Emocionalidad e hispanidad, primeras notas

Creo que me di cuenta de que aquí, en España, estamos colonizados culturalmente por «lo anglo» (y lo anglofrancófilo, o simplemente «lo afrancesado»), ya que no contamos la historia de España, sabiendo que «España» antes incluía literalmente gran parte de América, con todas esas fascinantes aventuras, comercio, novedades, universalismo, etc.

A esa colonización cultural franco/anglo supongo que se la podría responsabilizar (solo en parte, y en un sentido muy superficial de «responsabilizar») por esta especie de programación emocional, para vivir bloqueados en la vergüenza y la culpa, etc.

Aunque me parece que, paradójicamente, la educación en la etapa franquista española quizá tampoco dejó claro que el imperio era literalmente España, pues mucha gente que fue instruida en las escuelas de la época de Franco, no tiene ni idea de historia de España en este sentido ─no conciben la historia así─.

Y hoy quizá esto se ve muy claro viendo hasta qué punto «los americanos hispanos son españoles»:

cuando vienen aquí, muchos no consideran ni por un instante utilizar algunos modismos o expresiones del lenguaje tal como se habla (se hablaba) en España, en sus zonas y variantes diversas (es paradójico, pues en los hispanos a su vez hay también infinitas variantes de léxico y gramática: muchas cosas de Méjico no se entienden o no se usan más al sur, etc.).

Además, como buenos españoles quejosos, los americanos hispanos sienten que España les debe algo, o sea, tras 200 años de supuesta independencia… ejem, ejem (es decir… queda demostrado: ya eran y son españoles; de reír por no llorar).

Es todo tan tragicómico…

Dar la historia de España fundándose en lo territorial es absurdo, pues si la historia ha de estar basada en el cuento de qué paso en un terreno, entonces, ¿por qué no contar sólo la de los cien metros cuadrados que nos rodean?

Otra «colonización cultural global anglo» (y/o afrancesada, «europeodelnorte-izada») supongo que es la configuración de la carrera de Antropología, donde se estudian ejemplos de «observación participante» en culturas ajenas, digamos ─estudios que conllevan dicha «observación» y técnicas de elaboración, registro, etc., de tal proceso─.

Y, por lo que sé, no se tiene en consideración ni por un momento la importancia de la observación y estudio y cuidado «participante» de los frailes, etc.: frailes y españoles peninsulares que fueron a la América hispana y se mezclaron y remezclaron… y estudiaron lenguas y culturas indígenas…

Quizá dirían que «es que los frailes y demás tenían un propósito de convencer o convertir»… como si muchos antropólogos científicos anglos o «europeos del norte», más tarde, no estuvieran sirviendo a propósitos similares, y quizá mucho más extractivo-depredadores-vampirescos.

Supongo que tampoco se da la suficiente importancia a los ejemplos de la gente, que siempre hubo (también en EEUU), que fue adoptada y/o raptada por indios, y que fueron personas criadas y educadas en sus «tribus»… y siendo que luego algunos de estos «blancos» no querían volver a «la civilización blanca» ni de broma, por mucho que las condiciones de vida «más natural» (en tipis, y demás) tuvieran sus «desventajas».

Volviendo a lo académico: seguro que ya se ha hablado mucho sobre cómo se hizo o qué es en el fondo esa institución de la carrera o grado de Antropología, que parece haber sido muy anglo (o anglo/franco/europeonórdica, quizá), creo.

Así pues… por fin vamos despertando al gran tema de la Leyenda Negra… todas las distorsiones en cuanto a creencias y emociones que confluyen en torno a ello… y que son fascinantes.

En parte tendría que ver con manejar o manipular la vergüenza, como ya dije… esa emoción o emociones de cuando éramos pequeños… (y esto es a veces señalado incluso por algunos hispanos antileyendanegra ─esto sobre esa emoción─).

Ya que, si no estamos en familias algo ilustradas y equilibradas (no acomplejadas pero tampoco «fascistoides») los niños recibimos o aceptamos cierto mensaje, o implícito mensaje… que dice que «tenemos que validar una verguenza», pero sin superarla: O sea: tenemos «razón» en sentirnos de pequeños avergonzados… avergonzados de lo que sea, de nuestro origen, etc.

Y ahí se mezclan las heridas familiares, cierta autoidentificación emocional…
se mezcla en un batiburrillo con el discurso sobre el origen histórico, causalidades varias, etc.

Es una maniobra rarísima esta, la de un Estado-nación aparentemente tan cultural y profundamente angloconquistado, anglofrancoconquistado… nutrido por y basado en la ignorancia de tantas familias más o menos «delirantes», donde se nos cría y se nos crió en la desidia… y a muchos de mi generación casi sólo con la TV (a no ser que pusiéramos fuerza de nuestra parte, y siguiéramos ciertas inspiraciones que siempre surgen, en paralelo y/o en transversal respecto a lo «escolar»).

Es fascinante la carencia cultural que denuncian la simpática Maria Elvira Roca Barea y demás hispanofílicos ─que por otra parte están más o menos adictos a ello… pero con tanta razón, en general, y en tantas cosas…─.

Es la carencia de un mero conocimiento objetivo acerca de, como ya dije, la historia de España, en cuanto a que esta historia es también la de aquellos que fueron alguna vez llamados españoles, que eran jurídicamente españoles.

Esta historia abarca relatos fascinantes e inspiradores, con sus luces y sombras, pero fascinantes no obstante… acerca de la convivencia, el encuentro… y con toda esa cierta batalla cultural-religiosa en hispanoamérica… en ese territorio enorme que fue también tan España como lo es ahora esta machacada península española ─parte de la península─.

Es fascinante todo ese intercambio cultural en hispanoamérica, esa ansiedad evangelizadora con frailes duchos en lenguas indígenas, etc. Tantas aventuras, tan divertidas de imaginar y ver… más seguramente que tanto Western con el que inundaron la TV.

Y luego, como vimos arriba, nos venden esos curricula de Antropología donde supongo que todavía no se estudian los ejemplos de «observación participante» de tanto fraile, y de tanto español «amante de indios» (español, y gente de algunas otras nacionalidades, por cierto, aunque la Corona estuvo restringiendo mucho la llegada de europeos a América, de esos europeos que también eran imperiales, hispanos, aunque «rubios», etc., que vivían en territorio imperial europeo, bajo los Habsburgo).