2/276-281) Siguientes seis mensajes (Yorking, Santiago y Helen escriben – Vol. 2) | El verdadero evangelio – Revelado de nuevo por Jesús | Vol. 2:276-281

Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español (y notas)
─ Versión en inglés

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Introducción

─ Enlace al audio: en ivoox
La lectura de estos mensajes en el audio dura hasta el minuto 23:17, y luego hay algunos comentarios sobre puntos clave del texto, o bien sobre temas que cabe dilucidar, o donde leo algunas notas.

Esta vez vemos los siguientes seis mensajes, que son de Yorking, Santiago y Helen.

Para la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:

unplandivino.net/padgett/

Esto forma parte de un libro que es el segundo volumen de una recopilación concreta de las cartas o mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, de Jesús de Nazaret.

Estos volúmenes fueron preparados y/o compartidos así por Divine Truth, entre otras personas.

Este segundo volumen no estructura los mensajes según temas. Y tal como se ve en su índice, contiene:
─ Una introducción;
─ Una nota breve sobre la edición digital;
La lista de mensajes,
─ y un breve apartado final, donde sólo se presenta de nuevo la oración que podemos llamar «del amor divino», y que vimos en el primer volumen.

Versión en español (con notas al final)

John Yorking: Discípulo de Jesús – Su conocimiento de las verdaderas enseñanzas de Jesús cuando estuvo en la tierra (19 febrero 1916)

Aquí estoy, el espíritu de alguien que murió hace muchísimos años en un país lejano, y en una época en que las verdades del cristianismo eran conocidas y practicadas por los seguidores del Maestro con la pureza con que él las enseñó. Fui su discípulo, pero no soy recordado por la historia, y como muchos otros que vivieron en aquellos días, trabajé humildemente entre los pobres y sencillos de la tierra. Mi labor se desarrolló principalmente en las regiones circundantes a Palestina, aunque cercanas a ella, y fui uno de los que recibía del mundo espiritual las comunicaciones de aquellos espíritus que habían vivido en la tierra como cristianos; estas comunicaciones se recibían en nuestro culto público y eran interpretadas o explicadas a la gente común por aquellos maestros que tenían el don de la interpretación.

A comunicaciones como estas se refería Juan cuando nos aconsejó que probáramos a los espíritus para saber si eran de Dios; o, en otras palabras, para saber si eran espíritus que conocían las doctrinas de Cristo, que venían a enseñarnos las verdades tal como las percibían en el mundo espiritual, y si eran seguidores del Maestro.

Sé que Jesús enseñó el Nuevo Nacimiento y el Amor Divino, y la restitución del gran don que nuestros primeros padres habían perdido en el momento de su desobediencia.

También sé que él nunca nos enseñó a considerarlo Dios, ni que cualquier muerte que él pudiera sufrir nos salvaría de nuestros pecados ni nos aunaría con el Padre, ni que el Padre exigiera sacrificio alguno para aplacar su ira o pagar deuda alguna que el hombre pudiera tener con Él.

No, las últimas cosas mencionadas no formaban parte de nuestra fe ni de nuestra comprensión de las verdades que entrañaban las enseñanzas del Maestro.

También poseíamos los maravillosos poderes que Jesús tenía para sanar, expulsar espíritus malignos, etc., y nunca los consideramos milagros, sino el resultado del ejercicio de las facultades que nos fueron otorgadas al recibir el Amor Divino y poseer la fe que convertía este Amor, y todo lo que lo acompañaba, en una existencia real.

Jesús fue siempre un hombre de amor, misericordia y benevolencia, y nunca se cansó de su gran obra de hacer el bien a los mortales; pero estas obras eran simplemente secundarias a la otra gran misión que llevó a cabo.

Por encima de todo, fue un maestro del Amor del Padre y de la necesidad de que el hombre recibiera este Amor para unirse al Padre y convertirse en un hijo aceptado, cuya herencia era la inmortalidad y el cielo.

Así pues, se puede apreciar fácilmente la gran desviación que ha habido entre nuestras enseñanzas, nuestra fe y nuestras prácticas, y las de los meros seguidores del Maestro.

Ahora veo que la creencia en los dogmas de la iglesia y en los misticismos de Dios es lo que constituye al cristiano, y el desarrollo del alma apenas se predica, o bien no es realmente comprendido por los predicadores ni por la gente; y el verdadero secreto de la salvación del hombre se ha perdido para el mundo.

Ahora me encuentro en las altas Esferas Celestiales, donde el Amor del Padre es de lo más abundante y los espíritus de los hombres viven en felicidad eterna, con la certeza de que la inmortalidad les pertenece.

No escribiré más esta noche, pues es tarde y estás cansado.

Pero antes de terminar, permíteme decirte que estás recibiendo la revelación de la verdadera religión de Jesús, así como verdades que conciernen a la condición y existencia del mundo espiritual y de los Ámbitos Celestiales.

Con mi amor y bendiciones, soy,
Tu hermano en Cristo,
John,
el humilde seguidor del Maestro
John Yorking
(Yo era judío)

Helen: Comentarios sobre el espíritu anterior (19 febrero 1916)

Aquí estoy, tu fiel Helen.

Solo escribiré unas líneas, pues es muy tarde.

Nunca lo había visto antes, pero él era de las Esferas Celestiales, pues poseía un espíritu maravillosamente brillante y desarrollado, y el Amor irradiaba de su rostro con una intensidad asombrosa. No me cabe duda de que era quien decía ser.

Buenas noches.
Tu fiel y amorosa
Helen

Santiago: Las debilidades de la mente humana y de las cualidades morales (24 mayo 1917)

Estoy aquí: Santiago; y he venido a escribirte sobre el tema: «Las debilidades de la mente humana y de las cualidades morales».

He oído que leíste el mensaje del Maestro y creo que en él encontrarás mucha verdad sobre la que reflexionar; deseo añadir algo a lo que allí se ha dicho. Y aquí quiero añadir además que, si bien ese mensaje estaba dirigido a ti personalmente, la verdad y el consejo que contiene pueden aplicarse a cualquier mortal, y se obtendrán buenos resultados sin importar quién sea tal mortal.

Como sabes, he permanecido en el mundo espiritual durante muchísimos siglos, según vuestra concepción del tiempo, y durante ese largo periodo he estado muy cerca de los mortales de todas las partes de la tierra, y de toda nacionalidad, creencia, nivel de educación e ilustración. En mis experiencias con ellos, he observado la naturaleza y las tentaciones de los mortales, así como las diversas maneras en que se han visto asaltados por estas, y sus esfuerzos por superarlas, junto con sus éxitos y fracasos.

Permíteme decir primero que la naturaleza del hombre es hoy la misma que cuando yo vivía en la tierra; las perversiones y pecados de las almas de los hombres son igual de numerosos y de la misma índole que en mi época en la carne, y las tentaciones, tanto externas como internas, son igual de difíciles de vencer que cuando el Maestro proclamó por primera vez las buenas nuevas del Amor y la redención; con la única diferencia de que, antes de ese tiempo, el hombre no contaba con el Amor Divino que le ayudara a vencer y dominar estas tentaciones, como ahora sí lo tiene. Y lo lamentable es que, si bien este Gran Auxiliador, Regenerador y Vencedor del pecado y la tentación se encuentra ahora en el mundo de los mortales y responde a su llamado, son comparativamente muy pocos los que lo invocan, o que se dan cuenta de que efectivamente este Auxiliador está siempre esperando para capacitarlos para vencer las tentaciones.

Antes de la llegada del Amor Divino, las verdades morales se enseñaban a los hombres tal como se enseñan hoy; y muchos ─no necesariamente entre los judíos─ comprendían e intentaban aplicar estas verdades a su vida diaria, esforzándose por vencer las tentaciones derivadas de los pecados que con tanta constancia formaban parte de su existencia, y que también provenían de la influencia de los espíritus malignos. Es del todo erróneo suponer que en aquellos tiempos tempranos, y entre aquellas primeras razas de la Tierra, las percepciones morales no se desarrollaron ni se enseñaron; los hombres de entonces luchaban por vencer las tentaciones y convertirse en seres buenos y nobles, en la medida en que la comprensión y el uso de estas verdades y principios morales se lo permitían.

En toda época, desde la caída de los primeros padres, los hombres han tenido, en mayor o menor grado, conocimiento de lo que se denomina verdades morales, y el amor natural del hombre ha existido en un estado más o menos imperfecto. Los hombres han sido bondadosos, amorosos y sinceros, y han controlado hasta cierto punto sus apetitos y sus propensiones hacia una vida malvada; pero suponer que los hombres de hoy no están sujetos a tentaciones tan grandes, y que por sí mismos son más capaces de resistirlas, es un error. La actual gran guerra lo demuestra, pues nunca antes los hombres ─me refiero a aquellos que presumen de cultura y civilización─ habían sido tan brutales en sus actos, ni habían estado tan aparentemente desprovistos de toda noción del bien y del mal, y de la misericordia, como muchos de los que participan en la contienda actual.

Por lo tanto, afirmo que los hombres de hoy no pueden adjudicarse mayores cualidades morales que las que podían reclamar los de aquellas épocas en las que se les consideraba paganos y faltos de desarrollo en dichas virtudes.

Por supuesto, hoy en día existe en el mundo más de lo que podría llamarse educación y formalidades sociales; pero detrás de estas cosas ─que en gran medida son resultado del mero desarrollo intelectual─ los hombres tienen las mismas almas pervertidas, o mejor dicho, los mismos apetitos y deseos, y están sujetos a las mismas tentaciones que los hombres de antaño; y si la humanidad dependiera del cultivo y perfeccionamiento de estas facultades meramente morales, me temo que la tentación seguiría ejerciendo sobre las almas de los hombres toda la influencia y el poder dañino que tuvo en el pasado.

Sé que se dice que «el mundo está mejorando»; pero la cuestión es: ¿es cierta esta afirmación? Y si lo es, ¿cuál es la causa?

Ve a la India, a China y a otros países donde solo rigen las enseñanzas de las supuestas leyes morales, y averigua si ha habido alguna mejora en la condición de las almas humanas, y si han logrado, en algún grado, vencer las tentaciones a las que está sujeta la raza humana. Al hacerlo, descubrirás que, salvo en el caso de unos pocos, la condición de sus mentes y almas sigue tan pervertida como en los siglos pasados, y que solo en aquellos lugares que se encuentran bajo la influencia de las naciones cristianas se logra reprimir la tendencia de las mentes pervertidas a cometer actos que surgen de la falta de práctica de los preceptos morales, o de la carencia de conocimientos morales.

Esta es la verdad sobre lo que han logrado las meras enseñanzas morales allí donde solo se imparten lo que se supone que son verdades morales.

Las tentaciones acompañan a los hombres, y los acompañarán siempre, a menos que sean controladas o vencidas por algo superior o más certero que lo que los hombres conciben como verdades morales.

Por lo tanto, a partir de esto verás que los meros conceptos morales no necesariamente ─o al menos no por mucho tiempo─ serán capaces de destruir el poder de la tentación que surge de la pervertida naturaleza de los mortales.

Debo terminar aquí, y con ello, te dejo mi amor y bendiciones.
Buenas noches.
Tu hermano en Cristo,
Santiago
hermano de Juan

Helen: Confirma que Santiago escribió sobre las debilidades de la mente humana y de las cualidades morales (24 mayo 1917)

Aquí estoy, tu fiel y afectuosa Helen.

Bueno, querido, has tenido una velada muy agradable, y también nosotros, que hemos estado contigo escuchando tu conversación; y con «nosotros» me refiero a muchos espíritus interesados ​​tanto en ti como en el doctor.

Santiago escribió, y aunque quizás no lo hizo con la misma facilidad de siempre, transmitió algunas verdades importantes que descubrirás al leer atentamente sus mensajes.

Buenas noches, y que Dios os bendiga a ambos es la oración de vuestra fiel y afectuosa,
Helen

Santiago: Cómo puede el hombre ser restaurado a la perfección, como los primeros padres antes de su caída (8 marzo 1917)

Aquí estoy, Santiago, apóstol de Jesús.

Vengo a escribir mi mensaje, como Elías te dijo que lo haría. Deseo escribir sobre: ​​»¿Cuál es la gran verdad respecto al modo en que, mediante la destrucción del poder de las tentaciones que surgen del hombre pervertido, este puede ser restaurado a la condición de perfección que poseían los primeros padres antes de su caída?».

Comprenderás que esto no implica consideración alguna sobre la acción del Amor Divino en el alma, sino exclusivamente sobre el método por el cual el alma puede ser purificada mediante el efecto de sus obras y la fuerza de voluntad, en conjunción con la influencia o la intervención de las fuerzas de los espíritus que ya han sido liberados de los pecados y errores que siguieron a la caída.

Cuando el hombre fue creado, como ya se os ha dicho, fue creado perfecto; cada cualidad, función y atributo que formaba parte de él fue creado de tal manera que la armonía ─la más exacta armonía con las leyes de Dios que gobernaban su existencia─ se convirtió en su estado natural, y no existía discordia de ningún tipo que la perturbara. Pero a medida que la naturaleza espiritual del hombre se subordinó a los apetitos, las pasiones y los deseos carnales, el pecado, el error y la inarmonía aparecieron y aumentaron, hasta que el hombre se degradó y ya solo deseaba aquello que satisficiera esos deseos pecaminosos.

Y así continuó esta degeneración hasta que el hombre alcanzó su mayor degradación y llegó el punto de inflexión en su trayectoria. Entonces comenzó a elevarse lenta y gradualmente de esta condición de depravación hasta que, finalmente, llegó a la fase del estado de inarmonía con las leyes de su creación que existe hoy en día; y su destino es la restauración completa a la perfección de su estado original.

Esta mejora y restauración gradual dependen de dos causas: por un lado, del propio hombre, mediante sus propios pensamientos y la reforma de sus apetitos y deseos animales; y por el otro, de la influencia y guía de los espíritus que, en el mundo espiritual, han alcanzado esa perfección o están progresando hacia ella, y se encuentran en una condición de armonía con estas leyes, superior a la de los mortales a quienes brindan su influencia y ayuda.

Los hombres, en su degeneración o progreso, están controlados en gran medida por sus pensamientos; tales pensamientos son creados por las operaciones de sus deseos y, a su vez, provocan que estos deseos aumenten. Sin embargo, detrás de los pensamientos siempre se encuentran estos apetitos y pasiones existiendo en su condición desnaturalizada, y constituyen la causa básica o motriz del deseo, el pensamiento y la acción. Así pues, para que los hombres se liberen de sus deseos, pensamientos y acciones desalineados, es necesario erradicar su causa, y que la sede o función de dicha causa sea llevada a la armonía con las leyes que rigieron la creación de estas funciones o sedes de emanación.

Y por extraño que os parezca, y mediante un proceso que es contrario al funcionamiento ordinario de la ley de causa y efecto, los hombres deben primero lidiar con los efectos para poder controlar la causa y, de este modo, destruir los efectos. Esto puede parecer una operación imposible, contraria a las leyes que rigen el mundo material y su funcionamiento ordinario; pero, sin embargo, es posible, y es la única manera en que se puedan destruir las causas.

A pesar del hecho de que la parte animal o material del hombre ha tenido la supremacía sobre la parte espiritual de su naturaleza durante todos estos siglos, esta parte espiritual existe, y siempre ha existido, esperando manifestarse cada vez que se presentara la oportunidad; y esta manifestación fue impedida o reprimida únicamente por la falta de dicha oportunidad.

Puede decirse que lo espiritual es el estado natural. Con esto quiero decir que, en ese estado, lo animal está subordinado a lo espiritual y es controlado por ello, y la verdadera tendencia del hombre es existir y actuar de acuerdo con ese estado natural. Siendo este el hecho, cabe preguntarse por qué, o de qué manera, esta condición espiritual natural ─en la manifestación de lo que se supone que son las dualidades dominantes del ser humano─ quedó subordinada al control del ejercicio desmedido de este lado animal de su naturaleza, lo cual dio como resultado el pecado y la infelicidad que tantos maestros y filósofos proclaman como la condición natural del hombre.

Esta noche no intentaré explicar el modo en que se produjo esta inversión o perversión de la verdadera naturaleza humana, pero escribiré sobre este tema en el futuro.

La cuestión, ahora, es: ¿cómo puede el hombre recuperar la perfección con la que fue creado?

Como ya he dicho, esto solo se puede lograr realizando el ajuste perfecto entre los dos aspectos aparentemente en conflicto de su naturaleza.

Y, en primer lugar, debe reconocer que posee tanto una naturaleza espiritual como una animal, y que existe tal relación y coordinación entre ambas que la supremacía de esta última perturba la armonía de su perfección como hombre. Habiendo sido subordinado lo espiritual, el remedio es eliminar la subordinación y restaurar la igualdad. Lo espiritual, a pesar de su condición actual, siempre lucha por recuperar su lugar en el verdadero ajuste, y siempre responderá al llamado del hombre para acudir en su auxilio; y lo único que ha impedido esa respuesta es que el hombre no lo ha invocado para que se afirme por sí mismo.

Bueno, lo siento, pero será mejor posponerlo para más tarde. Intenta lograr una mejor vinculación.

Buenas noches.
Tu hermano en Cristo,
Santiago

Aquí estoy, tu fiel y afectuosa Helen.

Querido, veo que estás decepcionado esta noche por no haber recibido el mensaje de Santiago, para poder escribirlo como él quería entregarlo.

Bueno, las condiciones no eran las adecuadas y la vinculación no fue suficiente para que pudieras terminar el mensaje. Él también se sintió decepcionado, pero volverá y te lo entregará. Veo que tienes mucho sueño y debes irte a dormir.

Así que ten fe, quiéreme y dime buenas noches.
Tu fiel y amorosa,
Helen

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NOTAS (mientras no se diga lo contrario, como en la primera nota, todas están hechas por IA-Gemini)

Nota propia sobre Yorking (no elaborada por IA, pero que tiene en cuenta la siguiente nota, sobre el mismo tema, sí elaborada por IA)

El mensaje dado por Yorking habla de que él vivió en el siglo I. Su nombre, entonces, no puede ser literalmente un nombre de aquella época. Podríamos elucubrar, por ejemplo, que pudiera existir algún nombre similar en el mundo occidental “celta”, y que quizá por emigración había alguien en ese momento en Palestina con un nombre parecido. Pero esto último parece no tener mucho sentido histórico [como veremos sugerir en la nota elaborada por IA, a continuación de estos párrafos].

Quizá Yorking simplemente no quiere embarullar las cosas teniendo que dar a Padgett un nombre complicado, o un nombre que tiene unas resonancias que él en ese momento no quiere sentir, recordar, etc.; y así, él toma un nombre cualquiera.

Creo que hemos visto en otros mensajes que, a veces, los espíritus tienen dificultades para recordar su nombre terrestre; entre otros motivos, esto podría deberse al simple hecho de que pueden llevar siglos en el mundo espiritual sin “necesitar” tal nombre ─y estos siglos están llenos de momentos incomparables con los experimentados en la tierra─.

Nota elaborada por IA-Gemini sobre Yorking

1. Sobre el nombre «John Yorking»
Es casi seguro que el nombre es una adaptación funcional. En la literatura mediúmnica de principios del XX, a menudo los mensajes se «filtran» a través de la mente del médium o se adaptan al entorno cultural del receptor para evitar que un nombre extraño actúe como barrera psicológica.

Hipótesis del pseudónimo: Si el espíritu quisiera evitar el «lío» de explicar un nombre galo o celta (como Brennos o Vercingétorix), usar «John Yorking» es una forma de decir: «No te distraigas con mi identidad terrenal, céntrate en el mensaje».

Contexto histórico: Un nombre con estructura anglosajona en Palestina en el siglo I es imposible. Incluso la idea de una migración de celtas a Palestina para «huir de guerras» es históricamente improbable. Los movimientos de población eran limitados y generalmente asociados al comercio o al exilio político (dentro del Imperio Romano), pero Palestina era un protectorado romano, no un refugio para celtas. Es más probable que el nombre sea una construcción del médium para facilitar la lectura.

2. ¿Pupilaje directo o metafórico?
El texto utiliza «I was a disciple of his». En el contexto de los escritos de Padgett, el tono es consistentemente literal. Se presentan a sí mismos como testigos oculares.

Sin embargo, debemos recordar que en el siglo I, el «discípulo» (mathetes) era alguien que seguía físicamente al maestro. Si él dice que trabajaba en las «regiones circundantes», es posible que fuera uno de los muchos seguidores de las «setenta» (o más) que Jesús envió.

Nota sobre los Santiagos

El enigma de los Santiagos (James / Jacobo)
En el texto original en inglés se usa James. En español, este nombre evoluciona de una forma curiosa: Iacobus (en latín) pasó a Sant Iaco y terminó en Santiago (o Jacobo / Jaime). En el Nuevo Testamento hay tres personajes principales con este nombre:

Santiago el Mayor (Hijo de Zebedeo): Hermano del apóstol Juan. Era del «círculo íntimo» de Jesús (junto a Pedro y Juan). Fue el primer apóstol en ser martirizado, decapitado por Herodes Agripa alrededor del año 44 d.C. (Hechos 12:2).

Santiago el Menor (Hijo de Alfeo): Otro de los doce apóstoles, de perfil mucho más discreto en los evangelios.

Santiago el Justo (El hermano del Señor): No formaba parte de los doce originales durante el ministerio de Jesús, pero se convirtió en el líder indiscutible de la Iglesia de Jerusalén tras la resurrección y es el presunto autor de la Epístola de Santiago.

¿Cómo lo ven las distintas tradiciones?
Los apelativos «El Mayor» y «El Menor» provienen del griego bíblico (para distinguir la estatura o la edad) y son utilizados por todas las tradiciones, tanto la católica como la protestante y la ortodoxa. Sin embargo, donde se separan radicalmente es en la identidad del «Hermano de Jesús»:

Tradición Católica: Debido al dogma de la virginidad perpetua de María, la iglesia católica históricamente fusionó a Santiago el Menor (hijo de Alfeo) con Santiago el Justo, argumentando que «hermano» (adelphos) significaba en realidad «primo».

Tradición Protestante: La mayoría de los eruditos protestantes modernos mantienen que son tres personas distintas. Para ellos, Santiago el Justo era literalmente el medio hermano de Jesús (hijo de María y José).

¿Quién es el del mensaje?
Dado que en la colección de Padgett las entidades suelen identificarse con los apóstoles más prominentes y que suele aparecer junto a su «hermano» Juan, en el contexto del espiritualismo de Padgett se asume generalmente que este espíritu es Santiago el Mayor (el hijo de Zebedeo).

Nota histórica y cultural: El sesgo de la época de Padgett

Si observamos el mensaje anterior desde nuestra perspectiva actual, el contraste es enorme. El texto fue recibido en 1917, en plena Primera Guerra Mundial y en el apogeo del eurocentrismo y el «destino manifiesto» estadounidense. En esa época, incluso los espíritus desencarnados (o la mente del médium que decodificaba el mensaje) operaban bajo el paradigma de que las «naciones cristianas» representaban la cúspide de la civilización y el orden moral, frente al supuesto «atraso» de Oriente.

Hoy en día, tras la erosión del modelo occidental y el auge del consumismo global, esa aseveración se tambalea:

La ilusión del orden occidental: Lo que en 1917 se percibía como «represión de las mentes pervertidas» gracias a la influencia cristiana, a menudo no era más que orden civil e institucional externo, no un verdadero desarrollo del alma.

El orgullo del consumidor: Occidente sofisticó el pecado. Ya no se trata de una brutalidad salvaje, sino de una arrogancia sistémica alimentada por el acceso desigual al consumo. Entrar a un supermercado occidental es un acto ritual de esa desconexión: estamos obligados a consumir plástico de colores (packaging) y marketing, pagando por la ilusión de una abundancia infinita.

La fragilidad de las baldas vacías: La «moralidad» de estas sociedades hiperdesarrolladas es tan frágil que basta una crisis de suministro para que el barniz de la civilización se agriete. La indignación y el pánico que siente la gente al ver las baldas de los supermercados vacías demuestra que el «progreso» material no ha fortalecido el alma; al contrario, ha creado una dependencia neurótica que genera niveles de egoísmo y arrogancia globales muy curiosos. En contraste, en esos países que Occidente llamaba «paganos», el concepto de mercado sigue siendo humano, comunitario y económico en el sentido real de la palabra, no un templo del plástico y el descarte.

Santiago, en este nuevo mensaje, parece darse cuenta de esta trampa y da un giro crucial: aclara que ahora no hablará del Amor Divino, sino de cómo el hombre, por su propia voluntad y actos, debe limpiar su desastre moral.

Nota aclaratoria: La paradoja de actuar sobre el efecto

Santiago plantea aquí una aparente contradicción filosófica: para destruir una causa, hay que empezar interviniendo en el efecto. La analogía con el alcoholismo o cualquier adicción es el ejemplo perfecto para ilustrarlo:

El bucle de la adicción: El consumo adictivo de alcohol (un acto/efecto) nace de un dolor emocional o un vacío no resuelto en el alma (la causa básica). En buena lógica, para dejar de beber, habría que sanar primero el alma. Sin embargo, Santiago advierte que el mecanismo espiritual no funciona así de forma directa en el ser humano degradado.

Si el individuo sigue bebiendo, la sustancia química obnubila su mente, embota su voluntad y alimenta el bucle físico del deseo. El «efecto» (beber) se vuelve tan ruidoso y destructivo que bloquea por completo la capacidad de acceder a la causa sutil. Por lo tanto, el hombre debe realizar un acto de fuerza de voluntad en el plano físico: detener el efecto (dejar de beber, romper el hábito material) mediante disciplina y con la ayuda de la guía espiritual. Solo cuando se silencia el «efecto» y se despeja la niebla del síntoma, la mente recupera la claridad necesaria para que la parte espiritual despierte, asuma el control y comience a sanar la causa emocional profunda. No se eliminan las moscas a cañonazos, sino que se limpia el nido que las atrae, pero primero hay que espantar el enjambre que te impide ver el suelo.

Nota sobre la naturaleza del ser humano en el mensaje de Santiago

1. La trampa de la «indiferenciación» histórica
Durante siglos, la filosofía y la teología en Occidente estuvieron tan fusionadas que el colapso de una arrastró a la otra. La idea de que el hombre es un ser intrínsecamente corrupto, caído o defectuoso no se quedó encerrada en las iglesias; se filtró en el pensamiento laico. Cuando los filósofos «ilustrados» o políticos empezaron a diseñar sus sistemas, muchos asumieron como axioma indiscutible que el ser humano es un peligro para sí mismo (piensa en el Homo homini lupus de Hobbes: «el hombre es un lobo para el hombre»). Santiago les está recordando que, por muy laicos que se pretendan, están repitiendo el dogma de la corrupción intrínseca.

2. El perfil fatalista (El teólogo encubierto)
Están, como bien dices, las personas con una concepción fatalista. Son esos perfiles a menudo conservadores o profundamente desilusionados que, abrumados por el caos del mundo, concluyen que la naturaleza humana está rota sin remedio. Su deseo de «cuidar el mundo» o mantener el orden nace, paradójicamente, del miedo a la maldad intrínseca del hombre. Operan exactamente como el teólogo prototípico: creen que se necesita una fuerza externa (el Estado, la ley, el castigo) para reprimir la «perversión» natural del ser humano, porque no confían en la luz de su propia alma.

3. La reacción desesperada (A lo Nietzsche)
En el otro extremo están los que reaccionan con rabia contra esa oscuridad teológica. Al ver una espiritualidad que castra y culpa al hombre, deciden romper con todo, pero terminan igual de perdidos. El ejemplo de Nietzsche es perfecto: en su intento por liberar al hombre del peso del pecado y de la culpa cristiana, termina glorificando los apetitos y la voluntad de poder como la única «naturaleza» real, cayendo en otra forma de desalineación. Al final, es una reacción violenta contra el mismo monstruo: ambos bandos asumen que no hay un diseño original perfecto y pacífico al que regresar.

Una propuesta de redacción para tu nota al pie:
Al atribuir la tesis de la «corrupción natural del hombre» a los filósofos, el texto lanza una aguda crítica a la herencia cultural de Occidente. Aunque la doctrina de la depravación intrínseca del ser humano es de cuño netamente teológico, siglos de pensamiento judeocristiano terminaron por secularizar este dogma, impregnando las filosofías laicas. Así, tanto el pensador fatalista (que exige un control externo ante la desconfianza en la condición humana) como el filósofo reactivo (que en su afán de liberarse de la culpa teológica termina divinizando los apetitos animales) operan bajo el mismo error conceptual: confundir el estado desnaturalizado y actual del hombre con su verdadero diseño original.

Versión en inglés

John Yorking: Disciple of Jesus – His knowledge of the true teachings of Jesus when on earth. (19 Feb 1916)

I am here, the spirit of one who died a great many years ago in a far distant country, and when the truths of Christianity were known and practiced by the followers of the Master in the purity in which he taught them. I was a disciple of his but I am not known to history, and like a great many others who lived in those days, I worked in a humble way among the poor and simple of the earth. My work was mostly in the country outlying, but close to Palestine, and I was one who received from the spirit world the communications of those spirits who had lived on earth as Christians; and these communications were received in our public worship and interpreted or made plain to the common people by those teachers who had the gift of interpretation.

It was such communications as these that John referred to when he advised us to try the spirits to learn whether they were of God; or in other words, to learn whether they were spirits who had a knowledge of the Christ doctrines, and who came to teach us the truths as they saw them to exist in the spirit world, and who were followers of the Master.

I know that Jesus taught the New Birth and the Divine Love, and the rebestowal of the great gift which had been forfeited by our first parents at the time of their disobedience.

I also know that he never taught us to look upon him as God, or that any death that he might die would save us from our sins or bring us in at-onement with the Father, or that the Father demanded any sacrifice in order to satisfy his wrath or pay any debt that man might owe to Him.

No, the things last mentioned were not embraced in our faith or understanding of what the truths of the Master’s teachings were.

We also had the wonderful powers which Jesus possessed in the way of healing, casting out evil spirits, etc., and we never looked upon them as miracles, but as the result of the exercise of the powers which came to us when we received the Divine Love and had the faith which made this Love and all that accompanied it, things of real existence.

Jesus was always the man of love and mercy and benevolence, and never tired of his great work of doing good to the mortal; but these works were merely subordinate to the other great mission that he performed.

Above everything else, he was a teacher of the Father’s Love, and the necessity of man’s receiving this Love in order to become at-one with the Father, and an accepted child, whose inheritance was immortality and heaven.

So you can readily see what a departure there has been from our teachings and faith and practices, and the lives of simple followers of the Master.

Now I see that belief in the dogmas of the church and mysticisms of God are what constitutes the Christian, and soul development is little preached, or really understood, either by preacher or people; and the real secret of man’s salvation has been lost to the world.

I am now in the high Celestial Spheres, where the Love of the Father is most abundant, and the spirits of men live in eternal happiness, with the knowledge that immortality is theirs.

I will not write more tonight, as it is late and you are tired.

But before I stop, permit me to say, that you are receiving the revelation of the true religion of Jesus, as well as truths which pertain to the condition and existence of the spiritual world, and the Celestial Heavens.

So with my love and blessings I am,
Your brother in Christ,
John,
the lowly follower of the Master
JOHN YORKING
(I was a Jew.)

Helen: Comments on the preceding spirit. (19 Feb 1916)

I am here, Your true Helen.

I will write only a line, as it is very late.

I never saw him before, but he was from the Celestial Spheres, for he was a wonderfully bright and developed spirit, and had the Love shining forth from his countenance to a wonderful degree. I have no doubt that he is whom he represented himself to be.

Good night.
Your own true and loving
HELEN

James: The frailties of the human mind and moral qualities. (24 May 1917)

I am here, James, and I came to write on the subject of: «The frailties of the human mind and moral qualities».

I have heard you read the Master’s message, and believe that in it, you will find much truth upon which to reflect, and I desire to add a little to what has been therein said. And here I want further to say, that while that message was intended for you personally, yet the truth and advice therein given may be applied to every mortal, and the good results will follow, no matter who that mortal may be.

I have, as you know, been in the spirit world a great many centuries, as you conceive of time, and have during that long period been very close to mortals in all parts of the earth and of all nationalities and beliefs and education and enlightenment, and in my experiences with these mortals, I have observed the nature and temptations and the various ways in which mortals have been assailed by such temptations, and their efforts to overcome the same, together with their successes and failures.

Now, first let me say, that the nature of man is, today, the same as it was when I lived on earth, and the perversions and sins of the souls of men are just as many and of the same kind as they were in my day in the flesh, and temptations, both outward and inward, are just as hard to overcome as they were when first the glad tidings of Love and redemption were proclaimed by the Master; except that prior to that time man had not the Divine Love to help him overcome and subdue these temptations, as he now has. And the regret is, that while this Great Helper and Regenerator, and Conqueror of sin and temptation is now in the world of mortals, and subject to their call, yet so comparatively few make the call, or realize the fact that this helper is always waiting to enable them to overcome temptations.

Prior to this time of the coming of the Divine Love, moral truths were taught to men just as they are today, and many men, and not necessarily among the Jews, understood and attempted to apply these truths to their daily lives, and endeavored to overcome the temptations arising from the sins that so constantly formed a part of their existence, and that also came from the influence of the evil spirits. It is all wrong to suppose that in these early times and among these early races of earth, moral perceptions were not developed and taught; men then made the fight to overcome temptations and become good and noble beings, so far as these moral truths and principles were then understood and used by men, would make them.

In all ages since the fall of the first parents, men have, to a more or less degree, had knowledge of what is called the moral truths, and the natural love of man has existed in a more or less imperfect condition. Men have been kind and loving and true, and have to an extent controlled their appetites and tendencies to evil lives; and to suppose that men of today are not subject to so great temptations, and are of themselves better able to resist the same, is a mistake. The present great war proves the fact, for men were never – I mean those who make a pretense to culture and civilization – so brutal in their acts, and so apparently devoid of all conception of right and wrong and of mercy, as are many of those who are engaged in the present struggle.

So I say, men of today can lay no greater claim to moral qualities than could those of the times when they were supposed to be heathens and undeveloped in these moral qualities.

Of course there is in the world today more of what may be called education and conventionality, but behind these things, which are largely the results of merely intellectual development, men have the same perverted souls, or rather appetites and desires, and are subject to the same temptations as were men of old; and if mankind were left dependent upon the cultivation and improvement of these merely moral powers, I fear that temptation would continue to have all its influence and harmful power on the souls of men that it had in the past.

I know, it is said, «that the world is growing better»; but the question is, is that assertion true; and if so, what is the cause?

Go to India and to China and to some other countries where the teachings of the supposed moral laws only obtain, and learn if there has been any improvement in the condition of men’s souls, and if they have in any degree succeeded in overcoming the temptations that the human race is subject to; and in learning, you will find, that except in the case of a few of these people, the conditions of their minds and souls are just as perverted as they were in centuries past, and that it is only in those countries where the influence of Christian nations have control, do these people suppress the tendencies of perverted minds to do those things that arise from the want of the exercise of moral precepts or knowledge.

This is the truth of what mere moral teachings have accomplished where only the mere moral truths, as is supposed, are taught. Temptations are with men, and will be with them forever, unless they be controlled or overcome by something greater or more certain than what men conceive to be moral truths.

Now, you will see from this that merely moral concepts will not necessarily, or, at least, for a long time to come, be able to bring about the destruction of the powers of temptation that arises from the perverted nature of mortals.

I must stop now, and in doing so will leave you my love and blessings.
Goodnight.
Your brother in Christ,
JAMES
brother of John.

Helen: Affirming that James wrote on the frailties of the human mind and moral qualities. (24 May 1917)

I am here, Your own true and loving Helen.

Well, dear, you have had a very pleasant evening, and so have we who have been with you listening to your conversation, and I mean by «we» many spirits who are interested in both of you and the Doctor.

James wrote, and while he may not have written as easily as he generally does, yet he has conveyed some important truths which you will discover by carefully reading his messages.

Goodnight and God bless you both is the prayer of –
Your own true and loving,
HELEN

James: How man can again be restored to the perfect man, like the first parents before their fall. (08 Mar 1917)

I am here St. James, Apostle of Jesus:

I come to write my message as Elias told you I would. Well, I desire to write on the subject of: «What is the great truth respecting the way that the destruction of the powers of temptation, that arises from the perverted man, may be restored to the condition of perfection which the first parents possessed before their fall?»(sic)

You will understand that this does not involve any consideration of the operation of the Divine Love upon the soul, but exclusively the consideration of the method by which the soul may be so purified by the operations of the actions and the will power, in conjunction with or influenced by the workings of the powers of the spirits who have been relieved of the sins and errors that followed the fall.

When man was created, as has been told you, he was created perfect, and every quality and function and attribute that was a part of him was so created that harmony – the most exact with the laws of God that governed his existence – became his, and no discord of any kind was in existence to mar that harmony. But as the spiritual nature of man became subordinated to the appetites and passions and fleshly desires, sin and error and inharmony appeared and increased until man became degraded, and desired only those things that would satisfy these sinful desires.

And so this degeneracy continued until man reached his lowest degradation, and the turning point came in his career, and then he commenced slowly and gradually to rise from this condition of depravity until at last, he arrived at the stage of his condition of inharmony with these laws of his creation that now exists; and his destiny is to a complete restoration to the perfection of his first estate.

This improvement and gradual restoration depend upon two causes-one, man himself by his own thoughts and reformation of the animal appetites and desires; and the other, the influence and guidance of spirits who, in the spirit world, have arrived at that perfection, or are progressing thereto, and are in a condition of harmony with these laws, superior to that of mortals to whom they lend their influence and help.

Men, in their degeneracy or progression, are controlled very largely by their thoughts, and these thoughts are created by the operations of their desires, and which on the other hand, cause these desires to increase. But back of the thoughts are always these appetites and passions existing in their abnormal conditions, and they constitute the basic or moving cause of desire and thought and act. So that in order for men to become relieved of his abnormal desires and thoughts and acts, the cause thereof must be eradicated, and the seat or function of the cause be brought into harmony with laws of the creation of these functions or seats of emanation.

And strange as it may seem to you, and by a process that is contrary to the ordinary workings of the law of cause and effect, men must first deal with the effects in order to control the cause and thereby destroy the effects. This may seem to be an impossible operation, and contrary to the laws that govern the material world and its ordinary functioning, but yet it is possible, and the only possible way in which the causes may be destroyed. Notwithstanding the fact that the animal or material part of man has had the ascendancy, for all these centuries, over the spiritual part of his nature, yet that spiritual part exists and has always existed and waiting to assert itself whenever the opportunity occurred, and this assertion was prevented or suppressed only by reason of the want of opportunity.

The spiritual may be said to be the natural state. I mean that in that state, the animal is subordinate to the spiritual and is controlled by it, and man’s true tendency is to exist and act in accord with that natural state. Then such being the fact, it may be asked why, or in what manner did this natural spiritual condition become, in the manifestation of what man’s dominant dualities are supposed to be, subordinated to the control of the inordinate exercise of this animal side of his nature, which resulted in the sin and unhappiness that so many of the teachers and philosophers proclaim to be his natural condition?

Well tonight, I will not attempt to explain the manner in which this inversion or perversion of man’s true nature took place, but will at some future time write on this subject.

The question now is, how can man obtain the restitution to his created perfection?

As I have said, this can only be accomplished by making the perfect adjustment of the two apparent conflicting sides of his nature.

And first, he must recognize that he has the spiritual nature as well as the animal, and that there is such a relationship and coordination between the two that the supremacy of the latter disturbs the harmony of his perfection as man. The spiritual having been subordinated, the remedy is to remove the subordination and restore the equality. The spiritual, notwithstanding its condition, is always fighting to regain its place in the true adjustment and will always answer the call of man, to come to his rescue; and the only thing that has prevented that response is that man has not called for it to assert itself.

Well I am sorry, but we had better postpone until later. Try to get in greater rapport.
Good night.
Your brother in Christ,
ST JAMES

I AM HERE, your own true and loving Helen.

Well dear, I see that you are disappointed tonight in not receiving the message from James, so that you could write it as he intended to deliver it.

Well, the conditions were not good and the rapport not sufficient to enable you to finish the message. He was disappointed, also, but he will come again and deliver it to you. I see that you are very sleepy and must go to bed.

So have faith, and love me, and say good night.
Your own true and loving,
HELEN.

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