Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español
─ Versión en inglés
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Introducción
─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
A continuación vamos a ver el tema:
d.ii) Dios y el alma humana
Este tema es de un libro que es el primer volumen de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, Jesús de Nazaret.
Estos volúmenes fueron preparados por Divine Truth.
El primer volumen incluye los siguientes temas y apartados (los 11 temas numerados sirven para organizar temáticamente los mensajes):
a) ─ Retrato de James E. Padgett
b) ─ Mi testimonio (por Leslie R. Stone)
c) ─ FOTO ESPIRITUAL de Mary Kennedy con su alma gemela, el Dr. Stone.
d) ─ La verdadera misión de Jesús [estamos aquí]
I. Jesús y su relación con Dios.
II. Dios y el alma humana. [estamos aquí]
III. El problema del pecado.
IV. Redención del pecado.
─ 1. Los mensajes
─ 2. Ámbitos celestiales
La oración
─ 3. Inmortalidad
─ 4. ¿Quién y qué es Dios?
─ 5. Espíritu Santo
─ 6. Resurrección
─ 7. El alma
─ 8. Perdón
─ 9. Expiación
─ 10. Infierno
─ 11. Expiación vicaria
─ Mensajes adicionales
Versión en español
La Verdadera Misión de Jesús
II. Dios y el alma humana
En cuanto a quién y qué es Dios, me atrevo a decir que nunca la Biblia, ni el Antiguo ni el Nuevo Testamento, ha dado al hombre una comprensión de la Deidad y Sus atributos en la medida y profundidad que aparece en los mensajes firmados por Jesús y los Celestiales. Según estos elevados espíritus, el hombre es uno con el Padre en la medida en que Su amor abunda en su alma. Dios es Alma, compuesta de Su mayor atributo, el Amor Divino, que es Su propia naturaleza y esencia, seguido de la Misericordia, la Bondad, el Poder, la Omnisciencia y la Voluntad, y siendo la Mente, tan adorada por la humanidad, sólo un aspecto de este Ser. Aunque Dios no tiene la forma que Él da a la humanidad en la encarnación, ni un cuerpo espiritual, que es manifestado por el hombre después de su muerte física, sin embargo Dios posee Su forma definida de Alma, que se hace más claramente perceptible para el alma que siente o percibe la Superalma de Dios, o los atributos divinos de la misma, a medida que entra en una relación más estrecha con Dios a través del desarrollo de su alma. Pues aunque Dios es sólo Alma, única en su Unidad, y aunque no tiene cuerpo material o espiritual, tiene personalidad, la personalidad divina que manifiesta Su Amor y Misericordia, Su bondad y solicitud por todas Sus criaturas. Dios, entonces, no es un intelecto frío, ni una mente abstracta, ni fuerzas indiferentes e insensibles, sino un Padre personal cálido y amoroso, deseoso de la felicidad de Sus hijos, sin importar raza o color o credo. A través de Sus ángeles ministradores, busca que Sus hijos se vuelvan hacia Él, y que se mantengan en armonía con Sus leyes, o que acudan efectivamente a Él en el anhelo de sus almas humanas por ese algo que no saben qué es, y obtengan la reconciliación con Él a través de la afluencia de Su Amor en sus almas en respuesta a sus fervientes oraciones. El Alma es Dios y Dios es Alma, y todos Sus atributos sumados no componen quién y qué es Dios. Estos atributos irradian de Su Gran Alma e inundan el universo, así que cuando los hombres dicen que viven y tienen su ser en Dios están en un error porque no es así, sino que viven y tienen su ser en los atributos que Dios les ha dado: el alma humana. Cuando uno obtiene el mayor atributo de Dios, el Amor Divino, que se manifiesta como un cálido resplandor que arde en el alma, como les ocurrió a los refugiados de Emaús (Lucas 24:32), entonces está realmente sintiendo o percibiendo la Gran Alma de Dios en la medida en que participa de ese Amor.
En los Mensajes de Jesús abunda información sobre el alma humana que ni siquiera se menciona en las Escrituras, que presumiblemente deberían ser el lugar donde buscar ese material. Ciertamente, en el Génesis se nos dice que Dios creó al hombre ‘a Su imagen‘, pero todo lo que tal afirmación implica o sugiere es atormentadoramente insuficiente, y se nos deja a nuestras propias ideas, o se nos obliga a aceptar lo que las iglesias creen que eso debiera significar. El resultado es que la concepción de lo que significaba la creación en el hombre varía de acuerdo con la interpretación que cada iglesia ─reclamando para sí la verdad─ da a esas escuetas palabras. Los primeros hebreos, por supuesto, no estaban demasiado interesados en la vida más allá de la tumba, y su concepción del alma o de su hábitat después de la experiencia mortal se limita principalmente al Paraíso o a la Gehenna (y éstos, tal como podemos observar, fueron concebidos originalmente como lugares en esta Tierra: en el primer caso, el Jardín del Edén que se suponía estaba cerca del Éufrates; en el segundo, en el valle de Hinnom donde los jebuseos ofrecieron una vez sacrificios humanos). Es extraño, quizás, que los griegos, con su amor por la cultura física, la forma y la belleza, tuvieran una visión mucho más detallada de la otra vida: el reino oscuro de Plutón, la gloria y la felicidad de los Campos Elíseos, donde las almas de los justos moran en paz y comunión con su dios, mientras que las sombrías formas de las arpías serían quizá la influencia de una religión egipcia más antigua.
Pero en estos mensajes firmados por el Maestro y sus espíritus celestiales, la información dada es clara y lógica, aunque tal información fuera nueva y desconocida hasta entonces. Ciertamente, nadie hasta la época de la mediumnidad de Padgett fue capaz de obtener mensajes de tan alta calidad directamente de estos espíritus mismos, aunque a Swedenborg, el vidente sueco, se le permitieron experiencias en el mundo de los espíritus que en muchos aspectos son paralelas a las que Padgett obtuvo.
Jesús nos dice que así como Dios es Amor Infinito, así también su universo es materia infinita que, como Dios, no tiene principio ni fin. En algún momento de esta infinidad de tiempo y espacio, Dios creó un hábitat diseñado para el «hombre». No se sabe exactamente cuándo fuimos creados los «hombres» como almas vivientes (es decir, antes o después de la creación de nuestro mundo), pero Dios creó almas humanas que moraban con Él, y que han estado morando así, antes de su encarnación en la carne. Después de la experiencia mortal, el alma, manifestando su cuerpo espiritual adquirido con la encarnación, vuelve al mundo espiritual para habitar una localidad acorde con su condición.
Las almas humanas creadas por el Padre, según los mensajes, son duales: son masculinas y femeninas en su composición, y en el momento de la encarnación se dividen en sus dos partes componentes. A partir de entonces, cada una en la carne es en sí misma un alma completa. Estas almas gemelas pueden o no encontrarse y casarse en la carne, dependiendo de diversas condiciones y circunstancias que prevalecen en el momento de su matrimonio, pero tal matrimonio no es en absoluto una garantía de felicidad, ya que la diferente educación, creencias religiosas, tradiciones familiares, crianza y otras circunstancias de cada cual a menudo pueden obstaculizar en lugar de ayudar en sus relaciones matrimoniales. Por otra parte, las almas que no son almas gemelas tienen más posibilidades de armonía conyugal si su matrimonio se basa en similaridades en cuanto a la crianza, los intereses, la educación y la condición social general en el plano del mundo material. Las almas gemelas, después de la muerte, acaban encontrándose y permaneciendo juntas en un verdadero amor de almas gemelas, aunque no antes de un periodo de purificación, y de acuerdo con su condición de alma.
Los mensajes son inequívocos en su insistencia en que las almas humanas son, como afirma el Libro del Génesis, creaciones a imagen de Dios, y que por lo tanto no hay nada de lo Divino en nosotros. También insisten en que el hombre no es producto de la evolución, como han enseñado Darwin o sus seguidores, sino que la nuestra representa una forma material similar a otras creaciones, aunque más desarrollada que ellas, en coherencia con el desarrollo de la vida en este planeta, y armonizada con las condiciones de vida que éste presenta. El hombre fue dotado de un alma humana que, con su apéndice especial, la mente, le permitió realizar los avances y progresos que lo exaltan como señor sobre las demás criaturas de esta vida y le dan la potencialidad de explorar y dominar el entorno físico en el que ha sido colocado.
Pero los hombres se equivocan trágicamente, declara Jesús, cuando creen que la mente es superior o igual al alma, o que el alma no es más que un nombre que se da a una entidad cuya existencia es dudosa o carece de fundamento. Pues la mente es limitada y dependiente del alma, que es la sede de las emociones y las pasiones, siendo el alma el verdadero hombre. Es a través de las percepciones del alma que el hombre supo instintivamente que estaba vinculado a su Creador, a quien debía reverenciar y obedecer. El hombre, dice Jesús, puede conocer y conoce a Dios solamente porque posee alma, y nunca podrá conocer a Dios si lo busca intelectualmente y sólo con la mente. La duda y la especulación son producto de la mente, pero la fe es producto del alma y sabemos que Dios existe a través de las percepciones de nuestra alma, de modo que podemos crear el vínculo espiritual con Dios a través de la oración. No una oración mental, sino una que salga del alma del hombre: seria, sincera, llena de anhelo, fe y amor.
Versión en inglés
II. God And The Human Soul
As to who and what is God, I dare say that never has the Bible, either the Old or the New Testament, given man an understanding of the Deity and His attributes to the extent and depth as appears in the messages signed Jesus and the Celestials. According to these high spirits, man is at-one with the Father to the degree that His love abounds in their souls. God is Soul, composed of His greatest attribute, Divine Love, which is His very nature and essence, followed by Mercy, Goodness, Power, Omniscience, and Will, and with the Mind, so much worshipped by mankind, only an aspect of this Being. Although God has no form such as He gives to mankind on incarnation, nor a spirit body, which is manifested by man after his physical death, yet God possesses His definite Soul form, which becomes more clearly perceptible to the soul which feels or perceives’ God’s Oversoul, or the divine attributes thereof, as it comes into closer rapport with God through its soul development. For while God is Soul alone, unique in its Oneness, and while He has no material or spirit body, yet He has personality, the divine personality manifesting His Love and Mercy, His kindness and solicitude for all His creatures. God, then, is not a cold intellect, an abstract mind, or forces indifferent and unfeeling, but a personal warm and loving Father, eager for the happiness of His children, regardless of race or color or creed. He seeks through His ministering angels to turn His children to Him, and have them keep in harmony with His laws, or have them come indeed to Him in the longing of their human souls for that something they know not what and obtain at-onement with Him through the inflowing of His Love into their souls in response to their earnest prayers. Soul is God and God is Soul and all His attributes added together do not make up who and what God is. These attributes radiate from His Great Soul and flood the universe, so when men say they live and have their being in God they are in error for they do not, but they do live and have their being in the attributes that God has given them: the human soul. When one obtains the greatest attribute of God, the Divine Love, which manifests itself as a warm glow burning in the soul, as occurred to the refugees at Emmaus (Luke, 24, 32), then he is actually feeling or perceiving the Great Soul of God to the degree he partakes of that Love.
Information regarding the human soul not even mentioned in the Scriptures, which presumably should be the place to look for such material, abounds in the Messages from Jesus. To be sure, we are told in Genesis that God created man «in His image,» but everything that such a statement implies or suggests is tantalizingly wanting and we are left to our own ideas or compelled to accept what the churches believe should be the meaning. The result is that the conception of what was meant by the creation in man varies in accordance with the interpretation which each church, claiming for itself the truth, lays upon those meager words. The early Hebrews, of course, were not interested overly much in the life beyond the grave, and their conception of the soul or its habitat after mortal experience is limited mainly to Paradise or Gehenna (and these, we may note, were originally conceived to be places on this earth; in the first case, the Garden of Eden supposed to be near the Euphrates; in the second, in the valley of Hinnom where the Jebusites once offered up human sacrifices). It is strange, perhaps, that the Greeks, with their love of physical culture, form and beauty, should have a much more detailed view of the afterlife: the dark realm of Pluto, the glory and happiness of the Elysian Fields, where the souls of the righteous dwell in peace and communion with their god, the shadow forms of the harpies, the influence, perhaps, of an older Egyptian religion.
But in these messages signed the Master and his celestial spirits, the information given is clear and logical, even though such information is new and hitherto unknown. Certainly, no one up to the time of Padgett’s mediumship was able to obtain messages of that high quality directly from these spirits themselves, although Swedenborg, the Swedish seer, was permitted experiences in the spirit world which in many respects parallel what Padgett obtained.
Jesus tells us that just as God is Infinite Love, so is His universe infinite matter which, like God, has no beginning nor end. At some time in this infinity of time and space, God created a habitat designed for «man». Exactly when we «men» were created as living souls, (that is to say, before or after the creation of our world) is not known, but God created human souls which dwelt, and have been so dwelling, with Him before their incarnation in the flesh. After the mortal experience, the soul, manifesting its spirit body acquired with incarnation, returns to the spirit world to inhabit a locality commensurate with its condition.
Human souls created by the Father, according to the messages, are duplex: they are male and female in composition and at the time of incarnation divide into their two component parts. Each thereafter in the flesh is a complete soul as to itself. These soul mates may or may not meet and marry in the flesh depending upon various conditions and circumstances which prevail at the time of their marriage, but such marriage is in no way a guarantee of happiness, for the different education, religious beliefs, family traditions, upbringing and other circumstances of each may often hinder rather than aid in their marital relations. On the other hand souls which are not mates have a better chance of marital harmony if their marriage is based on similar interests, upbringing, education and general social condition on the plane of the material world. Soulmates, after death, eventually meet and stay together in real soulmate love, though not before a period of purification, and in accordance with their condition of soul.
The messages are unequivocal in their insistence that human souls are, as the Book of Genesis states, creations in the image of God, and that therefore there is nothing of the Divine in us. They also insist that man is not the product of evolution such as Darwin or his followers have taught, but that ours represents a material form similar to, but more highly developed than, other creations consistent with the development of life on this planet and harmonizing with the conditions for life which this planet presents. Man was provided with a human soul which, with its special appendage, the mind, enabled him to make the advances and progress which exalt him as lord over the other creatures of this life and give him the potentiality of exploring and mastering the physical surroundings into which he has been placed.
But men are tragically mistaken, declares Jesus, when they believe that the mind is superior to, or the equal of, the soul, or that the soul is merely a name which is given to an entity whose existence is either doubtful or has no basis in fact. For the mind is limited and dependent upon the soul, the seat of the emotions and the passions, and it is the soul which is the real man. It is through the soul perceptions that man knew instinctively that he was linked to his Creator, whom he was to revere and obey. Man, says Jesus, can know and knows God only because he possesses a soul, and he can never know God if he seeks Him intellectually and with his mind alone. Doubt and speculation is a product of the mind, but faith is a product of the soul and we know that God exists through our soul perceptions, so that we can create the spiritual link with God through prayer. Not a mental prayer, but a prayer that comes from man’s soul – earnest, sincere, full of longing, faith and love.