Isabel I (1533-1603) reina de Inglaterra, revela su alma llena de remordimiento y contrición

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Un mensaje anterior y muy relevante es este (en este caso dado por Jesús).
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Como vemos abajo, el título completo del mensaje dado por la reina Isabel I de Inglaterra es largo, y la expresión de «violar la ley de la compensación» resulta quizá extraña si se lee rápidamente. «Violar» puede interpretarse, de entrada, como simplemente «no hacer caso» de la existencia amorosa de esta ley, y de su propósito real.

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Isabel I, la gran reina de aquellos días, confiesa libremente las violaciones a la Ley de la compensación que cometió, y revela un alma llena de remordimiento y contrición
(mensaje via James Padgett, 12 de mayo de 1915)

Estoy aquí, la reina Isabel I de Inglaterra.

He estado aquí varias veces, pero nunca antes había tenido la oportunidad de escribirte, y ahora que lo he hecho, no me defraudes, pues tengo la esperanza de que me puedas ayudar.

Y bien, yo fui una mujer muy mala en la Tierra, puesto que ahora veo la verdadera relación entre las cosas y las obras, y estoy sufriendo por el recuerdo de todo eso.

Se me consideraba una criatura que gozaba del favor divino y que, por lo tanto, no podía hacer nada malo, y que todo lo que decía o hacía debía ser obedecido y seguido por mis súbditos y por todos los demás que vivieran dentro de mis dominios.

Viví una vida que no estaba en consonancia con las leyes de la moralidad o de Dios, tal como ahora las veo; y si te digo que, aunque fuera una mujer soltera, no obstante tenía mis amantes para gratificar mis pasiones y complacer mis caprichos, comprenderás que fui una mujer malvada, y que esas son las cosas que ahora causan mis sufrimientos y mi oscuridad.

No soy un espíritu que piense que no podía hacer nada mal por el hecho de que fuera un gobernante. En ese momento sabía que muchas de las cosas que hice estaban mal y, a consecuencia de eso, mis sufrimientos se han vuelto mucho mayores.

Muchas pobres almas han sido condenadas por mis órdenes, una condenación tanto en la Tierra como aquí. Incluso fui culpable de asesinato, ya que, aunque pudiera tener una forma legal, era asesinato de todos modos, y estoy sufriendo las penalidades por ello.

En momentos de celos y envidia mandé decapitar a algunos de mis más auténticos y mejores amigos, para luego lamentar amargamente mi acto.

Oh, os aseguro que la corona de reina no marca ninguna diferencia en cuanto a las penalidades que se deben pagar por las malas acciones. Muchos de mis humildes súbditos están ahora donde yo no puedo ir, un lugar donde encuentran felicidad y amor, tal como se me ha dicho.

Una vez amé verdadera y profundamente, pero sacrifiqué el objeto de mi amor a través del resentimiento, y a través de lo que yo, en mi rabia ciega, quise que él hiciera, y que él no quiso… y cuán amargamente lamenté el hecho y sufrí, incluso mientras estaba en la Tierra.

Sin embargo, conforme a todas mis apariencias externas yo parecía alguien insensible y sin sentimientos. Pero bien sabe Dios cómo sangraba mi corazón, y cómo mi alma estaba arrasada por el remordimiento y la tortura. Mas yo era una reina, y no tenía derecho a tener los sentimientos de un ser humano.

Amé, y el amor tuvo que ser ocultado. Él lo sabía, y murió sabiendo que el amor sollozaba mientras yo lo mataba [se refiere a un hombre «him», al que parece que también mató, aunque lo amara mucho]. A veces espero que este amor se reencuentre con el amor de la víctima, y sea uno por toda la eternidad.

Bueno, no voy a relatar la enorme cantidad de malas acciones que hice; solo diré que el número de mis actos fue proporcional a lo grande que era la oportunidad de cometer el mal sin temor al castigo.

Pero he sufrido en la oscuridad y el tormento, y el amor ha estado ausente de mí todos estos años de aflicción de mi alma. He vivido sola, ya que no veía ningún placer en lo que tenía ocupados a otros espíritus que vivían cerca de mí.

Cuando entré por primera vez en el mundo de los espíritus entré todavía como la reina que yo creí ser, y muchos de mis súbditos -que se habían convertido en espíritus y me conocían- todavía creían que yo era su reina y me adoraban como tal. Pero a medida que pasaba el tiempo vieron que, aunque estando en la Tierra yo pude haber representado algo de la creación divina, ahora, sin embargo, como espíritu, no tenían ninguna evidencia de ningún derecho divino, y yo no era mejor que ellos; así es que pronto dejaron de verme como su superior, y, tal como suele pasar -y como decís en la Tierra- se pasaron al otro extremo… y me trataron con descuido, y hasta se burlaron de mí por haber sido un fraude y un engaño en la Tierra. Pronto los odié a todos, y por eso busqué mi consuelo en el silencio y el aislamiento.

¡Qué burla es la nobleza en la Tierra, y qué nivelador es el mundo de los espíritus! A menudo he deseado que me hubieran dejado seguir como una simple campesina, en vez de hacerme la reina de una gran nación.

Ahora puedo ver que si mi vida hubiera sido la de alguien rodeado de ese aire de Dios, del aire puro y no contaminado del campo… ahora sería un espíritu mucho más feliz. Pero ya es demasiado tarde. Tal como «yo me hice mi propia cama», así, debo acostarme en ella… y no hay remedio.

Pero, sin embargo, cuando la desesperación y la oscuridad llegan a abrumarnos, todavía parece haber cierta buena Providencia, que nos da un pequeño rayo de esperanza y, aunque nos llega como un pequeño destello de sol, llega, y a veces pensamos que en el futuro, no sé cuándo, puede haber algo de alivio para nosotros.

Y así, a veces me llega ese destello de esperanza, y siento que Dios no me ha dejado totalmente desamparada.

He visto espíritus que se han vuelto más felices gracias a acudir a ti, así es que vine con esa pequeña chispa de esperanza, que me dice que podrías ayudarme, y si puedes, hazlo, por favor.

Yo era Isabel, reina de Inglaterra, y morí apenada en 1603.

Sí, haré lo que dices.

Sí, veo los hermosos espíritus.

Veo a tu madre, y dice que me llevará con ella y me mostrará el camino a la luz y la felicidad, y me querrá, tal como Dios me ama y ama a todos sus hijos.

Así es que me voy con ella, y ahora quiero decir que, como eres mi verdadero amigo y me deseas lo mejor, creo en lo que me dijiste, y quiero que pienses con bondad acerca de mí, como no muchas personas lo hacen. Entonces, con mi agradecimiento, te digo buenas noches.

(Isabel)

Author: Elizabeth I
Receiver: James E. Padgett
Location: Washington D.C.
Date: 12 May 1915
Sources: True Gospel, Vol IV, page 174