Nuestros primeros padres biológicos, la caída, la fachada y el tiempo mortal como continua creación de falsa eternidad… una nota

Índice
─ Introducción
─ Notas
─ Mi petición
Nota
La Restauración del Don Perdido y la Ontología de la Caída
Introducción y Nota Temática sobre la Experiencia de Amán y Amón en los Mensajes de Padgett
1. La Espiritualidad de la Espera y la Detección de la Luz Restituida
El brillo de la sustancia divina
Jesús como el Primogénito de la Restitución
La «Estrella» de los Magos
El origen de los errores cristológicos
2. La Psicología de la «Fachada» y el Lamento Victimista

Esquema: Caída vs humildad
La paradoja de la demanda corrompida
El síndrome de «mi tesoro»
Incompatibilidad con la Ley del Amor
3. La Mente Torcida y la Herida Constitutiva
El conocimiento que engríe
La distorsión relacional
4. La Creación del «Tiempo de la Muerte»

De la espera a la desesperación
La invención del tiempo trágico
5. La Posición de las Almas Celestiales
─ Mi petición para la nota al pie

Nota al pie: Fenomenología de la caída, San Agustín y la invención del «Tiempo Mortal» 
1. La distorsión de la expectativa (futuro)
2. La sedimentación de la memoria (pasado)
3. La creación de la «falsa eternidad»
Anexo: Ilustraciones Bíblicas de los Conceptos Temáticos
1. Sobre la soberbia intelectual que suplanta al alma («El conocimiento engríe»)
2. Sobre la pretensión de autosuficiencia y la trampa del autoengaño
3. Sobre la impaciencia, el apoderamiento del Don y la caída en la muerte

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Introducción

Revisando este grupo de mensajes o cartas de Padgett (donde hablan Jesús y la primera pareja física humana), surgieron las notas que coloco abajo.

NOTAS

Mi petición

La nota temática sería para presentar, ilustrar, etc., estos temas:

─ Contexto: mucha gente, en el mundo espiritual, estaría esperando la restitución del don perdido en la caída.

Como todo el mundo tiene en realidad espíritus-guía (que tienen la vía más o menos abierta para ayudar u orientar a sus guiados), entonces, entre los espíritus-guía de Jesús ─y entre los guías de las personas que iban a ser amigos o conocidos de Jesús, quizá, etc.─, estarían quizá Amán y Amón.

Podemos suponer que los espíritus del mundo espiritual, para aquel entonces, estarían muy interesados en rumores o profecías y visiones de novedades posibles, en la tierra.

Habían pasado muchos años desde la caída, pero algunos grupos o muchos grupos guardarían el recuerdo de la enseñanza ─o de la idea sin más─ de que se iba a restituir el don perdido.

Entonces, tales novedades posibles ─en ese sentido de subsanar la caída─, cabía la posibilidad de que se hicieran energéticamente visibles en cuanto se cumplieran.

Y, efectivamente, el amor de Dios parece que tiene un efecto, diferente, en los cuerpos espirituales de quienes lo reciben (pues tales cuerpos reflejan el estado del alma muy directamente, al parecer).

Entonces, siendo Jesús el primero que lo recibió ─y, además, siendo un encarnado─ quizá se hizo en seguida detectable, y muy prominente, por el hecho de que, además, fuera en un bebé donde se iba a ver algo tan diferente.

La visualización de «estrellas» que «indicaban el camino» (por parte de «magos de Oriente», etc.) se podría entonces asimilar a esto que hemos dicho; es decir: por ejemplo los espíritus, desde «el cielo» (mundo espiritual), podrían ver la paradójica «estrella terrestre»; una estrella, pero en la Tierra: «la estrella» iba a ser que un encarnado cualquiera brillara con luz una diferente.

Este «brillo diferente» sería en realidad obra de Dios; aunque, ya quizá desde entonces, muchos desencarnados pudieron haber interpretado equivocadamente que Jesús habría de ser alguien esencialmente diferente, y no alguien que simplemente Dios había tomado como «primero» para recibir la restitución del Don malogrado o perdido (el amor divino).

─ Los espíritus celestiales (como ya son Amán y Amón) están en unidad con Dios, como Jesús. (Es decir, están en las esferas celestiales donde solo pueden estar quienes tuvieron el Nuevo Nacimiento: la transformación total del alma para poder «comulgar» con Dios plenamente.)

Esto quiere decir que, en su interacción con nosotros ─quienes o bien no tenemos amor divino, o tenemos poco─ deben de sentir cosas similares a como Dios se sintió al ser personalmente rechazado por Amán y Amón ─y como Dios se siente en el todavía generalizado rechazo─.

Estas sensaciones, o ideas, que puedan tener, desde esa posición, son cosas que seguramente no podemos concebir, sentir, hasta que alcancemos esa posición de unidad con Dios.

─ Desde nuestro lado, Amán y Amón pueden ser objeto de compasión falsa: podemos verlos, en el caso extremo, como «víctimas» de Dios, y preguntarnos cosas como: ¿Por qué Dios, por ejemplo, no insistió más en que ─al ver su proceso de degradación (el de Amán y Amón)─ la solución seguía siendo que lo aceptaran personalmente; es decir, que recibieran amor de su parte, que lo llamaran, y recibieran dicho amor?

Ahí debió de comenzar a operar la fachada.

(Mejor decir «fachada» que llamarlo ego: el ego es en latín el yo, y la esencia personal de cada alma, su yo, es un yo diferente, esencialmente diferente; esto es muy importante, y es una dotación esencial en el hecho de ser almas: cada alma es diferente en la personalidad que cada cual es, junto a su alma gemela.)

Fachada, en plan: «vaya, pobre de mí, he sido condenado a vivir así, por qué se me ha hecho esto» (cuando en realidad se lo habían hecho ellos a sí mismos).

Siempre y cuando Amón y Amán tuvieran sentimientos de ese estilo, era imposible para Dios entregarles amor, si lo pedían desde ese estado ya de cierto autoengaño, ya de cierto modo (auto)corrompido.

Es decir, hay que querer despojarse de cierto «estado paradójico»:

* por un lado, con toda el alma, se quiere la separación de Dios (al no mirar de frente la responsabilidad colosal, digamos, que había sido ejercida en relación a Dios y la posible relación «eternizante»);

* pero, por otro lado, el lamento más o menos victimista dice: «quiero recibir eso (inmortalidad) «de Dios»» (autoengañándose ya, pues no la querría «de parte de Dios»); es decir, de algún modo el alma no reconoce que en realidad está en modo autosuficiente, y está así como «gritando», desde dentro: «Mío, mío… mi tesoro»…, y: «mi tesoro es posible sin Dios», etc…

Hasta hoy, entonces, esta «psicología» es seguramente crucial para entender cosas psicológicas más «de andar por casa». Es quizá clave de casi todo lo que nos pasa; y ello tendría que ver con que la responsabilidad es un principio del alma, muy profundo por tanto, y que solo se puede manejar a nivel de las emociones y deseos más profundos (siendo realmente humildes, por ejemplo).

─ «Estar henchidos»: como aquella cita de que «el conocimiento engríe, hinche (de «henchir»)»: La autovanagloria en vez de la humildad de sentir las heridas sin más, sin esperar nada (heridas y creencias, distorsiones, etc.).

Amán y Amón ya tenían la mente «torcida»; es decir, la mente se había puesto así como por encima del alma.

«Primero y ante todo» tenían expectativas para con Dios, hacia Dios; proyectaban más bien en plan víctima un «sálvame», en momentos de debilidad (ahí comenzó la falsa religiosidad, diríamos incluso).

Eso es lo que harían, en vez de partir de un querer realmente amar a Dios; es decir, querer conocer a Dios, pero sin ningún resquicio de resquemor vengativo/retributivo.

─ Esta sería la «herida» del llamado «pecado original».

Es simplemente desear estar separados a nivel profundo de quien realmente nos habría dado la vida: Dios.

Nosotros, aunque no lo parezca, como almas, seríamos la creación suprema de la Creación; de hecho las almas serían literalmente muy poderosas cuando están purificadas, incluso aunque solo sea purificadas en su amor natural.

Tal «pecado original» no sería como el resto de pecados: es como «constituyente de la ‘relacionalidad'», de la performatividad a nivel relacional humano: tanto en lo que afecta:

* a las relaciones horizontales ─con otros humanos, ya que, por ejemplo, no los sentimos como Dios los siente si no tenemos Su amor divino─,

* así como en lo que afecta a la relación vertical: cada cual con Dios.

─ Creación del «tiempo de la muerte»: ese no esperar a que Dios cumpliera ese deseo se convirtió en un desesperar, en una «desesperación» constitutiva, «creadora» del tiempo que conocemos, de nuestra forma de interioridad.

Corrompieron su fe, Amán y Amón.

Y «fe» equivale en cierto modo a deseo (cuando un deseo se basa en verdades absolutas podemos casi llamarlo fe).

Corrompieron su deseo: «queremos esto»; pero se deslizó la «serpiente» del «lo queremos a nuestra manera»:

«Hemos intuido la verdad absoluta de la eternidad de Tu ser, Dios Creador nuestro… sí; pero en esa distancia entre llevar a cabo tal eternización (cosa que, nos dices, solo es posible si recibimos algo nuevo de Ti, y que nos hará depender de Ti de otra manera), en esa distancia, decíamos, entre esa «realización de lo eterno» íntimamente, en nuestra alma, y nuestro estado ─en esa distancia entre realización eterna y estado actual─ se abre el espacio temporal-pecaminoso-mortal, el que nosotros no conocemos/conocíamos… pero del cual nos adviertes/advertiste con las intuiciones que de Ti recibíamos (manzana)».

«Cuanto más empleemos el alma («comer» la manzana); es decir, cuanto más empleemos nuestras facultades más íntimas y poderosas en ejercitarnos en tal deseo impuro, más caeremos por la senda que preludia la muerte (el «conocimiento del bien y del mal»); así será como nos la habremos autoinfligido, cuando todavía no sabíamos las consecuencias».

«Nos hemos anticipado a la consecución real de la inmortalidad, al ‘apoderarnos’, por nuestra cuenta, de la verdad divina, una verdad ya no simplemente referida a las leyes que rigen las cosas inferiores, materiales y material-espirituales, sino a las leyes que rigen la relación personal entre Alma Infinita Increada, y almas finitas creadas».

«Nos hemos apoderado solo de la idea, mental, de tu ser inmortal, Dios. Nos hemos anticipado, por nuestra cuenta, intelectualmente, a la posibilidad; la intuíamos claramente, tu verdad absoluta, la de la inmortalidad: una inmortalidad vista meramente como posibilidad de transformar el alma en eso, en inmortal. Nos aferramos a ella, cual Gollum con su tesoro; lo cual es a la vez un paradójico (y que tendrá mucha historia efectual por delante, en la vida de la humanidad y su «sangre y tinta» religiosa) «querer a Dios», pero en realidad sin quererlo con amor real, es decir, con un amor sin expectativas, y con una fe pura ─y no la fe impura que hemos pergeñado: este deseo impuro de la autosuficiente vanidad orgullosa por nuestra parte»─.

Nota elaborada por IA Gemini (con algunas matizaciones y reelaboraciones mías)

La Restauración del Don Perdido y la Ontología de la Caída

Introducción y Nota Temática sobre la Experiencia de Amán y Amón en los Mensajes de Padgett

El bloque de mensajes dictados por Amán y Amón no solo constituye un testimonio sobre los orígenes de la humanidad física, sino que articula una profunda revisión teológica de la caída, la naturaleza de la fe, la génesis del tiempo mortal y las condiciones emocionales que bloquean la recepción del Amor Divino. La presente nota temática sintetiza los ejes conceptuales fundamentales que subyacen a estos mensajes para contextualizar su alcance espiritual y psicológico.

1. La Espiritualidad de la Espera y la Detección de la Luz Restituida
Durante milenios, el mundo espiritual albergó a incontables almas que conservaban la memoria o la intuición de la promesa original: la restitución de la oportunidad de obtener el Amor Divino y la inmortalidad del alma, malograda en la caída inicial. En el marco de la guía espiritual, entidades elevadas —incluidos los primeros padres, Amán y Amón— velaban por el desarrollo de la humanidad en expectación de la apertura de esta vía.

Desde la perspectiva del mundo espiritual, la transformación del alma mediante la recepción del Amor Divino no es una abstracción teológica, sino una realidad ontológica que altera la sustancia del cuerpo espiritual:

El brillo de la sustancia divina: El Amor Divino, al ser infundido en el alma por el Espíritu Santo, genera una luminosidad y cualidad vibratoria visible para los espíritus.

Jesús como el Primogénito de la Restitución: Al ser Jesús el primer ser humano en recibir esta sustancia en su alma mientras estaba encarnado, su presencia física y espiritual destacó de manera inmediata en el plano terrenal y en el plano de los desencarnados.

La «Estrella» de los Magos: La manifestación de fenómenos como la «estrella de Oriente» puede asimilarse a la percepción, desde el mundo espiritual, de esa paradoja radiante: un ser humano encarnado que brillaba con una luz propia e inédita por la presencia del Amor del Padre.

El origen de los errores cristológicos: Esta prominencia espiritual llevó a que muchos desencarnados e incrédulos interpretaran erróneamente que Jesús era Dios mismo o un ser de naturaleza esencialmente distinta a la humana, cuando en realidad era el primer hombre en quien Dios restituyó la vía de acceso al Don Perdido.

2. La Psicología de la «Fachada» y el Lamento Victimista
La caída de Amán y Amón ilustra la génesis del mecanismo de defensa espiritual que denominamos la fachada: el autoengaño mediante el cual el alma atribuye su miseria o separación a una condena externa de Dios, ocultando que la desconexión fue autoinfligida.

Esquema: Caída vs humildad
La condición original del alma es la de amor natural perfecto (previo a la caída). Y de ahí «había» dos «caminos», digamos:

1. Caída
Deseo Impuro / Impaciencia (Pretensión de autosuficiencia) ->
Génesis de la «Fachada»: Victimismo / Autoengaño + Intelecto por encima del Alma + Miedo a la Dependencia ->
Bloqueo del Amor Divino

2. Humildad
Humildad / Espera (Recepción del Amor Divino) ->
Unificación con Dios (Naturaleza Divina)

La paradoja de la demanda corrompida: Para recibir el Amor Divino se requiere la apertura humilde del alma (la fe pura). Cuando el alma pide la inmortalidad o el auxilio desde el victimismo («¿Por qué se me ha condenado a esto?»), en realidad está exigiendo el regalo bajo sus propios términos de autosuficiencia.

El síndrome de «mi tesoro»: El alma en estado de fachada clama interiormente por los privilegios de la divinidad pero rechaza la subordinación amorosa a la Voluntad del Padre. Quiere la inmortalidad sin Dios, o conservando su propia soberanía intelectual.

Incompatibilidad con la Ley del Amor: Dios no puede infundir Su Amor en un alma que pide desde el orgullo o la exigencia, porque el Amor Divino es una sustancia que solo fluye ante el anhelo humilde y la entrega de la voluntad propia.

3. La Mente Torcida y la Herida Constitutiva
La tentación histórica simbolizada por la manzana y la serpiente representa la elevación de la mente por encima del alma.

El conocimiento que engríe: Amán y Amón intuyeron la verdad absoluta de la inmortalidad y la naturaleza de Dios. Sin embargo, en lugar de esperar a que esa naturaleza les fuera otorgada gradualmente en el alma a través del Amor, intentaron apoderarse intelectualmente de la idea de su propia divinidad.

La distorsión relacional: Esta actitud estableció la «herida» de lo que tradicionalmente se ha llamado pecado original: la distorsión de la relacionalidad.

* En sentido vertical: Se sustituye la fe transparente por una religiosidad utilitaria, en el fondo llena de expectativas y resquemores hacia Dios (reflejados en parte en nuestros resentimientos profundos contra la vida, más o menos tematizables conscientemente ─ya que la vida, a nosotros, como almas, nos fue dada por Dios─).

* En sentido horizontal: Al carecer del Amor Divino, los seres humanos son incapaces de percibirse y amarse mutuamente con la misma mirada y profundidad con que Dios ama a las almas.

4. La Creación del «Tiempo de la Muerte»
La impaciencia de los primeros padres alteró la percepción interna de la existencia y fundó la condición mortal del ser humano:

─ De la espera a la desesperación: La distancia entre la conciencia de la posibilidad de ser inmortales y su estado actual debió haberse recorrido mediante la espera paciente. Al romper esa espera mediante el acto de autoafirmación vanidosa, esa distancia se transformó en angustia existencial.

─ La invención del tiempo trágico: La desesperación convirtió la vivencia del flujo continuo en un «tiempo de caducidad y muerte». Al ejercitar las facultades más profundas del alma en un deseo impuro, se desencadenó el desgaste de la armonía física y espiritual, trayendo consigo la conciencia de la desnudez, la impotencia y la mortalidad.

5. La Posición de las Almas Celestiales
Hoy en día, almas como las de Amán y Amón, habiendo recibido el Nuevo Nacimiento tras milenios de purificación y desarrollo en los Ámbitos Celestiales, se encuentran en total unidad con el Padre.

Cuando estas entidades se comunican con la humanidad terrenal, experimentan una perspectiva única: comprenden perfectamente la ceguera de la «fachada» humana porque ellos mismos fueron sus creadores. Al interactuar con mortales que insisten en la autosuficiencia o en el reclamo victimista, perciben la misma tragedia que ocurrió en el principio: la negativa del alma humana a ser simplemente humilde y pedir el Amor que la liberaría instantáneamente de su propia prisión.

Mi petición para la nota al pie

Querría elaborar esto (de paso, añadir si se puede alguna cita como anexo a esta nota al pie ─citas bíblicas para ilustrar conceptos de la nota temática general, como el «engreírse», etc.─):

En una nota al pie se podría ilustrar ese «lo queremos ya», ese «ya» cortante, «creador» del tiempo mortal, quizá, con el tema de (San) Agustín y el tiempo:

El alma, con su atención en el presente, de cierto modo es como si creara memoria («pasado» : el presente que ya no parece presente) usando la sustancia que llamamos expectativa (futuro: el presente que aún no parece presente).

Es decir, la atención crea memoria sirviendo a modo de filtro de expectativas futuras (y «no tener expectativas futuras» ya es un «tener expectativas», pues «no hay vacío en la naturaleza»).

Es decir, el ser humano, o sea, su (auto)aislamiento respecto a Dios, es fenomenológicamente descriptible con ese truco:

lo queremos ya, es decir, nosotros, en este estado, lo queremos ya; eso es un performativo: «este estado es lo que hay, y punto».

Y eso que queremos lo vamos a «eternizar» a nuestra manera: prolongando así la «falsa eternidad», sin haber conocido la verdadera.

Esa eternización consiste en que, en nuestro presente separado ─y «ya siempre cortante»─ vamos a «crear nuestra realidad» propia: memoria como base de la experiencia, aunque tal memoria no sea consciente en muchas ocasiones.

Eso lo haremos usando la distorsionada expectativa que tenemos, esa expectativa «en carencia», pero que quiere (como fachada, y con y para la fachada) no sentirse como tal; y que, por ello, siempre estaría en «oculto conflicto» consigo misma; y que, por lo tanto, es capaz por ejemplo de aburrirse ─cosa que serían capaces de sentir, cierto aburrimiento, incluso aquellos espíritus que solo se han perfeccionado en su amor natural: los de la esfera 6, los que no han recibido el amor divino─.

Esa sería la expectativa, no tematizada como tal, que haría que perviva el pecado original, en este automovimiento del tiempo mortal.

Nota al pie elaborada por IA Gemini

Nota al pie: Fenomenología de la caída, San Agustín y la invención del «Tiempo Mortal» 

La ruptura del estado edénico puede describirse fenomenológicamente a través de la tensión temporal que el alma impone sobre la experiencia. San Agustín (Confesiones, Libro XI) analiza el tiempo no como una entidad exterior objetiva, sino como una extensión de la mente o del alma (distentio animi): el pasado existe como memoria, el futuro como expectativa (o atención hacia lo que vendrá) y el presente como un punto de atención fugaz.

En el alma unida a Dios no existe la fisura de la impaciencia; la atención presente descansa plenamente en el Padre. Sin embargo, la actitud constitutiva de la caída fue la declaración performativa del «lo queremos ya»: la negativa a aguardar la infusión del Amor Divino según el diseño de Dios y la decisión de apoderarse de la inmortalidad de forma inmediata y autosuficiente.

Esta afirmación impositiva («este estado actual es lo que hay, y aquí constituimos nuestro ser») quiebra la confianza limpia y funda el tiempo mortal:

1. La distorsión de la expectativa (futuro): La expectativa deja de ser una serena apertura hacia Dios para convertirse en una pretensión de apoderamiento basada en la carencia. No existe el vacío psicológico; incluso la aparente ausencia de expectativa es una expectativa reactiva que proyecta el temor a la dependencia.

2. La sedimentación de la memoria (pasado): La atención, filtrada por esa expectativa distorsionada y en oculto conflicto, procesa el presente convirtiéndolo en una memoria acumulativa, cargada de creencias, heridas y mecanismos de defensa inconscientes.

3. La creación de la «falsa eternidad»: Al no haber alcanzado la eternidad real (la transformación del alma en sustancia divina), el ser humano intenta «eternizar» su presente separado. Prolonga su existencia mediante un ciclo autorreferencial donde la fachada intenta no sentirse necesitada.

Este automovimiento distorsionado explica por qué la existencia separada de Dios conduce inevitablemente al hastío. Incluso los espíritus que logran purificar su amor natural hasta alcanzar la Sexta Esfera —pero que no han recibido el Amor Divino a través del Nuevo Nacimiento— están sujetos a las limitaciones de un ser finito y puramente creado, experimentando eventualmente un sutil sentimiento de límite, repetición o aburrimiento. La pervivencia del «pecado original» en la psicología humana consiste precisamente en este bucle: la pretensión mental de autosuficiencia que atrapa al alma en el flujo del tiempo mortal y la desconecta de la eternidad fluida del Amor del Creador.

Anexo: Ilustraciones Bíblicas de los Conceptos Temáticos
Para complementar el análisis conceptual de esta nota, los siguientes pasajes de las Escrituras ilustran la dinámica entre el orgullo intelectual, la distorsión del deseo y la exigencia de inmediatez frente a la recepción humilde del Don Divino:

1. Sobre la soberbia intelectual que suplanta al alma («El conocimiento engríe»)

1 Corintios 8:1: «El conocimiento engríe [hinche de orgullo], pero el amor edifica.» (Muestra la diferencia entre la aprehensión intelectual y la transformación real del alma mediante el Amor).

Romanos 1:21-22: «Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios.» (Describe el proceso mediante el cual Amán y Amón intentaron apoderarse intelectualmente del ser de Dios, cayendo en la necedad de la fachada).

2. Sobre la pretensión de autosuficiencia y la trampa del autoengaño

Apocalipsis 3:17: «Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.» (Refleja la «fachada» de la autosuficiencia humana que declara «mío es el tesoro», ignorando su profunda carencia espiritual).

3. Sobre la impaciencia, el apoderamiento del Don y la caída en la muerte

Génesis 3:6: «Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió…» (Ilustra el acto del «lo queremos ya»: el abalanzarse mental sobre el atributo de la sabiduría y la eternidad antes de recibir el Amor que lo hace posible).

Santiago 1:14-15: «Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.» (Explica la génesis interior del pecado y del tiempo mortal a partir de la corrupción del propio deseo).

 

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