[Últ. act.: 27 julio 2026]

Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español (con notas al final)
─ Notas
Nota 1: El Despliegue de la Condición Álmica y la Ilusión Humana
1. La confusión del «estado bajo» y la cultura de la simulación
2. Dogmas religiosos, la «milagrería» y el cortocircuito cognitivo
3. Las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM) y el «regreso a la realidad»
4. La trampa de la «Condena Eterna» y la parálisis álmica
5. Las Leyes del Alma y la Sanación de los Pecados de Omisión
Mi petición para la Nota 1
Nota 2: Anexo: Dispersión Esotérica vs. Simplicidad Estructural del Alma y las Esferas
1. La ilusión de la reencarnación y la proliferación de capas
2. El laberinto de dimensiones y esferas
3. ¿Por qué las tradiciones antiguas y modernas ignoran las Esferas Celestiales?
Resumen del Contraste
Mi petición para la Nota 2
─ Versión en inglés
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Introducción
─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
La lectura de este mensaje dura en el audio hasta el minuto 12:26, y luego hay comentarios. Esta vez quizá podemos decir que el mensaje no tiene relación directa con este tema 11 ─que agrupa mensajes muy variados─.
Vemos un mensaje de Juan, el llamado «apóstol». Trata de cosas muy básicas e importantes sobre el hecho de que tenemos un cuerpo espíritu además de un cuerpo físico, y el hecho de ser un alma con esos dos cuerpos ─en el proceso de la muerte (corte del cordón de plata), etc.─.
A continuación, pues, vamos a ver parte del apartado:
11) La expiación vicaria
Se trata del siguiente mensaje contenido en este apartado.
El tema principal en el apartado es «la expiación vicaria», ya que es una creencia o dogma muy dañino.
Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:
Forma parte de un libro que es el primer volumen de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, Jesús de Nazaret.
Estos volúmenes fueron preparados o compartidos así por Divine Truth entre otras personas.
El primer volumen incluye los siguientes temas y apartados (los 11 temas numerados sirven para organizar temáticamente los mensajes):
a) ─ Retrato de James E. Padgett
b) ─ Mi testimonio (por Leslie R. Stone)
c) ─ Foto espiritual de Mary Kennedy con su alma gemela, el Dr. Stone.
d) ─ La verdadera misión de Jesús
I. Jesús y su relación con Dios.
II. Dios y el alma humana.
III. El problema del pecado.
IV. Redención del pecado.
─ 1. Los mensajes
─ 2. Ámbitos celestiales
La oración
─ 3. Inmortalidad
─ 4. ¿Quién y qué es Dios?
─ 5. Espíritu Santo
─ 6. Resurrección
─ 7. El alma
─ 8. Perdón
─ 9. Expiación
─ 10. Infierno
─ 11. Expiación vicaria [estamos aquí: Vemos el siguiente mensaje en este apartado 11]
e) ─ Mensajes adicionales
Versión en español (con notas al final)
11. La expiación vicaria (cont.)
¿Qué hace el espíritu del hombre cuando abandona el cuerpo físico para la eternidad? (San Juan, apóstol de Jesús) (29 mayo 1916)
Estoy aquí, Juan.
Vengo esta noche a contarte una verdad vital que sé que te interesará.
Con frecuencia se ha formulado la pregunta: «¿Qué hace el espíritu del hombre cuando abandona el cuerpo físico para la eternidad?».
Sé que muchos espíritus te han escrito sobre este asunto y algunos han descrito sus experiencias personales; sin embargo, en toda la información que has recibido hay algunos hechos a los que no se ha hecho referencia, y los describiré brevemente.
Cuando el espíritu abandona el cuerpo, se produce la ruptura del llamado cordón plateado y, con ello, se corta para siempre toda conexión entre el espíritu y el cuerpo; nunca más podrá ese espíritu volver a entrar en ese cuerpo, ni tampoco ningún otro espíritu, aunque sé que algunos espiritualistas afirman que otro espíritu puede habitar el cuerpo abandonado. Pero esto es completamente erróneo, pues ningún espíritu entra jamás en el cuerpo que una vez fue el hogar de otro espíritu y, por lo tanto, las afirmaciones de algunos sabios de Oriente de que tal cosa puede suceder carecen de fundamento en los hechos.
Una vez cortado el cordón plateado, ningún poder conocido en el mundo espiritual, ni entre los espíritus de la esfera más elevada, puede volver a resucitar ese cuerpo y hacer que se manifieste la vida; por lo tanto, en los milagros mencionados en la Biblia, donde se dice que los muertos fueron resucitados, debe entenderse que este vínculo entre el espíritu y el cuerpo nunca se rompió.
En aquellos tiempos antiguos, como ahora, había personas que parecían estar muertas y que, según el conocimiento humano, lo estaban; pero, en realidad, se encontraban en un estado de lo que podría llamarse animación suspendida. Al no observarse señales de vida para la conciencia de los hombres, se creía que la muerte había tenido lugar. Sin embargo, en ningún caso en que los supuestos muertos fueron resucitados, el mortal había muerto realmente.
Como Lázaro ya os ha dicho, cuando Jesús le ordenó que saliera, él no había muerto; y lo mismo ocurre con todos los demás supuestos muertos que fueron llamados a la vida.
Una vez cortado este vínculo, existen ciertas leyes químicas que afectan al cuerpo físico y ciertas leyes espirituales que afectan al espíritu, las cuales impiden por completo que el espíritu vuelva a entrar en el cuerpo; y, tal como se os ha informado, todos ─mortales, espíritus y ángeles por igual─ estamos gobernados por leyes para las que no hay excepciones y cuyo funcionamiento es invariable.
Así pues, cuando el espíritu y el cuerpo se separan, lo hacen para toda la eternidad; y el espíritu se convierte entonces en una entidad independiente, controlada total y exclusivamente por las leyes que rigen el cuerpo espiritual.
Con la entrada del espíritu en el mundo espiritual, llega el alma, aún encerrada en ese cuerpo espiritual ─y hasta cierto punto controlada por él─, cuerpo que, en ciertos aspectos, también está controlado por el alma.
El cuerpo espiritual no tiene de por sí el poder de determinar su propia ubicación o destino en cuanto al lugar, pues la ley de atracción que opera en este aspecto actúa sobre el alma, y es la condición del alma la que determina su propia ubicación. Y, como el cuerpo espiritual es la envoltura del alma, debe ir allí donde esta ley de atracción decrete que el alma deba habitar.
Si bien la mente, las facultades mentales y los sentidos tienen su sede en el cuerpo espiritual, la ley de la que hablo no opera sobre estas facultades, como se le hace evidente a todo espíritu que sabe ─tanto por observación como por experiencia─ que el poder combinado de todas esas facultades no puede impulsar un cuerpo espiritual ni un solo paso en el camino del progreso, a menos que dichas facultades, en su influencia sobre el alma, hayan hecho cambiar la condición de esta; y, en lo que respecta al mero avance mental o moral, esto es posible.
Así pues, repito: la condición del alma determina tanto la ubicación como la apariencia del cuerpo espiritual; y esta ley de atracción es tan exacta que, en su funcionamiento, no da margen alguno a que el azar se interponga y coloque al cuerpo espiritual en un lugar que no le corresponde en virtud de la actuación de dicha ley.
De modo que, cuando el cuerpo espiritual entra en el mundo espiritual, debe ir a ocupar el lugar que determine la condición de su alma encerrada [nota: «encerrada» alude a que el cuerpo espiritual actúa como la envoltura o morada exterior del alma, la cual permanece así como contenida en él]. Ninguna intercesión de amigos espirituales, ni el amor de padres, esposos o hijos puede impedir este destino, aunque durante un tiempo ─hasta que el alma realmente haya despertado a su estado de separación de la vida mortal─ estos parientes o amigos puedan retener al cuerpo espiritual cerca del lugar de su entrada en la vida espiritual, incluso aunque ese lugar sea más hermoso y dichoso que aquel al cual está destinado. Pero esta situación no dura mucho, pues la ley actúa y, al alcanzar el alma la plena conciencia, escucha la llamada y debe obedecer.
Y así, como veis, en la vida espiritual, los amigos y los seres queridos reciben con amor, amabilidad y consuelo al espíritu recién llegado; pero la despedida ha de llegar, y cada alma debe encontrar su hogar según lo determinen sus propias cualidades. Y, sin embargo, el consuelo mencionado es real, pues, en muchos casos, de no ser así, el espíritu solitario experimentaría miedo, desconcierto y todas las indescripibles sensaciones de verse abandonado.
Entonces llega un momento en que cada alma debe permanecer a solas y, en su debilidad o fortaleza, comprender que ninguna otra alma puede cargar con su dolor, aliviar sus cargas o compartir sus sufrimientos. Y así se cumple aquel dicho de que cada alma es su propia guardiana y la única responsable de su propia condición.
Claro que, en muchos casos, los amigos amorosos pueden visitar a esa alma en su lugar de existencia y ofrecerle consuelo, ayuda, ánimo e instrucción; pero en otros casos esto no es posible, pues, conforme esta alma queda expuesta ante sí misma, todas sus deformidades, pecados y malas cualidades se presentan ante ella, levantando así como un muro a su alrededor que impide que los buenos amigos y seres queridos se le manifiesten.
Y así, de nuevo, entra en acción la gran ley de atracción: si bien estos amigos más elevados no pueden acercarse a esa alma, otros espíritus de almas y cualidades similares sí pueden asociarse con ella y brindarle el tipo de ayuda que un ciego puede dar a otro ciego al desplazarse.
Y deseo decir aquí ─a pesar de lo que han dicho algunos de vuestros maestros espiritualistas─ que el alma tiene tanto su ubicación como su condición.
La condición que he descrito es el destino de algunas almas poco después de convertirse en espíritus, y es deplorable. Podría pensarse que estas almas se ven abandonadas por las influencias amorosas de los espíritus ministradores de Dios, dejadas completamente a solas en la desolación de sus moradas. Pero no es así, pues aunque se vean privadas de la presencia de los espíritus más elevados, las influencias del amor y la compasión fluyen desde estos espíritus, y en algún momento serán percibidas por las almas solitarias. Y, al sentir dichas influencias, las pobres almas comienzan a experimentar un despertar que gradualmente hace desaparecer el muro de su aislamiento, hasta que, en algún momento, los espíritus más elevados descubren que pueden manifestar su presencia a estas desafortunadas.
Y, además, todo espíritu, por muy caído que esté, tiene una labor que realizar, aunque parezca insignificante. Y, entre estos espíritus de condiciones similares, algunos están un poco más avanzados que otros y, en virtud de una ley que obliga a los más avanzados a ayudar a los de menor avance, estos últimos reciben con frecuencia ayuda para salir de su estado inferior.
Ahora bien, esto último que he escrito se aplica, por supuesto, a los espíritus malvados y viles, carentes de todo desarrollo del alma en el camino de la bondad. No obstante, un principio similar se aplica a las condiciones de todos los espíritus en el plano terrenal, si bien, cuanto más elevados estén en ese plano, mayores oportunidades tendrán de recibir ayuda y progresar.
Sobre esto último, y sobre la influencia de los pensamientos mentales y las cualidades morales en la condición y el progreso del alma, te escribiré más adelante.
He escrito suficiente por esta noche, y dejándote mi amor y bendiciones, te deseo buenas noches.
Tu hermano en Cristo,
Juan
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NOTA (Elaborada por IA Gemini, ante mi petición ─que coloco debajo─)
A continuación, he sintetizado y estructurado todas tus valiosas aportaciones en una Nota Contextual y Doctrinal, articulada en puntos analíticos que dilucidan la trama de ilusiones terrenales, la psicología del alma y el marco de las leyes divinas tal como las expone el texto de Juan.
Nota Contextual y Doctrinal: El Despliegue de la Condición Álmica y la Ilusión Humana
El mensaje transmitido por Juan (1916) desmantela los grandes mitos sobre la muerte y la supervivencia del espíritu, arrojando luz sobre las leyes objetivas que rigen la existencia del alma. Al contrastar estas revelaciones con la cultura material, los dogmas religiosos y la psicología humana, se hace evidente cómo la ignorancia de estas leyes genera confusión, sufrimiento innecesario y distorsiones colectivas.
1. La confusión del «estado bajo» y la cultura de la simulación
En la experiencia terrenal —todavía impregnada de un «estado bajo» o inferior de conciencia (manifiesto en guerras, violencia y egoísmo)— se proyecta una permanente confusión entre lo físico y lo espiritual. Esta falta de discernimiento se refleja claramente en las producciones culturales y narrativas del entretenimiento:
─ Zombis y la obsesión por el cuerpo: Representan el miedo arquetípico a la muerte y la absurda fantasía de que la vida puede volver a habitar un cuerpo cadáver. El texto es tajante: roto el cordón plateado, ninguna fuerza del universo puede «resucitar» ese contenedor físico abandonado.
─ Inmortalidades físicas (Drácula, Frankenstein): La ciencia ficción y la fantasía subliman la promesa de una eternidad atrapada en el plano material. Es la manifestación del deseo prometeico del ser humano de suplantar las leyes de Dios, buscando la perpetuación de la carne en lugar del progreso del alma.
─ Entretenimiento vs. Revelación: La cultura de masas oscila entre la banalización humorística de estos temas y el «primado negativo» (la exposición encubierta o distorsionada de realidades espirituales bajo la apariencia de mera ficción). Esto insensibiliza a la conciencia humana ante verdades fundamentales como la existencia del cuerpo espiritual y el cordón plateado.
2. Dogmas religiosos, la «milagrería» y el cortocircuito cognitivo
Gran parte de la teología dogmática comete el error fundamental de confundir la visión/interacción espiritual con la percepción física, provocando graves desviaciones:
─ El dogma de la resurrección de la carne: Sostener que en un hipotético «Juicio Final» los espíritus rehabitarán sus antiguos restos óseos o materiales es una aberración biológica y espiritual. Los milagros bíblicos de «resurrección» no fueron sino casos de animación suspendida donde el vínculo del cordón plateado jamás llegó a romperse.
─ El cuerpo espiritual como realidad objetiva: Tanto encarnado como desencarnado, todo ser humano posee un cuerpo espiritual (el cual se ha llamado también «astral», «fluido», «etérico», «sideral», «periespíritu», «doble etérico», etc.). La interdimensionalidad, la capacidad de hacerse visible o las manifestaciones responden a leyes precisas de energía y a los deseos profundos del alma, jamás a la recomposición de la materia orgánica.
3. Las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM) y el «regreso a la realidad»
En el espiritualismo contemporáneo se suele idealizar el evento del tránsito. Las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM) ofrecen una pincelada de las regiones luminosas: comitivas de recepción llenas de amor y seres queridos que consuelan al recién llegado.
Sin embargo, el texto advierte de un «regreso a la realidad» que ocurre tras esa acogida inicial:
─ Esos encuentros amorosos son temporales.
─ Llega un momento en que el alma debe permanecer a solas y confrontar su verdadera condición.
─ Si el alma está deformada por pasiones, egoísmo o culpas, su propio estado crea un «muro de aislamiento» que impide la cercanía de espíritus más elevados. La acogida inicial no anula la ley de atracción ni exime al alma de experimentar el peso de su propio estado.
4. La trampa de la «Condena Eterna» y la parálisis álmica
Uno de los errores más aciagos inyectados por las doctrinas humanas es la creencia en la damnatio aeterna (condenación irremisible) o en un «purgatorio pasivo» a la espera de un juicio futuro:
─ El muro autoimpuesto: Cuando un alma con creencias de condena se encuentra en la oscuridad de su propio estado tras la muerte, interpreta ese «muro de aislamiento» como la prueba de su condenación eterna.
─ Apegos adictivos a la Tierra: Creyendo que no hay esperanza de progreso ni rescate, el alma entra en desesperación y busca regresar compulsivamente a la atmósfera terrenal, adosándose a los apegos y adicciones de los vivos como única vía de escape.
─ La verdad del arrepentimiento: La observación de la propia fealdad no es un «castigo divino», sino un mecanismo corrector de la verdad. El sufrimiento no es una condena, sino el resultado realista de la propia condición. La salida no requiere esperar siglos a un evento cósmico, sino la simple y humilde disposición a sentir el dolor emocional, arrepentirse, perdonar y dejarse ayudar. La humildad es la clave que abre el alma a las influencias de los espíritus superiores.
5. Las Leyes del Alma y la Sanación de los Pecados de Omisión
El pasaje final establece una ley de rango superior (causal y ontológica) que rige las dinámicas del mundo espiritual:
─ La obligación del avance asistido: Existe una ley divina que impele a todo espíritu que ha logrado cierto grado de avance a ayudar a aquellos que se encuentran en un estado inferior.
─ Compensación negativa y pecado de omisión: Contravenir esta ley, al negarse a prestar esta ayuda, provoca una fricción o degradación en el nivel del alma. Aunque en la Tierra o en las primeras esferas el espíritu intente anestesiar este hecho mediante adicciones mentales o materiales, la ley actúa de forma matemática e inexorable.
─ Causa Eficiente vs. Causa Final: Las leyes terrenales o físico-mentales son meramente horizontales y secundarias. La verdadera causa eficiente radica en el plano del alma. La Causa Final del recorrido de la creación es el desarrollo del Amor:
* Camino Natural: El desarrollo pleno de las potencialidades intrínsecas del alma humana creada.
* Camino Superior (Divino): La transformación del alma mediante la recepción del Amor Divino (la Sustancia del Padre), que eleva la condición desde ser «creatura a imagen de Dios» a ser participante de la Propia Naturaleza Divina.
Mi petición para la nota 1
Podríamos hablar de cómo se reflejaría el estado «bajo» en el alma ─que todavía existe en la tierra (como vemos por las guerras y demás)─, cómo es reflejado, digo, por la «confusión» en cuanto a las representaciones culturales que supuestamente serían neutrales, o meramente artísticas, etc.:
─ zombis: volver al cuerpo;
─ tipos de «inmortalidad física» : Drácula / Frankestein;
─ «milagrería» en las religiones, donde en muchas se desconoce aposta o se rechaza por ejemplo esta sencilla información sobre el cordón plateado y lo que conlleva.
─ dogmas diversos en las religiones: por ejemplo, sería del todo erróneo y terminaría siendo muy perjudicial la creencia en la resurrección física, por ejemplo en un día del juicio ─ una resurrección promulgada por algunas religiones como algo a esperar en el futuro ─.
Así, queda todo como mezclado extrañamente, lo cual quizá en la nota puedes dilucidarlo; me refiero a:
la ciencia ficción y la fantasía: comparten rasgos con los discursos dogmáticos religiosos;
la cultura del entretenimiento: presenta caracterizaciones casi humorísticas de estos temas, a veces; o meramente de entretenimiento; o incluso con talante de «información» o «desvelamiento crucial», con cierto apuntar «hacia el futuro posible»;
y luego, en las religiones, algunas de esas cosas pueden ser sostenidas con incluso furor: sostenidas como «la verdad», pero «porque lo dice el texto».
Uno de los problemas sería que se mezcla como vemos el tema de «ver espíritus» con «ver físicamente algo».
Todo el mundo, encarnado o desencarnado, tiene cuerpo espíritu, lo cual sería un dato crucial para resolver muchos temas históricos y actuales, psicológico-cognitivos, factuales, etc.
Los espíritus pueden hacerse visibles según los deseos profundos del alma de cada cual y según ciertas leyes que rigen la posible «interdimensionalidad», y las «energías» para ello, etc.
Las materializaciones tipo zombi crearían quizá ahí un cortocircuito cognitivo (?), en este tema de la «animación suspendida», el que tendría una versión digamos correcta, y que podrías ilustrar y contrastar en la nota.
Podrías explicar en la nota también el tema del primado negativo, relacionándolo (quizá este sería uno de los dos o tres temas fundamentales, si no el primero).
También, en el «espiritualismo» actual, existe a veces todavía la confusión sobre el significado de esos eventos de «recepción de las almas» (en las ECM se verían representadas tales cosas, aunque en su caso no terminen con la muerte en el momento de la experiencia ECM, sino que sirvan para dar paso a experiencias terrenales «cambiadas», de cierta transformación espiritual, etc.); son eventos, digamos luminosos… pero que en muchos casos, los que los vayamos a experimentar al morir, parece que todavía lo haremos sin embargo con este ─tras efectivamente morir y, si es el caso, ser bien recibidos─ «regreso a la realidad» de la verdadera condición del alma ─tras la recepción algo más «bonita»─; un regreso este a una realidad que puede ser bastante oscura ─y de ello habló Juan─.
Puedes hablar de cómo, en todos estos afanes, dislates, imprecisiones, etc., estaría en parte subyaciendo el «tema ancestral» de cierto orgulloso «querer suplantar las leyes de Dios», las leyes naturales; o sea, la objetividad que regiría todos los planos (y de contravenir o suplantar leyes… o crear las nuestras propias… con más o menos soberbia prometeica):
el plano «más causal», del alma; y los planos que esta tiene así como por debajo: representados de cierto modo por las zonas del mundo espiritual y del mundo físico, respectivamente vividas con sendos cuerpos.
Un tema de aciagas consecuencias sería al parecer el de la creencia en la condenación y, peor aún, la condición eterna: si las almas aún tienen ciertas creencias sobre posibilidad de irremisible condena, entonces, al encontrarse con ese muro naturalmente creado entre ellas y su futuro mejor (que es impepinable como tal mejoría), pueden automachacarse más de la cuenta. Eso, además, en esa desesperación, crearía o contribuye a crear mucho del caos terrestre, en cuanto que muchas al mas al parecer en su desesperación se ven como compelidas a volver a sus apegos terrenales, como única y adictiva alternativa a su progreso «imposibilitado» por sus creencias falsas y la demostración interpretada de ellas: este muro ha de ser la condena eterna o algo similar, como por ejemplo, el hecho de que me tengo que esperar años y siglos para que venga alguien a salvarme, venga el dia del juicio final y entonces todo se decante para un lado u otro, en este purgatorio o infierno en que estoy, etc.
También la mera creencia en la condena (en vez de las consecuencias y la observabilidad de nuestra condición álmica, es decir, nuestros verdaderos deseos y fe corrupta; dicha observación realista sería un beneficio, no una condena, por mucho que comporte sentir cosas desagraables, pues así, sabiendo cómo estamos y sintiéndolo, podemos solucionarlo, y solucionarlo es o empieza por simplemente estar dispuestos al arrepentimiento, al perdón, etc., para lo cual se requiere básicamente disponerse a sentir humildemente las heridas emocionales, para así volvernos «ayudables» ─para realmente desear algo nuevo y mejor, de verdad, honestamente─.
En la parte última del mensaje vemos un «aviso a navegantes»: hay una ley que de cierto modo obliga, o contrae como existencia sancionada por Dios mismo (la existencia de esa ley, esa «verdad en torno a los hechos» y que rige estos), la sanción por pecado de omisión:
si esa ley que «obliga/compele/impele» a ayudar a aquel un poco menos favorecido es contravenida por nosotros, sufrimos automáticamente una compensación negativa en el nivel del alma (que podemos amortiguar o no debido a nuestras adicciones en los planos más mental-materiales de nuestros cuerpos físico y espiritual), tanto aquí en la tierra como después tras la muerte. Es una ley «elevada» en cuanto que rige las cosas del alma, la cual dijimos que corresponde a un «plano» intrínsecamente causal; y aquí, traducido a aquel lenguaje, quizá hablamos de la causa formal y/o eficiente, la real; no meramente la horizontal-material, digamos. (Todo ello regido en último término por la causa final de «conocer el amor» (camino meramente natural, desarrollo de lo ya intrínseco en el alma creada), e incluso conocer el amor de Dios, conocer a Dios personalmente (camino superior, en cuanto que es transformar el alma en dicho amor para pasar de la condición meramente creada a imagen de Dios a ser de la misma sustancia de Dios).
NOTA 2 (Elaborada por IA Gemini ─mínimamente retocada─)
Esta adición permite articular una crítica epistemológica muy sólida a la dispersión doctrinal del esoterismo y el espiritismo, contrastándola directamente con la arquitectura cósmica que expone la revelación que nos ocupa.
Aquí tienes el panorama complementario estructurado para integrar en la nota contextual.
Anexo Doctrinal: Dispersión Esotérica vs. Simplicidad Estructural del Alma y las Esferas
Al analizar la vasta literatura del espiritismo clásico, la teosofía, la cábala y el ocultismo, se observa un fenómeno recurrente: una hipertrofia conceptual que sustituye la realidad simple y objetiva de la Creación por mapas mentales laberínticos, fragmentados y a menudo acríticos.
1. La ilusión de la reencarnación y la proliferación de capas
Gran parte de las corrientes espiritistas e hindustánicas postulan la reencarnación como el motor fundamental del progreso. Desde esta perspectiva revelada, la reencarnación se revela como una asunción falsa que nace de una interpretación errónea del viaje del alma:
─ Fragmentación en «cuerpos» y «partes del alma»: Al no comprender la permanencia e indivisibilidad del alma dentro de su cuerpo espiritual único, el esoterismo (como la Cábala con sus divisiones Nefesh, Ruach, Neshamah, o la Teosofía con sus siete cuerpos: físico, etérico, astral, mental, causal, etc.) tiende a inventar múltiples capas desmontables.
─ Caos de terminología: Esta «fábrica de vehículos» crea una confusión donde el simple hecho de poseer un cuerpo espiritual (o astral/fluídico) como envoltura del alma se complica con una anatomía sutil caótica y difícil de verificar, alimentando la fascinación intelectual más que la transformación real del corazón.
2. El laberinto de dimensiones y esferas
Existe en la cultura esotérica una fascinación por multiplicar las «dimensiones», «planos astrales», «subplanos» y «niveles de densidad» de manera contradictoria. Cada escuela o médium aporta su propio esquema numérico sin un criterio unificado, mezclando propiedades del cuerpo, vibraciones de la mente y geografías espirituales.
Frente a este caos de interpretaciones, la arquitectura objetiva de la Creación se resume en dos grandes etapas:
A. Las 6 Esferas Naturales (Progreso Humano Puro)
─ Apertura desde el origen: Estas esferas (junto con el plano terrenal) siempre han estado abiertas desde el principio de la historia humana.
─ El amor natural: En estas 6 esferas no se requiere la recepción del Amor Divino para habitar o progresar en ellas. El alma progresa purificando su amor natural (aquel con el que fue creada a imagen de Dios) hasta alcanzar la perfección de la condición humana primordial (la esfera 6 representa el estado del ser humano perfecto antes de la caída).
─ El límite del amor natural: La sexta esfera representa el techo infranqueable del desarrollo exclusivamente humano, moral e intelectual.
B. Las Esferas Celestiales (El Reino del Amor Divino)
Por encima de la sexta esfera se despliega el Reino Celestial, el cual exige la transformación del alma mediante la infusión activa del Amor Divino (la Sustancia del Padre).
3. ¿Por qué las tradiciones antiguas y modernas ignoran las Esferas Celestiales?
El desconocimiento o rechazo de este Reino Superior por encima de la sexta esfera se explica por razones históricas y psicológicas de fondo:
1. Imposibilidad histórica (Tradiciones antiguas):
En las tradiciones espirituales de la antigüedad (el Antiguo Testamento, el hinduismo primario, el hermetismo), la posibilidad de recibir la Sustancia Divina y renacer espiritualmente para acceder a las Esferas Celestiales aún no estaba disponible en la Tierra. Por lo tanto, no podían enseñar sobre un Reino cuya puerta no se había abierto. Si se vislumbraba algo, era solo en forma de profecía o promesa velada.
2. Ceguera de los «gobernantes espirituales» (Tradiciones modernas y reformadas):
Muchos de los espíritus que guían, dictan o dirigen las grandes corrientes esotéricas, teosóficas y espiritistas del mundo físico y de las primeras esferas tampoco han recibido este conocimiento. O, si lo han escuchado, lo califican de falso.
─ El orgullo del logro natural: Espíritus que han alcanzado la máxima pureza del amor natural, en la esfera 6, poseen una luz, sabiduría y belleza tan fascinantes que creen erróneamente haber llegado a la cima de la Creación o a la «unión con el Todo».
─ Perpetuación de la soberbia: Al haber cultivado un desarrollo fuertemente intelectual o ético sin dar aquel paso en que el alma puede recibir «la gracia» del Amor Divino, estos espíritus retienen cierto «orgullo esencial» que la humanidad incuba desde la caída, el aferramiento a la «independencia personal con respecto a Dios». Rechazan la existencia del Reino Celestial porque aceptarlo implicaría reconocer que su propio logro, por sublime que parezca en la esfera 6, en realidad no provocó más que la vuelta al estado creado originalmente. Así, no creen necesitar ser transformados desde fuera por la Fuente Divina para alcanzar lo que sería una «verdadera eternidad», la verdadera naturaleza inmortal y divina.
Resumen del Contraste
─ Respecto al paso por la Tierra: En el esoterismo y el espiritismo clásico se postula una reencarnación repetida a través de múltiples vidas y cuerpos; mientras que en la revelación que estamos examinando, el tránsito terrenal es único: hay un solo cuerpo físico, una sola muerte y la posterior continuación del desarrollo exclusivamente dentro del cuerpo espiritual.
─ En cuanto a la anatomía sutil: Frente a la proliferación teosófica de capas y vehículos (cuerpos etérico, astral, mental, causal, etc.), esta enseñanza simplifica y precisa la estructura en solo dos realidades (para el mundo espiritual): el alma (como la entidad causal y a su modo indivisible) y el cuerpo espiritual (como su envoltura sutil única).
─ Sobre la geografía del mundo espiritual: El esoterismo suele presentar un mapa caótico e infinito de dimensiones, planos astrales y subplanos superpuestos sin un criterio claro; en contraste, el modelo revelado establece una arquitectura definida con 6 Esferas Naturales (dedicadas a la purificación y perfección del amor natural) y las Esferas Celestiales (accesibles solo mediante la transformación por el Amor Divino).
─ En lo relativo a la meta final del ser humano: Las corrientes orientales u ocultistas buscan la iluminación mental, la liberación del karma o una fusión panteísta con el «Todo» que diluye la individualidad; por el contrario, la revelación señala como destino supremo la transformación sustancia del alma, la cual preserva la personalidad individual mientras pasa de la condición de simple creatura a la de poseedora de la misma Naturaleza de Dios.
Mi petición para la Nota 2
Ya que visitamos este tema, quizá podrías complementar la nota ya con un cierto panorama, en la medida en que se pueda hacer no muy largo… sobre las creencias espiritistas (también las esotéricas: cábala, etc.) en función de creencias clave que para nosotros en este contexto supondremos como falsas:
─ la reencarnación;
─ creencias que en su imprecisión, no en su «falsedad completa», quizá tienden a crear «proliferación de capas y cuerpos o partes del alma»,
─ y lo mismo sobre dimensiones o esferas: quizá relatos imprecisos, contradictorios, etc.
─ Hay quizá en general una mezcla caótica de todo ello (¿mezclando temas: cuerpo, dimensiones?); y es quizá a menudo todo muy acríticamente presentado, sin criterio… según la corriente, o liosamente… con respecto a por ejemplo la cantidad o carácter de las dimensiones o esferas, donde el alma está destinada a vivir y progresar
─ Creencia verdadera a tener en cuenta:
para nosotros, son 6 dimensiones o esferas donde no hace falta el amor de Dios para estar en ellas; y en las que se puede progresar en el amor meramente a la manera natural ─ y que siempre estuvieron abiertas, desde el principio de la historia humana─.
De las esferas que existirían, por encima de esas 6, en muchas tradiciones no se podría hablar, o bien, no se podría hablar claramente sino si acaso como «promesa», porque no existían (si son tradiciones viejas); y si son tradiciones nuevas o «reformadas», muchos de tales cuerpos de creencias no las tendrían en cuenta porque los espíritus que «gobiernan» o «quieren gobernar» las espiritualidades, las sabidurías, las religiosidades, etc., del mundo terrenal y del espiritual, no habrían recibido ese conocimiento, o, si lo han recibido, quizá lo tienen por falso; o bien, si lo recibieron como creencia posible, pueden tenerlo como verdadero pero rechazarlo al no querer soltar su tipo de evolución o desarrollo espiritual (el ya conseguido, con el tope de la esfera 6), por los motivos de siempre: formas de mantener cierto orgullo, prepotencia, etc., que incubamos desde la tierra y desde la caída.
Versión en inglés
What Does the Spirit of Man Do When it Leaves the Physical Body for Eternity? (St. John – Apostle of Jesus) (29 May 1916)
I AM HERE. John.
I come to-night to tell you a vital truth, which I know you will be interested in.
The question has often been asked: «What does the spirit of man do when it leaves the physical body for eternity?»
Many spirits, I know, have written you about this matter and some of them have described their personal experiences, yet in all the information that you have received there are some facts that have not been referred to, and I will in a brief way describe them.
When the spirit leaves the body, there is a breaking of the silver cord, as it is called, and thereby all connection between the spirit and the body is severed for all eternity – never again can that spirit enter that body, and neither can any other spirit, although, I know, it is claimed by some spiritualists that another spirit may inhabit the cast-off body. But this is all wrong, for no spirit ever enters the body which has once been the home of another spirit, and, hence, claims made by some of the wise men of the East that such a thing can be, have no foundation in fact.
When the silver cord is once severed, no power that is known to the spirit world, or among spirits of the highest sphere, can again resuscitate that body and cause the manifestation of life, and, hence, in the miracles mentioned in the Bible, where it is said that the dead were brought to life, it must be understood that this tie between the spirit and the body was never broken.
In those ancient days, as now, there were persons who had the appearance of being dead, and so far as human knowledge was concerned were dead, but who were really in a state of what may be called suspended animation. No signs of life appearing, to the consciousness of men, death was thought to have taken place. Yet in no case where the supposed dead were raised to life, had the mortal really died.
As Lazarus has already told you, when Jesus commanded him to come forth, he had not died, and so of all the other supposed dead who were called to life.
When this tie has been once severed, there are certain chemical laws affecting the physical body, and certain spiritual laws affecting the spirit, which absolutely render it impossible for the spirit to again enter the body; and as you have been informed, we all, mortals and spirits and angels as well, are governed by laws which have no exceptions, and never vary in their workings.
So I say, when once the spirit and body separate, it is for all eternity, and the spirit then becomes of itself, a thing apart, controlled entirely and exclusively by laws governing the spirit body.
With the spirit’s entry into the spirit world, comes the soul, still enclosed in that spirit body, and to an extent controlled by that body, which latter is also, in certain particulars controlled by the soul.
The spirit body has not, of itself, the power to determine its own location or destiny, as regards place, for the law of attraction which operates in this particular, operates upon the soul, and the condition of the soul determines the location of itself, and as the spirit body is the covering of the soul, it must go where this law of attraction decrees the soul shall abide.
While the mind and the mental faculties and the senses have their seat in the spirit body, yet the law that I speak of does not operate upon these faculties, as is apparent to every spirit which he knows from observation, as well as from experience, that the combined power of all these faculties cannot move a spirit body one step in the way of progress, unless such faculties have, in their influence upon the soul, caused its condition to change; and in the matter of mere mental or moral advancement this can be done.
So, I repeat, the condition of the soul determines the locality as well as the appearance of the spirit body, and this law of attraction is so exact, that in its operations, there is no opportunity for chance to interpose, and place the spirit body in a location which is not its, by reason of the operation of this law.
So that when the spirit body enters the spirit world it must go to and occupy the place which its enclosed soul condition determines that it shall occupy. No interposition of spirit friends or love of parent or husband or child can prevent this destiny, although for a time, until the soul has really had an awakening as to its condition of severance from the mortal life, these relations or friends may retain the spirit body near the place of its entrance into the spirit life, even though that place be one of more beautiful surroundings and happiness than the one to which it is destined. But this situation does not last long, for the law works, and as the soul comes into full consciousness, it hears the call and must obey.
And thus you see, friends and loved ones in spirit life meet with love and kindness and consolation, the newly arrived spirit, but the parting must come, and every soul must find its home according as its own qualities have determined. And yet the consolation mentioned is a real one, for in many instances, if it were not so, the lonely spirit would experience fear and bewilderment and all the unspeakable sensations of being deserted.
Then there comes a time, when every soul must stand alone, and in its weakness or strength realize that no other soul can bear its sorrow or take from its burdens or enter into its sufferings, And thus is realized the saying that each soul is its own keeper and alone responsible for its own condition.
Of course in many cases the loving friends may visit that soul in its place of existence and offer consolation and help and encouragement and instruction, but in some cases this cannot be, for as this soul is then laid bare to itself, all its deformities, and sins and evil qualities come before it, and thus throws around it a wall, as it were, that prevents the good friends and loving ones from appearing to it.
And thus again comes into operation the great law of attraction for while these more elevated friends, cannot come to that soul, yet other spirits of like souls and qualities may become its associates, and render such assistance as the blind can lead the blind in their movings about.
And I wish here to say, notwithstanding what some of you spiritualistic teachers have said, for the soul has its location as well as its condition.
The above condition that I have described is the destiny of some souls shortly after becoming spirits, and it is a deplorable one, and you may think that such souls are deserted by the loving influences of God’s ministering spirits, and left all alone in the dreary places of their habitations. But such is not the case, for while they are deprived of the presence, to them, of the higher spirits, yet the influences of love and compassion are flowing from these spirits, and at sometime will be felt by the lonely ones, and as these influences are felt the poor souls commences to have an awakening which gradually causes the wall of their seclusion to disappear until at sometime, the higher spirits find that they can manifest their presence to these unfortunate ones.
And, besides, this, every spirit, no matter how fallen, has a work to do, even though it may appear insignificant, and among these spirits of similar conditions same are a little more progressed than others, and by reason of a law which causes the more progressed to help the lesser, the latter are frequently helped from their low estate.
Now what I have last written applies of course to the spirits who are wicked and vile and without any soul development in the way of goodness, but a similar principle enters into the conditions of all the spirits in the earth plane, although the higher they are in that plane the greater opportunities they have for receiving help and progressing.
Of these latter, and the operation of the mental thoughts and moral qualities upon the condition and progress of the soul, I will write you later.
I have written enough for to-night, and leaving you my love and blessings, I will say good-night.
Your brother in Christ,
JOHN.