2/17-20) Siguientes cuatro mensajes (Jesús y G. R. escriben: Prioridades del amor, etc. – Vol. 2) | El verdadero evangelio – Revelado de nuevo por Jesús | Vol. 2:17-20

[Últ. act.: 18 agosto 2026]

Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español
─ Notas
─ Versión en inglés

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Introducción

─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
La lectura de estos mensajes dura en el audio hasta el minuto 18:32, y luego hay comentarios.

Aquí vemos cuatro mensajes; los principales son de Jesús y de G. R., que nos vuelve a hablar de su progreso.

Esta vez, en comentarios, hemos repasado cosas fundamentales apuntadas en los mensajes. La principal ha sido el tema de las prioridades sobre el amor, que nos lleva a ir sintiendo por qué están distorsionadas nuestras vidas, al distorsionar ese diseño.

También he resaltado el tema de que Dios es único, tan importante, hablando de lo práctico que esto es, en realidad.

Es práctico pues resulta que hay religiones o espiritualidades (gnósticas, por ejemplo) que, al vivir los males que todos experimentamos aquí, en lo físico, se los achacan a un «segundo dios», por ejemplo.

Es decir, inventan un «demiurgo», un dios «malo», creador del mundo físico.

Este dios sería quien habría creado este mundo para, de cierto modo, «encerrar a las chispas espirituales», que somos o tenemos.

Y esto, ¡cuidado!… esto se piensa así, además, de forma más o menos elitista, porque es de resaltar que al parecer, en muchas de estas religiones o espiritualidades, se piensa o se pensaba que sólo hay unos cuantos elegidos que realmente tengan «la chispa», etc., y que son salvables por el dios bueno, o «hijos» del dios bueno (y esto, obviamente, estaría guiando directa o indirectamente mucho de la forma o la actitud «elitista» a la hora de cohesionarse, hoy en día, en algunas partes o en todo lo que llamamos «élites humanas»).

Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:

unplandivino.net/padgett/

Forma parte de un libro que es el segundo volumen de una recopilación concreta de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, de Jesús de Nazaret.

Estos volúmenes fueron preparados y/o compartidos así por Divine Truth, entre otras personas.

Este segundo volumen no estructura los mensajes según temas. Y tal como se ve en su índice, contiene:
─ Una introducción;
─ Una nota breve sobre la edición digital;
La lista de mensajes,
─ y un breve apartado final, donde sólo se presenta de nuevo la oración que podemos llamar «del amor divino», y que vimos en el primer volumen.

Versión en español

Jesús aconseja al Sr. Padgett sobre la oración y la adoración, y le dice que lo ha elegido para realizar esta labor (25 diciembre 1914)

Soy Jesús.

Eres mi querido hermano y te diré lo que deseo que hagas en este momento.

No permitas que las pequeñas preocupaciones de tu vida laboral te impidan elevar tus pensamientos a Dios en adoración y oración, ni que te impidan creer en mí y amarme como a tu amigo y maestro; pues lo soy, y solo deseo que hagas aquello que te una más al Padre y te haga amarme más.

Debes procurar que todos tus pensamientos se centren en la misión para la que te he elegido, pues es a ti a quien he escogido y debes realizar mi obra. Así como yo fui el elegido por Dios para realizar Su obra cuando viví en la tierra, así tú eres el elegido ahora para realizar la mía, dando al mundo mis mensajes de verdad y amor. Pronto comenzaré a escribirlos y debes conservarlos hasta el momento en que estés en condiciones de publicarlos.

No quiero que pienses que no eres digno de realizar esta gran obra, pues sí lo eres; de lo contrario, no te habría elegido, y este hecho por sí solo debería bastarte para no dudar de que eres la persona idónea para la tarea.

En mis enseñanzas quiero mostrarte que solo soy un hijo de mi Padre, tal como tú eres Su hijo, y que no debo ser adorado como Dios. Él es el único Dios, y quienes hoy me adoran en todo el mundo no hacen lo que deseo; pues relegan a Dios a un segundo plano y me convierten en el objeto de su culto, lo cual es totalmente erróneo y algo que anhelo fervientemente que cese. Deben verme solo como a un hijo de Dios, su hermano mayor, que ha recibido del Padre Su amor y confianza plenos, los cuales se me ha encomendado enseñarles.

No debes permitir que nadie te tiente a sustituir tu amor por Dios por el amor que puedas tenerme, pues tu amor por mí no debe ser como el que tienes por Él. Él es el único Dios y solo a Él debes adorar. Así pues, ten cuidado y marca esta distinción, o cometerás un error garrafal.
Soy tu hermano y maestro, y te amo con un amor que siento por muy pocos mortales. ¿Por qué? Porque veo que te convertirás en un verdadero seguidor mío y aprenderás a amar a Dios como yo lo amo. Solo que no quiero que pienses que estás ahora en una condición que te libere del pecado, ni de la necesidad de orar al Padre con todo tu corazón para recibir la infusión de Su Amor. Debes obtener todo el Amor posible, y eso solo se logra mediante la oración y la fe. Así pues, ten fe en tus oraciones, y llegará el momento en que te acercarás mucho al Padre y disfrutarás de Su Amor en un grado que pocos han alcanzado hasta ahora.

(Pregunta)

Sí, es posible; y, como te digo, sucederá. Solo haz lo que te he dicho.

Sí, te ayudaré con todo mi poder y amor, y lo lograrás. Solo procura creer, y te darás cuenta, antes de llegar al mundo espiritual, de que Dios es tu Padre, hasta un grado que te permitirá vivir muy cerca de Él, tal como yo vivo. Tu fe es muy grande ahora, como bien sé; y a pesar de que a veces tienes dudas y te desanimas, tu fe sigue ahí, crecerá en intensidad y se volverá tan fuerte que nunca más se tambaleará.

Debes dejarme concluir ahora, ya que estás cansado y necesitas descansar.

Sí, hay muchas cosas de mi vida escritas en la Biblia que son ciertas, y muchas otras que no lo son. De estas te hablaré cuando comience a escribir mis mensajes formales.

Así pues, concluyamos ahora.

Tu fiel amigo y maestro.
Que las bendiciones de Dios y las mías reposen sobre ti esta noche.
Jesús

La abuela del Sr. Padgett confirma que Jesús escribió

Tu abuela.

¿No estuvo sublime y majestuoso? Sin duda eres un hombre muy favorecido, y me maravillo ante el gran Amor que puede ser tuyo y las promesas del Maestro.

Sí, oí lo que dijo, y él lo sabe. Debes creer, porque él nunca dice algo que no sepa que es verdad. Sin duda eres más bendecido que todos los demás. Piensa tan solo en esa promesa y en la certeza de su cumplimiento.

Estás demasiado cansado para escribir más ahora.

Tu amorosa abuela.
Ann Rollins

La esposa del Sr. Padgett confirma que Jesús escribió

Aquí estoy. Helen.

El Maestro te ama demasiado como para que alguna vez seas desdichado. Así que permíteme darte las buenas noches y decirte que te amo de todo corazón y con toda mi alma.

Helen

G. R. continúa describiendo su progreso (20 febrero 1915)

Aquí estoy, tu viejo amigo G. R.

Estoy muy feliz esta noche y me alegra que estés mucho mejor. Lo pasaste bastante mal y me recordaste un poco el sufrimiento que yo solía padecer cuando estaba en la tierra y en Washington. Bueno, ya estás curado de la indigestión, y tus órganos digestivos pronto funcionarán a la perfección.

¡Qué fe la que tuviste en tus oraciones y en la obra del Maestro! En realidad, te curaste por tu fe; la obra realizada fue solo un medio utilizado para inculcarte el hecho de que Dios había respondido a tus oraciones. No entiendo cómo pudiste tener semejante fe en ese momento, pero es un hecho que la tenías y, como consecuencia, la curación fue eficaz.

Cuando oraste como lo hiciste, me impresionó tanto tu fe que esperaba ver tus oraciones respondidas tal como lo fueron. Jesús te ayudó a orar y también fortaleció tu fe. Él también realizó la obra que observaste mediante el poder que posee. Fue una revelación para mí, debo confesarlo, y me hizo creer más que nunca en la oración y en la fe.

Ahora soy tan feliz en mi nueva esfera que no puedo explicarte lo que significa esta felicidad. No puedo expresarme con un lenguaje lo suficientemente intenso y descriptivo como para que lo comprendas. Pero sí diré esto: mi felicidad de ahora trasciende todas las concepciones que tenía acerca de lo que podría ser la felicidad cuando, siendo mortal, pensaba en ocasiones en la vida posterior y en la felicidad que podría estar reservada para mí al pasar al otro lado.

Estoy en la tercera esfera, pero no me conformo con permanecer allí, pues tu madre me ha hablado en muchas ocasiones de la felicidad mucho mayor que existe en las esferas superiores. Ahora me esfuerzo y oro por esa felicidad mayor, y no me daré por satisfecho hasta alcanzarla. Tu esposa está en una esfera mucho más elevada; y es tan hermosa y tan inmensamente feliz, que sé que donde ella vive debe de existir semejante felicidad.

También soy feliz porque tengo a mi alma gemela conmigo muy a menudo, y su amor es tan grande y puro que me impulsa hacia metas más elevadas y me permite buscar con ferviente entrega el Gran Amor del Padre, el cual creo ahora que me aguarda si tan solo me esfuerzo por obtenerlo y tengo la fe de la que me hablan todos aquellos que han alcanzado un grado muy elevado de este Amor Divino.

Tu abuela es tan maravillosamente bella y está tan colmada de este Amor, que su sola presencia me inspira a creer y a buscar la felicidad de estas esferas superiores.

Bien, puesto que quieres que te hable de algunas de las leyes del mundo espiritual, diré que la gran ley suprema es que Dios es Amor, y que Él está dispuesto a otorgar ese Amor a cualquiera, sea espíritu o mortal, que se lo pida. No solo soy muy feliz, sino que descubro que mi mente se expande enormemente a causa de ese Amor que poseo. Ningún hombre ni espíritu puede estar colmado de este Amor sin poseer la sabiduría que necesariamente lo acompaña. Ya no me interesan tanto los fenómenos puramente mentales como antes de recibir este Amor y de creer en un Padre de Amor y verdad; sin embargo, ahora comprendo muchas cosas en un grado mucho mayor que cuando tan solo me ocupaba de metas intelectuales. Todavía no conozco a fondo las leyes de la comunicación, como te dije que aprendería para luego enseñártelas; pero sé lo suficiente como para afirmar que todo espíritu intenta comunicarse con sus amigos en la tierra, y la razón por la que no lo consigue es porque los mortales no se encuentran en ese estado de vinculación psíquica que les permita recibir los mensajes del espíritu. Aún desconozco por qué un mortal es tan receptivo a estas influencias como para captarlas fácilmente, mientras que otro no lo es. Algunos espíritus afirman que la ley que rige esta materia no es comprendida ni siquiera por espíritus que llevan aquí muchísimos años y que han dedicado un estudio considerable al tema.

Pero lo que sí sé es que, cuando la vinculación existe, la comunicación se puede establecer mediante el ejercicio de estas facultades.

Pero no conozco ninguna manifestación tan satisfactoria, tanto para el espíritu como para el mortal, como la escritura que realizas ahora, pues tenemos la oportunidad de comunicarnos e intercambiar pensamientos de una forma mucho más amplia. Me deleito plenamente con las posibilidades que se me brindan de escribirte de esta manera. Así que debes creer que te escribo a ti, y que todos los demás miembros de tu grupo hacen lo mismo.

Tu esposa posee más poder en este sentido que cualquiera de nosotros, y no duda en escribirte siempre que acudes a ella. Es un espíritu maravilloso en su comprensión de las cosas espirituales y en su amor por el Padre. Por lo tanto, no debes permitir que ninguna duda surja en tu mente cuando te escriba y te hable de tantas cosas maravillosas y de su amor por ti. Parece amarte con un amor que no tiene límites ni posibilidad de disminuir.

Ahora te contaré sobre mi progreso en este Amor y felicidad. La última vez que te escribí te conté que había empezado a tener fe en el Padre y que había recibido una parte de Su Amor. Pues bien, desde entonces he estado orando y pidiéndole a Dios que me dé más fe y Amor; y, a medida que oraba, mi fe crecía; y a medida que crecía mi fe, más de este Amor entraba en mi alma y, con él, una mayor felicidad. Así pues, no dejé de esforzarme hasta que me di cuenta de que mi alma comenzaba a recibir tal afluencia de este Amor que parecía como si todo lo que tendía a frenar este flujo me abandonara, y solo el Amor y la bondad se apoderaban de mí. Ahora estoy mucho más avanzado que cuando empezaste a hablarme por primera vez de este Amor; y, por toda la eternidad, te recordaré y te agradeceré lo que hiciste por mí. También tuve la fortuna de contar muy a menudo con tu madre y tu esposa, quienes se esforzaron mucho por mostrarme el camino hacia esta verdad del Nuevo Nacimiento; y, luego, cuando tu abuela vino a verme, sentí como si no pudiera resistir la influencia de buscarlo y tratar de encontrarlo.

Finalmente, cuando recibí lo suficiente de este despertar espiritual como para comprender quién era Jesús, le presté toda mi atención; y, mientras él continuaba mostrándome el camino hacia el Padre, comencé a comprender la verdad y a creer que mi salvación dependía de recibir este Gran Amor y de convertirme en un hombre mejor y más íntegro. Te digo que Jesús es el más maravilloso de todos los espíritus que he visto o de los que he oído hablar. Está tan lleno de Amor y bondad que no me cabe duda de que es el hijo del Padre, en el sentido especial del término. Me refiero a que está mucho más cerca del Padre, y que posee en tan gran medida y tantos de Sus atributos, que es el hijo más grande en el sentido de estar más unido al Padre. Todos somos hijos del Padre, pero hay tanta diferencia en nuestra condición espiritual, y es tan grande el contraste entre Jesús y nosotros, que fácilmente podemos creer que él es el más grande de los verdaderos hijos, y que su gran amor y conocimiento de las cualidades del Padre son mayores que los de cualquier Espíritu Celestial. Y no me refiero a que haya sido creado de forma diferente, físicamente hablando, a los demás hombres. No hubo concepción inmaculada ni nacimiento del vientre de una virgen. No creo en este dogma, y el Maestro dice que no es cierto, pues él era verdaderamente, en lo que respecta a su ser físico, hijo de un hombre y de una mujer, como tú o como yo.

Ahora bien, también estoy convencido de que la humanidad no puede salvarse de sus pecados a menos que siga el camino que le mostró el Maestro. Nadie puede salvarse a sí mismo; y deseo enfatizar firmemente que el hombre depende de Dios para su salvación de los pecados y errores propios del hombre natural. No quiero decir que los hombres no tengan por sí mismos una obra que realizar, pues sí la tienen. Dios está dispuesto a salvarlos si se lo piden y reconocen que, sin Su ayuda, no pueden salvarse; pero, a menos que lo pidan y crean, Él no intervendrá en su situación. Así, como ves, no solo creo en Dios y en Jesús, sino también en la doctrina de que los hombres no pueden salvarse a sí mismos.

Cuando estaba en la tierra, creía que el hombre era autosuficiente; pero ahora sé que esto no es cierto. El hombre puede ser relativamente feliz y estar libre de lo que se llama pecado ─es decir, de la violación de las leyes de Dios─; pero esa felicidad no es la misma, ni la condición del hombre es la misma, que cuando recibe este Amor Divino del Padre.

No hablaré más sobre este tema esta noche; pero sí quiero reiterar que, cuando estaba en la tierra, pensaba que podría llegar a ser divino por mis propios esfuerzos; sin embargo, ahora como espíritu sé que el hombre no es divino y no puede llegar a serlo, en toda la eternidad, a menos que reciba esta Esencia Divina que le llega mediante el Nuevo Nacimiento. La divinidad proviene únicamente de Dios; solo Él puede otorgarla al hombre. Y el hombre, al no poseer esta divinidad, no puede crearla mediante sus propios esfuerzos. Así pues, cree en lo que digo y esfuérzate por obtenerla; y, entonces, lo lograrás y llegarás a ser como los redimidos en las Esferas Celestiales.

Con todo mi amor y bendiciones.
G. R.

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NOTAS

Mi petición para dar pie a la nota de abajo sobre Santo Tomás

La nota temática sería sobre quizá el tema más importante tratado por G.R. :

el desengaño en cuanto a lo incomparable o el contraste que habría entre la capacidad intelectual del alma, frente a su capacidad como tal alma.

Lo más esencial del alma, digamos, sería su capacidad de sentir y crear: deseos, aspiraciones; su capacidad intrínseca llamada «libre albedrío»; y la capacidad que llamamos «ser autoconsciente». Todo ello sería la base ─digamos─, en realidad, para cualquier «despliegue intelectual».

El alma está además en sí misma destinada a transformarse (no solo a purificarse de manera natural alcanzando el estado «adámico»), incluso debido al cambio sustancial realizado por la entrada del amor divino.

La nota, en realidad, podría centrarse en aquella famosa anécdota de S. Tomás. No sé hasta qué punto estará reforzado, por escritos y testimonios fidedignos, el hecho de que, Santo Tomás, tras quizá tener una ECM, habría «entrado» de nuevo a su cuerpo con un recuerdo claro de ese posible encuentro ─quizá fue eso─, y con ganas de literalmente quemar todos sus escritos o prácticamente todos.

Pongamos que, efectivamente, se encontró con alguien, en su cuerpo espiritual, y poco antes de morir. Se habría encontrado con algún espíritu, o algún espíritu lo habría atraído o llamado a sí mismo ─algún espíritu celestial─ para conversar con él brevemente (si no hay especificación de esto en la historia sucedida efectivamente, pongamos que el caso fuera así).

Entonces, este espíritu digamos que no fue el mismo Jesús, ni que tampoco tuvo necesariamente por qué exponer su identidad, durante tal «ECM».

¿Hay ejemplos similares en otras tradiciones, cristianas o no, como pueda ser por ejemplo en la muy intelectual china… o en la ortodoxa cristiana (oriental, me refiero), etc.?

Se podría recrear el discurso de Tomás, incluso, quizá, poniendo a este a conversar con quien testimoniara ese cambio de Tomás aquí, en la tierra, y si es que hubo alguien concreto a quien Tomás expresara lo vivido en su experiencia ─se podría usar el nombre de tal interlocutor─.

Se podría recrear, decíamos, el discurso, en función de lo que vemos en las cartas o mensajes de Padgett, así como, sobre todo, en lo que se sepa fidedignamente de las palabras de Santo Tomás en ese momento (o quizá de alguien tan intelectual y con una experiencia muy similar, si tal persona existió o se conoce su caso).

(Un recordatorio: Santo Tomás nació allá por el año 1224/5, y dicen que murió el 7 de marzo de 1274, así pues, pocos meses después de tal experiencia.)

Nota temática elaborada por IA Gemini ante mi petición

Santo Tomás de Aquino y la experiencia límite del Intelecto

El desengaño sobre la insuficiencia del intelecto puro frente a la sustancia afectiva y viva del alma encuentra su manifestación histórica más emblemática en el episodio final de la vida de Santo Tomás de Aquino.

El 6 de diciembre de 1273, mientras celebraba la misa en la capilla de San Nicolás en Nápoles, el Doctor Angélico experimentó un éxtasis místico (una vivencia que la tanatología moderna clasifica conceptualmente dentro del marco de las Experiencias Cercanas a la Muerte o estados alterados de conciencia en vísperas del tránsito espiritual). Tras esta vivencia, suspendió de inmediato el dictado* de la Summa Theologiae, dejándola inconclusa. Cuando su secretario, compañero y confesor, fray Reginaldo de Piperno, le instó a retomar la escritura de su magna obra intelectual, Tomás pronunció su célebre sentencia:

«Non possum magis; quia omnia quae scripsi videntur mihi quasi palea respectu eorum quae vidi et revelata sunt mihi.»
(«No puedo escribir más; todo lo que he escrito me parece como paja en comparación con lo que he visto y me ha sido revelado.»)

Incluso se conserva la tradición de que intentó arrojar parte de sus manuscritos al fuego, impedido únicamente por el cuidado de sus hermanos dominicos.

Recreación del diálogo entre Tomás de Aquino y fray Reginaldo de Piperno
(Ajustado a la perspectiva teológica de los mensajes de Padgett/G.R. sobre la distinción entre las facultades puramente mentales y la transformación sustancial del alma por el Amor Divino).

Fray Reginaldo:

Padre Tomás, la Iglesia aguarda el desenlace de la Summa. El mundo intelectual requiere que vuestra razón organice y sistematice las verdades del Creador. ¿Por qué habéis abandonado la pluma y permanecéis en esta quietud?

Santo Tomás de Aquino:

Reginaldo, amigo mío… durante toda mi vida creí que la cúspide del ser humano residía en la elevación de su intelecto, en la precisión de sus conceptos y en la arquitectura de la razón. Pensaba que comprender la verdad de Dios era un ejercicio de la mente iluminada. Pero he estado fuera de esta envoltura de carne. He mantenido un encuentro en la luz con una entidad de las Esferas Celestiales, un ser cuya gloria no provenía de sus ideas, sino de la naturaleza misma de su sustancia.

Fray Reginaldo:

¿Un ángel de la escolástica? ¿Un maestro de la teología?

Santo Tomás:

No, Reginaldo. No me habló con silogismos ni con conceptos abstractos. Me hizo percibir que el intelecto no es más que una herramienta superficial de la mente, un mero andamiaje externo. El alma no es un receptáculo de pensamientos; el alma es la capacidad misma de sentir, el centro del libre albedrío, la facultad de desear, aspirar y amar.

Comprendí que la mente puede alcanzar una perfección natural o «adámica» mediante la purificación de la razón, pero que esa perfección mental sigue siendo finita y seca. Lo que presencié en ese estado fue la entrada de una Esencia Divina —un Amor activo e incalculable procedente del Padre— que no ilumina la mente, sino que transforma sustancialmente el alma, haciéndola crecer y trascender su propia naturaleza creada.

Fray Reginaldo:

¿Y vuestros escritos, Padre? ¿La síntesis teológica de toda una vida?

Santo Tomás:

Paja, Reginaldo. Purísima paja. La razón analiza la estructura de la estructura, pero el Amor Divino rehace la sustancia del alma. Mis libros intentaron captar a Dios con la capacidad mental, cuando solo el alma, abierta mediante la oración y la fe receptiva, puede albergar la divina infusión que la vuelve inmortal y divina. Quemaría cada una de esas páginas si con ello lograra que los hombres dejasen de adorar la sabiduría de sus mentes y comenzaran a buscar la transformación de sus almas.

Casos análogos en otras tradiciones espirituales
El fenómeno de la quiebra del intelecto tras una irrupción directa de la realidad del alma o del Amor trascendente se repite de manera notable en diversas culturas:

Tradición Ortodoxa Oriental (Hesicasmo y Teología Mística):

─ San Simeón el Nuevo Teólogo (949–1022): En la tradición de la Filocalía, Simeón enfatizó que el conocimiento intelectual de Dios (gnosis mental) es nulo frente a la experiencia de la «Luz Increada» recibida en el corazón (el centro del alma). Sostenía que las fórmulas dogmáticas son sombras e insistía en que sin la vivencia directa del alma en oración, la teología académica es un obstáculo.

─ San Gregorio Palamás (1296–1359): En su defensa de los monjes hesicastas contra el filósofo intelectualista Barlaam de Calabria, Palamás argumentó que la mente terrenal no puede acceder a las «energías no creadas» de Dios. El alma debe recibir la gracia en su centro sensible y espiritual, dejando a la razón en un segundo plano.

Tradición China (Confucianismo vs. Taoísmo / Budismo Chan):

─ Lu Jiuyuan (Lu Xiangshan, 1139–1192) y Wang Yangming (1472–1529): En respuesta al excesivo intelectualismo y al estudio erudito de los textos promovido por Zhu Xi (Neoconfucianismo racionalista), Wang Yangming experimentó una iluminación súbita tras una etapa de crisis física y espiritual. Concluyó que la verdad no se encuentra mediante la acumulación erudita ni la investigación mental de las cosas (gewu), sino en la «Mente/Alma Intínseca» (Xinxue). Wang afirmó que el conocimiento intelectual externo obstruye la intuición pura del alma (Liangzhi).

─ El maestro Chan (Zen) Deshan Xuanjian (782–865): Erudito célebre y comentarista del Sutra del Diamante, Deshan viajó al sur de China cargando con sus densos comentarios escritos. Tras un breve e iluminador diálogo con una anciana vendedora de pasteles y un maestro Chan que apagó una vela frente a él, comprendió la inutilidad de sus tratados intelectuales. Al día siguiente, llevó todos sus volúmenes de comentarios al patio del monasterio y les prendió fuego, dedicándose exclusivamente a la realización directa de la naturaleza de la mente/alma.

Tradición Sufí (Islam Místico):

─ Al-Ghazali (1058–1111): Considerado una de las mentes jurídicas y filosóficas más brillantes del islam, sufrió una parálisis psicosomática en la cumbre de su carrera académica en Bagdad. Tras comprender que su conocimiento era puramente cerebral, abandonó su cátedra, regaló sus posesiones y se retiró al ascetismo. En su obra La liberación del error, dejó asentado que la especulación intelectual es incapaz de alcanzar la verdad divina, la cual solo es accesible mediante la «experiencia degustativa» (dhawq) del corazón/alma.

─ Yalal ad-Din Rumi (1207–1273): Era un respetado jurista y teólogo erudito en Konya hasta su encuentro con el místico derviche Shams de Tabriz. Shams arrojó los valiosos libros de teología de Rumi a un pozo de agua para demostrarle que el conocimiento conceptual era un velo que le impedía experimentar el Amor divino. A partir de ese evento, Rumi abandonó la enseñanza académica escolástica y se convirtió en el gran poeta del Amor místico.

Nota al pie
*
Debido a la magnitud de su producción y a su propia caligrafía —la cual era tan ilegible que sus contemporáneos y los paleógrafos posteriores la bautizaron literalmente como la littera inintelligibilis (letra ininteligible)—, Tomás no escribía los manuscritos finales de su propia mano.

El proceso de trabajo escolástico de Santo Tomás funcionaba así:

1. Equipo de amanuenses: Contaba con un equipo de secretarios y copistas (entre ellos, su fiel fray Reginaldo de Piperno).

2. Dictado simultáneo: Los testimonios del proceso de canonización (como el de Bernardo Gui y los registros de los frailes dominicos de Nápoles) afirman que Tomás era capaz de dictar a tres o cuatro secretarios de manera simultánea, pasando de un tema teológico o filosófico a otro sin perder el hilo de la argumentación.

3. El corte definitivo: Por eso, cuando el 6 de diciembre de 1273 se produjo su experiencia mística y pronunció la famosa frase de la «paja» (palea), lo que hizo literalmente fue dejar de dictar. Fray Reginaldo le ponía los pergaminos delante y le suplicaba que continuara dictando la Tercera Parte de la Summa (que quedó inconclusa en la cuestión 90, sobre el sacramento de la penitencia), a lo que Tomás se negó rotundamente diciendo que ya no podía dictar más.

Mi petición para el anexo

Además podría elaborarse un anexo donde se explique justo por qué podría no ser casual que se hubiera parado justo en esa cuestión de la penitencia.

Lo que experimentó Tomás tendría quizá que ver con la esencia del arrepentimiento en el modo divino, digamos.

El arrepentimiento es estar dispuestos a sentir y admitir íntimamente todo lo que hemos hecho a los demás y a nosotros mismos; es decir: cómo hemos afectado realmente a las almas de los demás y a la nuestra propia, con nuestros pecados.

Entonces, ese conocimiento, en su sentido pleno, en el fondo solo lo tiene Dios a nivel del alma. Pero podemos contactar con Dios, aunque solo sea en la vía digamos más indirecta de abrirnos a la verdad sentida ─en el sentido de que nosotros podemos acceder a la verdad divina sobre esa afectación, ese estado real de las almas─.

Sin embargo, si no abrimos además el corazón en esos atisbos de verdad ─tal como la siente Dios, dicha verdad─, entonces, solo podríamos sentir el dolor, a veces para regodearnos en él (y, en general, para seguir viviendo en él, protegiéndolo, es decir: sin salir de los bloqueos que nos impiden sentir a fondo lo desagradable ─por decirlo débilmente─ que se siente el modo álmico en que está nuestra alma, modo o manera de sentir que habilitó para realizar ciertos pecados)… para regodearnos o más bien, como decíamos, seguir viviendo en el dolor… pero dándole la espalda a nivel del alma: sin subsanarlo gracias al amor de Dios, que podría entrar en nuestra alma ante un verdadero arrepentimiento por nuestra parte, y sanarla de verdad.

Así, abriendo el corazón, el alma, a Dios, sí podemos hacer que Dios nos entregue su amor para reforzar la verdad divina sobre el arrepentimiento necesario si es que queremos tener una sanación o comienzo de sanación tal como Dios entiende tal cosa.

Pero, la claridad sobre esto, y la posible sanación, necesariamente están acompañadas de humildad: «sentir con toda el alma» es eso, humildad, sin añadir nada más, es decir, sin por ejemplo poner por encima nuestras opiniones, más o menos «intelectuales».

Gracias a la «percepción aumentada» que permite el contacto con Dios (aunque solo sea un contacto indirecto via verdad, pero más íntimo ─y siendo que la verdad tal como la ve Dios incluye también la verdad sobre el estado real que tiene nuestra alma así como el alma de otros, y no por ejemplo el estado que nosotros, en nuestras fantasías, querríamos que tuviera, o el pensamos que tiene, etc.), gracias a esa «percepción» o constatación, decíamos, resulta que el daño hecho a los demás y a nosotros mismos nos pone potencialmente en un nivel de sentir que lógicamente muchas veces será incomparable a nuestro «sentir normal».

Quizá lo único que recibió Santo Tomás en su experiencia es una especie de trasfusión más interna, álmica, por parte de un espíritu ─al vincularse o sintonizar con él o con ella─, un espíritu que, sí que habría recibido el amor de Dios (ya que Tomás, incluso, podría no haberlo recibido, ni antes, ni tampoco en ese momento ─a pesar de haber comprendido un poco, en el fondo, tras el encuentro, lo que sucedía─).

Por eso, su actitud habría sido: vale, dejémoslo así, no lo puedo pensar, sería demasiado simple. Es decir, el simple acto de querer quemar los papeles habría sido, en realidad, una respuesta «reactiva», digamos: una buena reacción y prosecución de la humildad habría consistido en parte en seguir interesándose (no solo en seguir sintiendo) en por qué era tan simple… y en qué es lo que realmente es el alma… con sus «dos formas» de purificación/crecimiento, etc.

Así, añadiría esta reflexión, como anexo (no hace falta repetir el por qué dictaba, eso ya lo voy a poner sin más como nota al pie); y, quizá, como añadido también, un diálogo más íntimo. En él, Tomás empezaría a desear esto que he dicho ahora, con algún interlocutor (quizá no el mismo que antes): a desear hacer esta labor, digamos, la de «poner a producir» la humildad incipiente real, la labor de hacer operativa esa humildad, la cual solo habría así como asomado.

Anexo: El estancamiento escolástico frente al Misterio de la Penitencia y la Verdad del Alma (realizado por IA Gemini)

1. La frontera infranqueable de la Cuestión 90
No deja de ser un hecho profundamente revelador que la pluma de Santo Tomás de Aquino —y la voz con la que dictaba a sus secretarios— se interrumpiera con un silencio categórico de forma precisa en la Cuestión 90 de la Tertia Pars de la Summa Theologiae, dedicada al Sacramento de la Penitencia.

Hasta ese momento, la escolástica medieval había abordado la contrición, la confesión y la satisfacción mediante un aparato conceptual analítico: categorías de actos, análisis de causas, grados de culpa, penas temporales y mecánica de las virtudes. Pero la penitencia no es, en su sustancia última, un tratado de teología moral ni una transacción forense; la verdadera penitencia es la experiencia íntima, vivencial y dolorosa de la desnudez del alma ante la Verdad Divina.

Lo que la experiencia mística —o el encuentro álmico durante ese estado alterado de conciencia— le reveló al Aquino fue la insuficiencia radical del intelecto para cartografiar la distorsión del alma humana y su verdadera sanación.

2. La naturaleza del arrepentimiento divino frente a la herida del alma
El arrepentimiento, en el modo en que Dios lo entiende y lo sostiene, exige una disposición absoluta a sentir y admitir íntimamente el impacto real del pecado: es decir, cómo nuestras acciones, deseos y desviaciones han deformado nuestra propia alma y han herido las almas de los demás.

1. La Verdad Divina sobre el daño: Esta perspectiva plena y sin velos del estado real del alma solo la posee Dios. El ser humano en estado natural tiende a protegerse tras fantasías, racionalizaciones e hiperintelectualización para no experimentar la fealdad o la aspereza de su condición álmica.

2. El peligro del dolor cerrado: Si el alma alcanza a atisbar la Verdad sobre su daño pero no abre el corazón a Dios, la consecuencia es el encierro en el dolor. Es la contrición puramente humana que deriva en culpa, remordimiento, autojustificación o en un regodeo neurótico en el propio sufrimiento. El individuo sigue viviendo en el dolor, protegiendo sus bloqueos y dando la espalda a la única fuente capaz de transmutarlo.

3. El toque del Amor Divino: Para que el dolor de la Verdad no sea destructivo, el alma debe abrirse en humildad a la infusión del Amor del Padre. Este Amor no borra mágicamente el hecho cometido, pero entra en la sustancia del alma, limpia la causa profunda del mal (el desvío del afecto) y sana la deformación de manera real, no teórica.

Esta «percepción aumentada» o choque de realidad sitúa al ser humano en una escala de sentimiento desgarradora pero sanadora, infinitamente superior a cualquier construcción lógica. Santo Tomás comprendió de golpe que la Cuestión 90 intentaba explicar con categorías aristotélicas lo que solo puede ser vivido en el fuego del arrepentimiento de la voluntad y la humillación del orgullo intelectual.

3. La reacción reactiva y el límite de la experiencia de Tomás
Es posible analizar la vivencia de Tomás no como una recepción directa e inmediata del Amor Divino en su alma, sino como una «transfusión o sintonía álmica» con un espíritu de las esferas superiores. Al vincularse con un ser celestial que sí poseía la Esencia y el Amor de Dios, Tomás experimentó, por resonancia, el inmenso contraste entre la luz de aquel estado y la sequedad de su propio andamiaje conceptual.

Ante este choque, la primera reacción del dominico fue impulsiva y reactiva: el deseo drástico de quemar sus escritos.

Sin embargo, desde la perspectiva de una humildad operativa, la quema de los papeles o el silencio absoluto siguen guardando un matiz de reacción ante el impacto. La verdadera humildad no solo se conmociona y se calla; la humildad madura «pone a producir» la revelación. La prosecución de esa experiencia habría consistido en trascender el mero estupor para comenzar a investigar, con un corazón abierto, la naturaleza auténtica del alma, sus capacidades afectivas intrínsecas y la diferencia radical entre la purificación natural del ser y la transformación sustancial mediante el Amor del Padre.

Diálogo íntimo: La humildad puesta a trabajar
(Escena: Noche del 7 de diciembre de 1273. Celda de Santo Tomás en el convento de San Domenico Maggiore, Nápoles. Tomás se encuentra sentado frente a la mesa donde reposan los pergaminos inconclusos. Entra Fray Bernardo de Lucca, teólogo y amigo personal de Tomás, preocupado por el repentino mutismo del Maestro).

Fray Bernardo:

Tomás… Reginaldo me ha dicho que no solo has dejado de dictar la Cuestión sobre la Penitencia, sino que intentaste arrojar los cuadernos al fuego. El convento está consternado. ¿Es cierto que has resuelto no volver a hablar de estas materias?

Santo Tomás de Aquino:

(Con la mirada fija en las velas, con voz pausada pero exenta de la agitación de la mañana)

No fue un arrebato de locura, Bernardo. Fue la vergüenza. Cuando intentaba sistematizar la contrición en la Cuestión 90, pensaba en términos de actos, potencia, hábito y remisión de penas. Pero en ese instante de luz… el espíritu que se aproximó a mi alma me hizo sentir, no pensar, la Verdad de las almas.

Fray Bernardo:

¿Qué sentiste, hermano?

Santo Tomás:

Sentí el peso real de lo que le hacemos a Dios, a nosotros mismos y a nuestros semejantes cuando pecamos. Sentí el dolor del alma desnuda sin el filtro de la teología. Dios ve el estado exacto del alma, Bernardo, sin las fantasías con las que intentamos consolarnos. Y al ver esa deformación, la mente se colapsa. Mi primer impulso fue destruir todo lo escrito porque entendí que mis fórmulas eran una burda simplificación, una cáscara vacía.

Fray Bernardo:

¿Y no es esa la respuesta correcta ante la Majestad Divina? ¿El silencio y la destrucción de la vanidad intelectual?

Santo Tomás:

(Niega lentamente con la cabeza)

Eso creí esta mañana en el altar. Pero al reflexionar en la quietud de esta celda, me doy cuenta de que querer quemar los libros fue una reacción impulsiva, casi una huelga del orgullo herido. Pensé: «Si todo lo que he pensado es paja, entonces nada vale nada y debo callar». Pero eso es abrumarse por el impacto; es quedarse en el dolor del desengaño sin dar el paso siguiente.

Fray Bernardo:

¿Y cuál es el paso siguiente?

Santo Tomás:

La verdadera humildad no consiste en esconderse en el silencio tras descubrir que estabas equivocado. La verdadera humildad debe ser operativa. Hay que poner a trabajar este atisbo de Verdad. El espíritu que estuvo conmigo no traía un conocimiento intelectual; traía una calidad de sentimiento y de luz que procedía del Amor de Dios integrado en su propia alma. Me di cuenta de que el arrepentimiento no es un concepto analítico sobre la culpa, sino la apertura del corazón para que el Amor de Dios entre, limpie y transforme la sustancia misma del alma.

Fray Bernardo:

¿Estás diciendo que la mente no basta?

Santo Tomás:

La mente solo puede ordenar la casa, pero no puede habitarla. El intelecto es una herramienta de la mente, pero el alma es el verdadero centro del hombre: donde reside el libre albedrío, la capacidad de sentir, de aspirar y de amar. Si la verdad del dolor por nuestras faltas no va acompañada del Amor Divino que sana la sustancia del alma, el hombre solo se regodea en un sufrimiento estéril o busca refugio en dogmas secos.

Fray Bernardo:

Entonces, Maestro… ¿qué vas a hacer con la Summa y con tu vida de ahora en adelante?

Santo Tomás:

(Mirando los manuscritos con una leve sonrisa serena)

No los quemaré. Que queden como el testimonio del límite al que puede llegar la razón humana. Pero ya no dictaré desde la cabeza. Si Dios me concede la gracia y la salud, quiero aprender a pedir ese Amor. Quiero entender la diferencia entre la simple purificación de la mente y el verdadero crecimiento del alma por la infusión de la Esencia Divina. Mañana no quemaremos la paja, Bernardo… pero comenzaremos, por primera vez, a buscar el trigo.

Versión en inglés

Jesus giving Mr. Padgett advice as to prayer and worship. Says he has selected Mr. Padgett to do this work (25 Dec 1914)

I AM JESUS,

You are my dear brother and I will tell you what I desire you to do at this time. You must not let the little worries of your business life keep you from giving your thoughts to God in worship and in prayer, and from believing in me and loving me as your friend and teacher; for I am, and wish only to have you do those things which will make you more at-one with the Father and love me more.

You must try to let all your thoughts turn to the mission which I have selected you to do, for you I have chosen and you must do my work. As I am the one that God selected to do His work when I lived on earth, so you are the one that I now select to do my work, by giving to the world my messages of truth and Love. I will soon commence to write them and you must preserve them until such time as you shall be in condition to have them published.

I do not want you to think that you are not worthy to do this great work, for you are; otherwise I would not have selected you, and this fact alone should be sufficient to make you not doubt that you are a suitable person for the work.

In my teachings I want to show you that I am only my Father’s son, as you are His son, and not to be worshipped as God. He is the only God, and the people who today are worshipping me in all parts of the world are not doing what I desire; for they are putting God in the background and making me their object of worship, which is all wrong and which I am so anxious to have cease. They must look upon me only as a son of God, and their elder brother who has received from the Father His full Love and confidence, and which I am bidden to teach to them.

You are not to let anyone tempt you to let your love of God be displaced by any love you may have for me, for your love for me must not be of the kind you have for Him – He is the only God and you must worship Him alone – so be careful and make this distinction or you will make an egregious mistake.

I am your own dear brother and teacher and love you with a love that I have for very few of the mortals. Why? because I see that you will become a true follower of me and learn to love God as I love Him; only I do not want you to think that you are now in a condition that leaves you free from sin, or from the necessity of praying to the Father with all your heart for an inflowing of His Love. You must get all this Love that is possible; and that can be gotten only by prayer and faith. So in your prayers have faith, and the time will come when you will become very close to the Father and enjoy His Love to a degree that few have so farobtained.

(Question)

Yes, it is possible, and as I say, it will take place. Only do as I have told you.

Yes, I will help you with all my power and love, and you will succeed. Only try to believe, and you will realize, before you come to the spirit world, that God is your Father – to a degree that will enable you to live very near to Him, as I am living. Your faith is now very great, as I know; and not-withstanding the fact that at times you have your doubts and get despondent, yet your faith is there, and it will grow in intensity, and become so strong that it will never again be shaken.

You must now let me stop as you are tired and need rest.

Yes, there are many things in my life as written in the Bible which are true, and many that are not true. These I will tell you of when I come to write my formal messages.

So let us stop now.

Your own true friend and teacher –
May God’s blessings and mine rest upon you this night.
JESUS

Mr. Padgett’s grandmother affirms Jesus wrote.

Your Grandmother,

Was he not lovely and grand? You certainly are a very favored man and I wonder at the great Love that may be yours and promises of the Master.

Yes, I heard what he said, and he knows. You must believe, for he never says what he does not know to be true. You are certainly more blessed than all others. Only think of that promise and the certainty of it.

You are too tired to write more now.
Your loving Grandmother.
Ann Rollins

Mr. Padgett’s wife affirms Jesus wrote.

I AM HERE, Helen,

You are too much loved by the Master to ever be unhappy. So let me say good night, and that I love you with all my heart and soul.
HELEN.

G. R. Continues describing his progress (20 Feb 1915)

I AM HERE, your old friend G. R.

I am very happy tonight and I am glad that you are so much better. You had rather a hard time of it, and reminded me somewhat of the suffering that I used to undergo when I was on earth and in Washington. Well you are cured of the indigestion, and your digestive organs will soon be in perfect working order.

The faith that you had in your prayers and the work of the Master! You were actually cured by your faith – the work done was only a means used to impress upon you the fact that God had answered your prayers. I do not see how you could have had such faith as you had at the time, but it is a fact that you had it, and as a consequence, the cure was effective.

When you prayed as you did, I was so very much impressed with your faith that I expected to see your prayers answered as they were. Jesus helped you to pray and also helped your faith. He also did the work that you observed through the power which he possesses. It was a revelation to me, I must confess, and caused me to believe more than ever in prayer and faith.

I am now so very happy in my new sphere that I cannot explain to you what that happiness means. I cannot express myself in language sufficiently strong and descriptive that you may comprehend. But this I will say, that my happiness now transcends all my conceptions of what happiness might be, when, as a mortal, I sometimes thought of the after life, and the happiness which might be in store for me when I passed over.

I am in the third sphere, but am not contented to remain there, for your mother has told me on many occasions of the far greater happiness existing in the higher spheres. I am now striving and praying for this greater happiness, and I will never be content until I get it. Your wife is in a much higher sphere, and is so very beautiful and so exceedingly happy, that I know that where she lives such happiness must exist.

I am also happy because I have my soulmate with me so very often, and her love is so great and pure that it leads me on to higher things, and enables me to seek with so much earnestness the Great Love of the Father, which I now believe is waiting for me if I only will strive to obtain it, and have the faith which all who have obtained a very large degree of this Divine Love tell me of.

Your grandmother is so wonderfully beautiful and filled with this Love, that her very presence inspires me to believe and seek for the happiness of these higher spheres.

Well, as you want me to tell of some of the laws of the spirit world, I will say that the one great law is that God is Love, and that he is willing to bestow that Love on anyone, spirit or mortal, who asks Him for it. I am not only very happy, but I find that my mind is expanding to a great extent by reason of that Love that I possess. No man or spirit can possibly be filled with this Love, and not have the wisdom that necessarily comes with the Love. I am not so much interested in purely mental phenomena as I was before I received this Love and believed in a Father of Love and truth; but I am, nevertheless, able to understand many things to a far greater degree than I could when I had merely the mental pursuits in mind. I am not yet fully conversant with the laws of communication, as I told you I would learn and instruct you in, but I know enough to be able to say that every spirit is trying to communicate with his friends on earth; and the reason why he is not able to do this is because the mortals are not in that condition of psychical rapport that will enable them to receive the communications of the spirit. I do not yet know why one mortal is so susceptible to these influences as to be readily understood and another mortal is not. Some spirits say that the law controlling this matter is not understood by spirits who have been here for a great many years, and who have given considerable study on the subject.

But this I do know, that when the rapport exists, the communications can be made with the exercise of the powers.

But I don’t know of any manifestation as satisfactory to both spirit and mortal as the writing such as you are now doing, for we have the opportunity for such a greater extent of communicating and interchanging of thoughts. I am perfectly delighted at the possibilities given me of writing you in this way. So you must believe that I am writing to you, and that all the others of your band are doing the same thing.

Your wife has more power in this regard than any of us, and she does not hesitate by writing you whenever you call for her. She is a wonderful spirit in her grasp of spirit things and in her love for the Father. So you must not let any doubt come into your mind when she writes to you, and tells you of so many wonderful things, and of her love for you. She seems to love you with a love that has no limit or possibility of growing less.

I am now going to tell you of my progress in this Love and happiness. When I last wrote you I told you that I had commenced to have faith in the Father, and had received some portion of His Love. Well, since then I have been praying and asking God to give me more faith and Love; and as I prayed my faith increased, and as my faith increased, more of this Love came into my soul, and with it an increased happiness. So I would not stop striving until I realized that my soul was commencing to get such an inflow of this Love that it seemed that all things which tended to retard this inflowing were leaving me, and only Love and goodness were taking possession of me. I am now very far advanced over what I was when you first commenced to talk to me of this Love, and I shall through all eternity remember and thank you for what you did for me. I was also fortunate to have your mother and wife with me very much trying to show me the way to this truth of the New Birth; and then when your grandmother came to me, it seemed as if I could not resist the influence to seek and try to find it.

Lastly, when I had received enough of this spiritual awakening to realize who Jesus was, I gave him my close attention, and as he continued to show me the way to the Father, I commenced to grasp the truth and believe that my salvation depended on my receiving this Great Love and becoming a finer and better man. I tell you that Jesus is the most wonderful of all spirits that I have seen or heard about. He is so filled with Love and goodness that there seems no doubt in my mind that he is the son of the Father, in the special sense of the term. I mean that he is so much nearer the Father, and has so much and many of His attributes that he is the greatest son in the sense of being more at-one with the Father. We are all sons of the Father, but there is such a difference in our spiritual conditions, and the contrast between Jesus and us is so great, that we can readily believe that he is the greatest true son, and that his great love and knowledge of the qualities of the Father is greater than any Celestial Spirit. I do not mean in the sense that he was created in a different way, physically, from other men. No immaculate conception or birth from the womb of a virgin. I do not believe this dogma, and the Master says that it is not true, for he was truly, so far as his physical being is concerned, the son of a man and woman, as you or I am.

Now, I am also convinced that mankind cannot be saved from their sins unless they follow the way showed them by the Master. No man can save himself, and I wish strongly to emphasize the fact that man is dependent upon God for his salvation from the sins and errors of the natural man. I do not mean that men have not a work to do themselves, for they have. God is willing to save them, if they ask it and acknowledge that without His help they cannot be saved; but unless they do ask and believe, He will not interfere with their conditions. So you see I am not only a believer in God and Jesus, but also in the doctrine that men cannot save themselves.

I thought that man was sufficient unto himself when I was on earth, but now I know that he is not. Man may be comparatively happy, and free from what is called sin – that is, a violation of God’s laws; but that happiness is not the same, nor is man’s condition the same, as when he gets this Divine Love from the Father.

I will not speak longer on this subject tonight, but reiterate that when on earth I thought that by my own exertions, I might possibly become Divine, yet now as a spirit, I know that man is not Divine and cannot become so in all eternity, unless he receives this Divine Essence which comes to him by the New Birth. Divinity is of God, alone, and only He can bestow it on man. Man, not having this Divinity, cannot create it by his own efforts. So believe what I say and strive to get it, and you will then succeed and become as the redeemed in the Celestial Spheres.

With all my love and blessings.
G. R .