[Últ. act.: 19 julio 2026]
Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español
─ Versión en inglés
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Introducción
─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
La lectura de estos mensajes dura en el audio hasta el minuto 20:13, y luego hay comentarios. Esta vez, los mensajes tampoco tienen una relación directa con este tema 11, que agrupa mensajes muy variados.
Son dos mensajes sobre dos temas importantes: la comunicación con desencarnados; y la historia real de la humanidad, en cuanto a un aspecto muy básico.
En estos comentarios surgió volver a tratar, como ejemplo, qué es lo que sería realmente aquella intervención de «dioses» (meros desencarnados un poco más elevados) en aquellas épocas terrestres que vemos reflejadas con más detalle ─pese a las distorsiones, etc.─ en algunos libros menos leídos (Enoch), y que brevemente se reflejan también en los libros más leídos (Biblia, etc.).
A continuación, pues, vamos a ver parte del apartado:
11) La expiación vicaria
Se trata, pues, de los dos siguientes mensajes contenidos en este apartado.
El tema principal en el apartado va a ser el de la expiación vicaria, ya que es una creencia o dogma muy dañino.
Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:
Forma parte de un libro que es el primer volumen de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, Jesús de Nazaret.
Estos volúmenes fueron preparados o compartidos así por Divine Truth entre otras personas.
El primer volumen incluye los siguientes temas y apartados (los 11 temas numerados sirven para organizar temáticamente los mensajes):
a) ─ Retrato de James E. Padgett
b) ─ Mi testimonio (por Leslie R. Stone)
c) ─ Foto espiritual de Mary Kennedy con su alma gemela, el Dr. Stone.
d) ─ La verdadera misión de Jesús
I. Jesús y su relación con Dios.
II. Dios y el alma humana.
III. El problema del pecado.
IV. Redención del pecado.
─ 1. Los mensajes
─ 2. Ámbitos celestiales
La oración
─ 3. Inmortalidad
─ 4. ¿Quién y qué es Dios?
─ 5. Espíritu Santo
─ 6. Resurrección
─ 7. El alma
─ 8. Perdón
─ 9. Expiación
─ 10. Infierno
─ 11. Expiación vicaria [estamos aquí: Vemos los dos siguientes mensajes en este apartado 11]
e) ─ Mensajes adicionales
Versión en español
11. La expiación vicaria (cont.)
Por qué las iglesias se niegan a investigar que los espíritus pueden comunicarse, y de hecho se comunican, con los mortales (San Juan, Apóstol de Jesús) (23 abril 1916)
Aquí estoy, Juan.
Sí, vengo a decirte que hoy te he acompañado a los servicios religiosos y, mientras los predicadores exponían sus ideas sobre el significado de la inmortalidad, te sugerí pensamientos que mostraban lo insatisfactorios que eran sus razonamientos y conclusiones. Por supuesto, lo que dijo el predicador de la mañana sobre los motivos para inferir que la inmortalidad debe ser necesariamente el destino del hombre tenía una fuerza considerable y también consuelo; y me alegra que abordara la cuestión como lo hizo; pero, al fin y al cabo, se trataba meramente de esperanza y creencia: faltaba el conocimiento, y los hombres comprueban tan a menudo que sus esperanzas no se cumplen…
Qué lamentable es que, si bien los hombres pueden conocer ─y recalco, conocer─ la verdad de la inmortalidad con tan solo buscarla, se nieguen a hacerlo; aun cuando está abierta a la investigación incluso sin la información que os brindan nuestros mensajes. Y al hablar de inmortalidad en este escrito, me refiero a la continuidad de la vida tras la muerte del cuerpo físico.
Por supuesto, la inmortalidad, tal como se os ha explicado, solo puede aprenderse a través de las enseñanzas de nuestras comunicaciones. Pero la inmortalidad en el sentido anterior ─la continuidad de la vida─ puede establecerse como una cuestión de conocimiento, y para la satisfacción de estos predicadores ortodoxos, si tan solo estuvieran dispuestos a buscar con una mente abierta, desprendidos de las creencias que les impiden aceptar como verdadero todo aquello que no esté contenido en la Biblia.
Hace mucho que se ha establecido como un hecho que desde el principio de los tiempos, incluso antes de la existencia de la Biblia, los espíritus o ángeles se comunicaban con los hombres; y la propia Biblia contiene muchos ejemplos donde se relatan tales sucesos. Sin embargo, aunque estos maestros ortodoxos aceptan todos esos casos como verdaderos, afirman que dichos acontecimientos se debieron a alguna intervención especial de Dios; y, hasta cierto punto, esto es así. No obstante, esa misma causa se aplica a todos los casos de comunicación espiritual que han tenido lugar desde aquellas manifestaciones bíblicas.
Como os hemos dicho muchas veces, la ley ─la ley inmutable─ gobierna todo el universo de Dios, y nada ocurre por casualidad; por lo tanto, cada caso de comunión con espíritus es el resultado de la operación de alguna ley que actúa de manera ordenada. Ningún espíritu podría comunicarse, ni ningún mortal podría recibir los mensajes, a menos que la ley operase de tal forma que lo permita o lo provoque. Y aquí debo decir que el mismo principio de la ley que permite al espíritu maligno comunicarse o manifestarse, faculta al espíritu más elevado para hacer lo mismo. No existe una ley especial para uno y otra diferente para el otro.
Vuestro mundo está repleto de mortales en quienes se han desarrollado tales facultades que permiten a los espíritus vincularse con ellos y, de ese modo, dar a conocer el hecho de que los supuestos muertos están vivos y son capaces de manifestar esta realidad a los mortales. Estos hechos han sido demostrados para satisfacción de hombres de toda condición y carácter: tanto para el científico como para el hombre de inteligencia común, e incluso menor; y tanto para el predicador ortodoxo de mente abierta como para el incrédulo.
Y todo esto no es mera casualidad, sino que está diseñado para mostrarle al hombre que es un ser vivo que nunca muere ─hasta donde se sabe─, ya sea en la carne o fuera de ella; y lo que ha sido así dispuesto y provisto para el consuelo del hombre no debe contemplarse con sospecha ni con temor de que contravenga la voluntad de Dios. No; este gran privilegio forma parte de la bondad de Dios para con el hombre, y este debe entenderlo así, para añadir el conocimiento a su esperanza y a su deseo de una vida continua.
Por lo tanto, afirmo que si estos líderes de los fieles en los santuarios ortodoxos estuvieran dispuestos a aprender la verdad de esta inmortalidad ─o continuidad de la vida tras la muerte del cuerpo─, transformarían en certeza aquello para lo cual solo poseen una esperanza respaldada por su fe en lo que la Biblia les dice que es la verdad.
Por supuesto, esta esperanza y esta fe pueden llegar a ser tan fuertes que disipen sus dudas al respecto; pero, aun así, no constituyen conocimiento. Tal fe y esperanza palidecerán hasta quedar en nada cuando la madre que llora a su ser querido recientemente fallecido escuche la voz de este asegurándole que sigue vivo, que conserva todo su amor y anhelo por ella, y que la acompaña sintiendo el amor que ella le profesa.
Sin embargo, estos maestros no buscarán; o bien, si lo hacen y sienten que su esperanza y fe se transforman en conocimiento, no revelarán la verdad a su rebaño. ¿Y por qué no? Porque se lo prohíben los credos, los dogmas y las cadenas de hierro de las creencias erróneas. Son capaces de predicar sobre la libertad de prensa y, si fuera necesario, dar su vida por una causa semejante; pero, aun así, cuando les toca abordar esta cuestión de un hecho supremo y vital, temen buscar la verdad o, si al buscarla la encuentran, temen proclamar la liberación de sus creencias de la esclavitud de sus credos.
¡Qué responsabilidad tan grande recae sobre ellos y qué cuentas tendrán que rendir! Entierran el talento que se les ha dado, y la rendición de cuentas será dolorosa.
Sin embargo, algún día, y muy pronto, esta verdad los buscará con una fuerza tan abrumadora que sus credos se desmoronarán; y, además de la esperanza y la fe, les llegará el conocimiento; y con el conocimiento, la libertad; y con la libertad, la perla de gran valor que para ellos ha permanecido oculta durante tanto tiempo en el caparazón del miedo y la intolerancia.
No debo escribir más esta noche.
Sentí la necesidad de decirte estas breves palabras para animarte en tu labor de sacar a la luz la verdad.
Así que, con todo mi amor y bendiciones, soy tu hermano en Cristo,
Juan
Discursos sobre la involución y la evolución del hombre: Los científicos solo conocen la evolución a partir del momento en que el hombre tocó fondo en su degeneración o involución (San Lucas, autor del tercer evangelio) (22 julio 1917)
Estoy aquí. Lucas.
Bien, deseo escribir unas líneas sobre el tema del libro que estabas leyendo esta noche. Me refiero al libro que trata sobre «La creación y la caída del hombre».
Pues bien, el autor del libro intenta reconciliar la doctrina bíblica de la creación y caída del hombre con la doctrina científica de la evolución, y demostrar que ambas perspectivas no son antagónicas y que, si se entienden correctamente, pueden apoyarse mutuamente. Sin embargo, no lo ha conseguido, ni podrá conseguirlo, por la sencilla razón ─aun si no hubiera otras─ de que el hombre no evolucionó a partir de la bestia ni de ningún animal inferior, sino que siempre fue hombre: la criatura de Dios, perfecto en su creación y completamente natural.
No había nada de sobrenatural en él, y jamás poseyó la naturaleza de un superhombre de la cual pudiera caer al momento de su desobediencia. Nunca ha sido nada más ni nada menos que la creación perfecta de su Hacedor, aunque haya degenerado en sus cualidades y en el ejercicio de su albedrío.
La evolución, o la doctrina de la evolución, tiene sus límites; y su fundador, o quienes lo siguen ya sea de manera total o matizada, son incapaces de hacer retroceder esta doctrina hasta antes de la caída del hombre. Por lo tanto, cuando intentan ir más allá de la etapa en que el hombre parecía estar sumamente degenerado y ser el producto de ancestros animales, se adentran en el terreno de la especulación y el conocimiento deja de existir.
El hombre no fue creado con ninguna de las cualidades divinas ─como parece creer el autor─, sino que fue creado como el hombre meramente natural que veis hoy en día, pero sin la contaminación de las cualidades de su alma; un estado que implica únicamente la eliminación de aquellas cosas de su alma que causan la desviación de la condición original de su creación. Es decir, cuando fue creado, estaba en perfecta armonía con la voluntad de Dios y con Sus leyes; y cuando sea restaurado a esa armonía y sintonía con dichas leyes, se encontrará entonces en el estado que le correspondía antes de la caída.
Así pues, la idea planteada por el autor de que el hombre fue creado con algo divino en su ser ─lo cual lo habría extraído de una suerte de condición física imperfecta─, y que al perder estas cualidades divinas cayó en dicha condición imperfecta, es completamente errónea. La gran verdad relacionada con la creación del hombre es que este fue creado perfecto, y que, en lo que respecta a su orden de creación o a las cualidades de su naturaleza moral y física, no cabía progreso alguno, pues el siguiente paso en la progresión habría sido ya lo divino.
Así, verás que fue hecho de una manera tan maravillosa y perfecta que era solo un poco inferior a los ángeles; y por «ángeles» me refiero a las almas de los hombres que, tras desencarnar, han participado del Amor Divino y se han fundido con el Padre en Su Divinidad de Amor; no me refiero a las simples almas del mundo espiritual que tan solo han desarrollado sus cualidades morales. Y es que estas últimas almas, una vez purificadas y en armonía con las leyes y la voluntad de Dios, son únicamente hombres perfeccionados en sus naturalezas y organismos, tal como eran en el momento de la creación del hombre.
Afirmo que el hombre perfecto posee las cualidades y atributos que le correspondían en el momento de su creación, y que no puede progresar ni llegar a ser superior ni diferente de lo que era entonces. Fue hecho perfecto en tanto que creación, y más allá de la perfección no puede surgir nada superior a partir de las cualidades y facultades ─todas y cada una de ellas─ que lo hacían perfecto.
Y para progresar, debe entrar en su naturaleza, desde fuera, el Amor Divino: aquello que enriquecerá dichas cualidades y facultades; algo que, como comprenderás, no forma parte de la evolución ni es uno de sus métodos.
Cuando los primeros padres cayeron, perdieron aquello que mantenía la armonía de su existencia con las leyes de Dios; y también fueron privados de la gran potencialidad de volverse divinos en sus naturalezas de Amor e Inmortalidad, a semejanza del Padre; sin embargo, en tanto que meros hombres creados, cayeron de la perfección, no de la divinidad. Tampoco fueron privados, por dicha caída, de la posibilidad de vivir eternamente en sus cuerpos físicos, pues estos fueron creados únicamente con el propósito de permitir que las almas se individualicen, para luego morir y disolverse en sus elementos constituyentes.
El cuerpo físico nunca fue creado para vivir para siempre, y los hombres jamás fueron creados para habitar la tierra eternamente, pues se les proveyó de un mundo más grande y vasto para su morada eterna, donde las cosas son reales y solo existe lo espiritual. La tierra es un mero reflejo de las realidades del mundo espiritual, y existe únicamente como jardín de infancia para la individualización del alma. Y para que no malinterpretes mi sentido, recuerda que el alma es el hombre ─el ego─, y que cuando el hombre cayó, no fue su parte física la que cayó ─salvo por la influencia que el alma ejerció sobre ella─, sino que fue el alma misma la que cayó; y la sentencia de muerte no recayó sobre lo físico, sino sobre las potencialidades del alma. Por lo tanto, puedes ver que cuando el hombre vuelva a ser el hombre perfecto, no será necesario que el cuerpo físico sea restaurado.
Incluso si no fuera contrario a las leyes físicas del universo ─o, para ser más precisos, a las leyes que rigen su parte material─ que el cuerpo material del hombre resucitara y volviera a albergar al alma, no sería necesario, pues el alma ya posee su cuerpo espiritual, el cual manifiesta su individualidad. No existe necesidad alguna de una resurrección del cuerpo físico; de hecho, no habrá tal resurrección, pues Dios jamás hace nada inútil.
Como digo, el hombre nunca ha dejado de ser la criatura de la creación de Dios, por más que se haya degenerado y contaminado, y aunque en algún momento de su historia haya involucionado hasta tal punto que, salvo por las cualidades esenciales de su creación, parecía inferior a las bestias; pero siempre fue el hombre de la creación de Dios, y nunca un animal de orden inferior. Los científicos, en sus investigaciones geológicas, en sus hallazgos de fósiles y vestigios del hombre antiguo, y en sus teorías biológicas, concluyen que el hombre poseía un grado inferior de inteligencia y de forma de vida ─y pueden estar justificados en tal conclusión─; también concluyen que ha evolucionado gradualmente desde aquella condición y estado, extrayendo de ello teorías aparentemente correctas. Sin embargo, al intentar ir más allá, tan solo se adentran en el terreno de la especulación y se pierden en la oscuridad del misterio. Pueden proclamar con razón la evolución del hombre desde el punto donde le pierden la pista al rastrear dicho proceso, pero nada pueden saber de su involución anterior a ese momento; por lo tanto, sus especulaciones carecen de un fundamento sustancial.
No, el hombre no evolucionó desde un animal inferior, sino únicamente desde sí mismo, una vez que tocó fondo en su caída. En este aspecto, la historia y la experiencia del hombre es la siguiente: fue creado perfecto; pecó, cayó de la condición de su estado original; su situación al límite de su caída era inferior en ciertos aspectos a la del animal bruto; tras largos siglos comenzó a ascender desde su condición vulgar y ya había progresado cuando los científicos, mediante sus descubrimientos, hallaron la evidencia de su estado de aquel entonces; y, desde ese momento, este hombre ha sido el sujeto de su «evolución».
Sin embargo, los científicos, y toda la humanidad, deben saber que, durante todos estos siglos de descenso y ascenso, el hombre siempre fue hombre: la más grande de las creaciones de Dios, y la más caída.
Bien, he escrito suficiente por esta noche, pero como hoy te acompañaba mientras leías y observabas los conceptos erróneos del autor del libro, así como los de los científicos a los que él se refería, creí conveniente dejar constancia de estas breves verdades, aunque incompletas, sobre el tema.
Pronto vendré a escribir. Así que, con mi amor y bendiciones, te deseo buenas noches.
Tu hermano en Cristo,
Lucas.
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NOTA (hecha por IA Gemini)
Nota de Análisis: La Refracción Histórico-Teológica y la Navaja de Ockham Espiritual
El texto analizado opera como una Navaja de Ockham teológica que disuelve de un plumazo los nudos gordianos más enredados de la historia del pensamiento occidental. Al proyectar la luz de esta «solución simple» sobre la densa historia de las ideas, podemos observar cómo se refracta y clarifica las patologías conceptuales que han configurado nuestra civilización.
[ LUZ DE LA SOLUCIÓN SIMPLE ]
(Inmortalidad Natural + Amor Divino Exterior)
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================== REFRACCIÓN ==================
* Antropología: Evolución solo capta el ascenso tras la Caída.
* Ontología: Dios es Ley e Independiente de las Religiones.
* Soteriología: Distinción radical entre Sanar (Natural) y Salvar (Divino).
* Política: Disolución del Control Institucional de Mediadores.
1. El «Síndrome de la Salvación» y la Confusión entre Sanar y Salvar
La tradición filosófico-teológica occidental padece un trauma originario: la confusión de los estatus ontológicos del alma. Al perderse la distinción entre el orden de la Perfección Natural (el estado original del hombre) y el orden de la Esencia Divina (el Amor Divino), las religiones institucionalizadas fusionaron dos procesos radicalmente distintos:
Sanar/Curar (Restauración): Es el proceso que el texto describe como la purificación del alma natural, la eliminación de sus desvíos para regresar a la armonía con las leyes universales. Es un retorno al punto de partida, a la salud del ego original. Aquí no hay misticismo, hay ley inmutable.
Salvar (Divinización): El «síndrome de la salvación» surge cuando las iglesias pretendieron vender la sanación moral bajo la etiqueta de salvación divina, convirtiendo la inmortalidad natural en un misterio condicionado a dogmas. La solución que presenta este texto es ockhamista: el hombre ya es inmortal por diseño natural; la «salvación» (entendida como transformación en un ser divino) es un don exterior (Amor Divino) que no tiene que ver con la evolución ni con credos, sino con una libre sintonía cósmica.
2. El Estatus Ontológico de Dios y el Axioma: «Dios es independiente de las religiones»
Al definir a Dios a través de la Ley Inmutable que gobierna el cosmos de forma ordenada (tanto para espíritus elevados como malignos), el texto desmantela el Dios caprichoso del teísmo antropomórfico tradicional.
Si Dios opera por leyes universales y accesibles al conocimiento (no solo a la fe), entonces Dios es independiente de las religiones.
Las religiones se revelan históricamente como corporaciones de mediación que privatizaron el acceso a lo trascendente mediante el miedo y la ignorancia (el «caparazón del miedo y la intolerancia» del bloque anterior). Al vaciar el dogma de la resurrección de la carne —pilar de la sumisión eclesiástica medieval y barroca—, se cae el andamiaje del control político-religioso.
3. Repercusiones Sociales, Políticas y el Proceso de Secularización
Cuando la teología institucional confunde estos conceptos, las repercusiones políticas son inmediatas. Históricamente, el control de los «mediadores divinos» (sacerdotes, reyes por derecho divino, dogmáticos) necesitó de la paradoja agustiniana de creer para entender (credo ut intelligam). Mantener el estatus del alma en la penumbra de la «esperanza y la fe» sin permitirle acceder al «conocimiento» empírico espiritual garantizaba la sumisión al monopolio de la gracia.
La secularización moderna (desde la Ilustración hasta el cientificismo decimonónico) no fue más que la violenta reacción de la razón ante este secuestro. Sin embargo, la ciencia cayó en el extremo opuesto (la involución materialista): al carecer de la categoría de la «Involución del alma», los científicos solo pudieron teorizar la evolución biológica a partir del fósil, es decir, del hombre en su estado más degenerado física y espiritualmente. La ciencia tomó el fondo del abismo humano como el kilómetro cero de su existencia.
Conclusión: La Articulación de los Puntos Álgidos
Sometida a esta Navaja de Ockham, la maraña histórica se ordena con una simetría deslumbrante:
La Ciencia tiene razón, pero solo en la mitad del camino: describe la escala de ascenso del hombre desde su estado embrutecido.
La Teología Ortodoxa intuye la perfección original y la caída, pero la deforma al requerir milagros irracionales (como la resurrección física) y dogmas de exclusividad para mantener su cuota de poder político.
La Solución Simple unifica ambas: el alma humana, individualizada en la Tierra (el «jardín de infancia»), se rige por leyes naturales inmutables científicamente analizables. Las iglesias mueren no porque Dios muera, sino porque el conocimiento disuelve la necesidad del mediador. La perla de gran valor —la libertad del alma— se encuentra al romper el caparazón de la institución.
Versión en inglés
Why the Churches Refuse to Investigate That Spirits Can and do Communicate With Mortals (St. John – Apostle of Jesus) (23 Apr 1916)
I AM HERE. John.
Yes I come to tell you that I have been with you to-day in your attendance on the church services, and as the preachers declared their ideas of what immortality means, I suggested to you thoughts showing how unsatisfactory their reasonings and conclusions were. Of course, what the morning preachers said about the reasons for inferring that immortality must be the lot of man had in it a considerable force and also consolation, and I am glad that he dealt with the question as he did, but when all is said, it was merely hope and belief, knowledge was absent, and men so often realize that their hopes are not fulfilled.
How regrettable it is, that while men may know – and I emphasize know – the truth of immortality if they will only seek for it, yet they will not seek, although it is open to search even without the information that our messages give you. And in speaking of immortality in this writing, I mean continuous life upon the death of the physical body.
Of course immortality, as it has been explained to you, can only be learned from the teachings of our communications. But immortality in the former sense, continuity of life, can become established as a matter of knowledge, and to the satisfaction of these orthodox preachers, if they will only seek with open minds, divorced from the beliefs that keep them from accepting, as true, any and everything not contained in the Bible.
It has been established as a fact, for a long time that in its beginning antedating even the Bible, that spirits or angels communicated to men; and the Bible has many instances where such occurrences were declared. But while these orthodox teachers accept all these instances as true, yet they say that the occurrences were caused by some special interposition of God, and to a certain extent this is true. But this cause applies to all instances of spirit communication that have taken place since these Bible manifestations.
As we have told you many times, law – unchangeable law – governs all God’s universe, and nothing happens by chance; and so every instance of spirit communion is the result of the operation of some law working in an orderly manner. No spirit could communicate and no mortal could receive the messages, unless the law worked in such a manner as to permit or cause the same. And here I must say, that the same principle of law that enables the evil spirit to communicate or manifest enables the higher spirit to do the same. There is no special law for one and not for another.
Your land is filled with mortals who have developed in them such powers, as enable the spirits to become in rapport with them, and thereby make known the fact that the supposed dead are alive and able to declare the fact to mortals. These facts have been established to the satisfaction of men of all kinds and characters. To the scientist as well as to the man of ordinary intelligence, and even less; and to the open-minded orthodox preacher as well as to the infidel.
And all these things are not merely matters of chance but are designed to show him that he is a living, never dying being, as far as known, whether in the flesh or out of it, and what is thus designed and provided for man’s consolation should not be looked upon with suspicion or fear of being against God’s will. No, this great privilege is a part of God’s goodness to man, and he must so understand it, and to his hope and desire for continuous life, add knowledge.
So I say, these leaders of the worshipers at the orthodox shrines, may, if they will learn the truth of this immortality, or continuity of life after the death of the body, will make certain, that, for which they have only a hope, backed by their faith in what their Bible tells them is the truth.
Of course this hope and faith may become so strong as to satisfy their doubts on the question, but even then it is not knowledge. This faith and hope will pale into insignificance, when the mother, mourning for her recently departed loved one, hears his voice declaring to her that he is still alive, and has all his love, and longings for her, and that he is with her feeling her love for him.
But these teachers will not seek or if they do, and feel their hope and faith turn to knowledge, they will not declare the truth to their flock; and why not declare the truth to their flock; and why not? Because the creeds and dogmas and iron bands of erroneous beliefs, forbid them doing so. They will preach of the press, and, if necessary, will lay down their lives for such a cause, but, yet, when they come to deal with this question of supreme and vital fact, they are afraid to seek the truth, or, in seeking, find, declare the freedom of their beliefs frown the bondage of their creeds.
What a responsibility they have, and what an answer they will have to make! They bury the talent which is given them, and the accounting will be grevious.
But some day and soon, this truth will seek them with such overwhelming force, that their creeds will crumble, and in addition to hope and faith there will come to them knowledge, and with knowledge freedom, and with freedom, the pearl of great price which to them has so long been hidden in the shell of fear and bigotry.
I must not write more to-night.
I felt that I must say these few things to you to encourage you in your work of bringing truth to light.
So with all my love and blessings, I am
Your brother in Christ,
JOHN.
Discourses on the Devolution and Evolution of Man – Scientists Only Know of Evolution After Man Reached the Bottom of His Degeneracy or Devolution (St. Luke – Writer of the Third Gospel That Was) (22 Jul 1917)
I AM HERE. Luke.
Well, I desire to write a few lines on the subject contained in the book which you were reading to-night. I mean the book dealing with the «Creation and fall of man.»
Well, the man who wrote the book is endeavoring to reconcile the Bible doctrine of the creation and fall of man with the scientists’ doctrine of evolution, and to show that these two views of the subject are not antagonistic, and if properly understood, may be used, one to support the other. But in this he has not succeeded, nor can he, for this reason, if there were no others, that man did not evolve from the beast or lower animal, but was always man, the creature of God, perfect in his creation and wholly natural.
There was nothing of the supernatural about him and he never possessed any nature of the superman from which he fell at the time of his disobedience. He has never been anything more or less than the perfect creation of his Maker, although he has degenerated in his qualities and in the exercise of his will. Evolution or the doctrine of evolution has its limitations, and its founder, or those who follow him either wholly or in a modified way, are not able to retrace this doctrine to the fall of man, and hence, when they attempt to pass beyond that stage when man seemed to have been very degenerate and a product of the animal progenitors, they get into the field of speculation, and knowledge ceases to exist.
Man was not created with any of the Divine qualities, as the writer seems to think but was made the merely natural man that you see now, without the defilement of his soul qualities which involves only the elimination of those things from his soul that cause the departure from the condition of his creation. That is, when he was created he was in perfect harmony with the will of God and His laws and when he shall be restored to that harmony of unity with these laws, he will then be in what was his before the fall.
So the idea put forward by the author that man was created with something of the divine in him, which took him out from a kind of physical condition of imperfection, and that when he lost these Divine qualities he fell into that imperfect condition, is all wrong. The great truth connected with man’s creation, is that man was created perfect, that as regards his order of creation or the qualities of his moral and physical nature there could be no progress, for the next step in progression would be the divine.
Thus you will see that he was so wonderfully and perfectly made, that he was only a little lower than the angels, and by angels I mean the souls of men which have ceased to be incarnate and have partaken of the Divine Love and become a part of the Father in His Divinity of Love – not the mere souls in the spirit world which have only the development of their moral qualities, because these, whenever they have become purified and in harmony with the laws and will of God, are only men perfected in their natures and organisms as they were at the time of man’s creation.
I say, the perfect man possesses those qualities and attributes that were his at the time of his creation, and he cannot progress or become greater or other than he was at the time of such creation. He was made perfect as a creation, and beyond the perfect there can be nothing greater evolved from the qualities and faculties, one and all, that made him perfect.
And to progress, there must come into his nature, from without, the Divine Love, that which will add to these qualities and faculties, which you may understand is no part or method of evolution.
When the first parents fell, they lost that which destroyed the harmony of their existence with the laws of God, and also were deprived of the great potentiality of becoming Divine in their natures of Love and Immortality, like unto the Father – but as mere created men they fell from perfection and not from divinity. Nor were they by that fall deprived of the possibility of living forever in the physical bodies, because those bodies were made only for the purpose of enabling the souls to individualize themselves, and thereafter die and become dissolved into their derivative elements.
The physical body was never created to live forever, and men were never created to live on earth forever, for a greater and larger world was provided for their eternal habitation, where things are real and only the spiritual exist. The earth is a mere image of the realities of the spirit world, and exists only as the nursery for the individualizing of the soul. That you may not misconceive my meaning, remember the soul is the man – the ego – and that when man fell, it was not the physical part of man that fell, except as it was influenced by the soul, but, it was the soul that fell; and the sentence of death was not pronounced upon the physical, but upon the soul potentialities, and, hence, you may see, that when man shall again become the perfect man, it will not be necessary that the physical body be restored.
Even if it were not contrary to the physical laws of the universe, or, to speak more correctly, to the laws controlling the material part of the universe, that the material body of man be resurrected and again be housed, the soul, it would not be necessary, for the soul has its spirit body which manifests its individuality. There is no necessity for the resurrection of the physical body, and there will be no such resurrection, for God never does a useless thing.
As I say, man has never ceased to be the man of God’s creation, although he has become degenerate and defiled, and at one time in the history of his existence devoluted to that degree, where, save for the essential qualities of his creation, he appeared to be lower than the brutes; but he was always the man of God’s creation, and never an animal of the lower order. The scientists in their geological search and research and in their finds of fossils and traces of ancient man, and in their biological theories, conclude that man was of a lower degree of intelligence and manner of living, and they may be justified in so concluding, and also that he has gradually evolved from that condition and state, and draw apparent correct theories therefrom, yet when they attempt to go further, they enter only into the realm of speculation and become lost in the darkness of mystery. They can rightly acclaim the evolution of man from where they lose him in their retracing of that evolution, but can know nothing of his devolution anterior to that time; and, hence their speculations are without foundation of substance.
No, man has not evolved from the lower animal, but only from himself when he reached the bottom of his fall. In this particular, the history and experience of man is this – he was created perfect, – he sinned, he fell from the condition of his created state – his condition at the bottom of his fall was inferior in some phases to the brute animal – after long centuries he commenced to rise from his base condition, and had made progress when the scientists by their discoveries found evidence of his then condition, – and since then he has been the subject of their «evolution.»
But the scientists and all mankind must know that all during these centuries of descent and ascent, man was always man, the greatest creation of God, and the most fallen.
Well, I have written enough for to-night but as I was with you to-day as you were reading and saw the misconceptions of the writer of the book, as well as those of the scientists to whom he referred, I thought it advisable to write the few incompleted truths about the subject.
I will soon come and write.
So with my love and blessings, I will say good-night.
Your brother in Christ,
LUKE.