1/11:32-34) 11. La expiación vicaria (Sócrates y Platón escriben) | El verdadero evangelio – Revelado de nuevo por Jesús | Vol. 1. / 11:32-34

[Últ. act.: 26 julio 2026]

Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español (con notas al final)
─ Versión en inglés 

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Introducción

─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
La lectura de estos mensajes dura en el audio hasta el minuto 17:20, y luego hay comentarios. Esta vez quizá podemos decir que los mensajes no tienen relación directa con este tema 11, que agrupa mensajes muy variados.

Son mensajes de Sócrates y su discípulo, Platón (y una confirmación de Helen). Se trata muy brevemente por ejemplo del tema del progreso de Sócrates en el mundo espiritual, con algunos de los hallazgos y encuentros y que tiene allí.

A continuación, pues, vamos a ver parte del apartado:

11) La expiación vicaria

Se trata de los tres siguientes mensajes contenidos en este apartado.

El tema principal en el apartado es «la expiación vicaria», ya que es una creencia o dogma muy dañino.

Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:

unplandivino.net/padgett/

Forma parte de un libro que es el primer volumen de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, Jesús de Nazaret.

Estos volúmenes fueron preparados o compartidos así por Divine Truth entre otras personas.

El primer volumen incluye los siguientes temas y apartados (los 11 temas numerados sirven para organizar temáticamente los mensajes):

a) ─ Retrato de James E. Padgett
b) ─ Mi testimonio (por Leslie R. Stone)
c) ─ Foto espiritual de Mary Kennedy con su alma gemela, el Dr. Stone.

           d) ─ La verdadera misión de Jesús

I. Jesús y su relación con Dios.
II. Dios y el alma humana.
III. El problema del pecado.
IV. Redención del pecado.

─ 1. Los mensajes
─ 2. Ámbitos celestiales
La oración
─ 3. Inmortalidad
─ 4. ¿Quién y qué es Dios?
─ 5. Espíritu Santo
─ 6. Resurrección
─ 7. El alma
─ 8. Perdón
─ 9. Expiación
─ 10. Infierno
─ 11. Expiación vicaria [estamos aquí: Vemos los tres siguientes mensajes en este apartado 11]
e) ─ Mensajes adicionales

Versión en español (con notas al final)
11. La expiación vicaria (cont.)

Escribe su experiencia en su progreso (Sócrates, el filósofo griego) (8 julio 1915)

Estoy aquí, Sócrates, el griego.

Supe que habías pensado en mí y me sentí atraído por tu pensamiento.

Si un espíritu así está en sintonía contigo o tiene una cualidad álmica similar, esa condición álmica es un gran medio de atracción.

He estado contigo antes, y existe una vinculación que surge de tus cualidades álmicas. Ahora, al igual que tú, creo en la doctrina cristiana de la inmortalidad del alma y en las enseñanzas de Jesús sobre la manera de obtener el Amor Divino del Padre; y, por lo tanto, nuestras cualidades álmicas son similares.

Ahora soy seguidor del Maestro y creo en su misión divina en la tierra, aunque él aún no había venido a la tierra cuando yo viví. Tras convertirme en espíritu, confirmé mi creencia en la continuidad de la vida después de la muerte, y viví en el mundo espiritual durante muchísimos años después de la venida de Jesús antes de aprender y creer en su verdad más amplia de la inmortalidad.

Por supuesto, cuando yo enseñaba, solo tenía una esperanza ─que era casi una certeza─ de que continuaría viviendo por toda la eternidad; sin embargo, no tenía otro fundamento para esa creencia que las deducciones de mi capacidad de razonamiento y las observaciones del funcionamiento de la naturaleza.

Había oído hablar de las visitas de los espíritus de los difuntos, aunque nunca había tenido experiencias personales en ese sentido; pero creí sin reservas que era cierto.

Mi convicción de la verdad de una continuidad futura era tan firme que equivalía a una certeza; por eso, cuando morí, consolé a Platón y a mis demás amigos y discípulos diciéndoles que no debían decir que Sócrates morirá, sino más bien que su cuerpo morirá; su alma vivirá para siempre en los Campos Elíseos. Me creyeron, y Platón posteriormente amplió mi creencia.

Y Sócrates no murió, sino que tan pronto como el aliento abandonó su cuerpo ─lo cual no fue muy doloroso, a pesar de que la cicuta fatal hizo su trabajo con seguridad y rapidez─, entró en el mundo espiritual como una entidad viviente, lleno de la felicidad que le proporcionó la confirmación de sus creencias.

Mi entrada al mundo espiritual no fue oscura, sino llena de luz y felicidad, pues me recibieron algunos de mis discípulos que habían fallecido antes que yo y que habían progresado mucho en el desarrollo intelectual. En ese momento pensé que mi lugar de recepción era el cielo de los espíritus buenos, pues allí había buenos espíritus para recibirme y llevarme a mi hogar. Entonces estuve en posesión de lo que pensaba que era el hogar de los bienaventurados; y allí permanecí durante muchos años, disfrutando del intercambio de mentes y de los banquetes de la razón.

Y, a medida que continué viviendo, progresé, hasta que al fin entré en la esfera intelectual más alta y me convertí en un espíritu hermoso y brillante ─según me dijeron─, y enseñé las cosas de una mente desarrollada.

Conocí a muchas mentes de gran poder de pensamiento y belleza, y mi felicidad sobrepasó mi comprensión de cuando estuve en la tierra. Muchos de mis viejos amigos y discípulos vinieron, y nuestros reencuentros siempre fueron alegres: vino Platón, y Catón, y otros.

Y los siglos transcurrieron, y continué con mi vida de gozo e interés intelectual, junto a muchos espíritus desarrollados en sus mentes y facultades de pensamiento, hasta que nuestra existencia se convirtió en un continuo festín de intercambio de pensamientos brillantes y trascendentales.

Recorrí sin limitaciones las esferas, en busca de conocimiento e información; y hallé los principios de muchas leyes del mundo espiritual.

En muchas esferas encontré espíritus que decían ser los antiguos profetas y maestros hebreos; ellos aún enseñaban acerca de su Dios hebreo, quien, según afirmaban, era el único Dios del universo y había hecho de su nación su pueblo favorito. Sin embargo, no descubrí que fueran muy diferentes del resto de nosotros ─me refiero a lo que ellos llamaban los espíritus de las naciones paganas─. No eran superiores a nosotros en intelecto, no vivían en esferas más altas que las nuestras y no pude percibir que su moralidad fuera más elevada que la nuestra.

Pero insistían en que eran el pueblo favorito de Dios y que, a su propio juicio, eran superiores al resto de nosotros y vivían en una comunidad completamente propia. Yo no sabía exactamente cuáles eran las condiciones de sus almas; sin embargo, al observar que la condición del alma determina la apariencia del espíritu, no percibí que sus apariencias fueran más hermosas o divinas que las nuestras, y concluí que su Dios no era mejor ni más grande que el nuestro.

Nadie a quien pudiera encontrar había visto a ningún Dios, y yo tampoco; así que quién o qué era Dios se convirtió en mera especulación, y preferí tener al Dios de mi propia concepción antes que al que ellos afirmaban tener.

Durante largos años mi vida transcurrió de esta manera, hasta que, en mis vagabundeos, descubrí que había una esfera en la que no podía entrar; entonces comencé a indagar y me dijeron que era una de las Esferas del Alma, donde el gran gobernante o Maestro era un espíritu llamado Jesús, quien, desde mi llegada al mundo espiritual, había establecido un Nuevo Reino y era el hijo elegido de Dios, en Quien vivía y tenía su ser; y que solo quienes habían recibido el Amor Divino de este Dios podían entrar en dicha esfera o convertirse en sus habitantes. Entonces busqué más información y, al continuar mi búsqueda, descubrí que este Amor había sido otorgado a los hombres y espíritus en el momento del nacimiento de Jesús en la tierra, y que estaba a libre disposición de todos los que lo buscaran de la manera que él enseñó. Que él era el hijo más grande y verdadero de este Dios, y que de ninguna otra manera que la mostrada por este hijo se podía obtener este Amor ni acceder a las Esferas del Alma.

Después reflexioné sobre esta nueva revelación y dejé pasar muchos años antes de convencerme de que podría aprender algo y beneficiarme buscando este camino y este Amor; y, tras un tiempo, comencé a buscar. Pero has de saber que yo, y espíritus como yo, quienes vivíamos en las esferas donde la mente proporcionaba nuestras ocupaciones y goces, no podíamos entrar en lo que se llamaba esta Esfera del Alma; sin embargo, los habitantes de esa Esfera del Alma sí podían entrar en la nuestra (Nota: Los espíritus en esta esfera han desarrollado sus amores naturales hasta un estado puro, pero no poseen el Amor Divino, necesario para acceder a las esferas del alma en los Ámbitos Celestiales), sin impedimento ni obstáculo alguno.

Y a veces me encontraba y conversaba con algunos de esos habitantes; en una ocasión conocí a uno llamado Juan (Nota: San Juan, Apóstol de Jesús), que era un espíritu bellísimo y luminoso. En nuestra conversación me habló de este Amor Divino de su Dios, así como del Gran Amor y la misión de Jesús; y me mostró algunas de las verdades enseñadas por Jesús y el camino para obtener este Amor Divino, y me animó a buscarlo.

Para mí era extraño que no se requiriera ninguna de las cualidades intelectuales al buscar este Amor: solo los anhelos y aspiraciones de mi alma y el ejercicio de mi voluntad. Parecía tan simple, tan fácil, que comencé a dudar de que hubiera alguna realidad en lo que me decían, y dudé en seguir el consejo de este espíritu, Juan. Pero era tan amoroso y su semblante era tan maravilloso, que decidí intentarlo y comencé a orar a este Dios y a procurar ejercer la fe como me decían. Después de un tiempo, lo más sorprendente de todo para mí fue que comencé a tener sensaciones nuevas e inexplicables, y con ellas un sentimiento de felicidad que nunca antes había experimentado, lo cual me hizo pensar que debía de haber algo de verdad en lo que me decían. Y continué orando con más fervor y creyendo con mayor certeza. Seguí haciendo estos esfuerzos hasta que, por fin, llegó el gran despertar: albergaba en mí un Amor que nunca antes había existido en mi alma, y una felicidad que ninguna de mis búsquedas intelectuales jamás había podido proporcionar.

Bueno, no es necesario contarte con más detalle mi experiencia al obtener y desarrollar este Amor. Pero me colmé de él, y finalmente entré en la Esfera del Alma; y lo que vi es indescriptible.

Conocí a Jesús, y no tenía ni idea de que pudiera existir un espíritu tan glorioso, magnífico y amoroso. Era en extremo bondadoso y parecía estar muy interesado en mi bienestar y en mi progreso en las verdades que enseñaba.
¿Te resulta sorprendente que sea cristiano y su seguidor?

Posteriormente, aprendí qué es la Verdadera Inmortalidad y que soy parte de esa Inmortalidad. Veo cuán lejos se quedaron mi concepción y mi enseñanza de la inmortalidad. Solo este Amor Divino puede dar la Inmortalidad a los espíritus, y cualquier cosa menor que eso es tan solo la sombra de una esperanza, como la que yo tenía.

Ahora me encuentro en una esfera no numerada (Nota: Cuando un espíritu asciende por encima de la tercera esfera Celestial, no se utiliza ningún número para indicar la esfera en la que se encuentra), pero está en lo alto de los Ámbitos Celestiales y no muy lejos de algunas de las esferas donde viven los discípulos del Maestro. Sigo progresando, y esa es la belleza y la gloria del desarrollo del alma ─donde no hay límites─, mientras que mi desarrollo intelectual sí los tenía.

Debo detenerme ya, pues he escrito más de lo debido. Pero me acercaré a ti en un futuro no lejano y te hablaré de algunas de las verdades que he aprendido.

Tu amigo y hermano,
Sócrates,
el que una vez fue filósofo griego, ahora cristiano.

Confirmación de que Sócrates escribió a través del Sr. Padgett (Helen – Sra. Padgett, espíritu celestial) (8 julio 1915)

Estoy aquí, tu fiel y amorosa Helen.

Bueno, cariño, has recibido mensajes maravillosos esta noche y deberías sentirte muy favorecido por haber recibido escritos tan maravillosos.

El mensaje de Sócrates puede haberte sorprendido, y te ha hecho maravillarte ante las verdades y la descripción que dio de su conversión.

Sin duda, eres un médium maravilloso y debes sentirte bendecido por tener a unos espíritus tan elevados escribiéndote.

Ten fe en el Maestro y sus promesas, y eso es suficiente.
Tu fiel y amorosa,
Helen

Ahora es cristiano (Platón – Discípulo de Sócrates) (11 noviembre 1915)

Permíteme ser quien te diga la verdad de lo que deseas saber.

Soy uno de los primeros grandes filósofos de la antigua Grecia, conocido como Platón. Fui discípulo de Sócrates y maestro de su filosofía, con algunas aportaciones.

Él no fue solamente un gran filósofo, sino el hombre más noble y virtuoso de su tiempo. Sus enseñanzas sobre la inmortalidad estaban entonces muy por delante de las de cualquier otro maestro, y desde entonces nadie lo ha superado en su concepción del destino del alma ni de sus cualidades, excepto el gran Maestro, quien conoció y sacó a la luz la gran verdad de la inmortalidad.

Sócrates y yo somos seguidores del Maestro y habitantes de sus Esferas Celestiales, donde solo pueden vivir quienes han recibido el Amor Divino del Padre. Así como seguí a Sócrates en la tierra, también lo seguí en el conocimiento del Nuevo Nacimiento y en la posesión del Gran Amor que nos trajo la inmortalidad.

No puedo decir mucho más esta noche, ya que estás demasiado cansado para recibir pensamientos; pero en algún momento vendré a escribirte sobre esta gran verdad y sobre lo deficiente que fue mi filosofía en sus intentos de enseñar la inmortalidad.

Veo que has recibido muchos mensajes de espíritus superiores a mí, que saben más sobre estas Verdades Divinas; sin embargo, creo que mis experiencias con respecto a las enseñanzas de este gran tema pueden hacer algún bien.

No escribiré más, sino que te daré las buenas noches.
Tu hermano en Cristo,
Platón

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NOTA (Elaborada por IA Gemini)

Nota Contextual: La Prolongación del Énfasis Terrenal y las Dinámicas de Creencia en el Mundo Espiritual

Introducción

En las revelaciones recibidas de espíritus de la antigüedad —como Sócrates y Platón— se dibuja un panorama del mundo espiritual en el que las disposiciones mentales, dogmáticas y teológicas adquiridas en la tierra no desaparecen tras el tránsito de la muerte física. Por el contrario, la continuidad de la conciencia preserva la estructura psíquica y de creencias del individuo, permitiendo la creación de comunidades espirituales altamente cohesionadas, organizadas según sus afines marcos doctrinarios.

1. El énfasis terrenal como eje ordenador e intensificador

A diferencia de cosmovisiones o tradiciones cuya meta primordial radica en la trascendencia abstracta o en la desvinculación de la experiencia histórica, la tradición judaica se ha caracterizado históricamente por una fuerte orientación hacia la vida terrenal, la historia humana, el pacto en la tierra y la manifestación concreta de la ley.

Este enfoque terrenal crea un punto de anclaje psíquico y espiritual único. En las dimensiones espirituales intermedias, dicho énfasis no se extingue por el mero hecho de no poseer un cuerpo físico; al contrario, actúa como un potente foco energético que prolonga e intensifica la relación con las esferas vinculadas a la experiencia terrenal. Esta concentración de intención y memoria colectiva explica por qué, independientemente del volumen demográfico relativo a escala global, la fuerza cohesiva de dicha tradición ejerce una influencia atípicamente intensa y focalizada en la estructura del mundo espiritual.

2. Conservadurismo doctrinario y el reflejo del «proselitismo» espiritual

El testimonio de Sócrates revela que en las «esferas naturales» (como las esferas 4ª o 6ª intelectuales) coexisten grupos cerrados de antiguos profetas y maestros que continúan enseñando las premisas de su exclusividad doctrinaria.

─ Paralelismo con el plano terrenal: Mientras que en la tierra el «proselitismo» o afán de preservación del judaísmo suele proyectarse en dinámicas comunitarias, normativas, políticas y de preservación identitaria —en contraste con el proselitismo de conversión masiva propio de las denominaciones cristianas—, en el plano espiritual este impulso se manifiesta como un afán por reconfirmar y perpetuar su modelo doctrinario.

─ El paradigma del éxodo y la falta de tierra: El trasfondo histórico de dispersión, persecución e identidad sin territorio físico actúa como un catalizador de cohesión interna. Al llegar al mundo espiritual, donde no existen las limitaciones geográficas ni físicas, el impulso de crear una «comunidad completamente propia» se manifiesta de forma pura y sin ataduras, permitiendo a sus integrantes reafirmar su marco conceptual sin interferencias externas.

3. La estructura de convicción: Templos, jerarquías y la auto-confirmación de «los elegidos»

Dado que la condición del alma y la fuerza del pensamiento moldean la realidad inmediata del plano espiritual en el que se habita, los espíritus pertenecientes a tradiciones fuertemente rituales y jerárquicas encuentran ahí el espacio ideal para erigir su propia realidad:

─ Se erigen templos, se viste ceremonialmente a las autoridades religiosas y se establecen jerarquías sacerdotales paralelas a las terrenales.

─ La manifestación de este entorno es percibida por sus propios habitantes como la «prueba» o «confirmación» definitiva de que sus creencias primigenias eran correctas y de que, en efecto, gozan de una condición de «pueblo elegido» o superioridad moral y espiritual.

─ Esta dinámica crea un bucle de auto-validación que dificulta el avance hacia verdades trascendentes, pues el espíritu confunde el confort y la luminosidad de su plano intelectual o moral con la totalidad del destino divino.

4. La noción de superioridad y sus derivaciones históricas (Sionismo cristiano y dispensacionalismo)

El sentimiento de «elegibilidad» o «superiorismo», aunque presente de distintas formas en la mayoría de las culturas y religiones humanas, alcanza una cristalización paradigmática dentro de esta corriente de pensamiento.

Esta fuerza conceptual trasciende los límites del propio judaísmo y reaparece, por herencia o derivación teológica, en diversas corrientes dentro del cristianismo terrenal (tales como el dispensacionalismo o el sionismo cristiano). Estas teologías reproducen una fijación por la primacía de un pueblo o territorio específico en los planes divinos, manteniendo a los creyentes aferrados a la dimensión histórica y terrenal en lugar de orientar la búsqueda hacia el desarrollo del alma y la recepción del Amor Divino.

5. La pluralidad del mundo espiritual y la frontera de la mente frente al alma

Las comunicaciones espirituales confirman que el mundo espiritual presenta un espectro de organización social y doctrinaria mucho más amplio y atomizado que la propia tierra:

Existen infinidad de agrupaciones: sectas, filosofías, comunidades religiosas tradicionales, colectivos agnósticos e incluso círculos de ateos (si bien estos últimos constituyen una minoría, ya que la evidencia de la continuidad de la vida conduce a la mayoría a asumir la existencia de una Causa Primera o Mente Divina).

El límite del intelecto: La inmensa mayoría de estas comunidades —ya sean intelectuales, filosóficas o religiosas tradicionales— adora y concibe a Dios exclusivamente de manera mental o abstracta. Al no conocer o no buscar el Amor Divino mediante el anhelo del alma, permanecen dentro del ámbito del desarrollo natural de la mente y la moral humana.

6. Universalización de la estructura: Identidad, inercia y la evitación del alma

Más allá de sus manifestaciones históricas y sociológicas particulares, las dinámicas observadas en estas comunidades espirituales funcionan como un reflejo amplificado y paradigmático de una patología básica que afecta a la condición humana en su conjunto: la resistencia a la transformación profunda del alma a través del apego a la identidad y a la inercia del pasado.

─ La fachada de la identidad como mecanismo de defensa: El aferramiento a narrativas de excepcionalidad, tradicionalismo rígido, superioridad moral, religiosa, política o filosófica actúa como una estructura de contención. Estas fachadas —a menudo acompañadas de componentes obsesivos o rígidos— no son sino intentos de preservar el control y evitar la verdadera «limpieza» o purificación del alma. En este sentido, la soberbia, el orgullo y la complacencia espiritual funcionan como corazas que mantienen al espíritu o al ser humano atrapado en un desarrollo lento y fuertemente condicionado.

Miedo basal y la huida hacia delante: En la raíz de esta fijación identitaria se encuentra una profunda incapacidad para enfrentar las emociones causales basales: el miedo, la vergüenza, el dolor de las heridas originarias o la culpa por las propias acciones desarmónicas. Al no atreverse a sentir de manera humilde y directa estas emociones latentes, el individuo o la comunidad emprende una «huida hacia delante». Esta evasión suele enmascararse mediante emociones concomitantes y adictivas de sustitución: la búsqueda del poder por el poder, el narcisismo, la astucia, el dominio sobre otros o la falsa certeza que otorga el sentirse «elegido», «especial» o superior.

La violencia como proyección de la cobardía: Desde una perspectiva álmica profunda, toda forma de violencia o imposición dogmática (ya sea terrenal o espiritual) constituye un acto de cobardía existencial. La violencia es la proyección hacia el exterior del terror interno no procesado; una negativa a asumir la propia vulnerabilidad y un intento vano de alterar el entorno para no tener que transformar el estado interno.

El obstáculo para el amor natural y el Amor Divino: Mientras la conciencia permanezca atascada en estas emociones defensivas y en el alimento de su propio ego, el alma permanece atada a frecuencias de desarmonía. Tanto para el desarrollo del amor natural (que exige honestidad, humildad y arrepentimiento) como para la recepción del Amor Divino, es requisito indispensable el desmontaje de estas fachadas identitarias. La verdadera liberación del alma solo comienza cuando se abandona el refugio de la certidumbre dogmática y el orgullo, y se acepta sentir con sencillez la realidad de la propia condición.

Como concluyen Sócrates y Platón tras sus propios recorridos, independientemente del nivel de luminosidad, erudición, debate filosófico o cohesión comunitaria que se alcance en las esferas espirituales altas, toda construcción intelectual o religiosa basada en la lógica humana tiene un límite; solo la transformación del alma mediante el Amor Divino permite trascender las esferas de especulación e ingresar a las Esferas Celestiales.

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Mi petición para dar pie a la anterior nota fue esta (luego la amplié ─ ver abajo ─ para dar el punto 6):

Podrías hacer una nota incorporando la información de estos últimos mensajes, para darles un contexto;

meteríamos los siguientes temas, históricamente muy importantes, por lo que se ve; y meteríamos lo que por otra parte puedas encontrar por ahí, y que dé coherencia:

─ proselitismo:
según lo que se nos dice aquí, habría una similitud y un reflejo terrenal en cuanto al rasgo proselitista en el mundo espiritual:

o sea, tenemos eso que, para bien y para mal, existe, hoy, también, en la religión judaica, la cual mostraría cierto rasgo de afán proselitista;

este rasgo se mostraría creo que de otras maneras en el judaísmo ─más políticas, digamos─, en contraste con las formas cristianas de proselitismo ─en tantas denominaciones francamente «proselitistas»─; entonces, también esto estaría y muy agudizado en el judaísmo de las esferas espirituales, si el testimonio de Sócrates es correcto.

─ La la creencia de «ser los elegidos» se interpretaría como «confirmada» en el mundo espiritual:

en dicho mundo se puede ser muy libre, digamos; hay mucho espacio para montarse cada cual sus tinglados; vimos en algunos mensajes que se nos dice que se erigen templos, que la gente se viste muy «ceremoniosamente», que hay ceremonias elaboradas donde hay jerarquías sacerdotales, etc.

Esto, quiero decir, puede servir para multiplicar y fomentar el afán proselitista de unos espíritus que no han llegado todavía a los planos superiores de la esfera 6 ─por ejemplo que estén todavía en la esfera 4─ pero que, aun así, son y siguien siendo básicamente «Judíos», «Musulmanes», o lo que sea.

─ Al parecer, el mucho ruido que hoy hay sobre el tema judío (el tema en general víctima y proyección psicológica es nuclear ahí, claro está, pero no solo; ya que este tema es crucial para el desarrollo espiritual en general), tendría que ver con esta enorme e intensamente focalizada energía de creencia cohesiva en relación a un conjunto de viejas creencias.

Es decir, el afán conservador está ahí también: es algo que repercute a través de las dimensiones o esferas;

y el énfasis en lo terrenal es por cierto al parecer un rasgo diferencial en el judaísmo, en contraposición con otras religiones:

Este sería el punto central en la nota, el más importante a resaltar, y sobre el cual estaría bien estructurarla:

cómo el énfasis religioso (que de siempre en el judaísmo ha sido más terrenal) se prolongaría, dando una relación más intensa con el mundo espiritual, o más focalizada, etc., y ello por más que haya menos judíos en la tierra, etc.

Este punto central habría que relacionarlo con los otros, cuando fuera posible.

─ «Sentimiento de ser los elegidos y superiores»:

aunque esto está en todas partes, en casi todo grupo, y aunque sea en poca intensidad… sin embargo, la cohesión y fuerza del «proselitismo judío» (quizá dependiente no solo de las creencias que se dirigen a este tema («pueblo elegido», etc.), sino también del rasgo crucial de «éxodo», «sin tierra», etc.) sería al parecer algo paradigmático en el mundo espiritual, ya que ahí al parecer se mostraría con toda claridad y pureza.

─ Este «superiorismo» podríamos decir que es un deje en parte heredado del judaísmo que muchas denominaciones cristianas tendrían: aquí habría que hablar de los encontronazos que hay hoy entre dispensacionalismo, sionismo cristiano, etc.

─ Hemos visto que en otros mensajes se nos informa de que, en el mundo espiritual, hay muchos grupos, muy bien establecidos: cada cual en sus planos y muy separados unos de otros, cuando quieren estarlo;

allí habría más religiones que aquí en la tierra; e incluso más «antirreligiones», o más grupos de ateos, agnósticos, etc.; aunque, los ateos están en minoría, al parecer, pues según parece la mayoría de espíritus adora o establece alguna forma de Dios como horizonte y fuente; aunque, la mayoría, lo hará mentalmente: es decir, sin dejar que Dios participe dándoles su amor personalmente.

Ampliación de la petición

Me gustaría tener una nota a la nota: una especie de punto suplementario, el sexto; y sería sin cambiar nada en los otros.

Trataría de estos temas:

estos rasgos vistos arriba son en realidad concreciones de algo que es un problema para todo humano; así, de cierto modo, «lo judío» problematizado simboliza algo para todos (un poco en paralelo a que se han vuelto casi físicamente las «víctimas paradigmáticas», por los horribles eventos de la Alemania de casi hace un siglo):

el apego al pasado, esa inercia… y a la vez a una estructura de identidad asociada a ello… una identidad y apego que no permiten la limpieza del alma más que a un ritmo controlado o muy controlado;
y con eso se mantiene el rasgo básico o que sería quizá el más básico de la actitud que dio pie a la célebre «caída»:

orgullo o soberbia, casi en plan el Gollum del Señor de los Anillos.

Como ves, este es un tema o «una de las partes cruciales de los temas» espirituales… por excelencia, dado que, en toda espiritualidad, digamos, de tipo normal (de crecimiento o desarrollo en el amor natural, que es por defecto lo que toda espiritualidad es, incluso aunque ella hable de Dios), tenemos este mismo problema:

conservar el miedo y otras emociones desarmónicas, mediante fachadas (ya sean estas relativas a lo espiritual-religioso, lo político, lo personal-familiar);
estas son así como identidades fijadas y «fijantes», y siempre en algún grado «obsesivas» u «obsesivo compulsivas» ─si extendemos este matiz concreto de los «problemas psicológicos» casi «tematizados como patología»─.

Esto sería en general hacer una violencia a nuestra alma, en un sentido muy amplio de «violencia», pues, por el motivo que sea (epicidad, heroicidad supuesta, religiosidad supuesta, «felicidad más o menos fingida», etc.) siempre que mantenemos el miedo, la vergüenza, etc., en nuestra alma, y por tanto vivimos en esas emociones «des-sintonizadoras», siempre, creamos daño o lo prolongamos (o bien, no nos desarrollamos todo lo rápido y ágilmente que se podría).

Por ejemplo, algo a subrayar es que, en un sentido cósmico-álmico profundo, la violencia es cobardía:

la violencia en general sirve para proyectar el miedo;
es decir, ya todo el mundo tiene miedo y terror (vivimos ahí, y de ahí el miedo al cambio, etc.), y, aunque la violencia se rodee de muchas otras emociones que crean adicción según quién y según cómo… sin embargo, con ello siempre estamos de cierto modo así como huyendo, huyendo de un estado basal donde, en realidad, «proyectamos miedo al universo» (y este nos ha de deolver eso mismo de algún modo);

así, no nos atrevemos a sentir humildemente las emociones en las que ya llevamos mucho tiempo viviendo:
emociones causales, sobre aquello que nos pasó en la infancia; o emociones que rodean y fijan aquello que nos hicieron otros en general… o bien aquello que hemos hecho nosotros ya después ─malo, desarmónico, «pecados»─, y, por lo cual, «huimos hacia delante»;

no nos atrevemos a sentir y solo sentir las emociones, por miedo a lo nuevo, por miedo a «regresar» al pasado virtualmente y sentir o resentir el desastre que nos hicieron ─casi desde la estancia en el útero─ o el desastre que hicimos o logramos ─en seguida, los adolescentes por ejemplo, «la cagan»─…;

así, en ese «sistemático no atreverse», nos acomodamos por sistema a vivir en unas emociones más digamos superficiales, pero que, con más o menos perversión concomitante, pueden agrandarse mucho hasta llegar a ser muy adictivas: nos podemos volver adictos a dichas emociones concomitantes:

son las emociones y sensaciones relativas al «poder por el poder» (como pasa en muchos gobernantes hoy, que parecen solo querer figurar como sea: un ejemplo paradigmático de ese narcisismo tan denunciado hoy lo tendríamos mismamente en Trump ─pero esto no tiene relación con colores o partidos políticos─), o bien, los sentimientos concomitantes a «sentirse superiores», «poderosos físicamente», «dominantes», «ricos», «potentes», «listos», «astutos», «geniales», etc.

Versión en inglés

Writes His Experience in His Progress (Socrates – The Greek Philosopher) (8 Jul 1915)

I AM HERE. Socrates, the Greek.

I knew that you thought of me and I was attracted by your thought.

If such spirit is in rapport with you or has a similar soul quality; the soul condition is the great medium of attraction.

I have been with you before, and there is a rapport growing out of your soul qualities. I am now a believer in the Christian doctrine of the soul’s immortality, and in the teachings of Jesus as to the way to obtain the Divine Love of the Father, as you are, and, hence, our qualities of soul are similar.

I am now a follower of the Master and believe in his Divine mission on earth, although he had not come to earth when I lived. After I became a spirit I realized my belief in the continuity of life after death, and lived in the spirit world a great many years after Jesus came before I learned and believed his larger truth of immortality.

Of course, when I taught I had only a hope which was almost a certainty that I should continue to live through all eternity, but I had no other foundation for that belief than the deductions from my reasoning powers and the observations of the workings of nature.

I had heard of the visitations of the spirits of the departed, but had never had any personal experiences in that direction, but I readily believed it to be true.

My conviction of the truth of a future continuance was so strong that it amounted to a certainty, and hence when I died, I comforted Plato and my other friends and disciples, by telling them that they must not say that Socrates will die but rather that his body will die; his soul will live forever in fields Elysian. They believed me, and Plato afterwards enlarged on my belief.

And Socrates did not die, but as soon as his breath left the body, which was not very painful even though the fatal hemlock did its work sure and quickly, he went into the spirit world a living entity, full of the happiness that the realizations of his beliefs gave him.

My entrance into the spirit world was not a dark one, but full of light and happiness, for I was met by same of my disciples who had passed over before me and who had progressed very much in the intellectual development. I then thought that my place of reception was the heaven of good spirits, for there were good spirits to meet me and carry me to my home. I was then possessed of what I thought that I was in the home of the blessed; and I continued there for many years and enjoyed the exchange of minds and the feasts of reason.

And as I continued to live, I progressed, until at last, I entered the highest intellectual sphere and became a beautiful and bright spirit, so they told me, and taught the things of a mind developed.

I met many minds of great power of thought and beauty; and my happiness was beyond my conception when on earth. Many of my old friends and disciples came over and our reunions were always joyous. Plato came and Cato and others.

And the ages went by, and I continued in my life of intellectual enjoyment and profit, with many spirits developed in their minds and powers of thought, until our existence was a continuous feast of bright and momentous thoughts interchanged.

I traversed the spheres in search of knowledge and information without limitation, and found the principles of many laws of the spirit world.

I found in many spheres spirits, who said they were the old Hebrew prophets and teachers; and they were still teaching of their Hebrew God, who they claimed was the only God of the universe and who had made of their nation his favorite people; but I did not find that they were much different from the rest of us – I mean what they called the spirits of the pagan nations. They were not superior to us in intellect, and they lived in no higher spheres than we lived in, and I could not learn that their morality was any more exalted than was ours.

But they insisted that they were God’s favorite people, and were in their own estimation, superior to the rest of us and lived in a community all to themselves. I did not know just what the conditions of their souls were, but, as I observed the condition of the soul determines the appearances of the spirit, I did not perceive that their appearances were any more beautiful or godlike than were ours, and I concluded that their God was no better or greater than was ours.

No one, that I could find, had seen any God and I had not; so who or what God was became merely a matter of speculation, and I preferred to have the God of my own conception to the one that they claimed to have.

For long years my life went on in this way, until in my wanderings I found that there was a sphere I could not enter, and I commenced to make inquiries and was told that it was one of the Soul Spheres in which the great ruler or Master was a spirit called Jesus, who had, since my coming to the spirit world, established a New Kingdom, and was the chosen son of God in whom he lived and had his being; and that only those who had received the Divine Love of this God could enter this sphere or become inhabitants thereof. I then sought for more information and, continuing my search, I learned that this Love had been given to men and spirits at the time of the birth of Jesus on earth, and that it was free for all who might seek it in the way taught by him. That he was the greatest true son of this God, and that in no other way than the one shown by this son could this Love be obtained or the Soul Spheres entered.

I thereafter thought of this new revelation, and let many years go by before I became convinced that I might learn something, and become benefitted by seeking this way and this Love; and after awhile I began to seek; but you must know that I and spirits like me, who lived in the spheres where the mind furnished our pursuits and enjoyments, could not enter what was called this Soul Sphere, yet the inhabitants of that Soul Sphere could come into our sphere without let or hindrance.

And I sometimes met and conversed with some of these inhabitants; and on one occasion I met one called John, who was a most beautiful and luminous spirit, and in our conversation he told me of this Divine Love of his God, and of the Great Love and mission of Jesus, and showed me some of the truths taught by Jesus, and the way to obtain this Divine Love, and urged me to seek for it.

Strange to me, there were not any of the intellectual qualities required to be exercised in seeking for this Love – only the longings and aspirations of my soul and the exercise of my will. It seemed so simple – so easy – that I commenced to doubt whether there was any reality in what I was told, and I hesitated to follow the advice of this spirit, John. But he was so loving and his countenance was so wonderful, that I concluded to try, and I commenced to pray to this God and tried to exercise faith as I was told. After a while, most surprising of all things, to me, I commenced to have new and unaccountable sensations, and with them a feeling of happiness that I had never experienced before, which made me think that there must be some truth in what I was told. And I continued to pray the harder and believe with more surety. I continued to make these efforts, until, at last, the great awakening came that I had in me a Love that never before was in my soul, and a happiness that all my intellectual pursuits had never been able to supply.

Well, it is not necessary to tell you further in detail my experience in getting and developing this Love. But I became filled with it, and at last entered the Soul Sphere, and what I saw is beyond description.

I met Jesus, and had no conception that there could be such a glorious, magnificent and loving spirit. He was so gracious and seemed to be so much interested in my welfare and progress in the truths that he taught.

Can you wonder that I am a Christian and follower of him?

Thereafter, I learned what True Immortality is, and that I am a part of that Immortality. I see how far short my conception and teaching of immortality were. Only this Divine Love can give to spirits Immortality, and anything less is but the shadow of a hope, such as I had.

I am now in a Sphere that is not numbered; but it is high in the Celestial Heavens, and not far from some of the Spheres where the disciples of the Master live. I am still progressing, and that is the beauty and glory of the soul development – where there is no limit – while my intellectual development was limited.

I must stop now as I have written more than I should have done. But I will come to you sometime in the not distant future and tell you of some of the truths which I have learned.

Your friend and brother,
SOCRATES,
the one time Greek philosopher but now a Christian.

Confirmation that Socrates Wrote Through Mr. Padgett (Helen – Mrs. Padgett, Celestial Spirit) (8 Jul 1915)

I AM HERE. Your own true and loving Helen.

Well, sweetheart, you have had some wonderful messages to-night, and should feel that you are highly favored in having received such wonderful writings.

The message from Socrates may have been a surprise to you and caused you to wonder at the truths and description that he gave of his conversion.

You are certainly a wonderful medium, and you must consider yourself blessed in having such high spirits write to you.

Have faith in the Master and his promises and that is sufficient.
Your own true and loving
HELEN.

Is Now a Christian (Plato – Disciple of Socrates) (11 Nov 1915)

Let me be the one to tell you of the truth of what you want to know.

I am one of the first of the great philosophers of ancient Greece, and was known as Plato. I was a disciple of Socrates and a teacher of his philosophy, with additions.

He was not only a great philosopher but the nicest and best man of his time. His teachings of immortality were then far in advance of those of any teacher, and no man has since surpassed him in his conception of the soul’s destiny or its qualities, except the great Master, who knew and brought to light the great truth of immortality.

Socrates and I are both followers of the Master and inhabitants of his Heavenly Spheres where only those who have received the Divine Love of the Father can live. As I followed Socrates on earth, I so I followed him in the knowledge of the New Birth, and in the possession of the Great Love which brought to us immortality.

I cannot say much more to-night as you are too tired to receive any thoughts, but sometime I will come and write you of this great truth, and how far short my philosophy was in its attempts to teach immortality.

I see that you have received many messages from the spirits who are higher than I, and who know more about these Divine Truths but, yet, I think that my experiences in regard to the teachings of this great subject may do some good.

I will not write more, but will say good-night.
Your brother in Christ,
PLATO.