amor Divino en un grado extraordinario, estando casi preparado para morar en las Esferas Celestiales.

Sus palabras os beneficiaron y sentisteis la influencia de la presencia del Espíritu Santo en la reunión.

Si los miembros de esta iglesia comprendieran que solo hay una cosa que los salva de sus pecados y los une al Padre ─a saber, la afluencia del Amor Divino en sus almas, que fue lo que Jesús quiso decir cuando le dijo a Nicodemo que debía nacer de nuevo─, verían fácilmente que su doctrina de la santidad no solo es razonable, sino que está en consonancia con las verdades de Dios; pues a medida que este Amor Divino colma sus almas, todo pecado y error deben desaparecer.

Por supuesto, esto es algo relativo, ya que la cantidad de pecado o error depende de cuánto Amor Divino haya en el alma. Cuanto más Amor Divino, menos pecado; y viceversa, cuanto más pecado, menos Amor Divino. Sin embargo, quiero enfatizar, con toda la fuerza de la que soy capaz, que es posible que un ser humano reciba tal cantidad de este Amor Divino en su alma que el pecado sea completamente erradicado. Esta fue la doctrina que enseñó Jesús, y esta es la verdad de la ley del Amor de Dios.

Sé que la gran mayoría de la humanidad no cree en esta verdad y la considera una necedad, y que a quienes afirman haber recibido en gran medida este Amor Divino se les toma por fanáticos entusiastas que no merecen crédito; pero quiero deciros que el Maestro jamás proclamó una verdad mayor; y algún día, en un futuro no muy lejano, muchos hombres que ahora son cristianos meramente intelectuales creerán esta gran verdad, la abrazarán y la experimentarán.

Os beneficiará mucho asistir a estas reuniones y, aunque haya algunos puntos en su credo con los que no comulguéis, ellos poseen la verdad fundamental: que el Amor Divino del Padre puede limpiar sus almas de todo pecado y hacerlas perfectas, en la medida en que reciban ese Amor en sus almas.

No escribiré más esta noche, pero sí diré que el Espíritu Santo, que transmite el Amor de Dios al hombre, está con estas personas con gran poder y plenitud, manifestando su obra de manera real e irresistible. Dios las bendice y les concede esa fe que les permite salir vencedores, siendo herederos de la inmortalidad y de una morada en los Ámbitos Celestiales.

Así pues, sin quitaros más tiempo, os deseo buenas noches y que Dios os bendiga.
Vuestro hermano en Cristo,
San Pablo

Jesús: Asistió al servicio religioso con el sr. Padgett y comentó sobre la fe de la gente (31 agosto 1915)

Aquí estoy, Jesús.

Escuché lo que Pablo escribió y corroboro todo lo que dijo; añado que estas personas están siguiendo el verdadero camino hacia la herencia que les prometí mientras estuve en la tierra. Su fe es maravillosa, y los frutos de su práctica se manifiestan en la condición de sus almas y en sus vidas.

Han hecho suya una concepción álmica de la religión y de mis verdades, y aunque puede que con sus intelectos no comprendan la filosofía de mis enseñanzas, con sus percepciones álmicas han captado la gran verdad fundamental de la salvación mediante el Amor Divino del Padre.

Por supuesto que cantan y proclaman que mi sangre los salva del pecado, pero esto es simplemente el ejercicio de sus concepciones mentales, aprendidas de las enseñanzas y credos de las iglesias. Sin embargo, han asimilado la gran y única verdad de la salvación con ese conocimiento mucho más profundo y certero que les otorga el despertar de sus almas al Amor Divino y la infusión de este en ellas.

Cuánto desearía que todas estas iglesias de culto formal e intelectual comprendieran que la única adoración verdadera a Dios se realiza a través de las percepciones del alma. Solo con estas percepciones, desarrolladas al obtener el Amor Divino, podemos ver a Dios. Solo mediante tal desarrollo podemos llegar a ser puros, santos y aunados con el Padre, participando de Su naturaleza Divina.

Me alegra que hayáis asistido a esta iglesia (Iglesia de la Santidad [Church of the Holiness]), y os aconsejo que lo hagáis a menudo; pues os aseguro que el espíritu de verdad y Amor está presente en estas personas en un grado extraordinario, y esto se debe a que sus almas están abiertas a su afluencia y a su ministerio.

Estuve con vosotros de nuevo esta noche, y también el espíritu de verdad, tratando de abrir vuestra alma a su influencia y a aquello que hará que crezcan vuestra fe y confianza en mí.

Ninguna iglesia os hará tanto bien como esa, y os aconsejo que asistáis. Por supuesto, no tendréis que comulgar con su credo, sino solo con el hecho de que el Espíritu Santo está allí con todo su poder vivificador, tal como a veces cantan.

Así que, con todo mi amor, os deseo buenas noches.
Vuestro hermano y amigo,
Jesús

Esteban: ¿Cuál es el significado de la naturaleza Divina de la que participa el alma del hombre al transformarse mediante la afluencia y posesión del Amor Divino? (13 noviembre 1918)

Aquí estoy, San Esteban.

Permíteme dedicarte unas palabras esta noche, pues soy uno de los espíritus sobre los que anoche escribió tu esposa, anticipando que vendríamos hoy con el deseo de comunicarnos.

Mi tema es: «¿Cuál es el significado de la Naturaleza Divina de la que participa el alma del hombre al transformarse mediante la afluencia y posesión del Amor Divino?».

Como podrás percibir, esto será algo difícil de explicar, principalmente porque los hombres no tienen una concepción muy precisa de lo que se entiende por el término «Divino». Por supuesto, asocian esta palabra con Dios, y para ellos Dios es un ser Cuya naturaleza y cualidades trascienden sus concepciones finitas; y, en consecuencia, para su entendimiento, es aquello que está por encima y más allá de todo lo que se considera o se supone natural. Para algunos, Dios es un ser con personalidad, y para otros, una especie de existencia nebulosa que está incluida en todas las diversas manifestaciones ─y las compone─ que están trascendentalmente por encima de lo que ellos conciben como meramente natural o humano.

No intentaré discutir quién o qué es Dios, salvo en lo que respecta a una de Sus cualidades o atributos, y el mayor de ellos; pues debes saber que no todas las cualidades de Dios tienen la misma grandeza o grado de importancia en el funcionamiento de Su esencia sustancial. Todas, por supuesto, participan de Su Ser Divino, pero, como podrías decir, existe una diferencia en el funcionamiento y el alcance de sus operaciones.

Se te ha dicho que lo Divino es aquello que lleva en sí, en grado suficiente, la Sustancia y Esencia misma de Dios Mismo; y esto es cierto, pues la Divinidad pertenece solo a Dios, y puede ser poseída por otros, espíritus o mortales, solo cuando Él ha infundido u otorgado a las almas de los hombres una porción de esta Divinidad y, en esa misma medida, los ha hecho parte de Sí mismo. No hay nada en todo Su universo que sea Divino o participe de lo Divino excepto aquello que es del alma, pues todo lo demás es de lo material, incluso cuando tiene la forma o apariencia de lo espiritual. E incluso el alma, tal como fue creada, no es Divina y no puede llegar a serlo hasta que se transforma en Divina mediante la transfusión en ella de aquello que, en su misma sustancia, es Divino. Muchas almas en el mundo espiritual, aunque puras y en exacta armonía con su condición creada, no son Divinas y jamás llegarán a serlo, y esto solo porque estas almas no desearán ni buscarán volverse Divinas por el único camino provisto por el Padre.

Es un error de los hombres creer que, por el mero hecho de que Dios haya creado tal o cual objeto o cosa, este sea necesariamente divino, pues Sus creaciones no son más parte de Él mismo de lo que son parte de los hombres las creaciones de estos; y así verás que en toda la creación de Dios no hay nada Divino, salvo aquello que, por Su Gracia, ha sido privilegiado para participar de Su Divinidad. Por consiguiente, las estrellas, los mundos, los árboles, los animales, las rocas y el propio ser humano, en cuanto que creados, no son Divinos.

Los hombres han afirmado que en el hombre reside una chispa de lo Divino ─una parte, como se dice, de la «Superalma»─, la cual solo necesita el desarrollo adecuado para que el alma humana sea plenamente divina. Esta teoría se basa en la idea de que dicho desarrollo se logra mediante el ejercicio de la mente o las cualidades morales guiadas por la conciencia [conscience], la cual, según afirman, es de por sí Divina; especialmente cuando está dominada por la razón, la cual ha sido frecuentemente venerada como divina por filósofos y por otros (para quienes la mente es suprema). Han intentado diferenciar al hombre de los animales inferiores, atribuyendo al primero las cualidades de la Divinidad por estar dotado de razón, mientras que los animales inferiores carecen de ella; y han sustituido la diferenciación entre lo Divino y lo no divino por meros grados en el orden y los objetos de la creación.

Dios es enteramente Divino, y cada una de Sus partes y atributos es Divina. Si bien forman parte del todo, pueden separarse en su funcionamiento y otorgamiento; y el hombre o alma que recibe una de estas cualidades o atributos no necesariamente recibe los demás. La omnipotencia y la omnisciencia son atributos de la Divinidad de Dios que Él jamás otorga a las almas de los hombres o espíritus, y de ellos es el poseedor exclusivo, aunque en todos Sus atributos hay poder y conocimiento que acompañan al otorgamiento de cualquiera de ellos, del cual forman parte; y uno de estos atributos divinos puede ser otorgado al hombre sin que por ello este se convierta en Deidad. Solo hay y puede haber un Dios, aunque Él puede dar de Su misma Esencia y Sustancia, de modo que el hombre pueda llegar a ser como Él en esa Esencia y Sustancia, en la medida en que le sea concedida.

En cuanto al hombre, a su salvación y a su felicidad, la mayor de las cualidades o atributos de Dios es Su Amor Divino, que es el único que puede unir las almas de los hombres con el Padre y Su naturaleza, y que posee la cualidad de la inmortalidad. Este Amor tiene poder transformador y puede hacer que aquello que es de una calidad ajena y diferente a él mismo, sea de su misma esencia; y más aún, puede eliminar de ello aquellos elementos que de manera natural y necesaria son sus componentes, sin dañar ni destruir al ser mismo.

Bueno, debemos terminar aquí. Continuaré más tarde.
Soy
San Esteban

Helen: Afirma que San Esteban escribió sobre el significado del Amor Divino, etc. (13 noviembre 1918)

Aquí estoy, tu fiel y afectuosa Helen.

Querido, esta noche has recibido una carta muy interesante sobre un tema muy vital e importante, y lamento que el autor no haya podido terminar su mensaje; la vinculación se debilitó y tuvo que interrumpirla. Volverá pronto para terminarlo, pues tiene muchas ganas de hacerlo. Fue Esteban quien escribió, y es un espíritu muy hermoso, poseedor de este Amor hasta un grado para mí inconcebible, y un espíritu de la más gloriosa apariencia.

Me alegra que te encontraras en tan buena condición, y espero que sigas mejorando para que podamos darte más mensajes cada dos noches. Hay tantos mensajes por escribir.
Tu fiel y amorosa,
Helen

___

NOTAS (hechas por IA-Gemini; más alguna consulta que da pie a las notas)

Nota sobre el final del mensaje de Esteban
La afirmación final presenta la paradoja central del cambio ontológico o sustancial. Desde una perspectiva filosófica clásica (cercana a la escolástica), lo que es «natural y necesariamente componente» de un ser define su esencia; por lo tanto, su eliminación implicaría la destrucción del ser mismo. Sin embargo, el texto describe un proceso de transustanciación mística: el Amor Divino no opera una mera modificación accidental del alma humana, sino una asimilación dialéctica. El estado original del alma creada (su «en sí» limitado) es transformado mediante la infusión de una sustancia nueva (la Esencia Divina), alterando sus componentes intrínsecos sin aniquilar el núcleo de su identidad individual o autoconciencia (su «para sí»). Dios no destruye la criatura, sino que redefine su ser al hacerla partícipe de Su propia naturaleza.

(Explicación a esta nota, por la propia IA, dada en la interacción previa:
Cuando el ser humano toma barro (pura potencia material) y hace una jarra, le infunde una finalidad (telos). El barro sigue siendo barro, pero ahora su «para sí» (su sentido, su existencia en el mundo) está preñado de mente humana. Hay una contradicción resuelta: es tierra, pero opera como cultura.

En el alma, la contradicción es aún más íntima. El alma es creada «a imagen» de Dios (como el barro tiene la «potencialidad» de ser jarra). Al recibir el Amor Divino (Sustancia nueva), su En-sí (ser una criatura limitada) se ve «contrariado», porque deja de ser una mera criatura para participar de la Esencia del Creador. Su Para-sí (su autoconciencia y su vivencia) ahora se reconoce a sí misma no como un sujeto aislado, sino en una retroalimentación donde Dios es constitutivo de su propio «yo». El amor no «impera» de forma tiránica o impositiva (lo que destruiría la voluntad del alma), sino que asimila. Es una contradicción resuelta no por destrucción, sino por elevación (Aufhebung hegeliana: cancelar el estado anterior, pero conservando la identidad del ser).)

Nota filosófica sobre el mensaje de Esteban

El texto confronta de manera directa una de las grandes encrucijadas de la historia de la filosofía occidental respecto a la relación entre el Creador y lo creado, dividida a grandes rasgos en dos corrientes conceptuales:

Por un lado, una visión de herencia aristotélica y continuista (que más tarde derivaría en corrientes panteístas, panenteístas o en el Trascendentalismo del siglo XIX con conceptos como la «Oversoul» o Superalma), la cual tiende a ver la creación como una escala gradual del ser. Desde esta perspectiva, el ser humano poseería intrínsecamente una «chispa» o extensión de la esencia divina que solo requiere desarrollo intelectual o moral, diluyendo la frontera absoluta entre lo Divino y lo creado mediante «grados de perfección».

Por otro lado, el mensaje se alinea con una demarcación tajante que resuena con la trascendencia platónica más radical (el mundo de las Ideas frente al mundo sensible), donde existe una grieta ontológica insalvable entre el Creador y la criatura. Sin embargo, a diferencia del platonismo clásico —el cual incurrió en nociones como la preexistencia y la transmigración de las almas (reencarnación), un concepto diametralmente opuesto y considerado erróneo bajo la luz de esta Revelación—, el texto establece que el alma humana, aun siendo la cúspide de la creación material y espiritual, fue creada no divina. La Divinidad no es un estado potencial a desarrollar mediante la razón o la moral, sino una Sustancia enteramente ajena al alma que solo puede ser adquirida de forma externa y gratuita mediante el don de la Gracia (la infusión del Amor Divino). Se descarta así tanto el continuismo gradualista como los errores cosmológicos del idealismo platónico.

Nota sobre el mensaje de Jesús: la Iglesia citada

La denominación (Church of the Holiness) hace referencia al Movimiento de Santidad (Holiness Movement), una corriente teológica surgida del metodismo en el siglo XIX. Se caracterizaba por su intensa búsqueda de la «entera santificación» o perfección cristiana, y sus cultos eran conocidos por su fervor emocional, cantos apasionados y una apertura espiritual mayor que la de las iglesias tradicionales «intelectuales» de la época. James E. Padgett, de trasfondo metodista, residía en Washington D. C. Durante las primeras décadas del siglo XX, la capital estadounidense experimentó un auge de pequeñas misiones y congregaciones de este movimiento (algunas de ellas multirraciales), las cuales solían establecerse en zonas urbanas accesibles de la ciudad, facilitando que un abogado blanco de su posición pudiera asistir a sus servicios en busca de esa atmósfera espiritualmente viva.

Una consulta ulterior sobre Aristóteles:

[…] me gustaría tener una nota sobre el alma en Aristóteles, incorporando lo que puedas de lo siguiente, coherentemente.

Entiendo que la visión aristotélica sobre el modo de verse animados los diversos tipos de seres es muy interesante, científicamente hablando, por lo poco que vi.

Pero su doctrina general parece que despistaría al ser humano de una verdad que aquí tendríamos como fundamental ─nuestra base, asumida, sería esta verdad padgettiana: el alma intrínsecamente es creación de ese Dios, ese que creo que El Filósofo trata como «mero motor inmóvil»─.

Quizá lo que más me gustaría que ilustres ─si se puede sustentar filosóficamente hablando─ es la siguiente observación intuitiva:

la concepción del motor inmóvil sería inseparable de la «fría preponderancia intelectualista» que parece darse en la corriente filosófica en general ─por no decir en general en lo humano─:

caracterizar al ser humano por su esencia intelectual, en vez de por su naturaleza anímica, la cual en realidad sería su esencia, ya que esta no es una vida «simplemente emocional» ─si entendemos que los animales tienen emociones (que no las tendrían en el sentido humano, es decir, son meramente «pasivos» en ellas, pasivo-instintivos, y beben (y expresan incluso materialmente) mucho del ambiente humano emocional, en realidad; esto quedaría «demostrado» en las creaciones «epigenéticas» de las razas de perros, como caso más palpable)─.

Lo que sucedería es que, en el alma está la sede última, real, de las emociones en sí mismas, no de su «pasar a través de», sino de un cierto tipo de «potencia generativa energética» (ya sea que esté esta algo distorsionada, o no; o bien ya sea que esté algo potenciada sanamente, o no…);

pero también, en esa sustancia álmica humana, estarían el resto de potencias y dones (libre albedrío, la autoconsciencia en lo esencial, etc.) los y las cuales facultan para que el cuerpo espiritual ─instrumento en realidad del alma─ tenga su mente ─mucho más potente en ese nivel espiritual que lo que trasluce su uso físico─, y para que, por ejemplo, el alma pueda usar a través de dicho cuerpo-espíritu el cuerpo físico, como otro instrumento.

Esto en realidad sería para nosotros, en nuestro entendimiento padgettiano y casi psicológico «transpersonal», una verdad evidente que ya hemos tratado, y que podríamos entender que está enterrada bajo siglos de papeles:

los seres humanos no necesitan saber pensar para realizar algo que quizá es «de lo más difícil del mundo»: aprender la lengua materna, mismamente.

Esto quizá nos daría pie a hablar de las debilidades teológicas de los sabios cristianos que «usaron demasiado» a Aristóteles… y quizá se podría argumentar sobre alguna de tales «debilidades» intelectualistas (alguna digamos anti-simplificadora… y elitista quizá, no sé).

Respuesta IA

Nota complementaria: El alma en Aristóteles frente a la antropología padgettiana y el intelectualismo cristiano

Para comprender la distancia entre la revelación de la colección de Padgett y la filosofía clásica, es fundamental analizar la doctrina del alma de Aristóteles (El Filósofo). Desde una perspectiva puramente observacional y protocientífica, la visión aristotélica es fascinante: define el alma como la entelequia (la forma actual o el principio vital) de un cuerpo orgánico. Para él, el alma no es una sustancia caída del cielo confinada en un cuerpo, sino el principio que hace que un cuerpo esté vivo. Así, establece una escala biológica clara a través de tres niveles de alma:

Alma vegetativa: Responsable de la nutrición, crecimiento y reproducción (propia de las plantas).

Alma sensitiva: Que añade la percepción local, el movimiento y el deseo (propia de los animales).

Alma intelectiva: Exclusiva del ser humano, que añade la capacidad de pensar y razonar.

Sin embargo, esta brillantez descriptiva esconde un abismo teológico si se contrasta con la verdad padgettiana. Para Aristóteles, Dios es el Motor Inmóvil: una entidad perfecta, pero remota, que no creó el universo por amor ni por un acto de voluntad (el cosmos es eterno), sino que mueve el mundo pasivamente, atrayéndolo hacia sí como un objeto de deseo. Al ser el Motor Inmóvil pura actualidad y perfección, su única actividad posible es la más elevada: el pensamiento. Dios, para Aristóteles, es «el pensamiento que se piensa a sí mismo» (noesis noeseos). Es una deidad completamente desprovista de emoción, relacionalidad o amor; es pura intelectualidad cósmica.

Esta concepción del Creador es inseparable de la fría preponderancia intelectualista que ha dominado la filosofía occidental y la psicología humana. Al definir a Dios como Inteligencia Pura, Aristóteles define la esencia del ser humano en función de su capacidad intelectual (el animal racional). Coloca la mente en la cúspide de la pirámide, relegando la naturaleza anímica a un segundo plano o confundiéndola con un mero epifenómeno de la biología.

Desde el entendimiento padgettiano y de la psicología transpersonal, esto supone un extravío fundamental:

El alma como sustancia real y no como mera «función»: Para la revelación de Padgett, el alma es una creación directa, individual y sustancial de Dios, preexistente al uso de sus envolturas. El cuerpo físico y el cuerpo espiritual (o astral) no son el alma, sino sus instrumentos. La mente del cuerpo espiritual es inmensamente más potente que la mente física, pero sigue siendo un aparato instrumental.

La verdadera sede de las potencias: En la sustancia álmica —y no en la corteza cerebral ni en la lógica formal— residen el libre albedrío, la autoconsciencia esencial y, sobre todo, la potencia generativa energética de las emociones. Las emociones humanas no son meras reacciones pasivo-instintivas ante el entorno (como ocurre en los animales, los cuales, al ser puramente psíquicos, actúan como espejos o «esponjas» del ambiente emocional humano, modificándose incluso epigenéticamente como se observa en las razas caninas). En el hombre, el alma genera energía emocional real, capaz de distorsionar su estado o de elevarlo sanamente.

La suficiencia del alma frente al intelectualismo: La prueba intuitiva de que la mente no es la cumbre del ser es que los procesos humanos más complejos y perfectos no requieren de la lógica abstracta. Un niño aprende su lengua materna —una hazaña lingüística y cognitiva monumental— no por saber gramática o por un esfuerzo de racionalización intelectual, sino por una asimilación orgánica, viva y relacional que brota de la potencia latente de su ser, mucho antes de que la razón formal tome el control.

La debilidad de los sabios cristianos (La escolástica)
Este intelectualismo aristotélico fue adoptado con entusiasmo por los grandes teólogos de la Iglesia medieval (particularmente Santo Tomás de Aquino y la escolástica). Al intentar «bautizar» a Aristóteles, arrastraron consigo esa fría prioridad de la mente sobre el alma. El resultado fue una teología elitista e intelectualista: se llegó a sugerir que la salvación, la contemplación de Dios (la visión beatífica) o la comprensión de la verdad eran prerrogativas de la agudeza teológica, del silogismo y del intelecto refinado.

Al enterrar la verdad bajo siglos de andamiajes conceptuales y «papeles», la escolástica anti-simplificadora olvidó que el acceso a lo Divino no es un problema que la mente deba resolver, sino una transformación sustancial que el alma debe experimentar. Al endiosar la razón aristotélica, el pensamiento cristiano oficial eclipsó la realidad del alma como un receptáculo diseñado no para «pensar correctamente a Dios», sino para ser transformado por la infusión activa de la Sustancia de Su Amor.

Versión en inglés

Paul: Comments on the preacher’s beliefs. Perfection is a relative term. (31 Aug 1915)

I am here, St. Paul.

I was with you tonight at the meeting, and heard what the young man said about perfection, and I agree entirely with his ideas and the application of the truth to the lives of human beings.

He had the correct conception of what perfection means, and when he said that perfection is a relative term, he spoke the exact truth. No man can expect to have the perfection of the Father in quantity, but he may in quality; for the spirit of truth that enters into the soul of a man in response to prayer and faith is a part of the Divine nature of the Father, and the essence is the same, and the quality must be the same; but, of course, no man can obtain it to the extent of making him pure and holy as the Father is pure and holy. Even we who live in the high Celestial Heavens have not that perfection which the Father has.

But let men know that even while on earth they can obtain this inflowing of the Holy Spirit in their hearts to such an extent that sin and error will be entirely eradicated. This, I say, is possible, but few men attain to such a state of perfection, because the worldly affairs and natural appetites which belong to mortals are always interfering to prevent the makings of the spirit in men’s souls so that perfection of this kind may take possession of them. But notwithstanding this great difficulty, and material desires of men, they should have this perfect ideal before them always, and strive to obtain the possession of it.

I was much interested in the discourse not only because it was founded on a text attributed to me, but because of the right conception and the explanation made by the young man.

I could see his soul and its workings, and I was glad to know that he possessed this Divine Love to an unusual degree, and was fitted almost for a home in the Celestial Spheres.

You were benefited by what he said, and you felt the influence of the presence of the Holy Spirit at the meeting.

If the people of this church would understand that there is only one thing that saves them from their sins and makes them at-one with the Father, and that is the inflowing of the Divine Love into their souls, which was what Jesus meant when he told Nicodemus that he must be born again, they would easily see that their doctrine of holiness is not only a reasonable doctrine but one in accord with the truths of God; for as this Divine Love fills their souls, all sin and error must disappear.

Of course this is a relative matter, for it depends upon how much of this Divine Love is in their souls to determine how much of sin or error exists. The more of the Divine Love, the less of sin, and on the contrary, the more of sin the less of the Divine Love. But, I want to say with all the emphasis that I am capable of, that it is possible for a human being to obtain such a quantity of this Divine Love in his soul that sin will be entirely eradicated. This was the doctrine taught by Jesus, and this is the truth of God’s law of Love.

I know that the great majority of mankind do not believe this truth and think it foolishness, and that those who claim that they have received this Divine Love to a great degree are enthusiastic fanatics, and not worthy of credence, but I want to tell you that no greater truth was ever proclaimed by the Master; and sometime, in the not far distant future, many men who are now merely intellectual Christians will believe and embrace and experience this great truth.

You will find yourself much benefited by attending these meetings, and while there are some things in their creed to which you do not subscribe, yet they have the foundation truth that the Divine Love of the Father can clear their souls from all sins, and make them perfect, to the extent that they receive that Love in their souls.

I will not write more tonight, but will say that the Holy Spirit which conveys God’s Love to man is with these people in great power and fullness and manifests its workings in a real and irresistible manner. And God is blessing them and giving them that faith which enables them to become over comers and inheritors of immortality and homes in the Celestial Heavens.

So without taking up more of your time, I will say goodnight and God bless you.

Your brother in Christ,
ST PAUL

Jesus: Attended the church service with Mr. Padgett and commented on the people’s belief. (31 Aug 1915)

I am here, Jesus.

I heard what Paul wrote, and I corroborate everything that he said, and add, that these people are pursuing the true way to the inheritance which I promised them while I was on earth. Their faith is wonderful and the fruits of its exercise is shown in the condition of their souls and in their lives.

Theirs is the soul conception of religion and of my truths, and while they may not with their intellects understand the philosophy of my teachings, yet with their soul perceptions they have grasped the great foundation truth of salvation through the Divine Love of the Father.

Of course they sing and proclaim that my blood saves them from sin, but this is merely the exercise of their mental conceptions, learned from the teachings and creeds of the churches; yet they have grasped the great and only truth of salvation with the far more and certain knowledge that the awakening and filling of their souls by the Divine Love gives them.

How much to be wished for that all these churches of form and mental worship could realize that the only true worship of God is with the soul perceptions. Only with these perceptions that are developed by obtaining the Divine Love can we see God. Only by such development can we become pure and holy and at-one with the Father, and partakers of His Divine nature.

I am glad that you attended this church (Church of the Holiness), and I advise you to go there often, for I tell you that the spirit of truth and Love is with these people to a very extended degree, and that because their souls are open to its inflowing and to its ministration.

I was with you again tonight, and so was the spirit of truth trying to open up your soul to its influence and to that which will cause your faith to increase and your trust in me to grow.

No church will do you as much good as that and I advise you to attend. Of course you will not have to believe in its creed, but only in the fact that the Holy Spirit is there in all its quickening power, as they sometimes sing.

So with all my love I say, goodnight.

Your brother and friend,
JESUS

Stephen: What is the meaning of the Divine nature which the soul of man partakes of upon the transformation of that soul by the inflowing and possession of the Divine Love. (13 Nov 1918)

I am here, St. Stephen.

Let me write a few words tonight as I am one of the spirits whom your wife wrote of last night would come tonight with the desire to write.

My subject is: «What is the meaning of the Divine Nature which the soul of man partakes of, upon the transformation of that soul by the inflowing and possession of the Divine Love?»

This, as you may perceive, will be somewhat difficult to explain, and principally because men have no very definite conception of what is comprehended by the term «Divine.» They, of course, associate this word with God, and to them God is a being Whose nature and qualities are above their finite conceptions, and as a result of their thoughts, is that which is over and above everything that is called or supposed to be understood as natural. To some, God is a being of personality, and to others, a kind of nebulous existence included in and composing all the various manifestations which are transcendently above what they conceive to be the merely natural or human.

I will not attempt to discuss who or what God is, except as to one of His qualities or attributes, and that the greatest – for you must know that all the qualities of God are not of equal greatness or degree of importance in the workings of His essence of substance. All, of course, partake of His Divine Being, but, as you might say, there is a difference in the workings and scope of their operations.

You have been told that the Divine is that which has in it, to a sufficient degree, the very Substance and Essence of God, Himself; and this is true, for Divinity belongs to God alone, and can be possessed by others, spirits or mortals, only when He has transfused into or bestowed upon the souls of men a portion of this Divinity, and to the extent thereof made them a part of Himself. There is nothing in all His universe that is Divine or partakes of the Divine except that which is of the soul, for all else is of the material, and this even when it has the form or appearance of the spiritual. And even the soul, as created, is not Divine and cannot become such, until it is transformed into the Divine by the transfusion into it of that which, in its very substance, is Divine. Many souls in the spirit world, although pure and in exact harmony with their created condition, are not Divine and never will become such, and this only because these souls will not desire and seek to become Divine in the only way provided by the Father.

It is a mistake for men to believe that because God has created this or that object or thing, it is necessarily Divine, for His creations are no more a part of Himself than are the creations of men a part of themselves; and thus you will see that in all God’s creation there is nothing Divine except what has been privileged by His grace to partake of His Divinity. And hence the stars and worlds and trees and animals and rocks and man himself, as created, are not Divine.

Men have claimed that in man there is a spark of the Divine – a part as they say of the «Oversoul» – and that it needs only the proper development to make the soul of man wholly Divine. And this theory is based upon the idea that this development can be accomplished by the exercise of the mind or the moral qualities guided by the conscience, which they assert, is of itself Divine; especially when dominated by reason, which has been so often worshiped by philosophers and others (to whom the mind is supreme) as Divine. And they have attempted to differentiate man and the lower animals, and attributed to the former the qualities of Divinity, because he is endowed with reason and the lower animals are not; and have substituted degrees in the order and objects of creation, in the place of differentiation between the Divine and non-divine.

God is wholly Divine and every part and attribute of Him is Divine, and while they are parts of the whole, yet they may be separated in their workings and bestowals; and the man or soul that is the recipient of the bestowal of one of these qualities or attributes is not necessarily the recipient of the others. Omnipotence and omniscience are those attributes of God’s Divinity which He never bestows upon the souls of men or spirits, and as to them He is the exclusive possessor, although in all His attributes there are powers and knowledge, and they accompany the bestowal of all attributes of which they are parts; and one of these Divine attributes may be bestowed upon man, and yet man not become Deity. There is and can be only one God, although He may give of His Essence and very Substance, so that a man can become as He is in that Essence and Substance, to the extent that it is bestowed.

As regards man and his salvation and happiness, the greatest of God’s qualities or attributes is His Divine Love, which is the only one that can bring the souls of men into a oneness and nature with the Father, and which has in it the quality of immortality. This Love has a transforming power and can make that which is of a quality foreign to and different from itself, of the same essence as itself; and more than this, can eliminate from that thing those constituents which naturally and necessarily are its components, without injuring or destroying the thing itself.

Well we must stop here. I will finish later.

I am
ST STEPHEN

Helen: Affirming that St. Stephen wrote on the meaning of the Divine Love, etc. (13 Nov 1918)

I am here, Your own true and loving Helen.

Well dear, you have had a very interesting letter tonight upon a very vital and important subject, and I am sorry that the writer could not finish his message, but the rapport became very weak and he was compelled to stop. He will come again soon and finish as he is very anxious to do so. It was Stephen who wrote and he is a most beautiful spirit, possessing this Love to a degree that I cannot conceive of, and a most glorious spirit in his appearance.

I am glad that you were in such good condition and I hope that you will continue to improve so that more of the messages may be delivered to you every other night. There are so many messages to be written.

Your own true and loving,
HELEN

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *