El don «envenenado» que exploraron «Adán y Eva» y lo que significa realmente «el final de los tiempos»

Índice
─ Introducción
─ Notas
─ Mi petición
Nota
1. El orgullo adámico: La trampa de la autosuficiencia y el escenario contrafáctico
2. El Juicio Final y la «Segunda Muerte»: Descodificando el Apocalipsis de Juan
En qué consiste realmente la «Segunda Muerte»
Pistas y distorsiones en el Apocalipsis de Juan

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Introducción

Al revisar estos mensajes de Padgett, surgieron las notas que traslado abajo.

NOTAS

Mi petición para dar pie a la nota de abajo

La nota podría tratar de:

1.─ El pasaje tras la pregunta que hace Padgett, es donde se da respuesta a lo que parece ser una pregunta de en qué consistió realmente la búsqueda u orgullo adámicos.

Consistiría en ese enredarse, de Adán y Eva, en «buscar vida eterna», pero con «las cosas» (y en el estado o condición no verdaderamente eterno)… con las cosas que son en realidad de lo físico-mortal (no destinadas intrínsecamente a lo eterno)… y encima, no eran solo cosas meramente del mundo espiritual, sino que ni siquiera eso: eran cosas de la carne, de la tierra, o, en general, de la forma de vida de un alma encarnada.

Tal alma está además en el ámbito físico, en cuerpos físicos, cuyo destino es meramente instrumental, y ello es así más aún que en el caso del cuerpo espíritu, el cual también es meramente un instrumento del alma, en el fondo.

Hay pues un matiz de «por su cuenta», de autosuficiencia.

Es como una distorsión de la responsabilidad intrínseca al alma, como principio básico del alma; es como pasarse de rosca en la responsabilidad natural del alma: claro que somos responsables, pero hay un ordenamiento de las cosas; es decir, hay pasos; en este caso, habría un solo paso, necesario, para digamos que llevar la responsabilidad a una posición más elevada, la que se realiza en la llamada eternidad, como estado o condición álmica.

Es decir, el alma se hubiera podido responsabilizar de otra manera del hecho de ser eso, alma (al recibir amor divino), y luego, secundariamente, de tener cuerpos y una tierra física como regalos.

Eso quiere decir que el mal y el bien no era necesario conocerlos, claro; de hecho, todo en la creación es un regalo, solo que ese sería una especie de regalo «envenenado», el que Dios dispone que solo sea dado cuando lo pedimos de corazón.

Con toda el alma, Adán y Eva, Amán y Amón, habrían pedido «rebuscar» en los entresijos de los modos de vivir la creación, digamos. Y solo habría ─para un alma creada (para una creación que además sería la más grande de Dios: alma personal)─, solo habría, decíamos un otro modo, básicamente, a disposición de alguien encarnado: y es ese que es definible como un «pedir con toda el alma el regalo envenenado».

Debió de darse una fase donde el corazón de ellos, Adán y Eva, almas gemelas, se dotaba y autollenaba del deseo de ser independientes e intentar gozar al máximo la creación, como seres «eternos», es decir, con capacidades «divinas» de creación y aplicadas a lo físico.

Ponemos «divinas» entre comillas, porque las verdaderas cualidades divinas solo las habrían podido alcanzar realmente si hubieran aceptado el don del amor de Dios; así, sí se habrían vuelto divinos en sus naturalezas. Tales «cualidades creativas» seguramente sean ahora mismo inimaginables para nosotros; estarán mucho más allá de la capacidad de realizar meras materializaciones, por ejemplo… como las materializaciones que se habrían dado en los casos de las apariciones de Jesús así como de muchos otros espíritus una vez desencarnados, etc.

Esto sería pues lo que Dios habría «ocultado» (ocultaría todo lo que conllevaba profundizar en esa búsqueda como camino envenenado), en el sentido de que, además, son potenciales que no pueden ser conocidos por el alma a no ser que esta pase efectivamente al estado donde malogra y se desposee a sí misma del don que previamente sí disfrutaba: el del potencial de poder recibir todavía el amor personal de Dios, y no solo el amor digamos impersonal e indirecto (voz de la conciencia, regalo de la vida, etc.).

Si pudiera ser, emplearíamos el concepto de «contrafáctico» para este primer punto.

2.─ El verdadero sentido de un juicio final (en el contexto concreto del «Apocalipsis»), no tendría nada que ver con lo que normalmente se cree.

Esto sería algo muy grande; y quizá es simplemente lo que se habría deformado en la transmisión recibida al parecer por Juan en su Apocalipsis ─deformada, además, por las sucesivas copias, etc.─.

Es decir, la transmisión «de visión mística», digamos, donde Juan estaría recibiendo quizá la esencia o el germen compactado de esta «segunda muerte», sería eso: una transmisión compactada, pero luego difícil de desplegar en palabras, etc. (ese sería un primer motivo de distorsión), claro, sobre lo que realmente significa el juicio final.

Si hay pistas en este sentido, en el apocalipsis, que se pudieran sonsacar para la nota, podría estar bien.

Nota elaborada por IA Gemini ante mi petición

Esta nota temática sintetiza y profundiza en dos de las revelaciones doctrinales más potentes de este bloque: la naturaleza exacta del orgullo y la caída adámica frente al contrafáctico de su destino, y el verdadero significado teológico del Juicio Final en contraste con la escatología apocalíptica tradicional.

1. El orgullo adámico: La trampa de la autosuficiencia y el escenario contrafáctico
El pasaje posterior a la pregunta de Padgett desmonta la alegoría del Génesis para revelar una dinámica psicológica y espiritual profunda: la caída no fue un simple acto de gula o desobediencia arbitraria, sino una distorsión de la responsabilidad e independencia del alma.

La ilusión de la autonomía divina: Adán y Eva (Amán y Amón) incurrieron en la presunción de creer que no necesitaban la dependencia continua de Dios para alcanzar la inmortalidad o la plenitud. Intentaron «rebuscar» por su cuenta en los entresijos de la creación, pretendiendo adueñarse del disfrute de la existencia y de capacidades creativas aplicadas a lo físico como si fueran seres intrínsecamente divinos e independientes.

La distorsión del orden instrumental: En lugar de asumir primero su condición de almas receptivas al Amor Divino (lo que habría elevado su responsabilidad al plano eterno) y entender la tierra y los cuerpos (tanto el físico como el espiritual) como meros instrumentos de expresión, invirtieron el orden. Buscaron una especie de «vida eterna» anclada en el dominio y goce de las formas creadas, hipertrofiando la responsabilidad natural del alma hasta «pasarse de rosca».

El «regalo envenenado» y el análisis contrafáctico:

* El árbol del bien y del mal simboliza el conocimiento de un potencial que Dios mantuvo reservado: la posibilidad de experimentar la existencia al margen de la alineación con Su Voluntad.

* Perspectiva contrafáctica: Si Adán y Eva hubieran optado por activar el potencial del Árbol de la Vida (pidiendo de corazón el Amor Divino), habrían desarrollado esa conformación del alma que los habría hecho divinos e inmortales por participación. En el escenario contrafáctico opuesto —el que finalmente eligieron—, al pedir «con toda el alma» el conocimiento del camino independiente, solicitaron un «regalo envenenado». Dios concedió la consecuencia lógica de su elección: al internarse en la esfera de la tentación y la autosuficiencia, el alma perdió la potencialidad de la naturaleza divina y quedó reducida a la condición de «mero hombre» (mortal o espíritu) limitado al amor natural.

2. El Juicio Final y la «Segunda Muerte»: Descodificando el Apocalipsis de Juan
El texto redefine de forma drástica la escatología popular: el Juicio Final no es un tribunal de condena al fuego eterno ni un acto de ira divina, sino el cierre definitivo de una dispensación o periodo de gracia.

En qué consiste realmente la «Segunda Muerte»:

La Primera Muerte: La pérdida de la potencialidad del Amor Divino tras la caída de Adán.

La Restauración: La reapertura de esta oportunidad con la llegada de Jesús como mensajero del don.

La Segunda Muerte: El momento futuro («el gran día del juicio») en el que se cerrará definitivamente la oportunidad de recibir la Esencia Divina. No implica la aniquilación de la existencia ni el tormento infinito, sino la fijación de un límite: quienes no hayan transformado sus almas mediante el Amor Divino continuarán existiendo eternamente como espíritus, pero en el estado del amor natural perfeccionado, privados para siempre de la condición divina y del Reino Celestial.

Pistas y distorsiones en el Apocalipsis de Juan:
La visión mística original recibida por el autor del Apocalipsis (Juan) contenía la «semilla compactada» de esta revelación, pero sufrió graves distorsiones al ser traducida en palabras humanas y posteriormente modificada por copistas e intérpretes dogmáticos:

«La segunda muerte» (Apocalipsis 20:14 y 21:8): En el texto bíblico, la «segunda muerte» se asocia al «lago de fuego». Espiritualmente, la imagen del fuego alude a la purificación del error y del amor natural caído, mientras que la «muerte» real hace referencia a la pérdida irrevocable de la vida divina en el alma (quedando confinada a la dimensión creada).

Las bodas del Cordero y los invitados excluidos (Apocalipsis 19:7-9): Entronca directamente con la parábola mencionada en la revelación: los invitados que declinan asistir al banquete no son torturados ni privados de sustento básico (siguen existiendo con su amor natural), pero pierden para siempre la oportunidad de probar el «alimento más preciado» preparado por el Anfitrión.

El libro de la vida (Apocalipsis 20:12-15): La «apertura de los libros» representa la constatación objetiva de la condición del alma (si posee o no la Esencia Divina) al concluir la dispensación, operando no como un acto de venganza de Dios, sino como la fijación de una ley espiritual de causa y efecto.

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