El autoendiosamiento humano, materializado en la utopía tecnológica, como sustitución de la relación personal con Dios

Índice
─ Introducción
─ Nota
Mi petición
El anhelo del alma, el espiritualismo y la sustitución técnica del Amor Divino
1. Emanuel Swedenborg y el Límite del Espiritualismo Histórico
2. La Ausencia del Amor Divino en las Tradiciones Espiritistas e Indígenas
3. La Utopía Material: El Autoendiosamiento y el Dios Inmanente
El Dinero como Agente Transformador Falso
La Utopía de la Abundancia Técnica
4. La «Segunda Naturaleza» y el Blindaje Frente a la Creación

5. Abstracción de los Atributos vs. Encuentro con la Personalidad de Dios

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Introducción

Revisando esta parte de los mensajes o cartas dadas a través de Padgett, surgieron las notas que traslado abajo.

Mi petición para dar pie a la nota de abajo

La nota temática expondría todas estas ideas ordenadamente:

─ en esta colección de mensajes se nos habla de cómo Swedenborg (y siendo aplicable a él la etiqueta «espiritualista», pues estaba estableciendo puentes claros con «difuntos», aunque no sé si en sus círculos se hicieron muchas «sesiones/séances» espiritistas (?)) habría sido de los que más se acercaron a poder transmitir la simplicidad y profundidad de la verdadera enseñanza de Jesús.

─ Podríamos, tras señalar esto último, constatar la veracidad de la afirmación de que en ninguna tradición espiritista/espiritualista se pone el énfasis en la transformación del alma via Amor Divino; quizá es posible, sintéticamente, nombrar para ello a las tradiciones espiritualistas/espiritistas diversas, no solo las más recientes del siglo XX y tal; aunque es un tema vasto, pues en todas las tradiciones habría componentes más o menos explícitos de «hablar con los antepasados»; pero las tradiciones ─las tribales y en general de cualquier otro tipo─ «hipostasían» a los antepasados en forma de meras «posibilidades», «relatos», «familias escogidas», jerarquías, etc., evitando en parte, de este modo, que cada individuo se sienta libremente partícipe de tener comunicación bidireccional con espíritus de la gente difunta: gente de su «cultura», de su familia extensa, etc., o bien gente difunta en general.

─ Entonces, pasaríamos a abrir el tema hacia una vertiente digamos sociológico-global:

El ser humano está en parte trayendo a la existencia una especie de dios inmanente (sustitutorio).

En cierto modo, en esta religión de autoendiosamiento de lo humano, diríamos quizá que el ídolo-dinero es «lo que nos transforma» (y no Dios), y que «el dinero» sería lo único que nos transforma (y es que, en parte, gracias al éxito traducido en dinero, es como tenemos poder y como podemos hacer que por ejemplo nuestra familia/pueblo/nación, etc., prospere o se imponga, etc.).

El super dios de la abundancia efectiva, podríamos llamarlo, pero que es irracional en cuanto que depende de la circunstancia de una sociedad globalizada en sus intercambios, explotaciones de «recursos», etc.

Esta «religión» consistiría en parte en jugar con el anhelo que tendría el humano, según el mensaje que hemos visto: un anhelo de verdadera transformación (de transformación en el nivel del ser que realmente somos: alma creada por Dios).

Digamos que esta «religión de autoendiosamiento humano» sería una especie de «utopía de la abundancia materializada», en gran medida (teniendo en cuenta que un atributo de Dios es, indirectamente ─digamos─ el de la abundancia, puesto que Dios no necesita nada ─su paradigma es el don/regalo─).

Esta «nuestra utopía» sería pues una utopía en formas social-técnicas. Y para tales formas o procesos es fundamental el dinero; este nos permite (para bien y para mal) establecer cadenas larguísimas de intermediarios e interdependencias, habilitando intercambios comerciales, etc., de muchas cosas.

Estas cosas se hacen necesarias para la vida y a veces diríamos que son necesidades «demasiado superfluas», e incluso antiecológicas, etc., dada la forma que tenemos de usar los recursos y de concebir el concepto de «recursos».

Estas cosas «necesarias», al hacerse «sistémicas», digamos, se vuelven «segunda naturaleza»; y, literalmente, a menudo las usamos para construir elementos que escudan al ser humano en su materialidad, le escudan «frente la naturaleza»: nos evitan tener que sentir la retroalimentación o feedback continuo que, por ejemplo, nos da la naturaleza mediante la mera existencia de los insectos (sus molestias, etc.). Continuar leyendo «El autoendiosamiento humano, materializado en la utopía tecnológica, como sustitución de la relación personal con Dios»

La codependencia con mamá/papá: El cortocircuito mental-emocional del flujo en el dar y el recibir. Recursos

Índice
Dar con culpa porque lo que damos es de mamá / papá (el narcisismo de las heridas)
─ ¿Recursos?

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Dar con culpa porque lo que damos es de mamá / papá (el narcisismo de las heridas)

Nuestra materialidad dependiente, ser dependientes, conlleva que la vida que tenemos, la vida material, si damos de ella, estamos dando de algo que no nos pertenece, sino que pertenece «a mamá» ─por ejemplo─.

Ese bloqueo aparentemente «inexpresable» lo he sentido toda la vida y en eso estamos. Es la relación de egoísmo, que se ancla en el intercambio emocional con los padres o quienes fueran tutores, y si tenemos en cuenta la definición de egoísmo que da Jesús: usar a los demás para no tener que sentir nuestras emociones heridas (miedo, etc.).

Es un cortocircuito emocional que muchos tenemos alojado como bloqueo en el alma (ánimo: emociones, deseos), y que lógicamente repercute en el ciclo de dar y recibir de nuestra vida material.

Esta inscripción, digamos, la inscripción en ese «ciclo natural» no nos surge espontáneamente, o no de manera sana ─no nos surge del alma─.

Sin embargo, los niños no tienen todavía tanto de ese miedo a compartir.

En realidad, con este cortocircuito parece que estamos expresando la herida emocional de «pertenecer» a mamá o papá, pues no por casualidad nos llaman «nuestros hijos», cuando, en realidad, no somos creados por ellos*.

Evidentemente no somos creados por nuestros padres, pues aunque no se quiera creer en Dios y hablemos solo de «leyes naturales», resulta que los padres no han creado la materia, los procesos biológicos, etc. 🙂

A veces nos quedamos toda la vida viviendo en esa especie de programación de «posesividad», y terminamos literalmente muriendo físicamente, en gran medida debido a no querer ser humildes con las emociones relativas a esas heridas, unas heridas que además hemos ido aumentando en la fachada, con capas y capas de emociones que son en gran medida negativas:
─ autoengaño,
─ compensaciones negativas recibidas en el alma por todo el «error» o «pecado» que hemos cometido después de la infancia, que es acumulado por nosotros en nuestra más o menos irresponsable vida, con el que dañamos el alma mediante la promiscuidad absurda, abortos, arrogancias diversas, etc.

¿Cortocircuito? Sí, pues entonces, cuando damos, puede que sintamos por ejemplo culpa (narcisismo), y, por lo tanto, cortocircuitamos la abundancia natural en el diseño de Dios de las cosas; o, si no queremos hablar de Dios: en el diseño simplemente «universal», pues se ve claramente que, si no tocamos mucho a la naturaleza, ésta es bien abundante, sólo que ahora la hemos machacado mucho (árboles, etc.) con nuestras obsesiones y miedos, y aparentemente no es fácil darnos cuenta bien visiblemente de la fertilidad universal natural ─todo el potencial de frutos de árboles, hongos, etc.─.

¿Recursos?

Es curioso: lo que hacemos industrialmente con las materias de la Tierra es evidente que trasluce una «casi infinita» abundancia de cosas… las que concebimos como recursos.

Antes de que esos «recursos» se agoten, en realidad, el ser humano descubre a menudo nuevos recursos, y, además, desarrolla cada vez más la eficiencia en el uso de los viejos recursos.

Esto sucedió al parecer en el prototípico caso del carbón, ya que el miedo que la gente también tenía y nutría ─el miedo que la gente cultivó a que el carbón se agotara─, no les sirvió de nada ─como ocurre con todo miedo, en el fondo─, ya que al final pasaron a utilizar otros recursos para todo eso que medio mal llamamos «la energía»… en los procesos industriales.

Es un tema muy divulgado por los «capitalistas libertarios» (Anxo Bastos, etc.), ya que tienen claro que usamos algunas falacias cuando hablamos de «recursos», y aunque ellos tampoco tengan «la última palabra», parece que tienen algo de razón cuando hablan de que «el agotamiento de los recursos es una falacia» ─vistos los datos históricos, al menos, en algunos casos claros─.

Reunimos y transformamos ingeniosamente una sorprendente cantidad de recursos mediante los circuitos industriales, pero en gran medida para derrochar antieconómicamente, en estos ciclos de desperdicio absurdo y dañino para nuestras almas, y por tanto para el mundo.

En esos usos antieconómicos y por tanto tan irracionales ─aglutinados en torno a ciudades llenas de personas que en el fondo estamos aterrorizadas─ también dañamos la calidad de los recursos «intrínsecamente gratuitos» globales: aire, agua…

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* En realidad, parece que nadie tenemos derecho intrínseco a llamar nada «nuestro», salvo quizá nuestro cuerpo, sobre el que ejercemos una influencia bien visible a través del estado de ánimo y sus prolongaciones y consecuencias… y salvo por el hecho de que, si alcanzamos un estado muy elevado de amor en condición de alma, entonces «nuestro» cuerpo lo podríamos desmaterializar desde ese alma que somos ─o sea, parece que estamos en todo nuestro derecho de hacer esa desmaterialización, por ejemplo tras morir físicamente, tal como habría hecho Jesús, excepcionalmente, tras esa muerte física en la primera vida, y como queda recogido no sólo por él, ahora, sino por otras revelaciones─.