La verdad de las prioridades del amor

En este vídeo:
https://youtube.com/live/xpHZ95vI6RI
he repasado un poco improvisadamente el tema de las prioridades en cuanto al amor, la especie de jerarquía relacionada con cómo Dios ha creado las cosas, las leyes que rigen todo… con amor y por amor.

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Esto es una especie de guión, ampliación y a ratos transcripción y explicación de una parte del vídeo arriba enlazado (texto en proceso de redacción):

Surgió el tema, de nuevo, de las prioridades del amor, en el audio de lectura y comentario de estos mensajes de Padgett.

Armonizarnos con la verdad.

Es indisociable la relación entre:

─ armonizarnos con la verdad (los hechos, la verdad de los hechos)

─ capacidad de ejercer más y mejor el amor a nosotros mismos y el amor a los demás.

─  Pero hay unas prioridades, que es lo que veremos.

Ejemplo:

respetar la gravedad («ley»), cuerpo físico, aprender a andar:
nos permite mayor libertad, mayor felicidad en el compartir, con los demás seres que tienen vida física como nosotros, podemos aspirar a más y responsabilizarnos de más cosas.

Este ejemplo, fijémonos, atañe sólo al plano físico; es decir, ya sólo teniendo en cuenta eso, ya sólo mirando las cosas «desde lo físico», constatamos esto.

Y el tema es que ya se sabe, «desde siempre»… la humanidad desde siempre ha sabido que hay otras «dimensiones» / planos / esferas, etc., que no sólo tienen que ver con la vida tras la «muerte», sino donde de hecho ya vivimos, en parte, pues al dormir salimos con nuestro cuerpo espíritu a una zona del mundo espiritual que es apropiada para esas aventuras cuando aún somos «mortales» (aún estamos ligados por el «cordón plateado» al cuerpo físico).
─ en el caso «espiritual»:

el cuerpo espíritu (cuerpo espiritual, cuerpo «energético»), y el alma:

armonizarnos con la verdad sobre eso, en cada plano, implica por ejemplo las muy importantes «percepciones del alma», «percepciones álmicas», que no son las percepciones «directamente» «energéticas», ni las directamente físicas.

Ejemplo de percepciones álmicas:

─ sentir la unicidad de cada persona.

Ese principio sobre «armonizarnos con la verdad de los hechos» funcionaría con respecto a todas las capas de lo que «somos», de la experiencia posible (aunque en la experiencia, tales capas, en la experiencia real, son como «inseparables»).

Si Dios es bueno, coherente (si su diseño entonces lo es, si es que existe, como podemos comprobar que realmente existe), si es coherente como fuente posible de este principio de «armonizar y conseguir esas cosas», entonces, podemos aprender a hacer cosas, como ese caminar en el mundo físico, pero cosas, diferentes, en las diferentes capas.

Armonizarnos con la verdad universal

Dibujo del alma:
─ somos alma completa, dos mitades. Una verdad esta, sobre las almas gemelas, que en realidad Jesús siempre habría enseñado en alguna medida, pero claro, las sociedades, más en el pasado, no son tan igualitarias como para aceptar esto (y hay machismo, ahora en parte «hembrismo», etc.).

─ esa sustancia del alma tendría y sería como una sustancia independiente porque antes de encarnar está viva, antes de dividirse en dos.

Podríamos preguntarnos cómo si es lo que somos, no es más evidente para nosotros. Pero quizá no lo parece por ser «tan evidente», pues el alma estaría compuesta a su vez de deseos, intenciones, y además es la sede de nuestra personalidad única y del libre albedrío.

Dibujamos los tres planos (bajo el alma). Somos el alma y Dios habría creado el alma, nos dio la vida como tales almas.

Pero cuando aprendemos a caminar, retomando el ejemplo, estamos mezclando principalmente percepciones del cuerpo físico con cosas energéticas en un bucle o retroalimentación que se hace en este sistema.

El hecho de poder aprender a caminar en realidad sería una dotación del alma (en contraste o complementando de algún modo lo que puse en el vídeo más improvisado).

Este dibujo del alma y planos ya nos habla de un esquema de prioridades.

Y aparte, para hablar del amor, Jesús nos contó el tema del orden «1, 2, 3, 4».

Podemos dibujar esas prioridades: amor a Dios (1), amor a uno mismo (2), amor a los demás (3), amor a la naturaleza (4).

El dibujo es una simple columna de números para estos diversos aspectos del amor.

(Recordemos: al leer «1» hemos de sentir o pensar esto: «amor a Dios» o «relativo a Dios y/o de su parte»).

«1» está separado de 2 (amor a los demás) mediante una línea, porque Dios está separado de nosotros en una forma esencial, pues no puede obligarnos a recibir su amor, ya que el amor no es obligatorio.

Dios no puede transformarnos sin nuestro permiso al darnos Su Amor (ya que su amor transforma, y que su amor sea transformador se debería, digamos, a que Dios es esencialmente diferente, ya que es infinito e increado, pero nosotros somos finitos y creados).

Al honrar el diseño, al respectar hechos/verdad, nos podemos armonizar con más verdad, progresar, crecer, desarrollarnos. ¿Por qué es «jerarquía»? Porque se supone que es Dios quien ha hecho todo, menos lo que hemos producido en nuestro plano por la caída y las emociones concomitantes que tienen «fecha de caducidad»: miedos, vergüenzas, emociones de afición y adicción al mero pecado (superioridad, control, poder, etc.), etc.

En esas emociones, aparentemente naturales, pero que no son «naturales» para Dios, creamos estados de bloqueo. En esos estados experimentamos colectiva e individualmente cosas que «no son de Dios», que no están creadas por Dios, sino por nosotros en este estado «caído» (recordemos: de lo semejante surge lo semejante; y Dios es amor, no puede «bloquearse», producir miedo gracias a un «bloqueo», etc.).

El diseño de Dios al respecto del amor es pues este, y todo lo que contravenga la jerarquía de prioridades va a afectar automáticamente al plano que hemos dibujado sobre el alma (lo causal, arriba del todo, las dos mitades gemelas) y por tanto a todo lo que depende de ella como sede de la vida.

Nos «descolocamos» en las prioridades sobre el amor, y producimos inarmonía en lo que somos. Y… tiene lógica, pues si Dios creó el alma y Dios es amor… ese es nuestro «destino» (bien sea un amor natural purificado; o bien, un destino de eternidad real si admitimos a Dios y a su amor, y con ello nos transformamos de verdad).

En cuanto encarnamos empezamos a absorber emociones, creencias, etc., que son contrarias o «desarmonizan» con la sustancia de este hecho y esta jerarquía que estamos viendo.

Casi todo lo que hacemos desde que encarnamos va tomando ese cariz de «ser en desarmonía» respecto a 2, ya que en seguida aprendemos a no «ser primero el alma»; no ser humildes «como niños», ya que no expresamos sin miedo para poder soltar las emociones dañinas (sin dañar), y aceptar las benéficas.

Ejemplo de desarmonía en 2:

─ tener sexo con alguien que no es nuestra alma gemela, es errar en el amor a nosotros mismos (podríamos decir «sacrificar el 2»); es decir, estamos errando en ese aspecto 2. O, recordemos la analogía con el aprender a caminar: Estamos fallando, cayendo, a la hora de armonizarnos con el diseño (almas gemelas), el diseño… o llamémoslo las «leyes» en ese aspecto tan fundamental del amor a uno mismo.

Así, «2» está enseguida teñido de esas falsedades o falsas concepciones sobre cómo cuidarse y cómo cuidar: cómo tener parejas o dejar de tenerlas, etc.

Incluso en las religiones ritualizamos y justificamos la inarmonía, en este 2. Y esto incluso lo santificamos, por ejemplo emparejando a la gente ─»casándola»─ en nombre de Dios, cuando ni siquiera son almas gemelas.

Todo ello es pecado, es decir, objetiva y técnicamente se trata de algo que desarmoniza nuestro ser más profundo ─»causal», el alma, la vida anímica que somos y que nos fue dada como seres finitos creados─.

Y eso va a afectarnos no porque haciéndolo seamos «castigados», sino simplemente porque es así como están diseñadas las cosas, y no estamos responsabilizándonos de curar estas inarmonías, ni de interesarnos por ellas, etc. Por ello, se nos tiene que avisar, como haría todo padre o madre amoroso.

Cuando nos caemos físicamente al aprender a caminar, también tal error lo podríamos llamar «pecado», aunque normalmente lo vemos como sólo eso: mero error. Aunque en este aspecto también podría darnos por persistir en el error… y querer hacernos daño no aprendiendo a caminar bien, etc.

Si por ejemplo este error tan básico lo prolongáramos de pequeños como «pecado», sería bien raro… y sólo lo haríamos así, desde pequeños, si estamos ya en realidad muy amenazados por los adultos… ya que al ser apenas autoconscientes, en ese pecado, estaríamos expresando en realidad heridas de los adultos (encarnados y desencarnados) que nos rodearon o que nos siguen rodeando mientras experimentamos nuestros primeros años de vida.

Desarmonizamos pues el 2 porque la otra parte de nosotros, nuestra alma gemela, es uno mismo, es nosotros.

Este caso, de las almas gemelas, nos ilustra muy bien el tema de las prioridades, para que no caigamos en pensar que es un esquema muy egoísta, ya que hemos puesto el 2 por encima del 3, del amor a los demás.

Cuando, por tanto, 2 ya está mal, no nos cuesta nada sacrificar el 3, es decir, promocionar el error en 3. Sacrificamos el amor 3 por el amor 2.

Y así es como que toda la cadena o jerarquía «natural» se rompe.

Y es así porque cuando estamos en el «error 2» sobre almas gemelas, provocamos que otra persona haga lo mismo, es decir, estamos sacrificando el amor a esa persona (3) por el amor a nosotros mismos (2), pero en ese 2 «distorsionado», malentendido.

Esa otra persona que hace de nuestra pareja sin ser nuestra alma gemela se está siendo automáticamente infiel a sí misma, pues no está con su alma gemela, tampoco.

Habíamos pintado el tema de los planos y los cuerpos bajo el alma para hablar de las percepciones del alma. Y es que, si estuviéramos más «en las percepciones del alma», todo esto lo tendríamos «instantáneamente» a flor de piel «entendido».

Para que corrijamos esto, en el fondo, Dios quiere ayudarnos, y nos ayuda lo máximo que se lo permitimos. Nos ayuda a «sentir» las percepciones del alma y a poder asentarnos ahí… respetándolas primero, simplemente por ser el alma, ella, nosotros mismos.

El alma completa tiene una sola esencia personal; es decir, la mitad de alma que uno es, y nuestra alma gemela, tenemos o somos la misma «personalidad» única.