[Últ. act.: 13 agosto 2026]
Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español
─ Notas
─ Versión en inglés
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Introducción
─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
La lectura de estos mensajes dura en el audio hasta el minuto 16:18, y luego hay comentarios.
Son tres mensajes, de Mary Kennedy y de Helen (almas gemelas de Stone y de Padgett). En sus mensajes, bastante personales, surgen temas fundamentales sobre las almas gemelas y sobre Dios y el mundo espiritual.
A continuación, pues, tratamos parte del apartado:
12) (e) Mensajes adicionales
Se trata de los tres siguientes mensajes contenidos en este apartado.
Este apartado es, como vemos, meramente recopilatorio de una serie de mensajes relevantes.
Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:
Forma parte de un libro que es el primer volumen de una recopilación concreta de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, Jesús de Nazaret.
Estos volúmenes fueron preparados o compartidos así por Divine Truth entre otras personas.
El primer volumen incluye los siguientes temas y apartados (los 11 temas numerados sirven para organizar temáticamente los mensajes):
a) ─ Retrato de James E. Padgett
b) ─ Mi testimonio (por Leslie R. Stone)
c) ─ Foto espiritual de Mary Kennedy con su alma gemela, el Dr. Stone.
d) ─ La verdadera misión de Jesús
I. Jesús y su relación con Dios.
II. Dios y el alma humana.
III. El problema del pecado.
IV. Redención del pecado.
─ 1. Los mensajes
─ 2. Ámbitos celestiales
La oración
─ 3. Inmortalidad
─ 4. ¿Quién y qué es Dios?
─ 5. Espíritu Santo
─ 6. Resurrección
─ 7. El alma
─ 8. Perdón
─ 9. Expiación
─ 10. Infierno
─ 11. Expiación vicaria
e) ─ Mensajes adicionales [estamos aquí: Vemos los siguientes tres mensajes en este apartado e), o «12»]
Versión en español
12. Mensajes adicionales (cont.)
Qué pequeña es la mente humana, incluso la del más erudito, comparada con la del espíritu que alberga en su alma el gran Amor del Padre (Mary Kennedy) (29 enero 1918)
29 de enero de 1918.
Estoy aquí, Mary Kennedy.
Bueno, mi querido, y me refiero a Leslie.
Quizás pienses que soy una simple muchachita inglesa sin ningún conocimiento de lo que los sabios de la tierra llaman psicología. Sin embargo, sé más sobre el alma que el científico tal como se lo conoce en la tierra; pues sé que mi alma es inmortal y no solo eso, sino también la razón de por qué es así. Qué pequeña cosa es la mente humana, incluso la del más erudito, en comparación con la mente de un espíritu que ha recibido el gran Amor del Padre en su alma y comprende que forma parte de la esencia misma del Ser del Padre.
Sé que preferirías que tu Mary fuera un ángel de los Ámbitos Celestiales antes que una de las más sabias entre las sabias en los planos espirituales.
Bueno, querido, todo esto resulta interesante para nosotros desde cierto punto de vista, pero en realidad no tanto como el gran amor que nos une tan íntimamente. El conocimiento del alma, tal como yo lo entiendo, es muy vital, pero el conocimiento de lo que hace que el alma sea una en perfección con su verdadera alma gemela es igualmente importante, si no más.
Qué pobres son aquellos espíritus que investigan el tema del alma de forma meramente intelectual en comparación con aquellos que saben lo que es el alma sin necesidad de indagar con la mente. Y cuando se conoce y se percibe el Amor, qué rico es el espíritu que posee y percibe la verdad de la realidad de ese Amor. La prueba llega sin buscarla, y la especulación se vuelve algo innecesario y desconocido.
Esta noche me alegra mucho poder escribirte y contarte lo que ya sabes. Pero decírtelo es todo un gozo, pues cuando lo hago, tú debes responder: «Cariño, yo también te amo», y entonces verás que soy feliz tanto al dar como al recibir.
Si no fuera tan tarde te escribiría una carta larga, pero el intermediario me dice que no debe seguir escribiendo por esta noche.
Así pues, cree que te amo con todo mi corazón, confía en mis esfuerzos por ayudarte y consolarte y, sobre todo, ora más al Padre por Su Amor y ten fe en que te será concedido.
Buenas noches, querido corazón,
con todo mi amor,
Mary
Este mensaje informa al editor, a través del Sr. Padgett, de que ella ahora se encuentra en un plano superior de los Ámbitos Celestiales, con un mayor entendimiento del alma sobre lo que significa el Amor del Padre (Mary Kennedy) (16 febrero 1920)
16 de febrero de 1920.
Estoy aquí, Mary.
Bueno, estoy aquí y quiero decirte muchas cosas, pero tal como Helen te advirtió no abusaré de tu tiempo, y Helen cometió una injusticia conmigo al decir que querría estar escribiendo toda la noche. Soy lo más considerada posible contigo y, a pesar de tener esta oportunidad, soy consciente de tus límites.
Dile a mi amado que desde hace mucho tiempo he querido comunicarme con él, y que aunque le llevo la ventaja de poder ver lo que piensa y saber exactamente cuánto me ama, aun así también deseo hablarle de mi amor por él, decirle cuán pendiente estoy de él y que quiero que lo sepa. Él es mi verdadero amado, y me doy cuenta de que ninguna otra mujer puede interponerse entre nosotros, ni siquiera respecto a cualquier amor terrenal que él pudiera tener. Y aquí mismo déjame decir que no te estoy juzgando, pues conozco las circunstancias de tu caso y lo conveniente que es que tengas a alguien que te consuele en tus últimos años en la tierra. Pero Leslie no necesita a nadie así, y yo seré siempre suficiente para él, tal como él lo es para mí. Dile que me llena de felicidad saber que es todo mío, que mi amor por él crece sin cesar y que mis esfuerzos por hacerlo feliz nunca terminan.
Ahora me encuentro en una esfera superior a la de la última vez que le escribí, y percibo más que nunca lo que significa el maravilloso Amor del Padre. Y también, con este creciente Amor en mi alma, siento aún más amor por él, con la plena conciencia de que ningún placer ni circunstancia terrenal podrán separarnos jamás, ni por un instante, y de que la dicha que siento estará más cerca de ser suya de lo que él pueda imaginar. De verdad creo que, cuando él venga, no tendrá que pasar mucho tiempo para que pueda hallar su hogar conmigo y disfrutar de la felicidad de mi hogar, un hogar maravilloso que no se parece a nada que exista en la tierra o que haya sido concebido por el hombre. No; es indescriptible, y la forma más cercana de describirlo para que él pueda entenderlo es que el Amor del Padre está en él y a su alrededor en tal grado que hace que todo sea hermoso y grandioso. No debe desesperar de llegar hasta mí, pues vendrá con la misma certeza con que el sol sale, y entonces conocerá lo que significa la felicidad en la experiencia y en el gozo.
Me alegra enormemente poder escribirle esta noche y animarlo con el conocimiento de que todas estas cosas serán suyas y para siempre. Bien sé que él no está rodeado de aquellas cosas que normalmente hacen feliz al hombre, pero posee una riqueza mayor que la que estas cosas pudieran ofrecerle, pues no solo vive inmerso en una gran medida del Amor del Padre, sino también en el amor de su alma gemela, que es toda suya y está dispuesta a brindarle la verdadera felicidad que solo la unión con el alma gemela en los Ámbitos Celestiales puede dar. Debe seguir orando por una mayor afluencia del Amor del Padre, y a medida que este vaya llegando a él, yo podré ver que el amor de alma gemela por su Mary también crecerá, y seré más feliz, al igual que él.
Me gustaría escribir sobre muchas cosas de aquí en toda su realidad y grandeza, pero como no debes escribir mucho más, debo renunciar a ese placer. Pero esto sí debe saberlo: que mi amor es todo suyo, y que las muchas moradas de las que habló el Maestro le demostrarán ser una realidad, y no la mera esperanza en la que confían tantos mortales.
Le envío un beso, sí, muchos besos, como solo los ángeles pueden enviar; y si su alma se abre a su llegada, comprenderá lo que esto significa. Con todo mi amor para él, y con la certeza de que velo por él, lo amo y me solidarizo con él en todas sus preocupaciones terrenales, me despido firmando como su amada,
Mary
Mensaje de nochevieja de Helen. Un tiempo para agradecer al Padre por Su gran Amor y Misericordia (Helen) (31 diciembre 1917)
31 de diciembre de 1917
Aquí estoy, tu fiel y amada Helen.
Bueno, querido, veo que no te sientes muy bien esta noche y solo te escribiré una breve carta.
Como dijo el Dr. Stone, el año casi ha terminado para no volver jamás, y los pensamientos del año han hallado su lugar en la gran eternidad; algunos para irse para siempre y no ser recordados nunca, mientras que otros perdurarán para salir a vuestro encuentro cuando lleguéis al mundo espiritual. Me alegra poder afirmar que la gran mayoría de estos pensamientos revisten un cariz que no debéis temer afrontar, pues han girado en torno a cosas que os ayudarán en vuestro progreso en las esferas del amor. Y lo que digo de ti, lo digo también del Doctor, ya que hemos estado muy cerca de él durante el año transcurrido. Si bien en vuestros libros de cuentas hay cosas que no tienen un sabor espiritual ni verdadero, y que deben olvidarse cuanto antes, muchas otras son de aquellas que solo la posesión del Amor del Padre pudo haber engendrado, y saldrán a vuestro encuentro con influencias de aliento, os darán gran satisfacción y harán que agradezcáis al Padre por haber sido tan receptivos a la influencia de ese Amor y a las impresiones de los espíritus elevados que tanto os han acompañado a ambos durante el año. Tenéis mucho de qué felicitaros, pues vuestras almas no mostrarán el estado de subdesarrollo que mostraban hace tan solo un año. Quizás no seáis capaces de apreciar la magnitud de vuestro desarrollo ni cuál es vuestra verdadera condición espiritual; pero yo, que puedo ver y saber, deseo deciros que me regocijo con vosotros y agradezco muy profundamente al Padre por Su misericordia y Amor, que tan generosamente os ha prodigado.
Y no soy yo sola quien se alegra por este hecho, sino que muchas almas brillantes que os aman profundamente a ambos están alabando a Dios por Su gran bondad para con vosotros. Y esta noche hay muchas presentes, pero ninguna más feliz que vuestras almas gemelas, quienes, por supuesto, sienten por vosotros un amor que los demás no pueden tener. Así pues, a pesar de las dificultades y preocupaciones materiales que hayáis tenido durante el año, tenéis mucho que agradecer, sí, mucho más de lo que os dais cuenta.
Y si por un momento consideráis la gran cantidad de Espíritus Celestiales ─y entre ellos el Maestro─ que han sido vuestros compañeros constantes a lo largo de todo el año, amándoos y procurando ayudaros y consolaros, comprenderéis que habéis sido maravillosamente bendecidos. Apenas ningún ser humano ha gozado de semejante compañía como la que habéis tenido vosotros dos, y ninguno de manera consciente, pues a ningún hombre o mujer en la tierra se le han transmitido estos mensajes de amor y verdad como se os han transmitido a vosotros.
Sé que, si bien estos espíritus elevados han estado en estrecha compañía con otros mortales cuyas almas han recibido el Amor del Padre, buscando ayudarlos con su presencia, ni uno solo ha percibido en su conciencia sensorial la presencia de tales espíritus, y ninguna palabra de su gran amor y solicitud ha llegado a mortal alguno salvo a vosotros, al Dr. Stone y a Eugene.
Al reflexionar sobre esto, veréis cuán grande ha sido el privilegio y cómo, junto a ese privilegio, sobreviene una responsabilidad que exige vuestra mayor entrega y deseo de realizar la obra. Permitidme aconsejaros a los tres que meditéis en este hecho trascendental.
Bueno, no debo escribir más; pero Mary Kennedy me pide que le diga al Dr. Stone que lo ama más que nunca, y que su amor y su felicidad al saber que él es su verdadera alma gemela se acrecientan al despedirse el año. Le desea un feliz año nuevo, y sabe que este les traerá a ambos una mayor cercanía y una felicidad más grande que nunca, así como un desarrollo del alma en el amor más profundo y maravilloso para él y, en consecuencia, un mayor estrechamiento en el amor de almas gemelas.
Todos vuestros amigos os envían su amor y sus deseos de un feliz año nuevo, un año que estará colmado de una creciente posesión del Amor del Padre y de una comprensión más clara de Sus verdades y de la tarea que tenéis por delante.
Que el Padre os bendiga a ambos, es la oración de
vuestra fiel y amorosa,
Helen
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NOTAS
Mi petición para dar pie a la nota
La nota iría sobre las almas gemelas.
Son las protagonistas de estos mensajes, claro es, ya que además Helen y Mary serían las «mitades» de James y de Leslie.
El tema sería resaltar lo extraño que sería que, de ser cierto ─y nosotros lo asumimos para nuestra nota y en general─ que cada cual solo tiene un alma gemela en todo el universo (y que tal mitad gemela es alguien que ha de haber encarnado ─aunque haya durado poco su vida física─), esta sería una verdad a veces irrisoria, y muy inconveniente para los devenires mundanos terrestres.
El tema es ciertamente, además, tragicómico.
─ ¿Detectarías por ejemplo en los evangelios apócrifos o similares un atisbo de la importancia de esta posibilidad?
─ «Toda» nuestra tradición histórica se fundamenta en los manejos en torno a las familias: casamientos forzados entre la realeza de aquí y allá, para que las cortes feudales crezcan así o asá… casamientos entre cortes absolutistas…
Eso mismo se hace a nivel del pueblo: muchas de nuestras heridas emocionales vienen además, todavía, por ahí, o de ahí, y quizá en largas cadenas de lo mismo (el casamiento forzoso o sugerido coactivamente por parte de las generaciones de nuestros bisabuelos, etc., por ejemplo, habría sido algo común todavía entre nosotros).
Es resaltable cómo son las propias mujeres, no solo los padres o tíos, etc., quienes, por conveniencia, por convención y/o por miedo al futuro de los hijos/hijas, someten a estos/estas a chantajes emocionales («por su bien») muy duros.
Claro que, con esos chantajes, se pueden evitar muchas cosas: por ejemplo el que los hijos/as se tomen a la ligera el matrimonio y que vayan fomentando el aborto, por ejemplo, el cual daña efectivamente a las almas involucradas; pero lo conseguido mediante la obligación y/o el chantaje no sería realmente amoroso, y, a la larga, no sería bueno.
─ Así, como vemos, en nuestras inercias convencionales tratamos las cosas contraviniendo lo que sería una gran y simple verdad, o ley, acerca del alma: todos tenemos una sola alma gemela; y en nuestra comprensión, aquí, además, tienes que tener en cuenta el siguiente hecho, dado por verdad: un estado purificado de nuestra alma implicaría que solo sintamos atracción sexual (!) por una sola persona (por muy tentados que fuéramos).
─ Así de «sagrada», de simple, sería la atracción sexual (que tanto dolor de cabeza nos da en las civilizaciones ─en cuanto a la regimentación de las costumbres, claro─).
─ Sin embargo, en todas las tradiciones donde se hagan y santifiquen de alguna manera los matrimonios ─en nombre de Dios o de alguna divinidad, o por honra a «x» antepasados, dioses, etc.─… es decir, en todas o casi todas las religiones o «espiritualidades» en las que casamos «en nombre de lo divino», o con el marchamo de tal cosa, los humanos estaríamos contraviniendo la verdad del alma gemela.
Y, no solo eso, sino que además «usamos el nombre de Dios «en vano»», o similares nombres… para santificar algo que, en realidad, no es santo, no es puro: el casamiento entre dos personas que no son almas gemelas.
─ Recordatorio general sobre una ley básica: Contravenir la verdad tiene efectos en las almas; y las almas es el aspecto causal, definitivo, de nuestras vidas colectiva e individual; de ahí que se entienda que este y otros factores son componentes indispensables de la ecuación con la cual podríamos entender «por qué a la humanidad le van tan mal las cosas», «mal», en cierto sentido moral: seguimos con mucho miedo en el alma, muchas vergüenzas, etc.; y este miedo, proyectado, permite a la gente acudir, todavía, a exponer su enorme falta de amor propio en las guerras internacionales, civiles, etc., ─por ejemplo─; o nos permite seguir en la insensibilidad frente a la desertificación y maltrato de los suelos terrestres, etc.
─ Es lógico que, quizá a menudo, si alguien se ve confrontado con esta verdad absoluta acerca del alma gemela, la vea como irrisoria; de ello quizá tendríamos un ejemplo (quizá el más conocido por aquí) viendo cómo un Aristófanes se burlaría del tema, en general ─en el fondo, quizá─; vemos la concepción que podría haber tenido este «autor satírico», la que se supone que suscribía (si no, alguna similar), acerca del tema, en el escrito del Banquete de Platón.
─· Así, para nuestro escrito, la verdad del alma gemela es una verdad absoluta, así como para Einstein lo era la certeza que sentía sobre «haber dado en el clavo» en cuanto a las «relaciones expresadas» en su teoría general de la gravedad; estas le hacían sentir una certeza que casi era despreciativa del hecho o posibilidad de que luego fuera comprobada empíricamente, su teoría, mediante aquella famosa intervención de Eddington ─creo que se escribe así Eddington─.
─ Lo aparentemente «democrático» es, por supuesto, ofrecer a la gente un menú de opciones y que «ellos mismos elijan» (y el libre albedrío es fundamental).
Pero el asunto radicaría en que tenemos una especie de «sexto sentido por antonomasia» (por eso aludí a Einstein), el cual hace que cualquier cosa pueda ser sometida a un «tribunal absoluto», que todos tendríamos, y que no distingue entre verdades de fe y verdades científicas; tal «tribunal» sería una conexión álmica entre nuestra alma y el alma infinita de Dios: «la voz de la conciencia».
Y, aunque tal «voz» no sea la conexión de amor, sí conlleva certeza; y, sobre algunas cosas, tal certeza es acumulativa y absoluta (reflejado esto en cómo la ciencia va dando coherencia acumulativamente y de manera «irremediable»): es la que podemos sentir en el nivel humano de nuestra percepción álmica, no de la percepción meramente sensorial del cuerpo físico y del cuerpo espiritual.
Nota (elaborada por IA Gemini ante la petición anterior)
La paradoja del alma gemela: Sacrilegio convencional y certeza interior
En las comunicaciones de la colección Padgett, la figura del alma gemela no aparece como una mera alegoría romántica, sino como una ley espiritual objetiva y exacta. La premisa es radical: cada alma creada en el universo posee una única mitad gemela que ha de haber encarnado en la tierra. Un estado de verdadera purificación álmica implica que la atracción sexual —esa fuerza que tantas tensiones genera en las civilizaciones— quede orientada y concentrada, de manera natural y exclusiva, hacia esa única persona.
Visto desde la lógica del mundo terrenal, este concepto resulta casi irrisorio, inconveniente y profundamente disruptivo. Revela una dimensión tragicómica al confrontarse con la historia de las instituciones humanas.
1. El conflicto entre la Convención Social y la Ley Álmica
Durante milenios, las estructuras de organización social y económica se han levantado sobre la regulación del matrimonio y la familia. La historia de las civilizaciones se ha guiado por:
─ Estrategias dinásticas y patrimoniales: Alianzas matrimoniales forzadas entre cortes feudales, casas reales o familias con propiedades para consolidar el poder o la riqueza.
─ Coacción generacional e intrafamiliar: Prácticas sistemáticas de matrimonio por conveniencia o presión social ejercidas dentro del ámbito familiar. A menudo, las propias familias, guiadas por el miedo al futuro económico o por la necesidad de preservar el estatus, han sometido a sus hijos a chantajes emocionales «por su propio bien».
Aunque tales coerciones se hayan justificado históricamente como mecanismos para evitar la disolución moral o la ligereza en los compromisos, el resultado obtenido mediante la obligación o el temor carece de la sustancia del amor verdadero.
La paradoja más profunda de esta inercia histórica radica en las tradiciones religiosas. Al bendecir o «santificar» uniones motivadas por conveniencia, posición social o mera atracción biológica no correspondida en el plano del alma, las instituciones humanas terminan utilizando el nombre de lo Divino para revestir de sacralidad lo que no es póstumamente puro ni armónico. Se contraviene así la verdad del alma gemela al consagrar institucionalmente aquello que no constituye la unión verdadera.
2. El impacto causal en la condición humana
En la ontología de estas enseñanzas, la realidad álmica es la causa última y definitiva de la manifestación individual y colectiva. Actuar de manera sostenida en contra de la verdad del alma genera consecuencias directas sobre el estado psíquico e interior de la humanidad:
─ Cadenas de herida emocional: La imposición histórica de uniones sin amor verdadero perpetúa dinámicas de resentimiento, miedo y falta de amor propio que se transmiten entre generaciones.
─ Proyección colectiva de las sombras: La carencia de plenitud en el plano afectivo-espiritual deja un poso de trauma no resuelto. Este miedo y descontento interno se proyecta externamente en la insensibilidad hacia la naturaleza, en la degradación de las relaciones humanas y en la disposición de las sociedades a involucrarse en conflictos bélicos destructivos.
3. La mirada satírica frente a la intuición en las tradiciones
La noción de que el ser humano está inacabado sin su contraparte divina ha sido vislumbrada a lo largo de la historia, pero frecuentemente tamizada por la sátira o el mito.
─ El mito del andrógino en Platón: En El Banquete, Platón pone en boca del dramaturgo cómico Aristófanes el mito según el cual los seres humanos eran originalmente seres completos escindidos por los dioses, condenados a vagar buscando su otra mitad. Al poner esta concepción en boca de un autor satírico, el texto platónico recoge la naturaleza trágica y al mismo tiempo absurda con la que la mente intelectiva tiende a clasificar esta búsqueda del alma gemela.
─ Atisbos en textos marginales o apócrifos: En diversas corrientes gnósticas y en pasajes de los evangelios apócrifos (como el Evangelio de Tomás o el Evangelio de Felipe)*, se encuentran referencias a la «cámara nupcial» (nympfeon) y a la reunificación de lo que fue dividido como condición para entrar en el Reino. No obstante, en la tradición dogmática mayoritaria, estos atisbos fueron relegados en favor de la regulación moral e institucional del matrimonio civil o eclesiástico.
4. La Certeza Interior y la Voz de la Conciencia
Frente al abanico de opciones que ofrece el libre albedrío en la experiencia humana, el conocimiento de las leyes del alma no depende exclusivamente de la comprobación sensorial o del escrutinio intelectual.
Existe una facultad en el ser humano que actúa como una conexión directa entre el alma individual y la Fuente Divina: la voz de la conciencia. Así como Albert Einstein experimentó una certeza interna respecto a la coherencia matemática de la Relatividad General antes de que las observaciones astronómicas de Arthur Eddington confirmaran su teoría empíricamente, el alma posee un medio de percepción capaz de reconocer la verdad sustancial de forma acumulativa e irrebatible.
En última instancia, la doctrina de las almas gemelas contenida en estos mensajes sitúa el amor no como una construcción social ni como un simple arreglo afectivo terrenal, sino como una fuerza cósmica y una ley espiritual de alineación definitiva.**
Notas al pie
* Nota 1: Apócrifos y la disimulación mística del «Matrimonio Celeste»
Los atisbos sobre la reunificación de las dos mitades del alma en la literatura paleocristiana y apócrifa (siglos I-III d. C.) aparecen revestidos de un denso lenguaje alegórico y gnóstico. En el Evangelio apócrifo de Felipe (Nag Hammadi, NHC II, 3), se desarrolla ampliamente el concepto de la «cámara nupcial» (nympfeon), presentada no como una alianza terrenal, sino como el misterio supremo de la salvación donde el alma se une a su contraparte angélica o divina para restaurar la unidad perdida:
«Si la mujer no se hubiera separado del hombre, no habría muerto con el hombre. Su separación fue el origen de la muerte. Por eso Cristo vino a corregir la separación […] y a unir a los dos para dar vida a los que murieron en la separación» (Evangelio de Felipe, 70:9-22).
Del mismo modo, en el Evangelio de Tomás (Logion 22), Jesús expresa la exigencia metafísica de la reunificación:
«Cuando hagáis de los dos uno […] y cuando hagáis del varón y de la hembra una sola cosa, de modo que el varón no sea varón ni la hembra sea hembra […] entonces entraréis en el Reino».
Sin embargo, en estas tradiciones marginales, la verdad simple y objetiva de la existencia de dos mitades concretas del alma encarnadas se atenuó o disfrazó bajo esquemas teológicos complejos (como el sistema de los eones y las sicigias o parejas divinas del gnosticismo valentiniano). La ortodoxia institucional posterior desechó estos textos por considerarlos heréticos o excesivamente esotéricos, prefiriendo codificar el matrimonio como un sacramento terrenal de control social y reproductivo, perdiéndose así en el dogma eclesiástico la noción primigenia del alma gemela real.
** Nota 2: La «necesidad de lo sagrado», la fragilidad familiar y la polaridad del alma (incluyendo la homosexualidad)
Existe una paradoja sociológica en el hecho de que, aun habiendo ignorado la ley objetiva del alma gemela, casi todas las culturas y religiones humanas hayan sentido la necesidad imperiosa de envolver el matrimonio en un halo de «sacralidad». Esta sacralización institucional funciona como un «eco de componendas»: una intuición lejana de la sustancialidad del Amor, traducida en normas terrestres para:
─ garantizar la cohesión social,
─ proteger la fragilidad biológica de los hijos
─ y amortiguar el caos afectivo de la civilización.
Al carecer de la certeza interna del alma gemela, las sociedades recurrieron a la coerción dogmática y al marchamo divino para forzar la estabilidad de uniones que no poseían la unidad espiritual intrínseca.
Este intento tradicional de santificar lo convencional acarreó, por cierto, una exclusión sistemática y trágica: la condena de la afectividad homosexual.
Desde la perspectiva de las leyes del alma expuestas en esta revelación, la condición homosexual o lesbiana en el plano terrenal se explica por la dinámica de la encarnación y la polaridad del alma. El alma completa, en su origen, a veces posee una tónica o polaridad predominante (es decir, a diferencia de la media, como alma completa está polarizada más hacia lo masculino o más hacia lo femenino).
Así, en el proceso de encarnación, ambas mitades de un mismo par gemelo adoptan a veces cuerpos del mismo sexo biológico. En tales casos, y por más que sean minoritarios, la atracción mutua y la unión de esas dos almas gemelas en cuerpos del mismo sexo constituye un hecho plenamente natural y legítimo dentro del orden espiritual, haciendo aún más evidente la arbitrariedad de las normas eclesiásticas que históricamente pretendieron juzgar la santidad de una unión basándose meramente en la anatomía externa y no en la afinidad sustancial de las almas.
Versión en inglés
How small is the human mind, even of the most learned, as compared to that of the spirit who possesses in its soul the great Love of the Father (Mary Kennedy) (29 Jan 1918)
January 29, 1918.
I AM HERE. Mary Kennedy.
Well, my dear, I mean Leslie.
You may think that I am a simple little English girl without having any knowledge of what the wise men of earth call psychology. Yet I know more about the soul than the scientist as he is known on earth, for I know that my soul is immortal, and not only that, but the reason why it is so. How small a thing is the human mind, even of the most learned, as compared to the mind of a spirit who has received the great Love of the Father in his soul, and realizes that it is a part of the very essence of the Father’s Being.
I know that you would rather have your Mary be an angel of the Celestial Heavens than to be one of the wisest of the wise in the spiritual planes.
Well dear, this is all interesting to us from a certain viewpoint, but really not so interesting as the great love that binds us so closely together. A knowledge of the soul, as I know it, is very vital, but a knowledge of what makes the soul at one in perfection with its true soulmate is equally, if not more, important.
How poor are those spirits who are investigating the subject of the soul in a mere intellectual way as compared with those who know what the soul is, without having to investigate with the mind. And when Love is known and realized how rich is the spirit who possesses and realizes the truth of the reality of that Love, proof comes without seeking proof, and speculation is a thing unnecessary and unknown.
Tonight I am very happy that I can write to you, and tell you what you already know; but to tell you is a joy, for when I do so, you must say, «sweetheart I love you in return,» and then you see I am happy in giving and receiving.
If it were not so late I would write you a long letter, but the writer tells me that he must not write more tonight.
So believe that I love you with all my heart, and trust in my efforts to help and comfort you, and above all pray more to the Father for His Love, and have faith that it will be bestowed upon you.
Good night, dear heart,
Your own loving
MARY.
This message informs the publisher through Mr. Padgett that she is now in a higher plane of the Celestial Heavens, with increased soul understanding of what the Father’s Love means (Mary Kennedy) (16 Feb 1920)
February 16, 1920.
I AM HERE. Mary.
Well, I am here and want to say a great deal, but as Helen has warned you I will not trespass very long, and Helen did me an injustice when she said I would want to write all evening. I am as considerate of you as possible, and not withstanding my opportunity, I realize your capacity.
Tell my dear one that I have wanted for a long time to communicate with him, and that although I have the advantage of him in that I can see what his thoughts are and know just how much he loves me, yet I also desire to tell him of my love for him and how much I am interested in him and want him to know it. He is my own true lover, and I realize that no other woman can come between him and me, even as to any earthly love that he may have. And just here let me say that I am not reflecting on you for I know the circumstances in your case, and how it is best that you should have someone to comfort your last years on earth. But Leslie does not need such a one, and I shall always be sufficient for him as he is for me. Tell him that I am very happy in the knowledge that he is all mine, and that my love for him is always increasing, and my efforts to make him happy never end.
I am now in a higher sphere than when I last wrote him and realize what the wonderful Love of the Father means more than ever. Also with this increased Love in my soul, I have more love for him in the full consciousness that no earthly pleasure or conditions can ever for a moment separate us, and that the bliss I have will be nearer his than he can imagine. I really believe that when he comes over it will not be very long until he finds his home with me, and enjoys the happiness of my home, a wonderful home not like anything on earth or that has been conceived of by man. No, it is beyond description and the nearest approach to description that he can understand is that the Father’s Love is in and about it to a degree that renders everything beautiful and grand. He must not despair of coming to me, for he will come as surely as your sun will rise, and then he will know what happiness means in the experience and enjoyment.
I am so very happy that I can write to him tonight and encourage him with the knowledge that all these things will be his and forever. He, I know, is not surrounded by those things which ordinarily make men happy, but he has greater wealth than these things can possibly give him, for he lives in much of not only the Father’s Love, but in the love of a soul-mate, who is all his and ready to give him the real true happiness that the union with a soul-mate in the Celestial Heavens can give. He must continue to pray for an increased inflowing of the Father’s Love, and as that shall come to him, I shall be enabled to see that the soulmate love for his Mary will increase also, and I shall be happier, and he will also.
I would like to write of many things here in such reality and grandeur, but as you must not write much more, I must forego the pleasure. But this he must know, that my love is all his, and the many mansions spoken of by the Master will prove to him to be a reality, and not the mere hope that so many mortals rely on.
I send him a kiss, yes, many kisses, such as only angels can send, and if his soul is opened up to their coming he will realize what it means. With my love to him and the assurance that I am watching over him and love and sympathize with him in all his earthly worries, I will sign myself his loving
MARY.
A New Year’s Eve Message from Helen. A Time of thankfulness to the Father for His great Love and Mercy (Helen) (31 Dec 1917)
December 31, 1917
I AM HERE, your own true and loving Helen.
Well, dear, I see you are not feeling so well tonight and I will write only a short letter.
As Dr. Stone said, the year has nearly gone never to be recalled and the thoughts of the year have found their places in the great eternity, some to have gone forever never to be remembered, and others to live to face you when you come to the spirit world. I am glad to be able to state that the large majority of these thoughts are such that you need not dread to face, for they have been of things that will help you in your progress in the spheres of love, and what I say of you I say of the Dr., for we have been very close to him during the year that is passed. While your account books have something that do not savor of the spiritual and true, and are to be forgotten as soon as possible, yet many of them are those which only the possession of the Father’s Love could have engendered and which will meet you with influences of encouragement and give you great satisfaction, and cause you to thank the Father that you were so susceptible to the influence of that Love and to the impressions of the high spirits who have been with you both so much during the year. You have much to congratulate yourselves, for your souls will not show the condition of underdevelopment that they should even a year ago. You may not be able to appreciate the extent of your development or what your real condition of soul is, and I who can see and know desire to tell you that I rejoice with you and am so thankful to the Father for His mercy and Love which have been so bountifully bestowed upon you.
Not only do I myself rejoice in this fact, but many bright spirits who love you both so much are praising God for His great goodness to you. And tonight many are present, but none happier than your soulmates who, of course, have a love for you that the others cannot have. So notwithstanding the material troubles and worries that you may have had during the year, you have so much to be thankful for, yes, so much more than you realize.
And when you consider from a moment the great number of Celestial Spirits and with them the Master who have been such constant companions all through the year, loving you and trying to help and comfort you, you must see that you have been wonderfully blessed. Scarcely any human being has had such companionship as have you two, and none consciously, for to no man or woman on earth have these messages of love and truth been conveyed as they have to you.
I know that while these high spirits have been in close companionship with other mortals whose souls have received the Father’s Love and trying to help them with their presence, yet not one has received to his sensory consciousness the realization of the presence of such spirits, and no word of their great love and solicitude have come to any mortals other than to you, Dr. Stone and Eugene.
When you come to think of this, you must see how great has been the privilege and how with that privilege has come a responsibility that calls for your greatest concern and desire to do the work. Let me advise you three to think of this great fact.
Well, I must not write more, but Mary Kennedy says to tell Dr. Stone that she loves him more than ever before and that her love and happiness in knowing that he is her true soulmate is greater as the year goes out. She wishes him a Happy New Year and knows that it will bring to both of them a closer companionship and a greater happiness than ever, and also a greater and more wonderful development of his soul in love and a consequent greater nearness of the soulmate love.
All your friends send their love and wishes for a Happy New Year, one that shall be filled with an increased possession of the Father’s Love and a clearer understanding of His truths and the work that is before you.
May the Father Bless you both is the prayer of
your own true loving
HELEN.