[Últ. act.: 24 noviembre 2025]
Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español
─ Versión en inglés
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Introducción
─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga (de la versión mejorada 24 nov. 2025) // versión anterior no mejorada: enlace descarga
A continuación vamos a ver parte del apartado:
4) ¿Quién y qué es Dios?
Vemos el resto de los mensajes contenidos en este tema 4.
El tema es Dios.
La lectura de estos cuatro mensajes dura hasta el minuto 29:14 del audio rehecho (24 nov. 2025). Luego hay comentarios.
Los tres primeros mensajes los volvemos a ver tras un tiempo, pues antes ya hice el texto y el audio de estos mensajes (enlace). El último que vemos hoy, breve, de Jesús, no está en esa página.
Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:
Esto forma parte de un libro que es el primer volumen de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, Jesús de Nazaret.
Estos volúmenes fueron preparados o compartidos así por Divine Truth (entre otras personas).
El primer volumen incluye los siguientes temas y apartados (los 11 temas numerados sirven para organizar temáticamente los mensajes):
a) ─ Retrato de James E. Padgett
b) ─ Mi testimonio (por Leslie R. Stone)
c) ─ Foto espiritual de Mary Kennedy con su alma gemela, el Dr. Stone.
d) ─ La verdadera misión de Jesús
I. Jesús y su relación con Dios.
II. Dios y el alma humana.
III. El problema del pecado.
IV. Redención del pecado.
─ 1. Los mensajes
─ 2. Ámbitos celestiales
La oración
─ 3. Inmortalidad
─ 4. ¿Quién y qué es Dios? [estamos aquí: Vemos los siguientes mensajes en este apartado 4, completándolo]
─ 5. Espíritu Santo
─ 6. Resurrección
─ 7. El alma
─ 8. Perdón
─ 9. Expiación
─ 10. Infierno
─ 11. Expiación vicaria
─ Mensajes adicionales
Versión en español
4. ¿Quién y qué es Dios? (continuación)
¿Quién y qué es Dios? (Ann Rollins, espíritu celestial) (18 febrero 1916)
Estoy aquí, tu abuela.
Bien, hijo mío, vengo esta noche como te prometí, con el propósito de escribirte una carta, hablándote de cierta verdad espiritual que deseo que conozcas.
Ahora estoy en la tercera Esfera Celestial, como ya te dije, y estoy en una condición mucho más exaltada en mi conocimiento de las verdades espirituales de lo que nunca lo he estado, y que han abierto en mí una visión espiritual que aumenta mi comprensión de la verdad y de la cuestión de las disposiciones [provisions] del Padre para la felicidad y la salvación de Sus hijos.
Ahora sé más que nunca que Él es un Dios real de Amor, Poder y Sabiduría, y que la ira, tal como se enseña en la Biblia, no forma parte de Su naturaleza, y que Él tiene para Sus hijos, tanto en la tierra como en el mundo de los espíritus, sólo amor, solicitud y simpatía.
No es un Dios que esté lejos esperando la llegada del gran día del juicio para aprobar o condenar a sus hijos según las obras realizadas en la tierra, sino que está con todos los hombres y espíritus de manera que su influencia de amor y benevolencia pueda ser sentida por ellos, si se ponen en una condición de receptividad de alma tal que esa influencia pueda ser sentida, porque, como hemos dicho antes, la relación y la proximidad de Dios con el hombre dependen en gran medida de la voluntad y de los deseos del hombre mismo.
Dios no está, en lo que puede llamarse Su personalidad, con los hombres, como han enseñado los maestros de las religiones de las Biblias del mundo; y los hombres no viven, se mueven y tienen en Él su ser, como escribió San Pablo [ref.], pues Su personalidad tiene una ubicación que no está en todas partes sino en los Cielos elevados.
Sé que esto les parecerá sorprendente a muchas personas, ortodoxas o no, y que aparentemente les quita el consuelo de creer y sentir que Dios está con y en ellos; pero, sin embargo, lo que digo es cierto.
Él no está en ellos ni en la naturaleza, como dicen algunos de los científicos que creen en Dios. No está en cada flor, árbol u otra manifestación de Su creación. Y, en cuanto a Su personalidad, no es omnipresente, aunque Él tenga conocimiento de todas las cosas que Él ha creado, y digo «Él ha creado» porque hay algunas cosas que se muestran al hombre como parte de las realidades del universo, que Él no creó, sino que sólo el hombre las creó, y para estas cosas Él no tiene ningún amor y no aprueba ni favorece su existencia, y al final serán destruidas y borradas de la faz de Su universo.
Y cuando digo que Dios, en Su personalidad, no está en todas partes y no está con los hombres en todo momento formando parte de su ser, no quiero decir que se deba entender que no sea un Padre amoroso y vigilante que trata de hacerlos felices y salvarlos de los resultados de sus propias y numerosas malas acciones, pues tal inferencia no sería cierta.
Y aunque, como digo, Él no está con los hombres en esta personalidad, sin embargo sí está para con ellos, en el sentido y en la verdad de que Sus atributos de Amor, Sabiduría, Conocimiento y Poder están con ellos siempre. La vida emana de Dios, pero la vida no es Dios, es sólo uno de Sus atributos, conferido a los objetos de su creación para que puedan vivir, crecer y cumplir los designios de su [their] creación; y cuando ese propósito se ha cumplido, Él les retira este atributo de vida, y los hombres pueden darse cuenta de ese hecho.
Dios no ha dejado de ser, en Sí Mismo, una parte de ese objeto, pues nunca fue una parte de él, sino que simplemente este atributo ha dejado de ser una parte del objeto.
Dios es la fuente y el origen de toda vida, pero esa vida no es más que una de Sus criaturas, como decimos, al igual que el hombre u otras cosas que los mortales llaman materia.
El hombre no vive ni se mueve ni tiene su ser en Dios, sino meramente en los atributos de Dios. Por lo tanto, como ves, no es que todos estos atributos juntos constituyan a Dios, pues Él es una personalidad de la que fluyen todos estos atributos.
Sé que te resulta difícil comprender todo el sentido de lo que pretendo transmitir, pero puedes captar en cierto modo mi significado.
El amor es un atributo más grande incluso que la vida, pero el amor no es Dios, así como el amor no es el hombre, aunque sea su mayor posesión cuando existe en su pureza; y así como el hombre tiene muchos atributos que todos juntos no hacen al hombre, así Dios tiene muchos atributos que sin embargo son sólo partes de Su naturaleza y no son Él.
El hombre tiene un cuerpo físico y una mente y, sin embargo, éstos no constituyen el hombre, pues puede perder ambos y seguir siendo hombre o espíritu, es decir, el ego ─el alma que es el hombre real─, la personalidad; y todas las maravillosas partes del hombre ─como son la mente, los afectos, los deseos y la voluntad─ son meramente de él, y si se le privara de cualquiera de ellos, seguiría siendo hombre ─aunque no el hombre perfecto, como cuando todo ello está con él realizando su funcionamiento adecuado─.
Y el hombre está creado de tal manera que, a menos que tenga estas cualidades, que en su creación fueron hechas partes de él, y que fueron necesarias para hacer de él la criatura perfecta que era, aunque sigue siendo hombre, no es el hombre perfecto que Dios decretó que fuera; y hasta que estas cualidades sean completamente restauradas o recuperadas por él, no será el hombre que fue la mayor obra del Todopoderoso.
Y Dios no es Dios por tener estas cualidades, sino que estas cualidades existen porque son los atributos de Dios. Él nunca las pierde, ni se ocultan ni dejan de hacer su función, sino que siempre están existiendo y operando, y obedecen a Su ser.
Dios es Alma, y el Alma es Dios, y en esta alma tiene consistencia Su personalidad sin individualidad [consist without individuality], pero real y existente, y una vida desde la cual fluyen todos estos Atributos de Vida y Amor, etc., de los que he hablado. Dios es Espíritu, pero el espíritu no es Dios, sino sólo una de Sus Cualidades.
Escribo esto para darte una idea adicional de quién y qué es Dios, y para mostrarte que Él no está en el hombre ni el hombre tiene su ser en Dios. Y para mostrarte más a fondo que Dios no existe ni podría existir en el mismo lugar con aquellas cosas que no estén en consonancia con Su naturaleza y cualidades; y si Él estuviera en el hombre o el hombre en Él, entonces no existiría el pecado ni el error, ni las cosas que transgreden.
Debo parar ahora, pero vendré pronto para terminar mi mensaje.
Con todo mi amor, soy
tu abuela
¿Quién y qué es Dios? (continuación) (25 febrero 1916)
Estoy aquí, tu abuela
Vengo a reanudar mi discurso, si crees que estás en condiciones de recibirlo. Bueno, lo intentaremos, y si veo que no lo estás, me detendré para seguir en otro momento.
Como decía, en lo que se refiere a Su personalidad, Dios no está en el hombre ni en las cosas materiales, sino que en éstas simplemente se manifiestan aquellos atributos Suyos que los hombres suelen considerar como Dios.
Como he dicho, Dios no es el creador de todas las cosas que parecen tener una existencia, pues muchas cosas que controlan y gobiernan la conducta de los hombres son enteramente criaturas del hombre, y no están en armonía con las leyes de Dios o con Su voluntad. Y por lo tanto, cuando se comprende que en las almas y mentes de los hombres existe el mal que no está en armonía con las creaciones de Dios, fácilmente se puede ver que Dios no puede estar y no está en tales almas y mentes, ni están Sus atributos, porque, como se dice en las leyes de la filosofía física, dos cosas no pueden ocupar el mismo lugar al mismo tiempo, y así, en cuanto a la filosofía espiritual, podemos decir que dos cosas no pueden ocupar la misma alma o mente al mismo tiempo, especialmente cuando son antagónicas u opuestas entre sí en sus cualidades o fundamentos. Hasta que la una no desocupe su lugar, la otra no puede entrar, y esto es invariablemente cierto para las criaturas de Dios y las criaturas del hombre, pues siempre y en toda circunstancia son opuestas entre sí.
Pero debe ser entendido que, cuando hablo de las criaturas de Dios, no debe entenderse que incluya a Dios, porque Él, como Creador, es totalmente diferente de Sus criaturas; y aunque Sus criaturas o ciertos atributos pueden encontrar un alojamiento y morada en las almas de los hombres y en las mentes de los hombres, y en la existencia de las cosas materiales, sin embargo Él, Dios, nunca encuentra tal alojamiento, y nunca forma parte de tales existencias. Él es tan distinto de las criaturas, o mejor, de las emanaciones de Él, como los pensamientos y deseos del hombre son distintos del hombre mismo.
Dios está en Sus Cielos, y esos Cielos tienen una ubicación, así como las diferentes esferas del mundo espiritual ─en las cuales los espíritus tienen sus hogares─ tienen sus respectivas ubicaciones. Y Su ubicación [la de Dios] está mucho más allá de las más altas esferas celestiales conocidas por el más elevado espíritu, y hacia las cuales los espíritus siempre están progresando, y, a medida que progresan, entran más en contacto, y de forma más íntima, con estos atributos de Dios, que fluyen constantemente de Él.
Incluso Jesús, que, como sabéis, es el más brillante de todos los espíritus y el que posee más de estos atributos del Padre que cualquier otro espíritu, no ha visto nunca a Dios sino a través de la percepción del alma, ni se ha dado cuenta de que Dios esté en él o forme parte de él; y equivocados y engañados están los hombres cuando dicen o creen que Dios está en ellos o que en Él viven, se mueven y tienen su ser.
Si se cree que esto es cierto, entonces Dios sólo podría ser una especie de algo nebuloso, inconsistente, como el aire, y, como dicen muchos de los espiritualistas, una mera fuerza que impregna todo el universo, dividida en muchas e infinitesimales manifestaciones, que hoy se ve y se siente, pero que mañana no tiene existencia. Un algo menos sustancial que el hombre ─débil y poderoso a la vez─, una contradicción más allá de toda concepción o explicación.
Tal cosa no es Dios; pero todas estas manifestaciones no son más que la evidencia de la existencia de un Ser sustancial y, puedo decir, nunca variable, que existe por Sí Mismo, que no es una criatura de la mente del hombre o de las necesidades o deseos del hombre, sino el Creador de todo, incluso de estos sabios que no pueden concebir ningún Dios que no sea la naturaleza ─la mera criatura de Su ser y sabiduría y poder─.
La mente humana, cuando se la deja a sí misma, es decir, a su propia evolución ─como dicen vuestros científicos─, y no se ve influenciada por las revelaciones de las verdades espirituales o las sugerencias de espíritus que han avanzado en el conocimiento de las cosas más allá de lo material, no ha mejorado mucho desde los días en que vivían y morían los adoradores del sol, y los adoradores de los gatos sagrados, de los toros, de los elefantes, de las tormentas, de truenos y relámpagos. Dios estaba en todas estas manifestaciones, inmanente y real, para ser apaciguado o amado según la necesidad; y hoy, entre vuestras naciones civilizadas, y entre los sabios de estas naciones que no pueden ver a Dios en lo espiritual, es el conjunto de todas estas cosas materiales el Dios al que necesariamente han de adorar ─si es que siquiera adoran algo─.
La naturaleza es Dios para ellos, y ya veis que la única mejora ─si es que hay alguna─ que sus mentes tienen en comparación con las de los adoradores del Sol y de los animales, etc., que he mencionado, es que esas mentes no están satisfechas con ver a Dios en una sola manifestación, sino que debe haber una combinación de todas estas manifestaciones, que ellos llaman Naturaleza. Como veis, es sólo una diferencia de grado, y el científico de hoy que, aunque tenga su naturaleza espiritual, se niegue a aceptar o a creer en cualquier Dios, es exactamente el homólogo de aquel considerado como «hermano bárbaro» que sólo podía ver a Dios en el Sol, etc., en todo… salvo que el científico exige un Dios más grande, que debe estar tanto en la forma más baja de la existencia mineral como en la más alta de la excelencia solar, e incluso en el hombre, pues para algunos, el hombre es su propio y único Dios.
Y es cuestionable si estos sabios no están más limitados en su concepción y aceptación de un Dios, que los anteriores hermanos incivilizados, pues muchos de estos últimos veían más allá y detrás de su Dios Sol y su Dios de los truenos, etc., a otro Dios más grande que no podían ver, pero que podían sentir, y en sus almas se daban cuenta de su existencia.
Pero los sabios de las civilizaciones han desarrollado tanto sus intelectos que han perdido sus percepciones álmicas, y no puede existir ningún Dios más allá del horizonte de sus percepciones intelectuales, y, por tanto, como creen conocer la naturaleza ─la naturaleza en cuanto que toda la creación─, así, no puede haber otro Dios que la naturaleza.
Pero, ¡oh, terrible error!
Dios entonces, como he dicho, es un ser ─un alma─, con una personalidad, que tiene una ubicación en lo alto de los cielos, y hacia la cual todos los espíritus de las esferas Celestiales y muchos de las esferas espirituales se esfuerzan por acercarse cada vez más; y a medida que se acercan se dan cuenta y conocen el Amor, la Vida y la Luz crecientes que emanan del Manantial de estos Atributos de Perfección.
Y así, repito, Dios no está en el hombre ni en la bestia ni en la planta ni en el mineral, sino que sólo están Sus Atributos según la necesidad de su funcionamiento, y el hombre no vive ni se mueve ni tiene su ser en Dios.
Bien, hijo mío, te he dado, a mi manera imperfecta, alguna idea de Quién y Qué es Dios, y mi explicación es en sustancia el consenso del conocimiento de los espíritus Celestiales, cuyo conocimiento se basa en las verdades que ningún mortal ni todos los mortales combinados pueden aprender con sus mentes finitas.
Creo que has recibido mis ideas y palabras muy correctamente, y espero que las verdades que he escrito puedan resultar beneficiosas para toda la humanidad.
Me siento muy feliz y volveré pronto a escribirte otras verdades que pueden interesarte.
Ahora debo parar. Con todo mi amor y bendiciones, soy tu amorosa abuela,
Ann Rollins
Afirmación de que la abuela del sr. Padgett escribió el mensaje sobre «¿Quién y qué es Dios?» (John H. Padgett, padre del sr. J. E. Padgett) (25 febrero 1916)
Estoy aquí, tu padre.
He estado escuchando el mensaje de tu abuela y me interesó observar la forma en que lo recibiste, porque es una comunicación profunda e importante de la verdad, que no es generalmente reconocida por los mortales. Nosotros, en las esferas inferiores, por supuesto, no conocemos estas verdades tan extensamente como los espíritus de las Esferas Celestiales, pero he oído al Maestro hablar sobre el tema de Dios, y lo que tu abuela te escribió es, en resumen, lo que él nos ha explicado, pero, por supuesto, de una manera tal que nosotros podemos comprender mejor que tú, y en mayor medida, la verdad.
Hay una cosa que he observado en el caso de estos que se llaman científicos y que sólo creen en lo material, y también en el caso de los que se dicen infieles, cuando vienen a la vida espiritual, y es que se dan cuenta muy pronto de que hay o debe haber un Dios, y que su Dios de la naturaleza, o su Dios hecho por el hombre, no suple o satisface la expresión [word], si puedo decirlo así, que encuentran que existe aquí. Ellos, por supuesto, al comienzo no tienen una concepción de la naturaleza de Dios, pero sí reconocen muy pronto, después de venir, que hay un Dios distinto y diferente de lo que ellos concebían que era cuando tenían alguna concepción de Él en la tierra y cuando negaban que hubiera algún Dios, y pronto se dan cuenta de la absoluta necesidad de que haya uno. Y cuando habían hecho del hombre su propio Dios, ven a muchos espíritus de hombres en tales condiciones de oscuridad, sufrimiento y desamparo que se dan cuenta fácilmente de que el hombre no es Dios.
Por eso digo que la primera verdad que entra en su mente y en su alma cuando se convierten en espíritus es que hay un Dios, aunque no conozcan su naturaleza y sus atributos.
Así que, como ves, sólo hay un pequeño velo de carne entre la presuntuosa mente de los mortales, que proclama que no hay más Dios que la naturaleza ─o ningún Dios─ y la mente consciente de su debilidad y pequeñez, tal como existe en el mundo espiritual.
Pero debo dejar de escribir sobre este tema o pensarás que voy a darte un sermón, cosa que no pretendo hacer ahora.
Con todo mi amor, soy
tu amoroso padre,
John H. Padgett
‘Que Cristo esté en vosotros’, lo que esto significa (Jesús) (3 marzo 1918)
Aquí estoy, Jesús.
Deseo escribirte esta noche en referencia a de qué manera se da aquello de que, como aconseja el predicador, ‘Cristo esté en vosotros’.
Sé que entre los predicadores de la iglesia ortodoxa es casi universal enseñar a sus oyentes que el camino de la salvación consiste en conseguir que Cristo esté en ellos, y de ese modo estarán capacitados para llegar a la unidad con el Padre y dejarán de permanecer sujetos a los efectos del pecado y del mal. Pues bien, esta enseñanza es el verdadero fundamento de la salvación para los Ámbitos Celestiales, siempre que los predicadores y el pueblo comprendan cuál es el verdadero significado de ‘Cristo en ti’; y a menos que se comprenda este significado, el hecho de que el predicador o el pueblo puedan creer que tienen a Cristo en ellos no producirá los resultados que puedan suponer o desear.
Muchos, y puedo decir que la mayoría, de estos cristianos profesantes, tienen ideas acerca de lo que significa esta expresión para que pueda llegar a ser eficaz, pero que no están en concordancia con el verdadero significado de esta condición de alma. Creen que todo lo que se necesita es creer en Jesús como su salvador por su sacrificio y muerte, y que al creer esto tienen a Cristo en ellos, y que no se requiere nada más. No tienen noción de la distinción entre Jesús, el hombre, y Cristo, el espíritu de la verdad, o más correctamente, el espíritu que manifiesta la existencia del Amor Divino en el alma. Cristo no es un hombre en el sentido de que sea Jesús, el hijo del Padre, sino que Cristo es aquella parte de Jesús, o más bien, aquella cualidad que le vino después de recibir plenamente en su alma el Amor Divino y ser transformado en la Esencia misma del Padre en Su Amor. Por lo tanto, Cristo no es un hombre, sino la manifestación de este Amor, tal como fue otorgado a Jesús y hecho parte de su existencia misma. Y cuando los hombres usan la expresión ‘tener a Cristo en ti’, si pudieran entender correctamente el verdadero significado de la misma, reconocerían que tal expresión sólo significa que el Amor Divino del Padre está en sus almas.
El uso indiscriminado de las palabras ‘Jesús y Cristo’ es la causa de muchos malentendidos entre estos cristianos en cuanto a varios de los dichos de la Biblia.
Jesús se convirtió en el Cristo sólo porque fue el primero en recibir en su alma este Amor Divino y en manifestar su existencia, y este principio crístico es el que todos los hombres pueden poseer, con el resultado de que llegarán a ser uno con el Padre en Su sustancia de Amor e Inmortalidad.
Sería imposible para Jesús, el hombre, entrar o convertirse en parte de cualquier mortal, y sería igualmente imposible para Cristo, como el hombre Jesús, aunque perfecto y libre de pecado, convertirse en parte de alguien.
No, el significado de tener a Cristo en ti es tener este Amor del Padre en tu alma, que sólo puede obtenerse a través de la obra del Espíritu Santo en cuanto que instrumento del Padre para traer este Amor al alma.
Para muchos que oyen las exhortaciones de los predicadores en este particular, la expresión es sólo un misterio, que aceptan meramente de manera intelectual, y sienten que mediante tal aceptación tienen la posesión de este Cristo, que es la única evidencia de la verdad del amor del Padre.
Buenas noches;
Tu amigo y hermano,
Jesús
Versión en inglés
Who and What is God? (Ann Rollins – Celestial Spirit) (18 Feb 1916)
I am here, Your Grandmother.
Well, my son, I come to-night, as I promised, for the purpose of writing you a letter, telling you of a certain spiritual truth that I desire you to know.
I am now in the third Celestial Sphere, as I already told you, and am in a much more exalted condition in my knowledge of spiritual truths that I have ever been, and have opened up to me a spiritual view that increases my understanding of truth and of the question of the Father’s provisions for the happiness and salvation of His children.
I know now more than ever that He is a real existing God of Love and Power and Wisdom, and that wrath, such as is taught in the Bible, is no part of His nature, and that He has for His children on earth as well as in the spirit world, only love and solicitude and sympathy.
He is not a God that is afar off waiting for the arrival of the great judgment day, in order to approve or condemn His children according to the deeds done on earth, but He is with all men and spirits in a way that His influence of love and beneficence may be felt by them, if they will only place themselves in that condition of receptivity of soul that such influence may be felt, for, as we have before said, the relationship and nearness of God to man depends, to a very large extent, upon the will and desires of man, himself.
God is not, in what may be called His personality, with men as has been taught by the teachers of the religions of the Bibles of the world, and men do not live, move and have in Him their being, as Saint Paul wrote, for His personality has a location which is not everywhere but in the high Heavens.
I know that this will appear startling to many persons, orthodox and otherwise, and that it apparently takes from them the consolation of believing and feeling that God is with and in them; but, nevertheless, what I say is true.
He is not in them or in nature as some of the scientists who believe in God, say. He is not in every flower or tree or other manifestation of His creation. And, as regards His personality, is not omnipresent, though He has a knowledge of all things which He created, I say which He has created, for there are some things which appear to man as a part of the realities of the universe, which He did not create, but which man alone created, and for these things has no love and does not approve of or favor their existence, and in the end they will be destroyed from the face of His universe.
And when I say that God, in His personality, is not everywhere and not with men at all times forming a part of their being, I do not mean that it shall be understood that He is not the loving watchful Father, trying to make them happy and save them from the results of their own many wrong doings, for such inference would not be true.
And while, as I say, He is not with men in this personality, yet He is with them in the sense and truth, that His attributes of Love and Wisdom and Knowledge and Power are with them always. Life emanates from God, but life is not God, it is only one of His attributes conferred upon the objects of His creation, that they may live and grow and fulfill the designs of their creation; and when that purpose has been accomplished, He withdraws from them this attribute of life, and men can realize that fact.
God has not, Himself, ceased to be a part of that object, for He never was a part of it, but only this attribute has ceased to be a part of the object.
God is the source and origin of all life, but that life is merely one of His creatures, as we say, as is man or other things which mortals call matter.
Man does not live and move and have his being in God, but merely in the attributes of God. So you see not all these attributes together constitute God, for He is a personality from which all these attributes flow.
I know that it is difficult for you to comprehend the full purport of what I intend to convey, but you may in a way grasp my meaning.
Love is a greater attribute than even life, but love is not God, just as love is not man, though it is his greatest possession when it exists in its purity; and as man has many attributes which all together do not make the man, so God has many, and yet they are only parts of His nature and not He.
Man has a physical body and a mind and yet, they do not constitute man, for he may lose them both and still be man, or spirit – that is, the ego – the soul is the real man – the personality – and all the wonderful parts of man, such as the mind and affections and desires and will are merely of him, and if he were deprived of any of them, he would still be man – though not the perfect man as when they are all with him performing their proper functioning’s.
And man is so created that, unless he has these qualities, which in his creation were made parts of him, and which were necessary to make him the perfect creature that he was, while he is still man, yet he is not the perfect man that God decreed him to be; and until these qualities are fully restored or regained by him he will not be the man that was the greatest handiwork of the Almighty.
And God is not God by reason of having these qualities, but these qualities exist, because they are the attributes of God. He never loses them, nor do they become hidden or cease to do their functioning, but always are they existing and working and obedient to His being.
God is Soul, and Soul is God, and in this soul does his personality consist without individuality, but real and existing – and life from which flow all these Attributes of Life and Love, etc., of which I have spoken. God is Spirit, but spirit is not God, only one of His Qualities.
I write this to give you some additional conception of who and what God is, and to show you that He is not in man nor does man have his being in God. To further show you that God does not and could not exist in the same place with those things which are not in accord with His nature and qualities; and were He in man or man in Him then no sin or error or things which violate, would exist.
I must stop now, but will come soon to finish my message.
With all my love, I am Your Grandmother.
(ANN ROLLINS)
Who and What is God – Continued (25 Feb 1916)
I am here, Your Grandmother
I come to resume my discourse if you think that you are in condition to receive the same. Well we will try, and if I find that you are not, I will stop until later.
As I was saying, God is not in man or material things as regards His personality, but only those attributes of His, which men generally consider to be God, are manifested in the material things.
As I have said, God is not the creator of all things that appear to have an existence, for many things which control and govern the conduct of men are entirely the creatures of man, and are not in harmony with the laws of God or with His will. And hence, when it is realized that there exists in the souls and minds of men evil that are not in harmony with God’s creations, you can readily see that God cannot be and is not in such souls and minds, nor are His attributes, because, as is said in the laws of physical philosophy, two things cannot occupy the same place at the same time, so we may say as regards spiritual philosophy two things cannot occupy the same soul or mind at the same time, especially when they be antagonistic or opposed to each other in their qualities or fundamentals. Until the one vacates its occupancy the other cannot come in, and this is invariably true of the creatures of God and the creatures of man, for they are always and under all circumstances opposed to each other.
But it must be understood that when I speak of the creatures of God my meaning must not be taken as including God, for He as the Creator is altogether different from His creatures; and while His creatures or certain attributes may find a lodgment and habitation in the souls of men and the minds of men and in the existence of material things, yet He, God, never finds such lodgment, and is never a part of such existences. He is as distinct from the creatures, or better probably, emanations of His, as are the thoughts and desires of man distinct from the man himself.
God is in His Heavens, and those Heavens have a locality, just as the different spheres of the spirit world, in which spirits have their homes, have localities; and His locality is way beyond the highest Celestial spheres known to the highest spirit, and towards which spirits are always progressing, and as they progress, the more and closer they come in contact with these Attributes of God, which are constantly flowing from Him.
Even Jesus, who, as you know, is the brightest of all the spirits and the one possessing more of these attributes of the Father than any other spirit, has never seen God except through the soul perception, nor ever realized that God is in him or forms a part of him; and mistaken and deceived are men when they say or believe that God is in them or that in Him they live and move and have their being.
To believe this as true, God can only be a kind of nebulous something – inconsistent as the air – and, as many of the spiritualists say, merely a force permeating the whole universe, divided into many and infinitesimal manifestations, seen and felt today and tomorrow having no existence. A something less substantial than man – weak at once and powerful at the same time – a contradiction beyond conception or explanation.
Such is not God; but all these manifestations are merely evidence of the existence of a substantial and, I may say, never varying, Self Existing Being, who is not the creature of man’s mind or of man’s necessities or desires, but the Creator of all, even of these wise men who cannot conceive of any God, but nature, the mere creature of His being and wisdom and power.
The human mind, when left to itself, that is to its own evolution as your scientists say, and not influenced by the revelations of spiritual truths or the suggestions of spirits who have advanced in knowledge of things beyond the material, has not improved much since the days when they lived and died the sun worshipers, and the worshipers of the sacred cats, and bulls and elephants, and of the storms, and thunders and lightning’s. God was in all these manifestations, immanent and real, to be appeased or loved as necessity required; and today among your civilized nations, and the wise men of these nations, who can see no God in the spiritual, the aggregate of all these material things is the God, which they must worship, if they worship at all.
Nature is God to them, and you see, that the only improvement, if any there be, that their minds have over the minds of the worshipers of the Sun and in animals etc., that I have mentioned, is that those minds are not satisfied to see God in a single manifestation, but there must be a combination of all these manifestations, which they call Nature. You see, it is only a difference in degree, and the scientist of today who refuses to accept or believe in any God, who may be of a spiritual nature, is exactly the counterpart of his so-called barbarian brother who could see Him only in the Sun, etc., in everything, except that he demands a larger God, who must be in the lowest form of mineral existence as well as in the highest form of solar excellence and even in man, for with some, man is his own and only God.
And it is questionable whether these wise men are not more limited in their conception and acceptance of a God, than were the earlier uncivilized brothers, because many of the latter saw beyond and behind their Sun God and God of thunders, etc., another and greater God whom they could not see, but could feel and in their souls realized His existence.
But the wise men of civilizations have so evolved their intellects that they have lost their soul perceptions, and no God beyond the horizon of their intellectual perceptions can exist, and, hence, as they think they know nature, nature as all of the creation, and there can be no other God than nature.
But, Oh, the terrible mistake!
God then, as I have said, is a being – a soul – with a personality that has a location, high up in the heavens, towards whom all spirits of the Celestial and many of the spiritual spheres are striving to approach in greater and greater nearness; and as they approach they realize and know the increased Love and Life and Light that emanates from the Fountainhead of these Attributes of Perfection.
And so I repeat, God is not in man or beast or plant or mineral, but only are His Attributes as he sees the necessity for their workings, and man does not live and move and have his being in God.
Well, my son, I have in my imperfect way, given you some idea of Who and What God is, and my explanation is in substance the consensus of the knowledge of the Celestial spirits, whose knowledge is based upon the truths that no mortal or all the mortals combined can possibly learn with their finite minds.
I think that you have received my ideas and words quite correctly, and I hope the truths which I have written may prove beneficial to all mankind.
I am very happy and will come again soon, and write you some other truths, which may interest you.
I must stop now.
With all my love and blessings,
I am Your own loving Grandmother,
ANN ROLLINS
Affirmation that Mr. Padgett’s grandmother wrote the message on «Who and What is God?» (John H. Padgett – Father of Mr. J. E. Padgett) (25 Feb 1916)
I am here, Your Father
I have been listening to your grandmother’s message and was interested in observing the way in which you received it, for it is a deep and important communication of truth that is not generally known to mortals. We in the lower spheres, of course, do not know these truths so extensively as do the spirits of the Celestial Spheres, but I have heard the Master discourse on the subject of God, and what your grandmother wrote you is, in short, what he has explained to us, but of course, in a way that we could better and to a greater extent comprehend the truth than can you.
There is one thing that I have observed in the case of these, who are called scientists and who believe only the material, and also in the case of those who claim to be infidels, when they come into spirit life, and that is, that very soon they realize that there is or must be a God, and that their God of nature, or their man-made God, does not supply the word, if I may thus express it, which they find to exist here. They, of course, do not get a conception of the nature of God in the beginning, but they know very soon after they come over that there is a God other and different from what they conceived Him to be when they had any conception of Him on earth and when they denied that there was any God, and they soon realize the absolute necessity for there being one. And when they had made man his own God, they see many spirits of men in such conditions of darkness and suffering and helplessness that they readily realize that man is not God.
So I say, the first truth that enter their mind and souls when they become spirits is that there is a God, although they do not know His nature and attributes.
So you see there is only one little veil of flesh between the vaunted mind of mortals that proclaim there is no God but nature or no God at all, and the mind conscious of its weakness and littleness as it exists in the spirit world.
But I must stop writing on this subject or you will think that I am going to write you a lecture, which I don’t intend to do now.
With all my love, I am
Your loving father,
JOHN H. PADGETT
Christ may be in you – what it means (Jesus) (3 Mar 1918)
I am here, Jesus.
I desire tonight to write you in reference to the way in which, as the preacher advises, «Christ may be in you.»
I know that it is almost universal among preachers of the orthodox church to teach their hearers that the way to salvation is to get Christ in them and thereby they will be enabled to come into unity with the Father, and cease to remain subject to the effects of sin and evil. Well this teaching is the true foundation of salvation for the Celestial Heavens, provided it be understood by the preachers and the people what the true meaning of «Christ in you» is, and unless this meaning be comprehended the fact that preacher or people may believe that they have Christ in them will not work the results that they may suppose or desire.
Many, and l may say the most, of these professing Christians, have ideas of what this expression means in order to become effective, that are not in accord with the true meaning of this condition of the soul. They believe that all that is necessary is to believe on Jesus as their saviour by his sacrifice and death and that in so believing they have Christ in them, and that nothing else is required. They have no conception of the distinction between Jesus, the man, and Christ, the spirit of truth, or more correctly, the spirit that manifests the existence of the Divine Love in the soul.
Christ is not a man in the sense that he is Jesus the son of the Father, but Christ is that part of Jesus, or rather quality that came to him after he fully received into his soul the Divine Love, and was transformed into the very Essence of the Father in His Love. Christ is thus, not a man but is the manifestation of this Love as bestowed upon Jesus, and made part of his very existence. And when men use the expression, having Christ in you, if they could correctly understand the true purport of the same, they would know that it, the expression, means only that the Divine Love of the Father is in their souls.
The indiscriminate use of the words, «Jesus and Christ,» is the cause of much misunderstanding among these Christians as to a number of the sayings of the Bible.
Jesus became the Christ only because he was the first to receive into his soul this Divine Love and to manifest its existence, and this Christ principle is one that all men may possess, with the result that they will become at one with the Father in His substance of Love and Immortality.
It would be impossible for Jesus, the man, to get into or become a part of any mortal, and it would be equally as impossible for Christ, as the man Jesus, even though perfect and free from sin, to become a part of anyone.
No, the meaning of having Christ in you is to have this Love of the Father in your soul, which can only be obtained through the working of the Holy Spirit as the instrument of the Father in bringing this Love into the soul.
To many who hear the preachers’ exhortations in this particular, the expression is only a mystery, which they accept merely intellectually, and feel that by such acceptance they have the possession of this Christ, which is the only evidence of the truth of the Father’s love.
Good-night.
Your friend and brother,
JESUS