¿Por qué son tan pesados con «los extraterrestres», y por qué en realidad nos va a dar igual?

Vemos que no dejan de machacar con esto de los ET’s.

Es decir, siguen dando la matraca, quienes tienen cierto dinero y poder… con el tema extraterrestre (personas relacionadas con los medios culturales ─mediante películas, etc.─).

Yo, que con 8 años de edad (creo que tenía 8 años) salí pataleando de la película «ET el Extraterrestre«, cuando la pusieron en los cines… hablo con cierta autoridad (espero se me disculpe el atrevimiento 🙂 autoritativo).

Y bien, resulta que este tema nos va a dar absolutamente igual, a muchos… una vez que vamos estando «de vueltas de todo» para bien, para muy bien.

¿Por qué?

Porque «la película» en la que efectivamente vivimos es bien bien simple, y más fascinante; y, bueno… ya se sabe… la verdad libera:

─ En la humanidad, ya hubo época, o épocas, en las cuales algunos grupos de desencarnados pudieron cómodamente materializarse físicamente.

─ Recordatorio: todos vamos a ser «espíritus»; o sea, «desencarnados».

─ Y todos proseguiremos el proceso de desarrollo del alma ─o «crecimiento»─, en el mundo espiritual, lo queramos o no. (Ese proceso involucra adquisición de ciertos «poderes», pero no la libertad indiscriminada para ejercerlos «al tuntún», porque hay leyes que regulan las consecuencias de ese «al tuntún»… así como las hay en la tierra).

─ Es decir, nadie se queda de «eterno masoca» en el mundo espiritual, como desencarnado… aunque sí haya gente que ha permanecido en una condición muy oscura durante muchos siglos, al parecer.

─ Y, por cierto, no existe la reencarnación tal como se suele entender. Dicho «fenómeno» está simplemente relacionado con la influencia de desencarnados (que es continua sobre cada uno de nosotros, para bien y para mal).

─ Y es que hay millones de desencarnados que están muy obsesionados con la tierra y con sus aventuras; y a muchos no les tiembla el pulso a la hora de, por ejemplo, pegarse a niños… o bien de proseguir más o menos obsesivamente con ciertas tradiciones intelectuales, espirituales, políticas, etc. ─»para bien y para mal»─.

─ Lógicamente, esa «materialización de desencarnados» resuelve muchísimos «no─problemas»; véase, por ejemplo, el origen real de muchos «mitos», con sus jerarquías de «dioses»… y con todo lo que depende de ello; por ejemplo, tenemos la precedencia, que se comprueba en la historia humana, en cuanto a que se necesitaban imágenes míticas con jerarquías, al parecer, antes de que, o a la vez que, se crearan nuevas instituciones sociales… etc.

─ Esa materialización resuelve, pues, un larguísimo conjunto de asuntos que, paradójicamente, quedan algo así como feliz y fascinantemente «desmitificados».

─ Esa materialización, realizada de manera más o menos masiva y estable ─por parte de grupos de espíritus que tienen su condición álmica un poco mejor que nuestra condición terrestre humana─, solo se podría dar, al parecer, cuando la tierra está un poco mejor en su condición humana global (hoy se diría: «vibra más alto»; y es que, efectivamente, sería importante el papel que desempeña una especie de sumatorio colectivo de las condiciones de las almas individuales).

─ Y bien, en lo esencial, la historia de los vaivenes en nuestra condición, aquí, en la tierra (la cual depende de nuestra moralidad, dicho rápidamente), pues bien… no merece mucha más consideración, pues cualquier hijo de vecino puede imaginar cosas y experiencias al respecto (individual y colectivamente hablando).

─ Los «extraterrestres», por lo que parece, siempre son, han sido y van a ser almas que han encarnado aquí, por mucha parafernalia que proyecten o hayan proyectado en la historia, «interdimensionalmente» (siempre, siempre, SIEMPRE ha habido una batalla por el alma humana ─más o menos localizada, más o menos «provincial», más o menos imperialista o global… más o menos enloquecida y enloquecedora…; eventos relacionados con dicha batalla, en sentido laxo: la muerte de Sócrates, la de Jesús… etc., por citar eventos de la macrohistoria).

─ Los «extraterrestres» son, pues, almas como cualquiera de nosotros; es decir, gente que ha encarnado aquí aunque sea durante tan poco tiempo como el que pueda haber vivido un alma abortada ─lamentablemente poco, ya que este pecado masivo es muy relevante, como podremos entender (así como son relevantes muchos actos o estados de cosas similares al aborto)─.

─ ¿Y los «ángeles»? Son espíritus, igualmente; es decir, desencarnados, como toda persona lo va a ser.

─ Solo sucede que «los ángeles» han desarrollado mucho su alma (cosa que también todos haremos, de alguna manera).

─ Los ángeles de la historia de antes de Jesús son simplemente personas que purificaron completamente sus almas en el amor natural; así, adquirieron el que podríamos llamar «estado adámico» (el tope superior en los planos de la esfera 6). En ese estado habría muchos millones de personas en el mundo espiritual, y todo el mundo habremos de llegar por lo menos a dicho estado de «felicidad natural», en algún momento.

─ Sin embargo, como comprobaremos, los «ángeles» ─los que más propiamente serían denominados así, ángeles, solo desde los tiempos de Jesús─, los ángeles, decíamos… también son aquellas almas de cualquiera de nosotros que, al haber recibido el amor de Dios (que es diferente al amor natural), y al haber transformado sus almas gracias a ello hasta un punto en que no se podía antes de que lo hiciera Jesús por primera vez ─con el «Nuevo Nacimiento»─, alcanzaron un estado diferente y superior, el cual era desconocido como «esfera» en los tiempos antiguos (sería un estado que se encuentra más allá del caracterizado por la «esfera 6»; así de simple).

─ No hay «demonios» creados por Dios, ni tampoco hay ángeles que se conviertan en demonios.

─ Dios no puede crear nada impuro. Entonces: «¿me estás diciendo que Dios es algo así como impotente?». No.

─ Y es que… crear algo «malo», por parte de Dios, conllevaría crear algo que, «definido divinamente», quizá lo caracterizaríamos como «impotente», o inútil; es decir, absurdo (es incompatible con el verbo «crear», tal como lo usaría y «entendería» Dios, si usara palabras).

─ Ya nos encargamos nosotros muy bien de crear las condiciones emocionales terrestres con la suficiente destreza como para prolongarlas por siglos y siglos en este su estado degenerado, de miedos y vergüenzas varias… con las concomitantes consecuencias ─entre las cuales están las adicciones emocionales a todo tipo de «pecados» (todo este amor por el conflicto, más o menos sublimado en resurgimientos de tradiciones «épicas», etc.)─.

─ Y, si existen algunos tipos de seres personales creados por Dios, pero que no estén destinados a encarnar en estos planetas del ámbito físico (como nosotros, y todo «extraterrestre» y todo «ángel» sí lo está y lo estamos… en cuanto que almas: destinados a encarnar en lo físico), entonces, dichos seres personales «no físicos», creados por Dios, no nos han contactado jamás, al parecer; ni nos van a contactar jamás en nuestro estado terrestre. Y, por lo que se ve, si alguna vez los fuéramos a conocer, tal cosa dependería de que alcancemos, en el mundo espiritual ─cada cual─ ciertas esferas muy «alejadas» en nuestra historia de desarrollo álmico personal. (Al parecer, ni siquiera los ángeles propiamente «ángeles», los de las esferas que están mucho más allá de la esfera 6, conocerían todavía a estos seres.)

─ Ni que decir tiene que, debido a todo esto, las consecuencias lógicas son evidentes: los juegos de manipulación de poder y de masas… están servidos; los juegos relativos a, por ejemplo, el poder de aunar al planeta con un posible «enemigo o amigo común» («extraterrestre»), etc.; todo eso está abierto, dependiendo, eso sí, de aquel viejo lema: «el conocimiento es poder».

─ Pero muchos ya sabemos en algún grado algo tan básico como lo dicho; y muchos más van a saber estas cosas (o, al menos, tendrán las intuiciones básicas un poco asentadas…); y, por lo tanto, muchos no van a ser tan manipulables.

─ Y, recordemos: para los adictos al control, «gobernar» es siempre, o conlleva siempre, manipulación.

─ Parece que hoy hay mucha presión «escatológica»; es decir, mucha tensión con estos temas del destino, de los últimos tiempos, etc.

─ Y, claro es, el tema de la verdad acerca del pasado terrestre, así como el de la verdad acerca del futuro de cada cual, son dos asuntos íntimamente relacionados; o bien, dos temas que se señalan entre sí… en esta especie de «síndrome» que vemos hoy, en esta época de «revelaciones» ─es decir, de «apocalipsis»─.

─ Por eso será que tenemos estos torrentes de confusas informaciones mezcladas (más o menos a propósito distorsionadas, con películas y libros variopintos, etc.), sobre estos dos temas claves: el pasado terrestre (para cuya distorsión parece haberse empleado mucho trabajo, en cuestión de manipulación de «la cultura»…), así como el tema del futuro personal de cada cual.

─ El desarrollo de cada persona siempre va a ser para mejor, al menos hasta el punto de lograr la «felicidad natural» ─es decir, el desarrollo natural del alma en su purificación natural─. Sin embargo, tal desarrollo incluso va a poder ser de otra naturaleza: un desarrollo realmente eterno, si recibimos amor de Dios (que no es el amor de los desencarnados, por más brillantes que hayan conseguido ser en su purificación… ni el de otro humano encarnado).

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