El sentimiento artificial de deuda y paralelos entre la Castilla medieval y el Yucatán hispánico: preguntas sobre la evolución social y religiosa de la gestión del sacrificio/deuda

Al hilo de lo que llevamos viendo sobre historia (por ejemplo la tan fascinante de los virreinatos), tenemos una muy interesante consulta que podemos hacer, muy básica, acerca de esta especie de devenir global del mundo… con su historia religiosa, etc.

Para ello, en «diálogo» con Gemini (una IA) surgen estas cosas:

Mi consulta

hola,
querría hacer una especie de conversación aclaratoria sobre el poder y el individuo/corporación, tomando algunos ejemplos históricos para hacer comparaciones o analogías.

Me gustaría recurrir a la historiadora Nancy Farriss sobre el Yucatán, en ese periodo largo de que estudia sobre la «colonia» yucateca, esa provincia.

Veríamos las cosas, pues, desde la perspectiva o el problema de la interacción español / indígena… para además seguir ─al hilo de lo ya hablado en otras ocasiones─ ilustrando el acelerón revolucionario que supusieron las reformas borbónicas:

revolución desde arriba, digamos: «vamos a centralizar» y reorganizar esto «racionalmente»…

Esto hizo que las comunidades yucatecas indígenas se encerraran en sí mismas, o sea, se recrearan ciertos cerramientos a la defensiva, para sobrevivir culturalmente frente a la presión externa de unas haciendas come-terrenos, unas haciendas mucho más comerciales-globalizadoras en su mercadeo, etc. ─habiendo sido los indígenas, además, expropiados fuertemente en muchos casos por las reformas borbónicas y durante la continuación «liberal republicana independiente», supuestamente libertadora, pero que continuó con este gesto de formar «individuos dependientes de manera más intensa del poder central»─.

En la retórica federalista tras la independencia mexicana, el individuo, sí, «debía ser libre», pero, en general, parece que podemos decir que «libre para pagar impuestos» (y, en la versión actual, diríamos también: convertirse de Homo sapiens en Homo pagafacturas).

Por ejemplo: todo indígena ya debía de personalmente ser más pagador.

Es decir, si quería refugiarse de la presión impositiva en alguna corporación (como su comunidad indígena, que, digamos, antes recaudaba «más comunalmente» el tributo, mediante terrenos de producción comunitaria destinados a tal efecto, o con las cofradías y sus respectivas estancias concomitantes, y que luego les expropiaron, etc.)… el indígena… ya no tenía el recurso comunitario como colchón protector y barrera ante presiones «estatales», pues se individualizó la extracción de impuestos (en realidad, la tasación nominalmente ya desde muy pronto estaba individualizada, creo).

Por ejemplo, antes de las reformas de los Borbones, la comunidad indígena puede someterse al proceso socializador «globalizante» ─el que conllevaría, creo, todo contacto con un imperio cualquiera─ como una unidad orgánica (pese a que haya conflictos internos, como siempre hay), y así, afrontar más cómodamente el pago de tributos individuales, etc.

Y ahora, más en general, podríamos partir del curioso hecho que parece traslucirse en lo que llamamos «poder», y que tendría que ver también con un sentido de deuda/sacrificio:

─ «para existir y por el mero hecho de que existes, ya me debes algo».

En las comunidades nada idílicas prehispánicas, las civilizaciones allí existentes vivían igualmente de gestionar ese «miedo básico» o «tensión esencial» en el imperfecto ser humano, en cuanto que pendía una especie de amenaza, siempre, en las periferias (o hacia ciertos individuos en general) de los imperios mexica, maya, etc.: existía el sacrificio humano.

«La deuda» estaba plasmada de manera brutal, pero nuestra hipótesis para la conversación es que seguiría siendo la misma deuda en su esencia anímica, álmica: «para existir le debo algo a alguien» (o sea, la vida no es un regalo, sino que hay sacrificios de por medio, más o menos ocultados por supuestos pactos sociales, costumbres, normalizaciones seudoreligiosas en nuestra era positivista científica, etc.).

Acerca de esta proposición ─la del individuo como deudor─ quizá podríamos decir que es algo así como una especie de antipacto social… expresado «desde arriba» en el eje vertical social, digamos: «por existir debes algo al soberano» (sea como sea la manera en que tal soberano esté justificado).

Y esta proposición ejemplificaría algo más concreto, algo que nos sirve pues de analogía: el hogar, un padre/madre expresando un altruismo impuro (como el que todos diríamos que tenemos por defecto).

Esto es: analogizamos con un hogar familiar nuclear, por ejemplo, donde los padres/madres no altruistas sienten que han perdido (y, efectivamente, muchas cosas y oportunidades materiales parecen perderse hoy al tener hijos), y, por lo tanto, eso haría que exista y se perpetúe «anímicamente» ─en la/el «mente/ánimo colectiva/o»─ una especie de sentimiento deudor-sacrificial: «los hijos se han de sacrificar ellos mismos a sí mismos porque deben» (por el mero hecho de existir).

Este sentimiento sería el material o combustible usado inercialmente por los diversos poderes, por las diversas agencias y personas que, con más o menos afición, gusto o carácter, se suben al carro de «la gente debe algo por existir».

Esta proposición nos da entonces una idea quizá sobre un gesto miedoso en el poder: el sentir que hay que apropiarse y controlar el mero hecho de la vida, o nuda vida (destilando así esa esfera de «nuda vida», que no existe en realidad).

Se habló mucho de «biopolítica», etc., en sentidos a los que estamos apuntando… creo que en cuanto a que el soberano lo sería de eso:

«yo legislo sobre los cuerpos»; por ejemplo, has de tratarlos desde pequeños así o asá, aquí y allá… y el cuerpo social le debe algo a «la tradición científico-social evolucionista» (al poder inercial tal como existe a estas alturas); por ejemplo, es obligatorio pagar por tratamientos a los niños, pero como pagan todos (impuestos), parecen gratuitos, normales, necesarios, etc.

Así, el poder se va organizando como ciertas capas de «vampirismo normalizado» sobre la masa social viviente; y en esta conversación lo que querríamos es hablar de esa transición en la forma de poder que implica la modernidad, no equivalente a la occidentalización (de hecho Farriss aduce que es muy interesante América, porque se ven claramente cómo esas dos cosas no son la misma: occidentalización, modernización; y máxime no lo son en Yucatán).

De ese vampirismo, entonces, digamos como hipótesis que podría tener efectos positivos o negativos… vistos en cierto marco más global… diacrónica o sincrónicamente… etc.

Otra analogía es religiosa:

─ el avance de la religión vemos que se da hacia una «no necesidad» de intermediarios respecto a las entidades espirituales: ya sean espíritus (es decir, gente desencarnada) o ya sea el mismo Dios (en un experimento científico interno, a comprobar personalmente, cada cual).

Entonces, habiendo planteado o tirado estos dados al tapete, ¿en qué términos podríamos seguir hablando y ejemplificando este tema religioso, en el sentido de ver por ejemplo cuánto habría de un cierto «querer sustituir a Dios», en ese Estado (o Estado global en ciernes) que a veces podríamos decir que está o estuvo en una especie de competencia ruidosa con las religiones… competencia por ser una entidad monolítica, única, que quiere gestionar y gestiona nuestra aquiescencia y sumisión, pero «sin quererla»… porque se supone (científicamente: por ejemplo, materialismo histórico) que ya está ahí… que es necesario (aunque sea como etapa), y que simplemente todo el mundo debe algo: impuestos para pagar tratamientos a niños bebés, etc.?

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Emocionalidad e hispanidad: Influencia de desencarnados; la compensación («karma»), choques y venganzas

Sigue de moda, y bien en el candelero, el tema de los «choques civilizatorios».

Como ejemplo, en el mundo hispano, tenemos el típico y mediático de la polarización y conflicto azuzado en hispanoamérica, relativo a la «conquista española»: que si hay que pedir perdón o no, por ejemplo.

En seguida vamos al punto de este texto, pero antes, un poco del contexto evidente.

Tenemos la obviedad de que las masas de mejicanos, etc., son o intentan ser manipuladas por élites que descienden de criollos ─o a veces literalmente ni eso, de élites europeizadas a más no poder─ que azuzan el conflicto para que, entre otras cosas, las masas de votantes ─me pongo ahora en el lugar mismamente de un mejicano─ no veamos cómo se llevan toneladas y toneladas de recursos a Canadá, EEUU, etc., actualmente.

Ya sabéis: somos masas más o menos estupidizadas por nuestro poco carácter ante los cambios bruscos tecnológicos y culturales: que si las pantallas y demás tecnologías («trabajo industrial», vida en colmenas, etc.); que si la justificación de la mutilación y la automutilación a cuento de lo ELEGETEBEQUi+, y un largo etcétera de inarmonías normalizadas.

El tema de este texto no es este, sino sólo apuntar al hecho relacionado con la siguiente pregunta, muy básica:

¿en qué sentido «nos merecemos», en la España peninsular, un «castigo», ahora? ¿Quiénes o qué se merece algo así?

El tema de «merecerse» o no merecerse algo tiene que ver con la ley de compensación, esa ley que en general estaría ahí, continuamente, en marcha.

Por cierto, esa «compensación» es ahora también sujeto de memes: tenemos el típico vídeo de «karma instantáneo», con el que tanta gente disfrutamos ─con más o menos saña─ al ver cómo alguien realiza cierto acto dañino para acto seguido verse a su vez dañado, golpeado, robado, etc.

Esa misma ley está en el trasfondo de la sabiduría popular…, y de tantas cosas…: Continuar leyendo «Emocionalidad e hispanidad: Influencia de desencarnados; la compensación («karma»), choques y venganzas»

Emocionalidad e hispanidad, primeras notas

Creo que me di cuenta de que aquí, en España, estamos colonizados culturalmente por «lo anglo» (y lo anglofrancófilo, o simplemente «lo afrancesado»), ya que no contamos la historia de España, sabiendo que «España» antes incluía literalmente gran parte de América, con todas esas fascinantes aventuras, comercio, novedades, universalismo, etc.

A esa colonización cultural franco/anglo supongo que se la podría responsabilizar (solo en parte, y en un sentido muy superficial de «responsabilizar») por esta especie de programación emocional, para vivir bloqueados en la vergüenza y la culpa, etc.

Aunque me parece que, paradójicamente, la educación en la etapa franquista española quizá tampoco dejó claro que el imperio era literalmente España, pues mucha gente que fue instruida en las escuelas de la época de Franco, no tiene ni idea de historia de España en este sentido ─no conciben la historia así─.

Y hoy quizá esto se ve muy claro viendo hasta qué punto «los americanos hispanos son españoles»:

cuando vienen aquí, muchos no consideran ni por un instante utilizar algunos modismos o expresiones del lenguaje tal como se habla (se hablaba) en España, en sus zonas y variantes diversas (es paradójico, pues en los hispanos a su vez hay también infinitas variantes de léxico y gramática: muchas cosas de Méjico no se entienden o no se usan más al sur, etc.).

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