1/2:14-17) 2. Ámbitos celestiales (La oración, y ¿fin del mundo?) | El verdadero evangelio – Revelado de nuevo por Jesús | Vol. 1. / 2:14-17

Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español
─ Versión en inglés 

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Introducción

─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga

A continuación vamos a ver una parte del apartado:

2) Ámbitos celestiales

Vemos los últimos cuatro mensajes contenidos en este tema 2.

El tema tratado es el del llamado reino celestial, o ámbitos celestiales. Los mensajes importantes que vemos esta vez son el que presenta la oración propuesta por Jesús, y un mensaje de Juan «el apóstol» comentando sobre qué significa «el fin del mundo».

Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:
unplandivino.net/transicion/

Forma parte de un libro que es el primer volumen de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, Jesús de Nazaret.

Estos volúmenes fueron preparados o compartidos así por Divine Truth (entre otras personas).

El primer volumen incluye los siguientes temas y apartados (los 11 temas numerados sirven para organizar temáticamente los mensajes):

a) ─ Retrato de James E. Padgett
b) ─ Mi testimonio (por Leslie R. Stone)
c) ─ Foto espiritual de Mary Kennedy con su alma gemela, el Dr. Stone.

           d) ─ La verdadera misión de Jesús

I. Jesús y su relación con Dios.
II. Dios y el alma humana.
III. El problema del pecado.
IV. Redención del pecado.

─ 1. Los mensajes
─ 2. Ámbitos celestiales
La oración [estamos aquí: Vemos los últimos cuatro mensajes en este apartado 2]
─ 3. Inmortalidad
─ 4. ¿Quién y qué es Dios?
─ 5. Espíritu Santo
─ 6. Resurrección
─ 7. El alma
─ 8. Perdón
─ 9. Expiación
─ 10. Infierno
─ 11. Expiación vicaria
─ Mensajes adicionales

Versión en español
2. Ámbitos celestiales (continuación)

La única oración que el hombre necesita ofrecer al Padre (Jesús) (2 diciembre 1916)

Estoy aquí, soy Jesús.

Sólo quiero decir una palabra en beneficio tuyo y de tu amigo, y es que he escuchado vuestra conversación esta noche, y encuentro que está de acuerdo con la verdad; y la influencia del Espíritu está con vosotros dos. Continuad en vuestra línea de pensamiento y en la oración al Padre, y, también, en vuestro dar a conocer a los demás, siempre que surja la oportunidad, la importancia de buscar y obtener el Amor Divino.

Como ha dicho tu amigo, la única oración necesaria es la oración por la afluencia de este Amor; todas las demás formas, o aspiraciones reales, de oración, son secundarias, y, por sí mismas, no tenderán a producir este amor en el alma de los hombres.

Que sea vuestra oración sea como sigue:

LA ORACIÓN

Padre nuestro, que estás en los cielos, reconocemos que Tú eres todo Santo, amoroso y misericordioso, y que nosotros somos Tus hijos, y no las criaturas serviles, pecadoras y depravadas que nuestros maestros falsos nos quieren hacer creer que somos. Reconocemos que somos la más grande de Tus creaciones, y la más maravillosa de todas Tus obras, y objetos del amor y del cuidado más tierno de Tu gran alma.

Que Tu voluntad es que lleguemos a ser uno Contigo, y participemos de Tu gran amor, que nos has otorgado a través de Tu misericordia; y que deseas que lleguemos a ser, en verdad, Tus hijos, mediante el amor, y no a través del sacrificio o la muerte de ninguna de Tus criaturas ─tampoco de aquella que el mundo cree que es Tu igual y parte de Tu Deidad [Godhead]─.

Te pedimos que abras nuestras almas a la afluencia de Tu amor, y que entonces venga Tu Espíritu Santo para traer a nuestras almas este, Tu amor, en gran abundancia, hasta que nuestras almas se transformen en la esencia misma de Ti; y que surja en nosotros la fe, una fe tal que nos haga darnos cuenta de que somos verdaderamente Tus hijos y uno contigo en sustancia misma y no sólo en imagen.

Que tengamos una fe tal que nos haga reconocer que Tú eres nuestro Padre, y el otorgador de todo don bueno y perfecto, y que sólo nosotros somos quienes podemos impedir que Tu amor nos cambie de lo mortal a lo inmortal.

Que nunca dejemos de darnos cuenta de que Tu amor nos espera a todos y cada uno de nosotros, y que cuando acudimos a Ti, con fe y aspiración sincera [earnest], Tu amor nunca nos será negado.

Mantennos a la sombra [o «bajo el amparo»] de Tu amor a cada hora y momento de nuestras vidas, y ayúdanos a superar todas las tentaciones de la carne y la influencia de los poderes de los malvados, que tan constantemente nos rodean y se esfuerzan por desviar nuestros pensamientos de Ti hacia los placeres y seducciones de este mundo.

Te damos gracias por tu amor y por el privilegio de recibirlo, y creemos que Tú eres nuestro Padre, un Padre amoroso que nos sonríe en nuestra debilidad y que siempre está dispuesto a ayudarnos y a acogernos en sus brazos de amor.

Rezamos de este modo con toda la sinceridad y anhelo de nuestras almas, y confiando en Tu amor, Te damos toda la gloria, el honor y el amor que nuestras almas finitas pueden dar.

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Esta es la única oración que los hombres necesitan ofrecer al Padre. Es la única que apela al amor del Padre, y con la respuesta, que seguramente llegará, vendrán todas las bendiciones que los hombres puedan necesitar, y que el Padre ve que son para el bien de Sus criaturas.

Esta noche estoy en gran comunión con vosotros, y veo que el amor del Padre está con vosotros, y que vuestras almas están hambrientas de más.

Así que, hermanos míos, continuad orando y teniendo fe, y al final vendrá un otorgamiento del amor como el que vino a los apóstoles en Pentecostés.

Ya no escribiré más.

Al dejaros, os dejo mi amor y bendiciones, y la seguridad de que ruego al Padre por vuestra felicidad y amor.

Buenas noches;
Vuestro hermano y amigo,
Jesús

Confirmación de que Jesús mostró su gloria (A. G. Riddle – espíritu celestial) (2 diciembre 1915)

Sé que es tarde, pero, con todo, debo decir que lo que se os ha dicho es verdad, y cuando hablamos de la gloria del Maestro no podéis concebir lo que se quiere decir. Pensad en la tenue llama de una vela y en la gloria del sol del mediodía, y comparad la gloria de lo más grande de toda la tierra con esta gloria del Maestro, y veréis, una al lado de otra, la luz de una tenue vela y la de un glorioso sol.

Todos sabemos lo que es el Amor Divino del Padre, pero no apreciamos su grandeza o maravilla, hasta que ocasionalmente lo vemos desplegado en y por Jesús.

Entrad en vuestras oraciones con la plena creencia de que este Gran Amor Divino ha estado presente esta noche en asombrosa abundancia, y que ambos habéis tenido su influencia a vuestro alrededor, y en vosotros, en un grado tal, que os hará sentir hasta cierto punto la gran paz que sólo llega a los hijos de la luz y de la unidad [at-onement] con el Padre.

Creed que vuestra experiencia de esta noche es verdadera y que puede ser vuestra frecuentemente cuando vuestras almas estén en sintonía con la afluencia del amor.

Debo daros las buenas noches, y que Dios os bendiga con toda Su influencia divina.

Soy vuestro hermano en Cristo,
A. G. Riddle (espíritu celestial)

Confirmación de la sra. Padgett (Helen – Sra. Padgett, esposa del Sr. J. E. Padgett) (2 diciembre 1916)

Bien, estoy y estaré contenta porque tengas aunque sea una página más.

Me alegro esta noche, pues veo que has tenido una experiencia que ha hecho que tu alma se abra a este maravilloso amor del Padre.

Oh, querido, ha sido una velada gloriosa, y el Maestro parecía exhalar la plenitud del gran amor que posee.

Tu verdadera y amorosa,
Helen

Escribe sobre el verdadero significado del «fin del mundo» (San Juan – Apóstol de Jesús) (1 octubre 1916)

Estoy aquí, San Juan.

Vengo esta noche a escribir algunas verdades sobre el tema del sermón del predicador, ya que estuve presente con vosotros y oí sus declaraciones sobre el fin del mundo.

Sé que entre los hombres hay, y ha habido desde los tiempos del Maestro, diferencias de opinión sobre cuándo tendrá lugar este importante acontecimiento, y acerca del significado del fin del mundo.

Pues bien, los hombres saben ahora tanto sobre el momento de este acontecimiento como lo han sabido a lo largo de los siglos, y comprenden el significado de estas profecías tan bien como lo hicieron los hombres desde mis días hasta el presente.

En primer lugar, diré que no habrá fin del mundo por ninguna de las causas mencionadas por el predicador, y en segundo lugar, no habrá fin del mundo en absoluto tal como lo entienden y declaran los predicadores ortodoxos, y tal como lo espera la mayoría de los cristianos profesantes.

El mundo, es decir, la Tierra, no tendrá un fin en el sentido de aniquilación, sino que continuará girando sobre su eje, y tendrá su tiempo de siembra y de cosecha, y producirá y reproducirá las cosas que son necesarias para sostener la vida humana, y tendrá sus estaciones apropiadas de calor y frío, y se moverá a lo largo de su órbita tal como lo hace ahora, hasta que algún cambio ─que ahora no conocemos─ pueda acontecer y destruirla. Pero respecto a un tal cambio, ninguna de las profecías de la Biblia ─admitiendo que las hay─, puede aplicarse al fin del mundo en el sentido en que lo entendía y declaraba el predicador.

Si la humanidad comprendiera que el mundo que se perdió por la desobediencia de los primeros padres, era el mundo de la inmortalidad y felicidad del hombre, y no el mundo físico, y que Jesús vino a declarar la restauración de ese mundo bajo condición, así como el final de esa restauración, entonces sabría que el mundo material no está involucrado en el plan de la salvación del hombre, ni en la misión de Jesús, ni en las declaraciones de Jesús en cuanto a la llegada del final.

Los hombres seguirán naciendo, vivirán poco tiempo y morirán la muerte física, y en cuanto a cada hombre individual, el fin del mundo material viene cuando muere, pues, a partir de entonces, su morada estará en el mundo espiritual, y nunca más tendrá vida en la Tierra. Todos los hombres en algún momento tendrán que morir la muerte física; entonces ¿por qué en el plan de Dios sería necesario incluir la destrucción del mundo material para la salvación de los hombres? Que los planetas, los mundos y las estrellas chocaran entre sí y se destruyeran, significaría que el funcionamiento ordenado de las leyes de Dios debe ser interferido a fin de que los hombres puedan ser destruidos o salvados, conforme puedan ser arrebatados al aire o bien abandonados a su propia debilidad en la tierra.

Tales interpretaciones de las intenciones o planes de Dios, o de la venida de Jesús de nuevo a la tierra, son todas erróneas y absurdas. Jesús nunca vendrá a establecer su reino en la tierra y a reinar como Príncipe de Paz y Señor de Señores, porque el Reino que buscan establecer él y todos sus seguidores, tanto en la tierra como en el mundo espiritual, está en los Ámbitos Celestiales, y es el Reino de Dios, no hecho con las manos, ni por el mero fiat de ningún espíritu, por muy elevado que sea, sino hecho y poblado por las almas de los hombres que han experimentado el Nuevo Nacimiento y recibido la Esencia Divina del Padre. De este Reino Jesús es el Príncipe, pero sólo por su gran y extraordinaria posesión del Amor Divino del Padre, y su más perfecta condición de unidad con Él [at-onement].

Jesús no trata de establecer un reino en la Tierra, sino que trabaja con la finalidad de conducir a los hombres al Nuevo Nacimiento del espíritu, y de mostrarles el camino del Reino Celestial; y también trabaja para ayudar a los hombres, mediante su amor y sus sugestiones ─así como también lo hacen los demás buenos espíritus─, a que echen fuera de sus corazones el pecado y el error, y a que se esfuercen por recobrar la condición de hombre perfecto en la perfección de su amor natural; y también para ayudar a los hombres a ponerse en esta condición de regeneración del alma, o en la de la purificación de su amor natural mientras todavía viven en la tierra, de modo que el amor a Dios en el sentido divino, y el amor a Dios en el sentido creado, así como el amor fraternal, cubran toda la tierra, y los hombres estén en paz y sean felices mientras todavía están vestidos de carne.

Tal condición de existencia mortal puede llamarse el Reino de Dios en la tierra, pero no será el reino que Jesús vino a la tierra a establecer, es decir, el Reino de los Cielos. Este Reino tiene su asiento y lugar permanente en las Esferas Celestiales de donde nunca será removido.

Así pues, cuando la Biblia enseña que el mundo llegará a su fin y desaparecerá, no se refiere al mundo material, sino al mundo de los pensamientos y actos de los hombres, y a las condiciones pecaminosas que no están en armonía con las leyes de Dios ni con las leyes de Su creación. Este es el mundo que será destruido cuando la justicia cubra la tierra como las aguas el abismo, y el amor fraternal reine entre los hombres. Incluso hoy en día hay algunos hombres que viven en la tierra y que están tan separados del mundo, que en lo que respecta a ellos el mundo no tiene existencia ─no el mundo material, sino el mundo del pecado y la injusticia, que es el único mundo que será destruido─.

Habrá guerras y rumores de guerras, y tiempos de angustia, etc., como nunca los hubo, y entonces vendrá el fin.

No las guerras de los rugidos de los cañones o de los proyectiles que estallan o de la carne mutilada, o del hacer viudas y huérfanos, o del despiadado cambio de mortales en espíritus, sino las guerras de los espíritus del bien y del mal, del amor y del odio, de la pureza y del pecado, de la alegría y de la desesperación, y del conocimiento de la verdad y la creencia en el error; todo ello se librará en las almas de los hombres con tal intensidad y seriedad, creando problemas mentales y espirituales tales como nunca los ha habido, y haciendo que sus rumores inunden la tierra y las moradas de los hombres.

Y entonces vendrá el fin del mundo: del mundo del mal, del pecado y de la desesperación, y del odio, y de la creencia en el error. Este mundo pasará, y la verdad, el amor, la paz y la buena voluntad se establecerán en la tierra para siempre. Para entonces, la tierra de este día presente se habrá convertido para los hombres en un lugar tan pacífico y lleno de amor y bondad fraternal, que les parecerá como si la Ciudad de Dios hubiera descendido del cielo a la tierra.

Sepan los mortales que Jesús ya ha venido a la tierra y está entre los hombres, y que desde que se convirtió en el Príncipe del Reino Celestial ha estado con los hombres y los espíritus enseñándoles el camino, la verdad y la vida.

Por el Espíritu Santo las verdades del Padre han hablado a los hombres como una vocecita apacible, y por las comuniones de las almas el Maestro ha conducido a los hombres al amor y a la misericordia del Padre.

Tal como en mi tiempo ─cuando vino a los judíos con su mensaje de amor y vida eterna─ no lo conocieron, y lo rechazaron, así, ahora, muchos hombres ─y también muchos espíritus─ se niegan a escucharle y a aprender el camino por la puerta directa hacia el amor y la inmortalidad del Padre.

Que los hombres estudien las profecías, los tiempos y las estaciones, y calculen el tiempo del fin, y predigan la proximidad de la venida del Maestro en las nubes, y se preparen para ser arrebatados en el aire y convertirse en las huestes celestiales; sin embargo, encontrarán que todas estas cosas son vanidad de vanidades, y sólo cuando cada individuo pase más allá del velo de la carne se dará cuenta de que el fin de su mundo mortal ha llegado, y entonces todas sus especulaciones en cuanto a sí mismo se convertirán en realidades, y la certeza del fin del mundo se convertirá en un hecho establecido. Pero los hombres seguirán viviendo en la tierra y muriendo, y en sucesión nacerán otros para morir, y así sucesivamente hasta… sólo Dios lo sabe.

Digo, pues, a los hombres que se preparen, no para la desaparición de los cielos y de la tierra, sino para el paso de ellos mismos desde la tierra al gran mundo de los espíritus, y que recuerden que lo que siembran, eso cosecharán ─una certeza que nunca cambia, una verdad que ninguna especulación puede volver falsa─.

El fin del mundo de los hombres llega cada día a algún mortal, y ese fin puede conducir a una gloriosa inmortalidad, o bien a un periodo transitorio o dilatado de oscuridad y sufrimiento.

De este modo, se están cumpliendo las profecías, pero las especulaciones de los predicadores, los maestros y los líderes de los irreflexivos están robando a los hombres la verdad vital de que el fin del mundo está llegando cada momento, día y año.

¡Oh! predicador, y maestro, y líder, tu responsabilidad es grande, y hay que rendir cuentas. La siega debe seguir a la siembra tan ciertamente como el día sigue a la noche, y ¿cuál será tu cosecha?

¡El fin del mundo para algún mortal es lo importante ahora!

Ya he escrito bastante por esta noche, pues estáis cansados.

Creed, pues, que os amo y que ruego al Padre que os bendiga y llene vuestra alma de Su amor de tal modo que, cuando el mundo llegue a su fin para vosotros, encontréis el Reino de los Cielos esperando para recibiros. Buenas noches.

Vuestro hermano en Cristo,
Juan

Versión en inglés

The Only Prayer That Man Need Offer to the Father (Jesus) (2 Dec 1916)

I AM HERE. Jesus.

I merely want to say a word for the benefit of you and your friend, and that is, that I have listened to your conversation to-night, and find that it is in accord with the truth; and the influence of the Spirit is with you both. Continue in your line of thought and in prayer to the Father, and, also, in your making known to others, whenever the opportunity arises, the importance of seeking for and getting the Divine Love.

As your friend said, the only prayer that is necessary is the prayer for the inflowing of this Love; all other forms, or real aspirations, of prayer are secondary, and of themselves, will not tend to produce this love in the souls of men.

Let your prayer be as follows:

THE PRAYER

Our Father, who art in heaven, we recognize that Thou art all Holy and loving and merciful, and that we are Thy children, and not the subservient, sinful and depraved creatures that our false teachers would have us believe. That we are the greatest of Thy creation, and the most wonderful of all Thy handiworks, and the objects of Thy great soul’s love and tenderest care.

That Thy will is, that we become at one with Thee, and partake of Thy great love which Thou hast bestowed upon us through Thy mercy and desire that we become, in truth, Thy children, through love, and not through the sacrifice and death of any one of Thy creatures, even though the world believes that one Thy equal and a part of Thy Godhead.

We pray that Thou will open up our souls to the inflowing of Thy love, and that then may come Thy Holy Spirit to bring into our souls this, Thy love in great abundance, until our souls shall be transformed into the very essence of Thyself; and that there may come to us faith – such faith as will cause us to realize that we are truly Thy children and one with Thee in very substance and not in image only.

Let us have such faith as will cause us to know that Thou art our Father, and the bestower of every good and perfect gift, and that only we, ourselves, can prevent Thy love changing us from the mortal to the immortal.

Let us never cease to realize that Thy love is waiting for each and all of us, and that when we come to Thee, in faith and earnest aspiration, Thy love will never be with-holden from us.

Keep us in the shadow of Thy love every hour and moment of our lives, and help us to overcome all temptations of the flesh, and the influence of the powers of the evil ones, which so constantly surround us and endeavor to turn our thoughts away from Thee to the pleasures and allurements of this world.

We thank Thee for Thy love and the privilege of receiving it, and we believe that Thou art our Father – the loving Father who smiles upon us in our weakness, and is always ready to help us and take us to Thy arms of love.

We pray thus with all the earnestness and longings of our souls, and trusting in Thy love, give Thee all the glory and honor and love that our finite souls can give.

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This is the only prayer that men need offer to the Father. It is the only one that appeals to the love of the Father, and with the answer, which will surely come, will come all the blessings that men may need, and which the Father sees are for the good of His creatures.

I am in very great rapport with you to-night, and see that the Father’s love is with you, and that your souls are hungry for more.

So, my brothers, continue to pray and have faith, and in the end will come a bestowal of the love like unto that which came to the apostles at Pentecost.

I will not write more now.

In leaving you, I will leave my love and blessings and the assurance that I pray to the Father for your happiness and love.

Good-night.
Your brother and friend,
JESUS

Affirmation That Jesus Showed His Glory (A. G. Riddle – Celestial Spirit) (2 Dec 1915)

I know it is late, but, yet, I must say that what has been told you is true, and when we speak of the glory of the Master you cannot conceive of what is meant. In your mind think of the dim flame of the candle and the glory of the noonday sun and then compare the glory of the greatest thing in all the earth with this glory of the Master, and you will see side by side the dim candle and the glorious sun.

We all know what the Divine Love of the Father is, but do not appreciate its greatness or wonder, until we occasionally see it displayed in and by Jesus.

Go to your prayers in the full belief that this Great Divine Love has been present to-night in amazing abundance, and that you both have had its influence around and in you to a degree, that will cause you to feel to some extent, the great peace that comes only to the children of light and at-onement with the Father.

Believe that your experience of this night is true and that it may be yours frequently when your souls are attuned to the inflowing of the love.

I must say good-night, and God bless you with all His influence Divine.

I am your brother in Christ,
A.G. RIDDLE (Celestial Spirit).

Affirmation by Mrs. Padgett (Helen – Mrs. Padgett, Wife of Mr. J. E. Padgett) (2 Dec 1916)

Well, I will and I am glad that you have even one page more.

I am happy to-night, for I see that you have had an experience that has caused your soul to open up to this wonderful love of the Father.

Oh, my dear, it has been a glorious evening and the Master seemed to breathe out the fullness of the great love that he possesses.

Your own true and loving
HELEN.

Writes on the True Meaning of «The End of the World» (St. John – Apostle of Jesus) (1 Oct 1916)

I AM HERE. Saint John

I come tonight to write a few truths upon the subject of the preacher’s sermon, as I was present with you and heard his declarations as to the end of the world.

I know that among men there are, and have been since the time of the Master, differences in opinion as to when this important event is to take place, and as to the meaning of the end of the world.

Well, men know just about as much now as to the time of this event as they have known all down the centuries, and understand the meaning of these prophecies as well as did men from my day down to the present.

In the first place, I will say, there will be no end of the world from any of the causes mentioned by the preacher, and in the next place, there will be no end of the world at all as understood and declared by the orthodox preachers, and as is expected by most of the professing Christians.

The world, meaning the earth, will not have an end in the sense of annihilation, but it will continue to revolve on its axis, and to have seed time and harvest, and produce and reproduce those things that are necessary to sustain human life, and have its appropriate seasons of heat and cold, and move along in its orbit as it now does, until some change, we know not of now, may come and destroy it; but such change, not any of the prophecies of the Bible, admitting that there are prophecies, can apply to the end of the world in the sense that the preacher understood and declared.

If humanity would only understand that the world that was lost by the disobedience of the first parents, was the world of man’s immortality and happiness and not the physical world, and that Jesus came to declare the restoration of that world upon condition, and the end of that restoration, then would they know that the material world is not involved in the plan of man’s salvation, or in Jesus’ mission, or in the declarations of Jesus as to the coming of the end.

Men will continue to be born, live a short time and die the physical death, and as to each individual man the end of the material world comes when he dies, for, thereafter, his habitation will be in the spirit world, and never more will he have life on earth. All men at some time will have to die the physical death, then why should it be necessary to include in the plan of God for the salvation of men the destruction of the material world? For planets and worlds and stars to crash together and destroy, would mean that the orderly workings of God’s laws must be interfered with, in order that men might be destroyed or saved, according as they might be snatched up into the air, or left to their own weakness on earth.

Such interpretations of God’s intentions or plans, or of Jesus coming again to earth is all wrong and absurd. Jesus will never come to establish his kingdom on earth and reign as Prince of Peace and Lord of Lords, for the Kingdom which he and all his followers, both on earth and in the spirit world, are seeking to establish is in the Celestial Heavens, and it is the Kingdom of God, not made with hands or by the mere fiat of any spirit no matter how high he may be, but made and populated by the souls of men who have experienced the New Birth and received the Divine Essence of the Father. Of this Kingdom Jesus is the Prince, but only because of his great and exceeding possession of the Divine Love of the Father, and his more perfect at-onement.

Jesus is not seeking to establish a kingdom on earth, but is working for the purpose of leading men to the New Birth of the spirit, and of showing them the way to the Celestial Kingdom; and also is he working to help men by his love and suggestions, and so also the other good spirits, to cast sin and error from their hearts, and strive to regain the condition of perfect manhood in the perfection of their natural love; and also to help men to get in this condition of soul regeneration, or in that of the purification of their natural love while they yet live on earth, so that love to God in the divine sense, and love to God in the created sense and brotherly love will cover the whole earth, and men be at peace and happy while yet clothed in the flesh.

Such a condition of mortal existence may be called the Kingdom of God on earth, but it will not be the kingdom which Jesus came to earth to establish – that is the Kingdom of Heaven. This Kingdom has its seat and abiding place in the Celestial Spheres whence it will never be removed.

So then, when the Bible teaches of the world coming to an end and passing away it does not mean the material world, but the world of men’s thoughts and deeds and sinful conditions that are not in harmony with God’s laws or the laws of His creation. This is the world that shall be destroyed when righteousness shall cover the earth as the waters do the  deep, and brotherly love reign among men. Even today there are some men living on the earth who are so separated from the world, that as to them the world has no existence, not the material world, but the world of sin and unrighteousness, which is the only world to be destroyed.

There shall be wars and rumors of wars and times of trouble , etc., such as never were, and then shall come the end.

Not the wars of the cannons’ roars or the bursting shells or the mutilated flesh, or the making of widows and orphans or the ruthless changing of mortals into spirits, but the wars of the spirits of good and evil, of love and hate, of purity and sin, of joy and despair, and of knowledge of truth and belief in error – all to be fought in the souls of men with such intensity and earnestness, creating such mind and spirit trouble as never has been, and causing rumors thereof to flood the earth and the habitations of men.

Then shall come the end of the world – the world of evil and sin and despair, and hatred and belief in error. This world shall pass away, and truth and love and peace and good will shall be established on the earth forever. The earth of this present day, then becoming to men so peaceful and filled with love  brotherly kindness, that to them it will seem as if the City of God had been let down from heaven on to earth.

Let mortals know that Jesus has already come to earth and is among men, and that since the time of his becoming the Prince of the Celestial Kingdom he has been with men and spirits teaching them the way, the truth and the life.

By the Holy Spirit have the truths of the Father spoken to men as a still small voice, and by the communions of souls has the Master led men to the love and mercy of the Father.

As in my time when he came to the Jews with his message of love and life eternal, they knew him not and rejected him, so now many men, and spirits too, refuse to listen to him and learn the way through the straight gate to the Father’s love and immortality.

Let men study the prophecies and the times and the seasons, and calculate the time of the end, and predict the near approach of the Master’s coming in the clouds, and prepare themselves to be snatched up in the air and become of the heavenly hosts, yet they will find that all these things are vanities of vanities, and only as each individual passes beyond the veil of flesh will he realize the end of his mortal world has come, and then will all his speculations as to himself become realities, and the certainty of the world’s end become an established fact. But men will continue to live on earth and die, and in succession others be born to die, and so on until…. only God knows.

So I say to men, prepare not for the passing away of the heavens and the earth, but for the passing of themselves from the earth to the great world of spirits; and remember, that as they sow, so shall they reap – a certainty that is never changed – a truth that no speculation can make untrue.

The end of man’s world comes each day to some mortal, and that end may lead to a glorious immortality, or to a temporary or a long darkness and suffering.

Thus are the prophecies being fulfilled and the speculations of preachers and teachers and leaders of the unthinking are robbing men of the vital truth that the end of the world is coming each moment and day and year.

Oh! preacher and teacher and leader, your responsibility is great, and the accounting must be made. The reaping must follow the sowing as certainly as the day follows the night, and what will your harvest be?

The end of the world for some mortal is the important now!

I have written enough for to-night as you are tired.

So believe that I love you and am praying for the Father to bless you, and to so fill your soul with His love, that when the world comes to an end for you, you shall find the Kingdom of Heaven waiting to receive you. Good-night.

Your brother in Christ,
JOHN