[Últ. act.: 24 julio 2026]
Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español (con una nota al final)
─ Versión en inglés
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Introducción
─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
La lectura de estos mensajes dura en el audio hasta el minuto 17:48, y luego hay comentarios. Esta vez podemos decir que los mensajes no tienen relación directa con este tema 11, que agrupa mensajes muy variados.
Son mensajes de Esaú, Lot y Salomón, nuevamente de entre los célebres de la tradición judaica.
A continuación, pues, vamos a ver parte del apartado:
11) La expiación vicaria
Se trata de los tres siguientes mensajes contenidos en este apartado.
El tema principal en el apartado es «la expiación vicaria», ya que es una creencia o dogma muy dañino.
Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:
Forma parte de un libro que es el primer volumen de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, Jesús de Nazaret.
Estos volúmenes fueron preparados o compartidos así por Divine Truth entre otras personas.
El primer volumen incluye los siguientes temas y apartados (los 11 temas numerados sirven para organizar temáticamente los mensajes):
a) ─ Retrato de James E. Padgett
b) ─ Mi testimonio (por Leslie R. Stone)
c) ─ Foto espiritual de Mary Kennedy con su alma gemela, el Dr. Stone.
d) ─ La verdadera misión de Jesús
I. Jesús y su relación con Dios.
II. Dios y el alma humana.
III. El problema del pecado.
IV. Redención del pecado.
─ 1. Los mensajes
─ 2. Ámbitos celestiales
La oración
─ 3. Inmortalidad
─ 4. ¿Quién y qué es Dios?
─ 5. Espíritu Santo
─ 6. Resurrección
─ 7. El alma
─ 8. Perdón
─ 9. Expiación
─ 10. Infierno
─ 11. Expiación vicaria [estamos aquí: Vemos los tres siguientes mensajes en este apartado 11]
e) ─ Mensajes adicionales
Versión en español (con una nota al final)
11. La expiación vicaria (cont.)
Ahora conoce la diferencia entre aquel espíritu que posee el amor divino en su alma y el que no lo posee (Esaú – Hijo de Isaac) (4 diciembre 1916)
Estoy aquí, Esaú, hijo de Isaac.
Yo era hijo de Isaac y hermano de Jacob, y aquel a quien los judíos consideraban que había vendido su primogenitura por un plato de lentejas; pero fui malinterpretado en este sentido, pues solo hice lo que la necesidad me obligaba a hacer.
Pero todo eso ya pasó, y ahora soy un habitante de los Ámbitos Celestiales, pues en el mundo de los espíritus todo se corrige, y me convertí en poseedor del amor divino tras recibir el conocimiento de su restitución con la venida de Jesús.
Muchos de los personajes del Antiguo Testamento aún no han llegado a comprender esta gran transformación, pues, complacidos en su propia justicia y autojustificación, adoran a Dios tal como lo hacían en la tierra. Si bien han dejado de ofrecer sacrificios de animales ─ya que en la vida espiritual no disponen de ninguno que ofrecer─, todavía sostienen la creencia de que el sacrificio es necesario y, en su imaginación, ofrecen lo que para ellos simboliza aquellas ofrendas que realizaban en la vida terrenal.
Sí, es una suposición bastante natural, pero debes saber que la mente y las creencias de los mortales les siguen acompañando cuando se convierten en espíritus. Aquellos que no se permiten convencerse de los errores en sus concepciones de la Deidad ─y muchos de estos espíritus de la antigüedad se encuentran en esa misma condición ahora─ se niegan a creer, o siquiera a escuchar, las verdades de la existencia y de su relación con Dios, tal como hacían cuando estaban en la tierra.
Tienen ojos, pero no ven; y oídos, pero no oyen; y, envueltos en la oscuridad de sus creencias, se niegan a dejar entrar la luz o a permitir que las verdades, tan evidentes para otros, iluminen sus almas. Una mente cerrada por el fanatismo y la intolerancia sigue siendo igual de obstinada después de que el mortal se convierte en espíritu; a pesar de haber experimentado un cambio en su entorno ─en lo que podríais llamar su existencia física─ y en sus posibilidades de aprender la verdad, muchos de estos espíritus se niegan rotundamente a admitir cualquier cambio o posibilidad de cambio en su condición espiritual.
No es sorprendente que no logres entender cómo es posible que estos espíritus de la clase mencionada hayan podido vivir durante un período de años tan prolongado ─según vuestro cómputo del tiempo─ en semejante condición, rodeados de espíritus que han hallado la verdad y que la manifiestan en su aspecto y felicidad ─y más aún considerando que, en especial, algunos de los que han entrado en la luz son sus antiguos compañeros─, sin verse influenciados por estas apariencias ni por las experiencias de dichos compañeros. Sin embargo, es cierto, y la dificultad de convertir a estos espíritus fanáticos parece incrementarse a medida que avanzan en el progreso de la mente y del amor natural.
Son felices en un sentido relativo y, desde sus creencias, no pueden concebir ninguna otra fe o causa de progreso que pueda brindarles mayor felicidad; además, están firmemente convencidos de que están haciendo la voluntad de Dios en su forma de adoración y en sus sacrificios simbólicos.
Estos espíritus antiguos, tal como los llamáis ─aunque son jóvenes en comparación con muchos otros en las esferas espirituales─, tienen sus sinagogas y templos de adoración, así como sus sacerdotes, servidores y feligreses con arreglo a sus antiguas creencias. Y las ceremonias que acompañan a sus reuniones de culto difieren muy poco de las que celebraban en la tierra. Conservan todas las vestimentas, atuendos y demás adminículos que en la tierra los distinguían del pueblo llano; recitan sus oraciones en público y se complacen en hacerse ver como espíritus santos, los elegidos de Dios por excelencia, tal como lo hacían en la tierra. Y a medida que se van desarrollando más y más en su amor natural y adquiriendo la condición de perfección ─hasta alcanzar la perfección de los primeros padres tal como existían antes de la caída─, podría ser que permanecieran por toda la eternidad en esta condición de creencia respecto a su relación con Dios y al único modo adecuado de adorarlo.
Se niegan a recibir el conocimiento de la verdad del Nuevo Nacimiento; y como esto es algo optativo para ellos, y su rechazo no les impide convertirse en el hombre perfecto ─tal como se os ha explicado─, no existe para ellos una necesidad absoluta de nacer de nuevo a fin de permitir la restauración de la armonía en esa condición y relación que podrían llegar a tener con el Padre.
Por supuesto, hasta el día de la consumación del Reino de las Esferas Celestiales tendrán la oportunidad de convertirse en receptores del Amor Divino y en ángeles redimidos mediante esa transformación; pero es dudoso que muchos de ellos elijan jamás aceptar este gran privilegio.
Me alegra haber podido escribirte esta noche, pues es una experiencia nueva para mí que me produce una gran satisfacción. Volveré, si te parece bien, y te escribiré más.
Para concluir, deseo decir que conozco la diferencia entre aquel espíritu que posee el Amor Divino en su alma y aquel que no lo posee, y que el mero tiempo de permanencia de un espíritu en el mundo espiritual no indica necesariamente que posea el Amor Divino. Como dijo Jesús cuando estaba en la tierra: «Los primeros serán los últimos, y los últimos los primeros»; y debo añadir que algunos nunca serán ni primeros ni últimos, sino tan solo recuerdos de lo que pudo haber sido.
No escribiré más.
Tu hermano en Cristo,
Esaú
¿Qué es lo más grande que hay en el mundo? (Salomón, del Antiguo Testamento) (20 abril 1916)
Salomón, del Antiguo Testamento.
Solo vengo a decirte que muy pronto deseo escribirte otro mensaje, transmitiéndote una gran verdad del Padre. No escribiré más ahora, pero pronto lo haré.
(¿Qué es lo más grande que hay en el mundo?)
La oración y la fe por parte de los mortales, y el Amor ─el Amor Divino─ por parte de Dios. Este último permanece a la espera, mientras que las primeras hacen que penetre en las almas de los hombres.
Ninguna otra verdad es tan grande ni trascendental para los hombres.
Permite que esto que digo quede grabado profundamente en tu memoria y haz la prueba. Sé que lo intentas, pero inténtalo una y otra vez, y nunca dejes de intentarlo. El Amor llegará a ti, y con Él la fe, luego el conocimiento y, finalmente, su posesión.
Podría escribir durante mucho tiempo, pero no debo, ya que estás cansado.
Así que, con mi amor y bendiciones, te deseo buenas noches, y que el amor del Padre tome posesión de ti.
Tu hermano en Cristo,
Salomón
Añade su testimonio y experiencia en el mundo espiritual – Jesús es el gobernante de los Ámbitos Celestiales (Lot – del Antiguo Testamento) (10 agosto 1915)
Lot, del Antiguo Testamento.
Vengo porque ahora soy seguidor del Maestro y deseo añadir mi testimonio al de otros personajes de la antigüedad que te han dejado por escrito que Jesús está vivo, que es el gobernante de los Ámbitos Celestiales, y que ahora trabaja entre los hombres y los espíritus para mostrarles el camino hacia la vida eterna y el Amor Divino del Padre.
Yo no soy de aquellos hebreos que lo habrían denegado de haber vivido cuando él vino a la tierra, pues en mis pensamientos y creencias aguardaba la llegada del Mesías; y, para mí, Jesús fue precisamente ese Mesías, dotado de todas las cualidades y atributos espirituales que esperaba que tuviera.
Por supuesto, cuando yo viví no teníamos el privilegio de conocer el significado del Amor Divino del Padre; solo sabíamos que existía un Dios y que Dios nos amaba ─según nuestra concepción─ como a Su pueblo elegido, y que deseaba que lleváramos una vida recta en la tierra para recibir así Sus bendiciones como mortales y todas las recompensas que una vida obediente pudiera brindarnos. Pero en cuanto a este Amor Mayor, que nos convierte en ángeles a todos los que lo poseemos, no teníamos conocimiento alguno, ni nuestros videntes o profetas nos habían enseñado jamás que tal Amor existiera. Y, como sé ahora, el privilegio de obtenerlo no existía entonces; solo con la llegada de Jesús regresó ese Amor al hombre y a los espíritus.
Pero Dios sentía por nosotros un amor natural, en contraposición al Amor Divino, y nosotros sentíamos por Él un amor que, cuando es purificado por completo, nos convierte en espíritus dotados de una felicidad que supera toda concepción de la dicha humana. Sin embargo, ni siquiera esa felicidad se nos enseñaba, y en las enseñanzas de nuestros profetas tan solo vislumbrábamos que tal felicidad pudiera tal vez existir en la vida futura.
Yo amaba a Dios según la noción que entonces tenía de Él; pero dicho amor no nacía de concebirlo como un Padre tierno y amoroso, sino más bien como un Dios severo e iracundo, un Dios celoso, siempre vigilante y presto a castigar la desobediencia a Sus mandatos. Y, aun así, también aprendimos que, si Le obedecíamos y cumplíamos Su voluntad, Él nos recompensaba.
Así pues, como ves, el Dios de mis días y el Dios del presente, tal como Lo concebimos ahora, no son idénticos. Y todos los hombres deberían comprender y creer ya que Jesucristo sacó a la luz ─y con ello me refiero al conocimiento de los hombres─ la posibilidad de conocer al Verdadero Dios de Amor y Misericordia; así como el hecho de que, gracias a ese Amor y a Su gran Misericordia en la restitución a la humanidad de la posibilidad de llegar a poseer el Amor Divino del Padre, este los haría uno con Él y les daría la certeza de la Inmortalidad.
Tardé largos años, tras la venida de Jesús, en recibir este Amor Divino o en creer en las grandes verdades que él enseñó. Me hallaba tan satisfecho en mi felicidad como espíritu ─poseyendo tan solo este amor natural que había sido purificado y liberado del pecado y del error─ que pensaba que no podía existir un amor mayor ni una felicidad más elevada. Sin embargo, con el paso del tiempo, tuve motivos para reflexionar que tal vez existiera otro amor ─un amor mayor operando en el mundo espiritual─ al contemplar la maravillosa belleza y resplandor de algunos de los espíritus con los que a veces me cruzaba. Comencé a investigar el asunto y, como resultado, tuve noticia de este Amor Divino y, finalmente, lo busqué y lo encontré. ¡Y qué tesoro hallé!
Ahora estoy tan colmado de él que mi felicidad supera todo lo que pueda concebir no solo el hombre, sino también los espíritus que habitan en esferas inferiores a la mía.
No debo escribir más esta noche, pero te diré que soy uno de los muchos Espíritus Celestiales que están interesados y comprometidos actualmente en llevar a cabo la gran obra por la redención de la humanidad.
Jesús es nuestro líder y todos lo seguimos en el esfuerzo por redimir al mundo, entendiendo por tal a los individuos que lo integran. Pues has de saber que la redención es un asunto individual, y no algo que pueda lograrse redimiendo a una nación o a una raza en su conjunto.
Así pues, como ves, esta obra está respaldada por el gran poder de los Ámbitos Celestiales, así como de los cielos espirituales.
He escrito lo suficiente por esta noche.
En cuanto al episodio de mi esposa convirtiéndose en una estatua de sal, sucede como con muchos otros que se relatan en el Antiguo Testamento: son meras figuras retóricas empleadas para ilustrar alguna verdad moral o espiritual. Mi esposa jamás se convirtió en sal, sino que falleció de muerte natural y sus restos fueron sepultados donde se sepultaron los míos. Ahora ella también se encuentra en los Ámbitos Celestiales.
Entonces, querido hermano, debo despedirme. Buenas noches.
Lot
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NOTA (elaborada por IA Gemini)
Nota teológica de contexto
Este bloque de mensajes plantea uno de los puntos conceptuales más disruptivos y clarificadores de esta revelación: la distinción ontológica entre el desarrollo del amor natural y la recepción del Amor Divino.
1. El «amor natural» y la ilusión del ensimismamiento espiritual
Según se expone en estos textos (especialmente en los testimonios de los espíritus del Antiguo Testamento como Esaú, Salomón o Lot), el alma humana posee por creación un amor natural. Este puede purificarse progresivamente del error y del pecado —tanto en la tierra como en las esferas del mundo espiritual— hasta restituir la condición del «hombre perfecto» previo a la caída (p. ej., Gn 1, 26-27). Sin embargo, este proceso de purificación natural, por elevado y dichoso que resulte, constituye un mero disfrute de las potencias ya creadas e inherentes a la naturaleza humana. En él no hay una participación personal o sustancial del Creador en el alma, sino un perfeccionamiento del propio recipiente.
La revelación señala que la persistencia de dogmas, atavíos y sacrificios simbólicos en el plano espiritual —donde espíritus antiguos continúan levantando templos y sinagogas creyendo adorar fielmente a Dios— revela un fenómeno de autojustificación y engreimiento (self-righteousness). Creen adorar al Altísimo cuando, en realidad, se hallan ensimismados en su propia proyección mental de la Deidad.
2. Paradoja histórica y vigencia en la humanidad encarnada
Este fenómeno no es exclusivo del mundo espiritual; de hecho, la revelación sostiene que ambos planos están estrechamente conectados. La sujeción inercial, tribal y dogmática a ritos, exclusivismos teológicos o identidades de «pueblo elegido» en la tierra es el reflejo de ese mismo especialismo que persiste al otro lado de la muerte. Aunque las grandes religiones monoteístas aportaron en su momento la intuición de un Dios único, la «destilación» humana de dicha intuición a menudo degeneró en un apego cerrado al dogma y a la tradición ritualista. Dios se revela aquí como independiente de la estructura de las religiones formales: la adoración genuina no consiste en la repetición inercial de ceremonias terrenales, sino en la apertura receptiva del alma a una transformación mediante una gracia superior.
3. La naturaleza de la Redención y el Amor Divino
Frente al concepto del amor natural, la revelación reintroduce la doctrina del Nuevo Nacimiento (Jn 3, 3-7). El Amor Divino no es una mera ampliación del amor humano, sino una cualidad increada y transformadora que proviene directamente del Padre a través del Espíritu Santo previa petición sincera (oración y fe). A diferencia del perfeccionamiento natural —que deja al ser dentro de la condición de criatura perfeccionada—, la recepción del Amor Divino transforma la sustancia del alma, otorgándole la naturaleza angelical/divina y la certeza de la Inmortalidad.
4. Redención individual vs. Colectiva y exégesis simbólica
Redención individual: Se enfatiza que la salvación o transformación no se produce a escala nacional, racial ni institucional, deshaciendo los mitos de salvación colectiva o estamentos privilegiados antes o después de la muerte.
Desmitificación del literalismo (Pilar de sal): La declaración explícita de Lot sobre el pasaje de su esposa (Gn 19, 26) ilustra el criterio hermenéutico de la revelación: multitud de pasajes del Antiguo Testamento no son crónicas históricas literales, sino alegorías y figuras retóricas destinadas a transmitir lecciones morales o pedagógicas dentro de la cultura de la época.
Continuidad y oportunidad: Finalmente, pasajes del Evangelio como «los primeros serán los últimos y los últimos los primeros» (Mt 19, 30) cobran un sentido específico: la antigüedad de un espíritu en el plano espiritual o su prominencia en la historia terrenal no garantiza su progreso divino. Aquellos que continúan aferrados a sus viejas concepciones permanecen como «recuerdos de lo que pudo haber sido», mientras que el Amor Divino permanece como una oportunidad libre y accesible para todo individuo —encarnado o desencarnado— que elija buscarlo.
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Mi petición o prompt para dar pie a la nota fue esta:
También pido, si es posible, una «nota al pie», que puede que necesitemos que sea algo extensa; contendría las principales referencias bíblicas, contextualizaría un poco todo, mediante los puntos más candentes en los que, esta revelación, tocaría la fibra y daría cierta coherencia posible a ciertos entuertos habidos y por haber ─o por persistir─.
En el mensaje de Lot, por ejemplo, tenemos de nuevo la insistencia en distinguir el desarrollo meramente natural del alma, donde nos ejercitamos en un amor natural tanto para con Dios como para con el resto de la creación (prójimo, etc.). Sin embargo, eso no sería más que un «disfrutar de lo ya creado por Dios», de sus dones naturales:
─ el amor natural intrínseco al alma humana, y en cuyo desarrollo (siendo necesaria la purificación a la vez, ya que está manchado por la encarnación en una «tierra caída»), y por mucho que nosotros, de nuestra parte, queramos a veces creer que Dios participa ya ahí personalmente (y se nos ha puesto el ejemplo de los rituales existentes todavía en el mundo espiritual; con ellos, y con más o menos engolamiento, los espíritus creen estar adorando a Dios de verdad, cuando, para Dios, tal adoración debería pasar, si quiere progresar, a permitirse una recepción de Amor por parte de Dios ─un amor diferente, digamos menos ensimismado─), sin embargo, Dios no participaría ahí personalmente.
También, en la nota, puedes mentar que esto estaría en realidad muy de actualidad, en cuanto que, dicho rasgo de cierto «engreimiento», sería igualmente lo que vemos, hoy en día, separando en parte a la humanidad encarnada.
Esta revelación, pues, nos dice que el problema persiste; y, hemos de suponer, por tanto, que ambas cosas están conectadas:
─ la persistencia de ese «afán superiorista»; especialismo; donde los espíritus mantienen simbologías y apegos rituales…
─ a la par que existe lo mismo: sujeción inercial y dogmática a ritos y creencias en la tierra
(siendo que, y demostrando así en parte que, Dios es independiente de las religiones; pues si hay un solo Dios infinito y plenamente amoroso, su «destilación» terrestre no sería esta dispersión «animaloide» de apegos inercial-tribales… aunque estén ya en realidad, para bien y para mal, relativamente tocados por la «potencial gracia» de que, en efecto, sí existiría un Dios único ─es decir, aunque este rasgo monoteísta esté ahí, aunque sea algo tenido en cuenta en las «grandes religiones del Libro», etc.─).
Versión en inglés
He Now Knows the Difference Between the Spirit Who Has In His Soul the Divine Love and One Who Has Not (Esau – Son of Isaac)
I AM HERE. Esau, Son of Isaac.
I was the son of Isaac and the brother of Jacob, and the one whom the Jews regarded as having sold his birthright for a mess of pottage, but I was misrepresented in this regard, as I did only that which necessity compelled me to do.
But all that is long past, and now I am an inhabitant of the Celestial Heavens, for in the world of spirits all things are made right, and I became a possessor of the Divine Love after I had received knowledge of its rebestowal at the coming of Jesus.
Many of the characters of the Old Testament have never yet realized this great transformation, because in their conception, of self righteousness, are contented in that conception, and worship God as they did on earth, although they have ceased to offer sacrifices of animals, because they have none in spirit life to offer, yet they still have the belief that sacrifice is necessary, and in their imaginations, they offer what to them is symbolical of the offerings that they made in the earth life.
Yes, that is quite a natural supposition, but you must know that mind and the beliefs of mortals continue with them when they become spirits and who will not permit themselves to be convinced of the errors of their conceptions of Deity, and many of these spirits of old, are in that condition now. They refuse to believe or even listen to the truths of existence and their relationship to God, as they did when on earth.
They have eyes, but they see not, and ears but they hear not, and enveloped in the darkness of their beliefs, they decline to let in the light, or to permit the truths that are so apparent to others to illuminate their souls. A mind that is shut in by bigotry and intolerance is just as persistent after the mortal becomes a spirit even though a change in its surroundings in what you might call its physical existence and in its possibilities for learning the truth, yet many of these spirits, absolutely refuse to recognize any change or possibility of change in their spiritual condition.
It is not surprising that you may not understand how it is possible that these spirits of the kind mentioned could live all this great period of years, as you estimate time, in this condition, surrounded by spirits who have found the truth, and display that possession in their appearances and happiness, and especially by some of their old associates who have entered into the light, and not be influenced by these appearances and the experiences of these associates, but, nevertheless, it is true, and the difficulty of converting these bigoted spirits seems to grow the greater as they advance in their progression of mind and natural love.
They are happy in a relative sense and in their beliefs they can conceive of no other belief or cause of progress that could bring to them greater happiness; and besides they are firmly convinced that they are doing the will of God in their manner of worship and in their symbolical sacrifices.
These ancient spirits, as you call them, but who are young as compared to many in the spirit spheres, have their synagogues and temples of worship, and their priests and servants and worshipers according to their old beliefs. And the ceremonies attending their gatherings for worship are very little different from what they were on earth. They have all their vestments and attire and other accompaniments that on earth distinguished them from the common people, and they say their prayers in public and delight in appearing as holy spirits, the specially chosen of God, just as they did on earth, and as they are developing more and more in their natural love, and taking on the condition of perfection, so far as the perfection of the first parents as they existed before the fall, they may remain in this condition of belief as to their relationship to God, and as to their proper and only way to worship Him throughout all eternity.
They decline to receive the knowledge of the truth of the New Birth, and as that is a thing that is optional with them and its rejection does not prevent them from becoming the «perfect man,» as you have had explained to you, there is no absolute necessity as they think they should be born again in order to enable a restoration of the harmony of that condition and relationship that they may have to the Father.
Of course, until the day of the consummation of the Kingdom of the Celestial Spheres they will have the opportunity to become recipients of the Divine Love and the transformation into angels redeemed, but it is doubtful if very many of them will ever elect to accept this great privilege.
I am glad that I could write to you to-night, as it is a new experience with me, but one that gives me great satisfaction, and I will come again, if agreeable to you, and write further.
I wish to say in closing that I know the difference between the spirit who has in his soul the Divine Love, and one who has not, and that the mere time of a spirit’s existence in the spirit world, does not necessarily indicate that the spirit possesses the Divine Love. As Jesus said when on earth, «the first shall be last, and the last shall be first,» and I may add, that some will never be first or last, but only the reminders of what might have been.
I will not write more.
Your brother in Christ
ESAU.
What is the Greatest Thing in All the World? (Solomon – of the Old Testament)
Solomon, of the Old Testament.
I come only to say, that very soon I desire to write you another message, conveying to you some great truth of the Father. I will not write more now, but will soon come.
(What is the greatest thing in all the world?)
Prayer and faith on the part of mortals; and Love – the Divine Love – on the part of God. The latter is waiting, and the former causes it to enter into the souls of men.
No other truths are so great and momentous to men.
Let what I say sink deep into your memory, and try the experiment. I know you do try, but try and then try and never cease trying. Love will come to you and with It faith, and then knowledge and then ownership.
I could write for a long time, yet, but I must not as you are tired.
So with my love and blessings, I will say good-night, and may the Father’s Love take possession of you.
Your brother in Christ,
SOLOMON.
Adds His Testimony and Experience in the Spirit World. – Jesus is the Ruler of the Celestial Heavens (Lot – of the Old Testament)
Lot, of the Old Testament.
I come because I now am a follower of the Master, and want to add my testimony to that of others of olden times who have written you that Jesus is alive and the ruler in the Celestial Heavens, and is now working among men and spirits to show them the way to eternal life, and the Divine Love of the Father.
I am not a Hebrew who would have denied him had I lived when he came to the earth for in my thoughts and belief, I expected the coming of the Messiah and to me Jesus was that Messiah in all the qualities and spiritual possessions that I expected him to have.
Of course, when I lived we had not the privilege of knowing what the Divine Love of the Father means, – we only knew that there was a God and that God loved us as we thought, as His chosen people and wanted us to live correct lives on earth, and thereby receive His blessings as mortals, and all the rewards that an obedient life might bring to us. But as to this Greater Love which makes angels of us all who possesses it, we had no knowledge, nor had we ever been taught by our seers or prophets that such a Love existed and as I now know the privilege of obtaining it did not then exist. Only with the coming of Jesus came that Love again to man and spirits.
But God had for us a natural love in contradistinction to the Divine Love and we had for Him a love which when fully purified makes us spirits with a happiness that is beyond all conception of human happiness. But even of that happiness we were not taught, and only did we have glimpses in the teachings of our prophets that such happiness might exist in the future life.
I was a lover of God as I then understood what God was; But such love was not that which arose from my conception of Him as a tender loving Father, but more as a stern wrathful God – one of jealousy and always watchful and ready to punish for disobedience to His commands. And yet we also learned that when we obeyed Him and did His will He would reward us.
So you see the God of my days and the God of the present, as we now conceive Him to be, are not similar. And all men should now understand and believe that Jesus Christ brought to light, and by that I mean to the knowledge of men, the possibility of their knowing the True God of Love and Mercy; and also, that because of that Love and His Great Mercy in the rebestowal upon mankind of the possibility of men becoming possessed of the Divine Love of the Father which would make them one with Him and certainty of Immortality.
It was long years after Jesus came, before I received this Divine Love or believed the great truths which Jesus taught. I was so satisfied in my happiness as a spirit possessing merely this natural love which had been purified and freed from sin and error, that I thought there could be no greater love or no greater happiness. But in the course of time I had reasons to think that there might be another if not greater love in operation in the spirit world, because of the wonderful beauty and brightness of some of the spirits that I at times met. And I started to make investigation of the matter, and as a result, I learned of this Divine Love, and at last sought for and found it. And what a treasure I found!
I am now so filled with it, that my happiness is beyond all conception of not only man, but of spirits who live in lower spheres than I do.
I must not write more to-night, but I will tell you that I am one of the many Celestial Spirits who are interested in and now are engaged in doing the great work for the redemption of mankind.
Jesus is our leader and we are all following him in the effort to redeem the world, and by that I mean the individuals who comprise the world. For you must know that redemption is an individual matter and not one that can be accomplished in the way of redeeming a nation or a race as a whole.
So you see back of this work is the great power of the Celestial as well as of the spiritual heavens.
I have written enough for to-night.
Well, the incident of my wife turning into a pillar of salt is like a great many others related in the Old Testament – these incidents are mere figures of speech used to illustrate some moral or spiritual truth. My wife was never turned into salt, but died a natural death and her remains were buried where mine were buried. She is now in the Celestial Heavens also.
So my dear brother, I must say good-night.
LOT.