2/29-30) Siguientes dos mensajes (Helen y Ann Rollins escriben sobre sus hogares en el mundo espiritual, etc. – Vol. 2) | El verdadero evangelio – Revelado de nuevo por Jesús | Vol. 2:29-30

[Últ. act.: 22 agosto 2026]

Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español
─ Notas 
─ Versión en inglés 

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Introducción

─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
La lectura de estos mensajes dura en el audio hasta el minuto 19:00, y luego hay comentarios.

Esta vez vemos los siguientes dos mensajes, que son de Helen y de Ann Rollins. Tratan sobre los hogares en el mundo espiritual, y cosas similares.

Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:

unplandivino.net/padgett/

Forma parte de un libro que es el segundo volumen de una recopilación concreta de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, de Jesús de Nazaret.

Estos volúmenes fueron preparados y/o compartidos así por Divine Truth, entre otras personas.

Este segundo volumen no estructura los mensajes según temas. Y tal como se ve en su índice, contiene:
─ Una introducción;
─ Una nota breve sobre la edición digital;
La lista de mensajes,
─ y un breve apartado final, donde sólo se presenta de nuevo la oración que podemos llamar «del amor divino», y que vimos en el primer volumen.

Versión en español

La Sra. Padgett describe su hogar en las Esferas Celestiales (10 marzo 1915)

Estoy aquí. Helen.

Bueno, estoy muy contenta, y tú estás aún más contento y te sientes mejor.

Ahora voy a escribirte sobre mi hogar, como te prometí, y no debes pensar que no estoy en condiciones de escribir si no logro describirlo como crees que debería hacerlo; la única razón de mi falta de éxito será que no encuentre palabras para expresarme.

Pues bien, mi casa es una hermosa construcción blanca de una sustancia que podrías imaginar similar al alabastro; tiene dos pisos de altura y habitaciones a cada lado de un amplio y hermoso vestíbulo. Las habitaciones son muy grandes y están llenas del mobiliario más hermoso que puedas concebir. Todas las paredes están tapizadas con telas de satén, entre las cuales hay preciosos cuadros. El salón, como lo llamarías, está repleto de los sofás y sillones más exquisitos y cómodos, con hermosas mesas y objetos decorativos, así como con multitud de cuadros de paisajes, frutas y flores. Desconozco quién los pintó, pero están ahí, me producen gran deleite y satisfacen enormemente mi amor por la pintura y las imágenes. También hay muchas pequeñas curiosidades que alegrarían y regocijarían el corazón de cualquier persona con sensibilidad estética. Mi sala de música alberga instrumentos de diversas clases, maravillosos en sonido y factura. Toco algunos de ellos y también canto con mis modestos medios, como soléis decir en la tierra; pero disfruto de la música más de lo que te puedo expresar, al igual que los muchos espíritus que vienen a visitarme.

Tengo otras estancias, como salas de descanso, una biblioteca y espacios para la meditación y la oración. Mi biblioteca está repleta de libros que tratan sobre temas que ahora me resultan sumamente afines y necesarios, pues me hablan del Amor de Dios y de Su cuidado por Sus hijos. También hay libros sobre las leyes del mundo espiritual y de otras partes del universo; pero estos últimos no los leo mucho, pues todo mi estudio está tan volcado en las leyes relativas a nuestro propio mundo espiritual y su relación con el vuestro, en el Amor de Dios y en el amor que debería existir entre mortales y espíritus, que no encuentro tiempo para estos otros estudios; y, de hecho, no tengo la inclinación.

Hay libros que podrías considerar de ficción, pero que en realidad no lo son, pues describen la experiencia real de los espíritus de una manera tan vívida e interesante que, si se representasen en vuestros libros terrenales, pensarías que es ficción.

No todos los libros de mi biblioteca tratan sobre las cuestiones más elevadas o sustanciales de esta vida espiritual, pues también tenemos nuestro entretenimiento para la mente mediante la variedad en la lectura, al igual que vosotros en la tierra; y gracias a ello nos sentimos más fuertes y felices. Así pues, como ves, si estuvieras aquí, sé que la biblioteca sería tu lugar de descanso tras el trabajo, aunque sé que te gusta mucho la música.

También tenemos un comedor, pero no necesitamos cocinas, ya que no se cocina nada, sino que todo se consume tal como lo obtenemos de los árboles y las parras. No comemos carne, ni pan, ni patatas, ni cosas de ese estilo. Nuestra comida consiste principalmente en frutas y frutos secos; y jamás has visto unas frutas semejantes, ni las verás hasta que vengas conmigo. Las frutas son, sobre todo, peras, uvas, naranjas y granadas; claro que no son exactamente las mismas que conocéis en la tierra. Simplemente uso estos términos descriptivos para que te hagas una idea de cómo son. Las tenemos en gran variedad y siempre frescas y maduras. Los frutos secos también son de muchas clases y calidades. Nadie necesita cascanueces para partirlos y poder comerlos. No hay pasteles, ni dulces, ni nada por el estilo. En realidad, no comemos estas cosas con los dientes y el paladar ni usamos el aparato digestivo como vosotros, sino que inhalamos, por así decirlo, los deliciosos sabores y aromas de las frutas; y, por extraño que te parezca, nos sentimos igual de satisfechos ─o incluso más─ que vosotros cuando las consumís con vuestros órganos físicos. No te puedo explicar con más detalle cómo es esto exactamente, pero, como decimos nosotros, comemos las frutas y los frutos secos.

Bebemos agua pura, y nada más; y los espíritus que afirman tener vino u otras bebidas cuentan algo que jamás he visto ni oído desde que estoy en el mundo espiritual. Claro que no conozco todo lo que existe en cada rincón de este vasto mundo de los espíritus. Y esta agua es tan pura y reconfortante que no me puedo imaginar que ningún espíritu desee beber otra cosa. Sin embargo, como digo, no lo sé con certeza.

En realidad no nos bebemos el agua, pues carecemos de los órganos internos que vosotros tenéis en el cuerpo físico; sin embargo, parece que la absorbemos en nuestro sistema de tal manera que nos proporciona todo el deleite y la satisfacción de los que disfrutáis vosotros al beber agua.

A menudo organizamos nuestras «reuniones de té», como dirían las damas elegantes de la tierra; y muchos de nuestros amigos espirituales asisten y contribuyen a que sean encuentros agradables y alegres. Por supuesto, también asisten espíritus masculinos, pues debo decirte que en esta vida no hay clubes ni negocios que separen a los sexos, como ocurre en la vuestra. Me refiero a que ambos sexos conviven más y disfrutan de la compañía mutua en un grado mucho mayor que en vuestra vida terrenal. Y, claro está, no quiero decir con esto que todos estos espíritus hayan encontrado a su alma gemela, pues no es así; sino que cada cual disfruta de la compañía de los demás como amigos y espíritus con deseos y aspiraciones similares. Mis compañeros se me asemejan mucho en su amor por el Padre, en el desarrollo de sus almas y en sus pensamientos y anhelos de cosas espirituales. Hablamos de muchas cuestiones relativas al alma y a su progreso, al Amor del Padre y al amor entre espíritus y mortales. Si bien nuestra alegría y nuestra felicidad son incomparables, no por ello nos entregamos a frivolidades ni a pensamientos que no tiendan a elevarnos hacia cosas superiores.

Tenemos música y baile, pero nuestro baile es distinto al vuestro. Simplemente nos ejercitamos con movimientos gráciles y artísticos, sin contacto alguno entre nuestros cuerpos espirituales y sin abrazarnos. Por supuesto, nos tomamos de las manos al bailar, pero no nos permitimos familiaridades, como diríais vosotros.

Bueno, tengo una habitación para el descanso, donde, tras trabajar durante un tiempo y sentirme en cierta medida cansada, reposo en estos divanes de los que te he hablado. No dormimos, sino que a veces entramos en una especie de estado onírico que nos revitaliza y nos llena de energía. Ahora mismo estoy descansando del arduo trabajo que he estado realizando en vuestro plano terrenal. Es decir, cuando no te estoy escribiendo, descanso.

Como ves, no disfrutamos de un único estado continuo de sensaciones, pues eso podría volverse monótono.

Ahora intento ayudar a algunos de los espíritus que han llegado recientemente desde tu ciudad y que eran conocidos tuyos en la tierra. Te hablaré de ellos la próxima vez que te escriba.

Ya estoy cansada, y debo parar.
Con todo mi amor, tu fiel y amorosa,
Helen

Ann Rollins corrobora la experiencia de la Sra. Padgett y habla de la felicidad de los espíritus en las Esferas Celestiales (10 marzo 1915)

Aquí estoy. Tu abuela.

Bueno, soy sumamente feliz y me alegro de que te sientas tan mejorado.

Has recibido una carta bastante larga de Helen, y espero que muy satisfactoria. Cuando se lo propone, escribe muy bien.

Como sabes, estoy en la misma esfera que ella y que tu madre, y estamos muy unidas, aunque vivamos en casas diferentes. Helen, por supuesto, no está tan avanzada como yo, ni tampoco tu madre; sin embargo, nos llevamos muy bien y nos queremos mucho. No obstante, pronto las dejaré para ir a una esfera superior, y sé que me echarán de menos, pues me lo repiten constantemente; pero dicen que me seguirán pronto, y creo que así será, ya que son unos espíritus maravillosos en Amor y fe; y estas dos cualidades, como sabes, son el «ábrete sésamo» para acceder a cosas y esferas superiores.

Bien, hijo mío, como Helen te habló de su hogar, quiero hablarte un poco sobre la condición de los espíritus en esta esfera. Aquí no hay ningún espíritu que no haya recibido este Gran Amor del Padre; o, mejor dicho, todos los espíritus que están aquí han recibido y poseen este Amor. Los meros conocimientos intelectuales no bastan para preparar a un espíritu para esta esfera; y si un espíritu llega a darse cuenta de que la puerta está cerrada para él, es porque no posee este Amor. Por tanto, la inmensa felicidad que existe aquí no podría ser disfrutada por la mera mente, pues la mente tiene una capacidad limitada para la felicidad. Solo el alma puede disfrutar de esta inmensa felicidad.

A veces pienso que si a los mortales se les permitiera, aunque solo fuera por un instante, comprender lo que es esta felicidad, jamás dejarían pasar sus vidas sin hacer el mayor esfuerzo por prepararse para esta gran vida en las Esferas Celestiales.

Nuestro tiempo aquí lo dedicamos a ayudarnos mutuamente a alcanzar una mayor percepción de las verdades de nuestro Padre y a brindar ayuda a los espíritus que habitan en planos inferiores al nuestro. Ahora no suelo ir muy a menudo al plano terrenal para ayudar a otros espíritus o mortales; pero, por supuesto, en tu caso me siento tan unida por mis afectos y deseos que estoy contigo con bastante frecuencia, y aún más con esa querida hijita tuya; pues, como te he dicho, soy su ángel guardián y, mientras viva, estaré con ella para ayudarla y guiarla.

Nos dedicamos al estudio de asuntos que pertenecen más a las cuestiones espirituales de esta vida que a las de los otros mundos del universo; estas últimas son para nosotros lo que podríamos llamar cosas materiales y, aunque el conocimiento de ellas pueda resultar muy interesante, nuestros pensamientos están orientados a las verdades más importantes de Dios.

Sí, todos tenemos nuestras bibliotecas y hogares, como Helen te ha comentado; aunque, por supuesto, hay una gran diferencia entre estos hogares, dependiendo de la cantidad de Amor que el espíritu posea en su alma. Ahora vivo en un hogar tan hermoso que no podría describírtelo en el poco tiempo de que dispongo para escribirte esta noche; pero pronto lo haré con detalle y entonces podrás comprender qué clase de hogar es.

(Comentario de Padgett)

Bueno, no creas todo lo que dice el libro que has estado leyendo solo porque se afirme que ha sido escrito por espíritus; pues, incluso si así fuera, la información que contiene depende de la condición, del conocimiento y de las creencias de dichos espíritus. Algunos pueden decir la verdad exacta tal como ellos la conciben y, aun así, puede no ser la verdad.

Pues bien, la explicación es que los espíritus cuyas comunicaciones lees nunca han aprendido la verdad enseñada por el Maestro. Solo saben lo que han aprendido por lo que han leído o por lo que les han contado espíritus que no poseen este gran conocimiento. Cualquier espíritu que no afirme que Jesús es el más grande de los espíritus y maestros, y el único de los grandes maestros que han vivido en la tierra que muestra el único y verdadero camino al Reino del Padre, jamás ha aprendido este camino ni ha estado bajo la influencia del Maestro. Por lo tanto, en lo que a eso respecta, no prestes ninguna atención a lo que digan ni permitas que sus comunicaciones te influyan, pues no te van a ayudar espiritualmente.

Existen ciertos grandes lugares de reunión en el mundo espiritual donde los espíritus superiores se congregan y discuten los diversos planes que consideran que beneficiarán a la humanidad, así como a los espíritus inferiores; y creo que el Maestro ha asistido a estas reuniones y ha ofrecido su consejo y aliento. Pues debes recordar que él es un maestro, no solo del camino al Reino de Dios, sino también de la adquisición de aquellas cosas que ayudarán y beneficiarán a los mortales y espíritus que no han recibido este Gran Amor.

Parte de su misión es hacer felices a los hombres y a los espíritus, aunque jamás lleguen a habitar las Esferas Celestiales. Dios ama a todas Sus criaturas; y el Maestro, como Su mayor instrumento de Amor y beneficencia, está haciendo todo lo posible por hacer felices a estos hombres y espíritus; y, tal como dicen algunas de esas comunicaciones, él ha colaborado en muchas de estas asambleas para hacer el bien a todos. Sin embargo, aun siendo esto así, él sigue siendo el mayor instrumento del Padre para mostrar a los hombres el camino hacia la Vida superior.

Bien, esa es una pregunta que parece difícil de responder; pero si estos otros grandes maestros no quieren creer en el mensaje del Maestro sobre el único camino al Reino, solo ellos saben por qué y tendrán que asumir las consecuencias.

No todos los espíritus son capaces de ver estas grandes verdades, como tampoco lo son los mortales; y el mero hecho de que tengan oportunidades mucho mayores para aprenderlas no parece persuadirlos a aceptarlas.

Las esferas superiores en las que viven estos antiguos videntes y sabios no son los Ámbitos Celestiales, sino las esferas más elevadas del mundo espiritual; y, por muy alto que lleguen en estas esferas, jamás participarán de esa esencia o naturaleza Divina del Padre de la que os hemos hablado, a menos que busquen y obtengan el Amor Divino y se capaciten para entrar en los Ámbitos Celestiales. Nunca serán otra cosa que meros espíritus poseedores del amor natural que tenían en la tierra, aunque, por supuesto, de un carácter más refinado y libre de pecado; sin embargo, se trata simplemente de amor natural y nada más.

Sí, he conocido a Pablo, a Pedro, a Juan, a Santiago y a varios otros de menor desarrollo.

Sí, todos ellos están en las Esferas Celestiales y son muy felices; no obstante, acuden a las esferas inferiores para cumplir con la labor que se les ha encomendado.

A ningún espíritu que no haya recibido este Nuevo Nacimiento se le permite jamás entrar en las Esferas Celestiales y, por lo tanto, el espíritu del que hablas nunca ha visto el hogar de Juan, ni lo verá hasta ser redimido por el Amor del Padre.

No creo que los mortales que afirman haber abandonado sus cuerpos y entrado en las Esferas Celestiales lo hayan hecho jamás, y dudo seriamente que hayan entrado nunca en esferas espirituales por encima de la tercera.

Este es un tema sobre el que te escribiré con más detalle en otra ocasión.

Debo terminar aquí, y no debes escribir más esta noche.
Con todo mi amor, tu abuela,
Ann Rollins

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NOTAS

Mi petición para dar pie a la nota de abajo

La nota trataría del tema de la sensibilidad en el mundo espiritual, con el cuerpo espiritual.

Helen ha hecho observaciones en el primer mensaje sobre ello, aunque de alguna manera indirecta.

Querría centrarlo en el tema «tacto».

Vemos que, de alguna manera, en general los sentidos y la posibilidad de experimentar la creación (tanto objetiva como subjetiva-creativamente) sería algo más exteriorizado, o bien, digamos, se daría de manera algo más «exteriorizada».

La «organicidad» de los órganos físicos estaría como distribuida, si hacemos la analogía entre lo vivido en el cuerpo físico y la vivencia en el cuerpo espiritual.

Es decir, las funciones que cumple un órgano dado (organizar la experiencia, o bien, quizá mejor dicho: servir como base para posibilitar la experiencia, tener experiencias, en un determinado plano (físico o espiritual)), estarían, tales funciones, digamos que así como más «en el aire»; y esto hace al parecer que la experiencia sea mucho más inmediata y delicada, sensible, etc.

Vemos pues que, en lo físico, con ese cierto intercambio continuo que se daría ─aun cuando sea el plano físico (donde todo nos parece ahora quizá más separado de lo que en realidad lo estaría)─, percibiríamos o sentiríamos las cosas más bien como representadas de cierta manera «directa», «tosca», o «basta», digamos.

Luego, en lo espiritual, siendo que hay siempre un intercambio en todo plano (para que haya una cierta «comunicación», en realidad, y que sería en todos lados constante… ya sea en la tierra o en el mundo espiritual: entre nuestra alma y el entorno), la representación de tal intercambio sería «más externa», quizá diríamos.

Es decir: los sentidos físicos relativos a la nutrición pasan a representar otra relación, otra organización de la experiencia, la cual tiene que ver con esa especie de «cuerpo sin órganos» o, mejor dicho: «cuerpo con menos órganos».

(El cuerpo espiritual también tendría por ejemplo ojos, los cuales los podremos percibir, constatando que todo el mundo tiene tales órganos ─y, tales cuerpos, tienen la forma humana, etc.─.)

Pero querría subrayar el tema del tacto, cuando Helen ha hablado de bailar. Supondríamos que el tacto ha de conllevar efectos mucho más intensos en el mundo espiritual; y, aquello que, en lo físico, son muestras o gestos más o menos normales entre personas, parece que en el mundo espiritual son muestras más bien reservadas para las relaciones íntimas entre (a ser posible) las almas gemelas (y digo «a ser posible» porque, como vimos, en esta revelación la única relación íntima armoniosa, la única realmente armónica para nuestra alma y su progreso, es la relación íntima con nuestra alma gemela).

Es fácil entender esto si comprendemos, como comprenderemos, que, cuanto más avancemos «en el alma» (en su desarrollo), cuanto más nos percatemos de ser en realidad el alma, es decir, la sustancia que da la vida a nuestro cuerpo espiritual, más intensamente sentiremos.

El alma sería la base sustancial y causal sin la cual no podríamos tener experiencias en el cuerpo espiritual (ni tampoco en el caso físico ─y el modo físico─, humano, en el cuerpo físico).

También podrías intentar detectar en otras revelaciones espiritualistas / espiritistas si hay referencias explícitas, y dar alguna frase, acerca de la mayor intensidad y «peligrosidad» del tacto y por lo tanto del «tomarse confianzas», en ese sentido, en el mundo espiritual.

Esto, por cierto, también tiene que ver con la especialización que al parecer se da en el mundo espiritual: allí la gente está «clasificada» más organizadamente. Es decir, una persona con por ejemplo ciertos vicios se va a reunir automáticamente (se va a ver atraída, «por la ley de atracción») con grupos de personas similares.

Esto haría que las personas que por ejemplo tienen tendencias a abusar de personas del otro sexo no puedan hacerlo en el mundo espiritual (es decir, con otras personas ya desencarnadas), puesto que las posibles víctimas serían más sensibles, al estar ya desencarnadas, y, además, estarían en unos entornos donde hay más personas como ellas (más víctimas posibles), para así poder gestionar o incluso intentar sanar traumas relativos a ese tipo de abusos, por ejemplo.

Nota (elaborada por IA Gemini) 

La naturaleza del tacto, la sensibilidad y la organización corporal en el mundo espiritual

La descripción que hace Helen Padgett sobre la vida cotidiana en las esferas celestiales ilustra cómo se transforma la experiencia sensorial y anatómica tras la muerte física. Su relato sobre el baile (donde se toman de las manos, pero evitan el estrechamiento corporal o abrazarse) y la nutrición (donde inhalan aromas en lugar de masticar y digerir) ofrece claves teológicas y metafísicas sobre la interacción en el plano espiritual.

La difuminación orgánica y la inmediatez sensorial
El cuerpo físico opera como un filtro denso. Los órganos materiales (dientes, estómago, intestinos) comprimen y toscamente adaptan el intercambio de energía para la supervivencia en la tierra. En el cuerpo espiritual, esta intermediación se reduce drásticamente:

─ Inmediatez e inhalación: La función nutricia ya no exige la descomposición mecánica ni química. El intercambio de vitalidad es directo, una sutil integración estética y olfativa de la esencia de los frutos.

─ Sensibilidad «extensiva»: Aunque el cuerpo espiritual conserva la forma humana y posee rasgos apreciables (ojos, manos, rostro), la capacidad sintiente no está confinada a un receptor nervioso limitado. El alma experimenta el entorno a través de la envoltura espiritual de forma envolvente e inmediata.

El tacto como intercambio de sustancia y la intimidad del alma
En el plano físico, la materia amortigua los efectos energéticos del contacto. En las esferas espirituales, la sustancia de la que están hechos los cuerpos es sumamente maleable y receptiva a la condición del alma. Por ello, el contacto físico en el mundo espiritual no es un mero «roce de pieles», sino una fusión directa de estados de ánimo y vibraciones:

─ Razones para la reserva en el baile: Cuando Helen aclara que no se estrechan ni permiten «familiaridades», no responde únicamente a un puritanismo de la época victoriana, sino a una realidad energética. El abrazo o el estrechamiento corporal entre espíritus implica una impregnación recíproca de sus campos de fuerza.

─ Reserva para el Alma Gemela: Dado que la única unión plenamente armónica a nivel de sustancia es la del alma gemela, el contacto íntimo fuera de esta afinidad perfecta genera disonancia. La caricia o el abrazo estrecho comunican tal nivel de intimidad y verdad interna que reservarlo es una ley natural de armonía, no una restricción impuesta.

Paradoja de la sensibilidad y seguridad espiritual: Protección y afinidad
La mayor intensidad sintiente en el plano desencarnado plantea el problema de la vulnerabilidad. Si el tacto y el contacto son exponencialmente más intensos, ¿cómo se evita el abuso?

─ La Ley de Atracción y la gradación: El plano espiritual se organiza estrictamente por afinidad vibratoria. Cada alma gravita hacia la esfera que corresponde exactamente a su grado de purificación o densidad moral.

─ Imposibilidad del abuso cruzado: Un espíritu denso o con impulsos predatorios no puede acceder a las esferas donde habitan espíritus refinados o almas en proceso de sanación, pues la diferencia de «densidad» o luz actúa como un muro infranqueable.

─ El contrapunto en la literatura espiritista y espiritualista: En otras fuentes de la literatura afín (como la obra de Chico Xavier dictada por el espíritu André Luiz en Nosso Lar o las observaciones de Allan Kardec en El Libro de los Espíritus), se subraya constantemente la naturaleza fluídica de las interacciones:

* André Luiz describe cómo en las esferas superiores el contacto de las manos o la aproximación física transmite una «vibración de fuerza y pensamiento tan límpida que equivale a una lectura abierta del alma».

* Asimismo, se advierte que en los planos oscuros o umbralinos, el contacto físico desordenado transmite las deyecciones e impulsos del plano mental de forma dolorosa y absorbente, motivo por el cual la afinidad o la segregación natural por estados de conciencia protege a los convalecientes.

En definitiva, la menor intermediación de órganos densos eleva la sensibilidad del alma a su máxima expresión. El tacto deja de ser una sensación periférica para convertirse en una comunión directa de esencias, donde el respeto a la distancia y la afinidad perfecta constituyen la arquitectura misma de la paz celestial.

Versión en inglés

Mrs. Padgett describes her home in the Celestial Spheres. (10 Mar 1915)

I AM HERE, Helen.

Well, I am very happy, and you are happier and feel better.

I am now going to write you about my home, as I promised, and you must not think I am not in condition to write, if I should not be able to describe it as you may think I should; the only reason for my failure will be that I cannot find words to express myself.

Well, my house is a beautiful white one of a substance that you might think of as alabaster, and two stories in height, with rooms on each side of a wide and beautiful hall. The rooms are very large and filled with the most beautiful furniture that you can conceive of. The walls are all hung with satin coverings, and between are lovely pictures. The parlor, as you would call it, is filled with the most exquisite and comfortable couches and chairs, and with beautiful tables and bric-a-brac, and also many pictures of landscapes and fruits and flowers. I don’t know who painted them, but they are there and give me much delight, and satisfy to so great an extent my love for paintings and pictures. There are also many little curios that would make the heart of an aesthetic person rejoice and feel glad. My music room has in it instruments of various kinds, wonderful in sound and construction. I play some of them and also sing in my weak way, as you say on earth; but I enjoy the music more than I can tell you, and so do many spirits who call to see me.

I have other rooms, such as repose rooms, a library, and rooms for meditation and prayer. My library is full of books dealing with subjects that are to me now so congenial and necessary, for they tell me of God’s Love and care for his children. There are also books that deal with the laws of the spirit world and of the other parts of the universe; but these latter I do not read much, for my whole study is so given to the laws pertaining to our own spirit world and its relationship to your world, and the Love of God, and the love that should exist among mortals and spirits, that I do not find time for these other studies; and, in fact, I have not the inclination.

There are books that you might call fiction, but really are not, for they describe the actual experience of spirits in such a vivid and interesting way, that if they were portrayed in your earthly books you would think it fiction.

Not all the books in my library deal with the higher or more substantial things of this spirit life, for we have our recreation for the mind, in the way of variety in reading, the same as you do on earth, and we are the stronger and happier for it. So you see, if you were here, I know that the library would be your place of rest from your work, although I know you like music very much.

We have a dining room also, but we do not need kitchens, as nothing is cooked, but everything eaten just as we get it from the trees and vines. We do not eat meat or bread or potatoes or things of that kind. Our food is principally fruits and nuts; and such fruits you never saw and never will until you come with me. The fruits, mostly, are pears and grapes and oranges and pomegranates – of course, not just the same as you know them on earth. I merely use these words of description to give you some idea of what they are like. We have them in great variety and always fresh and ripe. The nuts too, are of many kinds and qualities. None need nut crackers for them to be broken in order to be eaten. There are no cakes or candies or anything of that nature. We do not actually eat these things with our teeth and palate and use intestinal organs, as you do, but we inhale, as it were, the delicious flavors and aromas of the fruits; and strange as it may seem to you, we are just as much satisfied, and probably more so than you when you eat them with your physical organs. I cannot more fully explain to you just how this thing is, but, as we say, we eat the fruits and nuts.

We drink pure water, and nothing else; and spirits who say they have wines and other beverages, tell what I have never seen or heard of since I have been in the spirit world. Of course, I do not know every thing that exists in all parts of this great world of spirits. And this water is so pure and satisfying, that I cannot imagine any spirit would want anything else to drink. But, yet, as I say, I do not know as to this.

We do not actually drink the water, for we have not the internal organs that you have in the physical body, but we seem to absorb it in our system in some way that gives all the delight and satisfaction that you enjoy when you drink water.

We often have our «teas», as your fashionable women on earth might say, and very many of our spirit friends attend and help make the gatherings enjoyable and happy ones. Of course, the male spirits attend, for I must tell you that in this life there are no clubs or businesses that keep the sexes apart, as in your life. I mean that the two sexes are more together, and enjoy the society of each other to a far greater degree than in your earth life. Of course, I do not mean that these spirits have all found their soulmates, for that is not true; but each enjoys the company of the others, as friends and spirits having similar desires and aspirations. My companions are very similar in their love for the Father and in the development of their souls, and in their thoughts and desires for things spiritual. We discuss many questions pertaining to the soul and it progress, and to the Love of the Father, and to the love of spirits and mortals. While we are joyous and happy beyond compare, yet we do not indulge in frivolities or thoughts that have not a tendency to elevate us to higher things.

We have music and dancing, but our dancing is different from yours. We merely exercise ourselves in graceful and artistic movements, without any contact of spirit bodies, or the embracing of each other. Of course, we hold hands as we dance, but no familiarity, as you would say, is indulged in.

Well, I have a room for repose, where after working long and, to some extent, feeling tired, I rest on these couches that I tell you of. We do not sleep, but sometimes we go into a kind of dreamy state that gives us much refreshment and vigor. I am now resting from some hard work that I have been doing in your earth plane. I mean that when I am not writing to you, I am resting.

So, you see, we are not enjoying one continuous condition of feeling, as that might become monotonous.

I am now trying to help some of the spirits who have recently come over from your city, and who were acquaintances of yours on earth. I will tell you of them when next I write you.

I am tired now and must stop.
So with all my love, I am your own true and loving,
HELEN.

Ann Rollins corroborates Mrs. Padgett’s experience and tells of the happiness of spirits in the Celestial Spheres. (10 Mar 1915)

I AM HERE, your Grandmother.

Well, I am exceedingly happy and am glad that you are feeling so much improved.

You had quite a long letter from Helen, and I hope, a very satisfactory one. When she tries she can write a very good letter.

I am, as you know, in the same sphere with her and your mother, and we are all very much together, though we live in different homes. Helen, of course, is not as far advanced as I am, and neither is your mother, but, nevertheless, we are very congenial and love one another very much. Soon though, I will leave them for a higher sphere, and then they will miss me I know, for they keep telling me so, and say that they will follow soon after, and I believe that they will, for they are wonderful spirits in Love and faith; and these two possessions, as you know, are the «open sesame» to things and spheres higher.

Well, my son, as Helen told you of her home, I want to tell you a little bit about the condition of the spirits in this sphere. No spirit who has not received this Great Love of the Father is here; or better, all spirits who are here have received and possess this Love. Mere intellectual acquirements are not sufficient to fit a spirit for this sphere; and if a spirit ever realizes that the gate is shut to him, it is because he has not this Love. And then the great happiness that exists here could not be enjoyed by the mere mind, for the mind is limited in its capacity for happiness. Only the soul can enjoy this great happiness.

I sometimes think that if mortals could be permitted, for one moment only, to realize what this happiness is, they would never let their lives slip by without making the greatest efforts to fit themselves for this great life in the Celestial Spheres.

Our time here is occupied in helping one another to a greater realization of the truths of our Father, and in helping spirits who live on lower planes than we do. I do not, now, very often come to the earth plane to help other spirits or mortals; but, of course, in your case I am so bound by my affections and desires, that I am with you quite often, and more so with that darling little daughter of yours; for as I have told you; I am her guardian angel, and so long as she lives, I will be with her to help and guide.

We are engaged in the study of things that pertain more to the spiritual things of this life, than to studying the things of the other worlds of the universe; these things to us are what might be called the material things, and while a knowledge of them would be very interesting, yet our thoughts are turned to the more important truths of God.

Yes, we all have our libraries and homes, as Helen has told you of, but, of course, there is a great difference in these homes, depending upon the amount of Love which the spirit has in his soul. I am now living in a home that is so beautiful, that I could not in the short time that I will write tonight describe it to you; but soon I will in detail, and then you can realize what a home it is.

(Comment by Padgett)

Well, do not believe everything in the book you have been reading because it is said to be written by spirits, because, even if it is so written, the information given depends upon the condition and knowledge and belief of these spirits. Some may tell the exact truth as they conceive it to be, and yet it may not be the truth.

Well, the explanation is, that the spirits whose communications you read have never learned the truth taught by the Master. They only know what they have learned from what they have read, or from what spirits, who have not this great knowledge, have told them. Any spirit who doesn’t say that Jesus is the greatest spirit and teacher, and the only one of the great teachers who have ever lived on earth who shows the only and true way to the Father’s Kingdom, has never learned this way, or come under the influence of the Master. So as far as that is concerned, do not pay any attention to what they say, or let their communications influence you, for these communications will not help you spiritually.

There are certain great assembly places in the spirit world where the higher spirits meet and discuss the various plans that they think will benefit mankind, and also the lower spirits; and I believe the Master has attended these meetings and given his advice and encouragement. For you must remember that he is a teacher, not only of the way to God’s Kingdom, but also of the acquiring of those things that will help and benefit mortals and spirits who have not received this Great Love.

Part of his mission is to make man and spirits happy, even though they may never become inhabitants of the Celestial Spheres. God Loves all his creatures, and the Master, as His greatest instrument of Love and beneficence, is doing all that he can to make these men and spirits happy; and, as some of these communications say, he has helped in many of these assemblies to do good for all. But, while this is so, yet he is the Father’s greatest instrument in showing men the way to the higher Life.

Well, that is a question that seems hard to answer; but if these other great teachers will not believe the Master’s message as to the only way to the Kingdom, they alone know why and will have to bear the consequences.

Not all spirits are able to see these great truths, any more than mortals are, and the mere fact that they have so much greater opportunity to learn these truths does not seem to persuade them to accept the same.

The higher spheres in which these ancient seers and wise men live are not the Celestial Heavens, but spheres higher up in the spirit world; and no matter how high they may get in these spheres, they will never partake of that Divine essence or nature of the Father which we have told you of, unless they seek for and obtain the Divine Love, and qualify themselves to enter the Celestial Heavens. They will always be nothing more than spirits possessed of the natural love which they had on earth, but, of course, more refined and free from sin; yet it is merely natural love and nothing more.

Yes, I have met Paul and Peter and John and James and several others of lesser development.

Yes, they are all in the Celestial Spheres, and very happy, yet they go to the lower spheres to do the work set before them.

No spirit who has not received this New Birth is ever permitted to enter the Celestial Spheres, and, hence, the spirit that you speak of has never seen the home of John, and never will until redeemed by the Love of the Father.

I do not think these mortals who claim that they left their bodies and entered the Celestial Spheres, ever did so, and I have grave doubt that they ever entered the spiritual spheres above the third.

This is a subject that I will write you more fully about some other time.

I must stop now, and you must not write more tonight.
So, with all my love I am your own loving grandmother,
ANN ROLLINS