1/3:1) 3. Inmortalidad (primer mensaje) | El verdadero evangelio – Revelado de nuevo por Jesús | Vol. 1. / 3:1

Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español
─ Versión en inglés 

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Introducción

─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga

A continuación vamos a ver parte del apartado:

3) Inmortalidad

Vemos el primer mensaje contenido en este tema 3.

El tema es el de la así llamada «inmortalidad», y vemos por qué resulta ser una clave tan importante.

Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:
unplandivino.net/transicion/

Forma parte de un libro que es el primer volumen de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, Jesús de Nazaret.

Estos volúmenes fueron preparados o compartidos así por Divine Truth (entre otras personas).

El primer volumen incluye los siguientes temas y apartados (los 11 temas numerados sirven para organizar temáticamente los mensajes):

a) ─ Retrato de James E. Padgett
b) ─ Mi testimonio (por Leslie R. Stone)
c) ─ Foto espiritual de Mary Kennedy con su alma gemela, el Dr. Stone.

           d) ─ La verdadera misión de Jesús

I. Jesús y su relación con Dios.
II. Dios y el alma humana.
III. El problema del pecado.
IV. Redención del pecado.

─ 1. Los mensajes
─ 2. Ámbitos celestiales
La oración
─ 3. Inmortalidad [estamos aquí: Vemos los primeros mensajes en este apartado 3]
─ 4. ¿Quién y qué es Dios?
─ 5. Espíritu Santo
─ 6. Resurrección
─ 7. El alma
─ 8. Perdón
─ 9. Expiación
─ 10. Infierno
─ 11. Expiación vicaria
─ Mensajes adicionales

Versión en español
3. Inmortalidad

Inmortalidad (Jesús) (2 junio 1920)

Permíteme escribir esta noche sobre un tema que tiene importancia para la humanidad y que debe ser explicado plenamente, para que puedan conocer la verdad que les mostrará el camino hacia la inmortalidad y la luz.

Sé que los hombres han debatido a lo largo de los siglos la cuestión de la inmortalidad del hombre, y que han intentado probar la realidad de su existencia mediante diversos argumentos y por referencia a la analogía del funcionamiento del universo de Dios en el cumplimiento de sus designios, tal como se muestra en las diversas creaciones de la naturaleza animada. En todas estas discusiones no han logrado establecer definitiva y satisfactoriamente el hecho de la inmortalidad. ¿Por qué? Porque, en primer lugar, no han comprendido lo que significa la inmortalidad, y sin una concepción correcta de aquello que se desea probar, se hace muy difícil demostrar con éxito la existencia de aquello que se trate. Sé que a veces algunos de los escritores sobre el tema han concebido y casi comprendido alguna idea de lo que es la inmortalidad, y sus esfuerzos se han dirigido a demostrar que por la consciencia interior del hombre, así como por la apariencia de aquellas cosas que en la naturaleza mueren y vuelven a vivir, el hombre está justificado para inferir que el hombre mismo es inmortal, o que su Creador tenía la intención de que lo fuera.

Pero la consciencia interior del hombre, es decir, el conocimiento de la posesión de ciertos deseos y aspiraciones, así como la comprensión de que su vida en la Tierra es demasiado breve como para permitirle realizar aquellas cosas que acomete con sus esfuerzos y luchas, y que, si aquello que realmente logra en el camino de su propio desarrollo mental y moral se acabara con la muerte física de los hombres, eso conllevaría meramente un ejercicio inútil de las facultades y poderes que Dios les dio; pero, no basta para probar la inmortalidad del hombre real. Tampoco es prueba de la inutilidad de la creación del hombre, aunque en un sólo momento se viera privado de todo el aprendizaje y de los demás beneficios de un intelecto desarrollado, así como de la progresión moral.

Hay una diferencia entre el estado y la condición de un alma humana que continúa en el mundo espiritual la vida que tenía cuando estaba encarnada en la carne, y el estado en el que no sólo continúa esta vida, sino que hace que la extinción de esta vida sea una imposibilidad absoluta ─incluso por Dios, que en el principio de la existencia del hombre creó esa alma─.

La verdadera Inmortalidad es, pues, el estado o condición de aquella alma que tiene conocimiento de que, debido a su esencia y cualidades, no puede dejar de vivir jamás, resultando conocida y como un hecho la imposibilidad de que deje de vivir.

Se ha dicho que todo lo que tiene un principio puede tener un final: lo que fue creado puede disolverse en sus elementos. Y la posibilidad de esto es cierta, y ningún hombre o espíritu puede negar la verdad de la afirmación. En vuestra vida terrestre encontráis que todas las cosas tienen un fin, es decir, en su forma individual y compuesta; y en el mundo espiritual, ¿por qué lo creado no podría correr la misma suerte? El hecho de que haya cosas en el mundo espiritual que existan como una continuación de las cosas de la Tierra, no significa que vayan a perdurar para siempre.

El mero cambio, causado por la muerte y por la desaparición de la visión de los hombres de aquellas cosas que una vez estuvieron vivas, no establece el hecho de que, al continuar viviendo en el mundo espiritual, ellos deban vivir para siempre. La muerte, que es vista como un ángel destructor, es meramente el resultado del cambio desde aquello que es visible hacia lo invisible, y no determina de ninguna manera la existencia eterna de la cosa cambiada.

Mientras está en la carne, el alma del hombre es la misma alma en cuanto a su identidad e individualidad que cuando se convierte en habitante del mundo espiritual, y si es inmortal mientras está en el mundo espiritual, también lo es mientras está en el cuerpo; y si puede dejar de tener una existencia inmortal en un estado, así pudiera ser también en el otro.

Supongamos que los hombres, con argumentos de la naturaleza mencionada, demuestran que el alma del hombre no muere cuando muere el cuerpo físico, sino que continúa su existencia en el mundo espiritual como un alma idéntica y personal. La muerte del cuerpo y la continuación de la vida del alma a partir de entonces no operan ningún cambio en las cualidades o esencia de esa alma; sigue siendo la misma alma creada que era en el principio, y ¿por qué no puede ser cierto que, siendo una cosa creada, pueda tener un final? Esto es lógico y no irrazonable.

Digo, pues, que aunque los hombres prueben con sus argumentos, para satisfacción de muchos, que el alma, después de la muerte del cuerpo físico, continúa viviendo en el mundo espiritual con todas sus facultades y potencias en funcionamiento activo, con ello no prueban ─ni prueban todos los hechos que les es posible descubrir y reunir─, que esa alma sea inmortal. El alma del hombre no ha existido siempre: no es eterna, autoexistente o independiente de todo lo demás, sino dependiente de la voluntad de Dios que la llamó a la existencia, y ¿por qué no es razonable deducir que, en el largo período de tiempo por venir, habrá servido al propósito de su creación y se diseminará en los elementos de los que fue creada?

Mas, para beneficio de aquellos mortales que creen en la inmortalidad del alma, diré aquí que desde el tiempo de la creación del primer hombre hasta el presente, ningún espíritu en el mundo espiritual tiene conocimiento de ningún alma humana que haya cesado su existencia y se haya disuelto en sus elementos. Y además, que hay miríadas de almas en el mundo espiritual que están justo en la condición de perfección que era la condición del alma del primer hombre cuando fue creado y Dios declaró su creación como ‘muy buena‘. Pero, así como los mortales no tienen la seguridad de que en algún momento la vida de sus almas no vaya a terminar, así también los espíritus que han alcanzado la condición perfecta de su creación no tienen tal seguridad. Tienen la esperanza y la creencia de que tal puede ser su destino, y también el conocimiento de que su progreso como hombres perfectos ha terminado. Están en ese estado que limita su progreso como hombre perfecto, aunque su goce como tal no está limitado; para ellos, en el universo de Dios, siempre aparece algo nuevo y desconocido. Pero aún no tienen el conocimiento de que sean inmortales, y se dan cuenta de que dependen de la voluntad de Dios para su existencia, y para muchos de estos espíritus, la inmortalidad es un tema de preocupación y especulación como también lo es para los mortales de la Tierra.

Los hombres, en su meditación, estudio y argumentos de esta cuestión de la inmortalidad, no parten del fundamento del tema. No tienen premisas verdaderas de las que poder sacar una conclusión correcta y, por consiguiente, sus argumentos fracasan. Razonan que, por el hecho de que existen ciertas cosas dentro y fuera del hombre ─todas ellas cosas de mera creación─, eso tiende a mostrar las intenciones y planes de Dios en lo que respecta al hombre, y que por lo tanto, para llevar a cabo tales intenciones, el hombre necesariamente ha de ser inmortal. No consideran, ni tampoco pierden de vista, el hecho de que todas estas cosas que utilizan como fundamento de sus conclusiones son dependientes y no autoexistentes, y en un momento u otro son objetos de la creación de Dios. Lo que Dios ha llamado a la existencia, también puede declarar que deje de existir. Y sabiendo esto, un hombre no puede ─ni tampoco un espíritu─ concluir legítimamente que el alma sea inmortal.

Pero hay un modo de probar la inmortalidad del alma, o de algunas almas, y que, suponiendo verdaderos los hechos que entran en el argumento, establece necesariamente la conclusión sin posibilidad de refutación.

Entonces, al comenzar el argumento, ¿cuál es la única manera razonable de abordar el tema?

En primer lugar, descubrir y establecer lo que es inmortal, y luego buscar y encontrar lo que, aunque no sea inmortal, sin embargo, en razón de ciertas operaciones y efectos sobre ello de aquello que sí es inmortal, se convierte en inmortal. Sólo de lo inmortal puede adquirirse la inmortalidad.

Bueno, este es un buen lugar para detenerse, ya que estás cansado; estoy muy complacido con la forma en que has recibido mi mensaje. Ten fe y reza, y todo irá bien.

Buenas noches, mi querido hermano, porque tú eres en verdad mi hermano;
Tu amigo y hermano,
Jesús

Versión en inglés
3. Immortality

Immortality (Jesus) (2 Jun 1920)

Let me write to-night on a subject that is of importance to mankind and should be fully explained, that they may know the truth that will show them the way to immortality and light.

I know that men have debated all down the centuries the question of man’s immortality, and have attempted to prove the reality of its existence by various arguments and by reference to the analogy of the workings of God’s universe in the fulfillment of His designs as displayed by the various creations of animate nature. In all these discussions they have not succeeded in definitely and satisfactorily established the fact of immortality. And why? Because they have not, in the first place, understood what immortality means, and without a correct conception of that which it is desired to prove, it becomes very difficult to successfully prove the existence of the thing sought for. I know that at times some idea of what immortality is has been conceived of and almost understood by some of the writers on the subject, and their efforts have been directed to show that by man’s inner consciousness as well as by the appearance of those things in nature which die and live again, man is justified in inferring that man himself is immortal, or was intended by his Creator to be immortal.

But the inner consciousness of man, meaning the knowledge of the possession of certain desires and aspirations, as well as the realization that his life on earth is too short to enable him to accomplish those things that his efforts and strivings attempt, and that what he really accomplishes in the way of his own mental and moral development, if they end with the physical death of men would mean only a useless exercise of the faculties and powers given him by God – is not sufficient to prove the immortality of the real man. Neither is it evidence of the uselessness of man’s creation, though he is in one moment, deprived of all the learning and other benefits of a developed intellect, as well as of moral progression.

There is a difference between the state and condition of a human soul that continues in the spirit world the life that it had when embodied in the flesh, and the state that not only continues this life but makes the extinction of this life an utter impossibility – even by God, who in the beginning of man’s existence created that soul.

True Immortality then, is the state or condition of the soul that has knowledge that because of the essence and qualities of itself, it cannot ever cease to live – the impossibility of it’s ever ceasing to live being known to it, and a fact.

It has been said that whatever has a beginning may have an ending – that which was created may be dissolved into its elements. And the possibility of this is true, and no man or spirit can deny the truth of the assertion. In your earth life you find that all things have an ending, that is in their individual and composite form; and in the spirit world why may not the same fate attend created things. The fact that there are things in the spirit world that exist as a continuation of things of earth does not mean that they shall endure forever.

The mere change, caused by the death and disappearance from the vision of men, of things that were once alive does not establish the fact that as they continue to live in the spirit world, they must live forever. Death which is looked upon as a destroying angel is merely the result of the change from that which is visible to the invisible, and does not in any way determine the everlasting existence of the thing changed.

The soul of man while in the flesh is the same soul as to its identity and individuality, as it is when it becomes an inhabitant of the spirit world, and if it is immortal while in the spirit world it is also immortal while in the body; and if it may cease to have an immortal existence in the one state, it may in the other.

Suppose that men by their arguments of the nature mentioned show that the soul of man does not die when the physical body dies but that it continues its existence in the spirit world as the identical, personal soul, then I ask, does that prove immortality as I have defined it? Death of the body and the continuing life of the soul thereafter do not work any change in the qualities or essence of that soul – it is still the same created soul that it was in the beginning, and why may it not be true, that being a thing created it may have an ending? This is logical and not unreasonable.

Then I say, even if men by their arguments prove to the satisfaction of many, that the soul after the death of the physical body continues to live in the spirit world with all its faculties and powers in active operation, they do not prove, nor do all the facts possible for them to discover and marshal prove, that that soul is immortal. The soul of man did not always exist – it is not eternal, self existing or independent of everything else, but dependent upon the will of God that called it into existence, and why is it not reasonable to infer that in the long period of time to come, it will have served the purpose of its creation and be disseminated into the elements of which it was created?

But I will say here, for the benefit of those mortals who believe in the immortality of the soul that from the time of the creation of the first man to the present, no spirit in the spirit world has any knowledge of any human soul that has ceased its existence and been dissolved into its elements. And further, that there are myriads of souls in the spirit world that are in just the condition of perfection that was the condition of the soul of the first man when created and God pronounced his creation, «very good.» But as mortals have no assurance that at some time the life of their souls will not end, so also spirits who have gained the perfect condition of their creation have no such assurance. They have hope and belief that such may be their destiny, and also a knowledge that their progress as the perfect man has ended. They are in that state which limits their progress as the perfect man, although their enjoyment as such is not limited – to them in God’s universe there is always something new and unknown appearing. But yet they have not the knowledge that they are immortal, and realize that they are dependent upon the will of God for their existence, and to many of these spirits, immortality is as much a subject of concern and speculation as it is to the mortals of earth.

Men in their meditation, study and arguments of this question of immortality do not start from the foundation of the subject. They have no truthful premises from which they can draw a correct conclusion, and consequently their arguments fail. They reason that because of the existence of certain things in and outside of man – all things of mere creation – that tend to show God’s intentions and plans as regards man, therefore, in order to carry out such intentions, man must be immortal. They do not consider or lose sight of the fact that all these things that they use as the foundation for their conclusions are things dependent and not self existing, and at one time or another the objects of God’s creation. What God has called into existence He can also declare shall exist no longer. And knowing this, man cannot, or spirit either, rightfully conclude that the soul is immortal.

But there is a way in which the immortality of the soul, or some souls – can be proved, and which, assuming the facts that enter into the argument to be true, necessarily establish the conclusion without possibility of refutation.

Then in commencing the argument what is the only reasonable way to approach the subject?

First, to discover and establish that which is immortal, and next to search for and find that which though not immortal, yet by reason of certain operations and effects upon it of that which is immortal, becomes itself immortal. Only from the immortal can immortality be acquired.

Well this is a good place to stop as you are tired; I am well pleased with the way in which you have received my message. Have faith and pray, and all will be well.

Good-night my dear brother, for you are in truth my brother.
Your friend and brother,
JESUS