2/36-37) Siguientes dos mensajes (Un anónimo y Jesús escriben: Padgett ayuda a W___ – Vol. 2) | El verdadero evangelio – Revelado de nuevo por Jesús | Vol. 2:36-37

Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español
─ Versión en inglés 

___

Introducción

─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
La lectura de estos mensajes dura en el audio hasta el minuto 14:32, y luego hay comentarios.

Esta vez vemos los siguientes dos mensajes, que son de un anónimo y de Jesús. Este anónimo, W., se lamenta de haber tenido que esperar a la transición de la muerte para darse cuenta del autoengaño y la hipocresía que hay en gran medida en nuestras vidas, así como de la falsedad de lo que estaba enseñando en torno a Dios y Jesús (era ministro en algún tipo de cristianismo, en el siglo XIX).

Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:

unplandivino.net/padgett/

Forma parte de un libro que es el segundo volumen de una recopilación concreta de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, de Jesús de Nazaret.

Estos volúmenes fueron preparados y/o compartidos así por Divine Truth, entre otras personas.

Este segundo volumen no estructura los mensajes según temas. Y tal como se ve en su índice, contiene:
─ Una introducción;
─ Una nota breve sobre la edición digital;
La lista de mensajes,
─ y un breve apartado final, donde sólo se presenta de nuevo la oración que podemos llamar «del amor divino», y que vimos en el primer volumen.

Versión en español

Ayuda dada a un espíritu (6 abril 1915)

Permíteme escribirte brevemente. Necesito tu ayuda y creo que puedes ayudarme, como me han dicho que has ayudado a otros antes que a mí.

Soy un espíritu sumido en la oscuridad y la desesperación. Soy un hombre muy malo, pero no lo supe hasta que llegué al mundo espiritual y vi con claridad el tipo de carácter que tengo. Nadie conoce realmente su propia condición hasta que se libera de la envoltura mortal y se convierte en un espíritu transparente; entonces, cada pensamiento íntimo se hace evidente, y él se convierte, por así decirlo, en un espejo de su propio verdadero ser [self].

Mi vida no era lo que el mundo llamaría una vida malvada, e intenté vivir, según creía, correctamente ante Dios y los hombres, pero todo era solo apariencia. Quiero decir, que me engañaba a mí mismo. Mi alma no estaba involucrada en el aspecto de qué es lo que estaba bien y qué es lo que estaba mal, sino simplemente mi condición intelectual era la involucrada. Las Bienaventuranzas no eran mías, ni la religión del alma lo era. Yo fui un miembro estricto de la iglesia y me atenía a todas las convenciones y dogmas de la misma en lo que a su apariencia externa se refiere, y al mismo tiempo no practicaba la verdadera adoración del alma a Dios. Pensaba que, al observar los dogmas y credos de mi iglesia, hacía la voluntad de Dios, y que no era necesario nada más. Fui bautizado y confirmado por los dignatarios correspondientes de la iglesia, y se me dijo que era hijo de Dios y que tenía la salvación asegurada. Y cuando llegué a la edad adulta y me convertí, como te sorprenderá saber, en clérigo, encontré un profundo consuelo en la administración de los servicios de la iglesia, y al recibir y confirmar a los aspirantes a miembros.

Pero todo ello no me trajo una verdadera comunión y unidad con el Padre, pues no tenía el Amor del Padre en mi alma. Mi intelecto era completamente cristiano, pero mi alma no estaba en sintonía con el Amor del Padre. Cuántas veces pensé en la grandeza y satisfacción que era estar en el rebaño de Dios. Y me refiero a Su iglesia, establecida por Jesús, y que llegó hasta nosotros en sucesión apostólica. ¡Pero qué error! La sucesión apostólica es en sí misma un gobierno eclesiástico sin sentido, y ninguna sucesión puede conferir a ningún sacerdote o clérigo el poder de otorgar a las almas humanas el Amor o la Misericordia del Padre. Esto lo he aprendido, para mi pesar, desde que me convertí en espíritu.

Así que digo: quienes piensan que algún sacerdote u obispo puede otorgar este Amor del Padre, o que puede hacer que el alma humana sea receptora de este Amor, despierten al hecho de que tal poder no existe en estos ministros de la iglesia. Es sólo, como ahora creo, Dios mismo Quien puede realizar esta gran obra.

Así pues, cuando llegué a esta vida espiritual y descubrí que no estaba en el reino de mi Padre, como creía que iba a estar, me sentí profundamente decepcionado. Y en mi decepción, comencé a pensar que todas las enseñanzas bíblicas eran meros cuentos de hadas, que Dios no existía, o que, si existía, había engañado a Su iglesia haciéndole creer que sus miembros eran hijos especialmente redimidos del Padre. He estado en esta duda durante mucho tiempo, hasta que, sólo recientemente, he comenzado a ver la verdad y a aprender que el camino al amor de Dios no es a través de las iglesias como tales, sino sólo a través de unas auténticas aspiraciones sinceras del alma; y que no se necesita ningún mediador, sino que Dios espera, y está dispuesto a otorgar este Amor, a quienquiera que lo pida sinceramente.

Ningún sacerdote ni obispo puede liberar a un alma del pecado ni perdonar al pecador; y nadie puede alcanzar el Amor ni el favor del Padre excepto mediante esta súplica directa e individual. El sacerdote puede mostrar el camino si sabe cómo, pero muy pocos lo conocen, pues no sólo enseñan, sino que creen, que todo lo que una persona debe hacer es conformarse a las exigencias de la Iglesia, y que al hacerlo, Dios está listo para recibirla en su Reino.

Pero que todos estos hombres sepan que si sólo dependen de tal conformidad con el deber, se decepcionarán, como yo, al llegar al mundo de los espíritus, donde sólo la verdad puede prevalecer, y donde todo lo oculto en la tierra es puesto al descubierto.

Ahora bien, no se debe entender por esto que estoy criticando a las iglesias ni al bien que hacen, pues muchos de sus miembros, a pesar de los dogmas y credos, han recibido esta verdadera unión del alma con el Padre, y muchos predicadores han declarado verdades en sus sermones que han sido el medio para guiar a sus oyentes a una verdadera comprensión del Amor del Padre. Lo que pretendo transmitir es que las iglesias enfatizan demasiado la necesidad de conformarse a sus dogmas y credos, y descuidan mostrar a los hombres el verdadero camino al Reino.

Las únicas oraciones que llegan al corazón del Padre son aquellas que llevan las verdaderas aspiraciones del suplicante al trono de la gracia. Se pueden repetir las oraciones escritas durante toda la vida, pero si éstas no expresan las aspiraciones y deseos del suplicante, no tienen mayor efecto que repetir la tabla de multiplicar.

Y si los hombres reflexionan un momento, verán que esto debe ser cierto: sólo el alma humana puede recibir este Gran Amor del Padre, y cuando estas oraciones escritas se repiten sin que los anhelos del alma se expresen en ellas, el alma no se abre a la afluencia de este Amor, y por lo tanto, el hombre no puede recibir ningún beneficio posible.

Por eso, digo, que los hombres aprendan que la religión es un asunto exclusivamente entre Dios y cada alma individual, y ninguna iglesia, sacerdote u obispo puede, por ninguna supuesta garantía existente en ella o en ellos, salvar el alma de un hombre de los pecados de la vida, ni hacer que esa alma sea una con el Padre. Todo lo que ese sacerdote u obispo puede hacer es mostrar el camino, si lo comprende, y, al hacerlo, habrá prestado un servicio a la humanidad mayor del que imagina.

Ahora veo la falsedad en mi dependencia del cumplimiento de mi deber hacia mi iglesia meramente como deber. Sí, cumplí con mis deberes, pero dejé mi alma sin alimento, aunque no intencionalmente, sino porque pensaba que el cumplimiento del deber era todo lo necesario. Algún día espero que los hombres aprendan que hay sólo un camino hacia Dios, y que es a través de sus oraciones personales y sinceras, con fe.

Bueno, ya he escrito suficiente.

Fui clérigo de una iglesia en un pueblo del oeste. Me llamaba W__ y fallecí en 1871. Ahora estoy aprendiendo el camino.

Acudí a ti en busca de ayuda porque vi que estás rodeado de espíritus brillantes y hermosos, que deben tener este Amor en sus almas en gran medida; y pensé que si podía conocerlos y que me contaran lo que significa este Amor desde su experiencia personal, podría beneficiarme.

Bueno, ya he reconocido su presentación, y me siento muy afortunado de conocerlos; son muy hermosos y encantadores. Te lo agradezco mucho y, en algún momento, con el permiso de todos vosotros, volveré para escribir.

Así que, con mi mejor amor, te deseo buenas noches.
W__

Mensaje personal. Jesús sigue haciendo la obra del Padre (9 abril 1915)

Estoy aquí, Jesús.

Sí, estoy, y podrás comprender plenamente qué es el Espíritu Santo [nota: ver el mensaje sobre el Espíritu Santo, de Jesús, en el Vol. 1] y qué significado debe dársele, tal como se menciona en diversas partes de la Biblia. Sin embargo, diré esto: no es Dios. Es simplemente uno de sus instrumentos, usado por Él para realizar Su obra de redención de la humanidad.

No escribiré ningún mensaje esta noche, sino que comenzaré la próxima semana, si te encuentras en mejores condiciones.

Bueno, ya que crees lo que digo sobre que soy hijo de Dios, y no un dios, puedes creer fácilmente que el hecho de que acuda a ti, como lo hago, no contradice en absoluto ninguna ley del mundo espiritual. El hecho de tener mi hogar en el Ámbito Celestial más alto no me impide venir a la Tierra a realizar mi obra, la cual no ha sido realizada por quienes en la Tierra deberían haberla realizado. Soy un espíritu de amor y empatía, así como de un gran desarrollo espiritual, y deseo que todos los hombres conozcan cuál es el gran plan del Padre para su redención y felicidad.

Así que, siendo un espíritu tan exaltado, como dices, no hay razón para que no venga a ti y me comunique contigo libremente y, en cierto modo, con confidencialidad. Te quiero, como te he dicho, y te he elegido para realizar mi obra; por lo tanto, estoy tratando de aunarte completamente conmigo.

No debes dudar de mí sólo porque me acerque a ti con tanta frecuencia y te hable con tanta familiaridad, pues espero y deseo que en el gran futuro estés muy cerca de mí y conmigo. Estoy intentando prepararte para un progreso tan grande en tu condición espiritual que, cuando vengas, comprenderás la unidad de la que hablo, y estarás preparado para vivir cerca de mi esfera.

Bueno, tu abuela es un espíritu maravilloso en su desarrollo, y para cuando llegues, ella estará cerca de mí, en mi hogar, y, según creo, también lo estarán tu madre y tu esposa. Todas están llenas del Amor del Padre y lo reciben cada vez con más abundancia. Ahora están en la primera esfera de mi Reino y descubrirán que su progreso será mucho más rápido.

Así que trata de creer lo que digo y haz mi voluntad, y todo te irá bien.

Bueno, pronto serás libre, como te dije, y entonces podrás trabajar sin que interfieran en ti las cosas materiales. Sé que te cuesta dejar de lado estas preocupaciones, y no me decepciona ni me impacienta que no lo hagas, sino que sólo creo que pronto llegará el momento en que ya no te molestarán.

Como hemos escrito un poco largo esta noche, me detendré. Oraré por ti como siempre lo hago.

Con todo mi amor y las bendiciones del Padre,
soy tu amoroso hermano,
Jesús

Versión en inglés

Help given to a spirit (6 Apr 1915)

Let me write a little. I need your help and believe that you can help me, as I have been told that you have helped others before me.

I am a spirit in darkness in despair. I am a very bad man, but I never knew it until I came to the spirit world, and saw clearly just what kind of character I have. No man really knows his own condition, until he has shuffled off the mortal coil and becomes a transparent spirit; then every inmost thought is apparent, and he becomes, as it were, a mirror of his own true self.

My life was not what the world would call an evil one, and I tried to live, as I thought, correctly in the sight of God and man, but it was all outward appearances only. I mean that I was deceiving myself. My soul was not involved, but merely my intellectual condition as to what was right and wrong. The Beatitudes were not mine – and soul religion was not mine. I was a strict church member and conformed to all the conventions and dogmas of the church so far as their outward appearances are concerned – and was at the same time not of the true soul worship of God. I thought that by observing the dogmas and creeds of my church, I was doing God’s will, and that nothing further was necessary. I was baptized and confirmed by the proper dignitaries of the church, and was told that I was a child of God, and was certain of salvation. And when as I grew to manhood and became, as you may be surprised to know, a clergyman, I found a deep consolation in administering the services of the church, and receiving and confirming applicants into membership.

But all this did not bring me true communion and at-onement with the Father, for I had not the Love of the Father in my soul. My intellect was all Christian, but my soul was not in unison with the Father’s Love. How often I thought what a great and satisfying thing it was to be within God’s fold. I mean His church, which had been established by Jesus, and had come down to us in apostolic succession. But what a mistake! Apostolic succession is of itself a meaningless church government, and no such succession can confer upon any priest or clergyman the power to bestow upon the souls of men the Love or Mercy of the Father. This I have learned, to my sorrow, since I became a spirit.

So I say, let those who think that any priest or bishop can bestow this Love of the Father, or can make the soul of man the recipient of this Love, awaken to the fact that no such power exists in these church ministers. Only, as I now believe, can God Himself do this great work.

So when I came into this spirit life, and found that I was not in my Father’s kingdom, as I had believed, I was sorely disappointed, and in my disappointment commenced to think that the whole of the Bible teachings were merely fairy tales, and that God was not, or if He existed, He had deceived His church by having it believe that the members of such church were the specially redeemed children of the Father. I had been in this state of doubt for a long time, and only recently have I commenced to see the truth, and learn that the way to God’s Love is not through the churches as such, but only through the true and earnest aspirations of the soul; that no mediator is necessary, but that God is waiting and willing to bestow this Love upon whomsoever may truly ask it.

No priest or bishop can relieve a soul from sin, or forgive the sinner; and no man can reach the Father’s Love or favor except through this direct, individual supplication to the Father. The priest may show the way if he knows how, but so few know, for the reason that they not only teach but believe, that all a man has to do is to conform to the church’s demands, and that when he does so, God is ready to receive him into His Kingdom.

But let all such men know that if they depend alone on such conformity to duty they will be disappointed, as I was, when they come into the world of spirits – where only truth can prevail, and where all that is hidden on earth is uncovered.

Now, I am not to be understood as decrying the churches or the good which they do, for many of their members, notwithstanding the dogmas and creeds, have received this true soul union with the Father – and many preachers have declared truths in their sermons, which have been the means of leading their hearers to a true understanding of the Father’s Love. What I intend to convey is that the churches emphasize too much the necessity of conforming to their dogmas and creeds, and neglect to show men the true way to the Kingdom.

The only prayers that reach the Father’s heart are those which carry the true aspirations of the supplicant to the throne of grace. Men may repeat the written prayers for a whole lifetime, and if the prayers do not express the aspirations and desires of the applicant, they have no more effect than would the repeating of the multiplication table.

And if men will consider for a moment, they will see that this must be true; only the soul of man can receive this Great Love of the Father, and when these written prayers are repeated without the longings of the soul entering into these repetitions, the soul is not open to the inflowing of this Love, and hence man can receive no possible benefit.

So I say, let men learn to know, that religion is a matter purely between God and each individual soul, and no church or priest or bishop can, because of any claimed warrant existing in it or them, save a man’s soul from the sins of life, or make such soul one with the Father. All that such priest or bishop can do is to show the way, if he understands it, and when he does that, he has performed a greater service to mankind than he may realize.

I now see the falsity of my depending on the performance of my duty to my church, merely as a duty. I performed my duties, but I starved my soul, not intentionally, but because I thought that the performance of duty was all that was necessary. Some day I hope that men will learn that there is only one way to God, and that through their earnest, personal prayers, with faith.

Well, I have written enough.

I was a clergyman of a church in a western town. My name was W- and I passed over in 1871. I am now learning the way.

I came to you for help, because I saw that you are surrounded by bright and beautiful spirits, who must have this Love in their souls to a great degree; and I thought that if I could meet them, and have them tell me of what this Love means from their personal experience, I might be benefitted.

Well, I have acknowledged the introduction, and I certainly feel myself fortunate in meeting them – they are so beautiful and lovely. I thank you very much, and sometime with the permission of all of you, I willcome again and write.

So with my best love, I say good night,
W_

Personal message. Jesus still doing the Father’s work (9 Apr 1915)

I AM HERE, Jesus,

Yes, I am, and you will be enabled to fully understand what the Holy Ghost is [note: Holy Ghost or Holy Spirit by Jesus. Vol. 1. Pages 72 to 76.] and what meaning should be given to it as you find it referred to in various parts of the Bible. I will say this though, that it is not God. It is merely one of his instrumentalities, used by Him in doing His work for the redemption of mankind.

I will not write any message tonight, but will commence next week, if you are in better condition.

Well, as you believe what I say as to my being a son of God, and not a god, you can easily believe that my coming to you as I do, is not at all contrary to any law of the spirit world. The fact that I have my home in the highest Celestial Heaven does not prevent me from coming to earth to do my work, which has not been carried on by those of earth who should have performed it. I am a spirit of love and sympathy, as well as of great spiritual development, and I desire that all men shall know what the great plan of the Father is for their redemption and happiness.

So, because I am such an exalted spirit, as you say, it is no reason that I should not come to you, and communicate with you freely and, in a way, confidentially. I love you, as I have told you, and I have selected you to do my work and hence, I am trying to make you one wholly at-one with me.

You must not doubt me just because I come to you so often and speak so familiarly with you, because I hope and expect that in the great future you will be very close to me and with me. I am trying to prepare you for so great a progression in your spiritual condition, that when you come over, you will realize the oneness that I speak of, and be fitted to live near my sphere.

Well, your grandmother is a wonderful spirit in her development, and by the time you come over she will be near me, in my home, and, as I believe, will your mother and wife. They are all filled with the Father’s Love and are receiving it more abundantly all the time. They are now in the first sphere of my Kingdom, and will find that their progress will be much more rapid.

So try to believe what I say, and do my will, and all will be well with you.

Well, soon you will be free, as I told you, and then you can do the work without being interfered with by material things. I know that it is hard for you to lay aside these cares, and I am not disappointed or impatient that you do not, but only believe that the time will soon come when they will trouble you no more.

So as we have written somewhat long tonight, I will stop now. I will pray for you as I always do.

With all my love and the blessings of the Father.
I am your loving brother,
JESUS.

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