La creación de nuestra fachada: transcripciones, audios, etc.

Momento del vídeo transcrito abajo en parte

[ Versión: 16 marzo 2025]

Índice
─ Introducción
─ Audios y otros enlaces (esquemas)
─ Transcripción 1
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Introducción

Esta página contiene diversos materiales que tratan sobre la parte titulada así («la creación de mi fachada»), en los grupos realizados en el 2016 por Jesús y María Magdalena (ver: unplandivino.net/2016-grupos/).

Como estamos viendo, el dolor nos corrige para poder aprender sobre el amor. Pero nosotros evitamos sentir el dolor, y así, no somos humildes, y creamos fachada y todos los «desastres» que conlleva. Uno de los principales dolores que Jesús saca a la luz, en esta «segunda venida» (física), es el llamado «terror global», y que es un motor principal de nuestra fachada.

Audios y otros enlaces (esquemas)

─ Enlace a la página donde están los textos de los esquemas de esta sesión:
unplandivino.net/creacion-fachada-esquema/

─ Audio sobre la transcripción 1 (lectura, etc.):
enlace en ivoox // enlace de descarga

─ Audio sobre el esquema general: en ivoox // enlace descarga

─ Audio sobre los esquemas de las preguntas: en ivoox // enlace descarga

Transcripción 1

 [Transcripción más o menos literal de los primeros 40 minutos del vídeo de mayo ─2016, 21 mayo─, sobre «La creación de mi fachada«:
https://www.youtube.com/watch?v=HmFnWXkA52A
20160521-1410 The Creation Of My Facade ]

Fui enseñado a temer mi dolor.

Todo el mundo ha sido enseñado a eso.

Para un niño es natural experimentar su propio dolor sin miedo.

Ejemplo: el niño que aprende a caminar: cae, se hace daño, llora… libera el dolor… ¿teme el dolor, teme el miedo? No, sino que vuelve a intentarlo, como si no tuviera miedo, pues no lo tiene, ya que liberó el dolor, y por tanto no hay miedo.

En vez de eso todos fuimos enseñados a reprimir nuestro dolor, con dos mecanismos:

─ primer mecanismo:
mi familia de origen con su ejemplo.
La mayoría podríamos ver ahora a nuestros padres, etc., y ver que ahora hacen lo mismo, lo mismo que cuando éramos niños:
temen su propio dolor y lo controlan, usando todo tipo de técnicas.

Es lo que hacen: temerlo y luego controlarlo. Para tal control usan a otras personas: sus propios hijos, etc. Usan sustancias, actividades, y toda forma de adicción para seguir pudiendo hacer eso.
Y ese es el ejemplo con el que crecimos.
Recordemos, desde la concepción hasta nuestros 7 u 8 años de edad no éramos siquiera conscientes de que mucha de esta enseñanza estaba sucediendo efectivamente.
Simplemente absorbíamos el ejemplo sin ser conscientes de que se nos está enseñando algo.
Realmente estábamos siendo sometidos a un «lavado de cerebro» («lavado de alma»).
Se nos enseñaba, primero por el ejemplo, que debemos temer al dolor, que no podemos experimentarlo.
Aunque en toda nuestra vida hubo unas pocas ocasiones en las que nuestros padres sí nos permitieron sentir nuestro dolor sin tener miedo de ello:
al aprender a gatear, a caminar…
es decir, aprendiendo cosas básicas sobre las que los padres se sienten orgullosos (y se liberan de responsabilidades, etc.).

Pero esto no sucede en la mayoría de nuestras experiencias. En ellas, nuestros padres, debido a que ya estaban reprimiendo su dolor ─por tener tanto miedo al dolor─, para colmo, entonces, temen y controlan nuestro propio dolor cuando somos sus hijos o sus pupilos.

Y es terrible hacerle eso a un niño o niña, porque básicamente se le enseña que no puede lidiar con su propio dolor. Y no sólo eso, sino que, como padres, estamos dispuestos a hacer cosas bastante exageradas, e incluso maltratadoras, abusivas, a los niños, para poder reprimir nuestro propio miedo sobre lo que los niños pudieran hacer.

Así, el niño promedio ha sido golpeado por su propio padre o madre ─algo que llamaríamos «agresión» si se hiciera con un adulto─. Así que el niño promedio ha sido agredido, atacado, por sus padres, físicamente.

Y claramente, de todos modos, la mayoría de padres abusan verbalmente de los niños en algún momento. Y, para colmo, usan herramientas manipuladoras para controlar el dolor ─en los niños y en ellos mismos─: sobornos ─como dulces, helados─… y otras herramientas, como impedir el trato con otras personas, y todo ello para manipular en los pequeños su expresión del sentimiento de dolor.

No estamos hablando aquí sólo del dolor que ellos causaron por el tratamiento que te hicieron cuando eras pequeño. Hablamos del dolor que ellos deseaban que almacenáramos dentro de nosotros, para hacer nosotros lo mismo que ellos con el dolor. Y nadie está exento de haber pasado por esto.

Este no es un muy buen comienzo: el aprender a no sentirnos cómodos con el hecho de experimentar dolor.

Así, como niños pequeños ya tenemos toda una capa de creencias falsas sobre el dolor, y que ahora consideramos que son las maneras amorosas de tratar con nuestro dolor: se trata de una capa de miedo y falsas definiciones del amor, por encima del dolor.

Nos han ayudado, pues, a colocar, a crear, como esa especie de capa por encima de dicho dolor: una capa de miedo y de creencias falsas y falsas definiciones sobre el amor ─sobre el dolor, etc.─.

Es muy difícil que una persona que vive en un hogar así (con un grupo de personas que están enseñando estas cosas mediante su ejemplo y mediante su tratamiento al niño) apartarse efectivamente de ese tipo de pensamiento, mientras todavía está viviendo ahí, el niño/a.

De hecho, si realmente el niño intentara apartarse, intentara librarse, de este tipo de tratamiento cuando es pequeño, es muy probable que experimentara más dolor, más violencia, más maltrato, ya sea físico o emocional. Porque cualquier persona que «saque los defectos» de un padre o madre de manera tan abundante, en general es castigada más.

Así que ese es nuestro primer problema: ser enseñados a temer nuestro dolor. Y la mayoría estamos aterrorizados de nuestro dolor, porque en primer lugar se nos enseñó a estar así, aterrorizados. Todo el mundo a nuestro alrededor estaba así de aterrorizado, y nos enseñó a tener eso.

Pero esa no es una condición natural. Se nos ha enseñado, durante muchos años, empezando por la infancia temprana hasta que abandonamos el hogar.

También la sociedad nos enseña eso: que esta es la manera de abordar el dolor, la manera amorosa, de hecho: «si queremos a la gente, hacemos que su dolor se vaya»; lo reprimimos, con píldoras por ejemplo, si podemos. Y si eso no funciona, usaremos cualquier cosa: emociones, drogas, alcohol, comida…, lo que se pueda, para evitar el dolor de experimentar emociones concretas. Todos hemos sido enseñados a eso. Es un gran problema.

Ahora tenemos pues establecidas todas esas falsas creencias sobre lo que el amor haría respecto al dolor. Y está establecido eso, y es estrictamente forzado sobre nosotros, es aplicado incluso violentamente ─algo muy duro para un niño─.

Así que ¡tomad un descanso de vuestra fachada! Habéis sido maltratados, incluso aunque la gente no supiera lo que estaban haciendo, en ese momento.

Lo siguiente que sucede es que: Elijo tener miedo al dolor.

Así que mis padres han hecho esto, la sociedad ha hecho esto… y ahora se ha vuelto hasta tal punto un comportamiento aprendido en mí, que incluso pienso que hacerlo es lo correcto, que esa es la manera de vivir la vida:
«si sentimos dolor, evitarlo a toda costa».

Y hacemos cualquier cosa, lo hacemos todo para evitarlo. Si esto conlleva dañar o atacar a alguien, se hace. Si se trata de comer o beber mucho, se hace.

Haremos cualquier cosa necesaria para evitar el dolor. El dolor es algo «que no podemos experimentar, simplemente», algo que «nadie debería tener que experimentar»…, y «todos deberíamos hacer lo máximo posible para evitarlo», e incluso creamos toda una industria enfocada en gran parte en tratar de evitar el dolor ─industrias de billones de dólares creadas simplemente para evitar el dolor─. Y esa es la sociedad en que vivimos.

Es una pena que no tengamos una píldora para sentir dolor 🙂 [broma de Jesús]. Nadie ha inventado una píldora así, que sería fantástico tener, pero nadie lo ha pensado 🙂

Así que ya podemos ver que no hemos tenido un muy buen comienzo.  ¿Verdad? Podemos ver que es bastante difícil, y vemos lo que está pasando, y esta es la razón por la que acabamos estableciendo lo que yo clasificaría como una emoción global: la emoción de terror en relación a experimentar dolor emocional.

De hecho, todos preferimos más sentir dolor físico que emocional. Y muchos de vosotros habéis dicho esto en el pasado.

Así que; por encima de la capa de definiciones falsas y de creencias falsas sobre el amor, tenemos ahora este rechazo emocional de sentir el terror, un rechazo global emocional del dolor ─rechazo del sentimiento del terror─.

Eso se ha establecido dentro de nosotros desde una edad muy temprana, ya que hemos sido manipulados, controlados, sobornados o forzados mediante maltrato o violencia para tener esta opinión, una opinión que ahora protegemos con nuestra vida, pues así de dedicados estamos al concepto de que evitar el dolor es la clave, es dios.

Y así es como es creada nuestra fachada. Desde ese momento en adelante es simplemente algo natural crear una fachada, experimentar una posición donde se evita todo eso. Es muy simple, ¿verdad?

Pregunta: o sea que nuestra fachada es como fingir que no tenemos dolor.

Respuesta: Sí, todo se trata de fingir, todo va de fingir que el dolor no está ahí. Y la mejor manera de evitar algo es fingir que no está ahí, ¿verdad?

Conocéis esas lecturas de «Guía para el autoestopista galáctico»…  ¿Cómo se expresa esto ahí? ¿Cómo nos volvemos ciegos ante algo? Considerándolo como: «el problema de alguna otra persona».

Queremos estar ciegos ante nuestro propio dolor. Porque es aterrorizador considerar que no podemos experimentarlo; que no podemos creer que podemos lidiar con ello, que somos capaces de hacerlo. Hemos sido enseñados desde muy temprano, y es de las primeras cosas que aprendemos: no podemos lidiar con ello. Esto se nos enseña antes de poder hablar.

Pregunta: Entonces, nuestro dolor se ha vuelto como una montaña… pero no es tanto…

Respuesta: Pero en vez de intentar cuantificar el dolor, pues para algunas personas su dolor es bastante grande, puedes ver que el mayor problema es que el miedo al dolor es más grande.

Es algo terrible lo que sucede aquí, porque se nos ha enseñado que, de entre todas las cosas con las que no podemos tratar, el dolor es aquella con la que menos podemos tratar.

P: Y es como si hubiéramos sido engañados sobre muchas cosas en ese proceso.

R: Sí, hay mucho comportamiento muy dañino, con esta creencia, un comportamiento en el que nosotros mismos incluso nos hemos involucrado. Y es una de las creencias falsas primarias que existen en nosotros: de que no podemos tratar con el dolor, que es imposible lidiar con el dolor emocional, y que es insensato hacerlo.

P: Así que cada parte de nuestra fachada está escondiendo un dolor.

R: Siempre.

Y es incluso peor que eso, porque nuestra fachada va por completo de este terror global que tenemos, simplemente para evitar que tengamos que sentir nada que tenga algo que ver con el dolor, o con el terror al dolor.

La fachada no es sólo construida para cada cosa individual, sino que ha sido construida de una manera global: es mejor para mí crear la persona que todo el mundo quiere que yo sea, es mejor eso que sentir el dolor de ser quien yo soy.

Así es como nos sentimos. Y es por eso que nos enfocamos en que nuestra vida se satisfaga mediante la adicción, porque la adicción trata por completo sobre esto, sobre evitar el dolor.

El dolor crea terribles agujeros en nuestra alma.

La mejor manera de describirlo, a la hora de examinarlo, si pudierais verlo (y en el estado de unión álmica puede verse esto), la mejor manera, sería por ejemplo representar el círculo del alma como acogiendo dentro los dos cuerpos (físico y cuerpo espíritu).

Y son como vórtices de energía. En diferentes áreas del cuerpo se representarían así (esos agujeros álmicos): como torbellinos de energía por todas partes.

Toda emoción dolorosa que rechacemos sentir sería como un torbellino de energía que extrae un color diferente de energía de parte del mundo hacia nosotros. Esas son nuestras adicciones. Y las puedes realmente ver cuando estás en el estado de unión álmica: Puedes ver las adicciones y su color, la energía fluyendo desde el mundo hacia esas localizaciones, que son vórtices sin fin… porque nada de lo que una persona pueda hacer por ti va a satisfacer esos agujeros.

P: Entonces, esos vórtices… y ahora estoy captando un poco el pecado de la fachada… el vórtice va siempre de: «tomar, tomar, tomar»…

R: Siempre; el alma en este estado está intentando obtener del mundo aquello que tiene sin sanar dentro de sí. Y cuando digo «mundo», no es sólo el mundo que podamos ver. Hay espíritus conectados a estos lugares: gente que se siente atraída a esa herida en particular, y suministra lo necesario ahí. Así que arrastramos todo un grupo de espíritus así. Estamos conectando así con mucha de la gente en nuestras vidas, de la gente que atraemos.

P: Entonces, si tienes un espíritu que siente tu vórtice. También va en la otra dirección, la de que tú sientes su vórtice.

R: Por supuesto, hay codependencia en esto.

P: O sea, no es como que haya espíritus que a su vez alimentan a esos espíritus…

R: No, aunque eso también ocurre, por supuesto. Pero cuando tienes espíritus asociados a tu cuerpo, ellos te están suministrando energía a ti, y tú a ellos. Y es una codependencia para detener el dolor de la otra parte, es la adicción a detener el dolor de la otra parte.

Cuando lo ves en el nivel del alma, por todas partes ves agujeros en el alma, vórtices, como tornados, que van al alma. Y cuanto más intensos son más intenso es el agujero, energéticamente. Algunos son tan grandes que la mayoría de personas caen en ellos. Algunas de nuestras demandas son así de grandes. Y todo se debe simplemente a que nosotros no queremos tener el sentimiento de aquello que ha creado tales cosas, del dolor que los crea. Somos como grandes pulpos, con tentáculos por todas partes, chupando, enganchándose a todo… absorbiendo la vida de todo el mundo alrededor, mientras a la vez esas personas nos sacan la vida de nosotros.

P:  ¿Tenemos que arrepentirnos por esa atracción de espíritus que tenemos pegados?

R: Por supuesto, pero eso forma parte de atravesar el dolor; todo lo que tenemos que hacer es sentir el dolor y de repente eso se desconecta. Si no estamos dispuestos a sentir el dolor no podemos desconectarnos de los espíritus, de su influencia, ni tampoco de la influencia de los demás en la Tierra, a menos que estemos dispuestos a sentir el dolor.

Tarde o temprano alguien manipulará nuestro dolor, ¿verdad? Ya sea con soborno, chantaje, amenazas o ataque efectivo. En la vida terrestre todo va de eso, ¿no?: manipulación del dolor; evitar del dolor o manipularlo para obtener algún tipo de acción.

Lo veis cada día: pones la tele… y ves un anuncio, un comercial que simplemente está manipulando tu dolor totalmente. ¿Cuántos anuncios, comerciales, no lo hacen? Es difícil encontrar uno que no manipule tu dolor de algún modo. «Oh, este coche te va a hacer sentir esto, o lo otro»…  es simplemente una manipulación de aquellas cosas que no sientes. Y luego con una comida, o con ir a un sitio, o con tener una experiencia, y que si no la tienes no eres válida o buena como persona.

A cada momento estamos siendo manipulados debido a estos vórtices que están como extrayendo del entorno: «quiero esto», «necesito esto»… y tenemos todas esas industrias de billones de dólares tan sólo para ayudarnos a evitar el dolor.

Toda la industria del marketing va de eso: crear productos que te ayuden a evitar eso. No digo tampoco que todos los productos sean malos, pues no es así. Digo que la manera en que se nos manipula para que tengamos esos productos utiliza frecuentemmente estas heridas.

P: ¿Es posible que yo como niño, por ejemplo de 5 años, mi alma, pueda haber sido succionada por estos vórtices de dolor de mi madre?

R: Sí, eso pasó, no es sólo posible, es realmente la verdad. Por eso es que muchos encontráis muy difícil desconectar de los padres. Y por eso es que, tan pronto comenzáis con ese proceso de desconexión… ¿qué harán las madres y padres? Te llaman, te dicen que no haces lo correcto… todo tipo de cosas para interferir con el proceso de desconexión, porque sienten la conexión; la crearon porque la necesitaban.

Y una de las razones principales en este planeta para tener un hijo es para rellenar uno de esos agujeros, o más de uno. Esta es una de las principales razones para siquiera tener un hijo. ¿Cuánta gente quiere su propio niño en vez de adoptar uno de los millones por ahí, que tanto necesitan padres? Es por una adicción, por uno de esos vórtices.

Y desafortunadamente no sólo nosotros tenemos eso desde pequeños, sino que alentamos a los niños a tener esos vórtices. Cuando somos adultos le hacemos a los niños lo que nos hicieron a nosotros.

Es intenso, esto que ocurre. Lo que sucede, ahora, es que no sólo se me ha enseñado a tener todos estos vórtices de «sentirme necesitado» para cubrir el dolor, sino que ahora estoy aterrorizado a la hora de abordar mi dolor, y ahora, estos vórtices están enfurecidamente tratando de obtener una satisfaccion del dolor por cualquier mecanismo que funcione, y ni siquiera nos importan los resultados, incluso ─simplemente lo hacemos─. Y eso es la compulsión, la de alimentar estos vórtices de dolor que no estamos dispuestos a experimentar mediante nuestra propia elección.

Así, elegí temer al dolor, y luego elegí usar mi voluntad, fuertemente, para evitar la experiencia del dolor. Y en particular, usar mi voluntad fuertemente para evitar mi miedo, mi terror al dolor.

El problema del dolor es que acceder a él es muy difícil cuando tienes una capa de terror por encima, un terror acerca de todo el dolor. Y esto lo habéis estado experimentado. He hablado durante años sobre sentir emoción, y muchos de vosotros apenas habéis sentido alguna. Y sabéis que esto es lo que pasa. Conocéis ya este sentimiento aterrorizador acerca de sentir algo de todo eso.

Y nos volvemos tan complejos con eso, tan autodestructivos, cuando aprendemos la verdad, tratando de castigarnos a nosotros mismos por ello… pero esto es algo que le pasa a todo el mundo.

P: Así, la negación de mi miedo, por ejemplo, la negación del terror, que existe en mí, ¿es también algo creado y aplicado y forzado por mis padres y la sociedad? ¿O es sólo algo que yo…?

R: Por supuesto que es algo creado por los padres y la sociedad, pero también luego tú has accedido, has cedido a ello.

Recuerda que es nuestro pecado personal lo que crea la mayoría de nuestro dolor. Pero recordemos también que los padres y la sociedad han construido todas estas cosas dentro de nosotros, y hemos aceptado esa construcción. Éramos pequeños, en ese momento, así que no podemos castigarnos por ello. ¿No? ¿Por qué castigarte por algo que todos en el planeta han experimentado?

De lo que hablo es de que necesitamos aprender a deconstruirlo. Pero para ello debemos entender cómo fue construído. No podemos simplemente demolerlo, en plan como si fuera un edificio derribado por una bola gigantesca de un golpe. Tenemos que saber cómo ha sido construído, levantado… y hay todo un laberinto ahí, con todo tipo de cosas transcurriendo… y que hacen que tengamos esta capa de terror por encima de nuestro dolor.

Ese terror acerca de nuestro dolor está provocando la represión del dolor, y también está apoyando las creencias falsas.

P: ¿Entonces tenemos un conjunto diferente de creencias falsas sobre el terror?

Lo que sugiero es que tienes una sola principal emoción global sobre el dolor, en general: «no lo sientas», «haz todo lo posible para no sentirlo», pues estás aterrorizado de ello.

Crees, en tu corazón, que va a ocurrir un desastre si lo sientes, algo desastroso en tu vida; crees con todo tu corazón que va a ser desastroso. Y eso te hace tomar una decisión: «necesito crear la fachada para librarme de todo esto aquí», «necesito ser una persona diferente a la que soy».

La fachada es creada desde este rechazo global al dolor, desde el rechazo a sentir el terror relacionado con el dolor.

No es el dolor en sí de lo que tenemos miedo. Ahora ya se ha desarrollado para formarse en este terror acerca del propio terror.

La mayoría lo habéis sentido en algún momento; es un sentimiento que la mayoría habéis tenido, así que sabéis que está ahí.

P: Entonces, de niña, yo… tengo la fuerte sensación de que espíritus me sacaban del cuerpo, en ese momento. Y me digo a mí misma que tenía ese terror, en ese punto… ¿cómo acceder a eso?

R: Vamos a hablar de ello más adelante.

Puedes ver que lo que vamos a tener que hacer en algún momento es experimentar este terror, como emoción.

P: Se siente como que amenaza tanto la vida…

R: Sí, pero la verdad de Dios es que no puedes morir.

Eso es lo que hay que admitir sobre los sentimientos: tan sólo porque tengamos un sentimiento eso no quiere decir que sea la verdad de Dios. Sólo quiere decir que es un sentimiento, y todo sentimiento puede ser sentido, incluyendo el terror.

P: Si Dios nunca creó el pecado, y ahora tenemos este tema del terror global sucediendo… lo que ahora me está golpeando fuertemente es ¡cómo de poderosos como almas somos!

R: Sí, somos creadores.

P: Nos ha dado este gran regalo…, y nosotros decimos: «oh, ¿cuán lejos podré llegar destrozándolo?». Esto me golpea ahora, emocionalmente…, en plan «guau»…, simplemente mirando lo que realmente significa, en lo micro por ejemplo: lo que he hecho a mi hijo e hija, o lo que mis padres me hicieron… y es que en cada momento era que si un comercial en TV, o conduciendo por la carretera, o las decisiones acerca de lo que comprar para comer… ¡es increíble que todo este lío está basado en el miedo! Esto asusta jodidamente…
Eso es lo que me golpea ahora emocionalmente, o sea, si Dios nunca creó el pecado… eso significa que podríamos volvernos como los dioses del apocalipsis zombi, una película de horror tras otra… y Dios simplemente mirando.

R: Eso hacemos. ¿Y crees que Dios está disfrutando de la película ahora?

Así que somos fascinantes creadores, para lo positivo o lo negativo. Almas poderosas. Recuerda, somos las más poderosas de todas las creaciones de Dios.