1/11:42-44) 11. La expiación vicaria (Juan y Jesús escriben) | El verdadero evangelio – Revelado de nuevo por Jesús | Vol. 1. / 11:42-44

[últ. act.: 30 julio 2026]

Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español
─ Nota: La precedencia de la fe y el sentido del alma frente al saber cerebral
─ Versión en inglés 

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Introducción

─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
La lectura de estos mensajes dura en el audio hasta el minuto 20:12, y luego hay comentarios. Esta vez los mensajes sí hacen una alusión directa al tema de este apartado 11 ─que agrupa mensajes muy variados─.

Vemos tres mensajes, uno de Juan, otro de Jesús, y una breve confirmación de Helen. En los mensajes se habla por ejemplo del alma y de la especie de sentido interno que se desarrolla gracias al amor de Dios.

A continuación, pues, vamos a ver parte del apartado:

11) La expiación vicaria

Se trata de los siguientes tres mensajes contenidos en este apartado.

El tema principal en el apartado es «la expiación vicaria», ya que es una creencia o dogma muy dañino.

Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:

unplandivino.net/padgett/

Forma parte de un libro que es el primer volumen de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, Jesús de Nazaret.

Estos volúmenes fueron preparados o compartidos así por Divine Truth entre otras personas.

El primer volumen incluye los siguientes temas y apartados (los 11 temas numerados sirven para organizar temáticamente los mensajes):

a) ─ Retrato de James E. Padgett
b) ─ Mi testimonio (por Leslie R. Stone)
c) ─ Foto espiritual de Mary Kennedy con su alma gemela, el Dr. Stone.

           d) ─ La verdadera misión de Jesús

I. Jesús y su relación con Dios.
II. Dios y el alma humana.
III. El problema del pecado.
IV. Redención del pecado.

─ 1. Los mensajes
─ 2. Ámbitos celestiales
La oración
─ 3. Inmortalidad
─ 4. ¿Quién y qué es Dios?
─ 5. Espíritu Santo
─ 6. Resurrección
─ 7. El alma
─ 8. Perdón
─ 9. Expiación
─ 10. Infierno
─ 11. Expiación vicaria [estamos aquí: Vemos los tres siguientes mensajes en este apartado 11]
e) ─ Mensajes adicionales

Versión en español
11. La expiación vicaria (cont.)

Referencia al cristiano nominal y a la necesidad del Amor Divino en el alma para llegar a ser un verdadero cristiano* (San Juan – Apóstol de Jesús) (11 febrero 1917)

Estoy aquí, Juan.

Vengo esta noche para decirte que la condición de tu alma está mucho mejor de lo que ha estado desde hace algún tiempo, que estás más en sintonía con el Amor del Padre de lo que has estado en bastante tiempo, y que te das cuenta de que este Amor está obrando en tu alma y haciéndote feliz.

Te he acompañado mucho hoy mientras copiabas los mensajes, y he visto que disfrutabas de las verdades que contenían. El mensaje que describe «el progreso del alma» contiene la verdad de cómo el alma puede hallar el verdadero camino hacia el Amor del Padre y progresar hacia las Esferas Celestiales. Es una descripción muy clara y convincente del camino necesario que debe seguir toda alma que llega al mundo espiritual desprovista del Amor Divino. No hay otra manera en que esa alma pueda hallar su verdadero desarrollo; y el mensaje atraerá a quien busca sinceramente la salvación y la felicidad que solo una tal unión con el Padre puede brindar.

También veo que has estado reflexionando mucho sobre tu futuro en la tierra al llevar adelante la obra para la que has sido seleccionado; y me alegra que esta labor se esté convirtiendo para ti en un asunto de tanta importancia y seriedad ─pues no solo es importante para el mundo, sino también para ti─. Esto debes comprenderlo al considerar lo que se te dijo hace unas noches: no hay nadie más en todo el mundo en este momento que sea apto para llevar a cabo la obra que tú estás realizando y que debes continuar haciendo durante toda tu estancia en la tierra.

A medida que progreses en esta labor, a medida que estas verdades lleguen a ti y tu alma se llene más de este Amor, comprenderás y percibirás en mayor grado la maravillosa importancia de la obra; por lo que ahora debes dedicar todas tus energías a desarrollar tu alma y sus percepciones, y a llevar adelante la obra.

Para nosotros, la realización de esta obra es infinitamente más importante que para ti, porque comprendemos ─como tú no puedes comprenderlo─ lo que significaría para los hombres no dar a conocer estas verdades, privándolos así de unas oportunidades tan necesarias para su salvación futura, tanto en la tierra como en el mundo espiritual.

Así pues, te digo: no te desanimes, sino cree; y descubrirás que nuestras promesas se cumplirán, que la obra continuará, y que las verdades se darán a conocer a la humanidad.

Te acompaño a menudo, esforzándome por desarrollar tu naturaleza espiritual ─y con esto me refiero a tu alma, pues conforme esta se desarrolle, mejor podrás recibir nuestras verdades para que sean transmitidas al mundo que aguarda, y que así los hombres puedan ver y comprender fácilmente las verdades de Dios y el único camino hacia su Reino de Amor e Inmortalidad─. Las dudas sobre las enseñanzas de las iglesias ahora penetran y permean la mente de muchos; muchísimos de ellos son solo cristianos nominales, su percepción de Dios está casi embotada, y asisten al culto solo por un sentimiento del deber y la impresión de que es lo correcto. Desconocen el Amor Divino de la naturaleza del Padre y el plan para su salvación.

Sus oraciones y su adoración son, en su mayoría, solo las que brotan de los labios o de una especie de creencia intelectual ciega. Los anhelos de su alma no entran en sus oraciones; en consecuencia, sus peticiones del Amor y la misericordia de Dios no llegan más allá de sus cabezas ─como se suele decir─.

Esta condición de los hombres es muy perjudicial para su bienestar futuro y no puede conducirles al Padre; mientras exista, los hombres nunca podrán alcanzar la unión con Él. Solo la afluencia de este Amor puede reconciliar a los hombres con Dios en el sentido más elevado y deseable. Por supuesto que pueden alcanzar la armonía con Él mediante la purificación de su amor natural; sin embargo, esa es solo la armonía que existía entre Él y los primeros padres antes de su caída, y no es la armonía que Jesús enseñó y que fue el objeto de su misión. Cuando dijo: «Yo y mi Padre somos uno», no se refería a la unión entre la mera imagen y la Sustancia, sino a la unión que otorga a las almas de los hombres la Sustancia misma del Padre.

Me gustaría escribir más esta noche, pero estás cansado y no quiero extenderme más.
Así que te doy las buenas noches, y me detengo.
Tu hermano en Cristo,
Juan
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*  [Título alternativo del anterior mensaje (DT): «Juan: Escribe que no hay nadie en el mundo en este momento que sea apto para realizar la obra que tú estás haciendo, y que debes continuar mientras estés en la tierra«.]

«De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, las obras que yo hago, él también las hará; y aun mayores que estas hará, porque yo voy al Padre. Si pedís algo en mi nombre, yo lo haré» (Jesús) (24 septiembre 1916)

Estoy aquí, Jesús.

He estado mucho tiempo con vosotros hoy y conozco bien cómo ha funcionado vuestra mente, e intenté influir en algunos de vuestros pensamientos. Estuve con vosotros en la iglesia por la mañana y escuché el sermón del ministro; vi que no comprendía adecuadamente el significado de las palabras del texto: «De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, las obras que yo hago, él también las hará; y aun mayores que estas hará, porque yo voy al Padre». «Si pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

Su explicación de lo que significaba «obras mayores que las que yo hago» no concordaba con lo que quise decir, ni con el sentido que pretendía transmitir; pues cuando me refería a obras, me refería a aquellas que el mundo consideraba milagros. Quería asegurar a mis discípulos que tendrían poder para realizar obras o milagros similares en mayor medida que yo. Y «mayores» se refería a la cantidad, no a la cualidad.

Pero este poder, o su ejercicio eficaz, no dependía de creer en mi nombre, sino de su fe en el Poder del Padre y en el hecho de que Él les conferiría dicho Poder. No había virtud en mi nombre ni en mí como el individuo Jesús, sino que toda virtud residía en la fe que ellos pudieran tener en el Padre. Nunca realicé ninguno de los llamados milagros por mí mismo, sino que todos fueron realizados por el Padre, obrando a través de mí; y, así como Él obró a través de mí, obraría a través de mis discípulos que adquirieran la fe necesaria.

Como te he dicho antes, todos los actos que son aparentemente milagrosos están regidos por la ley, al igual que lo están aquellas cosas que llamáis el funcionamiento de la naturaleza. Y, cuando se adquiere la suficiente fe, le llega a su poseedor el conocimiento de tales leyes; puede que no sea, como diríais vosotros, un conocimiento o consciencia perceptible para los sentidos ordinarios del hombre, sino perceptible para ese sentido interno, que es el único que capacita a los hombres para comprender las cosas del espíritu. Además, al tener este conocimiento del sentido interno, los hombres pueden controlar estas leyes de modo que produzcan aquellos efectos que parecen contrarios al funcionamiento habitual de las leyes de la naturaleza.

Hasta que mis discípulos adquirieron esta fe que trajo dicho conocimiento a su sentido interno, no pudieron realizar ningún milagro ni poner en marcha ningún fenómeno que otros hombres no pudieran realizar.

La expresión bíblica de que la creencia en mi nombre es suficiente para obrar milagros es completamente errónea; nunca dije que tal creencia fuera lo que se requería, ni tampoco dije que «todo lo que se pidiera al Padre en mi nombre les sería dado a los hombres».

Yo no era parte de la Deidad, ni por mí mismo poseía poder alguno, ni mi nombre tenía influencia milagrosa alguna ante el Padre. Yo fui un hombre como los demás hombres, solo que me había llenado del Amor Divino del Padre, lo cual me hizo uno con Él y, en consecuencia, poseía aquel conocimiento de Su Amor y de Sus leyes que me permitió poner en marcha aquellas leyes que harían que los efectos deseados aparecieran como realidades.

Pero la creencia en mi nombre no provocó el funcionamiento de estas leyes, ni la respuesta del Padre a ninguna súplica. La oración debe dirigirse al Padre en nombre de la verdad, y a Su Amor y a Su misericordia. Cada individuo le es querido, y Él está dispuesto a otorgar este Amor a todo aquel que lo pida con fe y sincero deseo. Y, en respuesta a la oración ferviente, vendrá el Amor y, con él, el conocimiento de las cosas espirituales y, con ello, un poder que puede usarse para el bien de la humanidad.

Mi nombre no es un mediador entre Dios y el hombre, ni tampoco la creencia en la persona de Jesús es un medio para alcanzar el Alma receptiva del Padre. Si los hombres comprenden mis enseñanzas de la verdad, y cuando piden en mi nombre quieren decir que piden en nombre de estas verdades, entonces tales peticiones tendrán sus frutos; pero muy pocos hombres, cuando oran al Padre en mi nombre, poseen tal intención o comprensión.

Solo el conocimiento de la Verdad del Plan para la salvación de los hombres los capacitará para buscar de la manera correcta y así obtener el Don del Padre; y cuando digo «conocimiento de la Verdad del Plan», no me refiero a que los hombres deban comprender todos los pormenores de este Plan, ni cómo un elemento o parte de él puede influir en otro, ni qué resultados pueden derivarse de ello. Sino que el conocimiento que debe bastar al principio es aquel que muestra al hombre que el Padre es un Dios de Amor, y que este Amor puede ser obtenido por el hombre mediante la oración ferviente por su otorgamiento. Esto es todo lo necesario, pues la respuesta que seguirá provocará el Nuevo Nacimiento, el cual, al ser experimentado por el hombre, lo situará en esa unión con el Padre que lo conducirá al conocimiento de las demás Verdades que forman parte del Plan de Salvación.

No hay nada más que vaya a producir este conocimiento del sentido interno del que escribo. Un conocimiento de la mente, a menos que vaya en conjunción con este conocimiento interior, jamás podrá producir esta necesaria unión con el Padre.

A menudo ocurre que un hombre posee este conocimiento interior y, al mismo tiempo, un conocimiento de la mente que está en total discrepancia con las verdades del plan para su salvación. Y la mente humana, al ser algo de un poder maravilloso, puede retardar temporalmente el crecimiento del conocimiento del sentido interno ─o, como diría yo, el sentido del alma─. Pero solo temporalmente, pues con el tiempo el sentido del alma progresará hacia ese conocimiento de la verdad, de modo que el conocimiento mental erróneo desaparecerá por completo, y el hombre poseerá solo la verdad.

De la convicción de esta mente errónea proviene la creencia de que las súplicas hechas en mi nombre harán que se cumplan los deseos del suplicante, así como la creencia de que con mi sangre, con el poder de la cruz o con mi supuesta expiación vicaria se puede obtener la salvación de los hombres. Si ha de emplearse algún nombre en la súplica del hombre, que se use solo el nombre del Padre, pues el Suyo es un nombre excelso sobre todo, y el único, en el cielo y en la tierra, que puede traer al hombre la salvación y la unión con Su ser.

Y lo que he dicho se aplica a muchas otras declaraciones contenidas en la Biblia, tales como: «el que cree en el Señor Jesucristo será salvo», «no hay otro nombre bajo el cielo en que los hombres puedan ser salvos», etc. Esta es la enunciación de una doctrina falsa, la cual resulta engañosa para la gran mayoría de la humanidad, pues aceptan las declaraciones como literalmente ciertas. Por supuesto, si se interpreta en el sentido de que «quien cree en las verdades que enseño», la objeción no es tan grande; sin embargo, aun así las declaraciones no van lo suficientemente lejos, ya que los hombres pueden creer en estas verdades y esa creencia ser meramente mental, aceptada solo por las facultades de la mente, sin ningún ejercicio del sentido del alma. Si a todas estas declaraciones se les añade la Verdad vital de que «quien no nace de nuevo, no puede entrar en el Reino de los Cielos», y a esta creencia mental se suma la fe del alma, entonces las doctrinas quedarán expuestas con veracidad y los hombres comprenderán lo necesario para la salvación.

La creencia y la fe no son lo mismo: una es de la mente; la otra, del alma. Una puede cambiar, y de hecho cambia a medida que cambian los fenómenos y los hechos aparentes; la otra, cuando verdaderamente se posee, nunca cambia, pues la fe que posee un alma hace que todos sus anhelos y aspiraciones se conviertan en realidades que, como la casa construida sobre firme roca, nunca pueden ser sacudidas ni destruidas.

Escribo así esta noche para demostrar que el predicador, en su sermón, no explicó el verdadero significado del texto, ni comprendió las verdades que este pretendía transmitir y de las que era susceptible, aunque en él no figuren mis expresiones ni en su interpretación literal se declare la verdad.

No escribiré más por hoy, salvo para decirte que te quiero con un gran amor y que ruego al Padre que te bendiga.

Cree en el Padre y confía en mí, porque no te decepcionarás; y reza para que este Amor Divino del Padre entre en tu alma de modo que reconozcas que eres un hijo aceptado por el Padre.

Mantén tu ánimo y ten fe en que todo lo que pidas al Padre en nombre de Su Amor y Verdad te será concedido. Estoy contigo con todo mi amor y cuidado, y no serás abandonado.

Así que, mi querido hermano, ten la seguridad de que soy
tu hermano y amigo,
Jesús

Confirma que Jesús escribió (Helen – Sra. Padgett, espíritu celestial) (24 septiembre 1916)

Estoy aquí, tu fiel y amorosa Helen.

Bueno, querido, has recibido un maravilloso mensaje del Maestro esta noche, el cual puedes estudiar y comprender a fondo, puesto que contiene más verdad de la que podrías percibir en una lectura superficial.

Es tan contradictorio con las creencias de los cristianos y, por lo tanto, tan importante, que es deseable comprender plenamente su significado. Así pues, buenas noches

Tu fiel y amorosa
Helen

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NOTA (Elaborada por IA Gemini; abajo está la petición que hice para dar pie a la nota)

Nota intelectual y filosófica: La precedencia de la fe y el sentido del alma frente al saber cerebral

Nota temática: Sobre la primacía epistemológica del «sentido del alma» (fe) frente al intelecto y la derivación histórica en la filosofía moderna.

El mensaje del Maestro establece una distinción radical entre dos facultades: el conocimiento mental (cerebral, conceptual y mutable) y el sentido del alma (la fe como percepción directa de las leyes del Amor Divino). Esta primacía del sentir/alma sobre la razón no es ajena al pensamiento humano, pero la historia intelectual ilustra cómo la pérdida del componente espiritual original derivó en intentos fragmentarios de restituir el valor de lo involuntario, lo anímico o lo vital.

A. El giro empirista y el sentimiento originario: Hume y Rousseau

David Hume y la crítica al racionalismo: Al desmantelar las pretensiones de la razón pura para fundamentar la causalidad o la moral, Hume sitúa la creencia (belief) y las pasiones/sentimientos como el verdadero motor de la vida humana. Pese a su agnosticismo explícito, su empirismo reconoce que la mente opera movida por impresiones e inercias que no derivan del análisis lógico. En lo político, esto se tradujo en un pragmatismo liberador frente a los dogmas teocráticos o racionalistas rígidos.

─ Rousseau (Emilio y la «Profesión de fe del vicario saboyano»): Rousseau formula de manera explícita la precedencia genética del sentimiento. En el desarrollo humano, el niño siente antes de razonar; la conciencia moral y la vinculación con el orden creado ingresan a través del corazón. Para Rousseau, la distorsión del adulto surge cuando el intelecto suplanta esa guía interior, construyendo fachadas teóricas que evitan sanar la fe corrupta o la desconexión con el orden natural creado por Dios.

B. La bifurcación y la huida intelectual: Del Racionalismo a la «Sospecha»
Tras la ruptura entre el empirismo inglés y el racionalismo continental (que Kant intentó sintetizar subordinando la fe a los límites de la razón práctica), la filosofía posterior acusó la insatisfacción de un saber puramente cerebral. Sin embargo, al carecer de la noción del Amor Divino y del sentido del alma, la respuesta de la modernidad tardía consistió en desviar esa fuerza interior hacia construcciones secularizadas y distorsionadas (los llamados «filósofos de la sospecha»):

1. Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche (La Voluntad): Al detectar que la razón es una mera capa superficial, colocan la Voluntad (fuerza impulsora, anímica pero ciega en Schopenhauer, o Voluntad de Poder en Nietzsche) como lo primario. Captan correctamente que el motor del ser humano no es el cálculo mental, sino una potencia del alma/ser, aunque la privan de su orientación hacia la trascendencia y el Amor de Dios.

2. Karl Marx (El ser humano encarnado): Reacciona contra la teología idealista abstracta (la mala digestión de la metafísica). Marx señala que el hombre no es una mente aislada, sino un ser inserto en la materia y en la producción social. No obstante, al hipermaterializar esta intuición, confunde la necesidad de armonía con el orden natural con un puro determinismo socioeconómico.

3. Sigmund Freud (Lo inconsciente y la vida anímica): Reconoce que la fachada intelectual y moral del sujeto («el ser humano demasiado humano») está gobernada por fuerzas subterráneas no controladas por la mente lógica. Freud denomina psique (alma) a este territorio, pero su positivismo reduccionista le impide ver en esas corrientes profundas los anhelos originarios del alma hacia el Creador, interpretándolas únicamente como impulsos biológicos o traumas reprimidos.

Conclusión
Las filosofías de la modernidad sintieron el «fantasma» de la primacía del alma: intuyeron que el intelecto no es la facultad suprema y que la mente sola no puede salvar ni transformar al hombre. Sin embargo, al intentar sustituir el conocimiento del alma por la voluntad (Nietzsche), las condiciones materiales (Marx) o el inconsciente pulsional (Freud), crearon sucedáneos parciales. El texto de Padgett restituye la jerarquía exacta: el pensamiento de la mente es mudable y condicionado; solo el sentido del alma, activado mediante la fe y la receptividad al Amor Divino, conecta al hombre con la Sustancia real de la existencia y las leyes inviolables del Creador.

Mi petición para dar pie a la nota anterior

La nota: trataría sobre la separación entre fe y saber (algo que parcialmente trataríamos en la historia intelectual, digamos, con los ingredientes de abajo) ─ y ya que tanto se habla aquí de Knowledge ─:

─ hay mucha filosofía, mentada incluso académicamente hoy, donde se habla de la precedencia del sentimiento;

los mismos «empiristas», como Hume: creo que, pese a sus problemas con la religión/Dios, en realidad, al valorar el sentimiento, tenían razones útiles y armónicas (ya que el alma tendría un precedente causal, el componente anímico, etc.), que luego, muchos «positivistas» y «materialistas» posteriores ya no albergarían en su razonamiento (tanto en el continente como en el mundo de la filosofía analítica y demás). Esto además tendría consecuencias liberadoras en lo político, digamos, en el caso de Hume (aunque este se conoce menos por sus temas políticos, creo).

─ Tenemos a Rousseau:
aquella profesión de fe, en su obra Emilio:
precedencia clara del sentimiento;
es decir, «genéticamente», lo primero que hace el niño es sentir para así aprender a «unirse al mundo de forma ordenada»;
y siempre seguiríamos «haciendo algo así», aunque ya con distorsiones «adultificadas», al poner «inconscientemente» en precedencia al idolatrado saber, por encima de la fe como potencia del alma
(esto lo haríamos en parte para huir de sanar la «fe corrupta», es decir, las convicciones corruptas, profundamente distorsionadas y desarmónicas con respecto al orden natural ─ el orden que las leyes creadas por Dios «cuidan»).

─ hay una bifurcación célebre luego en filosofía, entre empirismo más «a la inglesa» y racionalismo más «a la continental», digamos (Kant).

─ luego hay como una especie de «salida a lo bruto» de estas problemáticas: tenemos el materialismo de Marx, digamos; el «vitalismo» de Nietzsche, y la célebre visión del mundo de Freud.
Es quizá como si el fantasma de la operación que realiza el ser humano, demasiado humano… tan artificialmente artificioso…, quisiera ser puesta en primer plano:

* el poder resaltado en Nietzsche: la voluntad primero (y esa es una característica del alma);

* lo material resaltado en Marx: el «ser humano» («hipostasiado», digamos, debido a una mala comprensión y mala digestión de la teología ─la buena digestión sería la que está, casi perfectamente expresada, para nosotros, en la de «la profesión de fe» contenida en el Emilio de Rousseau), no está separado de la naturaleza ni de sus productos sociales;

* en Freud, directamente tenemos, aunque distorsionadamente (porque su «positivismo» mal entendido le impediría cierta claridad y sencillez), un tratamiento del alma, de lo anímico, como lo vivo «productivo» inconsciente, digamos… y como lo impepinablemente activo, por tanto ─y aunque el ser humano quiera torcer las cosas con máscaras, fachadas─.

Versión en inglés

Refers to the Nominal Christian and the Need of the Divine Love in the Soul, so as to Become a True Christian [Alternative title (DT): «John: Writes that there is no one in all the world at this time who is fitted to do the work which you are now doing and which you must continue to do while on earth.»] (St. John – Apostle of Jesus) (11 Feb 1917)

I AM HERE. John.

I come to-night to tell you that your condition of soul is very much better than it has been for sometime, and you are more in unison with the Father’s Love than you have been for sometime, and you realize that this Love is working in your soul and making you happy.

I have been with you a great deal to-day as you copied the messages and saw that you enjoyed the truths that they contained. The message describing » the progress of the soul,» is one that contains the truth of how the soul can find the true way to the Love of the Father and to progress to the Celestial Spheres. It is a very clear and convincing portrayal of the necessary course that every soul must pursue, which comes into the spirit world devoid of the Divine Love.
There is no other way in which that soul can find its true development, and the message is one that will appeal to the honest seeker after salvation and the happiness which only such an at-onement with the Father can give.

I also see that you have been thinking a great deal about your future on earth in carrying forward the work that you have been selected to do, and I am glad that this work is becoming to you a matter of such importance and seriousness; for important it is not only to the world but to you, and this you must realize when you consider what was told you a few nights ago – that there is no one else in all the world at this time who is fitted to do the work which you are now doing, and which you must continue to do during the whole time of your stay on earth.

As you progress in this work and as these truths come to you and your soul becomes more filled with this Love, you will to a greater degree realize and understand the wonderful importance of the work; and you should now bend all your energies to developing your soul and its perceptions, and to carrying forward the work.

To us the accomplishing of this work is infinitely of more importance than to you, because we realize as you cannot, what a failure to have these truths made known to men would mean to them in the way of depriving them of opportunities that are so requisite to their future salvation, both on earth and in the spirit world.

So I say, let not yourself become discouraged, but believe and you will find that our promises will be fulfilled, and the work will go on, and the truths be made known to humanity.

I am with you a great deal, trying to develop your spiritual nature, and by this I mean your soul, for as this develops the better able you will be to receive our truths so they will be transmitted to the waiting world, that men may readily see and understand the truths of God and the only way to His Kingdom of Love and Immortality. Doubts as to the teachings of the churches are now penetrating and permeating the minds of many, very many of these are only nominal Christians, and their perceptions of God is almost blunted, and they attend worship only because of a kind of feeling of duty and impression that it is right for them to do so. They know nothing of the Divine Love of the Father’s nature and of the plan for their salvation.

Their prayers and worship are mostly only those which come from the lips or a kind of blind intellectual belief. Their soul longings do not enter into their prayers and as a consequence, their petitions for God’s Love and mercy go no higher than their heads, as has been said.

This condition of men is very injurious to their future welfare and cannot possibly lead them to the Father, and so long as it exists men can never become in an at-onement with Him. Only the inflowing of this Love can reconcile men with God in the higher and more desirable sense. Of course they may become in harmony with Him by a purification of their natural love, but that is the harmony only, that existed between Him and the first parents before their fall, and is not the harmony which Jesus taught and which was the object of his mission to teach. When he said, «I and my Father are one,» he did not refer to the at-onement between the mere image and the Substance, but to the at-onement which gives to the souls of men the very Substance of the Father.

I should like to write more to-night, but you are tired and should not be further drawn on.
So I will say good-night and stop.
Your brother in Christ,
JOHN.

«Verily, Verily, I Say Unto You, He That Believeth on Me, the Works that I Do, Shall He Do Also; and Greater Works Than These Shall He Do; Because I Go Unto the Father. If Ye Ask Anything in My Name I Will Do It.» (Jesus) (24 Sept 1916)

I AM HERE. Jesus.

I have been with you a great deal to-day, and know just what have been the workings of your mind, and tried to influence you as to some of your thoughts. I was with you at church in the morning and heard the minister’s sermon and saw that he did not rightly comprehend the meaning of the words of the text. «Verily, verily, I say unto you. He that believeth on me, the works that I do shall he do also: and greater works than these shall he do; because I go unto my Father.» «If ye shall ask anything in my name I will do it.»

His explanation of what was meant by «greater works than I do,» was not in accord with what I meant, or with the meaning that I intended to convey; for when I referred to works I meant those works which the world considered as miracles. I intended to assure my disciples that they would have power to do similar works or perform similar miracles to a greater extent than I had performed them. «Greater» referred to quantity and not to quality.

But this power or the successful exercise of it was not dependent upon belief in my name, but upon their faith in the Power of the Father and in the fact that He would confer upon them that Power. There was no virtue in my name or in me, as the individual, Jesus, but all virtue rested in the faith that they might have in the Father. I never performed any of the so-called miracles of my own self, but they were all performed by the Father, working through me; and just as He worked through me He would work through my disciples who should acquire the necessary faith

As I have told you before, all acts that are apparently miracles ark controlled by law just as are those things which you call the workings of nature, controlled by law, and when sufficient faith is acquired there comes to its possessor a knowledge of these laws; it may not be, as you would say, a knowledge, or consciousness that is perceptible to the ordinary senses of man, but perceptible to that inner sense, which is the one that enables men to comprehend the things of the spirit. And having this knowledge of the inner sense men may so control these laws that they will work those effects which seem to be contrary to the accustomed workings of the laws of nature.

Until my disciples had acquired this faith that brought to their inner sense this knowledge they could perform no miracle and do no work of phenomenon that other men could not do.

The Bible expression, that belief in my name is sufficient to cause the workings of miracles is all wrong, and I never said that such belief was what was required, neither did I say, «that whatsoever should be asked of the Father in my name would be given to men.»

I was not a part of the Godhead and I had not of myself any power, and neither did my name have any miraculous influence with the Father. I was a man as other men are men, only I had become filled with the Divine Love of the Father, which made me at one with Him, and, consequently, had that knowledge of His Love and laws that enabled me to bring into operation those laws that would cause the desired effects to appear as realities.

But belief in my name caused no working of these laws, or the response of the Father to any supplications. Prayer must be made to the Father in the name of truth, and to His Love and mercy. Every individual is dear to Him, and He is ready to bestow this Love upon every one who asks in faith and pure desire. And in response to the earnest prayer will come Love, and with it knowledge of things spiritual, and with this, power that may be used for the good of mankind.

My name is not a mediator between God and man, and neither is belief in one, the Jesus, a means to reach the responsive Soul of the Father. If men will understand my teachings of truth, and when they ask in my name mean that they ask in the name of these truths, then such askings will have its results -but so few men, when they pray to the Father in my name, have such intention or understanding.

Only a knowledge of the Truth of the Plan for men’s salvation will enable them to seek in the right way to obtain the Gift of the Father – and when I say knowledge of the Truth of the Plan, I do not mean that men shall understand all the minutiae of this Plan, and how one element or part of it may operate upon another, and what results may flow therefrom. But that knowledge must be sufficient in the beginning which shows to man that the Father is a God of Love, and that this Love may be obtained by man through earnest prayer for Its bestowal. This is all that is necessary, for the response that will follow will cause the New Birth, which when experienced by a man will place him in that unison with the Father, that will lead to a knowledge of the other Truths that form a part of the Plan of Salvation.

There is nothing else that will bring about this knowledge of that inner sense of which I write. A knowledge of the mind, except in conjunction with this inner knowledge can never bring about this necessary at-onement with the Father.

It often exists that a man will have this inner knowledge and at the same time have a knowledge of the mind which is wholly at variance with the truths of the plan for his salvation. And the mind of man, being a thing of wonderful power, can for a time retard the growth of the knowledge of the inner sense, or, as I will say, the soul sense. But only for a time, for at some time the soul sense will progress to that knowledge of the truth, so that the erroneous mind knowledge, will entirely disappear, and man will possess only the truth.

Of this erroneous mind knowledge, or, perhaps rather, conviction, is the belief that in my name, that is supplications made in my name, will bring about the realization of the desires of the supplicant. Also that in my blood, or in the power of the cross, or in my alleged vicarious atonement, the salvation of men can be obtained. If any name must be used in man’s supplication then use only the name of the Father, for His is a name high over all, and the only name in heaven or earth that can bring to man salvation and at-onement with His being.

And what I have said applies to many other declarations contained in the Bible, such as «he that believeth on the Lord Jesus Christ shall be saved.» «There is no other name under heaven whereby men can be saved» etc. This is the enunciation of a false doctrine and misleading to the great majority of mankind for they accept the declarations as literally true. Of course if it be interpreted as meaning that he that believeth on the truths that I teach, then the objection is not so great, but even then the declarations do not go far enough, for men may believe in these truths, and that belief may be a mere mental one, acquiesced in merely by the mind’s faculties, without any exercise at all of the soul sense. If to all these declarations shall be added the vital Truth, that «except a man be born again, he cannot enter into the Kingdom of Heaven,» and to this mental belief be added the soul’s faith, then the doctrines will be truly stated and men will understand what is necessary to salvation.

Belief and faith are not the same; one is of the mind, the other of the soul one can and does change as phenomena and apparent facts change, the other when truly possessed, never changes, for faith possessed by a soul causes all the longings and aspirations of that soul to become things of real existence -which like the house that is built upon the solid rock can never be shaken or destroyed.

I write thus to-night to show that the preacher in his sermon did not explain the true meaning of the text, and did not comprehend the truths that were intended to be conveyed of which the text was susceptible, though it did not set forth my expressions or in its literal interpretation declare the truth.

I will not write more now except to say, that I love you with a great love, and pray to the Father to bless you.

Believe in the Father and trust me for you will not be disappointed, and pray that this Divine Love of the Father shall come into your soul so that you shall know that you are an accepted son of the Father.

Keep up your courage and have faith that whatsoever things you shall ask the Father in the name of His Love and Truth shall be given to you. I am with you in all my love and care and you will not be forsaken.

So my dear brother, rest assured that I am
Your brother and friend,
JESUS.

Affirming That Jesus Wrote (Helen – Mrs. Padgett, Celestial Spirit) (24 Sep 1916)

I AM HERE. Your own true and loving Helen.

Well, my dear, you have had a wonderful message from the Master to-night, and you may study and understand it thoroughly, for it contains in it more truth than you may see on a cursory reading.

It is so contradictory to the beliefs of Christians and therefore so important, that a knowledge of its meaning to the fullest is desirable. So good-night.

Your own true and loving
HELEN.