[Últ. act.: 20 julio 2026]
Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español
─ Versión en inglés
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Introducción
─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
La lectura de estos mensajes dura en el audio unos 20 minutos, y luego hay comentarios. Esta vez, los mensajes tampoco tienen una relación directa con este tema 11, que agrupa mensajes muy variados.
Son dos mensajes sobre un tema iniciado recientemente en el libro, y que está asociado a lo que en general podríamos llamar la historia real de la humanidad ─o las bases fundamentales para tal «historia»─.
A continuación, pues, vamos a ver parte del apartado:
11) La expiación vicaria
Se trata, pues, de los dos siguientes mensajes contenidos en este apartado.
El tema principal en el apartado va a ser el de la expiación vicaria, ya que es una creencia o dogma muy dañino.
Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:
Forma parte de un libro que es el primer volumen de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, Jesús de Nazaret.
Estos volúmenes fueron preparados o compartidos así por Divine Truth entre otras personas.
El primer volumen incluye los siguientes temas y apartados (los 11 temas numerados sirven para organizar temáticamente los mensajes):
a) ─ Retrato de James E. Padgett
b) ─ Mi testimonio (por Leslie R. Stone)
c) ─ Foto espiritual de Mary Kennedy con su alma gemela, el Dr. Stone.
d) ─ La verdadera misión de Jesús
I. Jesús y su relación con Dios.
II. Dios y el alma humana.
III. El problema del pecado.
IV. Redención del pecado.
─ 1. Los mensajes
─ 2. Ámbitos celestiales
La oración
─ 3. Inmortalidad
─ 4. ¿Quién y qué es Dios?
─ 5. Espíritu Santo
─ 6. Resurrección
─ 7. El alma
─ 8. Perdón
─ 9. Expiación
─ 10. Infierno
─ 11. Expiación vicaria [estamos aquí: Vemos los dos siguientes mensajes en este apartado 11]
e) ─ Mensajes adicionales
Versión en español
11. La expiación vicaria (cont.)
La relación del hombre con la creación del mundo y el origen de la vida (Jesús) (15 enero 1916)
Estoy aquí, Jesús.
Vengo esta noche a decirte que te encuentras en una condición mucho mejor que la de los últimos tiempos, y tu vinculación con nosotros es mucho mayor, de modo que siento que debo escribirte un mensaje sobre un tema importante, el cual es vital para la salvación del hombre de los pecados y errores de su vida terrenal; y escribiré una parte de lo que deseo transmitir.
Bien, en primer lugar diré que hay tantos hombres y mujeres en la Tierra que creen, o afirman creer, que mediante sus propios esfuerzos pueden desarrollar aquellas cualidades del alma necesarias para ponerlos en armonía con el Alma del Padre, que encuentro que la tarea de convencerlos de los errores de sus creencias, o de sus presunciones de fe, será enorme. Y esta tarea no se limitará a quienes han dedicado un estudio real y profundo a los misterios de la vida, tanto en la tierra como en el más allá, sino que se extenderá a un número mucho mayor de personas que poseen apenas una noción superficial de este supuesto saber, el cual los más sabios o eruditos divulgan al mundo como resultado de sus investigaciones.
Es más difícil convencer a los ignorantes que creen conocer las leyes de la existencia y el plan de funcionamiento del universo de Dios, que convencer a quienes les han dedicado un estudio sincero y reflexivo; pues estos últimos, por lo general, a medida que avanzan en sus indagaciones, se convencen de que cuanto más deberían saber como resultado de sus investigaciones, menos saben en realidad.
No sé con certeza cuál es el tema más importante para comentar esta noche en relación con estos asuntos, pues hay muchos, y sobre todos ellos debo instruirte en algún momento; pero esta noche escribiré sobre: «La relación del hombre con la creación del mundo y el origen de la vida».
Vuestra Biblia dice: en el principio, Dios creó los cielos y la tierra, etc., a partir del vacío, y continuó esa creación hasta que existió un cielo perfecto con toda su gloria, y una tierra perfecta con habitantes de todo tipo; todo ello perfecto y hecho tal como un Dios todopoderoso y de infinita sabiduría lo crearía; y, como punto culminante de todo ello: el hombre, quien era tan perfecto que fue hecho a imagen de su Creador.
Bien, esta historia es tan buena y satisfactoria como cualquier otra concebida y escrita por el hombre, y es igualmente digna de crédito; pero como hecho no es verdadera, pues nunca hubo un tiempo ni un período en el que hubiera un vacío en el universo, ni en el que existiera el caos.
Dios jamás creó nada a partir de la nada, sino que Sus creaciones, tal como son percibidas y conocidas por los hombres, fueron simplemente el cambio de forma o composición de aquello que ya existía, y que siempre existirá en cuanto que elementos, aunque sin duda habrá cambios en la forma, la apariencia y en los elementos constituyentes en su relación mutua.
Dios siempre existió: un Ser sin principio, una idea que la mente finita ─bien lo sé─ no puede comprender, pero que es cierta. Asimismo, todo lo que hoy existe en el universo existió desde siempre, aunque no con la forma y composición que tiene ahora; y no continuará existiendo tal como es, pues el cambio eterno es la ley de Su universo; y me refiero a todas las cosas de las que pueda decirse que tienen sustancia, ya sean materiales o etéreas.
Por supuesto, Sus Verdades nunca cambian, como tampoco las leyes mediante las cuales se preserva y mantiene perfecta la armonía del universo.
Ahora bien, la tierra en la que vivís no siempre existió como tierra, y tampoco el firmamento ni la gran galaxia de planetas y estrellas; pero no fueron creados de la nada, ni tampoco hubo caos, pues en la economía del ser de Dios nunca hay caos alguno, el cual, de existir, significaría la ausencia del funcionamiento de Sus leyes y de la armonía.
Mas la tierra y el firmamento fueron creados; en un tiempo no existían como tales, y en un tiempo venidero podrían dejar de tener tal existencia. Y esta creación se llevó a cabo de manera ordenada, conforme a un diseño, sin que interviniera en ella ningún elemento de azar; y dicha creación no se produjo mediante lo que vuestros sabios podrían llamar acreción o evolución ─es decir, autoevolución─, pues cada exponente nuevo o adicional de crecimiento o manifestación de incremento fue el resultado de las leyes de Dios, las cuales Él ponía en marcha en la creación de la criatura.
No existe tal cosa como la autoevolución, ni ese desarrollo que surge del crecimiento no asistido de la cosa desarrollada, y esto se aplica tanto a toda la naturaleza como al hombre. Crecer, aproximarse a la perfección, implica la decadencia y desaparición de algunos de los elementos que han cumplido su misión y su cometido en el crecimiento de la cosa creada; y nunca son los mismos elementos los que continúan en el desarrollo de aquello que las leyes, en su funcionamiento, llevan a una perfección cada vez mayor.
Pero en toda esta obra de creación operan leyes de desintegración y de aparente retroceso [retrogression], así como leyes de construcción y avance positivos; e insisto, estas primeras leyes no operan por azar, sino por diseño, tal como lo hacen las segundas.
El Todo Creador sabe cuándo, con el fin de dar a luz a la criatura perfecta ─sea esta hombre, animal, vegetal o mineral─, habrán de operar tanto las leyes de decadencia y retroceso como las de avance y mayor eficacia; y Él nunca se equivoca al poner en marcha estas leyes, ni jamás declara que el resultado de Su obra «no es bueno».
Como se ha dicho, mil años son como un día para Dios, y aunque a lo largo de muchos años pueda parecerle al hombre que hay retroceso y demora a la hora de llevar a la perfección a una criatura de las obras del Creador, esa aparente regresión no es tal hecho, sino solo un curso o método adoptado para producir la perfección mayor o superior. Sé que es difícil explicar estos mecanismos de la creación a la mente finita y terrenal, pero podéis haceros cierta idea de lo que deseo dar a conocer.
El hombre, en su creación, no fue el resultado de un crecimiento lento como lo fueron otras creaciones de Dios, sino que fue hecho perfecto desde y en el principio, a excepción de las cualidades de Divinidad e Inmortalidad. No surgió de una criatura inferior ─como han proclamado algunos de vuestros científicos─ mediante el lento proceso de la evolución ─y esta, una autoevolución resultante de cualidades inherentes desarrolladas por medio de la experiencia─, sino que fue creado como el hombre perfecto
Me detengo por ahora.
Tu hermano y amigo,
Jesús
Continuación del mensaje anterior (Jesús) (6 febrero 1916)
Estoy aquí, Jesús.
Vengo esta noche a reanudar mi discurso de hace varias noches. Como decía, el hombre es criatura de Dios, hecho en perfección e instantáneamente, por así decirlo, sin un crecimiento lento como otras creaciones; y cuando fue creado no necesitó evolución ni atributos adicionales para ser el hombre perfecto. Su cuerpo físico era perfecto, al igual que su cuerpo espiritual y su alma.
Poseía, además de estos tres componentes, un don que perdió por su desobediencia, el cual nunca le fue restituido hasta mi llegada, y que, al poseerlo, lo convertía en algo más que un simple hombre. En cuanto a aquellas cosas que fueron integradas como partes constitutivas y absolutas de él, eran perfectas, y no fue necesaria ninguna evolución para darles mayor perfección. El hombre era entonces un ser más perfecto de lo que es ahora, o de lo que lo ha sido desde su caída de su condición de perfección.
Tras su desobediencia y la consiguiente muerte de la potencialidad de participar de la naturaleza Divina del Padre ─que es el don mencionado anteriormente─, el hombre quedó en un estado en el que dependía exclusivamente de las cualidades que poseía en ese momento para su futura felicidad, y para librarse de aquellas cosas que le harían perder la armonía que existía entonces entre él y las leyes que gobiernan su ser.
La mayor de todas las cualidades que se le otorgaron fue la del poder de la voluntad, el cual era totalmente irrestricto en su funcionamiento; si bien, al ejercerse de una manera que ponía a esta voluntad en conflicto con las leyes que regían dicha armonía, el hombre tuvo que sufrir y pagar las consecuencias de tales transgresiones. No obstante, aunque estas perversiones del ejercicio de la voluntad acarrearon los pecados y errores que ahora existen en la tierra, Dios no impuso limitación alguna a este ejercicio.
Al hombre, en su creación, le fueron otorgados apetitos y deseos pertenecientes a su naturaleza física, así como deseos propios de su naturaleza superior o espiritual, y todos ellos estaban destinados a actuar en armonía y no en antagonismo; y en tal funcionamiento, el hombre se mantenía puro y libre de pecado ─el cual es simplemente la transgresión de las leyes de armonía de Dios─. Sin embargo, tras la primera desobediencia ─la cual constituye la mayor demostración del poder del hombre para ejercer esa voluntad, aun cuando Dios se la había prohibido─, y tras perder el hombre esta gran potencialidad de la que hablo, las desobediencias subsiguientes se hicieron más fáciles; y a medida que estas desobediencias se producían, el hombre perdió en gran medida los deseos por las cosas espirituales, y la parte animal o física de su naturaleza se impuso. Entonces, en lugar de ejercitar estos apetitos pertenecientes a la naturaleza física de una manera tan sensata que no se derivara desarmonía alguna ─y permíteme decir aquí que, aun después de la caída, era posible e incluso de esperar que el hombre ejerciera estos apetitos de la manera mencionada─, los complació más allá de sus funciones propias y acrecentó dicha complacencia, hasta que comenzó a hallar, según creía, más placer en tal complacencia que en los pensamientos y el ejercicio de su naturaleza superior y en las aspiraciones que le eran propias.
Este deterioro del hombre no fue repentino, sino gradual, hasta que, en un momento dado, llegó a un estado o condición de ser que lindaba con la de los animales inferiores; y, de hecho, debido a esta mayor complacencia de dichos apetitos, pareció transformarse en un animal inferior; pero, aun así, siguió siendo hombre: un ser creado a imagen de su Hacedor.
Y desde esta posición de profunda degradación o degeneración, el hombre comenzó lentamente a progresar hacia la consecución de su condición original anterior a la caída. En todo este tiempo, jamás se le arrebató su libre albedrío, ni Dios intentó controlarlo, sino que siempre operaron las leyes de la compensación, y el hombre sufrió a medida que continuaba creando pecado y maldad.
Sin embargo, mientras el hombre en la tierra continuaba degenerándose y permitiendo que lo que a veces se denomina su naturaleza animal dominara su naturaleza espiritual, muchos hombres murieron, y continuaron muriendo, y sus cuerpos físicos volvieron al polvo del que fueron creados, y sus seres espirituales se convirtieron en habitantes del mundo espiritual, donde fueron liberados, en un tiempo más o menos largo, del deseo de ejercitar estos apetitos animales, y la parte espiritual del hombre volvió a afirmarse, hasta que muchos de estos espíritus se liberaron del pecado y del mal y entraron en armonía con las leyes de Dios que gobernaban sus naturalezas y condiciones tal como existían antes de su degeneración y antes de que comenzara la desobediencia.
Y estos espíritus, así liberados y en su predominio espiritual, comenzaron a intentar ayudar a los hombres mientras vivían en la tierra a dirigir su voluntad de tal manera que se libraran del sometimiento a estos apetitos, y volvieran a ser el verdadero hombre como en su estado de creación ─menos la potencialidad que he mencionado─. Pero estos esfuerzos por parte de los espíritus han sido lentos en sus efectos, y aunque los hombres, en casos individuales, casi se han regenerado, en conjunto el progreso no ha sido tan rápido como sería deseable: el pecado y el mal aún existen en el mundo, y los apetitos y deseos pervertidos de los hombres aún los rigen en gran medida.
Por supuesto, este progreso desde las profundidades de la degeneración ha tenido lugar en algunas partes de la tierra más rápido que en otras, y de ahí la distinción que hacéis entre las razas o naciones civilizadas e incivilizadas; pero esto no significa necesariamente que las personas civilizadas, como individuos, hayan logrado un mayor progreso en el sentido indicado que los individuos de algunas de las llamadas naciones incivilizadas, pues es un hecho que entre algunos hombres de las primeras existen perversiones, y manifestaciones de perversiones de estos apetitos, que no existen en las segundas.
El avance en las cualidades intelectuales no significa necesariamente que lo espiritual se esté imponiendo sobre las perversiones de estos apetitos, pues la voluntad no es algo perteneciente exclusivamente a la mente, ni tampoco lo son estos apetitos y deseos, ya que detrás de la mente se encuentran los afectos, usualmente llamados deseos del corazón, el cual es la sede de estos apetitos y de donde surgen dichos deseos; y, a medida que surgen, la voluntad se ve influenciada por ellos; y, según es influenciada la voluntad, se producen los pensamientos y actos manifiestos.
No es sorprendente que vuestros científicos crean y prediquen la doctrina de la evolución del hombre a partir de una especie animal inferior, de un átomo o de algo que no alcanzan a comprender ni a nombrar, puesto que en sus estudios de la historia de la humanidad y del mundo creado descubren que el hombre se ha desarrollado y progresado asombrosamente desde lo que parecía haber sido su condición en algunas épocas pasadas.
Pero la historia no alcanza a cubrir la época en que el hombre se encontraba en esta condición más profunda de degeneración; y, por lo tanto, todas las conclusiones a las que llegan estos científicos se basan en hechos ─suficientes por sí mismos─ que muestran el progreso del hombre solo después del punto de inflexión de su degeneración. No poseen ningún hecho ─y, por supuesto, cuando aquí se usa la palabra ‘hechos’, se refiere exclusivamente a las cosas materiales de la naturaleza─ que les muestre el declive gradual del hombre desde su estado de ser un hombre perfecto hasta aquel en que cesó su retroceso o degeneración y comenzó su progreso de retorno a su estado anterior.
Así pues, si los científicos creyeran y enseñaran que el hombre, en lugar de evolucionar a partir de un átomo o de alguna otra cosa infinitesimal, o de una especie animal inferior al hombre, evolucionó desde su estado o condición cuando se encontraba en el fondo de su degeneración ─a la cual había descendido desde el hombre perfecto─, entonces creerían y enseñarían la verdad, y su teoría de la evolución tendría por cimiento o base un hecho, cosa que ahora no tiene ─sino solo una especulación─.
Esta es, en resumen, la historia y la verdad de la creación del universo del hombre: de la caída y degeneración del hombre, y de su evolución y progreso. Y a través de toda esta creación y existencia subsiguiente fluye la vida, impregnándola y siempre unida a ella; y el origen de la Vida es Dios.
He terminado, y espero que halles cierta instrucción, así como entretenimiento, en lo que he escrito. Volveré pronto y te escribiré otra verdad.
El hecho de que esperaras a que se formularan las frases para expresar mis pensamientos simplemente significa que estaba manipulando tu cerebro para que la expresión o idea adecuada pudiera transmitirse a tu mano mientras escribía.
Tienes mi amor y mis bendiciones, y con el tiempo me intereso cada vez más por ti y tu trabajo. Mantén tu valor y tus deseos se cumplirán.
Tu amigo y hermano,
Jesús
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NOTA (hecha por IA Gemini)
Nota al pie sobre el sentido de «era de esperar» («even expected»), la desobediencia y la dinámica de la caída:
Para comprender en toda su profundidad el pasaje donde se afirma que, aun después de la caída, era posible e «incluso de esperar» que el hombre no permitiera que la desarmonía lo gobernase, es preciso distinguir entre la expectativa lógica del orden divino y la tragedia psicológica e inercial del ego humano.
1. El sentido de «era de esperar»: El texto enfatiza que, tras la desobediencia inicial, el hombre conservaba intacta la estructura de su mente, sus facultades espirituales y su libre albedrío, aunque hubiera perdido la potencialidad del Amor Divino. Por ello, desde la perspectiva de la ley divina y de la simple sensatez, era de esperar que el hombre, al percatarse del displacer y la desarmonía resultantes de sus primeros abusos, frenara dicho comportamiento y recondujera sus apetitos físicos de forma sabia. Lo absurdo de la tragedia humana radica en que, en lugar de corregir el rumbo al comprobar las consecuencias negativas de sus actos, eligió profundizar en la complacencia.
2. El trasfondo psicológico de los primeros padres (Amán y Amón): En la revelación de la Colección Padgett, los primeros seres humanos —almas gemelas creadas en perfecta armonía física y espiritual— no fueron víctimas de un castigo repentino y exterior, sino de un sutil proceso interno. En los momentos inmediatamente posteriores a la desobediencia, prevaleció una actitud de orgullo: el deseo de actuar por su propia cuenta y liberarse de lo que percibían como una postura «demasiado cómoda» o dependiente al verse sostenidos en todo, y en primer lugar, por Dios.
Antes de la caída, Dios compartía con la primera pareja una relación de intimidad donde les transmitía de forma continua «intuiciones emocional-intelectuales» sobre cada pensamiento, motivo y aspiración (lo que hoy conocemos amortiguadamente como la «voz de la conciencia»). Al rechazar la novedad del Amor Divino que Dios les ofrecía libremente, la primera pareja habria optado, suponemos, por aislarse en «su propia burbuja» de almas gemelas, dejando de privilegiar el sentir la Verdad y el Ser de Dios en primer lugar.
3. El proceso en cascada y la trampa del «mini yo»*: Aunque visto desde Dios resulta un absoluto absurdo —puesto que el universo, la vida y las leyes que los rigen son emanación del propio Creador—, para el hombre este aislamiento se convirtió en un proceso acumulativo e insidioso. El empeño en hacer las cosas «solitos» llevó a la mente a replegarse en una identidad reducida (un «mini yo» autosuficiente).
* Al igual que un niño herido en su ánimo que curiosea con lo prohibido e incrementa su propia incomodidad impulsado por la fascinación de su dolor, o como en la célebre alegoría de la rana en la olla de agua que se va calentando tan lentamente que muere cocida sin percatarse de lo que sucede, la humanidad fue creándose a sí misma un entorno de autodegradación paulatina. Cada pequeña concesión a sentimientos desarmónicos se transformó en un vicio que nubló la razón y adormeció la voluntad, hasta conducir al hombre a una condición tan sumida en lo animal que eclipsó, durante épocas enteras, la nobleza de su naturaleza espiritual original.
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La petición mía, o «prompt», que usé para dar lugar a esa nota es:
Creo que estaría bien una nota al pie para aclarar, contextualizando con los puntos clave y polémicamente álgidos de los dos mensajes.
El centro de la nota sería para contextualizar y hablar de aquel «era de esperar»; es cuando dijo exactamente eso, «era de esperar», a colación del problema de la caída y de lo que estaba sucediendo en torno a la desobediencia (la concreción de los eventos internos en el alma o ánimo de los primeros padres biológicos).
Los momentos inmediatamente tras la desobediencia, en una especie de ─se supone─ querer hacer las cosas «con orgullo» por su cuenta («Adán y Eva»), alejándose de la «demasiado cómoda» «posición» de «verse sostenidos en todo y primero por Dios»… tuvieron que tener algunos primeros sentimientos concomitantes a todas esas emociones, las relativas a lo que iría decantándose (sentimientos y emociones no armónicas con el amor).
Aunque no fuera algo «a esperar», digamos que quizá se nos hace plausible porque, como ahora sucede, fue una especie de proceso en cascada:
seguir aceptando sentimientos desarmónicos se va convirtiendo poco a poco así como en un vicio, donde la identidad pasa a hacerse «mini yo», pero a hacerse por sí misma, digamos.
Una vez que se entra en el círculo vicioso, quizá para nosotros sí «es de esperar» que la cosa siga.
Quizá es como cuando los niños curiosean con algo y quizá van admitiendo un poco más de displacer, a veces, debido a que en realidad ya están heridos en el alma. O bien, como algún proceso similar a ese, cuando somos adultos: y aquí traeríamos a colación la imagen de la olla de ranas, cuya agua se va calentando poco a poco… y al final mueren sin casi haberse dado cuenta de qué pasó.
Entonces, eso mismo habría sido: nos habríamos creado, los primeros padres biológicos, a nosotros mismos, una olla donde lentamente cocernos, por el mero placer (absurdo visto desde la perspectiva de Dios) de que esto lo estábamos haciendo «solitos».
Es absurdo porque en realidad, todo: universo, cuerpos, vida, leyes que rigen todo ello… todo eso… está gobernado y es indirectamente ya Dios, al ser creado por Dios (en distintos significados de «creado», si se quiere).
Entonces, lo que, en principio, viéndolo en retrospectiva, habría sido «tan solo un rechazo de una novedad» (la del amor por parte de Dios), debió de haberse dado en un proceso como el sugerido (aunque el mensaje dice «era de esperar» más bien que no se siguieran «haciendo daño», digamos):
─ un «irse aislando», quizá, en «su burbuja» (y no por nada eran almas gemelas; la primera pareja gemela que habría encarnado ─y siendo que todos tendríamos, igual que Adán o Eva, una y solo una alma gemela en todo el universo─),
─ y un dejar de privilegiar el sentir a Dios primero, el sentir su verdad y su ser primero, aunque todavía fuera solo «su verdad», sin recibir el amor que conlleva el trato más personal e íntimo, de alma finita a Alma Infinita («la voz de la conciencia», lo llamamos hoy, a esa especie de «sexto sentido» de la verdad) (esto era cuando Dios aún no había podido entregar su amor (ya que no lo podía forzar)… sino que «solo», digamos, estaba compartiendo algo la vida, en cierto sentido, con Adán y Eva… es decir, compartiendo en ciertu «tú a tú», aunque algo amortiguadamente… compartiendo sus «intuiciones emocional-intelectuales» acerca de cualquier cosa: cualquier acto, pensamiento, motivo, aspiración o emoción que tuvieran Adán o Eva a cada momento (llamados en realidad, más bien, en esta revelación al menos, Amán o Amón)
Versión en inglés
The Relationship of Man to the Creation of the World, and the Origin of Life (Jesus) (15 Jan 1916)
I AM HERE. Jesus.
I come to-night to tell you that you are in a very much better condition than you have been for sometime, and your rapport with us is so very much greater, that I feel that I should write you a message upon an important subject which is vital to the salvation of man from the sins and errors of his life on earth, and I will write a portion of what I desire to write.
Well, I will first say that there are so many men and women on the earth, who believe, or assert that they believe, that through their own efforts they can develop those soul qualities which are necessary to bring them in accord with the Soul of the Father, that I find that the task of convincing these persons of the errors of their beliefs, or assumption of beliefs, will be a very great one; and this task will not be confined to those who have given real and deep study to the mysteries of life, both on earth and thereafter, but also to a much greater number who have a kind of smattering of this supposed knowledge, which the wiser or more learned publish to the world as a result of their investigations.
It is more difficult to convince the ignorant, who think that they know the laws of being and the plan of the workings of God’s universe, than to convince those who have given sincere thoughtful study to the same, because the latter, generally, as they progress in their investigations become convinced that the more they should know as a result of their investigations, the less they really know.
I do not know just what is the most important subject for comment to-night relating to these matters, for there are so many, all which I must at same time instruct you about; but I will write to-night about «The relationship of man to the creation of the world, and the origin of life.»
Your Bible says: in the beginning God created the heavens and the earth, etc., out of a void, and continued that creation until there was a perfect heaven with all its glories, and a perfect earth with inhabitants of every kind – all perfect and made just as an all wise and all powerful God would create; and as a climax to all, man, who was so perfect that he was made in the image of his Creator.
Well, this story is just as good and satisfactory as any that has been conceived and written by man, and is just as worthy of belief, but as a fact it is not true, for there never was a time or period when there was a void in the universe or when there was chaos.
God never created anything out of nothing, but His creations, such as are perceived by and known to men, were merely the change in form or composition of what had already existed, and always will exist as elements, though there will undoubtedly be changes in form and appearance and in constituent elements in their relation to one another.
God was always existent – a Being without beginning, which idea the finite mind, I know cannot grasp, but it is true; and so also everything which is in the universe to-day always existed, though not in form and composition as they now are; and as they are they will not continue to be, for change eternal is the law of his universe. I mean as to all things which may be spoken of as having a substance whether they be material or etherial.
Of course, His Truths never change, and neither do the laws by which the harmony of the universe is preserved and continued perfect.
Now, the earth on which you live did not always have an existence, as an earth, and neither did the firmament and the great galaxy of planets and stars, but they were not created out of nothing, and neither was there chaos, for in God’s economy of being there is never any chaos, which if it should be, would mean the absence of the workings of His laws and harmony.
But the earth and the firmament were created – at one time they had no existence as such, and at a coming time they may cease to have such existence. and this creation was in an orderly way, according to design, with no element of chance entering into it; and such creation was not through what your wise men may call accretion or evolution – that is self evolution – for every new or additional exponent of growth or manifestations of increase was the result of god’s laws, which he operated in the creation of the creature.
There is no such thing as self evolution, or that development which arises from the unassisted growth of the thing developed, and this applies to all nature as well as to man. To grow, to become nearer perfection, implies the decay and disappearance of some elements which have performed their missions and work in the growth of the thing created, and never do the same elements continue in the development of that which the laws in their operations, bring to greater and greater perfection.
But in all this work of creation there are laws of disintegration and apparent retrogression operating, as well as laws of positive construction and advancement; and again these former laws do not operate by chance, but by design just as do the latter class of laws.
The All Creator knows, when for the purpose of bringing forth the perfect creature – be he man or animal or vegetable or mineral – the laws of decay and retrogression as well as the laws of advancement and increased effectiveness shall operate, and he never makes a mistake in setting into operation these laws, and never pronounces the result of His work, «Not good.»
As has been said, a thousand years are as a day with God, and while for many long years it may appear to man, there are retrogression and delay in bringing to perfection a creature of the Creator’s works, yet that apparent retrogression is not such a fact, but only a course or method adopted for bringing forth the higher or greater perfection. I know it is difficult to explain these workings of creation to the finite, earthy mind but you may grasp some conception of what I desire to make known.
Man, in his creation, was not the slow growth as were some of the other creations of of God, but was from and at the beginning made perfect, with the exception of the qualities of Divinity and Immortality. He did not grow from a lower creature, as some of your scientists have proclaimed, by the slow process of evolution, and this a self evolution, resulting from inherent qualities which were developed by experience, but he was created the perfect man.
I will stop for the present.
Your brother and friend,
JESUS.
Previous Message Continued (Jesus) (6 Feb 1916)
I AM HERE. Jesus.
I come to-night to resume my discourse of several nights ago. As I was saying man is the creature of God, made in perfection and instantaneously, as it were, not having a slow growth as other creations, and when he was created he needed no evolution or additional attributes to make him the perfect man. His physical body was perfect, and also his spiritual body and his soul.
He had, in addition to these three constituents, a gift which, by his disobedience, he forfeited, and which was never restored to him until my coming, and which when possessed by him made him more than mere man. As to those things which were made constituent and absolute parts of him, they were perfect, and no evolution was necessary to give them any increased perfection. Man then was a more perfect being than he is now, or ever has been since his fall from his condition of perfection.
After his disobedience and the consequent death of the potentiality of partaking of the Divine nature of the Father, which is the gift above mentioned, man was left in a state where he depended exclusively upon the qualities which he then possessed for his future happiness, and freedom from those things which would cause him to lose the harmony that then existed between him and the laws governing his being.
The greatest of all the qualities bestowed upon him was that of the will power which was wholly unrestricted in its operations. Although, when exercised in a manner which brought this will in conflict with the laws controlling this harmony, man had to suffer and pay the penalties of such violations. But notwithstanding, that these perversions of the exercise of the will, brought the sins and errors which now exist on earth. God did not place any limitations on this exercise.
Man, in his creation, had bestowed upon him appetites and desire pertaining to his physical nature, as well as desires of his higher or spiritual nature, and they were all intended to work in harmony and not in antagonism; and in such workings, man was kept pure and free from sin – which is merely the violation of God’s laws of harmony. But after the first disobedience, which is the greatest demonstration of the power of man to exercise that will, even when God had forbade him to do so, and after man lost this great potentiality that I speak of, succeeding disobediences became easier; and as these disobediences occurred man lost to a great extent the desires for the spiritual things, and the animal or physical part of his nature asserted itself, and then, instead of exercising these appetites which belonged to the physical nature in such a wise way that no inharmony would ensue – and here let me say that even after the fall it was possible and even expected that man would exercise these appetites in the way mentioned, he indulged them beyond their proper functions, and increased such indulgence, until he commenced to find, as he thought, more pleasure, in such indulgence, than in the thoughts and exercise of his higher nature, and the aspirations which belonged to it.
This deterioration of man was not sudden, but gradual, until, at one time, he became in a state or condition of being bordering on that of the lower animals, and in fact because of this increased indulgence of these appetites he seemed to be transformed into the lower animal; but yet he remained man, a being created in the image of his Maker.
And from this position of low degradation or degeneracy man slowly commenced to progress towards the attainment of his original condition before the fall. Never in all this time, was his freedom of will taken from him, nor attempted to be controlled by God – but always the laws of compensation worked, and man suffered as he continued to create sin and evil.
But as man on earth continued to degenerate and to permit, what is sometimes called his animal nature to dominate his spiritual nature, many men died, and continued to die, and their physical bodies went back to the dust of which they were created, and their spiritual selves became inhabitants of the spirit world, where they were freed, in a longer or shorter time, from the desire to exercise these animal appetites and the spiritual part of man again asserted itself, until many of these spirits became free from sin and evil and in harmony with the laws of God, controlling their natures and conditions as they existed before their degeneracy and before the disobedience commenced.
And these spirits, thus made free and in their spiritual dominance commenced to try to assist men while living on earth to direct his will in such ways as to rid himself of submission to these appetites, and to became again a true man as in his creation state, minus the potentiality that I have mentioned. But these efforts on the part of spirits have been slow in their effects, and while men in individual cases, have been almost regenerated, yet as whole the progress has not been as rapid as is desirable – sin and evil still exist in the world, and men’s perverted appetites and desires still control then to a large extent.
Of course, this progress from the bottom of degeneracy has taken place in some parts of the earth, faster than in others, and, hence, you have your distinction between the civilized and the uncivilized races or nations; but this does not necessarily mean that the civilized people, as individuals, have made greater progress in the manner indicated, than have the individuals of some of the so called uncivilized nations, for it is a fact, that among some men of the former nations are perversions and manifestations of perversions of these appetites that do not exist in the latter nations.
Advancement in the intellectual qualities do not necessarily mean progress in the spiritual asserting itself over the perversions of these appetites, for will is not a thing entirely of the mind, and neither are these appetites and desires, because back of the mind are the affections usually called the heart’s desires, which is the seat of these appetites, and from which these desires arise; and as they arise the will is influenced by them and as the will is influenced come positive thoughts and deeds.
It is not surprising that your scientists believe and preach the doctrine of the evolution of man from a lower species of animal, or from an atom or from something that they cannot just understand or give a name to, because in their studies of the history of mankind, and of the created world, they find that man has developed and progressed amazingly from what appeared to have been his condition in some ages past.
But history does not extend to the time when man was in this lowest condition of degeneracy, and hence all the conclusions that these scientists reach are based upon facts, sufficient unto themselves, which show the progress of man only after the turning point of his degeneracy. They have no fact, and, of course, when the word «facts» is here used, it refers exclusively to the material things of nature – showing them the gradual decline of man from his state of being a perfect man to that when his retrogression or degeneracy ceased, and his progress of return to his former estate commenced.
So, if the scientists will believe and teach that man, instead of evoluting from an atom or some other infinitesimal something, or from a lower species of animal than man, evoluted from his state or condition when he was at the bottom of his degeneracy, to which he had descended from the perfect man, then they will believe and teach the truth, and their theory of evolution will then have as its foundation or basis, a fact, which now it has not – only a speculation.
This in short, is the history and truth of the creation of the universe of man – of man’s fall and degeneracy, and evolution and progress. And through all this creation and subsequent existence, runs life, permeating it and always with it, and the origin of Life is God.
I have finished and I hope that you will find some instruction as well as entertainment in what I have written. I will come again soon and write you another truth.
The fact that you waited for sentences to be formulated to express my thoughts, merely means that I was manipulating your brain so that the proper expression or idea could be conveyed to your hand as I wrote it.
You have my love and blessings, and I am more interested as time passes in you and your work. Keep up your courage and your desires will be fulfilled.
Your friend and brother
JESUS.