1/2:4-5) 2. Ámbitos celestiales (siguientes dos mensajes) | El verdadero evangelio – Revelado de nuevo por Jesús | Vol. 1. / 2:4-5

Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español
─ Versión en inglés 

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Introducción

─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga

A continuación vamos a ver parte del apartado:

2) Ámbitos celestiales

Vemos los siguientes dos mensajes contenidos en este tema 2.

El tema tratado es el del llamado reino celestial, o ámbitos celestiales.

Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:
unplandivino.net/transicion/

Forma parte de un libro que es el primer volumen de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, Jesús de Nazaret.

Estos volúmenes fueron preparados o compartidos así por Divine Truth (entre otras personas).

El primer volumen incluye los siguientes temas y apartados (los 11 temas numerados sirven para organizar temáticamente los mensajes):

a) ─ Retrato de James E. Padgett
b) ─ Mi testimonio (por Leslie R. Stone)
c) ─ Foto espiritual de Mary Kennedy con su alma gemela, el Dr. Stone.

           d) ─ La verdadera misión de Jesús

I. Jesús y su relación con Dios.
II. Dios y el alma humana.
III. El problema del pecado.
IV. Redención del pecado.

─ 1. Los mensajes
─ 2. Ámbitos celestiales [estamos aquí: Vemos los siguientes dos mensajes en este apartado 2]
La oración
─ 3. Inmortalidad
─ 4. ¿Quién y qué es Dios?
─ 5. Espíritu Santo
─ 6. Resurrección
─ 7. El alma
─ 8. Perdón
─ 9. Expiación
─ 10. Infierno
─ 11. Expiación vicaria
─ Mensajes adicionales

Versión en español
2. Ámbitos celestiales (continuación)

Las creencias de un predicador de misiones (Jesús) (17 septiembre 1916) (Título alternativo (DT): «Las condiciones bajo las cuales el Amor Divino no puede continuar fluyendo en un alma. La profundidad del Amor de Dios por todos Sus hijos»).

Estoy aquí, soy Jesús.

Estuve contigo esta noche en la reunión y oí lo que dijo el predicador, y declaró algunas verdades, y también dijo algunas cosas que no eran verdad. Dijo que «sólo los que se han convertido son hijos de Dios».

Todos los hombres son hijos de Dios, y Su amor y cuidado son hacia todos, y son muy queridos para Él, o de lo contrario no habría vuelto a derramar Su amor sobre ellos y no les habría dado el privilegio de llegar a ser habitantes de Su Reino Celestial.

El mero hecho de que sean pecadores no los hace menos hijos Suyos, de Él, que anhela mucho redimir y llenar de Amor Divino, y cuando el predicador dice «los pecadores no son hijos de Dios», no declara una verdad, pues todos son hijos Suyos: unos para gozar de la vida pura y la dicha que les traerá la purificación de su amor natural, y otros para gozar y habitar el Reino Celestial que el Nuevo Nacimiento les brindará. Pero todos son Sus hijos, aunque algunos se hayan extraviado y se hayan convertido en extraños a Su amor, como lo fue el hijo pródigo que abandonó la casa de su padre para irse a un país lejano.

Esta doctrina de que los pecadores no son hijos de Dios es una doctrina condenable y dañina, y hará que muchos pierdan la esperanza de llegar a ser otra cosa que hijos de perdición o ─como dicen los ortodoxos─ del diablo.

La misericordia del Padre es para todos, y si algunos de Sus hijos no eligen buscar y recibir el Amor Divino que, cuando lo posean, hará de ellos ángeles, aun así son Sus hijos, y en la plenitud de los tiempos, o antes del tiempo de la gran consumación, se convertirán en seres puros y felices, como lo fueron los primeros padres antes de la caída.

Y aunque este predicador tiene una gran cantidad de Amor Divino en su alma, y está buscando tener más, de manera sincera y correcta, sus creencias y enseñanzas en cuanto al destino y condición futura de aquellos que pueden recibir este amor y llegar a ser uno con el Padre son todas erróneas, y tenderán a retardar su propio progreso en el desarrollo de su alma y en su avance hacia el Reino de Dios.

Él, por supuesto, posee estas creencias debido a su estudio y conceptualización de algunas de las declaraciones de la Biblia, y por lo tanto, no está enseñando algo en lo que no crea, o algo que considere como falso en su propia conciencia [conscience]. Sin embargo, es falso y tendrá que sufrir las consecuencias de tales creencias y enseñanzas falsas.

La ignorancia, aunque no le eximirá de sus consecuencias, y tampoco invocará las penalizaciones de la ley que se aplican al que engaña intencionalmente o al maestro que intencionalmente enseña doctrinas falsas, sin embargo, tampoco le excusará ni le eximirá de las penas de esa ley que exige que se crea y se enseñe la verdad, y sólo la verdad. Tendrá que deshacerse de estas falsas creencias, aunque pueda tener algo de lo divino en su alma; porque siempre que en el corazón y el alma del hombre existe falsedad en cuanto a la creencia, en esa medida interfiere con la afluencia del amor y el progreso de esa alma hacia la unidad perfecta con el Padre.

La verdad es en sí misma un hecho. No puede tener ninguna afiliación con la falsedad, sin importar si la falsedad es el resultado de la ignorancia, pues toda falsedad es el resultado de la ignorancia, y debe ser erradicada de los corazones de los hombres antes de que pueda haber esa armonía entre Dios y el hombre que la misma naturaleza de la verdad requiere. De modo que si ningún hombre pudiera ser hijo de Dios, de modo que no tuviera la perfecta armonía que la verdad exige absolutamente, Dios no tendría hijos entre los hombres. La condición del pecador y la del hombre que ha experimentado el nuevo nacimiento difieren sólo en el hecho de que uno no ha comenzado a tener en su alma la esencia de la verdad, mientras que el otro, hasta cierto punto, tiene esa esencia. Todos pueden tener esa esencia, y en gran abundancia. Puede que algunos nunca tengan la esencia de la verdad divina, pero ningún hombre quedará sin la esencia de la verdad que conduce al hombre perfecto.

La verdad de la existencia angélica y la verdad del hombre perfecto son igualmente verdades, aunque la primera es de una naturaleza y de un grado más elevados que la otra.

Nuestros primeros padres eran hijos de Dios ─Sus propias criaturas─, buenos y perfectos, y después de su caída no dejaron de ser Sus hijos, pues Su amor por ellos era tan grande que, en la plenitud de la perfección de Sus planes, les concedió de nuevo el privilegio de recibir Su amor divino, y me envió a mí para proclamar el hecho y mostrar a los hombres el camino para obtener ese gran amor.

La muerte que había existido durante todos los largos siglos fue suplantada por el potencial de vida, y yo me convertí en el camino, la verdad y la vida, y la inmortalidad se convirtió en una posibilidad para los hombres.

Por ello, todos los hombres son hijos de Dios en una relación u otra; dependiendo en un caso de si el hombre se apartará de sus pecados y estará satisfecho con la perfección de su amor natural y el hogar que pertenece al hombre perfecto, o bien de si busca la afluencia en su alma del amor divino que le permitirá entrar en los Cielos Divinos y tener la certeza de la inmortalidad.

Cuando Dios volvió a otorgar este amor divino al hombre, no había ningún hombre en la existencia, y tampoco ningún espíritu, que pudiera ser llamado Su hijo ─al que fuera necesario convertirle, como dijo el predicador─, pues ninguno había recibido este amor, que es la única cosa o poder en todo el universo de Dios que puede convertir a un hombre muerto en transgresión y pecado: sin embargo, Dios amó a todos Sus hijos y les confirió este gran don, porque eran Sus hijos. Si Dios hubiera amado sólo a los justos, no habría habido nadie que pudiera haber sido objeto de su generosidad. No habría tenido ningún hijo o criatura [sons or children] de Su amor.

Y ahora que ha vuelto a otorgar este don, y algunos de los hijos de los hombres lo han recibido y lo poseen, y están más en armonía con Él, no es cierto que los que eran Sus hijos antes de su otorgamiento sean menos hijos suyos por el hecho de que no hayan buscado y hecho suyo este don.

No, el amor del Padre es tan grande, amplio y profundo, que se extiende a todos los hijos de la tierra ─a la espera de poder serles otorgado─, y la oveja perdida es tan hija Suya como las noventa y nueve que están seguras en el redil; y aunque la oveja perdida nunca encuentre o entre en el redil, donde se cobijan los que poseen Su amor divino, esa oveja es y permanece siendo objeto de Su amor.

Así pues, que los predicadores y quienquiera que haya asumido la responsabilidad de enseñar a los hombres las verdades del Padre, dejen de proclamar la doctrina de que sólo los que han recibido el nuevo nacimiento son hijos de Dios. Ellos, por supuesto, no son Sus hijos obedientes hasta que hayan obtenido ya sea el Amor Divino y la Esencia del Padre, o ya sea la pureza de los primeros padres antes de la caída, pero, aun así, son Suyos, aunque contaminados por sus propias creaciones de pecado y error.

DIOS ES AMOR, y el amor no conoce limitaciones en altura o profundidad. Existe en los cielos más elevados y llega hasta los infiernos más bajos, y a su manera y a su tiempo obrará su propio cumplimiento. Todos los hombres entrarán en armonía con la voluntad del Padre, que es perfecta, y aunque algunos ─y puedo decir que la mayoría─ no aceptarán la invitación a convertirse en ángeles de Su Reino Celestial, lo cual no es obligatorio, sin embargo cumplen Su voluntad al convertirse, en el futuro ─antes o después─, en seres libres del pecado y del error de su propia creación, y puros y perfectos como lo fueron aquellos a quienes el Padre creó primero y declaró buenos.

El mayor enemigo del hombre es aquel que, habiendo recibido la seguridad de poseer el Amor Divino ─convirtiéndose de ese modo, por así decirlo, en un hijo divino del Padre─, y creyendo en los errores de la Biblia y en las malas interpretaciones de sus verdades, declara que todo el resto de la humanidad es odiado por Dios y es objeto de Su ira, y que tiene como futuro asegurado el de una condenación eterna y un perpetuo tormento.

Es deplorable que tales creencias y declaraciones existan y continúen haciéndose, especialmente por parte de aquellos que se comprometen a guiar a las masas en el camino hacia las verdades y planes de Dios para la felicidad de los hombres, y hacia la redención de los males y pecados que les causan tanto sufrimiento.

Pero todo esto muestra el poder y la ceguera de las creencias fundadas en el error y en enseñanzas falsas. Y por extraño que parezca, estos líderes de los ignorantes pueden tener algo de Amor Divino en sus almas, y sin embargo sus creencias mentales e intelectuales ser tan fijas e inamovibles que la posesión de este amor no les hará comprender que el amor del Padre es para todos, y que la ira no es una parte de Su ser, sino una cualidad del hombre pecador que estos creyentes en el error le atribuyen a Él.

Si pudiera decirse que Dios odia algo, odia el pecado, pero ama al pecador, que es la criatura de Su voluntad, y que es tan desafortunado como para haber creado lo que lo contamina y lo aleja, no sólo del Padre, sino de su propia creación perfecta y pura.

Bien, he escrito suficiente por esta noche, y espero que lo dicho pueda resultar beneficioso no sólo para el pecador, sino también para aquel hombre que, siendo predicador o laico, y poseyendo algo del amor divino, proclama que sólo él, u otros como él, son hijos de Dios.

Como dijo Pablo, ‘miran a través de un cristal oscuro‘ [ref.], pero entonces verán cara a cara, y cuando lo hagan, verán tales evidencias y manifestaciones del amor del Padre que sabrán que ellos y sus hermanos pecadores son todos hijos del Padre, aunque uno pueda ser heredero del Reino Celestial y de la Esencia Divina del Padre, mientras el otro pueda ser heredero sólo del amor puro del Padre, para bendecirlos y hacerlos felices en el amor natural puro y la madurez perfecta que el llamado Adán poseía antes de su caída.

Debo detenerme ya, pero al hacerlo te digo que no debes permitir que lo que pueda decir cualquiera de estos creyentes ortodoxos perturbe tu fe en nuestras comunicaciones, pues ellos sólo conocen aquello que la Biblia les dice, mas tú conoces las verdades que nosotros declaramos.

Pronto vendré y te escribiré un mensaje acerca de la verdad, y que he estado esperando algún tiempo para escribir.

Cree que te amo y que estoy contigo, orando por ti y ayudándote con mi influencia.

Buenas noches, y que el Padre te bendiga;
Tu hermano y amigo,
Jesús

Amor Divino – Lo que es y lo que no es. Cómo se puede obtener (San Juan – Apóstol de Jesús) (5 agosto 1916)

Estoy aquí, soy San Juan (Apóstol de Jesús).

Vengo esta noche para decir sólo unas pocas palabras y éstas en referencia al amor ─el Amor Divino del Padre que Él reotorgó sobre la humanidad en la venida del Maestro─.

Este Amor es la cosa más grande en todo el mundo, y lo único que puede hacer al hombre uno con el Padre, y cambiar el alma del hombre, tal como ha existido desde su creación, en una Sustancia Divina llena de la Esencia del Padre. No hay nada más en todo el universo de Dios que pueda hacer que el hombre se convierta en una nueva criatura y en un habitante del Reino del Padre; y cuando los hombres posean este Amor, entonces poseerán todo lo que hará de ellos no sólo el hombre perfecto, sino el ángel divino.

Entonces los hombres comprenderán los preceptos morales del amor fraternal y también la unicidad [oneness] del Padre, y no tendrán que buscar otra ayuda para traer a la vida de la raza humana aquellas cualidades que les traerán paz y buena voluntad.

Entonces cada hombre sabrá que todos los demás hombres son sus hermanos, y podrá hacer para con cada cual aquello que quisiera que los demás hicieran para con él mismo, y esto sin esfuerzo ni sacrificio por su parte, pues el amor obra su propio cumplimiento, y toda su benevolencia fluye hacia el prójimo así como el rocío cae del cielo. Desaparecerán la envidia, el odio, las contiendas, los celos y todas las demás cualidades malas del hombre, y sólo quedarán la paz, la alegría y la felicidad.

Es tan abundante que puede ser poseído por todos los hombres mediante la mera búsqueda y anhelo sincero por su afluencia. Pero el hombre debe comprender que no es suyo por derecho, ni nunca se le impone, sino que viene sólo en respuesta a la sincera y ferviente oración de un alma que está llena de anhelos por su venida.

Este Amor no viene con la observación de meras reglas morales, o con buenas obras y el ejercicio del amor natural de un hombre hacia sus semejantes, pues ningún hombre puede merecerlo por cualquier obra, acto o bondad de corazón que pueda tener.

Todas estas cosas son deseables y producen sus propias recompensas, y traen la felicidad y la paz que resultan de los buenos pensamientos y de las buenas obras; pero todo esto no trae al alma del hombre este Gran Amor. Es sólo el Padre, y sólo cuando el alma se abre a su recepción, que puede encontrar su hogar en ella.

Es más grande que la fe o la esperanza, porque es la verdadera sustancia del Padre, mientras que la fe y la esperanza son las cualidades que el hombre puede poseer por sus propios esfuerzos, y que le son dadas para que pueda darse cuenta de la posibilidad de obtener este Amor. Éstas no son más que medios, mientras que aquel es el fin y la plenitud de su ejercicio.

Pero los hombres no deben creer que todo amor es el Amor Divino, ya que en su sustancia y cualidades este amor es muy diferente a todos los demás amores.

Todos los hombres tienen, como parte de sus posesiones, amor natural, y no necesitan orar por un otorgamiento del mismo, aunque desde el momento en que se ha contaminado por el pecado necesita ser purificado y liberado de esta plaga, mas el Padre está siempre dispuesto y preparado para ayudar a los hombres a obtener esta purificación.

Mas este Amor Divino no es parte de la naturaleza del hombre, ni puede obtenerlo o poseerlo, a menos que lo busque. Viene de fuera y no se desarrolla desde dentro.

Es el resultado de una adquisición individual, y no el objeto de una posesión universal. Puede ser poseído por todos; o puede ser poseído sólo por unos pocos; y es cada hombre quien debe determinar por sí mismo si será suyo. Con Dios no hay acepción de personas; tampoco hay un camino regio [royal] para la obtención de este Amor. Todos deben seguir el mismo camino, la misma manera, y que es la que Jesús enseñó: la apertura del alma a este amor, que encuentra un alojamiento en ella, que sólo puede ser provocado mediante la oración y anhelo sinceros por su afluencia.

Este Amor es la vida de los Ámbitos Celestiales y la única llave que abrirá las puertas, y cuando el mortal entra en él, todo otro amor es absorbido por él. No tiene sustituto, y es, por sí mismo, una cosa aparte. Es de la Esencia de lo Divino, y el espíritu que lo posee es Divino en sí mismo. Puede ser tuyo, puede ser de todos los hombres, o puede no serlo. Debes decidir esa cuestión por ti mismo; ni siquiera el Padre puede tomar la decisión por ti.

Para terminar, permíteme repetir que es lo más grande en todo el universo de Dios, y no sólo lo más grande, sino la suma de todas las cosas, porque de Ello fluyen todas las demás cosas que brindan paz y felicidad.

No escribiré más esta noche, y con mi amor hacia ti y la bendición del Padre, te daré las buenas noches.

Tu hermano en Cristo,
Juan

Versión en inglés

The Beliefs of a Mission Preacher (Jesus) (17 Sep 1916) (Alternative title (DT): «The conditions under which Divine Love cannot continue to flow into a soul. The depth of God’s Love for all of His children.»)

I AM HERE. Jesus.

I was with you to-night at the meeting and heard what the preacher said, and he declared some truths, and also said some-things that were not true. He said «only those who have been converted are sons of God.»

All men are the children of God, and His love and care are over all, and they are very dear to Him, otherwise He would not have rebestowed His love upon them and given them the privilege of becoming inhabitants of His Celestial Kingdom.

The mere fact that they are sinners makes them no less His children, who He is so anxious to redeem and fill with the Divine Love, and when the preacher says «they who are sinners are not the sons of God,» he does not declare the truth, for they are all His sons – some to enjoy the pure life and bliss which the purification of their natural love will bring to them, and others to enjoy and inhabit the Celestial Kingdom which the New Birth will bring to them. But all are His sons, though some have wandered and become strangers to His love, just as was the prodigal son who left his father’s house for a far country.

This doctrine of the sinful not being sons of God is a damnable and harmful doctrine, and will cause many to give up hope of ever becoming anything else than the sons of perdition – or as these orthodox say – of the devil.

The Father’s mercy is for all, and if certain of His children do not choose to seek and receive the Divine Love which, when possessed, will make angels of them, yet they are His sons, and will in the fullness of time, or before the time of the great consummation, become pure and happy beings, as were the first parents before the fall.

And while this preacher has a great amount of the Divine Love in his soul, and is earnestly and in the right way seeking for more, yet his beliefs and teachings as to the destiny and future condition of those who may receive this love and become at one with the Father are all wrong, and will tend to retard his own progress in the development of his soul and in his advancement towards the Kingdom of God.

He, of course, is possessed of these beliefs because of his study and construction of some of the declarations of the Bible, and therefore, is not teaching what he does not believe, or what, to his own conscience, is false. Nevertheless, it is false and he will have to suffer the consequences of such false beliefs and teachings.

Ignorance, while it will not relieve him from its consequences, and neither will it invoke the penalties of the law that apply to the willful deceiver or teacher of false doctrines, yet neither will it excuse him or relieve him from the penalties of that law which demands the truth, and only the truth to be believed and taught. He will have to get rid of these false beliefs, even though he may have some of the divine in his soul; for whenever there exists untruth in belief in the heart and soul of man, to that extent it interferes with the inflowing of the love into and the progress of that soul towards perfect unity with the Father.

Truth is of itself a fact. It can have no affiliation with untruth, no matter that untruth is the result of ignorance, for all untruth is the result of ignorance, and must be eradicated from the hearts of men before there can be that harmony between God and man which the very nature of truth itself requires. So that if no man could be the son of God, who has not the perfect harmony which truth absoultely demands, God would have no sons amongst men. The condition of the sinner and that of the man who has experienced the new birth differs only in the fact that one has not commenced to have in his soul the essence of truth, while the other, to an extent, has that essence. All may have that essence, and to a great abundance. Some may never have the essence of divine truth, yet no man will be left without the essence of the truth which leads to the perfect man.

The truth of the angel existence, and the truth of the perfect man are equally truths, though the former is of a higher degree and nature than the other.

Our first parents were the children of God – His own creatures – good and perfect, and after their fall they became no less His children, for His love was so great for them that in the fullness of perfection of His plans He again bestowed upon them the privilege of receiving His Divine Love, and sent me to proclaim the fact and to show men the way to obtain that great love.

The death that had existed for all the long centuries was supplanted by life potential, and I became the way, the truth and the life, and immortality became a possibility to men.

So that, all men are the sons of God in one relation or the other; depending in the one case whether a man will turn from his sins and be satisfied with the perfection of his natural love and the home that belongs to the perfect man, or seeks for the inflowing into his soul the divine love which will enable him to enter the Divine Heavens and have the certainty of immortality.

When God rebestowed this Divine Love on man, there was no man in existence, or spirit either, who could be called His son, if it were necessary that he had been converted as the preacher said, because none had received this love which is the only thing or power in all God’s universe that can convert a man dead in trespass and sin: yet God loved all His children and conferred upon them this great gift, because they were His children. If God had loved only the righteous there would have been no one who could have been the object of His bounty. He would have had no sons or children of His love.

And now that He has rebestowed this gift, and some of the sons of men have received and possess it, and are more in harmony with Him, it is not true that those who were His sons and children before its bestowal are any less His sons and children, because they may not have sought and made this gift their own.

No, the Father’s love is so great and broad and deep, that it goes out to all the children of earth, waiting to bestow it upon them, and the lost sheep is as much His child as the ninety and nine who are safe in the fold, and although the lost one may never find or enter the fold, where those are that possess His Divine Love are sheltered, yet that sheep remains and is the object of His love.

So let preachers and others, who have assumed the responsibility of teaching men the truths of the Father, cease from proclaiming the doctrine that only those who have received the new birth are the sons of God. They, of course, are not His obedient sons until they have obtained either the Divine Love and Essence of the Father, or the purity of the first parents before the fall, but yet they are His, even though defiled by their own creations of sin and error.

GOD IS LOVE – and love knows no limitations in its heights or depths. It exists in the highest heavens, and reaches to the lowest hells, and will in its own way and in its own time work its own fulfillment. All men will come into harmony with the will of the Father, which is perfect, and even though some, and I may say the majority of men, will not accept the invitation to become angels of His Celestial Kingdom, which is not compulsory, yet they do His will by becoming in the future, near or far, free from the sin and error of their own creation, and pure and perfect as were they, whom the Father , first created and pronounced good.

Man’s greatest enemy to man is he, who having received the assurance of possessing the Divine Love, and thereby becoming as it were, a divine son of the Father, and who believes in the errors of the Bible and the misinterpretations of its truths, declares that all others of mankind are hated of God, and are objects of His wrath, and certain of eternal damnation and everlasting torment.

It is deplorable that such beliefs and such declarations should exist and continue to be made, especially on the part of those who undertake to lead the masses in the way to God’s truths and plans for men’s happiness, and redemption from the evils and sins that cause them so much suffering.

But all this shows the power and blindness of belief founded upon error and untruthful teachings. And strange as it may seem, these leaders of the ignorant may have some of the Divine Love in their souls, and yet their mental and intellectual beliefs be so fixed and unmoveable that the possession of this love will not cause them to understand that he Father’s love is for all, and that wrath is not a part of His being, but a quality of sinful man that these believers in error attribute to Him.

If God may be said to hate anything, He hates sin, but He loves the sinner, who is the creature of His will, and who is so unfortunate as to have created that which defiles him and to wander away, not only from the Father, but from his own perfect and pure creation. Well, I have written enough for to-night and I hope that what I have said may prove beneficial not only to the sinner, but to the man, preacher, or layman, who possessing some of the Divine Love, proclaims that only he or others like him, are the sons of God.

As Paul said, «they see through a glass darkly,» but then they shall see face to face, and when they do, they will see such evidences and manifestations of the Father’s love that they will know that they and their sinning brothers are all sons of the Father, although one may be an heir to the Celestial Kingdom and the Divine Essence of the Father, while the other may be an heir only to the pure love of the Father, to bless and make them happy in the pure natural love and perfect manhood which the so-called Adam possessed before his fall.

I must stop now, but in doing so say, that you must not let what any of these orthodox believers may say disturb your faith in our communications, for they know only what the Bible tells them, and you know the truths that we declare.

I will soon come and write to you a message of truth that I have been waiting sometime to write.

Believe that I love you and am with you, praying for you and helping you with my influence.

Good-night, and may the Father bless you.
Your brother and friend,
JESUS

Divine Love – What It Is and What It Is Not. How It Can Be Obtained (St. John – Apostle of Jesus) (5 Aug 1916)

I AM HERE. St. John (Apostle of Jesus).

I come to-night to say only a few words and these in reference to love – the Divine Love of the Father which He rebestowed upon mankind at the coming of the Master.

This Love is the greatest thing in all the world, and the only thing that can make man at one with the Father, and change the soul of man as it has existed since his creation, into a Divine Substance filled with the Essence of the Father. There is nothing else in all the universe of God that can cause man to become a new creature, and an inhabitant of the Father’s Kingdom; and when men possess this Love, then they possess everything that will make them not only the perfect man but the divine angel.

Then men will understand the moral precepts of brotherly love and also the Father’s oneness, and they will not have to seek for other help in order to bring into the life of the human race those qualities that will bring to it peace and good will.

Then will every man know that every other man is his brother, and be able to do unto each as he would have the other to do unto him, and this without effort or sacrifice on his part, for love worketh its own fulfillment and all its beneficence floweth towards the fellow-man as falls the dews from heaven. Envy and hatred and strife and jealousy and all the other evil qualities of man will disappear, and only peace and joy and happiness will remain.

It is so abundant that it may be possessed by all men by the mere seeking and the sincere longing for its inflowing. But man must understand that it is not his by matter of right, nor is it ever forced upon him, but comes only in response to the sincere earnest prayer of a soul that is filled with longings for its coming.

This Love comes not with observation of mere moral rules, or with good deeds and the exercise of the natural love of a man towards his fellows, because no man can possibly merit it by any deeds or acts or kindness of heart that he may have.

All these things are desirable and they work out their own rewards, and bring the happiness and peace that result from good thoughts and kind deeds; but all these do not bring unto the soul of man this Great Love. It is the Father alone, and only when the soul is opened up to its reception can it possibly find its home in that soul.

It is greater than faith or hope, because it is the real substance of the Father, while faith and hope are the qualities which a man may possess by his own efforts, and which are given him that he may realize the possibility of obtaining this Love. They are merely means – it is the end and fullness of their exercise.

But men must not believe that all love is the Divine Love for it is very different in its substance and qualities from all other loves.

All men have, a part of their possessions, the natural love, and they need not pray for a bestowal of that, although since it has become defiled by sin it needs to be purified and freed from this blight, and the Father is ever willing and ready to help men obtain this purification.

But this Divine Love is not a part of man’s nature nor can he obtain or possess it, except he seek for it. It comes from without and is not developed from within.

It is the result of individual acquirement, and not the object of universal possession. It may be possessed by all; it can be possessed by only a few; and each man must determine for himself whether it shall be his. With God there is no respect of persons; neither is there any royal road to the obtaining of this Love. All must pursue the same way and that way is the one that Jesus taught: the opening up of the soul to this love finding a lodgment therein, which can re brought about only by sincere prayer and longing for its inflowing.

This Love is the life of the Celestial Heavens and the only key that will unlock the gates, and when the mortal enters therein, all other love is absorbed by it. It has no substitute, and is of itself, a thing apart. It is of the Essence of the Divine, and the spirit which possesses it is Divine itself. It may be yours, it may be all men’s and it may not. You must decide that question for yourself, not even the Father can make the decision for you.

In closing let me repeat that It is the greatest thing in all God’s universe and not only the greatest, but the sum of all things, for from It flows every other thing that brings peace and happiness.

I will not write more to-night, and with my love to you, and the blessing of the Father, I will say good-night.

Your brother in Christ,
JOHN