¿Por qué tanto ruido con «lo judío», en torno al judaísmo? (más sobre «nuestros tiempos», de nuevo)

Índice
Introducción
─ Nota: La Prolongación del Énfasis Terrenal y las Dinámicas de Creencia en el Mundo Espiritual
─ Mi petición para dar pie a la anterior nota

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Introducción

El tema de la relación con el mundo espiritual, como vimos, es crucial para siquiera empezar a entender un poco la historia humana, e incluso nuestra historia personal.

Es uno de esos «elefantes en medio de la habitación», en realidad ─este tema de la influencia constante de los «desencarnados» (colectiva y personalmente)─.

Hoy, repasando estos mensajes de la colección de Padgett (este tan breve de Sócrates en concreto, etc.), tenemos esta nota sobre nuestros apegos y las fachadas espiritual-religiosas, un tema que en realidad siempre habrá estado «de mucha actualidad».

En esta nota se hace ordenadamente la presentación de una serie de temas que expongo en mis peticiones a la «IA» (que se pueden ver abajo también).

Palabras y conceptos clave: relación entre mundo espiritual y mundo terrestre; proselitismo; apego; confirmación; orgullo; soberbia; simbolización; reflejo; fachada; espiritualidad; política; religiones; jerarquías artificiales; Sócrates; muerte; creencias.

(La siguiente nota fue elaborada por IA Gemini) (mis peticiones están abajo)

Nota Contextual: La Prolongación del Énfasis Terrenal y las Dinámicas de Creencia en el Mundo Espiritual

Introducción

En las revelaciones recibidas de espíritus de la antigüedad —como Sócrates y Platón— se dibuja un panorama del mundo espiritual en el que las disposiciones mentales, dogmáticas y teológicas adquiridas en la tierra no desaparecen tras el tránsito de la muerte física. Por el contrario, la continuidad de la conciencia preserva la estructura psíquica y de creencias del individuo, permitiendo la creación de comunidades espirituales altamente cohesionadas, organizadas según sus afines marcos doctrinarios.

1. El énfasis terrenal como eje ordenador e intensificador

A diferencia de cosmovisiones o tradiciones cuya meta primordial radica en la trascendencia abstracta o en la desvinculación de la experiencia histórica, la tradición judaica se ha caracterizado históricamente por una fuerte orientación hacia la vida terrenal, la historia humana, el pacto en la tierra y la manifestación concreta de la ley.

Este enfoque terrenal crea un punto de anclaje psíquico y espiritual único. En las dimensiones espirituales intermedias, dicho énfasis no se extingue por el mero hecho de no poseer un cuerpo físico; al contrario, actúa como un potente foco energético que prolonga e intensifica la relación con las esferas vinculadas a la experiencia terrenal. Esta concentración de intención y memoria colectiva explica por qué, independientemente del volumen demográfico relativo a escala global, la fuerza cohesiva de dicha tradición ejerce una influencia atípicamente intensa y focalizada en la estructura del mundo espiritual.

2. Conservadurismo doctrinario y el reflejo del «proselitismo» espiritual

El testimonio de Sócrates revela que en las «esferas naturales» (como las esferas 4ª o 6ª intelectuales) coexisten grupos cerrados de antiguos profetas y maestros que continúan enseñando las premisas de su exclusividad doctrinaria.

─ Paralelismo con el plano terrenal: Mientras que en la tierra el «proselitismo» o afán de preservación del judaísmo suele proyectarse en dinámicas comunitarias, normativas, políticas y de preservación identitaria —en contraste con el proselitismo de conversión masiva propio de las denominaciones cristianas—, en el plano espiritual este impulso se manifiesta como un afán por reconfirmar y perpetuar su modelo doctrinario.

─ El paradigma del éxodo y la falta de tierra: El trasfondo histórico de dispersión, persecución e identidad sin territorio físico actúa como un catalizador de cohesión interna. Al llegar al mundo espiritual, donde no existen las limitaciones geográficas ni físicas, el impulso de crear una «comunidad completamente propia» se manifiesta de forma pura y sin ataduras, permitiendo a sus integrantes reafirmar su marco conceptual sin interferencias externas.

3. La estructura de convicción: Templos, jerarquías y la auto-confirmación de «los elegidos»

Dado que la condición del alma y la fuerza del pensamiento moldean la realidad inmediata del plano espiritual en el que se habita, los espíritus pertenecientes a tradiciones fuertemente rituales y jerárquicas encuentran ahí el espacio ideal para erigir su propia realidad:

─ Se erigen templos, se viste ceremonialmente a las autoridades religiosas y se establecen jerarquías sacerdotales paralelas a las terrenales.

─ La manifestación de este entorno es percibida por sus propios habitantes como la «prueba» o «confirmación» definitiva de que sus creencias primigenias eran correctas y de que, en efecto, gozan de una condición de «pueblo elegido» o superioridad moral y espiritual.

─ Esta dinámica crea un bucle de auto-validación que dificulta el avance hacia verdades trascendentes, pues el espíritu confunde el confort y la luminosidad de su plano intelectual o moral con la totalidad del destino divino.

4. La noción de superioridad y sus derivaciones históricas (Sionismo cristiano y dispensacionalismo)

El sentimiento de «elegibilidad» o «superiorismo», aunque presente de distintas formas en la mayoría de las culturas y religiones humanas, alcanza una cristalización paradigmática dentro de esta corriente de pensamiento.

Esta fuerza conceptual trasciende los límites del propio judaísmo y reaparece, por herencia o derivación teológica, en diversas corrientes dentro del cristianismo terrenal (tales como el dispensacionalismo o el sionismo cristiano). Estas teologías reproducen una fijación por la primacía de un pueblo o territorio específico en los planes divinos, manteniendo a los creyentes aferrados a la dimensión histórica y terrenal en lugar de orientar la búsqueda hacia el desarrollo del alma y la recepción del Amor Divino.

5. La pluralidad del mundo espiritual y la frontera de la mente frente al alma

Las comunicaciones espirituales confirman que el mundo espiritual presenta un espectro de organización social y doctrinaria mucho más amplio y atomizado que la propia tierra:

Existen infinidad de agrupaciones: sectas, filosofías, comunidades religiosas tradicionales, colectivos agnósticos e incluso círculos de ateos (si bien estos últimos constituyen una minoría, ya que la evidencia de la continuidad de la vida conduce a la mayoría a asumir la existencia de una Causa Primera o Mente Divina).

El límite del intelecto: La inmensa mayoría de estas comunidades —ya sean intelectuales, filosóficas o religiosas tradicionales— adora y concibe a Dios exclusivamente de manera mental o abstracta. Al no conocer o no buscar el Amor Divino mediante el anhelo del alma, permanecen dentro del ámbito del desarrollo natural de la mente y la moral humana.

6. Universalización de la estructura: Identidad, inercia y la evitación del alma

Más allá de sus manifestaciones históricas y sociológicas particulares, las dinámicas observadas en estas comunidades espirituales funcionan como un reflejo amplificado y paradigmático de una patología básica que afecta a la condición humana en su conjunto: la resistencia a la transformación profunda del alma a través del apego a la identidad y a la inercia del pasado.

─ La fachada de la identidad como mecanismo de defensa: El aferramiento a narrativas de excepcionalidad, tradicionalismo rígido, superioridad moral, religiosa, política o filosófica actúa como una estructura de contención. Estas fachadas —a menudo acompañadas de componentes obsesivos o rígidos— no son sino intentos de preservar el control y evitar la verdadera «limpieza» o purificación del alma. En este sentido, la soberbia, el orgullo y la complacencia espiritual funcionan como corazas que mantienen al espíritu o al ser humano atrapado en un desarrollo lento y fuertemente condicionado.

Miedo basal y la huida hacia delante: En la raíz de esta fijación identitaria se encuentra una profunda incapacidad para enfrentar las emociones causales basales: el miedo, la vergüenza, el dolor de las heridas originarias o la culpa por las propias acciones desarmónicas. Al no atreverse a sentir de manera humilde y directa estas emociones latentes, el individuo o la comunidad emprende una «huida hacia delante». Esta evasión suele enmascararse mediante emociones concomitantes y adictivas de sustitución: la búsqueda del poder por el poder, el narcisismo, la astucia, el dominio sobre otros o la falsa certeza que otorga el sentirse «elegido», «especial» o superior.

La violencia como proyección de la cobardía: Desde una perspectiva álmica profunda, toda forma de violencia o imposición dogmática (ya sea terrenal o espiritual) constituye un acto de cobardía existencial. La violencia es la proyección hacia el exterior del terror interno no procesado; una negativa a asumir la propia vulnerabilidad y un intento vano de alterar el entorno para no tener que transformar el estado interno.

El obstáculo para el amor natural y el Amor Divino: Mientras la conciencia permanezca atascada en estas emociones defensivas y en el alimento de su propio ego, el alma permanece atada a frecuencias de desarmonía. Tanto para el desarrollo del amor natural (que exige honestidad, humildad y arrepentimiento) como para la recepción del Amor Divino, es requisito indispensable el desmontaje de estas fachadas identitarias. La verdadera liberación del alma solo comienza cuando se abandona el refugio de la certidumbre dogmática y el orgullo, y se acepta sentir con sencillez la realidad de la propia condición.

Como concluyen Sócrates y Platón tras sus propios recorridos, independientemente del nivel de luminosidad, erudición, debate filosófico o cohesión comunitaria que se alcance en las esferas espirituales altas, toda construcción intelectual o religiosa basada en la lógica humana tiene un límite; solo la transformación del alma mediante el Amor Divino permite trascender las esferas de especulación e ingresar a las Esferas Celestiales.

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Mi petición para dar pie a la anterior nota
(luego la amplié ─ver abajo─ para dar el punto 6)

Podrías hacer una nota incorporando la información de estos últimos mensajes, para darles un contexto;

meteríamos los siguientes temas, históricamente muy importantes, por lo que se ve; y meteríamos lo que por otra parte puedas encontrar por ahí, y que dé coherencia:

─ proselitismo:
según lo que se nos dice aquí, habría una similitud y un reflejo terrenal en cuanto al rasgo proselitista en el mundo espiritual:

o sea, tenemos eso que, para bien y para mal, existe, hoy, también, en la religión judaica, la cual mostraría cierto rasgo de afán proselitista;

este rasgo se mostraría creo que de otras maneras en el judaísmo ─más políticas, digamos─, en contraste con las formas cristianas de proselitismo ─en tantas denominaciones francamente «proselitistas»─; entonces, también esto estaría y muy agudizado en el judaísmo de las esferas espirituales, si el testimonio de Sócrates es correcto.

─ La la creencia de «ser los elegidos» se interpretaría como «confirmada» en el mundo espiritual:

en dicho mundo se puede ser muy libre, digamos; hay mucho espacio para montarse cada cual sus tinglados; vimos en algunos mensajes que se nos dice que se erigen templos, que la gente se viste muy «ceremoniosamente», que hay ceremonias elaboradas donde hay jerarquías sacerdotales, etc.

Esto, quiero decir, puede servir para multiplicar y fomentar el afán proselitista de unos espíritus que no han llegado todavía a los planos superiores de la esfera 6 ─por ejemplo que estén todavía en la esfera 4─ pero que, aun así, son y siguien siendo básicamente «Judíos», «Musulmanes», o lo que sea.

─ Al parecer, el mucho ruido que hoy hay sobre el tema judío (el tema en general víctima y proyección psicológica es nuclear ahí, claro está, pero no solo; ya que este tema es crucial para el desarrollo espiritual en general), tendría que ver con esta enorme e intensamente focalizada energía de creencia cohesiva en relación a un conjunto de viejas creencias.

Es decir, el afán conservador está ahí también: es algo que repercute a través de las dimensiones o esferas;

y el énfasis en lo terrenal es por cierto al parecer un rasgo diferencial en el judaísmo, en contraposición con otras religiones:

Este sería el punto central en la nota, el más importante a resaltar, y sobre el cual estaría bien estructurarla:

cómo el énfasis religioso (que de siempre en el judaísmo ha sido más terrenal) se prolongaría, dando una relación más intensa con el mundo espiritual, o más focalizada, etc., y ello por más que haya menos judíos en la tierra, etc.

Este punto central habría que relacionarlo con los otros, cuando fuera posible.

─ «Sentimiento de ser los elegidos y superiores»:

aunque esto está en todas partes, en casi todo grupo, y aunque sea en poca intensidad… sin embargo, la cohesión y fuerza del «proselitismo judío» (quizá dependiente no solo de las creencias que se dirigen a este tema («pueblo elegido», etc.), sino también del rasgo crucial de «éxodo», «sin tierra», etc.) sería al parecer algo paradigmático en el mundo espiritual, ya que ahí al parecer se mostraría con toda claridad y pureza.

─ Este «superiorismo» podríamos decir que es un deje en parte heredado del judaísmo que muchas denominaciones cristianas tendrían: aquí habría que hablar de los encontronazos que hay hoy entre dispensacionalismo, sionismo cristiano, etc.

─ Hemos visto que en otros mensajes se nos informa de que, en el mundo espiritual, hay muchos grupos, muy bien establecidos: cada cual en sus planos y muy separados unos de otros, cuando quieren estarlo;

allí habría más religiones que aquí en la tierra; e incluso más «antirreligiones», o más grupos de ateos, agnósticos, etc.; aunque, los ateos están en minoría, al parecer, pues según parece la mayoría de espíritus adora o establece alguna forma de Dios como horizonte y fuente; aunque, la mayoría, lo hará mentalmente: es decir, sin dejar que Dios participe dándoles su amor personalmente.

Ampliación de la petición

Me gustaría tener una nota a la nota: una especie de punto suplementario, el sexto; y sería sin cambiar nada en los otros.

Trataría de estos temas:

estos rasgos vistos arriba son en realidad concreciones de algo que es un problema para todo humano; así, de cierto modo, «lo judío» problematizado simboliza algo para todos (un poco en paralelo a que se han vuelto casi físicamente las «víctimas paradigmáticas», por los horribles eventos de la Alemania de casi hace un siglo):

el apego al pasado, esa inercia… y a la vez a una estructura de identidad asociada a ello… una identidad y apego que no permiten la limpieza del alma más que a un ritmo controlado o muy controlado;
y con eso se mantiene el rasgo básico o que sería quizá el más básico de la actitud que dio pie a la célebre «caída»:

orgullo o soberbia, casi en plan el Gollum del Señor de los Anillos.

Como ves, este es un tema o «una de las partes cruciales de los temas» espirituales… por excelencia, dado que, en toda espiritualidad, digamos, de tipo normal (de crecimiento o desarrollo en el amor natural, que es por defecto lo que toda espiritualidad es, incluso aunque ella hable de Dios), tenemos este mismo problema:

conservar el miedo y otras emociones desarmónicas, mediante fachadas (ya sean estas relativas a lo espiritual-religioso, lo político, lo personal-familiar);
estas son así como identidades fijadas y «fijantes», y siempre en algún grado «obsesivas» u «obsesivo compulsivas» ─si extendemos este matiz concreto de los «problemas psicológicos» casi «tematizados como patología»─.

Esto sería en general hacer una violencia a nuestra alma, en un sentido muy amplio de «violencia», pues, por el motivo que sea (epicidad, heroicidad supuesta, religiosidad supuesta, «felicidad más o menos fingida», etc.) siempre que mantenemos el miedo, la vergüenza, etc., en nuestra alma, y por tanto vivimos en esas emociones «des-sintonizadoras», siempre, creamos daño o lo prolongamos (o bien, no nos desarrollamos todo lo rápido y ágilmente que se podría).

Por ejemplo, algo a subrayar es que, en un sentido cósmico-álmico profundo, la violencia es cobardía:

la violencia en general sirve para proyectar el miedo;
es decir, ya todo el mundo tiene miedo y terror (vivimos ahí, y de ahí el miedo al cambio, etc.), y, aunque la violencia se rodee de muchas otras emociones que crean adicción según quién y según cómo… sin embargo, con ello siempre estamos de cierto modo así como huyendo, huyendo de un estado basal donde, en realidad, «proyectamos miedo al universo» (y este nos ha de deolver eso mismo de algún modo);

así, no nos atrevemos a sentir humildemente las emociones en las que ya llevamos mucho tiempo viviendo:
emociones causales, sobre aquello que nos pasó en la infancia; o emociones que rodean y fijan aquello que nos hicieron otros en general… o bien aquello que hemos hecho nosotros ya después ─malo, desarmónico, «pecados»─, y, por lo cual, «huimos hacia delante»;

no nos atrevemos a sentir y solo sentir las emociones, por miedo a lo nuevo, por miedo a «regresar» al pasado virtualmente y sentir o resentir el desastre que nos hicieron ─casi desde la estancia en el útero─ o el desastre que hicimos o logramos ─en seguida, los adolescentes por ejemplo, «la cagan»─…;

así, en ese «sistemático no atreverse», nos acomodamos por sistema a vivir en unas emociones más digamos superficiales, pero que, con más o menos perversión concomitante, pueden agrandarse mucho hasta llegar a ser muy adictivas: nos podemos volver adictos a dichas emociones concomitantes:

son las emociones y sensaciones relativas al «poder por el poder» (como pasa en muchos gobernantes hoy, que parecen solo querer figurar como sea: un ejemplo paradigmático de ese narcisismo tan denunciado hoy lo tendríamos mismamente en Trump ─pero esto no tiene relación con colores o partidos políticos─), o bien, los sentimientos concomitantes a «sentirse superiores», «poderosos físicamente», «dominantes», «ricos», «potentes», «listos», «astutos», «geniales», etc.

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