Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español
─ Versión en inglés
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Introducción
─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
A continuación vamos a ver parte del apartado:
5) El Espíritu Santo
Vemos los dos primeros mensajes contenidos en el tema 5.
El tema es el «Espíritu Santo», y vemos por ejemplo la distinción esencial entre «Espíritu de Dios» y «Espíritu Santo».
Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:
Forma parte de un libro que es el primer volumen de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, Jesús de Nazaret.
Estos volúmenes fueron preparados o compartidos así por Divine Truth (entre otras personas).
El primer volumen incluye los siguientes temas y apartados (los 11 temas numerados sirven para organizar temáticamente los mensajes):
a) ─ Retrato de James E. Padgett
b) ─ Mi testimonio (por Leslie R. Stone)
c) ─ Foto espiritual de Mary Kennedy con su alma gemela, el Dr. Stone.
d) ─ La verdadera misión de Jesús
I. Jesús y su relación con Dios.
II. Dios y el alma humana.
III. El problema del pecado.
IV. Redención del pecado.
─ 1. Los mensajes
─ 2. Ámbitos celestiales
La oración
─ 3. Inmortalidad
─ 4. ¿Quién y qué es Dios?
─ 5. Espíritu Santo [estamos aquí: Vemos los primeros dos mensajes en este apartado 5]
─ 6. Resurrección
─ 7. El alma
─ 8. Perdón
─ 9. Expiación
─ 10. Infierno
─ 11. Expiación vicaria
e) ─ Mensajes adicionales
Versión en español
5. El Espíritu Santo
Muchos que creen haber recibido el bautismo del Espiritu Santo sólo han avanzado en el amor natural y no en el Amor Divino. Diferencia entre el Espíritu de Dios y el Espíritu Santo (Jesús) (10 mayo 1920)
Permíteme escribir brevemente sobre un tema que será de interés para ti y para quienes lean mis mensajes.
De lo que deseo escribir esta noche es acerca de la condición de aquellos que piensan que han recibido el influjo o bautismo del Espíritu Santo, cuando el hecho es que sólo han recibido el avance en la purificación de su amor natural y una armonía con las leyes de su creación, lo cual les hace creer que lo que experimentan debe ser el resultado de un otorgamiento del Amor que el Espíritu Santo trae a los mortales. En este error caen muchos humanos; y en la satisfacción, o más bien felicidad, que les produce su experiencia, derivada de tal aumento de la armonía, creen plenamente que es el Espíritu Santo lo que ha tomado posesión de sus almas y ha causado la felicidad. Pero al llegar a esta conclusión se engañan a sí mismos, y cuando lleguen a un despertar en la vida espiritual se van a dar cuenta de su error.
El Espíritu Santo es aquella parte del Espíritu de Dios que manifiesta Su presencia y cuidado al transmitir a las almas de los hombres Su Amor Divino. Este Amor es la más elevada, grande y santa de Sus posesiones, y sólo puede ser transmitido a los hombres por el Espíritu Santo; y este apelativo se usa en contraposición con el mero espíritu, que demuestra a los hombres la operación del Alma de Dios en otras direcciones y con otros propósitos. Su espíritu creador, y Su espíritu cuidador, y el espíritu que hace efectivas sus leyes y designios en el gobierno del universo, no son el Espíritu Santo, aunque formen igualmente parte del Alma de Dios y sean igualmente necesarios para las manifestaciones de Sus poderes y el ejercicio de las energías de Su Alma. Éstas se ocupan de las cosas del universo que no tienen interrelación con el Alma de Dios y las almas de los hombres, y siempre que se hable del Espíritu Santo debería significarse sólo aquella parte del Espíritu de Dios que transforma las almas de los hombres en la Sustancia del Alma de Dios en su Cualidad de Amor.
Oí al predicador hablar el domingo por la noche sobre la obra del Espíritu Santo tal como se describe en el contenido del Nuevo Testamento, y vi que sus conclusiones a partir de tal contenido eran totalmente erróneas y alejadas de la verdad. Como dijo, los efectos de las obras del Espíritu Santo se muestran de más de una manera, y no todos aquellos a quienes se les otorga están llenos de los mismos poderes para mostrar su presencia y posesión. Ahora bien, en todas estas evidencias de su existencia en las experiencias dadas, debe entenderse que está limitado en sus operaciones a aquellas condiciones y manifestaciones que tienen su fuente en el Amor Divino del Padre, que fue otorgado a la humanidad en mi venida en la carne, y que aquellas evidencias de existencia que no tengan relación con este Amor no son evidencias de la presencia del Espíritu Santo. Como se menciona en el Nuevo Testamento, cuando fue otorgado a mis discípulos en Pentecostés, vino como con el sonido de un viento impetuoso ─lo que ya se te ha explicado─ que sacudió la habitación en la que estaban reunidos los discípulos y los llenó con sus poderes, lo que sólo significa que este Amor Divino entró en sus almas en tal abundancia que fueron sacudidos en sus almas hasta tal punto que pensaron que el edificio en el que estaban reunidos se vio perturbado. Pero en esto estaban equivocados, porque el efecto de la presencia del Espíritu Santo no es afectar las cosas de la naturaleza inanimada, sino que se limita a las almas de los hombres.
Y el predicador debe saber que aunque los hombres estén dotados de poderes para realizar las cosas mentales o materiales de su vida, no por ello están necesariamente dotados del Espíritu Santo. Mucha de la sanación física de los mortales es causada por poderes que son otorgados a los hombres, o por algunos hombres que no están conectados con el Espíritu Santo ni proceden a partir del Espíritu Santo. Los hombres recordarán que el Antiguo Testamento está lleno de ejemplos donde los hombres eran sanados de sus enfermedades y se realizaban otras cosas maravillosas en una época en la cual el Espíritu Santo estaba excluido de la posesión del hombre. Sin embargo, estas maravillas ─tal como se consideraban entonces─ fueron realizadas por hombres que afirmaban estar dotados del Espíritu de Dios, que está obrando para el bien y la felicidad de la humanidad, y que continuará así obrando hasta que los hombres lleguen a estar en armonía consigo mismos tal como fueron creados por primera vez.
Comprendo el objetivo del predicador al intentar mostrar y convencer a sus oyentes de que, no porque ellos no tengan esos poderes que la Biblia describe como poseídos por mis discípulos después del otorgamiento del Espíritu Santo, deben creer y concluir que ellos, sus oyentes, no tienen esta bendición. Sus intenciones y esfuerzos eran encomiables, y surgieron del deseo de que sus oyentes no se desanimen y decepcionen en sus esfuerzos por obtener la afluencia de Amor que el Espíritu Santo trae a los hombres; pero, por otro lado, sus enseñanzas eran peligrosas y engañosas para dichos oyentes, pues la consecuencia natural de tal enseñanza es llevar a los hombres a la creencia o persuasión de que poseen este poder y Confortador ─cuando no es así─, y de ese modo evitar que busquen y obtengan este Confortador de la única manera en que se puede obtener. El Espíritu Santo fundamentalmente no tiene nada que ver con grandes logros mentales o físicos, y decir que, si un hombre es un gran inventor, filósofo o cirujano que hace cosas sin saber de dónde le viene la inspiración o la sugestión para hacerlas, entonces, él está poseído del Espíritu Santo, es del todo equivocado y engañoso.
Todas las cosas, mediata o inmediatamente, tienen su existencia, operación y crecimiento en el Espíritu de Dios, y sólo en ese Espíritu; y ese Espíritu se evidencia de muchas y variadas maneras en la experiencia de los hombres; y de ahí que los hombres digan que viven, se mueven y tienen su ser en Dios, queriendo decir sencillamente que viven y se mueven y tienen su ser en el Espíritu de Dios. Este Espíritu es la fuente de la vida y de la luz, y de la salud y de otras numerosas bendiciones que los hombres poseen y disfrutan ─tanto el pecador como el santo, el pobre como el rico, el ignorante como el ilustrado y educado─, y todos y cada uno dependen de este Espíritu para su existencia y su consuelo [comfort]. Este es el Espíritu que todos los hombres poseen en mayor o menor grado, y el brillante predicador, maestro u orador, que posee este Espíritu en mayor grado que su hermano menos favorecido, depende del mismo Espíritu. Es universal en su existencia y funcionamiento, es omnipresente, y puede ser adquirido por todos los hombres en este sentido en la medida en que la receptividad mental de ellos se lo permita. Y esto demuestra aún más el hecho de que Dios, a través y por medio de este Espíritu, está siempre con los hombres, tanto en los más bajos infiernos como en los más altos cielos del hombre perfecto. Está obrando continuamente, sin cesar, y siempre a la llamada de los hombres, sea esa llamada mental o espiritual. Es lo que controla el universo, del cual la tierra del hombre es una parte infinitesimal. Es el Espíritu de Dios.
Pero el Espíritu Santo, aunque es una parte del Espíritu de Dios, es algo tan distintivo como el alma del hombre es distintiva en relación a todas las demás creaciones de Dios: es la parte del Espíritu de Dios que tiene que ver con la relación entre el Alma de Dios y el alma del hombre, exclusivamente.
El tema de Su operación es el Amor Divino del Alma del Padre, y el objeto de Sus trabajos es el alma del hombre, y la gran meta a alcanzar por Sus operaciones es la transformación del alma del hombre en la Sustancia del Amor del Padre, con la Inmortalidad como acompañamiento necesario. Este es el gran milagro del universo; y tan elevada, sagrada y misericordiosa es tal transformación, que llamamos Espíritu Santo a la parte del Espíritu de Dios que así obra.
Por lo tanto, que los maestros o predicadores no enseñen, ni que sus oyentes crean que cada parte del Espíritu de Dios que opera sobre el corazón, los pensamientos y sentimientos del hombre es el Espíritu Santo, pues no es verdad. Su misión es la salvación de los hombres, en el sentido de llevarlos a esa armonía con Dios, de modo que las propias almas de los hombres lleguen a ser una parte del Alma de Dios en sustancia, y no meramente en imagen, y sin esta obra del Espíritu Santo los hombres no pueden llegar a estar en una tal unión.
Te he escrito antes sobre cómo actúa este Espíritu Santo y la manera en que puede traer a los hombres el Amor Divino del Padre, y lo que es necesario para su afluencia. La manera descrita es la única manera, y los hombres no deben creer y descansar en la seguridad de tal creencia, la de que toda obra del Espíritu de Dios sería obra del Espíritu Santo.
A menos que un hombre nazca de nuevo no puede entrar en el Reino de Dios, y tal logro es sólo posible por la obra del Espíritu Santo.
Oh, predicador, sobre quien recae una gran responsabilidad, aprende la verdad y luego guía a los hombres por el camino de la salvación.
No escribiré más ahora, sino que vendré de nuevo y daré otro mensaje.
Cree que te amo y soy
tu amigo y hermano,
Jesús
El misterio de la Deidad. Tres en Uno es un mito. No hay misterio que los hombres no deban conocer (San Lucas – del Nuevo Testamento) (5 noviembre 1916)
Estoy aquí, San Lucas.
Vengo esta noche a escribirte un mensaje sobre la verdad acerca de qué es el Espíritu Santo.
Sé que los ortodoxos generalmente lo consideran y lo clasifican como una parte de la Deidad, siendo uno con Dios y el igual de Dios, el Padre, y no meramente una manifestación del Padre, como espíritu: y por lo tanto, necesariamente idéntico con el Padre, aunque teniendo una personalidad diferente y distinta.
En esta creencia y en esta clasificación está incluido Jesús, que tiene una personalidad distinta.
Los predicadores ortodoxos y los escritores teológicos enseñan que es un hecho que estos tres son uno, co-iguales y existentes, y que ese hecho es el gran misterio de Dios, y que los hombres no deben tratar de desentrañar el misterio, porque las cosas sagradas de Dios son Suyas, y a los hombres no les es lícito entrar en estos secretos.
Pues bien, esta declaración y admonición son muy sensatas en cuanto a la sabiduría de los hombres, y salva a los expositores de estas doctrinas de misterio de intentar explicar lo que no pueden explicar, pues es imposible para ellos desentrañar lo que, como hecho, no tiene existencia.
Los hombres de pensamiento de todas las épocas han tratado de entender este gran misterio ─como lo llamaron─ y no han tenido éxito, y como los primeros padres se encontraron con la misma derrota en sus esfuerzos por comprender el misterio, y, a continuación, debido a tal derrota, declararon la explicación de la doctrina como un secreto de Dios en el que los hombres no debían indagar, así, todos los demás investigadores de la Iglesia, cuando se convencieron de la inutilidad de la búsqueda, adoptaron la admonición de los antiguos padres de que el secreto de Dios no debía ser indagado, pues sólo a Él pertenecía, y tanto el hombre pecador como el redimido debían también respetar el secreto de Dios.
Y así, desde el principio de la iglesia establecida, tras la muerte de Jesús y sus apóstoles, fue declarada esta doctrina de la trinidad ─uno en tres y tres en uno, y no obstante sólo uno─, y fue hecha la piedra fundamental vital de la existencia de su iglesia visible. Por supuesto, de vez en cuando, surgieron hombres, también en la iglesia [… there arose men, both in the church, who, having more…], que, teniendo más iluminación que sus hermanos en la iglesia, intentaron refutar la verdad de la doctrina, y declararon y mantuvieron que sólo había un Dios, el Padre.
Pero estaban en minoría, y al no actuar con los más poderosos, sus puntos de vista fueron rechazados; y el misterio se convirtió en el símbolo sagrado de la verdad de la iglesia, inexplicable, y por lo tanto más cierto y con derecho a más credibilidad. Y parece ser una tendencia de las mentes de los hombres ─o al menos de aquellos que creen en la Biblia como la palabra inspirada de Dios─ el acoger y alentar como más maravillosas, importantes y más dignas de aprecio aquellas cosas que tienen sabor a misterio, en lugar de aquellas que un hombre puede leer y entender a su antojo.
En ninguna parte, ni siquiera en la Biblia, hay algún dicho de Jesús en el sentido de que Dios sea tripartito, consistente en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; y, de hecho, Jesús nunca enseñó tal doctrina cuando estuvo en la tierra, sino sólo esto: que el Padre es Dios y el único Dios, y que él, Jesús, es su hijo y las primicias de la resurrección de entre los muertos, y que el Espíritu Santo es el mensajero de Dios para transmitir el Amor Divino, y como tal, el confortador.
Sé que en algunos de los Evangelios, tal como están contenidos ahora en la Biblia y adoptados como canónicos, se dice, en efecto, que la Divinidad consiste en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo ─y que estos tres son uno solo─, pero tales Evangelios no contienen la verdad a este respecto y no son los mismos Evangelios que se escribieron originalmente. A estos Evangelios originales se les han añadido y quitado cosas con el paso de los años y en las copias y repeticiones que tuvieron lugar antes de la adopción de los mismos.
Ellos, los adoptados, fueron compilados a partir de muchos escritos, y como los compiladores en aquellos primeros tiempos diferían en sus opiniones tal como ahora lo hacen los hombres con respecto a las verdades religiosas, el más poderoso de ellos que tenía autoridad para declarar lo que debiera ser aceptado de acuerdo con sus interpretaciones de los manuscritos que estaban siendo copiados, ordenó que las copias se hicieran de acuerdo a sus ideas, y, puedo decir, sus deseos, y anunció y presentó tales producciones como copias fieles de los originales. Y a medida que tales copias se iban haciendo sucesivamente, las anteriores se iban destruyendo, y de ahí que los primeros manuscritos existentes de estos Evangelios surgieron muchos años después de que fueran escritos y destruidos aquellos originales de los que se afirmaba que habían sido compilados.
Y yo, Lucas, que sí escribí un evangelio y que conozco el evangelio actual que se me atribuye, digo que contenidas en él hay muchas cosas y declaraciones vitales que nunca escribí y que no son verdaderas; y muchas verdades que sí escribí no están contenidas en él ─y así con los demás evangelios─.
En ninguno de nuestros Evangelios apareció el misterio de la Deidad [Godhead], y eso por la razón de que no había, ni hay, ni enseñamos que hubiera ninguna Deidad compuesta de tres personalidades. Sólo un Dios, el Padre. Jesús era un hijo del hombre en el sentido natural, y un hijo de Dios en el sentido espiritual, pero no era Dios ni una parte de Dios en ningún sentido, excepto en que poseía el Amor Divino del Padre, y en ese sentido era una parte de Su Esencia. El Espíritu Santo no era Dios, sino meramente Su instrumento ─un Espíritu─, el Espíritu Santo.
Como se te ha informado, el alma del hombre existía antes de la creación del hombre en la carne, y era la única parte del hombre que fue hecha a imagen de Dios. Existía en este estado prístino sin individualidad, aunque con personalidad, y se asemejaba a la Gran Alma del Todopoderoso, cuya Alma es Dios mismo; aunque el alma que le fue dada al hombre no era parte de la Gran Alma, sino meramente una semejanza de ella.
Algunos de vosotros, mortales, habéis dicho que el alma del hombre es una parte de la «Superalma», queriendo decir, del Alma de Dios, pero esto no es verdad, y si en alguna de nuestras comunicaciones se ha dicho que el alma del hombre es una parte del Alma de Dios ─y me refiero a mientras existía antes de su encarnación─ nuestro dicho no debe interpretarse así.
El ego de Dios, como puede decirse, es el Alma, y de esta Alma emanan todos los atributos manifestados de Dios, tales como el poder, la sabiduría y el amor, pero no los celos ni la ira ni el odio, como han dicho algunos escritores de la Biblia, pues Él no posee tales atributos.
El ego del hombre es el alma, y en su pureza y perfección creadas, de su alma emanaron todos los atributos manifestados que le pertenecen, como el poder, el amor y la sabiduría; y ni los celos ni el odio ni la ira eran atributos suyos antes de su caída.
Se dice que el hombre está compuesto de cuerpo, alma y espíritu, y esto es cierto. Por la experiencia de tu vida sabes lo que es el cuerpo, y yo te he dicho lo que es el alma, y ahora surge la pregunta, ¿qué es el espíritu? Sé que durante siglos ha habido grandes diferencias de opinión entre los teólogos y otros sabios sobre lo que el espíritu es: Algunos sostienen que él y el alma son la misma cosa, y otros que el espíritu es el verdadero ego del hombre, y el alma algo de menor calidad y subordinado al espíritu, y aun otros tienen otros puntos de vista, y todos equivocados, pues como he dicho, el alma es el ego, y todo lo demás en relación al hombre y que forme parte de su creación cuando fue declarado «muy bueno», está subordinado al alma, y es sólo su instrumento para ella manifestarse.
Como Jesús os ha dicho, el espíritu es la energía activa del alma y el instrumento [instrumentality: la agencia, la «funcionalidad»] por el cual el alma se manifiesta; y esta definición se aplica al espíritu del hombre mientras es mortal, así como cuando se convierte en habitante del mundo espiritual. El espíritu es inseparable del alma y no tiene otra función en la existencia del hombre que la de hacer manifiestas las potencialidades del alma en sus actividades. El espíritu no es la vida, pero puede llegar a ser una evidencia de la vida ─es el aliento de la vida─.
Y como el hombre fue creado a imagen de su Hacedor, y siendo que el espíritu es simplemente la energía activa del alma, entonces, por la aplicación del principio de las correspondencias ─que uno de vuestros antiguos psíquicos declaró que existía─ puede suponerse, y es verdad, que el Espíritu Santo es la energía activa de la Gran Alma del Padre, y, como sabemos por nuestras experiencias y observaciones, es utilizado como mensajero del Padre para transmitir a la humanidad Su Amor Divino. Y no pretendo restringir la misión del Espíritu Santo a la humanidad en la carne, porque también transmite y otorga este Gran Amor a las almas de los hijos del Padre que son espíritus sin los cuerpos de hueso y carne, y que son habitantes del mundo espiritual. Y así, es una verdad que el Espíritu Santo no es Dios y ninguna parte de la Deidad [Godhead], sino meramente Su mensajero de Verdad y Amor, que emana de su Gran Alma y que trae al hombre Amor, Luz y Felicidad.
Así que ya ves que no hay ningún misterio de la Deidad [Godhead], y ningún secreto que Dios no desee que el hombre conozca y comprenda, y ninguna verdad cuya búsqueda y posesión por parte del hombre contraríe las leyes y voluntad de Dios.
Se dice que Dios es Espíritu, y es cierto; pero el espíritu no es Dios, sino sólo uno de sus instrumentos utilizados para trabajar con la humanidad y los espíritus de los hombres. Adorar el instrumento es una blasfemia, y sólo Dios debe ser adorado. Jesús no debe ser adorado como Dios, el Espíritu Santo no debe ser adorado así, y cuanto antes aprendan los hombres esta verdad y la observen, tanto antes se pondrán en unidad [at-onement] con el Padre, y agradarán al Maestro, quien, como algunos tal vez no sepan, es el mayor adorador del Padre en todo su universo.
He escrito más de lo que esperaba, pero espero que de mi mensaje muchos mortales puedan recibir la verdad, y creer que el Espíritu Santo no es aquel de la Deidad [is not one of the Godhead], y que el misterio de la Deidad es un mito ─sin cuerpo, alma o espíritu─, y que no hay verdad en todo el universo de Dios que el hombre no esté invitado a buscar, comprender y poseer.
Me detendré ya, y al hacerlo te dejaré mi amor y bendiciones, y rogaré al Padre que te envíe el Espíritu Santo con gran abundancia de Amor Divino.
Buenas noches y que Dios te bendiga hasta que vuelva.
Tu hermano en Cristo,
Lucas
Versión en inglés
5. Holy Spirit
Many Who Think That They Have Received the Baptism of the Holy Spirit Have Only Advanced in the Natural Love and Not the Divine Love. Difference Between God’s Spirit and the Holy Spirit (Jesus) (10 May 1920)
Let me write for a short time upon a subject that will be of interest to you and to those who may read my messages.
What I desire to write upon to-night is the condition of those who think they have received the inflowing or baptism of the Holy Spirit, when the fact is that they have received only that advancement in the purification of their natural love and a harmony with the laws of their creation that causes them to believe that what they experience must be the result of a bestowal of the Love which the Holy Spirit brings to mortals. In this mistake so many humans indulge; and in the satisfaction or rather happiness which their experience, growing out of such an increase in the harmony, brings to them, they fully believe that the Holy Spirit has taken possession of their souls and caused the happiness. But in thus concluding, they are deceiving themselves, and will realize their mistake when they come to an awakening in the spirit life.
The Holy Spirit is that part of God’s Spirit that manifests His presence and care in conveying to men’s souls His Divine Love. This Love is the highest and greatest and most holy of His possessions, and can be conveyed to men only by the Holy Spirit; and this appellation is used in contradistinction to the mere spirit, which demonstrates to men the operation of God’s Soul in other directions and for other purposes. His creative spirit, and His caring spirit and the spirit that makes effective his laws and designs in the governing of the universe, are not the Holy Spirit, though equally part of God’s Soul, and equally necessary for the manifestations of His powers and the exercise of the energies of His Soul. These deal with the things of the universe that do not have interrelationship with the Soul of God and the souls of men, and whenever the Holy Spirit is spoken of it should mean only that part of God’s Spirit which transforms the souls of men into the Substance of the Soul of God in its Quality of Love.
I heard the preacher discourse Sunday night on the work of the Holy Spirit as portrayed in the contents of the New Testament, and saw that his conclusions from these contents were wholly erroneous and apart from the truth. As he said, the effects of the workings of the Holy Spirit are shown in more ways than one, and not every one upon whom it is bestowed is filled with the same powers of displaying its presence and possession. Now in all these evidences of its existence in the experiences given, it must be understood that it is limited in its operations to those conditions and manifestations that have their source in the Divine Love of the Father, that was bestowed upon mankind at my coming in the flesh, and that those evidences of the existence that have no relationship to this Love are not evidences of the presence of the Holy Spirit. As mentioned in the New Testament, when it was bestowed upon my disciples at Pentecost, it came as with the sound of a mighty rushing wind, which has before been explained to you, that shook the room in which the disciples were assembled, and filled them with its powers, which means only that this Divine Love came into their souls in such abundance that they were shaken in their souls to such an extent that they thought the building in which they were assembled was disturbed. But in this they were mistaken, for the effect of the presence of the Holy Spirit is not to affect the things of inanimate nature, but is confined to the souls of men.
And the preacher must know, that because men are possessed with powers to accomplish the mental or material things of their living, they are not necessarily possessed with the Holy Spirit. Much of the physical healing of mortals is caused by powers that are bestowed upon men, or some men that are not connected with or proceed from the Holy Spirit. That there is evidence of this, men will recollect that the Old Testament is full of instances where men were healed of their diseases, and other wonderful things performed, at the time that the Holy Spirit was excluded from man’s possession. Yet these marvels, as then considered, were performed by men claiming to be endowed with the Spirit of God, which is working for the good and happiness of mankind, and which will continue to work until men shall become in harmony with themselves as first created.
I understand the object of the preacher in attempting to show and convince his hearers, that because they have not those powers that the Bible describes as having been possessed by my disciples after the bestowal of the Holy Spirit, that therefore, they must not believe and conclude that they, his hearers, have not this blessing. His intentions and efforts were commendable, and arose from the desire that his hearers should not become disheartened and disappointed in their efforts to obtain the inflowing of the Love that the Holy Spirit brings to men; but on the other hand, his teachings were dangerous and misleading to these hearers, for the natural consequence of such teaching is to lead men into the belief or persuasion that they possess this power and Comforter, when they do not, and thus prevent them from seeking for an obtaining this Comforter in the only way in which it can be obtained. The Holy Spirit primarily, has nothing to do with great mental or physical achievements, and to say that because a man is a great inventor or philosopher or surgeon who does things without knowing where the inspiration or suggestion to do the things comes from, therefore he is possessed of the Holy Spirit, is all wrong and misleading.
All things, mediately or immediately, have their existence and operation and growth in the Spirit of God, and only in that Spirit, and which Spirit is evidenced in many and varied ways in men’s experience; and hence, men say that they live and move and have their being in God, meaning only that they live and move and have their being in God’s Spirit. This Spirit is the source of life and light and health and numerous other blessings that men possess and enjoy – the sinner as well as the saint, the poor man as well as the rich, the ignorant as well as the enlightened and educated – and are each and all dependent on this Spirit for their being and comfort. This is the Spirit that all men possess to a great or less degree, and the brilliant preacher or teacher or orator, possessing this Spirit to a greater degree than his less favored brother, depends upon the same Spirit. It is universal in its existence and workings, is omnipresent, and may be acquired by all men in this sense to the degree that their mental receptivity permits. And this further demonstrates the fact that God, through and by this Spirit, is with men always, in the lowest hells as well as in the highest heavens of the perfect man. It is working continuously, ceaselessly and always at the call of men, be that call mental or spiritual. It is the thing that controls the universe of which man’s earth is an infinitesimal part. This is the Spirit of God.
But the Holy Spirit while a part of the Spirit of God, yet is as distinctive as is the soul of man distinctive from all other creations of God; it is that part of God’s Spirit that has to do with the relationship of God’s Soul and man’s soul, exclusively.
The subject of Its operation is the Divine Love of the Father’s Soul and the object of Its workings is the soul of man, and the great goal to be reached by Its operations is the transforming of the soul of man into the Substance of the Father’s Love, with Immortality as a necessary accompaniment. This is the great miracle of the universe; and so high and sacred and merciful is the transformation, that we call that part of God’s Spirit that so works, the Holy Spirit.
So let not teachers or preachers teach, or their hearers believe that every part of God’s Spirit that operates upon the heart’s and thoughts and feelings of man is the Holy Spirit, for it is not true. Its mission is the salvation of men in the sense of bringing them into that harmony with God, that the very souls of men will become a part in substance and not in image merely of the Soul of God and without this working of the Holy Spirit men cannot become in such union.
I have written you before as to how this Holy Spirit works and the way in which it can bring men the Divine Love of the Father, and what is necessary for its inflowing. The way described is the only way, and men must not believe and rest in the security of such belief, that every working of the Spirit of God, is the working of the Holy Spirit.
Except a man be born again he cannot enter into the Kingdom of God, and such attainment is possible only by the working of the Holy Spirit.
Oh, preacher, upon whom a great responsibility rests, learn the truth and then lead men into the way of salvation.
I will not write more now, but will come again and deliver another message.
Believe that I love you and am
Your friend and brother,
JESUS.
The Mystery of the Godhead. Three in One is a Myth. There is No Mystery That Men Should Not Know (St. Luke – of the New Testament) (5 Nov 1916)
I AM HERE. St. Luke.
I come to-night to write you a message upon the truth of: What the Holy Spirit is.
I know that the orthodox generally believe and classify it as a part of the Godhead, being one with and the equal of God, the Father, and not merely a manifestation of the Father, as spirit, and hence, necessarily identical with the Father, though having a different and distinct personality.
In this belief and in this classification is included Jesus, having a distinct personality.
The orthodox preachers and theological writers teach that it is a fact that these three are one, co-equal and existing, and that fact is the great mystery of God, and that men should not endeavor to fathom the mystery, because the sacred things of God are His own, and it is not lawful for men to enter into these secrets.
Well this declaration and admonition are very wise as men’s wisdom goes, and saves the expounders of these doctrines of mystery from attempting to explain what they cannot explain, because it is impossible for them to unravel that which as a fact, has no existence.
Men of thought all down the ages have sought to understand this great mystery, as they called it, and have been unsuccessful, and as the early fathers met with the same defeat in their endeavors to understand the mystery, and, then because of such defeat, declared the explanation of the doctrine to be a secret of God, not to be inquired into by men, so all these other investigators of the church when they became convinced of the futility of the search, adopted the admonition of the old fathers that God’s secret must not be inquired into, for it belonged to Him alone, and sinful man and the redeemed man also must respect God’s secret.
And thus from the beginning of the established church, after the death of Jesus and his apostles, was declared this doctrine of the trinity – one in three and three in one, yet only one – and made the vital foundation stone of their visible church’s existence. Of course, from time to time, there arose men, both in the church, who, having more enlightenment than their brothers in the church, attempted to gainsay the truth of the doctrine and declared and maintained that there was only one God, the Father.
But they were in the minority, and not acting with the more powerful, their views were rejected; and the mystery became the church’s sacred symbol of truth, unexplainable and therefore more certain and entitled to more credence. And it seems to be the tendency of men’s minds, or at least of those who believe in the Bible as the inspired word of God, to welcome and encourage as the more wonderful and important and the more to be cherished those things which savor of the mysterious, rather than those which a man may read and understand as he runneth.
Nowhere, not even in the Bible, is there any saying of Jesus to the effect that God is tripartite, consisting of the Father, Son and Holy Ghost; and, as a fact, never did Jesus when on earth teach any such doctrine, but only this: that the Father is God and the only God, and that he, Jesus, is his son and the first fruits of the resurrection from the dead, and that the Holy Ghost is God’s messenger for conveying the Divine Love, and as such, the comforter.
I know that in some of the Gospels, as now contained in the Bible and adopted as canonical, it is said, in effect, that the Godhead consists of the Father, Son and Holy Ghost – these three are one – but such Gospels do not contain the truth in this respect and are not the same Gospels that were originally written. These original Gospels have been added to and taken from in the passing of the years and in the copying and the recopying that occurred before the adoption of the same.
They, the adopted ones, were compiled from many writings, and as the compilers in those early times differed in their opinions as men do now respecting religious truths, the more powerful of these having authority to declare what should be accepted, according to their interpretations of those manuscripts that were being copied, directed the copies to be made in accord with their ideas, and I may say, desires, and announced and put forth such productions to be true copies of the originals. And as these copies were successively made the preceding ones were destroyed, and hence the earliest existing manuscripts of these Gospels came into being many years after the originals from which they were claimed to be compiled, were written and destroyed.
And I, Luke, who did write a gospel and who am acquainted with the present gospel ascribed to me, say that there are many vital things and declarations, that I never wrote and that are not true, contained in it; and many truths that I did write are not contained therein – and so with the other gospels.
In none of our Gospels did the mystery of the Godhead appear, and that for the reason that there was not and is not, and we did not teach that there was any Godhead, composed of three personalities. Only one God, the Father. Jesus was a son of man in the natural sense, and a son of God in the spiritual sense, but he was not God or a part of God in any sense except that he possessed the Divine Love of the Father, and in that sense was a part of His Essence. The Holy Spirit was not God, but merely His instrument – a Spirit – the Holy Spirit.
As you have been informed, the soul of man existed prior to man’s creation in the flesh, and was the only part of man that was made in the image of God. It existed in this pristine state without individuality, though having a personality, and resembled the Great Soul of the Almighty, which Soul is God Himself; though the soul that was given to man was not a part of the Great Soul, merely a likeness of it.
Some of you mortals have said that man’s soul is a part of the «Oversoul,» meaning the Soul of God, but this is not true, and if in any of our communications it has been said that the soul of man is a part of the Soul of God, and I mean while it existed before its incarnation, our saying must not be so interpreted.
The ego of God as may be said, is the Soul, and from this Soul, emanates all the manifested attributes of God, such as power and wisdom and love – but not jealousy or wrath or hatred, as some of the writers of the Bible have said, for He possesses no such attributes.
The ego of man is the soul, and in his created purity and perfection from his soul emanated all the manifested attributes belonging to him, such as power and love and wisdom; and neither were jealousy nor hatred nor wrath attributes of his before his fall.
It is said that man is composed of body, soul and spirit, and this is true. From your life’s experience you know what the body is, and I have told you what the soul is, and now the question arises, what is the spirit? I know that there have been for centuries great differences of opinion among theologians and other wise men as to what the spirit is; some contending that it and the soul are the same thing, and others, that the spirit is the real ego of man and the soul something of less quality and subordinate to the spirit, and others having other views, and all wrong, for as I have said the soul is the ego, and everything else connected with man and forming a part at his creation when he was pronounced to be «very good,» is subordinate to the soul, and only its instrumentality for manifesting itself.
As Jesus has told you, the spirit is the active energy of the soul and the instrumentality by which the soul manifests itself; and this definition applies to the spirit of man while a mortal as well as when he becomes an inhabitant of the spirit world. The spirit is inseparable from the soul, and has no function in the existence of man, except to make manifest the potentialities of the soul in its activities. Spirit is not life, but it may become an evidence of life – it is life’s breath.
And as man was created in the image of his Maker – and as spirit is only the active energy of the soul, by the application of the principle of correspondences, which one of your former psychics declared to exist, it may be assumed and it is truth, that the Holy Spirit is the active energy of the Great Soul of the Father, and, as we know from our experiences and observations, is used as the messenger of the Father to convey to mankind His Divine Love. And I do not mean to restrict the mission of the Holy Spirit to mankind in the flesh, for it also conveys and bestows this Great Love upon the souls of the Father’s children who are spirits without the bodies of bone and flesh, and who are inhabitants of the spirit world. And so, it is a truth that the Holy Spirit is not God and no part of the Godhead, but merely His messenger of Truth and Love emanating from his Great Soul and bringing to man Love and Light and Happiness.
So you see there is no mystery of the Godhead, and no secret that God does not wish man to know and understand, and no truth that it is contrary to God’s laws and will that man shall search for and possess.
It is said that God is Spirit, and it is true; but spirit is not God, only one of his instruments used to work with mankind and the spirits of men. To worship the instrument is blasphemy, and only God alone must be worshiped. Jesus must not be worshiped as God, the Holy Spirit must not be so worshiped, and the sooner men learn this Truth and observe it the sooner they will get in at-onement with the Father, and please the master, who, as some may not know, is the greatest worshiper of the Father in all his universe.
I have written longer than l expected, but I hope from my message many mortals may receive the truth, and believe that the Holy Spirit is not one of the Godhead, and that the mystery of the Godhead is a myth, without body, soul or spirit, and that there is no truth in all God’s universe that man is not invited to search for and understand and possess.
I will now stop and in doing so, will leave you my love and blessings, and will pray the Father to send the Holy Spirit to you with great abundance of the Divine Love.
Good-night and God bless you until I come again.
Your brother in Christ,
LUKE