[Últ. act.: 6 septiembre 2026]
Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español
─ Notas
─ Versión en inglés
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Introducción
─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
La lectura de estos mensajes dura en el audio hasta el minuto 18:48, y luego hay comentarios.
Esta vez vemos los siguientes cuatro mensajes, que son de Jesús, y de la pareja que son Amán y Amón ─también conocidos en la tradición como Adán y Eva─.
Para la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:
Forma parte de un libro que es el segundo volumen de una recopilación concreta de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, de Jesús de Nazaret.
Estos volúmenes fueron preparados y/o compartidos así por Divine Truth, entre otras personas.
Este segundo volumen no estructura los mensajes según temas. Y tal como se ve en su índice, contiene:
─ Una introducción;
─ Una nota breve sobre la edición digital;
─ La lista de mensajes,
─ y un breve apartado final, donde sólo se presenta de nuevo la oración que podemos llamar «del amor divino», y que vimos en el primer volumen.
Versión en español
Jesús niega ser Dios o que su sangre limpie los pecados de los hombres (12 septiembre 1915)
Estoy aquí. Jesús.
Estuve contigo esta noche y vi que el Espíritu llenaba tu corazón con el Amor Divino del Padre, y que percibías su presencia y sentías que, aunque las personas me adoraban en su ignorancia, aun así poseían este Amor del Padre en gran medida.
No apruebo que a menudo se refieran a mi sangre como aquello que los salva de sus pecados y los mantiene en la gracia y el favor del Padre; pues, como te he dicho, mi sangre nada tiene que ver con la salvación de ningún alma: solo el Amor Divino del Padre salva a un alma del pecado y la une al Padre en Su Amor y divinidad.
Sin embargo, estas personas tienen este Amor en sus corazones y, aunque con su intelecto me consideran Dios, sus almas se están volviendo hacia Dios. En consecuencia, reciben las bendiciones del Amor del Padre y están experimentando en gran medida el desarrollo de sus almas.
Me alegra que asistas a estas reuniones (La Iglesia de la Santidad [The Church of the Holiness], Washington, D. C.), pues en ellas hay una maravillosa presencia del Espíritu y del Amor del Padre; y, aunque quizás no simpatices con sus doctrinas sobre quién y qué los salva del pecado y de la falta de rectitud, la influencia del Espíritu es tan grande que contribuye al desarrollo de tu alma.
Intenté influir en los oradores para que hablaran únicamente de cuáles eran las condiciones de sus almas y qué experiencia tuvieron al recibir y disfrutar del Amor Divino; y muchos de ellos experimentan y poseen, como parte de su vivencia religiosa, exactamente lo que dijeron tener.
Te será beneficioso asistir a esta iglesia y aprovechar la presencia del Espíritu Santo que está con ellos en su adoración.
Estuve contigo e intenté hacerte sentir mi presencia, y lo conseguí; sentiste una cierta exaltación en las cualidades de tu alma y disfrutaste de los servicios, especialmente de los cantos y las oraciones.
Así pues, si bien no debes dejarte influenciar por sus doctrinas sobre que yo sea Dios o deba ser adorado, si ignoras esto y solo consideras que su verdadera adoración se dirige a Dios y que sus almas están en sintonía con Él, descubrirás que estos servicios te harán mucho bien.
Te acompaño muy a menudo y estoy tratando de librarte de las preocupaciones que te asaltan. También estoy tratando de ayudarte a alcanzar esa condición espiritual que es necesaria para que puedas recibir y proseguir con mis mensajes formales.
Sí, lo estás; y me alegra que así sea. Quiero que te conviertas en un hombre que posea tanto de este Amor y de tal fe, tan fuerte, que nada de lo que encuentres te desvíe de tus convicciones y de tu trabajo.
Veo que estás deseoso de continuar este trabajo, y pronto podrás hacerlo.
Sí, sé que la Biblia reitera una y otra vez la afirmación de que soy Dios, que mi sangre salva del pecado y que sirvo de propiciación por la humanidad; sin embargo, la Biblia está del todo equivocada, y estas falsas doctrinas deben ser corregidas y a los hombres se les debe enseñar el verdadero plan de salvación. Estaré contigo muy a menudo hasta que hayamos comenzado nuestra obra de la manera en que deseamos llevarla adelante. No permitas que nada de lo que puedas leer en la Biblia te haga concebir una idea que no concuerde con lo que escribiré. Mantén tu mente en blanco respecto a estas verdades y espera a que te las revele, y cree en mí.
Juan nunca escribió esas afirmaciones tal como aparecen en sus epístolas y su Evangelio, y te escribirá negando que lo hiciera. La Biblia contiene muchas verdades y muchos de mis dichos, pero también muchas afirmaciones que nunca fueron hechas por mí ni por los apóstoles; y mi misión ahora es corregir todos estos errores. Así pues, como ves, tenemos mucho trabajo por delante y debemos comenzarlo cuanto antes.
Estoy contigo esta noche para consolarte, animarte y ayudarte no solo a superar tus preocupaciones, pues si tan solo oras al Padre y crees, tendrás éxito en ambos aspectos.
No escribiré más esta noche, ya que hay otros aquí para escribir y deseo que lo hagan.
Tu hermano y amigo,
Jesús
Amán, el primer padre, revela su tentación y caída (29 agosto 1915)
Amán. El primer padre.
Veo que no me crees, pero soy quien digo ser, y quiero decirte que ahora soy un seguidor de Jesús y un amante de Dios, y vivo en los Ámbitos Celestiales, muy arriba, cerca de donde vive el Maestro.
Sé que a los hombres les cuesta creer que soy el padre de toda la humanidad física y que puedo venir a comunicarme con los mortales; pero Jesús lo ha hecho posible al abrir el camino para que los espíritus más elevados se comuniquen a través de ti. Deberías sentirte especialmente bendecido por tener este gran privilegio, y sentir que el Maestro te ha concedido un gran favor, como efectivamente lo ha hecho.
Pues bien, nunca antes había venido a la tierra para comunicarme con los mortales y, al ser una experiencia nueva, encuentro cierta dificultad para hacerlo. Pero intentaré escribir unas líneas más.
Mi alma gemela y yo vivíamos en un paraíso que Dios nos había dado, y fuimos muy felices hasta la gran caída. Estábamos tan henchidos de la idea de que éramos todopoderosos y plenamente sabios, que concluimos que no nos era necesario guardar la obediencia que Dios había requerido de nosotros, y que, si tan solo ejercíamos nuestros poderes, seríamos tan grandes como Él es grande y podríamos alcanzar esa inmortalidad que Él poseía. Pero, ¡ay, aciago día! Éramos meras criaturas, aunque maravillosas y hermosas, y pronto nos dimos cuenta de ese hecho.
La desobediencia consistió en no esperar a que Dios nos otorgara el gran Amor Divino que nos asemejaría a Él tanto en sustancia como en imagen. Éramos semejantes a Él en el hecho de poseer almas, y también en la posibilidad de obtener el Amor Divino.
Lo desobedecimos al intentar convencernos a nosotros mismos de que éramos como Él era y de que no necesitábamos someternos más a Sus decretos. Intentamos hacer de esta creencia una realidad y, en nuestra vanidad, intentamos mostrarnos como dioses; sin embargo, en cuanto hicimos esto, se nos cayeron las vendas de los ojos y vimos lo desnudos e impotentes que éramos.
Dios no nos expulsó de Su paraíso, sino que las inexorables leyes de nuestra creación y del funcionamiento de Su voluntad nos mostraron que ya no podíamos albergar la esperanza de recibir este Amor Divino que, según Él nos dijo, nos haría Divinos.
Y así, nos convertimos en simples mortales, privados de la posibilidad de obtener este Amor Divino; desde ese momento, tuvimos que quedar sujetos a todos los apetitos del hombre natural y trabajar para satisfacer dichos apetitos naturales.
Seguimos viviendo en el mismo lugar que antes, pero ya no podíamos satisfacernos con el alimento espiritual que había suplido nuestras necesidades y nos había permitido dominar los apetitos que formaban parte de nuestro ser físico. Lo físico se impuso entonces y lo espiritual le quedó sometido; nos volvimos tal como ahora son los mortales y tuvimos que hallar nuestro sustento en la madre tierra. Nos vimos obligados a cultivar el suelo y ganarnos la vida mediante el trabajo; es decir, tuvimos que trabajar para que la tierra nos proporcionara alimento para nuestras necesidades físicas.
Fue un tiempo de amarga tristeza, pero la ley había impuesto su pena y carecíamos del poder para libramos de tal pena. A partir de entonces, tuvimos que vivir sin la posibilidad de obtener este Amor Divino ni de que nuestras naturalezas espirituales volvieran a afirmarse sobre lo físico y lo sometieran.
Cuando Amón y yo fuimos creados, no había ningún otro ser humano viviendo en la tierra, y ninguno llegó a vivir allí hasta que tuvimos hijos e hijas que se casaron entre sí y engendraron a sus propios hijos e hijas.
No puedo decirte cuánto tiempo hace de nuestra creación, pero fue muchos miles de años antes de la venida de Jesús. No escribiré más esta noche, aunque volveré en algún momento y escribiré.
Tu hermano en Cristo,
Amán
Amón, madre de toda la creación humana, comparte su experiencia. Su tentación y desobediencia (30 agosto 1915)
Amón.
Soy la primera madre de toda la raza humana, y quiero que sepas que antes de Amán y de mí, no existió ningún ser humano. Fuimos creados por Dios al mismo tiempo y, justo después del momento de nuestra creación, estábamos preparados para vivir la vida de los seres naturales. De modo que no hubo un crecimiento gradual por nuestra parte a partir de ninguna otra criatura o cosa. Sé que se ha dicho que el primer hombre no fue creado, sino que se desarrolló a partir de algún animal de orden inferior y que, a medida que avanzaba el proceso evolutivo, dicho ser se convirtió finalmente en un hombre, con todo el maravilloso organismo y estructura de su cuerpo; pero quiero decirte que esto no es cierto.
Cuando fui creada, mi organismo físico era tan perfecto como lo fue después, o como lo ha sido cualquier hombre o mujer desde aquel tiempo hasta el presente. De hecho, creo que en el momento de nuestra creación éramos más perfectos de lo que la humanidad lo es ahora, pues no teníamos dolencias físicas, ni enfermedades, ni deformidades de ningún tipo.
Ciertamente, éramos más bellos en rostro y forma de lo que la humanidad lo es ahora o lo ha sido durante muchos siglos; además, nuestros cuerpos y organismos duraban más años que los cuerpos de la humanidad hoy en día.
Antes de nuestra caída, éramos muy felices en nuestro amor conyugal y no conocíamos problemas ni preocupaciones de ningún tipo; nunca tuvimos nada que nos atemorizara ni que nos separara el uno del otro ni de Dios, hasta que llegó la gran tentación; entonces, debido a nuestras ideas sobre nuestra grandeza y poder y a nuestra falta de dependencia de Dios, caímos, y nunca más fuimos restaurados a esa posición de belleza y felicidad que era nuestra al principio de nuestra vida terrenal.
Así pues, debes comprender que fuimos creados especialmente y no evolucionamos a partir de ninguna otra cosa.
Algunos hombres ahora pueden maravillarse y asombrarse ante la descripción bíblica de la creación del hombre y rechazar dicha descripción por considerarla fruto de la imaginación de una mente novelesca o alegórica y no algo cierto; pero te digo ahora que lo esencial de esta creación y de la caída es verdad. Por supuesto, los papeles desempeñados por la manzana, la serpiente y el diablo no son ciertos en sentido literal, sino que son simbólicos de los principios que intervinieron en la tentación y la caída.
Pues bien, yo fui tan culpable como Amán; no fui yo quien lo tentó tras haber concebido la ambición de volverme inmortal sin esperar a que llegara el momento en que Dios nos otorgara esa cualidad de Su propia naturaleza, sino que nuestras ambiciones crecieron a la par: deliberamos entre nosotros sobre la realización de tan gran empeño y actuamos como uno solo al intentar obtener semejante inmortalidad.
Así pues, la historia de la Biblia no es del todo cierta en lo que a mí respecta, pues no incité ni seduje a Amán para que cometiera la gran falta, ni tampoco él me sedujo a mí para participar en tal empeño.
Pero todo esto ya pasó; han transcurrido miles de años desde nuestra caída y hemos sufrido mucho a causa de nuestro primer pecado. Como se te ha dicho, pasaron miles de años desde que perdimos el don de la inmortalidad hasta que fue restaurado y dado a conocer a la humanidad por Jesús, el hijo de Dios. Pues él era el hijo de Dios y, al ser parte de la naturaleza divina de su Padre, era divino y compartía las cualidades del Padre que le otorgaron la inmortalidad; y quienes sigan sus enseñanzas y reciban el Nuevo Nacimiento también se volverán divinos e inmortales.
No debo escribir más esta noche.
Sí, lo haré; y ahora te digo buenas noches,
tu hermana,
Amón
Amán hace una corrección (30 agosto 1915)
Estoy aquí. Amán.
Sí, y quiero corregir lo que escribí antes al respecto: que no fui un espíritu que meramente deseara poseer la inmortalidad tal como Dios era inmortal, sino que también deseaba obtener el poder y la sabiduría que vi que Dios poseía.
Pensé que, si lograba obtener estas cualidades, me convertiría en un Dios, en un igual ante mi Creador, y, por ende, en poseedor de todo el universo y de todo el poder y conocimiento que Él tenía. Mi empeño por hacer realidad mi ambición en estos aspectos fue parte de mi gran pecado de desobediencia.
Pensé que sería mejor aclararte esto para que mi descripción del gran pecado de desobediencia no fuera solo una parte de la verdad. Ahora reconozco lo insignificante que era como criatura en comparación con el Padre, y también sé que nuestra creación, la de Amón y la mía, fue la más elevada en todo el universo de Dios.
Sin embargo, la gran misericordia y el Amor del Padre ─a pesar de mi gran pecado─ me han situado en la posición y condición que me prometió en mi creación y que perdí con tan fatales consecuencias. Tú gozas de un privilegio del que yo me vi privado durante tantos y tan largos años, y tu felicidad puede ser tan grande como la mía lo es ahora, sin que tengas que esperar los muchos y largos años que yo esperé. No es de extrañar que la humanidad adore a Jesús como Dios cuando consideramos el Gran Don que les trajo y la manera de obtenerlo.
No debo escribir más.
Tu hermano en Cristo, y padre en la carne,
Amán
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NOTAS
Mi petición
La nota temática sería para presentar, ilustrar, etc., estos temas:
─ Contexto: mucha gente, en el mundo espiritual, estaría esperando la restitución del don perdido en la caída.
Como todo el mundo tiene en realidad espíritus-guía que tienen la vía más o menos abierta para ayudar u orientar a sus guiados, entonces, entre los espíritus-guía de Jesús ─y entre los guías de las personas que iban a ser amigos o conocidos de Jesús, quizá, etc.─, estarían quizá Amán y Amón.
Podemos suponer que los espíritus del mundo espiritual, para aquel entonces, estarían muy interesados en rumores o profecías y visiones de novedades posibles, en la tierra.
Habían pasado muchos años desde la caída, pero algunos grupos o muchos grupos guardarían el recuerdo de la enseñanza ─o de la idea sin más─ de que se iba a restituir el don perdido.
Entonces, tales novedades posibles ─en ese sentido de subsanar la caída─, cabía la posibilidad de que se hicieran energéticamente visibles en cuanto se cumplieran.
Y, efectivamente, el amor de Dios parece que tiene un efecto, diferente, en los cuerpos espirituales de quienes lo reciben.
Entonces, siendo Jesús el primero que lo recibió ─y además siendo un encarnado─ quizá se hizo en seguida detectable, y muy prominente, el hecho de que además fuera un bebé, desde su ser bebé, que se constatara algo tan diferente.
La visualización de «estrellas» que «indicaban el camino» (por parte de «magos de Oriente», etc.) se podría entonces asimilar a esto que hemos dicho; es decir: por ejemplo los espíritus, desde «el cielo» (mundo espiritual), podrían ver la paradójica «estrella» que era que un encarnado cualquiera brillara con luz propia.
Esto sería en realidad obra de Dios, aunque, ya quizá desde entonces, muchos desencarnados pudieron haber interpretado equivocadamente que Jesús habría de ser alguien esencialmente diferente, y no alguien que simplemente Dios había tomado como «primero» para recibir la restitución del Don malogrado o perdido (el amor divino).
─ Estos espíritus, y en general los celestiales (como ya son Amán y Amón) están en unidad con Dios, como Jesús.
(Es decir, están en las esferas celestiales donde solo pueden estar quienes tuvieron el Nuevo Nacimiento: la transformación total del alma para poder «comulgar» con Dios plenamente.)
Esto quiere decir que, en su interacción con nosotros ─quienes o bien no tenemos amor divino, o tenemos poco─ deben de sentir cosas similares a como Dios se sintió al ser personalmente rechazado por Amán y Amón ─y como Dios se siente en el ya general rechazo─.
Estas sensaciones, o ideas, que se les vengan a la cabeza desde esa posición, son cosas que seguramente no podemos concebir, sentir, hasta que alcancemos esa posición de unidad con Dios.
─ Desde nuestro lado, Amán y Amón pueden ser objeto de compasión falsa: podemos verlos, en el caso extremo, como «víctimas» de Dios, y preguntarnos cosas como: ¿Por qué Dios, por ejemplo, no insistió más en que, al verles degradarse (a Amán y a Amón), la solución seguía siendo que lo aceptaran personalmente, es decir, recibieran amor de su parte, lo llamaran y recibieran dicho amor?
Ahí debió de comenzar a operar la fachada. Mejor «fachada» que llamarlo ego: el ego es en latín el yo, y la esencia personal de cada alma, su yo, es un yo diferente, esencialmente diferente; esto es muy importante, y es una dotación esencial en el hecho de ser almas: cada alma es diferente en la personalidad que cada cual es, junto a su alma gemela.
Fachada, en plan: «vaya, pobre de mí, he sido condenado a vivir así, por qué se me ha hecho esto» (cuando en realidad se lo habían hecho ellos a sí mismos).
Siempre y cuando Amón y Amán tuvieran sentimientos de ese estilo, era imposible para Dios entregarles amor, si lo pedían desde ese estado ya de cierto autoengaño, ya de cierto modo (auto)corrompido.
Es decir, hay que querer despojarse de cierto «estado paradójico»:
* por un lado, con toda el alma, se quiere la separación de Dios;
* pero, por otro lado, el lamento más o menos victimista dice: «quiero recibir eso (inmortalidad) «de Dios»» (autoengañándose ya, pues no la querría «de parte de Dios»); es decir, de algún modo el alma no reconoce que en realidad está en modo autosuficiente: está «gritando» desde dentro: «Mío, mío… mi tesoro»… y «mi tesoro es posible sin Dios», etc…
Hasta hoy, entonces, esta «psicología» es seguramente crucial para entender cosas más «de andar por casa»; es quizá clave de casi todo lo que nos pasa; y tiene que ver con que la responsabilidad es un principio del alma, muy profundo por tanto, y que solo se puede manejar a nivel de las emociones y deseos más profundos (siendo realmente humildes, por ejemplo).
─ «Estar henchidos»: como aquella cita de que «el conocimiento engríe, henche»: La autovanagloria en vez de la humildad de sentir las heridas sin más, sin esperar nada (heridas y creencias, distorsiones, etc.).
Amán y Amón ya tenían la mente «torcida»; es decir, la mente se había puesto así como por encima del alma.
«Primero y ante todo» tenían expectativas para con Dios, hacia Dios; proyectaban más bien en plan víctima un «sálvame», en momentos de debilidad (ahí comenzó la falsa religiosidad, diríamos incluso). Y eso harían en vez de partir de un querer realmente amar a Dios; es decir, querer conocer a Dios, pero sin ningún resquicio de resquemor vengativo/retributivo.
─ Esta sería la «herida» del llamado «pecado original».
Es simplemente desear estar separados a nivel profundo de quien realmente nos habría dado la vida: Dios.
Nosotros, aunque no lo parezca, como almas, seríamos la creación suprema de la Creación; de hecho las almas serían literalmente muy poderosas cuando están purificadas, incluso aunque solo sea purificadas en su amor natural.
Tal «pecado original» no sería como el resto de pecados: es como «constituyente de la ‘relacionalidad'», de la performatividad a nivel relacional humano: tanto en lo que afecta:
* a las relaciones horizontales ─con otros humanos, ya que, por ejemplo, no los sentimos como Dios los siente si no tenemos Su amor divino─,
* así como en lo que afecta a la relación vertical: cada cual con Dios.
─ Creación del «tiempo de la muerte»: ese no esperar a que Dios cumpliera ese deseo se convirtió en un desesperar, en una «desesperación» constitutiva, «creadora» del tiempo que conocemos, de nuestra forma de interioridad.
Corrompieron su fe, Amán y Amón. Y «fe» equivale en cierto modo a deseo (cuando un deseo se basa en verdades absolutas podemos casi llamarlo fe).
Corrompieron su deseo: «queremos esto»; pero se deslizó la «serpiente» del «lo queremos a nuestra manera»:
«Hemos intuido la verdad absoluta de la eternidad de Tu ser, Dios Creador nuestro… sí; pero en esa distancia entre llevar a cabo tal eternización (cosa que, nos dices, solo es posible si recibimos algo nuevo de Ti, y que nos hará depender de Ti de otra manera), en esa distancia, decíamos, entre esa «realización de lo eterno» íntimamente en nuestra alma, y nuestro estado, en esa distancia entre realización eterna y estado actual, se abre el espacio temporal-pecaminoso-mortal, el que nosotros no conocemos/conocíamos… pero del cual nos adviertes/advertiste con las intuiciones que de Ti recibíamos (manzana)».
«Cuanto más empleemos el alma («comer» la manzana); es decir, cuanto más empleemos nuestras facultades más íntimas y poderosas en ejercitarnos en tal deseo impuro, más caeremos por la senda que preludia la muerte (el «conocimiento del bien y del mal»); así será como nos la habremos autoinfligido, cuando todavía no sabíamos las consecuencias».
«Nos hemos anticipado a la consecución real de la inmortalidad, al ‘apoderarnos’, por nuestra cuenta, de la verdad divina, una verdad ya no simplemente referida a las leyes que rigen las cosas inferiores, materiales y material-espirituales, sino a las leyes que rigen la relación personal entre Alma Infinita Increada, y almas finitas creadas».
«Nos hemos apoderado solo de la idea, mental, de tu ser inmortal, Dios; nos hemos anticipado, por nuestra cuenta, intelectualmente, a la posibilidad: la intuíamos claramente, tu verdad absoluta, la de la inmortalidad que solo proviene de transformar el alma en eso, en inmortal. Nos aferramos a ella cual Gollum con su tesoro, lo cual es a la vez un paradójico (y que tendrá mucha historia efectual por delante, en la vida de la humanidad y su «sangre y tinta» religiosa) «querer a Dios», pero en realidad sin quererlo con amor real; es decir, un amor sin expectativas, y con una fe pura, y no la fe impura que hemos pergeñado: este deseo impuro de la autosuficiente vanidad orgullosa por nuestra parte».
Nota elaborada por IA Gemini (con algunas matizaciones y reelaboraciones mías)
La Restauración del Don Perdido y la Ontología de la Caída
Introducción y Nota Temática sobre la Experiencia de Amán y Amón en los Mensajes de Padgett
El bloque de mensajes dictados por Amán y Amón no solo constituye un testimonio sobre los orígenes de la humanidad física, sino que articula una profunda revisión teológica de la caída, la naturaleza de la fe, la génesis del tiempo mortal y las condiciones emocionales que bloquean la recepción del Amor Divino. La presente nota temática sintetiza los ejes conceptuales fundamentales que subyacen a estos mensajes para contextualizar su alcance espiritual y psicológico.
1. La Espiritualidad de la Espera y la Detección de la Luz Restituida
Durante milenios, el mundo espiritual albergó a incontables almas que conservaban la memoria o la intuición de la promesa original: la restitución de la oportunidad de obtener el Amor Divino y la inmortalidad del alma, malograda en la caída inicial. En el marco de la guía espiritual, entidades elevadas —incluidos los primeros padres, Amán y Amón— velaban por el desarrollo de la humanidad en expectación de la apertura de esta vía.
Desde la perspectiva del mundo espiritual, la transformación del alma mediante la recepción del Amor Divino no es una abstracción teológica, sino una realidad ontológica que altera la sustancia del cuerpo espiritual:
─ El brillo de la sustancia divina: El Amor Divino, al ser infundido en el alma por el Espíritu Santo, genera una luminosidad y cualidad vibratoria visible para los espíritus.
─ Jesús como el Primogénito de la Restitución: Al ser Jesús el primer ser humano en recibir esta sustancia en su alma mientras estaba encarnado, su presencia física y espiritual destacó de manera inmediata en el plano terrenal y en el plano de los desencarnados.
─ La «Estrella» de los Magos: La manifestación de fenómenos como la «estrella de Oriente» puede asimilarse a la percepción, desde el mundo espiritual, de esa paradoja radiante: un ser humano encarnado que brillaba con una luz propia e inédita por la presencia del Amor del Padre.
─ El origen de los errores cristológicos: Esta prominencia espiritual llevó a que muchos desencarnados e incrédulos interpretaran erróneamente que Jesús era Dios mismo o un ser de naturaleza esencialmente distinta a la humana, cuando en realidad era el primer hombre en quien Dios restituyó la vía de acceso al Don Perdido.
2. La Psicología de la «Fachada» y el Lamento Victimista
La caída de Amán y Amón ilustra la génesis del mecanismo de defensa espiritual que denominamos la fachada: el autoengaño mediante el cual el alma atribuye su miseria o separación a una condena externa de Dios, ocultando que la desconexión fue autoinfligida.
Esquema: Caída vs humildad
La condición original del alma es la de amor natural perfecto (previo a la caída). Y de ahí «había» dos «caminos», digamos:
1. Caída
Deseo Impuro / Impaciencia (Pretensión de autosuficiencia) ->
Génesis de la «Fachada»: Victimismo / Autoengaño + Intelecto por encima del Alma + Miedo a la Dependencia ->
Bloqueo del Amor Divino
2. Humildad
Humildad / Espera (Recepción del Amor Divino) ->
Unificación con Dios (Naturaleza Divina)
─ La paradoja de la demanda corrompida: Para recibir el Amor Divino se requiere la apertura humilde del alma (la fe pura). Cuando el alma pide la inmortalidad o el auxilio desde el victimismo («¿Por qué se me ha condenado a esto?»), en realidad está exigiendo el regalo bajo sus propios términos de autosuficiencia.
─ El síndrome de «mi tesoro»: El alma en estado de fachada clama interiormente por los privilegios de la divinidad pero rechaza la subordinación amorosa a la Voluntad del Padre. Quiere la inmortalidad sin Dios, o conservando su propia soberanía intelectual.
─ Incompatibilidad con la Ley del Amor: Dios no puede infundir Su Amor en un alma que pide desde el orgullo o la exigencia, porque el Amor Divino es una sustancia que solo fluye ante el anhelo humilde y la entrega de la voluntad propia.
3. La Mente Torcida y la Herida Constitutiva
La tentación histórica simbolizada por la manzana y la serpiente representa la elevación de la mente por encima del alma.
─ El conocimiento que engríe: Amán y Amón intuyeron la verdad absoluta de la inmortalidad y la naturaleza de Dios. Sin embargo, en lugar de esperar a que esa naturaleza les fuera otorgada gradualmente en el alma a través del Amor, intentaron apoderarse intelectualmente de la idea de su propia divinidad.
─ La distorsión relacional: Esta actitud estableció la «herida» de lo que tradicionalmente se ha llamado pecado original: la distorsión de la relacionalidad.
* En sentido vertical: Se sustituye la fe transparente por una religiosidad utilitaria, en el fondo llena de expectativas y resquemores hacia Dios (reflejados en parte en nuestros resentimientos profundos contra la vida, más o menos tematizables conscientemente ─ya que la vida, a nosotros, como almas, nos fue dada por Dios─).
* En sentido horizontal: Al carecer del Amor Divino, los seres humanos son incapaces de percibirse y amarse mutuamente con la misma mirada y profundidad con que Dios ama a las almas.
4. La Creación del «Tiempo de la Muerte»
La impaciencia de los primeros padres alteró la percepción interna de la existencia y fundó la condición mortal del ser humano:
─ De la espera a la desesperación: La distancia entre la conciencia de la posibilidad de ser inmortales y su estado actual debió haberse recorrido mediante la espera paciente. Al romper esa espera mediante el acto de autoafirmación vanidosa, esa distancia se transformó en angustia existencial.
─ La invención del tiempo trágico: La desesperación convirtió la vivencia del flujo continuo en un «tiempo de caducidad y muerte». Al ejercitar las facultades más profundas del alma en un deseo impuro, se desencadenó el desgaste de la armonía física y espiritual, trayendo consigo la conciencia de la desnudez, la impotencia y la mortalidad.
5. La Posición de las Almas Celestiales
Hoy en día, almas como las de Amán y Amón, habiendo recibido el Nuevo Nacimiento tras milenios de purificación y desarrollo en los Ámbitos Celestiales, se encuentran en total unidad con el Padre.
Cuando estas entidades se comunican con la humanidad terrenal, experimentan una perspectiva única: comprenden perfectamente la ceguera de la «fachada» humana porque ellos mismos fueron sus creadores. Al interactuar con mortales que insisten en la autosuficiencia o en el reclamo victimista, perciben la misma tragedia que ocurrió en el principio: la negativa del alma humana a ser simplemente humilde y pedir el Amor que la liberaría instantáneamente de su propia prisión.
Mi petición para la nota al pie
A ver si se puede elaborar esto (de paso, añadir si se puede alguna cita como anexo a esta nota al pie ─citas bíblicas para ilustrar conceptos de la nota temática general, como el «engreírse», etc.─):
En una nota al pie se podría ilustrar ese «lo queremos ya», ese «ya» cortante, «creador» del tiempo mortal, quizá, con el tema de (San) Agustín y el tiempo:
El alma, con su atención en el presente, de cierto modo es como si creara memoria («pasado» : el presente que ya no parece presente) usando la sustancia que llamamos expectativa (futuro: el presente que aún no parece presente).
Es decir, la atención crea memoria sirviendo a modo de filtro de expectativas futuras (y «no tener expectativas futuras» ya es un «tener expectativas», pues «no hay vacío en la naturaleza»).
Es decir, el ser humano, o sea, su (auto)aislamiento respecto a Dios, es fenomenológicamente descriptible con ese truco:
lo queremos ya, es decir, nosotros, en este estado, lo queremos ya; eso es un performativo: «este estado es lo que hay, y punto».
Y eso que queremos lo vamos a «eternizar» a nuestra manera: prolongando así la «falsa eternidad», sin haber conocido la verdadera.
Esa eternización consiste en que, en nuestro presente separado ─y «ya siempre cortante»─ vamos a «crear nuestra realidad» propia: memoria como base de la experiencia, aunque tal memoria no sea consciente en muchas ocasiones.
Eso lo haremos usando la distorsionada expectativa que tenemos, esa expectativa «en carencia», pero que quiere (como fachada, y con y para la fachada) no sentirse como tal; y que, por ello, siempre estaría en «oculto conflicto» consigo misma; y que, por lo tanto, es capaz por ejemplo de aburrirse ─cosa que serían capaces de sentir, cierto aburrimiento, incluso aquellos espíritus que solo se han perfeccionado en su amor natural: los de la esfera 6, los que no han recibido el amor divino─.
Esa sería la expectativa, no tematizada como tal, que haría que perviva el pecado original, en este automovimiento del tiempo mortal.
Nota al pie elaborada por IA Gemini
Nota al pie: Fenomenología de la caída, San Agustín y la invención del «Tiempo Mortal»
La ruptura del estado edénico puede describirse fenomenológicamente a través de la tensión temporal que el alma impone sobre la experiencia. San Agustín (Confesiones, Libro XI) analiza el tiempo no como una entidad exterior objetiva, sino como una extensión de la mente o del alma (distentio animi): el pasado existe como memoria, el futuro como expectativa (o atención hacia lo que vendrá) y el presente como un punto de atención fugaz.
En el alma unida a Dios no existe la fisura de la impaciencia; la atención presente descansa plenamente en el Padre. Sin embargo, la actitud constitutiva de la caída fue la declaración performativa del «lo queremos ya»: la negativa a aguardar la infusión del Amor Divino según el diseño de Dios y la decisión de apoderarse de la inmortalidad de forma inmediata y autosuficiente.
Esta afirmación impositiva («este estado actual es lo que hay, y aquí constituimos nuestro ser») quiebra la confianza limpia y funda el tiempo mortal:
1. La distorsión de la expectativa (futuro): La expectativa deja de ser una serena apertura hacia Dios para convertirse en una pretensión de apoderamiento basada en la carencia. No existe el vacío psicológico; incluso la aparente ausencia de expectativa es una expectativa reactiva que proyecta el temor a la dependencia.
2. La sedimentación de la memoria (pasado): La atención, filtrada por esa expectativa distorsionada y en oculto conflicto, procesa el presente convirtiéndolo en una memoria acumulativa, cargada de creencias, heridas y mecanismos de defensa inconscientes.
3. La creación de la «falsa eternidad»: Al no haber alcanzado la eternidad real (la transformación del alma en sustancia divina), el ser humano intenta «eternizar» su presente separado. Prolonga su existencia mediante un ciclo autorreferencial donde la fachada intenta no sentirse necesitada.
Este automovimiento distorsionado explica por qué la existencia separada de Dios conduce inevitablemente al hastío. Incluso los espíritus que logran purificar su amor natural hasta alcanzar la Sexta Esfera —pero que no han recibido el Amor Divino a través del Nuevo Nacimiento— están sujetos a las limitaciones de un ser finito y puramente creado, experimentando eventualmente un sutil sentimiento de límite, repetición o aburrimiento. La pervivencia del «pecado original» en la psicología humana consiste precisamente en este bucle: la pretensión mental de autosuficiencia que atrapa al alma en el flujo del tiempo mortal y la desconecta de la eternidad fluida del Amor del Creador.
Anexo: Ilustraciones Bíblicas de los Conceptos Temáticos
Para complementar el análisis conceptual de esta nota, los siguientes pasajes de las Escrituras ilustran la dinámica entre el orgullo intelectual, la distorsión del deseo y la exigencia de inmediatez frente a la recepción humilde del Don Divino:
1. Sobre la soberbia intelectual que suplanta al alma («El conocimiento engríe»)
1 Corintios 8:1: «El conocimiento engríe [henche de orgullo], pero el amor edifica.» (Muestra la diferencia entre la aprehensión intelectual y la transformación real del alma mediante el Amor).
Romanos 1:21-22: «Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios.» (Describe el proceso mediante el cual Amán y Amón intentaron apoderarse intelectualmente del ser de Dios, cayendo en la necedad de la fachada).
2. Sobre la pretensión de autosuficiencia y la trampa del autoengaño
Apocalipsis 3:17: «Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.» (Refleja la «fachada» de la autosuficiencia humana que declara «mío es el tesoro», ignorando su profunda carencia espiritual).
3. Sobre la impaciencia, el apoderamiento del Don y la caída en la muerte
Génesis 3:6: «Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió…» (Ilustra el acto del «lo queremos ya»: el abalanzarse mental sobre el atributo de la sabiduría y la eternidad antes de recibir el Amor que lo hace posible).
Santiago 1:14-15: «Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.» (Explica la génesis interior del pecado y del tiempo mortal a partir de la corrupción del propio deseo).
Versión en inglés
Jesus denies that he is God, or that his blood washes away men’s sins. (12 Sep 1915)
I AM HERE, Jesus.
I was with you tonight and saw that the Spirit was filling your heart with the Divine Love of the Father and that you realized its presence, and felt that even though the people who worshipped me in their ignorance, yet they have this Love of the Father to a great degree.
I do not approve of their frequent reference to my blood as saving them from their sins and keeping them in the grace and favor of the Father, for, as I have told you, my blood has nothing to do with the salvation of any soul – only the Divine Love of the Father saves a soul from sin and makes it one with the Father in His Love and divinity.
But, nevertheless, these people have this Love in their hearts, and while with their intellects they look upon me as God, yet their souls are turning to God, and consequently, they receive the blessings of the Father’s Love and are receiving to a large extent the development of their souls.
I am glad that you attend these meetings (The Church of the Holiness, Washington, D. C.), for in them is a wonderful presence of the Spirit and the Love of the Father, and while you may not be in sympathy with their doctrines as to who and what saves them from sin and unrighteousness, yet the Influence of the Spirit is so great that it helps your soul development.
I tried to influence the speakers to tell just what the conditions of their souls were, and what experience they had in receiving and enjoying the Divine Love; and many of them experience and have as a part of their religious possession just what they said they had.
It will be beneficial to you to attend this church, and get the benefit of the presence of the Holy Spirit which is with them in their worship.
I was with you and tried to make you feel my presence, and I did, and you felt a little exaltation of your soul qualities and enjoyed the services, especially the singing and the prayers.
So, while you must not be influenced by their doctrines as to my being God or to be worshipped, yet if you will ignore this and only consider that their real worship is of God and that their souls are in unison with Him, you will find that these services will do you much good.
I am with you very much and am trying to get you relieved from the worries which come to you. I am also trying to help you get in that spiritual condition which is necessary in order for you to take and continue my formal messages.
Yes, you are and I am glad that it is so. I want you to become a man so possessed of this Love and of faith, so strong that nothing that you may encounter will swerve you from your convictions and from your work.
I see that you are anxious to continue this work and you will soon be able to do so.
Yes, I know that the Bible iterates and reiterates the statement that I am God, and that my blood saves from sin, and that I am a propitiation for mankind, but nevertheless, the Bible is all wrong, and these false doctrines must be corrected and men taught the true plan of salvation. I will be with you very often until we have commenced our work in the way that we desire to carry it forward. Let not anything that you may read in the Bible cause you to have a conception that may not agree with what I shall write. Let your mind be blank on these truths and wait until I shall disclose them to you, and believe me.
John never wrote these statements as contained in his epistles and Gospel, and he will write to you denying that he did. The Bible contains many truths and many of my sayings, but also, many statements that were never made by me or by the apostles, and my mission now is to correct all these errors. So you see we have much work ahead of us and we must commence it as soon as possible.
I am with you tonight to comfort and encourage you and help you to overcome not only your worries, and if you will only pray to the Father and believe, you will be successful in both particulars.
I will not write more tonight as others are here to write, and I desire that they shall do so.
Your brother and friend,
Jesus
Aman, first parent, reveals his temptation and fall. (29 Aug 1915)
Aman, the first parent.
You don’t believe me, I can see, but I am whom I say, and want to tell you that I am now a follower of Jesus and a lover of God, and live in the Celestial Heavens far up near where the Master lives.
I know it is hard for men to believe that I am the father of all physical manhood, and that I can come and communicate with mortals; but Jesus has rendered this possible in his opening the way for the higher spirits to communicate through you. You should feel specially blessed at having this great privilege, and feel that the Master has conferred on you a great favor, as he has.
Well, I have never before come to earth to communicate with mortals, and, the experience being new, I find some difficulty in doing so. But I will try to write a few more lines.
I and my soulmate lived in a paradise which God had given us, and were very happy until the great fall. We were so filled with the thought that we were all powerful and all wise, that we concluded that the obedience which God had required of us, was not necessary for us to observe, and that if we only exerted our powers, we would be as great as He is great, and would be able to obtain that immortality which he possessed. But, alas the day. We were mere creatures, although wonderful and beautiful, and we soon realized that fact.
The disobedience was in not waiting for God to bestow upon us the great Divine Love that would make us like Him in substance as well as in image. We were like Him in our possession of souls and also in the possibility of obtaining the Divine Love.
We disobeyed Him in that we tried to make ourselves believe that we were as He was, and that we need not submit further to His decrees. We tried to make this belief a thing of reality, and in our vanity tried to appear as gods; but as soon as we did this the scales dropped from our eyes, and we saw how naked and impotent we were.
God did not drive us from His paradise, but the inexorable laws of our creation and of the workings of His will, showed us that no longer could we expect this Divine Love, which He said would make us Divine.
And so we became mere mortals, deprived of the potentiality of obtaining this Divine Love, and we had thereafter to become subject to all the appetites of the natural man and to work to satisfy these natural appetites.
We continued to live in the same place as formerly, but no more could we be satisfied with the spiritual food that had supplied our wants and enabled us to subdue the appetites which formed a part of our physical being. The physical then asserted itself and the spiritual became subjected to it, and we became as mortals now are, and had to find our substance in mother earth. We were compelled to till the soil and earn our living by work. I mean we had to work in order to make the earth supply us with food for our physical wants.
It was a bitter time of sorrow but the law had imposed its penalty, and we were without power to relieve ourselves of that penalty, and had to live thereafter without the possibility of obtaining this Divine Love and of having our spiritual natures reassert themselves over the physical, and subdue it.
When Amon and I were created, there were no other human beings living on earth, and none came there to live, until we had sons and daughters who intermarried and produced other sons and daughters.
I cannot tell you how long ago our creation was, but many thousand years before the coming of Jesus. I will not write more tonight, but will come again sometime and write.
Your brother in Christ,
AMAN.
Amon, mother of all human creation, gives her experience. Her temptation and disobedience. (30 Aug 1915)
AMON.
I am the first mother of all the human race, and I want you to know that before Aman and myself, no human beings ever existed. We were created by God at the same time, and were ready, just after the moment of our creation, to live the lives of natural beings. So that there was no gradual growth on our part from any other creature or thing. I know it has been said that the first man was not created, but developed from some animal of the lower order, and as the process of evolution proceeded, this being became in the end a man, with all the wonderful organism and structure of his body, but I want to tell you that this is not true.
When I was created I was as perfect in my physical organism as I ever was afterwards or as any man or woman ever became from that time into the present. In fact, I believe, that at the time of our creation we were more perfect than mankind are now, because we had no physical ailments, no sickness, no deformity of any kind.
We certainly were more beautiful in face and form than mankind now are or have been for many long centuries; and besides, our bodies and organism lasted for longer years than do the bodies of mankind at this time.
Before our fall we were very happy in our conjugal love, and knew not troubles or worries of any kind, and never had anything to make us afraid or draw us apart from each other or from God; nor until the great temptation came, and then because of our ideas of our greatness and power and want of dependence on God we fell, and never again were restored to our position of beauty and happiness that were ours in the beginning of our lives on earth.
So you must see that we were specially created and not evolved from any other thing.
Some men now may marvel and wonder at the Bible description of the creation of man, and reject the description as the imaginings of a mind of romance or imagery and not true, but I tell you now that the essentials of this creation and the fall, are true. Of course the parts played by the apple and the snake and the devil are not true literally, but are symbolical of the principles that entered into the temptation and fall.
Well, I was as much to blame as was Aman, but I did not entice him after I had the ambition to become immortal without waiting till that time came when God would give us that quality of His own nature; but our ambitions grew together and we discussed the matter of making the great effort between us, and acted as one in trying to obtain this great immortality.
So the story in the Bible is not exactly true just as far as I am concerned, for I did not entice or seduce Aman to do the great wrong; neither did he seduce me to enter into the effort.
But all this is past, and many thousand years have gone by since our fall, and we have suffered much because of our first sin. As you have been told, many thousands of years passed since the time that we forfeited the gift of immortality, until it was restored and made known to humanity by Jesus the son of God, for he was the son of God, and as being a part of his Father’s Divine nature he was Divine, and partook of those qualities of the Father which gave to him immortality, and those who follow his teachings and receive the New Birth will become Divine and immortal also.
I must not write more tonight.
Yes, I will, and now I will say good night.
Your sister,
Amon.
Aman makes a correction. (30 Aug 1915)
I AM HERE, Aman.
Yes, and I want to correct what I wrote before in this: that I never was a spirit who wanted to have merely immortality as God was immortal, but I also wanted to obtain the power and wisdom which I saw that God possessed.
I thought that if I could obtain these qualities, I would become a God and a co-equal with my Creator, and hence the possessor of all the universe, and of all power and knowledge that He had. My effort to realize my ambition in these particulars was a part of my great sin of disobedience.
I thought it best to tell you this so that my description of the great sin of disobedience would not be only a part of the truth. I now know what an insignificant creature I was as compared to the Father, and I also know that the creation of Amon and me was the highest creation in all the universe of God.
But the great mercy and Love of the Father, notwithstanding my great sin, has placed be in the position and condition which he promised me at my creation, and which I forfeited with such fatal consequences. You have a privilege which I was then deprived of for so many long years, and your happiness may be as great as mine is now without having to wait the long and many years that I waited. No wonder that mankind worships Jesus as God, when we consider the Great Gift that he brought to them and the way to obtain it.
I must not write more.
Your brother in Christ and father in the flesh.
AMAN