Reconocer como niños pequeños humildes que no queremos sentir nuestras heridas

Al hilo de lo que estamos viendo de A. J. Miller en su presentación de la Vía del amor divino, la vía de Jesús… esto es lo que vemos en el audio enlazado arriba:

Si estamos en el camino de Jeshua, hay que ponerse alegremente serios a hablar con Dios (ya que nunca hubo separación), y decirle claramente:

Mira, realmente no quiero ver todas mis adicciones emocionales (no quiero sentir todo lo que está dentro bloqueando el hecho de que soy tu hijo/a).

Es decir, solo la verdad nos hace libres… y tenemos que ir confesándole esas cosas…, sin miedo y con sinceridad, si es que queremos marchar por esta vía.

Sin miedo… porque no castiga ni juzga como nosotros el sentimiento de, por ejemplo, vergüenza ante lo que nos surja dentro.

Y entonces, luego podemos crecer cada vez más en la generación de DESEO de reconocer las adicciones emocionales.

Si no deseamos eso (para que pueda entrar el amor de Dios), entonces, no deseamos sentirnos/actuar operativamente como hijos de Dios.

O sea, si no nos abrimos así de prácticamente a la verdad, no deseamos ser el yo real, lo que Dios creó, «el Cristo en uno».

Para este tipo de cosas, por cierto, son las lecciones de ucdm… para reestablecer el diálogo… para afrontar lo que no se quiere sentir … corrigiendo así el miedo (que parece que muchas veces es miedo a sentir).

El tema está en que realmente nos da repelús vernos como «realmente» somos, en la realidad de nuestro yo herido.

Pero a Dios no le da repelús, y por eso es tan importante alinearnos con Ella/Él, e ir sensibilizándonos con las leyes que regulan amorosamente ese alineamiento… y que no podemos cambiar en su esencia (como la de la atracción).
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Nuestro yo de fachada, o máscara, para tapar el yo herido, sus emociones causales… y el yo real

Esta es, en parte, otra invitación al dictado original, el curioso inicio… del curso de milagros.

Seguimos muy de cerca lo que hacíamos en el anterior, aquí:

Y también invito a unas enseñanzas muy básicas de A. J. Miller.

En este caso, también es en el marco de instagram, donde suelo hacer también invitaciones diarias a la meditación/oración, a veces muy breves.

Cuenta de instagram:
http://instagram.com/un.plan.divino

Esta vez, al hilo de lo visto antes,
traemos -como dije- más enseñanzas de A.J. Miller:
divinetruth.com
…sobre nuestros tres yoes:
– la máscara o fachada,
– el yo herido,
– y el yo real en el núcleo.

Son básicas y pertinentes para esta parte del capítulo 2 del dictado original del curso de milagros.

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Seguimos pues despacio con este dictado original del curso de milagros, es decir, sobre todo remarco y reviso los primeros capítulos del texto, que varían mucho, y contienen muchas de las notas originales (seleccionadas por la editorial y grupo llamado Circle of Atonement: https://youtu.be/rmPKBlgwWOY )

Lista de reproducción sobre el dictado original:

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¿Cómo realizamos la separación entre mente y corazón, en el contexto usual de "maltrato emocional"? Un ejemplo "infantil": una niña visita una residencia de ancianos

[botón para la escucha de este texto desde aquí mismo:]
( Enlace para oírlo y descargarlo en ivoox )
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Hemos dicho que vamos a utilizar el ejemplo de un niño, una niña, que va de visita una residencia de ancianos.
Pero, antes de nada, recordemos esto: no hay víctimas, pero que sí hay un trato «malo», y que por ejemplo el caso del maltrato físico es en realidad menos importante que el maltrato emocional, que está normalizado… y que en realidad podríamos decir que abarca al maltrato físico.
El «maltrato» en general fomenta cierto tipo de elecciones que quitan poder y que quitan de la vista posibilidades… frente a otras elecciones que fomentan la mayor apertura posible de uno mismo hacia sí mismo (hacia «dentro») y de uno mismo hacia el mundo (hacia «fuera»).
En el caso del maltrato físico, es muy sencillo sentirnos justificados (y más si somos pequeños) en fomentar pensamientos miedosos, de impotencia, y en general «interpretaciones miedosas» del mundo.
Por tanto, eso es «maltrato», es «hacer el mal», no porque sea «malo en sí» (pues en realidad la maldad no es verdaderamente lo real), sino porque con esas ideas y actitudes relacionadas con el «castigo» (que son unas ideas y unas actitudes que el maltrato físico de cierta forma intenta «imprimir» en las mentes de todos)… con esas ideas… fomentamos la impotencia, es decir, se fomenta por ejemplo que los niños se sientan justificados pensando que no pueden, que no valen, etc.
En general, el miedo gobierna en cualquier atmósfera de «maltrato», más o menos, y por ello, por si acaso… para defendernos… para que no nos caigan más golpes o más «incomprensión»… no nos permitimos expresarnos –no nos permitiremos expresar sensaciones, sentimientos, opiniones, etc., ya que no esperamos nada bueno si lo hacemos–.
Y la situación de «maltrato emocional» es lo normal en la infancia, donde, «como son pequeños» hay excusa para no preguntar a esos «pequeños» cómo se sienten, qué opinan, qué les gustaría hacer (aunque luego en realidad eso no se pueda hacer, pero al menos preguntar, «contar con»).
Con los niños a menudo hay «barra libre» para todo. Como son pequeños, todo da igual, y los adultos se han criado en esas mismas atmósferas en las que otros adultos tampoco «tenían tiempo para tonterías», así es que todo el mundo sigue sin poder hablar de lo evidente.
Entonces, pongamos que un niño, o digamos una niña, para variar, visita una residencia de ancianos.
Quizá siente tristeza.
Quizá esa tristeza es natural, mostrando una especie de duelo.
¿Duelo? Sí, duelo ante una muerte que ya es muy real, pues los ancianos que ya están retirados o apartados en residencias, ya no tienen en gran medida «relaciones personales»… y tampoco son víctimas más que de sí mismos… pues en general son ellos mismos quienes se han hecho eso a sí mismos. Continuar leyendo «¿Cómo realizamos la separación entre mente y corazón, en el contexto usual de "maltrato emocional"? Un ejemplo "infantil": una niña visita una residencia de ancianos»