Abajo hay una introducción, tras los enlaces al texto y a los audios de la traducción de este taller sobre este tema tan importante, y a menudo difícil de tratar.
Las madres tienen un buen papelón, pues las emociones son muy importantes, y los niños son esponjas que absorben o bloquean fuertísimamente las emociones, a invitación del entorno.
Literalmente fabricamos nuestra experiencia desde el nivel profundo del alma o corazón, y en ese nivel lo que prima es la emoción (bloqueada o no).
El problema del planeta es que en cada uno de nosotros el alma está muy bloqueada. Tenemos miedos (por los cuales nos dejamos controlar), vergüenzas, penas, iras… todo ahí bloqueado. Eso tapona la «voz» de la conciencia, es decir, la verdad que nos potencialmente nos libera.
Las madres, sin darse cuenta, junto al resto del entorno del niño, al no tener nuestras heridas emocionales sanadas, automáticamente contribuyen y contribuimos a fabricar un tapón a la conciencia en los niños (esa actitud donde vibran en la verdad, no les molesta la verdad, no la sienten como un juicio… lo que está mal está mal… y lo que no, no). Continuar leyendo «Las emociones y el tabú de la madre | Taller de Jesús, 2010»
Sarah J. Wilson: Una abortista se da cuenta demasiado tarde del gran mal que hizo en la tierra y busca ayuda
Aquí estoy. Sarah J. Wilson:
Permíteme escribir porque necesito mucho la ayuda. Estoy en la oscuridad y sufriendo.
Cuando estaba en la tierra era una mujer que intentaba ganarse la vida haciendo lo que Dios y el hombre condenaban como algo que iba en contra de la naturaleza y de todas las disposiciones para perpetuar el mundo. Fui abortista y causé muchos nacimientos prematuros, o la destrucción de aquello que si se le hubiera permitido gestarse habría sido un ser humano. Así que ya ves que mis actos fueron muy malos; y desde que estoy en el mundo espiritual me he dado cuenta de la enormidad de los mismos. Continuar leyendo «Sarah J. Wilson: Una abortista se da cuenta demasiado tarde del gran mal que hizo en la tierra y busca ayuda»
En este vídeo visualizamos una parte sobre restringir a los niños cuando son violentos, retenerlos de forma amorosa.
En este segundo vídeo sobre el tema hacemos una lectura lenta, con comentarios y dibujos, con Clau.
Podéis descargar el pdf con el texto de esta parte de charla aquí: PDF
Abajo hay índices de tiempos de los dos vídeos.
El tema más práctico es tratado sobre todo hacia la mitad y el final de esta parte del taller que vemos en el primer vídeo, pues es donde la cosa se pone digamos que un poco más «sutil» (y por eso hacemos otro vídeo separado con muchos comentarios).
Ya vimos cosas sobre restringir a los niños en los vídeos sobre libre albedrío (ver los materiales de la página guía A.3 en unplandivino.net)
Esta es una parte del taller sobre ética y moral dado en el 2012, de Alan John Miller. No hace falta visualizar o entender las anteriores partes de ese taller, aunque son muy prácticas e interesantes y las veremos también -seguramente después de ver el taller de «emociones, lógica y verdad»-.
0:00 Introducción
2:34 Definiciones que no son el objeto de esta parte, pero que vemos
3:35 Empieza: La ética y la moral de una hija que pega a su padre (aunque aquí solo dibuja y plantea la simple situación)
4:20 Actitudes de la niña Continuar leyendo «Restringir la violencia en los niños, amorosamente»
[botón para la escucha de este texto desde aquí mismo:]
( Enlace para oírlo y descargarlo en ivoox )
Hemos dicho que vamos a utilizar el ejemplo de un niño, una niña, que va de visita una residencia de ancianos.
Pero, antes de nada, recordemos esto: no hay víctimas, pero que sí hay un trato «malo», y que por ejemplo el caso del maltrato físico es en realidad menos importante que el maltrato emocional, que está normalizado… y que en realidad podríamos decir que abarca al maltrato físico.
El «maltrato» en general fomenta cierto tipo de elecciones que quitan poder y que quitan de la vista posibilidades… frente a otras elecciones que fomentan la mayor apertura posible de uno mismo hacia sí mismo (hacia «dentro») y de uno mismo hacia el mundo (hacia «fuera»).
En el caso del maltrato físico, es muy sencillo sentirnos justificados (y más si somos pequeños) en fomentar pensamientos miedosos, de impotencia, y en general «interpretaciones miedosas» del mundo.
Por tanto, eso es «maltrato», es «hacer el mal», no porque sea «malo en sí» (pues en realidad la maldad no es verdaderamente lo real), sino porque con esas ideas y actitudes relacionadas con el «castigo» (que son unas ideas y unas actitudes que el maltrato físico de cierta forma intenta «imprimir» en las mentes de todos)… con esas ideas… fomentamos la impotencia, es decir, se fomenta por ejemplo que los niños se sientan justificados pensando que no pueden, que no valen, etc.
En general, el miedo gobierna en cualquier atmósfera de «maltrato», más o menos, y por ello, por si acaso… para defendernos… para que no nos caigan más golpes o más «incomprensión»… no nos permitimos expresarnos –no nos permitiremos expresar sensaciones, sentimientos, opiniones, etc., ya que no esperamos nada bueno si lo hacemos–.
Y la situación de «maltrato emocional» es lo normal en la infancia, donde, «como son pequeños» hay excusa para no preguntar a esos «pequeños» cómo se sienten, qué opinan, qué les gustaría hacer (aunque luego en realidad eso no se pueda hacer, pero al menos preguntar, «contar con»).
Con los niños a menudo hay «barra libre» para todo. Como son pequeños, todo da igual, y los adultos se han criado en esas mismas atmósferas en las que otros adultos tampoco «tenían tiempo para tonterías», así es que todo el mundo sigue sin poder hablar de lo evidente.
Entonces, pongamos que un niño, o digamos una niña, para variar, visita una residencia de ancianos.
Quizá siente tristeza.
Quizá esa tristeza es natural, mostrando una especie de duelo.
¿Duelo? Sí, duelo ante una muerte que ya es muy real, pues los ancianos que ya están retirados o apartados en residencias, ya no tienen en gran medida «relaciones personales»… y tampoco son víctimas más que de sí mismos… pues en general son ellos mismos quienes se han hecho eso a sí mismos. Continuar leyendo «¿Cómo realizamos la separación entre mente y corazón, en el contexto usual de "maltrato emocional"? Un ejemplo "infantil": una niña visita una residencia de ancianos»
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Antes de exponer un ejemplo muy concreto (el mío) que nos dará una idea muy buena de lo fácil que es abandonar a los niños «emocionalmente» y «sin querer»… antes de eso… vamos a hablar del contexto más en general.
Es muy importante contextualizar bien este tema, ya que el hecho de que venga al mundo «un nuevo ser»… como se suele decir… es algo extraordinariamente singular… si lo podemos decir así.
¿Por qué?
Ese ser es una especie de «anti-adulto»; es decir, no se puede relacionar con los adultos en el nivel de la convivencia usual… pues por ejemplo un bebé no nos puede preguntar si nos apetece que justo ahora se ponga a llorar… o a tener hambre… etc.
Así es que tenemos que tener claro que solo estamos describiendo, no «victimizando».
Es decir, vamos a hablar de ser unos «mal-nacidos», pero en su sentido objetivo, sin juicios… ya que simplemente hay formas de nacer «malas», en el sentido de que se nace en atmósferas que fomentan el mal, es decir… que fomentan que los niños justifiquen o alimenten la pena, la victimización… el dolor… el sufrimiento… la enfermedad… etc.
Como es evidente, esas atmósferas son infinitamente variadas, y pueden contener uno o todos estos ejemplos de «cosas que fomentan el mal»:
los niños no deseados o no del todo deseados (por ejemplo es mi caso, que soy hijo de madre soltera, una madre que tenía poco claras las cosas y mucho miedo… y que estaba en parte rodeada de un ambiente de culpabilización, etc.)…
o los que nacen en una gran pobreza…
los que nacen en ambientes de claro maltrato hacia ellos… o de maltrato y desamor entre las personas que les cuidan…