[Últ. act.: 29 julio 2026]
Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español (con dos notas al final)
─ Versión en inglés
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Introducción
─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
La lectura de estos mensajes dura en el audio hasta el minuto 16:14, y luego hay comentarios.
Los mensajes son del célebre Lincoln y de Whitefield ─un predicador que fue famoso en su tiempo─. Vemos en ellos cosas muy relevantes y fundamentales.
También nos da pie a comentar en torno al «más grande» «milagro» que ahora estaríamos presenciando (uno de los mensajes habla un poco de «milagros», es decir, de lo que sucede cuando operan ciertas leyes superiores).
A continuación, pues, vamos a ver parte del apartado:
11) La expiación vicaria
Se trata de los siguientes dos mensajes contenidos en este apartado.
El tema principal en el apartado es «la expiación vicaria», ya que es una creencia o dogma muy dañino.
Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:
Forma parte de un libro que es el primer volumen de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, Jesús de Nazaret.
Estos volúmenes fueron preparados o compartidos así por Divine Truth entre otras personas.
El primer volumen incluye los siguientes temas y apartados (los 11 temas numerados sirven para organizar temáticamente los mensajes):
a) ─ Retrato de James E. Padgett
b) ─ Mi testimonio (por Leslie R. Stone)
c) ─ Foto espiritual de Mary Kennedy con su alma gemela, el Dr. Stone.
d) ─ La verdadera misión de Jesús
I. Jesús y su relación con Dios.
II. Dios y el alma humana.
III. El problema del pecado.
IV. Redención del pecado.
─ 1. Los mensajes
─ 2. Ámbitos celestiales
La oración
─ 3. Inmortalidad
─ 4. ¿Quién y qué es Dios?
─ 5. Espíritu Santo
─ 6. Resurrección
─ 7. El alma
─ 8. Perdón
─ 9. Expiación
─ 10. Infierno
─ 11. Expiación vicaria [estamos aquí: Vemos los dos siguientes mensajes en este apartado 11]
e) ─ Mensajes adicionales
Versión en español (con dos notas al final)
11. La expiación vicaria (cont.)
Su gran amor por Jesús. Diferencia entre sus creencias de ahora y las que tenía cuando estaba en la tierra (Abraham Lincoln – Expresidente de los Estados Unidos de América) (5 enero 1916)
Soy tu amigo en Cristo y deseo escribirte unas líneas, pero no tratarán sobre temas religiosos, pues escuché lo que dijo el Maestro, y él sabe qué es lo mejor.
Bueno, estoy en la séptima esfera (Nota: La séptima esfera es la más elevada antes de entrar en las Esferas Celestiales), soy muy feliz y disfruto de todos los deleites de un alma redimida, y estoy en camino de progreso hacia las esferas superiores, donde viven algunos de los de tu grupo. Qué hermosos deben ser sus hogares, porque, cuando vienen a las esferas inferiores, poseen tanta belleza y están tan llenos del amor del Padre, que sé que deben de vivir en hogares de una belleza trascendental, donde la felicidad es suprema.
No soy de los que conocen todo lo que hay en los cielos provisto por el Padre; pero sé lo suficiente para decir que ningún ojo humano ha visto, ni corazón alguno concebido, las maravillas que el Padre ha preparado para quienes lo aman y hacen su voluntad. En nuestra esfera, la gloria de nuestras moradas y del entorno que tenemos supera toda concepción mortal y toda capacidad que poseemos para describirlos. Vuestro lenguaje es ciertamente pobre cuando intentamos usarlo para describir nuestros hogares y nuestra felicidad.
Nunca un suspiro, ni un pensamiento manchado con el más mínimo matiz de infelicidad o descontento. Todos nuestros deseos son satisfechos, y el amor reina eternamente y sin reservas. Jamás, mientras estuve en la tierra, concebí que un hombre pudiera amar a otro como un espíritu aquí ama a su hermano espíritu. «Lo mío» y «lo tuyo» son verdaderamente «lo nuestro», y ningún espíritu es tan feliz como cuando está haciendo algo para hacer más feliz a otro espíritu; y además, el amor entre los sexos opuestos es tan puro y glorificado.
Mi hogar no está en ninguna de las ciudades, sino en el campo, entre hermosos campos y bosques donde las aguas más puras fluyen en arroyos plateados de luz viva, y las aves del paraíso, con todo su glorioso plumaje, cantan y alegran los ecos de las colinas y las rocas; pues tenemos colinas y rocas, así como llanuras, hermosos prados, lagos plácidos y cascadas resplandecientes, todos alabando a Dios por Su bondad.
¿Por qué, entonces, no intentará todo mortal alcanzar esta condición celestial de amor y felicidad, cuando le es tan fácil hacerlo? El Amor Divino aguarda a todos, y solo necesita la búsqueda y la fe para hacer del mortal un heredero de todas las glorias de este lugar celestial.
Pero la mente del hombre, en su importancia sobreañadida y en la vanidad de los maravillosos poderes de sus facultades de razonamiento, impide que la simple fe infantil lo convierta en un hijo del Reino.
Oh, os digo que, si los mortales tan solo supieran lo que aquí está preparado para que lo obtengan y lo hagan suyo, no dejarían que la supuesta grandeza de sus mentes, ni las preocupaciones, ambiciones y deseos de posesiones terrenales, les impidieran buscar esta gran y gloriosa herencia, que les pertenece con solo reclamarla de la manera dada a conocer por el Maestro.
Y él, qué puedo decir de él, el más glorioso, hermoso y amoroso de todos los espíritus del universo de Dios. Cuando yo estaba en la tierra, lo contemplaba y lo adoraba como a Dios, sentado a la diestra del Padre, allá en lo alto de los cielos, a lo lejos, esperando la llegada del gran día del juicio; cuando él separaría a las ovejas de las cabras y enviaría a cada uno a su lugar de morada eterna; y solo él sabía si al infierno o al cielo, yo no lo sabía ni podía saberlo hasta que se pronunciara el gran juicio. Sin embargo, ahora, cuando lo veo tal como es, y sé que es mi amigo y hermano mayor, un espíritu como yo, que solo tiene amor por sus hermanos menores, sean santos o pecadores, y un gran anhelo de que todos vengan y participen del banquete que el Padre ha preparado, siento que el hermano y amigo amoroso es más para mí, y mi felicidad es mayor que cuando lo contemplaba como el Dios del juicio, teniendo su morada lejos, más allá de mi visión o alcance.
Él es tan amoroso, tan puro y tan humilde. Su misma humildad nos hace a todos amarlo casi hasta la adoración, y si tan solo pudieras verlo, no te sorprendería que lo queramos tanto.
Bueno, amigo mío, he escrito un poco más de lo que pretendía, pero estoy tan lleno de amor y tan feliz de tener un amigo como el Maestro, que apenas puedo contenerme.
Volveré en algún momento y te escribiré sobre alguna verdad espiritual que tanto deseo que conozcas.
Cuando estaba en la tierra no era completamente ortodoxo, pero no logré librarme de mi temprana creencia de que Jesús era parte de la Deidad, aunque mi mente a menudo se rebelaba ante tal pensamiento; pero las primeras enseñanzas de mi madre permanecieron conmigo, y pensamientos más maduros y un mayor desarrollo mental nunca pudieron erradicar por completo esta creencia en Jesús como parte de Dios. Algunos han dicho y pensado que yo era casi un infiel, pero esto es falso, pues siempre creí firmemente en el Padre y, como os he dicho, en Jesús.
También fui, hasta cierto punto, un espiritualista; es decir, creía en la comunicación de los espíritus con los mortales, pues en numerosas ocasiones tuve tales comunicaciones y actuaba según los consejos que recibía a través de ellas. Pero nunca aprendí de ninguna de estas comunicaciones ninguna de las verdades superiores que conozco ahora, y que son tan importantes para los mortales, y que, si tan solo los hombres las conocieran y enseñaran, harían de su religión una religión viva, vigorosa, omnipresente y satisfactoria.
Todos estamos interesados en vuestro trabajo y colaboramos con vosotros en la revelación de estas grandes verdades.
Que Dios os bendiga y haga prosperar, y os haga ver las realidades del gran Amor Divino… es la oración de vuestro hermano en Cristo,
A. Lincoln
El gran maestro mundial será el Maestro que ha venido de nuevo a la tierra en la forma de sus revelaciones divinas (George Whitefield – Predicador y contemporáneo de John Wesley) (11 octubre 1917)
Permíteme escribir una o dos líneas. He estado con vosotros desde que regresasteis de la iglesia, y he escuchado vuestra conversación.
Os acompañé esta noche en la reunión de oración y escuché lo que dijo el predicador. Me interesaron especialmente sus ideas sobre la venida del gran maestro mundial, y vi que su noción sobre lo que constituye la grandeza a ese respecto surgía de su estimación de la grandeza humana.
El maestro no va a ser un gran predicador, ni un magnífico ejemplo de desarrollo físico, ni un hombre con una voz maravillosa, sino un hombre capaz de revelar al mundo las verdades del Padre sobre la relación del hombre con el Padre y el plan previsto para la redención y la reconciliación del hombre con el Padre. Es un hecho, y sé de lo que escribo, que la regeneración del alma humana se debe más a las meditaciones serenas de los mortales sobre las verdades del Padre y a los anhelos silenciosos del alma que a las emociones que surgen de los sermones fervientes y persuasivos de predicadores y evangelistas. Estos últimos pueden despertar en las almas muertas la comprensión de su necesidad de reconciliación con Dios, pero no tan a menudo estas emociones llevan al alma a la vinculación o sintonía con el Padre como sí lo hacen las meditaciones silenciosas a las que me refiero. Deben existir verdaderos anhelos y aspiraciones del alma por este Amor del Padre; y, en tales casos, estos anhelos no surgen de las emociones producidas como he mencionado, especialmente cuando dichas emociones derivan del miedo creado por la representación de un Dios airado y vengativo. No; en el silencio de la estancia del hogar, donde el mortal está, por así decirlo, a solas con Dios, y permite que sus anhelos se dirijan al Padre para la donación de Su Amor debido al amor que el mortal siente por el Padre, es cuando este Amor Divino acude como respuesta y con poder regenerador. El mortal y Dios tan solo necesitan estar a solas. La emoción o el magnetismo que el predicador pueda transmitir al mortal no crea los verdaderos anhelos ni aspiraciones; y es un error que el predicador suponga que el gran maestro del mundo deba ser un hombre con este gran magnetismo personal o con una voz capaz de hacer vibrar de emoción o entusiasmo los sentimientos del mortal. Me han dicho que Jesús, cuando estuvo en la tierra, nunca intentó crear emoción ni entusiasmo de esta manera, sino que sus enseñanzas eran como el susurro de una brisa apacible y delicada que penetra en el alma y la atrae hacia la contemplación del Amor del Padre con todo el poder de los anhelos de un alma: hambrienta y ávida.
Así que digo que la concepción que el predicador tiene de este maestro no era acertada; y, además, si bien habrá una revelación de la verdad, no habrá un maestro mundial, sino simplemente un revelador de las verdades que van a ser dadas a conocer. El Maestro mismo será el gran maestro que vendrá de nuevo a la tierra en la forma de sus revelaciones.
Ojalá yo pudiera ir y proclamar estas verdades, pero no puedo; y solo a través de la mediación de un ser humano pueden darse a conocer mis pensamientos, los cuales tampoco serán mis pensamientos, como tampoco lo serán del mortal, pues lo que intente inculcar en la mente y la consciencia de los hombres serán únicamente las verdades que he aprendido de la misma fuente de la que provendrán las Revelaciones.
Por supuesto, estas verdades tendrán que ser predicadas y enseñadas a los hombres, pero esto no lo hará ningún gran maestro, sino muchos predicadores que aprenderán la verdad a partir de lo que el Maestro dé a conocer; y nadie, por sí solo, podrá adjudicarse ser el gran maestro. Los más grandes serán aquellos que posean la mayor cantidad de Amor Divino en sus almas y el mayor conocimiento de las verdades.
También escuché al predicador decir que creería en cualquier verdad que pudiera ser confirmada por milagros, como los que se realizaron en la época de Jesús: la sanación instantánea, etc. Y bien, no debéis sorprenderos de tal demostración, pues sin duda ocurrirá. Cuando un hombre reciba en su alma la cantidad suficiente de Amor Divino, le llegará con él un poder y un conocimiento de las leyes que rigen la relación del espíritu con el organismo material que le permitirán realizar esos mismos actos que son llamados milagros; y, además, habrá quienes tendrán ese poder y lo demostrarán para confirmación de las verdades que vosotros estáis recibiendo.
Los espíritus que ahora laboran para dar a conocer estas verdades a la humanidad y persuadirla de ellas han determinado que tales supuestos milagros ocurran en confirmación de la Nueva Revelación. El Maestro es el líder del movimiento y no cejará en realizar esta gran demostración o, mejor dicho, no dejará de trabajar con este fin, y no fracasará si los agentes humanos siguen su guía.
Bueno, no debo escribir más esta noche; pero, como me interesa esta gran obra y vi que la noción del predicador acerca de este gran maestro mundial es incorrecta, consideré sensato escribiros como lo he hecho; y lo que he escrito no es el resultado de mi creencia u opinión personal, sino el resultado de lo que estos espíritus elevados han determinado que suceda; y, detrás de todo esto, está la voluntad y la ayuda del Padre, pues en Su Amor y Misericordia Él desea ver a todos los hombres convertirse en Sus verdaderos hijos y redimidos de los pecados y males de su actual condición humana.
Así que, con mi amor, y como colaborador, os doy las buenas noches y firmo:
vuestro hermano en Cristo,
George Whitefield
Comentarios sobre el mensaje de Whitefield (Helen – Sra. Padgett, Espíritu Celestial) (11 Oct 1917)
Estoy aquí, tu fiel y amorosa Helen.
Bueno, querido, veo que has tenido una velada muy feliz, y no es de extrañar, pues había muchos espíritus presentes, llenos del Amor del Padre, rodeándote con su influencia.
Whitefield también te escribió; estuvo muy sincero en lo que escribió y lo que dijo es cierto; puedes depositar la más absoluta confianza en la veracidad de lo que te transmitió.
Como él dijo, y como todos decimos, el único gran maestro del mundo será el Maestro, y sus enseñanzas se transmitirán a través de los mensajes que recibas. Tendrás una gran responsabilidad al difundir estas verdades y, así, dar a conocer al mundo no solo la verdad, sino también la identidad del Gran Maestro. No es razonable que los hombres crean que un simple mortal pueda ser un maestro como aquel al que se refirió el predicador, pues solo quien posee la verdad puede enseñarla, y nadie en todo el mundo posee esta verdad, ni la poseerá, salvo que la aprenda de las Revelaciones del Maestro.
Sé que te resulta difícil creer que esto sea posible, pero esto no es el milagro, como vosotros lo llamáis, pues se trata de la transformación del alma humana en el Alma Divina, la cual es el resultado del Poder del Espíritu Santo en sus operaciones. No; el milagro, el gran milagro, es la transformación de lo humano en lo Divino.
Buenas noches, mi querido esposo.
Tu fiel y amorosa,
Helen
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NOTAS (Elaboradas por IA Gemini)
Nota 1: La identificación de los espíritus y el trasfondo socio-religioso
Títulos de identificación, dinámicas teológicas y rivalidades históricas en los mensajes espirituales
A lo largo de las comunicaciones recibidas por James E. Padgett (1914-1923), los editores e historiadores del movimiento añadieron subtítulos explicativos a los nombres de las entidades comunicantes —tales como «Predicador y contemporáneo de John Wesley» o «Expresidente de los Estados Unidos». Esta práctica responde a factores históricos, sociales y doctrinales clave:
1. Contexto histórico e identificación para el público angloamericano
A principios del siglo XX, la cultura anglosajona poseía una profunda memoria histórica del llamado «Gran Despertar» (Great Awakening), los movimientos de avivamiento espiritual del siglo XVIII y XIX. Figuras como George Whitefield (1714–1770) y John Wesley (1703–1791) eran nombres familiares para el protestantismo. Sin embargo, para el lector profano o internacional, señalar que Whitefield era «contemporáneo de John Wesley» resultaba fundamental para situar de inmediato su filiación, época y autoridad teológica.
2. Rivalidades teológicas y rencillas históricas en vida (Whitefield vs. Wesley)
Existe un matiz histórico crucial que el lector hispano o contemporáneo suele desconocer: George Whitefield y John Wesley mantuvieron una célebre y profunda controversia teológica en el siglo XVIII.
─ Wesley era un defensor acérrimo del arminianismo (creía en la gracia preveniente* y en que el libre albedrío del hombre puede aceptar o rechazar la salvación).
─ Whitefield, por el contrario, era un ferviente calvinista (creía en la predestinación estricta y la elección divina incondicional).
Aunque eran amigos personales y colaboraron al inicio del metodismo, esta divergencia provocó rupturas públicas, debates apasionados en sermones y panfletos, y la división de sus seguidores en dos ramas opuestas.
Al identificarse Whitefield en el plano espiritual en estos mensajes, hay un trasfondo implícito de reconciliación y trascendencia doctrinales: el antiguo orador apasionado por el dogma calvinista regresa desde el mundo espiritual para declarar que ambas posturas terrenales eran incompletas, y que la verdad sobre el Amor Divino supera las disputas de su época en la tierra.
3. El fenómeno del «Maestro Mundial» a principios del siglo XX
Cuando en el texto Whitefield y Helen critican la noción del predicador sobre la venida de un «gran maestro mundial», están respondiendo a una intensa corriente sociocultural de su tiempo. A inicios del siglo XX (décadas de 1910 y 1920), movimientos teosóficos y corrientes esotéricas occidentales promovían activamente la idea de la encarnación o advenimiento inminente de un «Instructor del Mundo» (un líder físico o Mesías mesiánico-humano dotado de gran magnetismo y elocuencia).
Los mensajes recibidos por Padgett reaccionan directamente contra esta tendencia. La aclaración de Whitefield y Helen subraya que el verdadero maestro no es una figura pública carismática, un líder político ni un gran orador terrenal, sino las revelaciones espirituales mismas operando en la intimidad del alma individual a través del Amor del Padre.
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* Nota sobre la gracia preveniente:
La gracia preveniente (o precedente) es un concepto teológico que describe la presencia y acción activa de Dios en la vida de una persona antes de que esta sea consciente de ello. Es el regalo inmerecido que prepara el corazón, permitiendo que el individuo comprenda el Evangelio y responda con fe.
El término proviene del latín praevenire, que significa «venir antes» o «anticipar». A lo largo de la historia, ha sido abordado de distintas maneras por varias corrientes cristianas:
Teología Arminiana y Wesleyana: Desarrollada ampliamente por John Wesley, se entiende como una gracia universal dada a todos los seres humanos. Devuelve la capacidad de elegir a Dios, contrarrestando la inclinación humana hacia el pecado, aunque la persona aún tiene la libertad de aceptarla o rechazarla.
Tradición Reformada / Calvinista: Suele referirse a ella como un «llamamiento eficaz» donde esta gracia precedente es irresistible y garantiza la conversión del individuo.
Tradición Católica: Históricamente, teólogos como Agustín de Hipona y concilios tempranos (como el Segundo Concilio de Orange) ya afirmaban la necesidad de esta gracia divina para preparar el alma antes de la fe.
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Nota 2
El espiritualismo de Abraham Lincoln y su controversia histórica
La presencia de Abraham Lincoln en las comunicaciones de Padgett resulta profundamente coherente con los antecedentes históricos de su vida en la tierra. Su relación con el espiritualismo del siglo XIX fue un tema candente en su época, rodeado de fascinación, especulación y ataques políticos:
1. Su acercamiento al espiritualismo y las sesiones en la Casa Blanca
Durante la Guerra Civil estadounidense (1861-1865), la pérdida de su hijo Willie de 11 años sumió a Lincoln y a su esposa, Mary Todd Lincoln, en un profundo duelo. En busca de consuelo, Mary organizó diversas sesiones mediúmnicas (séances) en la Casa Blanca con mediums destacadas de la época (como Nettie Colburn Maynard y Laurie Dunlop). Múltiples testimonios históricos indican que el propio Lincoln participó en varias de estas reuniones, no solo por apoyar a su esposa, sino por un sincero interés en los consejos e intuiciones que se le transmitían en momentos críticos de la contienda militar.
2. El uso de su inclinación espiritual como arma política
En el contexto victoriano de mediados del siglo XIX, la ortodoxia protestante dominante veía el espiritualismo con gran suspicacia, tildándolo a menudo de «brujería», «herejía» o «charlatanería». Sus detractores políticos y la prensa opositora utilizaron la devoción y las experiencias mediúmnicas de los Lincoln para:
─ Cuestionar su capacidad mental: Presentarlo como un líder inestable, supersticioso o manipulado por «espíritus y mediums» en medio de una guerra sangrienta.
─ Atacar su religiosidad: Acusarlo de ser un «infiel» o un «no creyente» por no haberse afiliado formalmente a ninguna iglesia dogmática tradicional (un aspecto que el propio Lincoln aborda explícitamente en su mensaje).
3. Su perfil de creencia y la vinculación con el mensaje a Padgett
Lincoln nunca fue un cristiano ortodoxo en el sentido convencional; era un hombre de una profunda fe en la Providencia, pero de mente abierta, influido por las enseñanzas tempranas de su madre y por una permanente búsqueda de la verdad más allá de los dogmas eclesiásticos.
Por ello, cuando en su mensaje a Padgett afirma: «Tampoco fui completamente ortodoxo… Fui también, hasta cierto punto, un espiritualista», el texto refleja con una exactitud pasmosa el trasfondo histórico de su vida: un hombre que buscó la guía espiritual en tiempos de prueba, pero que solo tras desencarnar comprendió la verdadera dimensión y alcance de las Leyes del Padre y del Amor Divino.
Versión en inglés
His Great Love for Jesus. Difference in His Beliefs Now and What His Beliefs Were When on Earth (Abraham Lincoln – One Time President of the United States Of America) (5 Jan 1916)
I am your friend in Christ and desire to write a few lines, but it will not be about religious matters, for I heard what the Master said, and he knows what is best.
Well, I am in the seventh sphere and am very happy and enjoy all the delights of a soul redeemed, and am in the way of progress to the higher spheres where some of your band live. How beautiful must be their homes, because, when they come to the lower spheres, they have such beauty and are so filled with the Father’s Love that I know they must live in homes of transcendent beauty where happiness is supreme.
I am not one who knows all that there is in the heavens provided by the Father, but I know enough to say, «that no eye of man has seen and neither has his heart conceived of the wonderful things that the Father has prepared for those who love Him and do His will. In our sphere the glory of our habitations and surroundings that we have are beyond all conceptions of mortals, and beyond all the powers which we have to describe. Your language is poor indeed when we attempt to use it, to describe our homes and our happiness.
Never a sigh, nor a thought tainted with the slightest flavor of unhappiness or discontent. All our wishes are gratified, and love reigns eternally and without stint. Never, when on earth, did I conceive that one man could love another as one spirit here loves his brother spirit. The mine and thine are truly the ours, and no spirit is so happy as when he is doing something to make another spirit happier; and then, love between the opposite sexes is so pure and glorified.
My home is not in any of the cities, but is in the country, among beautiful fields and woods where the purest waters flow in silver streams of living light, and the birds of paradise in all their glorious plumage sing and make merry the echoes of the hills and rocks, for we have hills and rocks as well as plains and beautiful meadows and placid lakes and shining waterfalls, all praising God for His goodness.
So why will not every mortal try to attain to this heavenly condition of love and happiness, when it is so easy for him to do so? The Divine Love is waiting for all, and needs only the seeking and the believing in order to make the mortal an heir to all the glories of this heavenly place.
But the mind of man, in its superimposed importance and in the conceit of the wonderful powers of his reasoning faculties, keeps the simple childlike faith from making him a child of the Kingdom.
Oh, I tell you, if mortals only knew what is here ready for them to obtain and make their own, they would not let the supposed greatness of their minds, or the cares and ambitions and desires for earthly possessions keep them from seeking this great and glorious inheritance, which is theirs by merely claiming it in the way made known by the Master.
And he, what can I say of him the most glorious and beautiful and loving of all the spirits in God’s universe. When on earth I looked upon him and worshiped him as God, sitting on the right hand of the Father – way up in the high heavens, a way off waiting for the coming of the great judgment day; when he would separate the sheep from the goats and send each to his eternal place of habitation – whether to hell or heaven only he knew, and I did not and could not until the great judgment should be pronounced. But now, when I see him as he is, and know that he is my friend and elder brother, a spirit such as I am, with only love for his younger brethren, be they saints or sinners, and a great longing that all may come and partake of the feast which the Father has prepared, I feel that the loving brother and friend is more to me and my happiness is greater than when I looked upon him as the God of judgment, having his habitation away off beyond my vision or reach.
He is so loving and so pure and so humble. Why his very humility makes us all love him almost to adoration, and if you could only see him, you would not be surprised that we love him so much.
Well, my friend, I have written a little more than I intended, but I am so filled with love and so happy in having such a friend as the Master, that I can hardly restrain myself.
I will come again sometime and write you upon some spiritual truth, which I so much want you to know.
When on earth I was not an orthodox to the full extent, but my early belief that Jesus was a part of the Godhead I did not succeed in getting rid of, although my mind often rebelled at the thought; but the early teachings of my mother lingered with me, and maturer thoughts and development of mind could never entirely eradicate this belief in Jesus as being part of God. Some have said and thought that I was almost an infidel, but this is untrue, for I always believed firmly in the Father and, as I have told you, in Jesus.
I was also to some extent a spiritualist – that is I believed in the communications of spirits with mortals, as on numerous occasions I have had such communications, and have acted on advice that I received through them. But I never learned from any of these communications any of the higher truths which I now know, and which are so important for mortals to know, and which, if men only knew and taught, would make their religion a live, virile, all pervading and satisfying religion.
We are all interested in your work, and are co-workers with you in revealing these great truths.
May God bless and prosper you and cause you to see the realities of the great Divine Love, is the prayer of your brother in Christ,
A. LINCOLN.
The Great World Teacher will be the Master Again Come to Earth in the Form of His Divine Revelations (George Whitefield – Preacher and a Contemporary of John Wesley) (11 Oct 1917)
Let me write a line or two. I have been present with you since you returned from the church, and have listened to your conversation.
I was with you to-night at the prayer meeting and heard what the preacher said, and was particularly interested in his ideas about the coming of the great world teacher, and saw that his idea of what constituted greatness in this particular, arose from his estimate of human greatness.
The teacher will not be a great preacher or a magnificent specimen of physical development or a man with a wonderful voice, but a man who can reveal to the world the truths of the Father, regarding the relationship of man to the Father and the plan provided for the redemption and reconciliation of man to the Father. It is a fact, and I know whereof I write, that the regeneration of the human soul is caused more by the quiet meditations of mortals of the truths of the Father and by the silent longings of the soul than by the emotions that arise from the fervid and persuasive sermons of the preachers and evangelists. These latter may arouse the dead souls to a realization of their need of a reconciliation to God, but not so often do these emotions bring the soul into rapport or unison with the Father, as do the silent meditations of which I speak. There must be the true soul longings and aspirations for this love of the Father, and in such cases these longings do not arise from the emotions produced as I have mentioned, and especially where such emotions are the results of fear created by the picturing of an angry and revengeful God. No, in the silence of the home chamber, where the mortal is, as it were, alone with God, and lets his longings go to the Father for the bestowal of His Love, because of the love that the mortal may have for the Father, does this Divine Love come in response and regenerating power. Only the mortal and God need be alone. Excitement or the magnetism which the preacher may give to the mortal does not create the true longings or aspirations, and for the preacher to suppose that the great world teacher must be a man with this great personal magnetism or with a voice that can cause the feelings of the mortal to vibrate with emotion or excitement, is a mistake. Jesus when on earth, I am told, never tried to create emotion or excitement in this manner, but his teachings were as the still small voice that enters the soul and draws it to a contemplation of the Father’s Love in all the power of a soul’s longings – hungry and craving.
So I say, the preacher’s conception of this teacher was not a true one, and besides, while there will be s revelation of the truth, there will be no world teacher, but only a revealer of truths that will be disclosed. The Master, himself, will be the great teacher come again to earth in the form of his revelations.
I wish that I could come and proclaim these truths, but I cannot, and only through the instrumentality of a human can my thoughts be made known, and they will not be my thoughts either, any more than will they be the though of the mortal, because what I may attempt to impress upon the minds and consciousness of men will be only those truths that I have learned from the same source as will come the Revelations.
Of course these truths will have to be preached and taught to men, but this will not be done by any great teacher, but by many preachers who shall learn the truth from what the Master shall disclose; and no man of himself, will be able to claim to be the great teacher. The greatest will be those who shall have the most of the Divine Love in their souls, and the greatest knowledge of the truths.
I also heard the preacher say that he would believe in any truths that might be confirmed by miracles, such as were performed in the time of Jesus – the instantaneous healing, etc. Well, you need not be surprised of such a demonstration, for it will surely take place. When a man shall receive in his soul sufficient amount of the Divine Love, there will come with it to that man a power and knowledge of the laws governing the relation of spirit to material organism that will enable that man to perform these same acts that are called miracles; and further, there will be some who will have that power and will demonstrate the same in confirmation of the truths that you are receiving.
The spirits who are now working to make known to man and convince them of these truths, have determined that such so-called miracles shall take place in confirmation of the New Revealment. The Master is the leader in the movement and he will not cease to bring about this great demonstration or rather not cease to work to this end, and he will not fail, if the human agents will follow his leading.
Well, I must not write more to-night, but as I am interested in this great work, and saw that the preacher’s conception of this great world teacher is incorrect, I deemed it wise to write you as I have; and what I have written is not the result of my individual belief or opinion, but the result of what these high spirits have determined shall come to pass; and back of it all is the will and help of the Father, for in His Love and Mercy He desires to see all men become His true children and redeemed from the sins and evils of their present human condition.
So with my love and as a co-worker I will say good-night and subscribe myself,
Your brother in Christ,
GEORGE WHITEFIELD.
Comments on Message from Whitefield (Helen – Mrs. Padgett, Celestial Spirit) (11 Oct 1917)
I AM HERE. Your own true and loving Helen.
Well, dear, I see that have had a very happy evening and it is not to be wondered at, for there were many spirits present filled with the Love of the Father and throwing around you their influence.
Whitefield also wrote you and he was very much in earnest in what he wrote, and what he said is true and you can place the utmost confidence in the truth of what he wrote you.
As he said, we all say, the only great world teacher will be the Master, and his teachings will be through the messages that you receive. There will be a great responsibility in disseminating these truths, and thus making known to the world not only the truth but the identity of the Great Teacher. It is not reasonable for men to believe that any mere man can possibly be such a teacher as the preacher referred to, for only he who has the truth can teach the same, and no man in all the world has this truth, and will not have it, except as he may learn the same from the Revelations of the Master.
I know that it is difficult for you to believe that this can possibly be, but it is not the miracle, as you call it, for that is the transformation of the human soul into the Divine Soul, which is the result of the Power of the Holy Spirit in its operations. No, the miracle, the great miracle is the changing of the human into the Divine.
Good-night my dear husband.
Your own true and loving,
HELEN.