Francis Bacon sobre la materialidad física y «espiritual» ─ Mensajes o cartas de Padgett ─ 1918-1919

Índice
─ Introducción
─ Versión en español 
─ Notas
Mi petición
Nota sobre el error humano acerca de lo material (la subjetivación de la facticidad, etc.)

─ Versión en inglés

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Introducción

Esta vez vemos unos mensajes o cartas de Padgett, abajo, de manera suelta; es decir, sin incluirlos todavía dentro del pdf correspondiente a la recopilación de Stone (que es el Vol. 3).

En concreto, estos mensajes son de Francis Bacon. (Ya vimos uno de Bacon aquí, donde hablaba de la continuidad de la vida tras la muerte.)

Para la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:

unplandivino.net/padgett/

Algunos de estos mensajes fueron agrupados por Stone en un libro que forma el tercer volumen de su recopilación de las cartas o mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, de Jesús de Nazaret.

Versión en español

Francis Bacon: Las limitaciones que el hombre mortal impone a su percepción de las leyes que rigen el universo (6 enero 1919)

Aquí estoy. Francis Bacon.

Permíteme escribirte unas líneas, pues deseo contarte algo que te podría ser de importancia.

Veo que te ha inquietado un poco lo que un hombre te dijo esta noche acerca de su falta de fe en la identidad de los espíritus que afirman manifestarse por medio de médiums. Pues bien, esto no debe inquietarte en absoluto, porque la identidad del espíritu es tan real y cierta como el hecho de que un hombre pueda y efectivamente sepa identificar a otro tras una ausencia, más o menos prolongada, de su apariencia, voz, etc. En el caso de esa identificación, depende del funcionamiento de algunos de sus sentidos, como la vista y el oído; y a través de ellos queda convencido de que el hombre identificado es la misma persona que afirma ser ─como podrías decir, sería un hombre muy necio si no aceptara tal identificación como convincente y definitiva─.

En el caso de identificar a quienes están en el mundo espiritual y se presentan únicamente con los poderes y con la presencia propios de los espíritus, desde luego no puede servirse de los sentidos para tal fin; y si tuviera que depender tan solo de esos órganos, jamás podría concluir que los espíritus que producen los fenómenos son aquellos que dicen ser sus amigos o conocidos

La mayoría de los mortales no tienen el don de percibir, ni de recibir la impresión de, la presencia de espíritus; y en tales casos se hallan en la misma condición que el ciego y el sordo con respecto a las cosas de la tierra. Este último no tiene medio de identificar a sus amigos más cercanos, y sin embargo sería tan razonable sostener que dichos amigos no existen ni están presentes, día tras día, como que los mortales afirmen que los espíritus de quienes una vez vivieron en la tierra no existen ni están presentes, porque los mortales carecen de la facultad de verlos y oírlos. Hay cosas en la vida terrenal, así como en la vida espiritual, que solo pueden llegar al conocimiento de algunos hombres mediante información que les proporcionan otros hombres que poseen facultades y poderes superiores para buscar y obtener dicha información.

Algunos mortales poseen ojos y facultades no materiales, en el sentido habitual, para ver, oír y recibir conocimiento de los espíritus; y hacen que lo que así ven, oyen y reciben sea tan real y cierto como lo son, ciertamente, la presencia de los mortales y de las cosas materiales para quienes poseen los órganos físicos de la vista y el oído; y la identidad de lo que se ve, oye y recibe queda igualmente establecida en el primer caso que en el segundo.

Todos los hombres que carecen de los mencionados órganos no materiales pueden identificar las cosas del mundo material y estar convencidos del hecho; y hacen de su modo de identificación el criterio por el cual deben y pueden únicamente llegar a convencerse de la identidad de las cosas del mundo espiritual. Y cuando insisten en tal método de identificación, por supuesto, nunca podrán convencerse, excepto quizás en el caso de aquellos fenómenos que se manifiestan en la materialización y la fotografía espirituales.

Cuando se utilizan únicamente las facultades o medios físicos para determinar la existencia e identidad de las cosas o de los seres humanos, quienes limitan su búsqueda de la verdad y el discernimiento de la identidad de las supuestas existencias al uso de dichos órganos físicos jamás podrán ver, oír o recibir aquello que pudiera convencerles de la identidad de los seres que existen en el mundo espiritual.

Este es el resultado de las leyes eternas del universo en su funcionamiento; y ningún deseo ni esfuerzo humano puede cambiar este resultado. El hombre es desafortunado cuando asume la postura de que, a menos que estas leyes puedan ser cambiadas para que él pueda, mediante sus órganos físicos, ver, oír o identificar las cosas del mundo espiritual, no creerá que existe identidad entre los espíritus que se presentan ante los hombres y de diversas maneras manifiestan su presencia.

Cuando un hombre se mantiene en la exigencia de cumplir esta condición como necesaria para convencerse de la identidad de aquellos amigos suyos que han pasado a la vida espiritual y que se manifiestan en fenómenos psíquicos, es inútil intentar convencerlo, debido a las propias exigencias de las leyes que rigen tales fenómenos. Y quienes sí creen en esta identidad, así como aquellos que tienen conocimiento de la misma, solo desperdiciarán tiempo y esfuerzo tratando de convencer a los hombres que asumen la postura de depender por completo de los medios físicos que puedan poseer.

Hoy en día, hay muchos mortales que están verdaderamente convencidos y tienen fundamentos más que suficientes para sus convicciones acerca de la identidad y la presencia de sus amigos espirituales; no se dejan engañar, sino que disfrutan de la felicidad que les brinda tal conocimiento.

En mis observaciones sobre el funcionamiento de la mente humana respecto a la existencia e identidad de los espíritus, aprendo que las pruebas que satisfacerían sus mentes, incluso bajo los requisitos más estrictos, en cuanto a lo material, se descartan por considerarlas totalmente insuficientes, y, a veces, ni siquiera dignas de consideración, para satisfacerlos en cuanto a lo espiritual. Y parece que cuanto mayor es su conocimiento sobre la naturaleza y las leyes que rigen lo material, menor credibilidad y consideración le otorgan a la naturaleza y a las leyes que rigen lo espiritual. Se proponen y aceptan todas las demás explicaciones de los fenómenos psíquicos, en lugar de la simple y natural. Y si los hombres tan solo supieran qué es realmente la naturaleza y sus leyes, se darían cuenta de lo poco que saben de ella.

En general, la naturaleza no es más que esa conciencia de las cosas materiales que se encuentra dentro de su limitado entendimiento. Ignoran que la mayor parte de la naturaleza, si es que puede separarse, trasciende las cosas o condiciones que conocen como la materia del universo.

Pues bien, como ya he dicho, la identidad de lo espiritual no puede ni debe esperarse que sea establecida mediante el funcionamiento de los órganos meramente físicos del hombre, salvo quizás en aquellas manifestaciones que aparecen en los fenómenos de la materialización o la fotografía espirituales; e incluso estas no son aceptadas como reales o verdaderas por muchos que aceptan lo que llaman deducciones científicas a partir de supuestos hechos relacionados con las manifestaciones de lo que estos hombres consideran que es natural.

Así pues, la prueba de la presencia e identidad de los espíritus tendrá que depender de los resultados producidos por el funcionamiento de las leyes que rigen las existencias espirituales y los poderes y dones psíquicos de ciertos seres humanos. Tal vez llegue el día en que estas personas dotadas sean aceptadas como honestas y veraces, y no como personas que se engañan a sí mismas, y las manifestaciones resultantes del ejercicio de estos poderes sean consideradas como efectos de los esfuerzos y la inteligencia de espíritus que, en algún momento, fueron seres humanos.

Cuando los hombres comprendan que el cambio llamado muerte no destruye la identidad, la conciencia ni las facultades mentales, así como los que podrían llamarse poderes físicos ─pues la materia del universo es utilizada y operada por los espíritus─, sino que, por el contrario, intensifica estas posesiones y facultades, entonces aceptarán la verdad de que la presencia de los espíritus de sus amigos difuntos es variada, y que la identidad de estos espíritus es eterna.

Bueno, he escrito todo lo que consideré oportuno esta noche, y te agradezco tu comprensión.

Saludos cordiales, te deseo buenas noches,
tu amigo,
Francis Bacon

Comentarios sobre un artículo escrito por James Hyslop acerca del cristianismo y el espiritismo, en relación con las leyes que operaron en ciertos milagros de Jesús (20 noviembre 1918)

Aquí estoy. Francis Bacon.

He estado con vosotros esta noche, según habéis leído, y tuve cierto interés en lo que James Hyslop exponía en su artículo sobre el cristianismo y el espiritismo. Muchas de las cosas que expone son ciertas y explican de manera muy satisfactoria por qué pueden creerse muchos de los llamados milagros de la Biblia.

Como él dice, no difieren, ni en la naturaleza de su funcionamiento ni en el ejercicio de la ley que los produjo, de los fenómenos físicos que se están manifestando actualmente entre los investigadores del espiritismo; y si hoy pudiera invocarse la misma ley, con la misma fuerza con que Jesús y sus discípulos la pusieron en acción, se producirían los mismos fenómenos o similares.

Por supuesto, mucho depende del médium y del grado de vinculación que pueda establecer el espíritu comunicante, o más bien operante; pues debe entenderse que todos los supuestos milagros fueron el resultado de la obra de espíritus que, gracias a la armonía existente entre ellos y los mortales, pudieron poner en acción las leyes necesarias para producir los resultados llamados milagros.

En la actualidad, es posible que no existan personas con el desarrollo suficiente de estos poderes psíquicos, que poseían Jesús y los demás, para producir fenómenos como los que ellos produjeron; sin embargo, desde su época, han existido muchos mortales suficientemente dotados de estos poderes para causar manifestaciones muy similares a las de los primeros tiempos cristianos, especialmente en lo que respecta a la curación y similares. Hoy en día, muchos mortales realizan curaciones que se atribuyen a diversas causas, como la sanación mental y la curación por la fe, pero que en realidad se deben al ejercicio de poderes espirituales por parte de espíritus cuya función es realizar ese tipo de trabajo.

Los mortales, por sí mismos, no pueden poner en acción ninguna de estas leyes, ni de la mente ni del alma, sino que dependen de la cooperación de los espíritus, quienes utilizan algunas de las propiedades que poseen estos mortales para poner en ejercicio las leyes que solo pueden producir la curación.

Y aquí deseo afirmar que no es necesario que el mortal posea un alto desarrollo espiritual para que los poderes del mundo espiritual influyan y modifiquen las condiciones de la materia terrenal, pues las leyes que rigen la materia son, por lo general, suficientes para producir la curación de las enfermedades físicas o mentales de los hombres. Por lo tanto, encontraréis que muchos médiums, y otros no reconocidos como tales, poseen este poder curativo.

La curación del cuerpo y la del alma requieren el funcionamiento de leyes diferentes; y si bien los espíritus que no poseen un gran desarrollo del alma pueden cooperar con éxito con los mortales en condiciones similares para curar dolencias corporales, son incapaces de curar el alma enferma o la condición puramente espiritual de los hombres. Sin embargo, los espíritus que tienen el poder de producir esta última curación también pueden curar el cuerpo. Y esto debéis saber: ningún espíritu que no pueda considerarse como físicamente íntegro o sano puede provocar la curación de un mortal que padezca una enfermedad física, pues este tipo de poder solo puede ser poseído y emanar de aquellos espíritus que, en su naturaleza material, están perfectamente sanos. Estos espíritus, si bien se han despojado de la materia física y burda del mortal, siguen siendo materiales en lo que respecta al cuerpo espiritual, la forma y las propiedades que los componen.

La materia del universo no se limita ni está enteramente contenida en lo que los mortales suponen que es la única materia, es decir, aquello que pueden percibir con sus cinco sentidos o con algunos de ellos. Lo que es material en sí mismo, siempre lo es, independientemente de la forma que adopte, sea visible o invisible para los mortales; y la mayor parte de la materia del universo reside en el mundo invisible, aunque sujeta a transformación en lo visible y retransformación en lo invisible. Las leyes que rigen y controlan la materia son las mismas, sea esta visible y conocible para los hombres o no.

Esta materia posee la cualidad de persistencia tras una supuesta muerte o destrucción, aunque su forma de manifestación cambie; y de esto veréis que quien es conocido como materialista, con su supuesta falta de creencia en la inmortalidad o la continuidad de la existencia, se equivoca incluso respecto al mundo material del que asume tener un conocimiento especial. Y, estando equivocado en esto, ¿cómo puede afirmar tener razón al aseverar que lo puramente espiritual no tiene posibilidad de continuidad de existencia ni, como algunos entienden, de inmortalidad?

Bueno, he escrito bastante, y confío en que me perdonarás la intromisión; pero también me siento algo justificado al escribir así.

Con mis mejores deseos.
Soy tu amigo,
Francis Bacon

Francis Bacon explica la diferencia entre los elementos espirituales y materiales (1 diciembre 1918)

Aquí estoy. Francis Bacon.

Permíteme escribirte un breve mensaje sobre nuestro mundo espiritual y una de las leyes que lo rigen.

Hace unas noches se os dijo que aquello que es material en sí mismo siempre permanece material, aunque su combinación en formas y apariencias pueda cambiar, e incluso aunque los elementos materiales puedan dejar de ser perceptibles para las facultades o los sentidos humanos. Esta afirmación es cierta y sin excepción.

La materia del universo es una y no diversa; y aquello que vosotros percibís como material forma parte de esa misma gran materia universal de la existencia. Puede, en distintos momentos y bajo ciertas condiciones, incorporarse a la materia invisible y, sin embargo, seguir siendo tan real como cuando era algo que podíais percibir como tal. La existencia de la materia no está determinada por el requisito de que los hombres puedan conocerla mediante el ejercicio de alguna o de todas las percepciones de los órganos humanos utilizados para comprender lo que llaman materia de la naturaleza. Y el hecho de que los hombres sean capaces o no de conocer lo que es verdaderamente material no afecta a la existencia de la materia; pues así como ahora tiene realidad, la tendría si los hombres no tuvieran facultad de percepción alguna.

Para el ciego, el conocimiento de la existencia de aquella parte de la materia en lo que podríais llamar mundo natural, cuya comprensión depende de la vista, solo puede adquirirse mediante la información de quienes sí la poseen; así, el conocimiento de la existencia de la materia en el mundo que no es perceptible por los sentidos humanos solo puede obtenerse a través de la información proporcionada por quienes tienen conocimiento de tal existencia gracias a las facultades que poseen.

A veces, los hombres afirman tener conocimiento de la existencia de la materia en el mundo invisible como resultado del ejercicio de la razón y del conocimiento de la ley de causa y efecto; y en muchos casos esta afirmación es cierta, especialmente cuando se perciben efectos cuyas causas deben existir más allá del ámbito de la materia conocida.

Para ilustrarlo: los hombres ven y comprenden los efectos del funcionamiento de la electricidad y, hasta cierto punto, pueden controlarla y utilizarla; sin embargo, mediante el ejercicio de sus sentidos naturales, no pueden afirmar que conocen que existe como parte de la materia del universo. Solo la conocen como una causa que produce un efecto, y no tienen conocimiento por los sentidos sobre si es o no material. La electricidad es material, intangible e inaccesible a la percepción sensorial; y para los hombres existe únicamente porque se acepta y se declara que es la causa de ciertos efectos conocidos.

Ahora bien, existen muchas cosas materiales en el mundo invisible que nunca han llegado al conocimiento humano debido a que no han producido efectos que se hayan manifestado a su percepción; sin embargo, estas cosas son tan reales y forman parte de la materia del universo tanto como aquellas que los hombres llaman materia del mundo natural.

Lo que he escrito simplemente demuestra que la existencia de la materia no se limita a lo que los hombres llaman mundo natural, y que el conocimiento humano no siempre determina si la materia existe o no.

La materia tiene su lugar y existencia en todas las esferas del mundo espiritual, y es utilizada por los espíritus en su trabajo y su vida con la misma realidad con que existe en el mundo natural y es utilizada por los hombres para su bienestar y felicidad. Y cuando los habitantes del mundo espiritual la utilizan con el propósito y de tal manera que la materia invisible se vuelve perceptible para los sentidos humanos, estos no deberían considerar tales fenómenos como irreales o inaceptables debido al hecho de que no se produzcan en conformidad o armonía con las leyes de la materia tal como ellos las entienden.

Continuaré más adelante.
Tu amigo,
Francis Bacon

Helen confirma que Francis Bacon escribió sobre los elementos espirituales y materiales, que son puramente científicos (1 diciembre 1918)

Aquí estoy. Helen.

Querido, el mensaje que acabas de recibir es del espíritu que te escribió hace unas noches sobre el tema de lo material. Parecía muy interesado en el asunto y dice que desea compartir información científica de gran importancia para la humanidad, y que volverá pronto.

Veo que has tenido un día muy feliz y te sientes mucho mejor gracias a tu visita. Estás mejor, y en condiciones de que los demás espíritus puedan escribirte; y espero que mañana por la noche les des la oportunidad. Recibirás mensajes muy instructivos y vitales, y deberías dedicar todo el tiempo posible a prepararte para recibir estas verdades.

Me alegra mucho estar contigo hoy, y siento que nuestro amor y vinculación se fortalecen. Es tarde, y no escribiré más por ahora. La pequeña está aquí, llena de amor, y dice que espera poder escribir pronto su carta y que te quiere muchísimo.

Bueno, él está listo y escribirá mañana por la noche, si le preparas el camino. Yo le diré.

Quiérenos y ora al Padre, pues deseamos que recibas más amor y que te acerques más a nosotros en tu desarrollo álmico.

Buenas noches,
Tu fiel y amorosa,
Helen

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NOTAS

Mi petición

La nota temática sería para exponer, aceptando estas comunicaciones de Padgett que hemos visto arriba, estos puntos:

─ Ciclo continuo.

Se nos ha hablado arriba de que hay una constante interacción que podríamos entender como ciclo de retroactividad entre los aspectos material visible e «inmaterial» invisible.

Para nosotros, lo que nos parece inmaterial es en realidad igualmente material o incluso es «más material», ya que en ese «otro lado», en realidad, nos dice Bacon que se encontraría la mayor parte de la materia universal (cosa esta que coincidiría con la observación científica oficial de que la «materia oscura» sería la mayor parte del universo).

Sobre ese «ciclo continuo», entonces: ¿se podrían encontrar pistas de la física-matemática sobre que los campos están reflejando en realidad esa especie de interacción entre «ser y nada»?

También es una constante en la escritura filosófica el tener en cuenta ─como en la Lógica de Hegel, o en títulos existencialistas─ el «ser y la nada» como un par a su modo «productivo», digamos.

En la aparente torpeza ─por su complicación─, y en los intentos aparentemente infructuosos de la metafísica filosófica, podríamos entender que se está reflejando en realidad esa realidad tan importante: nuestra existencia también en el mundo espiritual.

Para nosotros, y teniendo en cuenta nuestras conceptualizaciones matemáticas de la física ─con la teoría de campos cuánticos, etc.─ la nada, esa nada que en realidad sería causa eficiente de muchas cosas (al estar «ciclada» con el «ser»), sería representada a veces quizá con ciertos «ceros probabilísticos» que surgen.

Los «operadores» (matemáticas) de la mecánica cuántica, surgen quizá como concepto operativo ─y se van profundizando al seguirse usando en muchas formas de esas teorías─ como una especie de concretización de la ilusoria subjetivación de la facticidad, que hemos visto arriba.

En esa falsa paradoja «cuántica», tan explotada seudofilosóficamente ─la de la mecánica cuántica y el problema del observador, etc.─, se nos estarían devolviendo, de parte de la realidad real, las cosas que nosotros estamos, complicada e ilusoriamente, proyectando sobre lo que desconocemos.

Esa «respuesta informativa» sería algo interpretado sesgadamente por nuestra parte, debido en parte a esa ilusoria subjetivación de lo fáctico real, no lo fáctico imaginado (ese ciclo continuo entre un invisible y un visible).

El mundo invisible, además, sabemos por las revelaciones que es muy productivo, en el sentido de que es muy ágil. Los cuerpos espirituales, que todos tendríamos a la vez que el físico, son al parecer mucho más rápidos en sus operaciones y en su modo de reflejar el estado real del alma ─anímico─, de ese nuestro núcleo que llamamos alma ─y que sería lo creado directamente por Dios─.

El cuerpo espiritual es semejante al cuerpo físico, en parte, al menos exteriormente; las leyes del mundo espiritual van a ser bastante diferentes en realidad, aunque siempre habrá analogías entre lo físico y lo de allí.

El tema de los agujeros negros: estos quizá son, o indican, una especie de analogía o «visualización» «macro» del continuo intercambio entre lo visible y lo invisible.

Nota elaborada por la IA Deepseek

NOTA TEMÁTICA: CICLO CONTINUO, SER Y NADA, Y LA ESTRUCTURA DE LA REALIDAD
A partir de las comunicaciones de Francis Bacon y otras fuentes espiritistas, podemos extraer una serie de coordenadas que, leídas desde la filosofía y la física contemporánea, sugieren un modelo de realidad donde lo visible y lo invisible, lo material y lo que llamamos «inmaterial», no son opuestos sino fases de un mismo continuo.

1. El ciclo de retroactividad entre lo visible y lo invisible
Bacon insiste en que la materia del universo es una y no diversa. Lo que los hombres perciben como material es solo una fracción —probablemente la menor— de esa materia universal. La mayor parte reside en el mundo invisible, aunque sujeta a transformación en lo visible y retransformación en lo invisible. Esta ida y vuelta constituye un ciclo continuo de intercambio, donde un mismo sustrato cambia de forma y de perceptibilidad, pero no de naturaleza.

Este ciclo no es un mero tránsito pasivo, sino un proceso activo: los espíritus utilizan la materia invisible en su trabajo y su vida, y en ocasiones la hacen perceptible para los sentidos humanos (fenómenos de materialización, fotografía espiritual, etc.). Es decir, hay una interacción constante entre ambos «lados» del ciclo, una retroalimentación que no rompe la unidad del material, sino que la manifiesta en distintos regímenes de realidad.

2. La «nada» como fase del ciclo: ecos en la física y la filosofía
Si lo visible es una fase condensada o perceptible de la materia universal, lo invisible —que para nosotros suele ser «nada» o vacío— sería en realidad la fase más extensa y, en cierto sentido, la más «material» (pues alberga la mayor parte de la materia del universo). Esta idea encuentra un eco sorprendente en la física actual: la materia oscura constituye aproximadamente el 85% de la masa del universo, y es completamente invisible e indetectable por los medios ordinarios. No es «nada», sino una forma de materia que no interactúa con la luz.

Pero el ciclo va más allá: en la teoría cuántica de campos, el vacío no es ausencia, sino un hervidero de fluctuaciones donde pares de partícula-antipartícula aparecen y se aniquilan constantemente. Ese «vacío» es productivo, genera efectos medibles (energía del vacío, polarización del vacío). Podríamos leerlo como un análogo físico del ciclo baconiano: el «ser» (partículas) emerge del «no ser» (vacío) y retorna a él, en un bucle que no es destructivo sino generativo.

En la filosofía, Hegel en su Ciencia de la lógica parte del ser puro y su opuesto inmediato, la nada, para mostrar que ambos se resuelven en el devenir: ser y nada no son contrarios estáticos, sino momentos de un mismo movimiento. La realidad no es un conjunto de entidades fijas, sino un proceso donde la determinación surge de la indeterminación y vuelve a ella. Este esquema dialéctico encaja con el ciclo continuo: lo visible es el «ser» momentáneo de la materia, lo invisible es su «nada» aparente, y ambos se transforman el uno en el otro sin que la sustancia subyacente desaparezca.

3. La subjetivación de la facticidad y el «observador» en física
Bacon señala un error humano recurrente: los hombres toman su propia conciencia limitada (lo que pueden ver, oír, tocar) como criterio de lo real. Reducen la naturaleza a aquello que cabe en su cognición, y descalifican lo que escapa a sus sentidos como irreal o inaceptable. Este es el núcleo de lo que podemos llamar subjetivación de la facticidad: el sujeto proyecta sus límites sobre el objeto y confunde el mapa con el territorio.

En la mecánica cuántica, el «problema del observador» ha sido a menudo malinterpretado como si la conciencia colapsara la función de onda. Pero una lectura más sobria —y más cercana a las revelaciones de Padgett— podría ser: el observador no crea la realidad, sino que recibe una respuesta informativa de un mundo que ya está ahí, pero que solo se manifiesta en los términos en que el observador está equipado para preguntar. El error está en creer que la respuesta agota lo real. Los «operadores» matemáticos de la teoría cuántica (hamiltonianos, operadores de evolución) son herramientas humanas para modelar esa interacción; pero la realidad que modelan no se reduce a esos modelos.

La paradoja cuántica se explota seudofilosóficamente cuando se presenta como si la física hubiera descubierto que la mente crea la materia. En realidad, lo que muestra es que nuestros instrumentos conceptuales y sensoriales filtran lo real; y la naturaleza, al responder a esos filtros, nos devuelve una imagen sesgada. Ese sesgo es precisamente la subjetivación de lo fáctico: tomamos las respuestas que obtenemos como si fueran el todo, cuando son solo el eco de nuestras propias preguntas.

4. El mundo invisible como ámbito productivo y ágil
Según las comunicaciones, el mundo espiritual no es un reino estático ni etéreo en el sentido de «menos real». Es, al contrario, muy productivo: los cuerpos espirituales son más rápidos en sus operaciones, más sensibles al estado del alma (el núcleo creado directamente por Dios), y reflejan con mayor fidelidad el ser interno de la persona. El cuerpo espiritual es análogo al físico en su forma exterior, pero está gobernado por leyes diferentes —aunque no radicalmente ajenas, pues la materia sigue siendo una.

Esta agilidad del mundo invisible sugiere que el «ciclo continuo» no es un mecanismo ciego, sino un intercambio vivo donde la voluntad, el amor y la inteligencia de los espíritus participan activamente. La materia invisible no es un residuo pasivo, sino un medio de trabajo y de expresión. Los fenómenos de materialización no son violaciones de las leyes naturales, sino usos de leyes que los hombres aún no conocen o no aceptan porque no encajan en su limitada conciencia material.

5. Los agujeros negros como visualización macro del ciclo
Un agujero negro es una región donde la materia visible colapsa y, desde nuestra perspectiva, «desaparece» más allá de un horizonte de sucesos. Pero la física nos dice que esa materia no se aniquila; se transforma en una forma extremadamente condensada, y emite radiación (Hawking) que, en escalas de tiempo colosales, puede reconvertirse en partículas. Es un ciclo de ocultación y re-emergencia que, a escala cósmica, recuerda el ciclo baconiano: lo visible (la estrella) se vuelve invisible (agujero negro, materia oscura) y eventualmente puede retornar a la visibilidad.

Leídos desde el esquema que hemos trazado, los agujeros negros serían como «vórtices» del ciclo continuo, puntos donde el intercambio entre lo visible y lo invisible se hace más intenso y evidente. No son portales a otro universo, sino concentraciones del mismo ciclo, donde la materia cambia de régimen de perceptibilidad sin dejar de ser materia. La mayor parte de la materia del universo, según Bacon, está en lo invisible; los agujeros negros podrían ser una manifestación local de esa preponderancia, un recordatorio de que la «nada» aparente es, en realidad, un depósito inmenso de realidad.

6. Conclusión: la realidad como unidad en transformación
El modelo que emerge de estas comunicaciones, confrontado con la física y la filosofía, es el de una realidad una y dinámica, donde lo visible y lo invisible, el ser y la nada, no son sustancias separadas sino fases de un mismo proceso. El error humano —la subjetivación de la facticidad— consiste en tomar una fase por el todo y exigir que el resto se ajuste a sus criterios limitados. La ciencia, cuando no cae en ese sesgo, está en camino de descubrir que la naturaleza es mucho más amplia, más ágil y más interconectada de lo que los sentidos y las matemáticas actuales pueden abarcar.

El ciclo continuo no es un misterio inaccesible, sino una estructura operativa que los espíritus conocen y utilizan. Y, como sugiere Bacon, el conocimiento de esa estructura no solo es científico, sino que tiene implicaciones para nuestra vida y nuestro desarrollo espiritual: nos invita a expandir nuestra noción de lo real, a aceptar que lo invisible es más real de lo que suponemos, y a reconocer que nuestra existencia no termina en la muerte, sino que continúa en ese otro lado del ciclo, donde la materia es igualmente real y donde el amor y el conocimiento nos esperan.

Versión en inglés

Francis Bacon: The limitations which mortal man places upon his perception of the laws governing the universe. (6 Jan 1919)

I am here, Francis Bacon.

Let me write just a few lines, as I desire to tell you of a thing which may be of importance to you.

I see you are a little disturbed over what a man said to you tonight as to his want of belief in the identity of the spirits who profess to manifest themselves through mediums. Well, this need not disturb you one particle, for the identity of the spirit is just as real and certain as is the fact that a man can and does identify another after an absence, more or less long, from the latter’s appearance, voice, and so forth. In the case of his identification he depends on the operation of certain of his senses, such as his sight and hearing, and through them he satisfies his mind that the man identified is the identical person that he may claim to be, as you may say, he would be a very silly man if he would not accept such identification as convincing and determinate.

In the case of the identifying of those who are in the spirit, and who come with the powers and with the presence of spirits only, he cannot, of course, use his senses for the purpose of identification; and if he had to depend upon these organs alone, he would never be able to conclude that the spirits who present the phenomena are those who profess to be his friends or acquaintances.

Most mortals do not have the gift of perceiving, or receiving the impression of, the presence of spirits, and in such cases are In the condition of the blind and deaf man with reference to the things of earth. The latter has no means of identifying his closest friends, and yet it would be just as reasonable to contend that these friends are not existing and present, and the same day after day, as for mortals to say that the spirits of those who once lived on earth are not existing and present, because the mortals have not the faculties of seeing and hearing them. There are things in earth life as well as in spirit life that can come to the knowledge of some men only through information given them by other men who have superior powers and faculties for seeking for and obtaining this information.

Some mortals have eyes and faculties not material, as usually understood, for seeing and hearing and receiving knowledge from the spirits, and who render what is thus seen, heard and received just as real and certain as are real and certain the presence of mortals and material things to those who have their physical organs of sight and hearing; and the identity of what is seen and heard and received is just as truly established in the former as in the latter case.

All men who are wanting as to the nonmaterial organs mentioned can identify the things of the material world and are satisfied of the fact; and make their mode of such identification the standard by which they must and only can become convinced of the identity of the things of the spirit world: and when they insist upon such method of identification they, of course, can never be convinced, except perhaps in those phenomena as are manifested in materialization and spirit photography.

When the merely physical powers or means of ascertaining the existence and identity of things or humans are used, then those who confine their search for truth and the discerning of the identity of claimed existences to the use of such physical organs will never be able to see, hear or receive that which might convince them of the identity of the things existing in the spirit world.

This is the result of the eternal laws of the universe in their operations; and no desires or efforts of man can change this result. Man is unfortunate when he assumes the position that unless these laws can be or are changed in order that he may by his physical organs see or hear or be able to identify the things of the spirit world, he will not believe that there is identity existing among the spirits who come to men and in various ways manifest their presence.

When a man stands on the compliance with this condition as necessary to convince him of the identity of those friends of his who have passed to spirit life and who come in psychical phenomena and manifest themselves, it is useless to try to convince him, because of the very necessities of the laws governing such phenomena. And those who do believe, and those who know of, this identity will only waste time and effort in trying to convince men who assume the position of depending entirely on the physical means which they may possess.

There are many humans today who are truly convinced, and have all sufficient grounds for their convictions as to the identity and presence of their spirit friends, and they are not deceived, but enjoy the happiness that comes to them from such knowledge.

In my observations of the workings of human minds upon this question of the existence and identity of spirits, I learn that such evidence as would satisfy their minds, under the strictest requirements, as to material things, is brushed aside as wholly inadequate, and sometimes not even worthy of consideration, to satisfy them as to these spiritual things; and it seems that the greater knowledge they possess of the nature of and laws controlling material things, the less credence and consideration will they give to the nature of and laws controlling spiritual things. Every other explanation of psychical phenomena is put forth and accepted, rather than the simple and natural one; and if men only knew what nature really is, and its laws, they would realize how little they now know of nature.

Generally, nature is only that consciousness of things material which comes within their limited cognition. They do not know that the larger part of nature, if it can be separated, is beyond the things or conditions which they have knowledge of as being the material of the universe.

Well, as I said, the identity of the spiritual cannot be and must not be expected to be established by the operations of the merely physical organs of man, except perhaps in those manifestations appearing in the phenomena of materializations or spirit photography, and even they are not accepted as real or true by many men who accept what are called scientific deductions from supposed facts connected with the manifestations of what these men consider to be natural.

And so the proof of the presence and identity of spirits will have to depend upon the results produced by the operations of laws controlling the spiritual existences and the psychical powers and gifts of certain humans, Sometime it may be that these gifted persons will be accepted as honest and truthful and not self-deceived, and the manifestations resulting from the exercise of these powers as the effects of the efforts and intelligence of spirits who, at one time, were human beings.

When men come to realize that the change called death does not destroy identity and consciousness and powers of mind, as well as what may be called powers physical – for the material of the universe is used and operated by spirits – but on the contrary, intensifies these possessions and powers, then they will accept the truth that the presence of the spirits of their departed friends is a variety, and that the identity of these spirits is eternal.

Well, I have written as much as I think best to write tonight, and thank you for your indulgence.

With kind regards, I will say good night,
Your friend,
FRANCIS BACON

Comments on an article written by James Hyslop on Christianity and Spiritualism regarding laws which operated in certain miracles of Jesus. (20 Nov 1918)

I am here, Francis Bacon.

I have been with you tonight as you have read, and was somewhat interested in what James Hyslop had to say in his article on Christianity and Spiritualism, and many things that he puts forth are true, and explain very satisfactorily why many of the miracles, so called, of the Bible, may be believed.

As he says, they are not different in the nature of their operations or in the exercise of the law that produced them, from the physical phenomena which are manifesting themselves at this time among the investigators of Spiritualism; and, if today, the same law in its force that was brought into operation by Jesus and the disciples, could be called into operation, the same or similar phenomena would be produced.

Of course, a great deal depends upon the medium and the amount of rapport that may be created by the communicating or rather operating spirit, for it must be understood that all the supposed miracles were the results of the work of spirits, who by reason of the harmony existing between themselves and the mortals, were able to call into operation the laws which were necessary to produce the results called miracles.

At the present time, there may not be persons who have sufficient development of these psychic powers, which were possessed by Jesus and the others, to produce such phenomena as they produced; but there have been many mortals since his time sufficiently gifted with these powers to cause manifestations very similar to those of the primitive Christian times, especially as regards healing and the like; and today much healing is being performed by mortals, and which is attributed to various causes, such as mental healing and faith cures, but which is really due to the exercise of spirit powers by spirits whose duties are to perform that kind of work.

Mortals, of themselves, cannot bring into operation any of these laws, either of mind or soul, but are dependent upon the cooperation of spirits who use some of the properties possessed by these mortals to bring into exercise the laws which only can produce the healing.

And here I desire to state, that it is not necessary that the mortal be of a highly spiritual development in order that the powers of the spirit world may effect and change the conditions of the material of earth for the laws which central the material are sufficient, ordinarily, to bring about the healing of the physical or mental diseases of men, and therefore, you will find many mediums, and others not recognized as mediums, having this power of healing.

The healing of the body and the healing of the soul require the workings of different laws, and while spirits not having very much soul development, may successfully cooperate with mortals in like condition, in healing bodily ills, yet such spirits are impotent to heal the diseased soul or the purely spiritual condition of men. But spirits who have the power to produce the latter healing, may also heal the body. And this you must know that no spirit who is not what may be called, physically whole or sound, can cause the healing of a physically diseased mortal, for power of this kind can be possessed by and proceed from only those spirits who in their material nature are perfectly healthy and sound. These spirits, while they have cast off the gross, physical material of the mortal, yet are still material so far as the spirit body and form and the properties which compose the same, are concerned.

The material of the universe is not confined to or entirely comprised in what mortals may suppose to be the only material, that is that which may be sensed by their five senses or some of them. What is of itself material is always material no matter what form it may assume, whether visible or invisible to mortals; and the larger portion of the material of the universe is in the invisible world, though subject to transformation into the visible, and retransformation into the invisible, and the laws governing and controlling the material are the same, whether that material be to men visible and knowable or not.

This material has its quality of persistence after supposed death or destruction, although the form of its manifestation be changed; and from this you will see that he who is known as the materialist, with his supposed want of belief in immortality or the continuity of existence, is in error even as to the material world of which he assumes to have special knowledge, and being in error as to this, how can he claim to be right when he asserts that the purely spiritual has no possibility of continuity of existence or, as some understand, immortality.

Well, I have written enough, and feel that you will pardon my intrusion; but I also feel somewhat justified in writing as I have done.

With best wishes.
I am,
Your friend,
FRANCIS BACON

Francis Bacon explains the difference between the spiritual and material elements (1 Dec 1918)

I am here, Francis Bacon:

Let me write a short message in reference to our spirit world and one of the laws that obtain therein.

You were told a few nights ago that which is material in itself, always remains material although the combination into forms and appearances may change, and even the material elements may cease to be perceptive to the faculties or senses of the human, and this assertion of fact is true and without exception.

The material of the universe is one and not diverse, and the thing that you may sense as being material is a part of the same great universal material of existence, and may at different times and under certain conditions become incorporated in the invisible material and yet remain just as real as when it was the thing that you could sense as a reality. The fact of the existence of the material is not determined by the requirement that men shall be able to cognize its existence by the exercise of some one or all of the perceptions of the human organs used to comprehend what they call the material of nature; and whether or not men are able to so cognize what is the truly material does not affect the existence of the material, for as it now has reality so it would have if men had no perception at all.

To the blind man, the knowledge of the existence of that part of the material of what you may call the natural world, that depends on sight for its comprehension, can be acquired only by information from those who have that sight; and so, knowledge of the existence of the material in the world not subject to comprehension by the senses of men can only be obtained through information given them by those who have cognition such existence by reason of faculties that they possess.

Men sometimes claim that they have knowledge of the existence of the material in the invisible world as a resultant from the exercise of reason and an acquaintance with the law of cause and effect, and in many instances this claim is true, especially where effects are perceived, which must have had causes existing beyond the circle of the known material.

To illustrate: men see and understand the effects of the workings of electricity, and to an extent can control and utilize that electricity, and yet they cannot by the exercise of their natural senses claim knowledge of the fact that if exists as a part of the material of the universe – they know it only as a cause producing an effect, and as to whether it is of the material or not they have no sensate knowledge. Electricity is of the material, and intangible and not subject to the perception of sense, and to men has an existence only because it is accepted and declared to be the cause of certain known effects.

Now, there are many material things in the invisible world that have never come to the knowledge of men by reason of effects produced and made known to their cognition; yet these thing; are just as real and just as much a part of the material of the universe as are those things that men call the material of the natural world.

Now what I have written is merely to demonstrate the fact that the existence of the material is not confined to what men call the natural world, and that men’s knowledge does not always determine whether the material exists or not.

The material has its place and existence in all the spheres of the spirit world and is used by spirits in their work and living just as really as it exists in the natural world and is used by men for their welfare and happiness; and when the inhabitants of the spirit world use it for the purpose and in such a manner as to make the invisible material perceptible to the senses of men, they should not look upon such phenomena as unreal or non acceptable because such phenomena is not produced in accord or harmony with the laws of the material as they understand them.

I will continue later.
Your friend,
FRANCIS BACON

Helen confirms that Francis Bacon wrote on the subject of the spiritual and material elements which are purely scientific. (1 Dec 1918)

I am here, Helen.

Well dear, the message that you have just received was from the spirit who wrote you a few nights ago on the subject of the material. He seemed to be much interested in the matter and says he desires to impart information which is scientific and of importance to mankind, and that he will come again soon.

I see that you have had a very happy day and feel much better because of your visit, and you are better, and in such condition that the other spirits can write, and I hope that tomorrow night you will give them the opportunity. You will receive some very instructive and vital messages and should give all the time possible to the preparation for receiving these truths.

I am quite happy in being with you today, and have felt that we are getting closer together in our love and rapport. It is late, and I will not write more now. Baby is here in her love and says she hopes that she may soon be able to write her letter, and that she loves you so much.

Well he is ready, and will write tomorrow night, if you will prepare the way. I will tell him.

Love us and pray to the Father, as we want you to get more of the love and come closer to us in your soul development.

Goodnight,
Your own true and loving,
HELEN

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