Índice
─ Introducción y enlace al audio
─ Versión en español
─ Versión en inglés
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Introducción
─ Enlace al audio: en ivoox // enlace descarga
A continuación vamos a ver parte del apartado:
1) Los mensajes
El tema tratado es en torno al hecho de dar los mensajes a través de Padgett, y otras cosas introductorias pero relevantes, como algunas sobre la vida de Jesús. Son cuatro mensajes más ─dos de ellos son breves y sólo de comentario o «ánimo» para Padgett─.
Para ver la lista con todos los enlaces a los textos y audios ver:
unplandivino.net/transicion/
Forma parte de un libro que es el primer volumen de los mensajes recibidos a principios del siglo XX por James E. Padgett de parte de varios desencarnados, entre otros, Jesús de Nazaret.
Estos volúmenes fueron preparados o compartidos así por Divine Truth (entre otras personas).
El primer volumen incluye los siguientes temas y apartados (los 11 temas numerados sirven para organizar temáticamente los mensajes):
a) ─ Retrato de James E. Padgett
b) ─ Mi testimonio (por Leslie R. Stone)
c) ─ Foto espiritual de Mary Kennedy con su alma gemela, el Dr. Stone.
d) ─ La verdadera misión de Jesús
I. Jesús y su relación con Dios.
II. Dios y el alma humana.
III. El problema del pecado.
IV. Redención del pecado.
─ 1. Los mensajes [estamos aquí: Vemos los siguientes cuatro mensajes englobados en este tema 1]
─ 2. Ámbitos celestiales
La oración
─ 3. Inmortalidad
─ 4. ¿Quién y qué es Dios?
─ 5. Espíritu Santo
─ 6. Resurrección
─ 7. El alma
─ 8. Perdón
─ 9. Expiación
─ 10. Infierno
─ 11. Expiación vicaria
─ Mensajes adicionales
Versión en español
1. Los mensajes (continuación)
Descripción del nacimiento y la vida de Jesús hasta la época de su ministerio público (Jesús) (7 junio 1915)
Estoy aquí, soy Jesús.
Quiero escribirte esta noche acerca de mi nacimiento y de mi vida hasta el momento de mi ministerio público.
Nací en Belén, como sabes, en un pesebre, y cuando tenía pocos días mis padres me llevaron a Egipto, para evitar a los soldados de Herodes que fueron enviados para destruirme, y que mataron a un gran número de niños varones menores de dos años. La historia bíblica de mi nacimiento y la huida de mis padres y el asesinato de los inocentes, es sustancialmente correcta; y sólo deseo añadir a ella que, cuando mis padres llegaron a Belén, no fue por causa de la pobreza que se vieran obligados a buscar el pesebre de un establo para que yo pudiera nacer, ya que estaban provistos de fondos y de todo lo necesario para que mi nacimiento resultara cómodo para mi madre; y de hecho, mi padre no era pobre en bienes del mundo, tal como se consideraba la pobreza en aquellos días.
La Biblia dice que los reyes magos vinieron y ofrecieron oro e incienso a mis padres, o más bien a mí, pero mis padres me han dicho que no fue gran cosa en cuanto al valor monetario de las ofrendas, y que sus gastos de huida a Egipto fueron cubiertos por los fondos que mi padre tenía antes de llegar a Belén.
Después de llegar a Egipto, mi padre buscó la casa de un judío, que era su pariente, y vivió allí durante mucho tiempo, haciendo el trabajo que su oficio le permitía hacer; y con su trabajo mantuvo a la familia, y, hasta cierto punto, me educó a mí y a mis hermanos y hermanas, pues yo tenía cuatro hermanos y tres hermanas, y todos, excepto yo, nacimos en Egipto.
Cuando llegué a la edad apropiada, asistí a la escuela común prevista para los niños pequeños, y me enseñaron las cosas que tenían que ver con la religión de los judíos, y algunas cosas que no eran religiosas en su naturaleza. Nunca se me enseñó la filosofía de los egipcios u otras filosofías paganas; y cuando se afirma que recibí mis ideas religiosas o enseñanzas morales de cualquiera de estos filósofos, se equivocan.
Mi educación en cuanto a estos asuntos de religión se derivó de las enseñanzas del Antiguo Testamento, o más bien de maestros judíos cuyo libro de texto era el Antiguo Testamento.
Mi desarrollo en el conocimiento de las verdades que enseñé durante mi ministerio público, fue causado por mis facultades espirituales internas, y mi maestro fue Dios, quien, a través de Sus ángeles y a través de las percepciones de mi alma, hizo que me llegaran esas verdades, o más bien el conocimiento de ellas, y éste no lo obtuve de ninguna otra manera.
No nací con el conocimiento de que yo fuera el hijo de Dios enviado a la Tierra para enseñar estas grandes verdades, o para anunciar a la humanidad la reotorgación del gran don de la inmortalidad, y los medios de adquirirla. Sino que este conocimiento de mi misión me vino después de que me volviera un hombre y tuviera las frecuentes comuniones con Dios por mis sentidos espirituales.
Nunca estuve en presencia de los sacerdotes judíos, exponiéndoles la ley y haciéndoles preguntas cuando tenía unos doce años de edad, tal como se afirma en la Biblia; y antes de mi primera aparición, después de que me volviera un hombre, no intenté mostrar a ningún sacerdote o laico que yo era el mensajero del Padre, y enviado por Él para proclamar la buena nueva de la inmortalidad restaurada y del gran amor del Padre que era necesario para hacer a todos los hombres uno con Él, y darles un hogar en Su Reino.
Nunca fui un niño o un hombre pecador, y en mi corazón no sabía lo que era el pecado; y por extraño que parezca, nunca traté de enseñar a otros estas verdades hasta después de que mi misión fue declarada por Juan el Bautista.
En los días de mi niñez era igual a otros niños, participaba en los juegos de la infancia y tenía los sentimientos de un niño, y nunca pensé que yo fuera otra cosa que un niño. En nada me diferenciaba de los demás niños, excepto en lo que he mencionado, y cualquier relato de mí que diga lo contrario es falso.
Mis enseñanzas eran las que el Padre me había confiado desde el principio, pero de las que sólo fui consciente después de convertirme en un estrecho comulgante con el Padre, y de aprender de Él mi misión. Así pues, debes creer que yo era un hijo del hombre además de un hijo de Dios, y eso en sentido literal. No habría sido fiel a mi misión si hubiera afirmado que era el hijo único de Dios, porque no es verdad, y los hombres no deberían enseñarlo así.
Sí, ya sé que se ha dicho que mi madre fue informada del objeto de mi nacimiento y de lo bendita que ella era, pero no es cierto. Mi madre, según me ha contado, no tenía ninguna razón para suponer que yo fuera diferente de otros niños nacidos de hombres. La historia del Ángel de Dios viniendo a ella y diciéndole que debía someterse al nacimiento de un niño que sería engendrado por Dios o por Su Espíritu Santo, y que ella, como virgen, debería albergar y dar a luz a ese niño, no es cierta, porque ella nunca en toda su vida me dijo que haya tenido tal visitante; y sé que ella estaría tan sorprendida, como lo están muchos hombres, de que pudiera tener lugar tal cosa como el nacimiento de un niño por una virgen. Como ves, el relato bíblico de mi nacimiento y todas las circunstancias que lo rodean no son ciertos.
Mi padre, José, nunca supuso en ningún momento que yo no fuera su hijo, y no es cierta la historia de un ángel que viniera a él y le dijera que no debía repudiarla debido a las apariencias, pues él nunca, en todas mis conversaciones con él, insinuó que yo no fuera su propio hijo.
Desde que tenía doce años de edad hasta mi ministerio público viví en casa de mis padres y ayudé a mi padre en su negocio de carpintería, y durante todo este tiempo él nunca insinuó que yo no fuera su hijo, o que fuera diferente de otros niños, excepto en que no hacía cosas pecaminosas.
Cuando empecé a recibir este amor divino en mi alma me hice muy cercano al Padre, y esta relación dio lugar a que me diera cuenta de que había sido enviado por Dios con una misión que cumplir y una verdad grande e importante que declarar; y, por fin, la voz de mi alma me dijo que yo era un verdadero hijo de mi Padre, y lo creí, y empecé a enseñar y predicar las verdades de su amor otorgado, y la salvación de los hombres.
Conocí a Juan el Bautista cuando era niño. Era mi primo y a menudo jugábamos juntos, y después conversábamos sobre la verdad de mi misión y la forma en que debía darse a conocer al mundo.
Juan era un gran psíquico, un gran vidente [psychic], y en su visión vio quién era yo y cuál era mi misión en la Tierra, y, por eso, cuando llegó el momento, hizo el anuncio de mi venida. Se dio cuenta de la diferencia de nuestras misiones, y habló de que no era digno de desabrocharme los zapatos. Sin embargo, él no comprendía plenamente mi misión y la gran verdad de la inmortalidad que el Padre había concedido al hombre.
Me convertí en el Cristo por primera vez cuando fui ungido por mi Padre, y eso ocurrió en el momento de mi bautismo por Juan. Yo, como Cristo, soy diferente de mí mismo como Jesús. Cristo significa ese principio que el Padre me ha conferido, que me ha hecho uno con Él en la posesión de este gran amor. Cristo es ese amor mismo manifestado en mí como hombre. Este principio de Cristo es universal y está en todas partes, igual que el Espíritu Santo, pero yo estoy limitado en cuanto al lugar que ocupo, al igual que tú lo estás [but I am limited in my place of occupancy just as you are.].
Yo nunca, meramente como Jesús, prometí el gran don, mencionado en la Biblia, que dice que allá donde dos o tres estén reunidos, allí estaré yo también; pues sería imposible para mí estar en todos los lugares al mismo tiempo. Pero Cristo, al no tener forma ni limitación, es omnipresente y, en consecuencia, puede cumplir mi promesa a este respecto. Cristo está tan vivo hoy como siempre. Nunca fue crucificado y nunca murió como Jesús.
Bueno, creo que ahora tienes demasiado sueño para continuar, pues necesitas dormir. No sé de ninguna influencia especial que se ejerza sobre ti para producir el sueño.
Continuaré en un futuro próximo;
Tu hermano y amigo,
Jesús
Afirmación de que Jesús ha escrito a través del sr. Padgett (Helen – Sra. Padgett, esposa del sr. Padgett; espíritu celestial) (7 junio 1915)
Estoy aquí, soy Helen (sra. Padgett).
Bueno, cariño, tienes demasiado sueño para escribir, será mejor que te vayas a la cama y duermas bien.
El Maestro no se ofendió en absoluto, pues comprendió que no podías mantenerte despierto lo suficiente para escribir. Terminará la próxima vez y el discurso te va a interesar.
Con todo mi amor te digo buenas noches;
Tu fiel y amorosa,
Helen
Jesús continúa su descripción de su nacimiento y vida hasta el momento de su ministerio público (Jesús) (8 junio 1915)
Estoy aquí, soy Jesús.
Continuaré mi carta sobre mi nacimiento y obra, tal como la comencé anoche.
Cuando estuve convencido de que había sido elegido por mi Padre para llevar a cabo su obra de declarar al mundo la concesión del gran don del amor divino que estaba en Su naturaleza, y que constituía el principio predominante de esa naturaleza, comencé mi ministerio y continué trabajando por la redención de la humanidad, en la Tierra, hasta mi muerte en la cruz. Yo no era entonces tan perfecto como lo soy ahora, y mi conocimiento de las verdades del Padre no era tan grande como lo es ahora.
Que los hombres sepan, sin embargo, que lo que enseñé era verdad, aunque no enseñara toda la verdad, y aprenderán que soy un verdadero hijo de mi Padre, y el mensajero especial por quien estas grandes verdades debían ser enseñadas a la humanidad.
Cuando estuve en la Tierra, no estaba tan lleno del amor del Padre como lo estoy ahora, y no tenía el poder de hacer sentir a los hombres que este amor es lo único que los reconciliará con el Padre y los hará uno con Él, como lo tengo ahora. Por eso los hombres deben creer que les comunico las auténticas verdaderas que les mostrarán el camino hacia el amor del Padre y hacia su propia salvación.
Tienes en tu mente el deseo de saber cómo fue que los reyes magos vinieron a mí con sus ofrendas y adoración, si yo no había sido creado especialmente por Dios para convertirme en Su hijo y representante en la Tierra.
Pues bien, aquellos sabios vinieron, pero su venida no se debió a ningún conocimiento que tuvieran de que yo fuera un niño creado divinamente, o de que no fuera un niño natural, sino a que eran astrólogos y que en aquel momento vieron una estrella nueva y brillante en los cielos, lo que para ellos significaba que había tenido lugar algún acontecimiento importante; y, siendo estudiosos del Antiguo Testamento, en el que se hacía referencia a tal estrella como precursora del nacimiento de un salvador, concluyeron que esa estrella era la que se pretendía, y que siendo mi nacimiento humilde, como ellos esperaban, era aquel que las Escrituras referían, y, en consecuencia, que yo era el Cristo del que se hablaba. Pero fuera de este conocimiento como astrólogos y el de las Escrituras, no tenían conocimiento de que yo fuera el Cristo que iba a nacer; y cuando se afirma que tenían alguna información de parte de Dios o de sus ángeles acerca de que yo era el Cristo, tal afirmación no es cierta.
Lo sé, porque desde mi venida al mundo de los espíritus, me he encontrado con estos hombres, he hablado con ellos y me han dicho lo que escribo. Así que, aunque yo era el Cristo al que se refiere la Biblia ─me refiero a las profecías del Antiguo Testamento─, esos sabios no tenían más conocimiento de ese hecho que lo que te he dicho.
Sé que fui enviado por el Padre para cumplir la misión que realicé, y que en un principio estaba previsto que yo fuera ungido como el Cristo, pero esto no lo supe hasta después de volverme un hombre y de que el ángel y mi propia voz interior me dijeran cuál era mi misión.
Ni mi madre, ni mi padre, ni mis hermanos lo sabían, e incluso después de yo haber proclamado mi misión y mostrado los maravillosos poderes que me habían sido dados, no creyeron en mi misión, sino que pensaban que yo estaba fuera de mí, es decir, tal como vosotros decís, que estaba loco en la creencia de que yo era el elegido de mi Padre. La propia Biblia muestra que esa era la condición mental de ellos.
Así que, aunque soy el Cristo de la Biblia, y el instrumento elegido del Padre para dar a conocer las grandes verdades que he proclamado, y que proclamaré a través de ti, no obstante no soy el hijo unigénito de Dios en el sentido en que suele aceptarse. Y mucho menos soy Dios. Como ya he dicho, sólo hay un Dios, y yo no soy más que Su hijo y maestro enviado al mundo para declarar a la humanidad la concesión del don de la inmortalidad y el modo en que los hombres pueden obtenerlo.
Hablaré más de mí mismo a medida que avancemos en nuestros escritos.
Que nadie crea que nací de la Virgen María, o que fui engendrado por el Espíritu Santo, o que soy Dios, porque todas estas cosas no son verdad.
Por el momento me detendré, y con todo mi amor y bendiciones, y las bendiciones del Padre, diré buenas noches;
Tu amigo y hermano,
Jesús
Comentarios sobre la descripción de Jesús de su nacimiento y vida hasta el tiempo de su ministerio público (Joseph Salyards – Profesor) (8 junio 1915)
Estoy aquí, soy tu viejo profesor.
Estoy muy contento y quiero decirte que te encuentras en mejores condiciones para escribir que desde que empecé a hacerlo. Me alegro mucho de ello, pues indica una mejoría tanto en tu estado físico como en el mental.
Me interesó mucho el último mensaje del Maestro, pues expone hechos que no concuerdan con la historia bíblica ni con lo que me habían hecho creer. Por supuesto, él sabe cuál es la verdad, y cuando nos dice algo, nunca, ni por un momento dudamos de él, y tú tampoco debes hacerlo.
Y cuando analices y consideres las afirmaciones que hace, las encontrarás más acordes con la razón que la historia contenida en la Biblia. En sus declaraciones no hay nada milagroso, o que exija una creencia que esté más allá de lo que la razón pueda concebir. Todo es muy natural y acorde con el funcionamiento de la naturaleza, tal como se observa en el caso del nacimiento de cualquier otro ser humano. Su afirmación de cómo y cuándo le llegó el conocimiento de que era el elegido de Dios para traer a la Tierra la buena nueva de la restauración de la inmortalidad y el amor divino del Padre que espera a toda la humanidad, creo que es muy nueva y será sorprendente para la mayoría de los hombres.
Pero qué razonable es esto. Si desde el momento de su nacimiento hubiera sabido que era el Cristo prometido a los judíos, ¿es posible que durante los treinta años que permaneció oculto no hubiera dado a conocer su misión y no hubiera comenzado a proclamar a la humanidad las buenas nuevas que luego proclamó? Parece totalmente increíble que no lo hubiera hecho. Los años que van de los veinticinco a los treinta son muy importantes en la vida de un hombre, y muchas grandes cosas han sido realizadas por un simple hombre durante ese período de la vida; y no es razonable que alguien que desde su infancia hubiera sabido que es el mensajero especial de Dios, revestido de todos los poderes y conocimiento de la verdad ─que Jesús desplegó después de comenzar su ministerio público─ hubiera permanecido en aislamiento durante los años que he mentado, y no hubiera dado al mundo el beneficio de estas grandes posesiones. No, para mí su historia está en consonancia con la razón y debo creerla. En cualquier caso, el hecho de que él diga que es verdad es suficiente.
Bien, esperaba reanudar antes mi discurso sobre las leyes del mundo de los espíritus, pero tu tiempo ha estado tan ocupado que no he podido importunarte; pero muy pronto, si te parece bien, continuaremos.
Con todo mi amor, me despido;
tu viejo profesor y maestro,
Joseph Salyards
Versión en inglés
Description of Birth and Life of Jesus Up to the Time of His Public Ministry (Jesus) (7 Jun 1915)
I AM HERE. Jesus.
I want to write to you to-night about my birth and life up to the time of my public ministry.
I was born in Bethlehem, as you know, in a manger, and when I was a few days old my parents took me to Egypt, in order to avoid the soldiers of Herod who were sent to destroy me, and who did kill a great number of male infants of less than two years of age. The Bible story of my birth and the flight of my parents and the murder of the innocents, is substantially correct; and I only wish to add to it, that when my parents arrived in Bethlehem they were not compelled to seek the manger of a stable in order that I might be born, on account of poverty, for they were supplied with funds and everything that was needed to make my birth comfortable for my mother; and as a matter of fact my father was not poor in the world’s goods as poverty was considered in those days.
The Bible says the wise men came and brought offerings of gold and frankincense to my parents, or rather to me, but my parents have told me that it did not amount to so very much, so far as the money value of the same was concerned, and that their expenses of fleeing to Egypt was met by the funds that my father had prior to his reaching Bethlehem.
After they arrived in Egypt my father sought the home of a Jew, who was his relative, and lived there for a long time, doing the work that his trade fitted him to do; and by his work supported the family, and to an extent, educated myself and my brothers and sisters, for I had four brothers and three sisters, and were all, except myself, born in Egypt.
When I became of proper age, I attended the common school provided for small children, and was taught those things that had to do with the religion of the Jews, and some things that were not religious in their nature. I was never taught the philosophy of the Egyptians or of the other pagan philosophies; and when it is stated that I received my religious ideas or moral teachings from any of these philosophers, they are mistaken.
My education as to these matters of religion was derived from the teachings of the Old Testament, or rather from Jewish teachers whose text book was the Old Testament.
My development in the knowledge of the truths which I taught during my public ministry, was caused by my inner spiritual faculties, and my teacher was God, who, through His angels and through my soul perceptions, caused to come to me those truths or rather the knowledge of them, and in no other way did I obtain it.
I was not born with the knowledge that I was the son of God sent to earth to teach these great truths, or to announce to mankind the rebestowal of the great gift of immortality, and the means of acquiring it. But this knowledge of my mission came to me after I became a man and had the frequent communions with God by my spiritual senses.
I was never in the presence of the Jewish priests, expounding to them the law and asking questions when about twelve years of age, as stated in the Bible, and not before my first appearance, after I became a man did I attempt to show priest or layman, that I was the messenger of the Father, and sent by Him to proclaim the glad tidings of immortality restored and of the great love of the Father which was necessary to make all men at one with Him, and to give them a home in His Kingdom.
I never was a sinful boy or man, and did not know what sin was in my heart; and strange as it may seem, I never sought to teach others these truths until after my mission was declared by John the Baptist.
In my boyhood days I was the same as other boys and engaged in the plays of childhood and had the feelings of a child, and never thought I was anything else than a child. In no wise was I different from other children, except in the particular that l have named, and any account of me to the contrary is untrue.
My teachings were those that the Father had committed to me from the beginning, but which I was only conscious of after I became a close communicant of the Father, and learned from Him my mission. So you must believe that I was a son of man as well as a son of God, and that in the literal sense. I would not have been true to my mission had I claimed that I was the only son of God, for it is not true – and men should not so teach it.
Yes, I know it was said that my mother was told of the object of my birth and what a blessed woman she was, but this is not true. My mother, as she has told me, had no reason to suppose that I was different from other children born of men. The story of the Angel of God coming to her and telling her that she must submit to the birth of a child who would be begotten by God or by by His Holy Spirit, and that she, as a virgin, should bear and give birth to that child, is not true, for she never in all her life told me that she had any such visitor; and I know that she would be as much surprised, as are many men, that such a thing as the birth of a child by a virgin could take place. So you see the Bible account of my being begotten and all the attending circumstances are not true.
My father, Joseph, never supposed at anytime that I was not his child, and the story of the angel coming to him and telling him that he must not put her away because of appearance is not, true, because he never in all my conversations with him, intimated that I was other than his own child.
Between the time that I was twelve years of age and my public ministry, I lived at home with my parents, and assisted my father in his business of carpenter, and during all this time no hint ever fell from him that I was not his child, or that I was different from other children, except that I did not do sinful things.
When I commenced to get this divine love into my soul, I became very close to the Father, and this relationship resulted in my realizing that I was sent by God with a mission to perform and a great and important truth to declare; and, at last the voice in my soul told me that I was my Father’s true son and I believed it, and commenced to teach and preach the truths of His love bestowed and the salvation of men.
I knew John the Baptist when I was a child growing up. He was my cousin and we often played together, and afterwards discussed the truth of my mission and the way in which it should be made known to the world.
John was a great psychic and saw in his vision who I was and what my mission on earth was, and, hence, when the time came, he made the announcement of my coming. He realized the difference in our missions, and spoke of his not being worthy to unloosen my shoes. But, yet, he did not fully understand my mission and the great truth of the bestowal of immortality upon man by the Father.
I first became the Christ when I was anointed by my Father, and that occurred at the time of my baptism by John. I as Christ am different from myself as Jesus. Christ means that principle which the Father has conferred upon me, which made me at one with Him in the possession of this great love. Christ is that love itself made manifest in me as man. This Christ principle is universal and is everywhere, just as is the Holy Spirit, but I am limited in my place of
occupancy just as you are.
I never as Jesus merely, promised the great gift, mentioned in the Bible, such as, where two or three are gathered together there will I be also; for it would be impossible for me to be in all places at the same time. But Christ, being without form or limitation, is omnipresent and, consequently, may fulfill my promise in this regard. Christ is as much alive today as ever. He was never crucified and never died as did Jesus.
Well, I think you are too sleepy now to continue, well because you need sleep. I know of no special influence being exerted over you to produce sleep.
I will continue in the near future.
Your brother and friend,
JESUS.
Affirming that Jesus Had Written Through Mr. Padgett (Helen – Mrs. Padgett, Wife of Mr. Padgett, Celestial Spirit) (7 Jun 1915)
I AM HERE. Helen (Mrs. Padgett).
Well, sweetheart, you are too sleepy to write, as you had better go to bed and get a good night’s sleep.
The Master was not at all offended, for he understood that you could not keep awake sufficient to write. He will finish the next time and you will be interested in the discourse.
With all my love I will say good-night.
Your own true and loving
HELEN.
Jesus Continues His Description of His Birth and Life Up to the Time of His Public Ministry (Jesus) (8 Jun 1915)
I AM HERE. Jesus.
I will continue my letter as to my birth and work, as I commenced it last night.
When I was satisfied that I was chosen by my Father to perform His work of declaring to the world the bestowal of His great gift of the divine love that was in His nature, and which formed the predominant principle of that nature, I commenced my ministry, and continued to work for the redemption of mankind, on earth, until my death on the cross. I was not then as perfect as I am now, and my knowledge of the truths of the Father was not so great as it is now.
Let men know though, that what I taught was true, even though I did not teach all the truth, and they will learn that I am my Father’s true son, and the special messenger by whom these great truths was to be taught to mankind.
I was not, when on earth, so filled with the love of the Father as I am now, and had not the power to make men feel that this love is the only thing that will reconcile them to the Father and make them at one with Him, as I have now. So men must believe that I am communicating to them the real truths which will show them the way to the Fathers love and to their own salvation.
You have in your mind the desire to know how it was that the wise men came to me with their offerings and adoration, if I was not specially created by God to become His son and representative on earth.
For the present I will stop, and with all my love and blessings and the blessings of the Father, will say good-night.
Your friend and brother,
JESUS.
Comments on Jesus’ Description of His Birth and Life Up to the Time of His Public Ministry (Joseph Salyards – Professor) (8 Jun 1915)
I AM HERE. Your Old Professor.
I am very happy and want to tell you that you are in much better condition to write than you have been since I commenced to write to you. I am so glad of it, for it indicates improvement in your physical as well as your mental condition.
I was much interested in the last message of the Master, because it sets forth facts which are not in accord with the Bible story, and with what I had been led to believe. Of course, he knows what the truth is, and when he tells us anything, we never, for one moment doubt him, and neither must you.
And when you come to analyze and consider the statements made by him, you will find them more in accord with reason than the story contained in the Bible. In his statements there is nothing miraculous, or that calls for a belief that is beyond the reason to conceive of. Everything is so natural and in accord with the workings of nature, as has been observed in the case of the birth of every other human being. His statement as to how and when there came to him the knowledge that he was the chosen one of God to bring to earth the glad tidings of the restoration of immortality and the divine love of the Father waiting for all mankind, is I believe very new and will be surprising to most men.
But how reasonable this is. Had he known from the time of his birth that he was the Christ, which had been promised to the Jews, is it possible that during all the thirty years in which he remained in obscurity, he would not have made his mission known and commenced the work of proclaiming to mankind the glad tidings which he afterwards proclaimed? It seems wholly incredible that he would not have done so. The years from twenty-five to thirty are very important years in the life of a man, and many great things have been accomplished by mere man during that period of life; and it is not reasonable that one who had the knowledge from his infancy that he was the special messenger of God, clothed with all the powers and knowledge of the truth, which Jesus displayed after he commenced his public ministry, would have remained in seclusion during the years that I have named, and not given the world the benefit of these great possessions. No, to me, his story is one in consonance with reason and I must believe it. At any rate the fact that he say it is true, is sufficient.
Well, I had hoped to resume my discourse on the laws of the spirit world before now, but your time has been so occupied that I could not intrude upon you; but very soon, if agreeable to you, we will continue.
With all my love, I will say good-night.
Your old professor and teacher,
JOSEPH SALYARDS.