Índice
─ Introducción
─ Notas al capítulo
─ Versión en español
─ Versión en inglés
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Introducción
Este texto es introducido en esta página (y es enlazado en ella):
Página-guía B.9:
unplandivino.net/transicion/
Está en el apartado de esa página dedicado a Robert J. Lees (buscar «Robert» en esa página).
Para los audios:
En esa misma página estarán enlazados y ordenados los audios. Y, como en otros audios, hice un comentario al final de este, tras la lectura del texto. En el comentario vemos algunas ideas importantes y a veces aclaramos algunas cosas.
Reuniré todos los textos de este tercer libro de la trilogía de R. J. Lees (La vida elísea) cuando vaya terminando de hacer esta «primera» versión de la traducción (que hago con ayuda de deepl, google, wordreference…) ─»primera» versión en el sentido de «para mi web»─.
Notas al capítulo
─ Ver el audio correspondiente.
─ En este capítulo, Aphraar nos llama la atención de nuevo sobre este hecho de la comunicación con desencarnados ─lo que conlleva─, y repasa el tema de la cuarta esfera. Citará brevemente una comunicación relativamente célebre con desencarnados, registrada en un libro de un célebre científico, Oliver J. Lodge, que también era estudioso de los fenómenos de comunicación con el mundo espiritual.
Versión en español
Capítulo quince
Sobre la interrelación espiritual
Es una falacia común pero muy natural que, concedido que un medio de comunicación puede ser establecido entre los llamados vivos y los muertos, sería más fácilmente logrado entre miembros de la misma familia que con extraños. Tal suposición se basa en la idea de la continuidad de la relación de sangre; pero ‘la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios‘, y la única relación que sobrevive es el vínculo sagrado del afecto puro. En el reino espiritual sólo hay una familia que abarca ‘todo linaje y lengua y pueblo y nación. Uno es su Padre, Dios, y todos son hermanos‘.
Puede que esta sea una afirmación difícil de aceptar para ti, y puedes dudar de la verdad de lo que digo. Pues bien, simplemente te estoy comunicando lo que yo mismo he descubierto. Si prefieres esperar a descubrirlo, el resultado no será fatal. Todos los errores deberán ser entonces corregidos. Cualquiera que sea su naturaleza o extensión ─veniales o mortales─, deben ser expiados y reparados. Pero, sin importar dónde se encuentre el pródigo cuando vuelva en sí, aprenderá que hay un camino a casa desde el suelo en el que esté, y alguien a mano para guiarle hacia ahí.
Sin embargo, no está de más un poco de reflexión y previsión sobre la cuestión de la apertura de la comunión. El hecho de que un hombre sea o no creyente en la inmortalidad del alma, realmente hace poca o ninguna diferencia en el hecho de que cuando está de pie junto a la cama de un ser querido y ve la chispa vital parpadear hasta la extinción, en lo que respecta a lo físico, se encuentra cara a cara con la experiencia más extremadamente solemne de la vida. Allí de pie, estrechando la mano que casi no responde, observando el acercamiento sigiloso y casi visible de la muerte, ¿quién no siente cuán apropiadamente podría decirse: ‘Quítate los zapatos de los pies porque el lugar donde estás es tierra santa‘? [ref.] ¿Y no es la sacralidad igualmente profunda cuando, bajo el insaciable anhelo de ese corazón viudo, se está a punto de intentar tender un cable telefónico a través de la tumba y hablar una vez más con el ser amado, rompiendo así el insoportable silencio? Tennyson habló con verdadera cautela profética y consejo cuando dijo a los tales:
Cuán puro de corazón y sano de cabeza,
con qué divino afecto audaz
debiera ser el hombre cuyo pensamiento sostuviera
una hora de comunión con los muertos.
En vano tú, o cualquiera, convocará
a los espíritus desde su día dorado,
a menos que, como ellos, tú también puedas decir:
mi espíritu está en paz con todos.
Pero cuando el corazón está lleno de estruendo,
y la duda junto al portal espera,
no pueden sino quedarse escuchando ante las puertas,
y oír el jaleo doméstico dentro. [ref. [2.]]
La comunicación entre los estados físico y espiritual del ser no sólo es posible, sino natural, ininterrumpida y libre; libre como los océanos lo están para la navegación o el aire para los aviones. Las únicas limitaciones por las que estás condicionado no se encuentran en ninguna obstrucción imaginaria que se supone que bloquearía el camino, sino que todo depende del carácter y la capacidad del vehículo en el que haces el intento. Nadie intentaría cruzar el Atlántico en un bote de remos, ni pasar de Europa a América en un globo de gas. Ambos son útiles, convenientes y deseables para propósitos y necesidades locales y aisladas, pero deben necesariamente ceder el lugar a poderes mayores y más duraderos cuando se hace el esfuerzo de unir o tender un puente sobre la gran brecha que se extiende entre continente y continente.
A medida que el instinto del animal ha evolucionado hacia el poder de razonamiento del hombre, y el intelecto se ha desplegado para dar el poder superior del genio inventivo, estas imposibilidades de los antiguos se han convertido no sólo en posibles, sino en habituales. Pero por grande que sea el intelecto humano, por sugestivamente omnipotente que parezca ser, tiene sus limitaciones y fronteras más allá de las cuales no puede pasar, porque está unido a lo físico, y pronto debe llegar a un punto en el que se oye a un poder superior decir, como al mar cuando se le cierran las puertas: ‘Hasta aquí llegarás, pero no más allá; y aquí se detendrán tus orgullosas olas‘ (Job 38:11). El barco más poderoso que surque el océano nunca podrá cruzar la tierra, ni el avión más soberbio que el genio pueda perfeccionar tendrá poder para cruzar el vacío entre los planetas y visitar al vecino más cercano de la Tierra. Y la razón por la que puedo hablar con tanta seguridad de esto es que existe una condición entre los planetas, misteriosa, desconocida, inexplorada, no conquistada, ante la cual el intelecto, la ciencia, la sabiduría y los logros humanos son mudos e impotentes.
A medida que el intrépido aeronauta asciende, descubre que las condiciones que lo rodean se han vuelto absolutamente imposibles de soportar para la existencia física. Alcanza el límite fatal más allá del cual la carne y la sangre no pueden traspasar. En las alturas encuentra, como en las profundidades, una tumba. Y, sin embargo, esa Tierra de Nadie no es un vacío incondicionado. ¿Qué es? ¿No hay ninguna analogía en la naturaleza que nos permita vislumbrar su uso y propósito? Yo creo que sí. Volvamos de nuevo a nuestro Libro-Guía. ‘Y llamó Dios a la luz día, y a las tinieblas llamó noche. Y la tarde y la mañana fueron el primer día‘ (Génesis 1:5). Esto satisface todas nuestras necesidades: la tarde y la mañana, las tinieblas y la luz, en la creación; y en el hombre, lo físico y lo espiritual. Pero en la naturaleza, entre los dos estados, tenemos el crepúsculo, que sirve al propósito de entremezclar o entregar la noche al día ─la oscuridad a la luz─. Así pues, el hombre es una criatura de cuerpo, alma y espíritu, y la condición Psíquica o anímica es el agente de transición entre lo Físico y lo Espiritual.
Es importante en el más alto grado para mí el señalar aquí que, aunque la línea de demarcación entre los estados físico y psíquico, o psíquico y espiritual, es muy fluida, como la marca de la marea en una playa inclinada, siempre es la condición superior la que se extiende [reaches down] y abraza a la inferior. Lo físico no tiene poder para invadir la esfera psíquica, ni lo psíquico puede tener el más mínimo derecho a traspasar la frontera de lo espiritual. Fue la espera para deshacerme del último rastro de lo psíquico lo que me impidió cruzar la división que me impedía llegar a la Puerta cuando la contemplé por primera vez. Aquí se hace evidente la sabiduría de Dios al diseñar el Estado de Sueño como una escuela en la que el alma transitoriamente desencarnada podría ser preparada y calificada para alcanzar alturas más elevadas al entrar en la desencarnación, en comparación con que estuviera solamente sujeta al intelecto y a las enseñanzas disponibles en lo físico.
Esto me lleva de nuevo a la consideración de la apertura de la comunión. Ningún investigador tiene la capacidad de influir en otro que se encuentre en un plano espiritual más elevado que él. Entonces
Cuán puro de corazón y sano de cabeza,
con qué divino afecto audaz
debiera ser el hombre cuyo pensamiento sostuviera
una hora de comunión con los muertos.
¿No es el intento de acercarse a tal entrevista pisar terreno sagrado? ¿Sería de tu agrado romper el silencio de la muerte en compañía de un crítico capcioso, o de un agnóstico científico, o de un buscador ocultista, o de alguien en busca de sensaciones para el té de la tarde?
Por increíblemente sorprendente y repugnante que pueda parecer, la sesión de espiritismo ordinaria no pocas veces presenta tales características. No me malinterpretes. No me opongo a la investigación, ni te pido que creas sin la prueba más drástica. No se puede llegar al santuario interior sin atravesar primero el portal. Antes de poder entrar en la sagrada comunión que deseas restablecer, debes encontrar el alma por la que tu corazón suspira [creo que en el sentido de conocerte bien a ti mismo, como alma, creada por Dios, vida dada por Dios, digamos]. Debes estar completamente seguro en tu propia mente de que este camino místico no es un engaño ni una trampa. Tienes derecho a ello, es más, se exige que lo compruebes, y se ponen a tu disposición los fenómenos preliminares mediante los cuales puedes estar seguro y ser conducido hacia la revelación más profunda. ‘Buscad y hallaréis’. ‘No está oculto de ti, ni está lejos. No está en el cielo, para que digas: «¿Quién subirá al cielo por nosotros, y nos lo traerá, para que lo oigamos y lo pongamos por obra?». Tampoco está más allá del mar, para que digas: «¿Quién cruzará el mar por nosotros y nos la traerá para que la oigamos y la pongamos por obra?». Mas la palabra está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la pongas por obra‘ (Deuteronomio 30:12-14). Mas lo que te aconsejo es que hagas y mantengas tu indagación preliminar como una parte sagrada de tu oración o culto privado o familiar, y la guardes tan solemnemente como lo hiciste con la separación que ahora intentas anular.
Quiero ser muy claro y enfático aquí, porque los grandes asuntos están necesariamente sujetos a riesgos igualmente grandes. Ya he señalado cuán estrechamente aliada está la cuarta esfera con lo físico en más de un aspecto; en particular, es el portal a través del cual se efectúa el pasaje. Sus ocupantes son, en su mayoría, recién llegados, y por lo tanto muy poco mejor familiarizados con la nueva vida de lo que lo estaban antes de la transición. Digo «en su mayoría» a propósito, porque los que han vuelto a esta condición después de la purgación, aunque se les preguntara, serían naturalmente muy reservados en cuanto a su experiencia; tampoco serían tan propensos a ser buscados por amigos personales como los que hubieran pasado más recientemente.
Se deduce, pues, naturalmente, que esta cuarta esfera se convierte en el gran centro de demanda y de oferta entre las sesiones públicas y las presididas por médiums profesionales, y pido a todos los que las conocen que recuerden cuántas de las respuestas a las preguntas sobre la condición de los comunicantes [communicants] van en este sentido: cuán raramente se trata de alguien que hable desde la quinta.
Como ejemplo de la clase de autoridad y conocimiento con que hablan, tomo una ilustración característica de un volumen escrito por una de sus más respetadas y eminentes autoridades científicas y me abstengo de ofrecer una palabra de crítica. Tan sólo pregunto: ¿Merece la pena romper el silencio de la tumba para obtener semejante información?
Una palabra de explicación puede ser necesaria. Si el lector ha seguido cuidadosamente mi descripción del diagrama, podrá verificar la posición desde la que se da la comunicación. Procede de un soldado, muerto unas diez semanas antes, que se encuentra todavía vestido de caqui, y no habla él mismo, sino a través de «una niña india». El mensaje es para su padre, y el tema en cuestión son las casas y la ropa en el más allá. Estas cosas, se nos dice, tienen que ser fabricadas, «al igual que vosotros fabricáis las cosas sólidas». Y la pregunta es: ¿Cómo?
«… Todo lo muerto tiene olor, si os fijáis; y ahora sé que el olor es de utilidad real, porque es a partir de ese olor que somos capaces de producir duplicados de cualquiera que sea la forma que tuviera antes de convertirse en olor. Incluso la madera vieja tiene un olor diferente de la nueva; hay que tener un olfato agudo para detectar estas cosas en el plano terrestre.
»Trapos viejos -dice-, telas que se descomponen y se pudren. Los distintos tipos de tela desprenden olores diferentes: el lino podrido huele distinto de la lana podrida. Como comprenderéis, todo esto me interesa. Aparentemente, por lo que he podido averiguar, la lana podrida parece utilizarse para hacer cosas como tweeds [tejido de lana áspera] en nuestro lado… Mi traje, supongo, fue hecho de lana peinada descompuesta en vuestro lado». (Raymond, Sir Oliver Lodge [ref.] [2], pp. 198-9)
No critico ni niego la validez de la comunicación en sí; lo más probable es que sea perfectamente correcta en cuanto a su fuente y transmisión. Lo que quiero decir es lo siguiente: las almas que ocupan cualquier posición en la cuarta esfera, tanto si han pasado recientemente como si han atravesado por necesidad las condiciones inferiores, no se hallan en una etapa suficientemente avanzada como para hablar con algún grado de autoridad espiritual en cuanto a la vida desencarnada. Sin embargo, estas son las almas que más fácilmente atraen las sesiones de espiritismo y los médiums profesionales.
¿Empiezas a preguntarte adónde te estoy llevando? ¿Acaso me he atrevido a abrir una puerta de esperanza para que tus ojos ensombrecidos por las lágrimas vislumbren la escena que anhela tu dolorido corazón, sólo para cerrarla de nuevo y reírme de tu confiada credulidad? ¡Dios me libre! Yo he estado donde tú estás. He sentido y soportado el dolor que nubla toda tu vida. La angustiosa pregunta que estás haciendo ─’Si un hombre muere, ¿volverá a vivir?‘ [ref.]─ la he repetido trabajosamente, rezando por alguna respuesta, pero todo en vano, hasta que mi cansada cabeza cayó sobre la almohada de la tumba. Sé cuán sagrada es la búsqueda, soy consciente de la terrible solemnidad del lugar cuando nos acercamos a la zarza ardiente, y no tengo otro deseo que preservar su santidad. Hay quienes, en su búsqueda de lo maravilloso y oculto «se precipitarían donde los ángeles temen pisar». A todos ellos les diría con tristeza: «Retrocede, hermano mío, estamos a punto de entrar en el lugar secreto del Altísimo, donde te encontrarás miserablemente fuera de lugar». Pero al corazón destrozado, cansado y cargado, que busca luz en las tinieblas de la vida, el aceite de la alegría para su duelo, le tiendo la mano de la fraternidad y le digo: «Sígueme y verás que la muerte es devorada por la victoria».
A punto de abrir la puerta, permíteme recordarte de nuevo que al cruzar el umbral pasamos del reino físico al dominio de lo espiritual, y, para asegurar el éxito que buscas, se te exigirá que te coloques, en la mayor medida de tus facultades, en armonía con las condiciones de la vida espiritual. Puede que no seas puro y santo, pero la consciencia de tus defectos y la sagrada resolución de aspirar honestamente a tal condición serán aceptadas provisionalmente si se presentan adecuadamente. Por lo tanto, ninguna alma realmente hambrienta será rechazada con las manos vacías. No es de extrañar que el desterrado Jacob, cuando se dio cuenta de todas las posibilidades y bendiciones que se extendían ante sus ojos y oídos, al cruzar este umbral, dijera: ‘Ciertamente esta no es otra sino la casa de Dios, y esta es la Puerta del Cielo‘ [ref.].
Ahora entremos. Y, habiendo cerrado todo contacto con lo físico, en nuestra aspiración, pongámonos en armonía con las nuevas condiciones que nos rodean. En esta luz extrañamente nueva, todos y cada uno de nosotros somos vistos y conocidos y tratados tal como somos, no como haríamos que otros piensen que somos. Aquí sólo llevamos las ropas que nuestras vidas han tejido para ocultar nuestra desnudez. Todos estamos desnudos aquí, en presencia de nuestro Padre, nuestro Dios. Nadie debe tener miedo. Sencillamente, humildemente, apenados ─probablemente así será─, derramemos nuestros deseos ante Él: desnudemos la herida que la Muerte ha hecho; supliquémosle que cure la llaga abierta y restaure la comunión rota, confiados en que Él es el vencedor de la Muerte. Luego, dejando nuestra petición a Sus pies, ‘descansa en el Señor, espérale pacientemente‘ [ref.], y Él te concederá el deseo de tu corazón.
El camino real, natural, construido por el cielo para restablecer la comunión entre lo mortal y lo espiritual, no es por medio de la sala de sesiones y el médium; estos accesorios pueden ser y son frecuentemente empleados en ocasiones, pero deben ser considerados como excepciones e irregulares en lugar de la regla. La carretera por la que el hombre caminante no errará, ni será engañado o desviado, es a través del ministerio del hermano gemelo de la Muerte, el Sueño. Byron tenía razón cuando dijo:
El sueño baña su propio mundo,
una frontera entre las mal llamadas
Muerte y Existencia. [ref.]
Consultemos nuestro Libro Guía: ‘Él da a su amado [en] el sueño‘ (Salmos 127:2). ‘En un sueño, en una visión de la noche, cuando el sueño profundo cae sobre los hombres, en los sopores sobre el lecho; entonces Él [Dios] abre los oídos de los hombres, y sella [confirma: «sealeth»] su instrucción, para apartar al hombre de su propósito, y ocultar el orgullo del hombre. Él guarda su alma de la fosa, y su vida de perecer a espada» (Job 33:15-18). Los hombres se han desviado del camino y han perdido de vista ésta, la parte más preciosa de la función del sueño. Tiene un propósito mucho mayor, en la economía de Dios, que dar descanso a un cuerpo agotado. Fue utilizado desde el principio para hacer saber a Adán que él tenía una naturaleza espiritual además de física; para mostrar al proscrito Jacob el camino hacia el hogar espiritual; para revelar a José el futuro concerniente a Egipto, e instruirle al respecto; para conceder el don de la sabiduría a Salomón; para abrir la vista de las edades futuras a Daniel en Babilonia, y darle la interpretación del sueño del rey; y da la promesa de que el ministerio divino será restaurado de nuevo en los últimos días ─una promesa que incluso ahora se está cumpliendo por todas partes─.
Otra mirada a nuestro diagrama mostrará que existe un corredor abierto entre la Tierra y el estado de sueño (IX), pero ─y aquí radica el poder de la esclavitud en la que el hombre ha sido atrapado─ si este paso libre e ininterrumpido se hubiera dejado como Dios lo había diseñado en un principio, nunca habría sido posible un culto de sacerdocio (pastores asalariados). Bajo las enseñanzas (enfáticamente plural) de la Babel de la Teología el hombre ha aprendido la triste verdad del pronunciamiento de Isaías: ‘Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dice el Señor’ [ref.].
Sin embargo, el camino está libre y abierto para quien tenga el valor y el deseo de utilizarlo. Si la Revelación necesitase, o le importase, pedir la confirmación de la Ciencia, sería fácilmente asequible [procurable] entender que el cuerpo es desocupado por el alma durante las horas del sueño. ¿Dónde, pues, va el alma? La respuesta no hay que buscarla muy lejos. Ya hemos visto que en la desencarnación cada alma va a su propio lugar. ¿Debe sorprendernos que haya un lugar preparado para los que son liberados temporalmente? ¿No es lo que podríamos esperar de un Dios perfecto en todas sus obras y caminos, que provea un lugar donde los afligidos puedan reencontrarse con los amados? Incluso el hombre permite tales entrevistas ocasionales con los prisioneros, y Dios es más misericordioso que el hombre. Así que esta escuela nocturna del alma ha sido diseñada para demostrar el hecho de que ‘No hay Muerte‘.
No ha habido interrupción de su servicio desde el momento en que Adán aprendió en ella que era un ser espiritual además de físico. Pero, bajo las enseñanzas del sacerdocio, el hombre ha permitido que su memoria de las lecciones que ha recibido sea ridiculizada y olvidada. La recuperación de la facultad de la memoria es un asunto enteramente personal, que cada alma debe lograr por sí misma. Ningún tercero tiene autoridad, derecho o necesidad, para intervenir. Los apoderados, abogados o representantes están totalmente fuera de lugar cuando un niño desea admitir algo o pedir un favor a sus padres. Por lo tanto, digo, cuando busques abrir esta comunión, que es tu derecho de nacimiento, procede de acuerdo con la ley del reino, ‘cuando hayas cerrado tu puerta, ora al Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto te recompensará abiertamente’ [ref.]. El recuerdo de la comunión con los seres queridos ausentes amanecerá en ti. Descubrirás que nunca ha cesado. Sólo tu memoria ha fallado. Simplemente has cambiado las horas de tu interrelación, de la vigilia al sueño, y ellos son mil veces más preciosos para ti ahora en su vida superior de lo que eran antes. O, si los encuentras cosechando lo que han sembrado en una esfera inferior a la terrestre, descubrirás que tu amor todavía puede serles de ayuda ─un ejemplo de lo cual registraré pronto para tu instrucción─.
Pero alguien me dirá que lo que necesita es una demostración en lo objetivo y no en lo subjetivo. Esto también está previsto, y se alcanzará de forma mucho más fiable mediante el camino por el que abogo que por cualquier otro proceso ideado por el hombre.
El hombre no es una máquina compuesta de piezas estandarizadas que puedan ser intercambiadas y reemplazadas según lo requiera la ocasión. No es simplemente un bruto que se deja llevar por los impulsos del instinto. Ha sido creado a imagen de Dios, y es un ser misteriosamente complicado, accionado y dirigido de acuerdo con la obra de un Espíritu dentro de él que, hasta ahora, apenas está en condiciones de reconocer, y ciertamente no es capaz de comprender. De ahí que el mayor y más profundo misterio de la creación al que el hombre debe enfrentarse sea: él mismo. Y tampoco la solución se alcanzará del todo si el hombre no conoce a su Padre-Dios [Nor
will the solution over be reached until man knows his Father-God]. En toda la gran familia de la humanidad no hay dos que sean idénticos en todos los aspectos; por consiguiente, lo que es bueno para uno puede ser perjudicial para otro, y esto se aplica a cada aspecto y trayecto de la existencia, así como se encuentra en su infancia o etapa física.
Aquí surge la necesidad de la escuela que Dios ha provisto en el estado de sueño, completamente equipada y provista de maestros que son competentes para enseñar y decir: ‘Este es el camino’, y luego guiar a sus alumnos en el camino de vida designado. Esta «manera» se adapta con la mayor exactitud a cada necesidad individual de la vida en particular que esté bajo dirección. La sabiduría que ha dispuesto que un alma, en las horas del sueño, ascienda a la región de los desencarnados, ha dispuesto también que sus tutores y guardianes tengan igual acceso para aconsejar y dirigir en las horas más necesitadas [needful] de su entorno físico. ‘Pondrá a sus ángeles a cargo de ti, para que te guarden en todos tus caminos. Te sostendrán en sus manos, para que no tropieces con tu pie en piedra‘ (Salmos 91:11-12). Pero las fuentes de interrelación de que disponen estos ángeles guardianes son tan variadas y numerosas como las circunstancias y necesidades que reclaman su intervención. Es una falacia de la imaginación más infantil suponer que la comunicación con el cielo se limita a las sesiones de espiritismo y a los médiums de trance. Sería como sostener que los vientos libres del cielo sólo soplan a través del fuelle de la cocina. La primera, como dijo el Maestro, ‘sopla donde quiere‘ [ref.], y la segunda se adapta igualmente sin restricción a la ocasión, al individuo y a la circunstancia en relación con la cual se requiere ayuda. Agar, en el desierto, necesita clarividencia para poder encontrar el agua necesaria para salvar la vida de su hijo [ref.]; Jacob aprende primero el camino al cielo desde la tierra mientras duerme, pero más tarde se le concede, no sólo ver, sino incluso luchar con un espíritu materializado [ref.]; a Moisés se le permite comulgar con la ‘voz directa‘, ‘cara a cara, como un hombre habla con su amigo» [ref.]; A Abraham, tres ángeles, como hombres, se le aparecen y conversan mientras está sentado a la puerta de su tienda [ref.]; a Elías, se le concede, en respuesta a su oración, un despliegue de fuego que quema su ofrenda [ref.]; a David se le concede escribir y dibujar automáticamente; a Eliseo, resucitar a los muertos [ref.]; pero ¿para qué prolongar más la lista? Las leyes de Dios son hoy, como lo fueron en el principio, sin necesidad de cambio o corrección.
Por lo tanto, al tratar de abrir la comunicación, ¿no es mucho mejor que el aspirante «busque a su Dios» para todos sus suministros, necesidades y guía directa, en lugar de recurrir a aquellos que se erigen como intérpretes del más allá por medio de sesiones espiritistas y espíritus familiares?
Dios ha perfeccionado Su propio plan y diseño para alcanzar y dirigir a cada alma individual que viene a la existencia. Cada cual tiene su propio lugar que ocupar, que ninguna otra alma puede ocupar, y Dios tiene Su propio método designado y preparado para llevar a cada alma a su meta designada. Desde el momento en que el llamado, ‘ven‘, alcanza a un hombre, se le dirige a tomar el camino recto, sin volverse ni a la derecha ni a la izquierda en su apremio hacia el hogar. Entonces, todo don espiritual que sea necesario para su ayuda y edificación le será concedido a medida que avanza. Pero que el hombre tenga cuidado; el que decide elegir por qué método o manifestación será dirigido y aconsejado, pronto se encontrará fuera del camino, y finalmente en la mazmorra de la Colosal Desesperación. El profeta del Señor que ha sido llamado a escuchar clarividentemente los planes secretos del rey de Siria, hablados en la alcoba del monarca, no será instruido por medio de una mesa giratoria; él, que tiene que descifrar la misteriosa escritura en la pared, no necesitará recurrir a un clarividente para su interpretación [ref.]; Daniel no necesita la ayuda de un quiromántico para leer la profecía del futuro; Pedro no necesita la asistencia de un médium en trance para liberarse de sus grilletes y pasar por la puerta abierta de su prisión. Si se buscan de acuerdo con la dirección espiritual, los dones espirituales pueden ser tan numerosos como las misericordias de Dios y pueden estar a la altura de cada ocasión y necesidad. Asegúrate de que las instrucciones sean observadas, y entonces ‘todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá‘.
Versión en inglés
CHAPTER FIFTEEN
CONCERNING SPIRITUAL INTERCOURSE
IT is a common but very natural fallacy that, granted a means of communication can be established between the so-called living and the dead, it would be most readily achieved between members of the same family than with strangers. Such a supposition is based upon the idea of the continuance of blood relationship; but “flesh and blood cannot inherit the kingdom of God,” and the only relationship that survives is the sacred bond of pure affection. In the spiritual realm there is only one family which embraces “every kindred, and tongue, and people and nation. “One is their Father, even God, and all are brethren.
This may be a hard saying for you to consent to receive, and you may doubt the truth of what I say. Well! I am simply telling you what I have myself discovered. If you prefer to wait until you discover it, the result will not be fatal. All mistakes will then have to be corrected. whatever their nature or extent – venial or mortal, they must be expiated and atoned for. But no matter where the prodigal may be when he comes to himself, he will then learn that there is a way home from the ground whereon he lies, and someone near at hand to lead him to it.
Still a little reflection and forethought touching the question of opening up communion may not be out of place. Whether a man is or is not a believer in the immortality of the soul really makes little or no difference to the fact that when he stands by the bed of a beloved one and watches the vital spark flicker to extinction, so far as the physical is concerned, he stands face to face with the most awfully solemn experience of life. Standing there, clasping the almost unresponsive hand, watching the stealthy, almost visible approach of death, who is there who does not feel how appropriately it might be said, “Put off thy shoes from off thy feet for the place whereon thou standest is holy ground” And is not the sacredness equally profound when, under the insatiable longing of that widowed heart, an attempt is about to be made to stretch a telephone wire across the grave and speak once more with the beloved, and so shatter the unbearable silence? Tennyson spoke with true prophetic caution and advice when to such he said:
How pure at heart and sound in head
With what divine affection bold
Should be the man whose thought would hold
An hour’s communion with the dead.
In vain shalt thou, or any, call
The spirits from their golden day,
Except like them, thou too canst say,
My spirit is at peace with all.
But when the heart is full of din,
And doubt beside the portal waits,
They can but listen at the gates,
And hear the household jar within.
Communication between the physical and the spiritual states of being is not only possible, but natural, uninterrupted and free; free as the oceans are to shipping, or the air to aircraft. The only limitations by which you are conditioned are to be found, not in any imaginary obstructions which are supposed to block the way; everything depends on the character and capacity of the vehicle in which you make the attempt. No man would try to cross the Atlantic in a rowing-boat, nor to pass from Europe to America in a gas-balloon. These are both useful, convenient and desirable for insular and local purposes and necessities, but must needs give place to greater and more enduring powers where the effort is made to unite or bridge the great divide that lies between continent and continent.
As the instinct of the animal has evolved into the reasoning power of man, and intellect unfolded into the higher power of inventive genius, these impossibilities of the ancients have become not only possible but commonplace. But great as the human intellect is – suggestively omnipotent as it appears to be, it has its bounds and limitations beyond which it may not pass, because it is yoked to the physical, and presently must reach a point where a higher power is heard saying, as to the sea when its doors were shut: “Hitherto shalt thou come but no further; and here shall thy proud waves be stayed “ (Job xxxviii, 11). The mightiest ship that ploughs the ocean will never be able to cross the land, nor will the most superb aeroplane that genius can perfect have power to cross the void between the planets and visit Earth’s nearest neighbour. And the reason why I am able to speak so confidently as to this is, that there lies a condition between the planets, mysterious, unknown, unexplored, unconquered, in the presence of which, intellect, science, human wisdom and achievement are both dumb and powerless.
As the intrepid aeronaut ascends he finds the conditions by which he is surrounded become absolutely impossible for physical existence to endure. He reaches the fatal boundary beyond which flesh and blood may not trespass. In the heights he finds, as in the depths – a grave. And yet that No Man’s Land is not an unconditioned void. What is it? Is there no analogy in nature that will enable us to gain some foregleams of its use and purpose? I think so. Turn to our Guide-Book again. “And God called the light day, and the darkness he called night. And the evening and the morning were the first day” (Gen. i, 5). This supplies all our need – evening and morning, darkness and light, in creation; and in man, physical and spiritual. But in nature, in between the two estates, we have the twilight, which serves the purpose of inter-blending or handing the night to day – the darkness to the light. So man is a creature of body, soul and spirit, and the Psychic or soul condition is the transitional agent between the Physical and the Spiritual.
It is in the highest degree important for me to point out just here that, though the line of demarcation between the physical and psychic or psychic and spiritual, estates is a very fluidic one, as the tidal mark upon a sloping beach, yet it is always the higher condition that reaches down to and embraces the lower. The physical has no power to invade the psychic sphere, nor has the psychic the slightest claim to cross the frontier of the spiritual. It is the waiting to get rid of the final trace of the psychic that kept me from crossing the division that hindered my reaching the Gate when I first beheld it. Here is made apparent the wisdom of God in designing the Sleep-state as a school in which the temporary discarnate soul might be prepared and qualified to higher heights on entering the discarnate than if only subjected to the intellect and teachings available in the physical.
This brings me back again to the consideration of the opening of communion. No enquirer has ability to influence another who stands on a higher spiritual plane than himself. Then
How pure at heart and sound in head,
With what divine affection bold
Should be the man whose thought would hold
An hour’s communion with the dead.
Is not the attempt to approach such an interview treading on holy ground? Would you care to break the silence of death in company with a captious critic, or scientific agnostic, or occult prospector, or one in search of an afternoon-tea sensation?
Incredibly startling and revolting as it may appear, the ordinary séance not infrequently presents such features. Do not misunderstand me. I am not objecting to enquiry, or asking you to believe without the most drastic proof. You cannot reach the inner shrine without first passing through the portal. You must first find the soul for whom your heart is aching, before you can enter upon the hallowed communion you wish to re-establish. You must be fully assured in your own mind that this mystical path is not a delusion and a snare. This you have a right – nay, more, it is demanded that you should ascertain, and the preliminary phenomena by which you may be assured and led forward into the deeper revelation is placed at your disposal. “Seek, and you shall find.” “It is not hidden from thee, neither is it far off. It is not in heaven, that thou shouldest say, ‘Who shall go up to heaven for us, and bring it unto us, that we may hear, and do it?’ Neither is it beyond the sea, that thou shouldest say, ‘Who shall go over the Sea for us, and bring it unto us, that we may hear it, and do it?’ But [it] the word is very nigh unto thee, in thy mouth and in thy heart, that thou mayest do it” (Deut. xxx, 1114). But what I counsel is that you make and keep your preliminary enquiry a sacred part of your private or family prayer or worship, and guard it as solemnly, as was the parting you are now seeking to annul.
I wish to be very clear and emphatic here, because great issues are necessarily subject to equally great risks. I have already pointed out how closely the fourth sphere is allied to the physical in more than one aspect, notably, it is the portal through which the passage is made. Its occupants are, for the most part, new arrivals, and therefore very little better acquainted with the new life than they were before the transition. I say for the most part advisedly, because those who have returned to this condition after purgation, even though they were enquired of, would naturally be very reticent as to their experience; neither would they be so likely to be sought after by personal friends as those who had more recently passed over.
It naturally follows, then, that this fourth sphere becomes the great centre of demand and supply between public séances and those presided over by professional mediums, and I ask all who are acquainted with such to recall how many of the replies to enquiries as to the condition of the communicants are to this effect – how seldom they bear of one who speaks from the fifth.
As an instance of the kind of authority and knowledge with which they speak, I take a characteristic illustration from a volume written by one of your most respected and eminent scientific authorities and refrain from offering one word of criticism. I only ask : “Is it worth while to break the silence of the grave to gain such information?”
One word of explanation may be necessary. If the reader has carefully followed my description of the diagram, he will be able to verify the position from which the communication is given. It comes from a soldier, who had been killed some ten weeks earlier, who finds himself still wearing khaki, and does not speak himself, but through “a little Indian girl.” The message is to his father. and the subject under consideration is houses and clothing in the beyond. These things, we are told, have to be manufactured, “just as you manufacture solid things.” The question is – “How?”
“ . . . Everything dead has a smell, if you notice; and I know now that the smell is of actual use, because it is from that smell that we are able to produce duplicates of whatever form it had before it became a smell. Even old wood has a smell different from new wood ; you may have to have a keen nose to detect these things on the earth plane.
“Old rags,” he says, “ cloth decaying and going rotten. Different kinds of cloth give off different smells – rotting linen smells different from rotting wool. You can understand how all this interests me. Apparently, as far as I can gather, the rotting wool appears to be used for making things like tweeds on our side . . . My suit, I expect, was made from decayed worsted on your side.” (Raymond, Sir Oliver Lodge, pp. 198-9)
I do not criticize or deny the validity of the communication itself – most probably it is perfectly correct as to its source and transmission. My point is this – Souls who occupy any position in the fourth sphere, whether they have recently passed over, or have perforce been through the lower conditions, are not in a sufficiently advanced stage to speak with any degree of spiritual authority as to the discarnate life. Yet these are the souls most easily attracted by séances and professional mediums.
Are you beginning to wonder where I am leading you? Whether I have dared to open a door of hope for your tear-dimmed eyes to catch a glimpse of the scene for which your aching heart is yearning, only to shut it again and laugh at your trusting credulity? God forbid ! Where you are standing, I have stood. The sorrow which is darkening all your life, I have felt and endured. The agonizing enquiry you are making – “if a man die, shall he live again?” – I have toilsomely followed, praying for some response, but all in vain, until my wearied head dropped upon the pillow of the grave. I know how sacred is the quest – am conscious of the awful solemnity of the place as we approach the burning bush, and I have no other wish or desire but to preserve its sanctity. There are those who, in their search after the wonderful and hidden, would “rush in where angels fear to tread.” To all such I would sorrowfully say : “Turn back, my brother, we are about to enter the secret place of the Most High, where you will find yourself most miserably out of place.” But to the heart-broken, weary and heavy-laden, who are seeking light in life’s darkness, the oil of joy for their mourning, I reach out the hand of fellowship and say: “Follow me, and you shall find that death is swallowed up in victory.”
As I am about to open the door, let me again remind you that in crossing the threshold we pass from the physical realm to the domain of the spiritual, and, to ensure the success you seek, you will be required to place yourself, to the utmost extent of your powers, in harmony with the conditions of the spiritual life. You may not be pure and holy – but a consciousness of your shortcoming and a sacred resolve to honestly aspire to such a condition will be tentatively accepted if suitably presented. Therefore no really hungry soul will be turned empty away. No wonder that the outcast Jacob, when he realized all the possibilities and blessings that were spread out before his eyes and ears, when he passed across this threshold, said : “Surely this is none other but the house of God, and this is the Gate of Heaven.”
Now let us enter. And, having shut out all contact with the physical, in our aspiration, let us place ourselves in harmony with the new conditions with which we find ourselves surrounded. In this strangely new light we are each and all seen and known and dealt with as we are, not as we should have others think we are. We here wear only the garments our lives have woven to hide our nakedness. We are all naked here in the presence of our Father – our God. No one need be afraid. Simply, humbly, sorrowfully, it most probably will be, let us pour out our desires before Him – lay bare the wound that Death hath made – plead with Him to heal the open sore and to restore the broken communion, confident that He is the vanquisher of Death. Then leaving our petition at His feet, “rest in the Lord, wait patiently for Him,” and He will give you your heart’s desire.
The royal, natural, heaven-constructed way for restoring communion between the mortal and the spiritual is not by means of the séance room and the medium – these accessories may be, are frequently employed upon occasion, but they should be regarded as exceptions and irregular rather than the rule – the highway in which the wayfaring man shall not err, be deceived, or led astray, is through the ministry of Death’s twin-sister, Sleep. Byron was right when he said :
Sleep bath its own world,
A boundary between the things misnamed
Death and Existence.
Let us consult our Guide Book: “He giveth to His beloved [in] sleep” (Ps. cxxvii, 2). “In a dream, in a vision of the night, when deep sleep falleth upon men, in slumberings upon the bed; then He [God] openeth the ears of men, and sealeth their instruction, that he may withdraw man from his purpose, and hide pride from man. He keepeth back his soul from the pit, and his life from perishing by the sword” (Job xxxiii, 15- 18). Men have wandered from the way and have lost sight of this, the most precious part of the function of sleep. It has a far greater purpose, in the economy of God, than giving rest to a weary body. It was used from the beginning to make Adam know that he had a spiritual as well as a physical nature; to show the outlaw Jacob the way to the spiritual home; to reveal to Joseph the future concerning Egypt, and instruct him concerning it; to bestow the gift of wisdom upon Solomon; to open the vista of the future ages to Daniel in Babylon, and give him the interpretation of the king’s dream; and it gives the promise that the divine ministry shall be restored again in the latter days – a promise that is even now being fulfilled on every hand.
Another glance at our diagram will show that an open corridor exists between the earth and the sleep-state (IX), but – and here lies the power of the bondage into which man has been ensnared – were this free and uninterrupted passage left as God had first designed it, there would never have been a cult of priestcraft (hireling shepherds) possible. Under the teachings (emphatically plural) of the Babel of Theology man has learned the sad truth of Isaiah’s pronouncement: “My thoughts are not your thoughts, neither are your ways my ways, saith the Lord.”
Still, the way is free and open for whoever has courage and desire to use it. If Revelation needed, or cared to ask the confirmation of Science it would easily be procurable that the body is vacated by the soul during the hours of sleep. Where, then, does the soul go? The answer is not far to seek. We have already seen that in the discarnate every soul goes to its own place. Should it be surprising that there should be a prepared place for those who are temporarily set free? Is it not what we might expect of a God who is perfect in all His works and ways, to provide a place where the sorrowing ones might meet with the loved again? Even man allows such occasional interviews with prisoners, and God is more merciful than man. So this night school of the soul has been designed to demonstrate the fact that “There is no Death.”
There has been no interruption of its service since the time that Adam is recorded to have learnt therein that he was a spiritual as well as a physical being. But, under the teachings of priestcraft, man has allowed his memory of the lessons he has received to be laughed and ridiculed into oblivion. The regaining of the faculty of memory is a personal matter entirely, which every soul must achieve for itself. No third party has any authority, right or necessity, to intervene. Proxies, advocates, or representatives are altogether out of place when a child wishes to make an acknowledgment or to ask a favour from its parent. Therefore, I say, when you seek to open this communion, which is your birthright, proceed according to the law of the kingdom, “when thou hast shut thy door, pray to the Father which is in secret; and thy Father which seeth in secret shall reward thee openly. “The memory of the communion with the absent loved ones will dawn upon you. You will find it has never ceased. Only your memory has been at fault. You have simply changed the hours of your intercourse from the waking to sleeping, and they are a thousand times more precious to you now in their higher life than they were before. Or, should you find them reaping what they have sown in a lower sphere than earth, you will find that your love can still be of assistance to them, an instance of which I will record for your instruction presently.
But someone will tell me that what he requires is a demonstration in the objective rather than in the subjective. This also is provided for, and is to be far more reliably reached by the course I am advocating than by any other process devised by man.
Man is not a machine made up of standardized parts that may be exchanged and replaced as occasion may require. He is not simply a brute swayed and prompted at the impulse of instinct. He has been created in the image of God, and is a most mysteriously complicated being, actuated and directed in accordance with the working of a Spirit within him which, as yet, he is scarcely in a position to recognize, and certainly not able to comprehend. Hence the greatest and most profound mystery of creation which man has to face is – himself. Nor will the solution over be reached until man knows his Father-God. In all the great family of mankind there are no two that are in every respect identical, consequently that which is good for one may be injurious for another, and this applies to every aspect and walk of being, as it is found in its infancy or physical stage.
Here arises the necessity for the school which God has provided in the sleep-state, thoroughly equipped and furnished with teachers who are competent to teach and say. “This is the way,” and then guide their pupils into the appointed way of life. This “way” is most accurately suited to every individual need of the particular life under direction. The wisdom that has arranged for a soul in the hours of sleep to ascend into the region of the discarnate has also provided that its tutors and guardians shall have equal access to council and direct in the more needful hours of its physical environment. “He shall give His angels charge over thee, to keep thee in all thy ways. They shall bear thee up in their hands, lest thou dash thy foot against a stone” (Ps. xci, 11-12). But the sources of intercourse these angel guards have at their disposal are as varied and numerous as the circumstances and needs which call for their intervention. It is a fallacy of the most childish imagination to suppose that communication with heaven is limited to séances and trance mediumship. You might as well contend that the free winds of heaven only blow through the kitchen bellows. The former, as the Master said, “blows where it listeth,” and the latter is equally without restriction suited to the occasion, the individual, and the circumstance in connection with which assistance is required. Hagar, in the wilderness, needs clairvoyance to enable her to find the water necessary to save her child’s life; Jacob first learns the way to heaven from earth in his sleep – but later he is granted, not only to see, but even to wrestle with a materialized spirit; Moses is permitted to commune with the “direct voice,” “face to face, as a man speaketh with his friend; “ to Abraham three angels, as men, appear and converse as he sat at the door of his tent; to Elijah, a fire display is granted, in answer to his prayer, burning up his offering; to David automatic writing and drawing is granted; to Elisha, the resuscitation of the dead; but why need I further prolong the list? God’s laws are to-day, as they were in the beginning, without need of change or correction.
Therefore, in seeking to open communication, is it not far better that the aspirant “should seek unto his God” for all his supplies, needs and guidance direct, rather than apply to those who stand as interpreters of the beyond by means of séances and familiar spirits?
God has perfected His own plan and design for reaching and directing every individual soul that comes into existence. Each one has his own appointed place to fill which no other soul can take, and God has His own appointed and prepared method for bringing every soul to its appointed goal. From where the call to “Come” reaches a man he is directed to take the Straight course, turning neither to the right hand nor to the left in pressing homeward. Then every spiritual gift that is necessary to his assistance and edification will be granted to him as he proceeds. But let a man beware – he who determines to choose by what method or manifestation he will be directed and advised, will soon find himself out of the way, and ultimately in the dungeon of Giant Despair.
The prophet of the Lord who has been called to clair-audiently hear the secret plans of the King of Syria, spoken in the monarch’s bedchamber will not be instructed by means of a tipping table, he who has to decipher the mysterious handwriting on the wall will not need to resort to a clairvoyant for his interpretation; Daniel needs not the aid of a palmist to read the prophecy of the future; Peter needs no assistance from a trance medium to get free from his fetters and pass through the open door of his prison. Spiritual gifts can be as numerous as the mercies of God, and be equal to every occasion and need, if they are sought according to spiritual direction. Be sure that the instructions are observed, then “everyone that asketh receiveth; and he that seeketh findeth; and to him that knocketh it shall be opened.”