¿Cómo siente el pecado la persona promedio en la Tierra?

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– Texto (leído y comentado en el audio): pdf   (versión 1.01, 29-julio-2023)
… comento el texto que se encuentra abajo y en el pdf.

El texto trata sobre cómo solemos sentir el pecado en la Tierra, y, claro, nos sirve para eso mismo: así como para ir sintiendo cómo nos queremos hacer o no hacer responsables del estado de nuestro ser como realmente es (alma).

Es una parte de las sesiones en que Jesús y María M. hablaban sobre el arrepentimiento, perdón, etc., en el 2017.

El audio lo introduzco hablando un poco sobre la hermosa ley de compensación, etc.

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Índice
– Introducción 
– “Transcripción”
– Notas

Introducción
En este texto vamos a ver una especie de transcripción-traducción que he preparado. Es de una conversación entre Jesús y María Magdalena. Está algo transformada desde el formato de la conversación original, para hacer un texto con un discurso casi continuo, digamos; como si fuera casi un monólogo. (nota 1)

“Transcripción”
¿Cómo siente el pecado la persona promedio que vive en la Tierra?
Digamos que estamos justo antes de que muera; es decir, puede que todavía no esté en el lecho de muerte, pero pongamos que tiene unos 70 u 80 años, y la persona todavía está “operativa”, digamos, aunque tiene la “muerte” justo al doblar la esquina. ¿Cómo nos sentimos sobre nuestro pecado?
Obviamente cuando tenemos 80 años el pecado se podría sentir diferente a cuando teníamos 20 años de edad —el mismo pecado—. Efectivamente, así puede ser sentido, y bastante diferente. De hecho, es lo que sucede: con el tiempo sentimos los plenos efectos del pecado, y por tanto sentimos más ampliamente sus consecuencias negativas.
Cuando pecamos en un primer momento, cuando nos involucramos en un primer momento en un pecado, obviamente queremos hacerlo. Y obviamente queremos hacerlo por una razón, por un motivo. Y esa razón era que creíamos que conllevaría algo bueno, lo que obviamente es una cosa egoísta —pero es algo que sentíamos como que era bueno—.
Y a menudo, cuando nos involucramos las primeras veces, realmente nos sentimos felices y bien. ¿No? Sí, así es; pensamos que lo disfrutamos (probablemente sea esta una buena manera de decirlo). Y, obviamente, el pecado satisface nuestras adicciones y demandas; así que decimos: “oh, estoy consiguiendo lo que quiero… estoy contento, ahora lo tengo”.
Así que en esta fase todavía quiero pecar. Voy obteniendo lo que quiero, pienso que estoy obteniendo lo que quiero; y no soy sensible… pues, tal como hemos comentado en otras partes de esta conversación sobre la compensación… a menudo no somos muy emocionalmente sensibles, y nuestra conciencia no nos está perturbando, y no somos lógicos, y no miramos las cuestiones de causa y efecto relativas al dolor y al sufrimiento, y no somos autoconscientes, y no recapacitamos (no somos auto-reflexivos), y no queremos escuchar nada sobre lo que estaría sucediendo en el estado de sueño, y que nos diría que algo va mal…
Así que estamos en mucho apagado, en mucha negación, en esta situación.
Estaríamos casi en eso que llamamos un frenesí compulsivo. Y eso aparentemente conlleva grandes recompensas para nosotros—esa es la manera en que lo vemos cuando estamos en esa posición—.
Así que somos naturalmente dirigidos por este frenesí… y que ni siquiera es reconocido como tal, muchas veces, pues es como que ni siquiera lo llamarías “un frenesí”, y simplemente dirías: “es mi carácter, es mi naturaleza, es lo que necesito…; es vivir mi vida, es como yo vivo mi vida”.
Todo se ve como algo normal, en esta fase. Y cualquier dolor y sufrimiento que, como resultado de mis acciones, esté sintiendo yo personalmente u otras personas lo estén sintiendo, usualmente es ignorado por completo, también —como si yo no lo causara—: fue otra cosa lo que lo causó; fue algún otro proceso “mágico” que debe de estar sucediendo; o bien, debe de ser la falta de Dios —que yo esté con dolor y sufrimiento—; o bien, el que yo tenga eso no tiene nada que ver con mi pecado.
Esta es mi manera de pensar, en esta fase.
Así pues, aquí estoy… y hablamos de esta situación de cuando me involucro en un primer momento en un pecado. Y, no obstante obviamente que con el tiempo la ley de atracción, la ley de causa y efecto, la ley de compensación… todas ellas se estarán intensificando más, así que ahora tenemos un cierto número de leyes que están mostrando, todas ellas, y con intensidad creciente, que algo va mal. (nota 2)
Y entonces ¿cómo se empieza a sentir esto? Se empieza a sentir en primer lugar como que parece que ya no obtengo la misma satisfacción a partir de mi pecado, tal como solía obtenerla.
Ahora bien, usualmente esto me causará una de dos cosas:
– o bien me hará incrementar el pecado, y esperar así que los resultados sean más intensos (así como persiguiendo, yendo en pos de los resultados [we were chasing the results]),
– o bien, podríamos decir…: “ah, ¿no es extraño esto ahora? Debe de haber alguna otra cosa dentro de mí que nunca se va a ver satisfecha”.
Y entonces, esto puede provocarnos sentirnos como cansados, agotados, al intentar satisfacernos con esa cuestión en particular… pero sin vernos nunca realmente satisfechos.
Así que en nuestra vida empezamos a sentir menos satisfacción; nos sentimos así como consumidos por la vida. Y puede que empecemos a estar enfermos —como frecuentemente sucede— y que tengamos dolores recurrentes, que resultan en dolores crónicos; y eso es una indicación de que me estoy resistiendo a algo en esto.
Y si fueras realmente honesto sobre ello dirías: “uf…”; y entonces es cuando empiezas a desarrollar esta especie de reconocimiento consciente acerca de que hay algo que está mal. Puede que todavía no quieras realmente saber lo que es, pero al menos eres consciente de que hay algo que ya no va del todo bien, pues está sucediendo todo esto que no me esperaba, puesto que yo pensaba que, si seguía haciéndolo, esa cosa podría hacerme “feliz”, estar contento… y que siempre continuaría satisfaciéndome.
[En la siguiente frase en cursiva no capto casi las palabras, pero creo que Mary podría referirse a esto, (min. 8:06; habla Mary):
Y pienso que… dada la inclinación de la humanidad al error… y que sobre mucho de nuestro error no tenemos un sentimiento [aquí creo que se corta ella misma]… y… lo que voy a decir posiblemente no esté muy ajustado… pero la mayoría de personas realmente nunca establecen este enlace, en su nivel más real, entre su dolor y su sufrimiento… (y ahora sigue Jesús)]
No, no, la mayoría cree que están en dolor y sufrimiento. Saben que lo están (y Mary confirma)… sobre todo cuando van siendo mayores. Saben que tienen una buena cantidad de dolor y sufrimiento, y normalmente tienen una caja de pastillas en la mesita de noche que los mantiene siquiera operando y vivos…
Pero no indagan respecto a eso para enlazarlo con su causa, la causa que viene antes.
Normalmente en esta fase te das cuenta de que algo va mal, pero culpas de ello a los procesos naturales, o al diseño de Dios, o a que Dios es cruel, o a la evolución… te sacas alguna razón distinta a la real, que es que has pecado, y que esa es la causa de todo este dolor y sufrimiento.
Así que en el momento en que estamos listos para morir, ya sea que tengamos 20 u 80 años, este es usualmente el tipo de actitud que tenemos. Estamos en alguna parte dentro de este rango o escala sobre cómo nos sentimos en cuanto al pecado. No tenemos unas definiciones muy sólidas de pecado, o si las tenemos, son bastante religiosas y sin fundamento, en el sentido de que realmente no lo entendemos, o bien tenemos mucha cantidad de culpa asociada con ello [con el pecado, claro está], y realmente no entendemos por qué todavía deseamos pecar… y todo eso; y todavía queremos las recompensas —lo que parecen ser las recompensas del pecado—.
Y, usualmente, la mayoría de personas que, en el momento de morir hemos vivido lo que se suele llamar en la Tierra “una vida completa”, normalmente no tenemos una comprensión muy sólida sobre el pecado o sobre sus consecuencias, en absoluto.
Así que ese es el estado de la mayoría, y esta es la relación que tienen con el pecado cuando estaban viviendo en la Tierra —si es que siquiera se creía en absoluto en el pecado, pues obviamente muchas personas no creen en ello—.
Y esto tiene relevancia en cuanto a las condiciones que tenemos al morir.

Notas

(1) Se trata de una breve parte, al comienzo de la sesión 4, parte 3 (S4P3), de los materiales de Divine Truth sobre el perdón y el arrepentimiento, la compensación y la conciencia (del 2017 y del 2018):
https://www.youtube.com/watch?v=TOYcTWujbXE

(2) Diríamos que es como que se intensifican los resultados de un mero hecho: el hecho de que somos alma, y esa alma es continuamente así como “leída” por las leyes naturales para poder mostrarle así la condición álmica que tiene esa alma única que somos, que es, cada cual —aunque en esencia lo seamos con la otra mitad “gemela” de nuestra alma completa—.


Nota general
Lo que trato en general en estos textos y audios depende —en sus principales intuiciones y bases— de cierto desarrollo y cierto “proceso de asimilación” de las enseñanzas compartidas en divinetruth.com.
En el desarrollo, a veces aventuro cosas, y puede haber altibajos de precisión… pero he de insistir en que nada de esto habría sido posible en mi caso sin las enseñanzas de Jesús y María Magdalena (que unificaron por fin “todo”, en esta búsqueda, en este que ahora es “caminar realmente con Dios”, y no en los sucedáneos anteriores —y ya sea que yo ahora vaya a tener o no altibajos debido a mi vivencia con la ley de compensación, y debido a las resistencias que todos tenemos en algún grado—).
Entonces, una advertencia muy importante (!):
No existe en absoluto la reencarnación generalizada —no existe la reencarnación al uso—, pero sí sucede que el alma completa que llamamos “Jesús y María Magdalena” (re)nació físicamente en Australia, en el siglo XX de “nuestra era” —tal como en “occidente” contamos el tiempo—. En estas vidas físicas ellos dos se llaman Alan John Miller y Mary S. Luck.

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