Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español
─ Versión en inglés
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Introducción
─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
A continuación vamos a ver el tema:
d.iii) El problema del pecado
Este tema es introductorio de un libro que es el primer volumen de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, Jesús de Nazaret.
Estos volúmenes fueron preparados por Divine Truth.
El primer volumen incluye los siguientes temas y apartados (los 11 temas numerados sirven para organizar temáticamente los mensajes):
a) ─ Retrato de James E. Padgett
b) ─ Mi testimonio (por Leslie R. Stone)
c) ─ FOTO ESPIRITUAL de Mary Kennedy con su alma gemela, el Dr. Stone.
d) ─ La verdadera misión de Jesús [estamos aquí]
I. Jesús y su relación con Dios.
II. Dios y el alma humana.
III. El problema del pecado. [estamos aquí]
IV. Redención del pecado.
─ 1. Los mensajes
─ 2. Ámbitos celestiales
La oración
─ 3. Inmortalidad
─ 4. ¿Quién y qué es Dios?
─ 5. Espíritu Santo
─ 6. Resurrección
─ 7. El alma
─ 8. Perdón
─ 9. Expiación
─ 10. Infierno
─ 11. Expiación vicaria
─ Mensajes adicionales
Versión en español
La Verdadera Misión de Jesús
III. El problema del pecado
Cuando los primeros padres [en estos mensajes van a participar personalmente y van a ser llamados Amón y Amán, conocidos en la tradición como Eva y Adán], o quienes ellos representan, poseían sus almas dadas por Dios, estas almas eran a imagen de Dios, pero no tenían nada de la esencia de Dios en ellas. Se les dio la oportunidad, sin embargo, de obtener la naturaleza de Dios a través de la oración por Su Amor, que al entrar en el alma humana a través de la agencia del Espíritu Santo, transforma esa alma de ser a imagen de Dios a ser esencia de Dios. Pero los primeros padres, en lugar de volverse hacia Dios y Su Amor, buscaron solamente el dominio de su entorno material y, en lugar de desarrollar sus almas para que participaran de la naturaleza de Dios a través del Amor Divino, eligieron el desarrollo de sus facultades intelectuales. Porque es a través de sus logros intelectuales que el hombre adquiere las posesiones materiales y la riqueza en las que tanto se fija y que lo marcan como alguien con éxito según los estándares mundanos. Así surgió la historia de la manzana y del Árbol del Conocimiento. Y es a través de este conocimiento material que vino el pecado, porque el hombre se apartó de Dios para ser independiente de Dios, y con ello vino el orgullo. Se volvió engreído, cruel, despiadado y sin corazón, cuando había sido creado con un alma llena de amor humano y misericordia y ternura y simpatía por sus semejantes. Así el hombre, en su crueldad, perdió el uso de las cualidades de su alma y la potencialidad de participar de la naturaleza del Padre a través de la afluencia del Amor Divino en su alma, y esta fue la muerte que el hombre sufrió cuando pecó. Porque, dice Jesús, la cuestión no era la del cuerpo material, sino la de la penalización consistente en haber perdido la oportunidad de alcanzar la unidad álmica [at-onement in soul] con el Padre. Los hombres perdieron la potencialidad de salvación que conlleva el volverse almas inmortales. La paga [wages] del pecado, como lo explica Jesús, es la muerte espiritual: la pérdida de la oportunidad del alma de participar de la naturaleza de Dios y vivir. La muerte en la carne, nos asegura Jesús, no es más que un incidente en el progreso del alma del hombre desde la preexistencia hasta el punto en que regresa al mundo espiritual con su individualidad asumida en el momento de la encarnación y manifestada en su cuerpo espiritual.
El problema del pecado, entonces, es la contaminación [defilement] del alma durante su período de encarnación. El pecado es la violación de las leyes de Dios, dice Jesús, tal como son dadas a la humanidad por aquellos de Sus mensajeros que transmiten Su voluntad a los mortales sintonizados con sus sugestiones, ya sea porque son más puros de corazón y están más cerca del Padre, o ya sea por sus poderes psíquicos o mediúmnicos. Un interesante mensaje firmado por Elías nos dice que él podía recibir mensajes del mundo invisible debido a las oraciones y al instinto religioso. He aquí, tal vez, la historia que es la de los grandes fundadores y reformadores religiosos de todos los territorios y épocas hasta la venida del Mesías. Todos ellos trataron de convertir al hombre a la vida moral, y los Ocho Pasos de Buda, el Código de Hammurabi y el Decálogo de Moisés pueden, tal vez, ser vistos como el éxito que los mensajeros del Padre lograron al plantar en la mente del hombre la consciencia de la existencia de las leyes de Dios, que debían ser observadas por todos Sus hijos para la pureza de sus almas.
Algunos de los mejores mensajes de esta colección son los de los profetas del Antiguo Testamento, como Elías, Samuel, Moisés y Daniel, que nos hablan de sus esfuerzos por apartar a sus compatriotas del pecado y del error en el comportamiento que tenían en sus vidas, y por llevarlos a unas normas de vida éticas, y de cómo trataban de dar efecto a sus sermones recurriendo a las amenazas de castigo que impondría un Dios airado e iracundo. Explican que no disponían de Su Amor ni lo conocían como una realidad, y lo concebían como un severo capataz vengativo y celador ‘de Su nombre‘ [ref.]. Su concepto más elevado del judaísmo, que adorna las páginas más elevadas [exalted] del Antiguo Testamento, era la fe intensa en Dios, la rectitud y la obediencia a Sus leyes. También corre a través de las Escrituras el tema del nuevo corazón [ref.]: la promesa del Amor del Padre, que sería otorgado en la plenitud de los tiempos, a los judíos primero, y después a toda la humanidad; pero este es un tema que, hasta donde yo sé, nunca ha recibido un tratamiento adecuado en el estudio de la religión hebrea.
Versión en inglés
III. The Problem Of Sin
When the first parents, or whom they represent, possessed their God-given souls, these souls were in the image of God, but they had nothing of the essence of God in them. They were given the opportunity, however, to obtain the nature of God through prayer for His Love, which on entering the human soul through the agency of the Holy Spirit, transforms that soul from the image of God into the essence of God. But the first parents, instead of turning to God and His Love, sought mastery of their material surroundings alone and, instead of developing their souls so that they would partake of the nature of God through Divine Love, chose the development of their intellectual faculties. For it is through his intellectual attainments that man acquires the material possessions and wealth by which he so much sets his store and which marks him as a success by worldly standards. And thus came the story of the apple, and the Tree of Knowledge. And it is through this material knowledge that came sin, for man turned from God to be independent of God, and with it came pride. He became puffed up, cruel, heartless and merciless, where he had been created with a soul full of human love and mercy and tenderness and sympathy for his fellow beings. Thus man, in his ruthlessness, lost the use of his soul qualities and the potentiality of partaking of the Father’s nature through the inflowing of the Divine Love into his soul, and this was the death which man suffered when he sinned. For, says Jesus, the material body was not in question; it was, rather, the penalty of having lost the opportunity of achieving at-onement in soul with the Father. Men lost the potentiality for salvation through becoming immortal souls. The wages of sin, as Jesus explains it, is spiritual death: loss of the soul’s chance to partake of God’s nature and live. Death in the flesh, Jesus assures us, is merely an incident in the progress of man’s soul from preexistence to the point where he returns to the spirit world with his individuality assumed at the time of incarnation, and manifested in his spirit body.
The problem of sin, then, is the defilement of the soul during its period of incarnation. Sin is the violation of God’s laws, says Jesus, as given to mankind by those of His messengers who transmit His will to mortals attuned to their suggestions, either because they are more pure in heart and are closer to the Father or because of their psychic or mediumistic powers. An interesting message signed Elijah tells us that he could receive messages from the unseen world because of prayers and religious instinct. Here, perhaps, is the story of the great religious founders and reformers of all lands and ages up to the coming of the Messiah. They all sought to turn man to the moral life, and the Eight Steps of Buddha, the Hammurabi Code and the Decalogue of Moses may, perhaps, be viewed as the success which the Father’s messengers attained in planting into man’s mind an awareness of the existence of God’s laws, which were to be observed by all His children for the purity of their souls.
Some of the finest messages in this collection are those from Old Testament Prophets, like Elijah, Samuel, Moses and Daniel, who tell us of their efforts to turn their compatriots away from sin and error in the conduct of their lives to standards of ethical living, and seeking to give effect to their sermons through recourse to threats of punishment to be meted out by an angry and wrathful God. They explain that His Love was not available to them nor was it known to them as a reality, and they conceived of Him as a stern taskmaster who was vengeful and jealous «of His name.» Their highest concept of Judaism, which graces the most exalted pages of the Old Testament, was intense faith in God, righteousness and obedience to His laws. There also runs through the Scriptures the theme of the new heart – the promise of the Father’s Love, to be bestowed in the fulness of time upon the Jews first and thereafter upon all mankind, but this is a subject which, as far as I know, has never been given adequate treatment in the study of the Hebrew religion.